lunes, 28 de octubre de 2019

Una primera mirada post-electoral


Una primera mirada post-electoral


Eduardo de la Serna



Hoy no puedo menos que hacer una primera apreciación de los resultados electorales de anoche. Primera y rápida. Seguramente con elementos a pulir, miradas a ampliar y aspectos a rumiar más.

Para empezar, creo que Macri hizo una buenísima elección. Lamentablemente. Reconozco que me asusté un poco, aunque había campanas que me decían que no me preocupara (la cara de Frigerio, por ejemplo). Pero hay que señalar que entre el deseo y la realidad muchas veces hay un largo trecho. Enorme en este caso. Por las atrocidades y por la destrucción que provocó el macrismo me resulta incomprensible no ya ese porcentaje sino simplemente que alguien los vote. Pero no podemos ignorar el fenomenal aparato de propaganda del equipo presidencial. Son buenos en eso. Muy buenos. Además, no podemos ignorar varias cosas:

A). Hay una poderosa desinformación en una enorme porción de la sociedad. ¡Enorme! Me parece bastante probable que una vez que se hayan ido, cuando ya no esté la utilería que ha rodeado al gobierno, y todos puedan ver la destrucción en casi todos los órdenes de la vida social, que la mirada empiece a cambiar (además de la tendencia de muchos a estar “con el ganador”). En suma, creo que este 40% empezará a bajar con el ejercicio del poder (aunque la prensa hegemónica seguirá mintiendo y ocultando sistemáticamente. Es lo que saben hacer. Y también son buenos en eso. Para ellos, cuatro años, u ocho, no es demasiado).

B). Hay un núcleo duro al que no sé si llamar “anti-peronista”, “gorila”, “individualista” o qué, pero los votos de Santa Fe, Córdoba y Mendoza, sumados a los de Entre Ríos y San Luis me resultaron dolorosos. No por votar de una o de otra manera sino por desinteresarse de la suerte de los pobres. De los otros. De la Patria. En cambio, de la Ciudad de Buenos Aires no voy a hablar; no esperaba otra cosa. ¡Gracias Fito!

C). Hay comunicadores, a los que cada vez me cuesta más llamar “periodistas”, a los que espero de todo corazón que la audiencia les haga saber su disconformidad. Hay pésimos analistas (pero no todos tienen por qué ser buenos en eso), los había contentos o molestos ayer, pero mi sentido común me dice que 7,5% de diferencia no es “empate técnico” en ninguna parte, a menos que yo sea un alienígena recién llegado de Chile.

D). Creo que ayer fue un día de fracaso para las “boca de urna”. Estruendoso. Al menos los que me fueron llegando resultaron muy lejos de la realidad. Sirvieron para calmar ansiedades, pero no para saber la verdad. No son buenos en eso, debemos reconocerlo.

E). Es evidente que el triunfo de ayer hubiera sido imposible sin la unidad del peronismo. Y eso incluyó bastantes sapos que hube, hubimos, de tragar. Varios que estaban en el escenario de los festejos anoche. Es de esperar que los encargados del manejo de la cosa pública sepan ponerlos en su lugar (bromeando pensaba para más de unx en una lejanísima e insustancial embajada en alguna isla perdida).

Este era el paso que había que dar. Además de ser notoria la falta de peso mínimo en los restantes candidatos (incluso Lavagna [6,2%] fue casi una sombra, por no mencionar los tres restantes los cuales, sumados, no alcanzaron al tercero). Estoy tentado de ahondar mi idea de que Bolsonaro con sus bravuconadas y el pueblo chileno en sus protestas también fueron un cierto aval para el triunfo de “les Fernández”, aunque, lamentablemente, creo que, a los votantes del macrismo, en general, no les importa nada “el otro”.

En suma, estoy celebrando. Cautamente. Porque tengo claro que va a ser lento, difícil y que los poderosos (porque es evidente que el presidente no tiene “el poder” sino sólo una porción de este) pondrán palos en la rueda, exigencias y – si es el caso – lograrán que insustanciales clasemedieros salgan a protestar con cacerolas de teflón. Pero toca prepararse para empezar. Afortunadamente Macri ya fue. Vidal también.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Carta abierta a una ministra desmemoriada


Carta abierta a una ministra desmemoriada


Eduardo de la Serna Obarrio etc…



Señora ministra:

En estos momentos estoy en una tensa calma… no sólo por las añoradas elecciones del próximo domingo, en las que espero intensamente que todo lo que se anuncia sea una realidad, sino también pensando en nuestros hermanos de Bolivia, y la diferencia entre las mesas llenas y la Mesa vacía, en nuestros hermanos de Bogotá que el domingo también podrán elegir entre ser humanos o seguir la dolorosa inhumanidad que hace tanto comenzaran, y nuestros queridos hermanos chilenos que amagan con querer sacarse de encima 30 años de pinochetismo constitucionalizado… Escribo esto escuchando música (no sólo el Perro lo hace), canta uno de mis cantautores preferidos, un chileno al que la leyenda dice que le cortaron las manos en un estadio. ¿Le suena todo esto? Quizás si despejara un poco los vahos de los lácrimógenos, el gas pimienta y la violencia pueda recordarlo. La memoria es importante (como la verdad y la justicia, pero es otro tema y no quiero que sienta que la estoy agrediendo).

Siempre supe que cometí errores. Creo que también mis compañeros. Pocos hoy estamos vivos para saberlo, y mantener nuestros sueños en pie. Claro que también sé, y sabemos, que hubo y hay quienes reniegan no sólo de medios sino también de fines. O peor… ¡Mucho peor! Y aquí empieza mi sorpresa. ¿No es curioso que en lugar de rechazar una muerte (o varias) ahora aplauda o “nos explique” otras muertes, como las provocadas por los que ayer combatía? Y ya no sólo explicar y aplaudir las muertes de Santiago y Rafita, abrazar a Chocobar, sino hasta justificando los crímenes en Chile. ¿Tanta culpa tiene que exorcizar? Tantos elogios a las fuerzas, tanto deseo que todos tengan – tengamos – miedo al ver alienígenas robotizados (robocopes autóctonos) me hacen pensar. ¿No se le ocurrió, en cambio, empezar terapia? Digo, porque así podrá elaborar todo lo que le pesa y no afectar a todo un pueblo, y – peor aún – a miles de compañeras y compañeros con los que ayer compartía sueños. Dejar de ser “Cali” para pasar a ser “Pato” no es el problema. Evidentemente. El problema es el Pato que está siendo… ¿Será que tanto pesa el apellido (o los apellidos)? Eso del inconsciente colectivo también puede elaborarlo si va por ese lado… No necesita irse hasta los favores devueltos por Roca a sus familiares en la campaña al desierto para desentenderse de Santiago y Rafita, por ejemplo. Es cierto que en todos los campos de batalla puede aparecer un traidor. Y cerca suyo, hace tiempo, parece que lo vivió de cerca más de una vez. Pero no necesita imitar esos ejemplos para sanar sus heridas. Es que no se trata de usted, se trata de todos. De nosotros. De un “pueblo” (¿se acuerda cuando usaba esa palabra?). “El derecho de vivir en paz”, canta Víctor. Porque, y permítame que se lo aclare… no es lo mismo “descansar en paz” que “vivir en paz”. Esto último es lo que queremos, y usted, y sus nuevos amigos, insisten en no permitírnoslo.


Foto tomada de http://cosecharoja.org/patricia-bullrich-de-montonera-ministra-de-seguridad/

martes, 22 de octubre de 2019

¿Cuánto más vamos a soportar estos alienígenas que quieren comer un gato?


¿Cuánto más vamos a soportar estos alienígenas que quieren comer un gato?


Eduardo de la Serna



Reconozco que hay cosas que me cuestan mucho entender. Es evidente que los sentires, las expresiones culturales y las vivencias profundas de “otros” no son fáciles de comprender. No es fácil poner en palabra las experiencias vitales o existenciales más profundas. La gran mística y mártir judía Etty Hillesum, cuando hablaba de los campos de concentración, Westerbork y Auschwitz, decía que para explicar tanto horror haría falta un poeta. ¡Y uno muy bueno!, refuerza. Es así que desde mi ignorancia se vuelve muy difícil, si no imposible, comprender lo que está pasando en Chile. Nada parecía indicar que esto iba a ocurrir. Si hasta les habían dejado claro a “los cabros” que se vayan porque “no prendió”. Y de golpe, en el país más ordenado, prolijo y equilibrado de América Latina “pasaron cosas”. Y siguen pasando cosas.

Desconozco lo que ocurre, por no tener la lucidez de Cecilia Morel, que como buena orientadora familiar “orienta” la reflexión y a la gran familia chilena, nos explica que se trata de una invasión alienígena. Complementando con lo dicho por su amadísimo esposo Sebastián, sabemos que se trata de una guerra. ¡Y estamos muy lejos del 4 de julio!, que es cuando nos liberan… ¡Es de esperar, entonces, que los pacos estén preparados para esto tan difícil! Los que pudimos ver cargando televisores LED en una camioneta de carabineros seguramente lo han hecho para poder seguir en tiempo real los pasos de la invasión.

Pero lo que no logro entender es por qué los alienígenas insisten en perjudicar nuestros países latinoamericanos. No les bastó con asesinar al probo fiscal Nisman cerrando las puertas interiores que sólo ellos pueden atravesar; no les bastó con introyectar la mono-neurona coja del dizque presidente del Brasil para poner sus palabras en boca de este en las Naciones Unidas; no les bastó con impulsar indígenas ecuatorianos a las calles o con disfrazarse de monja uribista para reclamar la no-justicia del derechista de centro, tirano democrático. No, no les bastó, y ahora invaden a nuestro hermano trasandino (teniendo en cuenta que los argentinos somos trasandinos para los chilenos, por cierto). Pero menos mal que hay personas lúcidas de uno y otro lado de la cordillera. No nos olvidamos que en Chile hay mapuche, y sabemos cuán terroristas estos son (ya fueron ellos los que llevaron a Santiago a su propio suicidio para perjudicar a nuestros “pacos” locales). Por suerte, además, el equilibrio encarnado que ostenta el candidato oficial a la vicepresidencia nos ilustra que estos alienígenas simulan nacionalidades venezolanas y cubanas. Ya nos aclarará la pitonisa, ausente por oración por la Patria, que viajaron en un buquebús. Y la mejor prueba de que lo hicieron, acotará el fiscal Deltan Dallagnol, es que no figuran sus nombres en las listas de pasajeros, como no figura el nombre de Lula en la compra del departamento. Por suerte hay gente que sabe poner esto en palabras claras y distintas y podemos entender cosas tan complicadas. La senda está trazada, y, seguramente, mañana Joaquín lo hará público. Santoro está ocupado.

Foto tomada de http://cuandofuimoslosmejores.com/la-serie-alf/alf-y-el-gato/

Comentario domingo 30C

Dios no discrimina a las personas, y la prueba es su trato con los pobres

DOMINGO TRIGÉSIMO - "C"



Eduardo de la Serna




Lectura del libro del Eclesiástico     35, 12-14. 16-18

Resumen: En el encuentro de la humanidad con Dios es habitual que el culto sea vacío, y la vida no sea coherente con lo que Dios pretende. Pero Dios no se deja sobornar, y es justo. No hace injusticia en favor de los poderosos mirando la gloria de los ricos, sino que es justo con el pobre.

El ser humano suele estar convencido que a Dios se le agrada (o se consigue de él lo que pedimos) cuando le damos culto. Sea este el culto que fuere, es una convicción firme que el encuentro con la divinidad se produce en ese tiempo y lugar sagrado. Los profetas –en especial los del pre-exilio- insisten vehementemente que a Dios lo que le agrada es que se haga su voluntad de vivir “el derecho y la justicia”. Y que el culto sin ese presupuesto es un “culto vacío”. En esa misma tradición ben Sirá (el hijo de Sirá, autor del libro conocido como Eclesiástico) dedica una perícopa al encuentro con Dios (34,18-35,24). Allí habla de las “ofrendas de los injustos” (34,19), la ofrenda a costa de los bienes de los pobres (v.20), el ayuno, la purificación y la oración del que vuelve a hacer lo mismo, no tiene valor (vv.25-26), lo que cuenta es cumplir la voluntad de Dios y eso es el verdadero sacrificio (35,1-3). El sacrificio del justo –en cambio- es aceptado por Dios (vv.5-6). Las ofrendas del injusto son como un “chantaje” a Dios (v.11). 

En un paralelo constante, el autor compara las obras de justicia o injusticia con las ofrendas agradables o desagradables para Dios:

hecho real
Es comparable a
quitar a los pobres para ofrecer sacrificio.
20 es sacrificar un hijo delante de su padre
21 El pan de la limosna es vida del pobre,
  el que se lo niega es homicida;
le quita el sustento,
22 mata a su prójimo quien
quien no paga el justo salario
derrama sangre.
El que observa la ley
hace una buena ofrenda,
el que guarda los mandamientos
ofrece sacrificio de comunión,
el que hace favores
es como el que ofrenda la mejor harina,
el que da limosna
ofrece sacrificio de alabanza.

Es la vida la que cuenta, y esa vida es comparable al culto ya que es allí donde el ser humano se encuentra con Dios. Pero no ha de entenderse –a diferencia de lo que por momentos parece poder concluirse de los profetas- que ben Sirá desprecia el culto. Todo lo contrario (de hecho si es que el autor no es un sacerdote, al menos se mueve en ambientes sacerdotales) es defensor del culto e insiste en él, pero –eso sí- pretende que este sea bien hecho (35,1-10).

Es precisamente en este contexto donde –continuando con lo anterior, el Sirácida empieza a hablar de Dios (y es el texto litúrgico de hoy). 

Comienza señalando que Dios es “juez”, pero que a diferencia de los malos jueces que son parciales en favor de los poderosos, es un Dios que no mira la gloria (doxa) del rostro (prosôpon) de nadie. El criterio habitual para ver si un juez es justo o no, es su actitud frente al pobre, de allí la insistencia del relato en el pobre (vv.13.17), el huérfano (v.14) y la viuda (vv.14.15) cf. Ex 22,21-23; Dt 24,17-18; Pr 23,10-11; Zac 7,10. El clamor de ellos llega hasta Dios y les hace justicia. 

que el Señor, su Dios, es Dios de dioses y Señor de señores; Dios grande, fuerte y terrible, no hace acepción (lit. “se maravilla ante el rostro”, prosôpon) ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al emigrante, dándole pan y vestido. (Dt 10:17-18)

Dios no acepta soborno (2 Cr 19,7; Job 34,19; Sab 6,7) y se manifiesta claramente como imparcial, que no hace distinción.

Es interesante que siguiendo la misma línea de pensamiento, el Sirácida pasa de lo personal (pobre, huérfano y viuda) a lo social (los justos, los despiadados, los poderosos, las naciones violentas; v.18-24).

Sin dudas la primera parte del texto elegido es la que ha motivado su selección por la liturgia, especialmente al resaltar que Dios no hace distinción en contraste con el fariseo del Evangelio que sí las hace. Lo interesante es que en la referencia frecuente en la Biblia en esa característica de Dios es que el modo de “evaluar” ese dicho, se empieza por los pobres (Sal 109,38; 140,13; Is 11,4). Lo lamentablemente habitual es que los jueces favorezcan a los poderosos, a los ricos, a los que tienen “rostro altivo”, y Dios se muestra totalmente diferente (y espera que los jueces de su pueblo obren de esa manera; cf. Dt 1,17; 16,19; Sal 82,2; Pr 24,23; 28,21; 31,9; Sir 24,1; Mal 2,9), y también debe hacerlo el rey (Sal 72,4), y para mostrarlo empieza con la actitud ante los desposeídos. Esto no implica que se deba ser injusto en favor del pobre (Lev 19,15) pero ciertamente esto no es lo habitual en los jueces. Es por eso que el mismo Sirácida afirma:

No te empeñes en llegar a ser juez, no sea que no puedas extirpar la injusticia, o te dejes influir del poderoso, y pongas un tropiezo en tu entereza. (Sir 7:6)



Lectura de la segunda carta de san Pablo a Timoteo     4, 6-8. 16-18

Resumen: El discípulo de Pablo comienza su despedida dando a la carta forma de Testamento. Da testimonio de su fidelidad aun en la muerte inminente, y manifiesta a su sucesor, Timoteo, que aunque son muchos los que lo han abandonado, Dios ha permanecido junto a él y permanecerá a su lado.

La carta a Timoteo está concluyendo y “Pablo” se despide de su amigo, colaborador ¡y sucesor! A diferencia del resto de la carta, aquí no encontramos elementos y consejos “pastorales” sino una verdadera despedida que le da a la carta aspecto de “Testamento”. Es por eso que la liturgia omite los vv.9-15 donde el texto tiene una coloración más personal (abandono de compañeros a Pablo, consejo que Timoteo vaya donde él y le lleve unos pergaminos que ha olvidado junto con un abrigo…) y los saludos finales (vv.19-22).

El autor sabe que Pablo ya ha muerto y hace una lectura sobre eso.  Por eso en los versículos anteriores hablaba de lo que Timoteo debe hacer (4,1-5), el ministerio de Pablo pasa a la siguiente generación, de allí que “ahora” Pablo debe desaparecer de la escena. Las imágenes de la muerte habían sido usadas por Pablo: libación (Fil 2,17), competencia (1 Cor 9,27), carrera (1 Cor 9,24; Fil 3,12). La situación de abandono, los personajes y regiones tiene una cierta relación con el abandono sufrido por Jesús (Mc 14,50), pero como lo hace Jesús, los perdona (Lc 23,34; cf. Hch 7,60).. 

La libación es derramar líquido en honor a la divinidad. En el AT, si bien la mayor parte de las veces se trata de ofrendas a los ídolos (Ex 30,9; Os 9,4; Jer 7,18; 19,13; 39,29; 51,17.19.25; Ez 20,28), también se ofrece a Dios (Gen 36,14; Ex 25,29; 37,16; Núm 4,7; 28,7; 2 Sam 23,16 / 1 Cr 11,18; Sir 50,15). Las imágenes deportivas tomadas del gimnasio, aunque resultaban escandalizantes en el entorno judío, eran usadas por Pablo con frecuencia, seguramente para llamar la atención. La “hora” (kairos) de la partida (analysis), entendida como metafóricamente opuesta a llegada. Luego concluye Pablo con una nueva imagen: la corona que espera al que llega a la meta o vence en la batalla. El juez de la competencia, “el Señor”, le dará la corona. Pero no corona de laurel o de oro sino “de justicia” con lo que supone la plenitud (en 1 Cor 9,25 Pablo la llamó “corona incorruptible”). Pero –como es propio en el contexto en el que Pablo ya no está, sino que continúan sus sucesores, esa corona no es sólo a él sino también “a todos los que hayan esperado con amor su manifestación”.

El contexto parece judicial y Pablo aparece como escribiendo entre la primera (v.16) y la segunda etapa del juicio.  Aunque abandonado por todos, Dios no lo ha dejado a su suerte. La referencia al Sal 22 lo demuestra: el salmista en la angustia clamaba a Dios que no esté lejos (v.2) que corra en su ayuda, que libre su vida de la espada, y recurre para ello a imágenes animales (perro, león, búfalos, vv.21-22). Mientras el Salmo pedía la ayuda de Dios, el Pablo de los últimos momentos reconoce que “fui librado” (la voz pasiva remite, una vez más, a Dios como aquel que libra; pero el verbo en aoristo remite a un momento concreto en el que fue librado) “de la boca del león” (v.17). Dios lo ha salvado y conducido. Esto no excluye su muerte, pero la referencia explícita es al “reino celestial”. En la segunda carta a Timoteo, la referencia al reino tiene clara connotación a una escatología futura (4,1.18), ligado a la “gloria” (v.1) y a los cielos (v.18).


Evangelio según san Lucas     18, 9-14

Resumen: Jesús presenta una nueva parábola, y expresamente se dice a dónde “apunta” la narración: para confrontar con quienes te tenían por justos y despreciaban a los demás. Para ello presenta una imagen absolutamente identificable para sus interlocutores y la oración de ambos. Sin embargo, Dios –a quien la oración va dirigida- reconoce que justo es el inesperado porque Dios ve las cosas de otro modo.

Las “parábolas de dos personajes” – ya lo hemos dicho en otras ocasiones – suelen presentar dos actitudes antagónicas invitando al oyente a tomar postura por una de ellas. Es el caso de la del padre y el hijo mayor, o la del rico y el pobre Lázaro, por ejemplo. En este caso encontramos un fariseo y un publicano, dos tipos de personajes absolutamente conocidos por los oyentes. 

Es muy importante tener en cuenta (y vale para otros muchos textos, o casi todos) que uno es el sentido que dio Jesús en la parábola, si debiéramos remitirla a él, y otro el sentido que Lucas quiere darle. Hay elementos, en este caso, donde son evidentes los añadidos de Lucas. Aunque es muy importante ver el sentido que dio Jesús y lo desafiante que representa, en este caso (por la liturgia especialmente) nos detendremos en lo que Lucas dice (más allá, entonces, de si representa al “fariseo histórico” o no, o si la introducción y conclusión no parecieran remitir al original de Jesús).

Como la parábola de la semana pasada, el texto señala expresamente el objetivo del relato: los “que se tenían por justos y despreciaban a los demás” (es importante notar que puesto que esto está dicho por Lucas no se refiere a “judíos” sino a “cristianos”; se dirige a sus lectores y trata de evitar una actitud ante los demás). Siendo así, el eje de la parábola estaría en el “te doy gracias” y “porque no soy como los demás ni como ese”. Pero veamos el texto con cierto detalle. El verbo “despreciar” (exouthenéô) es exclusivamente de Lucas y Pablo en el NT (Lc 2x, Hch 1x, Pablo 8x). 

Como es habitual en Lucas, el Templo es lugar de oración (1,9; 19,46; 24,53; Hch 2,46; 3,1; 22,17).

Los fariseos eran una importantísima “secta” en Israel. Es evidente que hay que distinguir – a nivel histórico - entre los fariseos de tiempos de Jesús y los fariseos de tiempos de los Evangelios ya que en este tiempo la vieja “secta” se ha convertido en el grupo hegemónico y exclusivo. Con todos los cuidados del caso podemos afirmar que en tiempos de la redacción de los evangelios todos los judíos son fariseos, mientras en tiempos de Jesús no era así la cosa. Pero no es necesario entrar en este tema en esta oportunidad, son las actitudes de los dos personajes lo que cuentan. El fariseo es un personaje reconocido socialmente como modelo de persona religiosa y justa ante Dios. Los oyentes saben bien que es verdad lo que el fariseo de la parábola dice que hace. Así obra un fariseo. Y este, hace mucho más que lo que está mandado. Esto les daba una enorme credibilidad ante la sociedad. Por esto, lo que los fariseos dicen es algo sumamente atendido por los judíos en general (Mt 12,2.24; 15,12; Jn 7,48; 11,24). 

En este caso, por ejemplo, el ayuno estaba mandado hacerlo una vez al año (Lev 16,29-31; Núm 29,7) mientras que este ayuna dos veces por semana (ver 5,33); el diezmo debía ser de algunas entradas solamente (Dt 14,22-29), mientras que este da el diezmo “de todo”. Por eso puede decir con razón que no es “ladrón, injusto o adúltero”. Y – en suma – que no es como los “demás”, ni como “ese publicano” (la animosidad de los fariseos por los publicanos es evidente en 5,30; 7,34; 15,1). El ayuno es propio de la piedad judía (2,37) y – según Hechos – continuó en la Iglesia primitiva (13,2-3; 14,23) aunque parece evidente que Jesús no lo practicaba (5,33, donde además se muestra que no hacerlo es algo también propio de los discípulos de Jesús; comparar con Mc 2,16). Es interesante que el tratado sobre el ayuno de la Misna (Taanit) dice que no se imponen ayunos empezando por los jueves para “no provocar alza de precios” (Tah’ 9; tiene que ver con la cercanía con el sábado) pero se prevé hacer ayuno lunes y jueves siempre a modo privado. Del mismo modo, el tratado sobre los diezmos (Demay) señala la diferencia entre los “compañeros” (jaber) y los “demás”, las personas “incultas” (Dem 2,2). En ambos casos, como se ve, el fariseo se presenta a sí mismo haciendo más de lo que está mandado, es “de estricta observancia”.

El publicano, en cambio, era un emblemático modelo de corrupción. Estaba en lo más bajo de la escala social (no económica, por cierto). Podríamos decir que era el “cobrador de peaje”, para los cruces de caminos, o la entrada en las ciudades. En la escala piramidal, el rey o gobernante debía pagar a Roma una suma elevada de impuestos, los encargados de las ciudades debían pagar al gobernador, los jefes de los publicanos al “intendente”, y los publicanos al jefe de publicanos. Cada uno tenía una suma fija que pagar (de allí los censos, por ejemplo, para saber con más precisión la cantidad que se adeuda), y si lo recaudado no alcanzaba el responsable debía ponerlo de su cuenta, mientras que lo que obtuviera de más le quedaba en su provecho. Este cobro arbitrario y sin control hacía de los publicanos la figura emblemática de lo deshonroso, lo corrupto, el “pecador” (es interesante que con mucha frecuencia publicanos aparecen juntos con “pecadores”, Mc 2,15.16p; Mt 11,19 / Lc 7,34; Lc 15,1 es decir, en textos de Marcos, textos de Q y textos propios de Lucas). 

La actitud física de ambos contrasta también: el fariseo se siente con dignidad como para permanecer “de pie” mientras que el publicano está “lejos”, “no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo”. Los dos comienzan la oración del mismo modo: “¡oh Dios!” (ho theos). Se dice que el fariseo oraba “interiormente” (pros eautòn, lit. hacia sí mismo), y esto puede entenderse de diferentes maneras: en un sentido de monólogo (propio de las parábolas de Lucas, una oración interior), o en sentido negativo, sea que rezaba “a él” (es decir, no a Dios; lo que resulta extraño siendo que “oh Dios” es como empieza), o también mirándose a sí mismo (y al publicano). La primera posibilidad resulta más probable por el contexto y lo habitual en Lucas. La referencia a que no es “como los demás” (lo que fue señalado en la introducción) muestra el carácter elitista que el fariseo cree tener. La actitud del publicano de “golpearse el pecho” en Lc (23,48) es la actitud del arrepentimiento y clama por “expiación” (hilásthêti; cf. Heb 2,17 [sólo aquí en el NT; cf. Dt 21,8. Se asemeja a “borrar”, ver Sal 24,11; 64,4; 77,38; 78,9]; ver Lc 17,13). La diferencia entre ambos es obvia, la lista de cosas que el fariseo reconoce “no ser” se sintetizan en lo que el publicano reconoce ser: un pecador. Pero además, no habla de sí en referencia a otros, como hace el fariseo, sino en referencia a Dios, clama por “expiación”. 

La parábola presenta a los oyentes dos situaciones reconocidas y fácilmente identificables. Y no dice más. Sólo presenta la oración de ambos en el Templo. Nadie debía sorprenderse, pero la conclusión que saca Jesús de la presentación resulta inesperada. El verbo “justificar” es claramente paulino (23x, y no es frecuente en los Evangelios fuera de Lucas [2x en Mt], 5x en Lc y 2x en Hechos). Los dos personajes y sus dos actitudes reconocibles terminan con una conclusión inesperada y sorprendente. Sin embargo, hay que señalar que la traducción del párrafo no es fácil en griego par’ ekeinon (y todas las variantes son posibles): “este bajó a su casa justificado ‘más bien que’ el otro”; pero también ‘junto con el otro’ y hasta ‘gracias al otro’. En esta opción la idea sería que el publicano fue justificado por las obras “exageradas” del fariseo (algo también señalado en la segunda opción), la primera (uno sí, el otro no) es la más frecuente y es la que parece razonable en el texto de Lucas (repetimos que es posible que en el dicho de Jesús, dirigido a otro auditorio, por ejemplo, el significado sea – al menos un poco – diferente).

La razón de todo, finalmente, Lucas la pone en un dicho “errante” “el que se ensalce será humillado y el que se humille será ensalzado” (Mt 23,12; Lc 14,11). El texto en Mateo se encuentra en el contexto de los “escribas y fariseos” que buscan los primeros lugares, mientras los discípulos de Jesús (“ustedes”) no deben pretender ni usar títulos honoríficos o de superioridad como “rabbí”, “padre” o “preceptor”. La otra perícopa de Lucas (14,11) la encontramos en la renuncia a escoger los primeros lugares en los banquetes. En ambos casos se trata de los que se creen, o se hacen presentar a sí mismos, como superiores a los demás. 

No hay que descuidar, finalmente, que en ambos casos Jesús recurre a una “voz pasiva” que implica a Dios, es decir “Dios ensalzará / humillará” al que se humille / ensalce a sí mismo. Dios ve las cosas de modo inverso a como las vemos los seres humanos, para Dios la realidad es bien diferente. La parábola se dirige a quienes creen “ser justos” mientras que Dios justificó (hizo justo; la voz pasiva, una vez más, remite a que es Dios el que da la justicia) precisamente al “otro”, (al “demás”), al despreciado, al que el fariseo tenía por “injusto” (v.11); sobre esto ya lo había adelantado el texto de Lc 16,14-15:

«Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que eran amigos del dinero, y se burlaban de él. Y les dijo: «Ustedes son los que se la dan de justos delante de los hombres, pero Dios conoce los corazones de ustedes; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios».

Los lectores de Lucas ya sabíamos que los publicanos “reconocieron la justicia de Dios” al recibir el bautismo de Juan, cosa que no hicieron los fariseos (7,29-30; cf. 3,12; 5,27.29.30; 7,34; 15,1) mientras que los fariseos se “justificaban a sí mismos” (10,19; 16,15; ver 5,21.30.33; 6,2.7; 7,39; 11,38-39.42.43.53; 12,1; 13,31; 14,1-3; 15,1-2; 16,14; 17,20). Lucas – entonces – muestra insistentemente que el modo en que la sociedad ve a unos y otros no es como Dios los ve. Ya sabíamos que si el fariseo dice no ser rapiñador (arpages), por su parte Jesús había dicho que los fariseos están llenos de “rapiña” (arpagês; 11,39).y si éste afirma no ser “injusto”, Lucas nos aclara que los fariseos eran “amigos del dinero” (filargyroi, 16,14). El publicano, en cambio, reconoce su situación, no tiene nada “que aportar” y por tanto reconoce su necesidad de que Dios sea el que actúe. 

No está de más una vez más alertar contra una lectura anti-judía de la parábola. Lucas se refiere (al mostrar las dos actitudes) a dos actitudes que pueden tener los miembros de su comunidad (= cristianos), no a actitudes de los judíos de tiempos de Jesús; para descubrir esto último habría sido oportuno ver el sentido que Jesús le dio al relato, pero eso es algo que excede nuestra intención en este espacio.






sábado, 19 de octubre de 2019

"En el nombre de..."

“En el nombre de…”


Eduardo de la Serna



Es algo bastante importante, y motivo de orgullo en ocasiones ser “delegado de” alguien que nos parece importante o valorable. De trata de representarlo, de actuar o hablar en su nombre. Y, por supuesto, tratar de dejar bien parado, tratar de que otros y otras también valoren a quien representamos. O, a veces, ser cuestionados o maltratados orgullosamente porque, “defendemos” a quien representamos. Ese “nombre” es un valor importante para nosotros.

Delegados hay de todo tipo, y – por supuesto – los hay buenos, regulares y malos. Un delegado sindical, por ejemplo, debe actuar, hablar, “negociar” en nombre de sus representados lo mejor que puede conseguir, o – si fuera el caso – encabezar un plan de lucha por no poder hacerlo. Sabemos que los hay de todo tipo. En la Biblia, por ejemplo, se dicen cosas como esas de los reyes, que son quienes debieran ser los que dejan reinar a Dios en la historia. Y no es habitual que lo hagan.

Antes de seguir me parece importante dejar claro algo que, por caso, es oportuno. Que nosotros seamos “curas opp” (en opción por los pobres) no nos transforma para nada en delegados, representantes o quienes actuamos o hablamos “en nombre” de los pobres. Es verdad que, a veces (solo a veces) alguien nos dice “usted habló por nosotros” o cosas por el estilo, y eso nos enorgullece. Pero lo que pretendemos hacer es hablar y actuar en lo que nos parece que es lo mejor para los pobres, o lo que los pobres dirían o harían… Pero los pobres habitualmente no tienen delegados ni representantes. Tienen su propia voz (ya no se dice más aquello de “ser voz de los que no tienen voz”, porque ¡la tienen!) aunque con mucha frecuencia esta no sea escuchada. A veces podemos ser simples propaladores. Es interesante revertir la imagen habitual: el famoso “por acá Dios no pasó” de Atahualpa (o semejantes, como León Gieco en “yo soy Juan”: Dios no estuvo allí donde nací) quizá debería señalarse como que allí Dios estuvo, porque están las víctimas, pero los que dicen ser sus representantes esos sí que no lo hicieron…

Claro que, a veces, hay quienes asumen el rol de representantes o delegados cuando nadie los ha delegado. Y, si nadie lo desmiente, puede haber confusión, distorsiones o hasta serias “metidas de pata”. Yo, como cura, por ejemplo, no soy “delegado de Jesús”, ni “representante” suyo. Y, aprovecho: tampoco el Papa lo es. Sólo es “delegado” quien tiene una “delegación”, y – curiosamente – para seguir con el ejemplo, “representante/s de Jesús”, según él mismo lo ha dicho, no es un jerarca (“arjê”, el primero), sino los últimos. Los pobres son los “vicarios de Cristo” (ver Mateo 25,31-46). Cuando Jesús nos enseña a decir “santificado sea tu nombre” significa, precisamente, que seamos capaces de “dejar bien parado” el nombre de Dios. Uno escucha a fundamentalistas decir algo “en el nombre de Jesús” sin que Jesús le haya mandado decir nada (y no está mal recordar lo que dice la Biblia de aquellos que hablan en nombre de Dios sin haber sido delegados por Él, así Deuteronomio 18,20) y, en mi caso, me revuelven las tripas. Son casos muy concretos en los que creo que sí podemos decir algo en su nombre: “yo te bautizo en el nombre…” o “yo te absuelvo…” y pocas cosas más. Fuera de eso (y en lo que no es tan importante “el representante” como el “representado”) lo mejor sería que nuestras palabras y acciones nos “revelen” y ellas muestren donde estamos parados, pero no “chapear” con una delegación que no tenemos. No sea cosa que algún día aquel o aquellos a quienes dijimos representar nos digan “¡no los conozco!” (ver Mateo 7,22-23).



foto tomada de http://elheraldoslp.com.mx/2017/11/16/pobreza-extrema-en-slp-hay-lugares-que-ni-dios-sabe-que-existen-conafe/

martes, 15 de octubre de 2019

Comentario domingo 29C

Dios hará justicia a sus amigos


DOMINGO VIGESIMONOVENO - "C


Eduardo de la Serna




Lectura del libro del Exodo     17, 8-13


Resumen: En el contexto en el que se muestra que Dios acompaña a su pueblo en el desierto alimentándole y dándole bebida, también se muestra que lo protege de sus enemigos. Pero Dios cuenta con sus amigos para ello. Moisés y su cayado serán la mediación que Dios elige para manifestar su cuidado de Israel. Sin ellos, pareciera que se desentiende de su pueblo.

Los amalecitas constituyen una tribu amenazadora que se ubica geográficamente en el sur (Gen 14,7; Num 13,29; 14,25; 24,20; Dt 25,17-19; 1 Sam 15,7; 2 Sam 15,2-3), aunque no necesariamente en un lugar fijo ya que parecen ser nómades. La fatiga de Moisés prepara lo que dirá en 18,18 lo que –a su vez- antecede la debilidad para seguir ejerciendo la autoridad. Así son presentados Jur y Josué como sus ayudantes, además de Aarón. Jur (24,14) –de quien se habla poco- será el abuelo de un artesano de la tribu de Judá (31,1-2; 35,30; 38,22) y Josué será su colaborador más cercano y finalmente su sucesor; aparece aquí por primera vez; en 24,13 será presentado como “ayudante” (cf. 33,11; Num 11,28; Dt 1,38), será enviado como explorador a la tierra (Num 13,16 donde se afirma que su nombre era Hosea y Moisés le cambió el nombre [“Yahvé salva”]), Moisés debe imponerle las manos porque en él está el espíritu (
Num 27,18; Dt 34,9) y sucesor de Moisés (Dt 3,28; 31,3.7.23)

El cayado / bastón de Moisés (Ex 4,2) era simplemente su cayado para el camino, pero Dios empieza a manifestar en él su poder (4,4-5): con él ha de hacer signos varios (4,17-20), con él realiza Moisés muchos de los 10 signos (= plagas; 7,15.19; 8,1.12; 9,23; 10,13) y con él se abre el mar para que pase su pueblo (14,16), con él  Dios da agua a su pueblo en el desierto (17,5).

El tema de la acción divina y la cooperación humana queda resaltado. En realidad, el relato comienza con la entrada en escena de los amalecitas (v.8) y finaliza con la construcción de un altar y un dicho sobre el conflicto “de generación en generación” de Amalec e Israel (v.16) y esto debe quedar escrito en la bandera (el altar se llamará “Yahvé es mi bandera”). Toda esta última parte está omitida en el texto litúrgico, sin dudas para resaltar la semejanza con el Evangelio del día. Sin embargo la conclusión con la edificación del altar es coherente con la imagen sacerdotal que se muestra de Moisés.

Se ha destacado –con razón, probablemente- que el texto parece fuera de lugar, ya que Moisés aparece como viejo y debilitado, lo que no es coherente con lo que presenta el contexto y eso es de esperar para más adelante; del mismo modo que el contexto geográfico. Amalec no parece enemigo de las tribus del sur de Israel (Judá, por ejemplo), pero tiene sentido teológico ya que el relato muestra a un Dios que cuida a su pueblo alimentándolo (Ex 16), dándole bebida (Ex 17,1-7), y también protegiéndolo de sus enemigos (17,8-16). Como Abraham (Gen 12,7; 13,18) y como Jacob (28,16-22) construye un altar. No es un altar mandado por Dios (como se esperaría en la tradición sacerdotal) sino de homenaje del patriarca y por decisión propia.

El texto parecería casi mágico ya que son las manos en alto y el cayado las que hacen que Israel venza en la batalla; como si no importara tanto la oración en sí misma, cuanto la postura corporal. Evidentemente, alzar la mano es la actitud de la oración (Gen 14,22; Sal 44,21; 134,2; también la del juramento, Ez 20,28; Dn 12,7). En Ex 14,16 habíamos visto que las manos alzadas de Moisés y el cayado obran un prodigio, en este caso la separación de las aguas del mar; en Num 20,11 hacen brotar agua de la roca. Sin dudas el texto intenta resaltar ambos elementos: tanto la actitud del mediador, Moisés que Dios pareciera “necesitar”, cuanto el obrar de Dios sin el cual el pueblo no puede subsistir.



Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo     3, 14-4, 2

Resumen: Pablo deja a Timoteo como su sucesor. Debe continuar su obra de predicador en la comunidad, ahora predicando una doctrina y una enseñanza ya corporizada a una comunidad que tiene problemas con falsos maestros.

Como se ha dicho en comentarios anteriores, las cartas llamadas Pastorales constituyen un peldaño en la organización y estructuración de las comunidades cristianas. Ha pasado ya mucho tiempo, los ministerios empiezan a solidificarse, lo mismo que la doctrina. Ya es más claro quiénes somos y quienes no son de los nuestros, ya hay una “doctrina” y –por lo tanto- consciencia de qué teología no es “ortodoxa”. 

La unidad literaria de 2 Tim empieza en 3,1 señalando lo que ocurrirá “en los últimos tiempos” y su característica  será la dificultad, especialmente por parte de quienes “se introducirán” en las comunidades. Su vida y su enseñanza es algo de lo que Timoteo debe estar alerta. De allí que el autor insista en “tú, en cambio” (3,10.14; 4,5; cf. 1 Tim 6,11; Ti 2,1). Lo que se dice en todos estos casos es –precisamente- en contraste con los “falsos”: “huye de esas cosas” (1 Tim 6,11), “enseña lo que es conforme a la sana doctrina” (Ti 2,1); “tú, me has seguido” en enseñanzas y actitudes (2 Tim 3.10), “pórtate” coherentemente. Aquí, alude a la perseverancia y la doctrina. Como se ve, en todos los casos se refiere al contraste con los “falsos maestros” que son un hecho que la tercera generación cristiana vivió con preocupación. En este caso, el primer “tú, en cambio” hace referencia al pasado de Timoteo, mientras que el segundo hace referencia a su futuro.

Es interesante notar las palabras clave de esta unidad: “aprender” (emathes, [de donde viene mathêtês, "aprendiz", discípulo] v.14 x2), “creer” (pistoô, v.14), conocer (v.14.15, oida), “sagradas letras” (hiera grammata, v.15), que “puede” (v.15, dynámena), sabiduría (sofízô, v.15), “salvación” (v.15, sôtería), “fe” (v.15, pistis), “escritura” (v.16, grafê), “inspirada por Dios” (v.16, theopneustos), “útil” (v.16, ôfélimos), “corregir” (v.16, epanôrtosin), “educar” (v.16, paideía), “justicia” (v.16, dikaiosynê), “perfecto” (v.17, ártios), “hombre de Dios” (v.17, theou ánthrôpos), “obra buena” (v.17, érgon agatòn), “perfecto” (v.17, exartizô), “testimonio” (4,1, diamartyromai), “proclama” (4,2, kêryssô), “palabra” (lógos, 4,2), “insiste” (epístêthi, 4,2), “examina” (4,2, élegxon), “amenaza” (4,2, epitimáô), “exhorta” (4,2, parakaléô), paciencia” (4,2, makrothymía), “instrucción” (4,2, didajê). Como puede verse, la unidad está cargada de sentidos en orden a la fe y la enseñanza. Todo esto está sostenido por 4,1: “delante de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a los vivos y muertos, y la manifestación de su reino”.

Los elementos principales aquí son la enseñanza y las Escrituras. La enseñanza del apóstol –como se ha dicho- ya tiene un cierto “cuerpo” y es vista como una “doctrina”, o un “depósito”; las “sagradas escrituras” (así las llama Flavio Josefo al hablar del libro de Daniel, hierois grammasin) se refiere a la Biblia judía, aunque releída cristianamente. Recién tardíamente se empezó a hablar de “escrituras” para referir a escritos “cristianos”; y sólo una vez en el NT: cf. 2 Pe 3,16 (“grafàs). Pero toda esta lista de elementos, tienen como objetivo que el “hombre de Dios” esté capacitado y preparado perfectamente para hacer perfectamente el bien, esto refiere a la responsabilidad del dirigente de la comunidad. Moisés es el “hombre de Dios” (Dt 33,1; Jos 14,6; 1 Cr 23,14; 2 Cr 30,16; Esd 3,2; Sal 90,1 (también los profetas, como Elías (1 Re 17,24), Eliseo (2 Re 4,9); es posible que el uso aquí y en 1 Tim 6,11 atribuya a Timoteo lo que se afirma de Moisés como parece ocurrir en otras ocasiones (lo señalamos sobre la imposición de manos (cf. Dt 34,9).

Por eso Pablo “encomienda vivamente” (diamartyromai; cf. 1 Tim 5,21; 2 Tim 2,14) a Timoteo que siga su ejemplo como su sucesor. De allí los verbos en imperativo. Son verbos relacionados con la palabra, ya que Timoteo –como Pablo- debe hacerse cargo de la comunidad por medio de su enseñanza y predicación.


Evangelio según san Lucas     18, 1-8

Resumen: En un nuevo “de menor a mayor”, Lucas muestra en una parábola que un juez corrupto es capaz de hacer justicia ante la insistencia de una viuda. ¡Cuánto más! hará Dios por los suyos, su pueblo. 


El texto comienza señalando que “les decía” (18,1). El último sujeto del encuentro con Jesús fueron “los discípulos” (17,22; ver v.37), por tanto es a ellos a quienes se dirige la parábola, que es exclusiva de Lucas. Parábola que señala expresamente su intencionalidad (como lo hará la siguiente, v.9): para que ellos rezaran siempre y no aflojaran. Ya sabemos la importancia que Lucas da a la oración en su evangelio, mostrando con frecuencia a Jesús en oración en los momentos importantes de su ministerio y los discípulos (3,21; 5,16; 6,12.28; 9,18.28; 11,1-2; 22,41.46; 23,36.46; Hch 1,14; 2,42; 3,1; 6,4.6; 10,4.9.30-31; 12,5.12; 16,13.16.25; 20,36; 21,5; 22,17; 28,8). La parábola no es una de las características de dos personajes, ya que en ese caso se contrastarían las dos actitudes, y aquí se pretende mostrar la importancia de la insistencia. La parábola señala que se “debe” (deî) rezar; este deber está relacionado al deseo de Dios

El caso está puesto en un nuevo qal wahomer (“de menor a mayor”) que recuerda la parábola del “administrador deshonesto” que comentamos semanas atrás (16,1-13). Podríamos resumirla de este modo: si un deshonesto hace estas cosas, cuánto más hará Dios; del mismo modo, Jesús invita expresamente a hacer esa comparación (16,8; 18,6). 

El término clave de la parábola es “justicia” (o “adversario”, v.3; “injusticia”, v.6) ya que se trata de un juez, y de lo que la viuda espera, pero también se incorpora a la conclusión: se destaca que Dios “hará justicia” (18,6.7), no que dará lo que se le pide. Como también es habitual en las parábolas de Lucas, un personaje cambia de actitud después de “entrar en sí mismo”. El monólogo ocupa un lugar en su narrativa (16,3; ver 12,17; 15,17). Este juez es presentado como inescrupuloso y no religioso (“sin temor de Dios”); y la falta de “respeto” por los hombres se entiende como sin vergüenza (ver Ex 10,16; cf. 1 Cor 4,4; 2 Tes 3,14; Ti 2,8; Mt 21,37; Mc 12,6); es decir, se desentiende de los dos mandamientos principales de la Ley (cf. 10,27).

El juez se dice a sí mismo algo insólito: “no temo a Dios ni respeto a los hombres”, pero el acento está puesto en el contraste dado con que finalmente “hará justicia”, aunque no sea por “respeto a la viuda”, o por “temor de Dios”; no hay imagen alguna de arrepentimiento. Lo que cuenta es que la viuda (personaje símbolo del desamparo en la literatura bíblica; cf. Ex 22,2; Dt 10,18; 14,29; 16,11.14; 24,19-21; 26,12-13; Sal 68,6; 93,6; 146,9; Is 1,17.23; Jer 22,3; Lam 1,1) recibirá aquello que ha pedido: “hazme justicia” (v.3), “le haré justicia” (v.5). Los detalles se eliminan (nombre de la ciudad, causa del conflicto que mueve a la viuda…) a fin de que su insistencia quede en primer lugar. Lo cierto es que en Israel cualquier juez temeroso de Dios se ocuparía fervientemente por la justicia de los desamparados como es el caso de una viuda: No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda” (Dt 24:17); “¡Maldito quien cometa injusticia con el emigrante, el huérfano o la viuda!, y todo el pueblo responderá: ¡Amén!” (Dt 27:19). 

En los sinópticos, el “juez” se encuentra en el documento Q (Mt 5,25 / Lc 12,58 y Mt 12,27 / Lc 11,19) y en la fuente propia de Lucas (12,14; 18,2.6; cf. Hch 10,42; 13,13,20; 18,15; 24,10 referido habitualmente a los magistrados locales). Nunca en Marcos, o Juan, ni en Pablo (una vez en 2 Tim y Heb y x4 en Santiago). Las “viudas”, se destacan en Mc 12 (vv.40.42.43) y son importantes en Lucas (x9: 2,37; 4,25.26; 7,12; 18,3.5; 20,47; 21,2.3; y Hch 6,1; 9,39.41; nunca en Mateo y Juan, solo x1 en Pablo, Santiago y Apocalipsis, x6 en 1 Tim). 

El verbo “molestar” (paréjô) se vuelve a encontrar en la parábola del amigo nocturno (11,7) que tiene una intencionalidad semejante (una vez más Lucas destaca un varón y una mujer en textos paralelos; cf. 2,33.36; 4,25.27; 13,18.20; 15,4.8). La segunda parte “que no venga a agredirme” (hypôpiazein) puede entenderse incluso violentamente (cf. 1 Cor 9,27; golpear en el ojo y dejarlo negro). Sin duda que si eso ocurriera, la reputación del juez quedaría seriamente dañada y vería amenazado su cargo. El riesgo de perder su honor no es ajeno a su cambio de actitud.

Jesús llama la atención en el obrar del juez, a pesar que el personaje es la viuda (aquí el kal wahomer). De hecho, no dice cómo debemos comportarnos nosotros ante Dios en la oración, sino cómo se comporta él en nuestra oración. 

La conclusión –que es el fruto de la oración insistente- es que Dios “hará justicia” a sus “elegidos” (es una pregunta que supone un “¡sí!” por respuesta) ya que “claman” (Dios no permanece jamás indiferente ante el grito del dolor; Ex 8,12; 15,25; Núm 12,13), que en este caso es continuo (“día y noche”; cf. 2,37; Hch 9,24; 20,31; 26,7). ¿Los hará esperar? ¡No! (pregunta que supone un “¡no!” por respuesta). El verbo “makrothymeô puede entenderse de diferentes modos en este caso (cf. Mt 18,26-29; 1 Tes 5,14; Sgo 5,7-8; Rom 2,4; 9,22;  Ef 4,2; 1 Tim 1,16; 1 Pe 3,20; 2 Pe 3,9.15). La primera parte del v.8 invita a contrastarlo con éste en el sentido de la doble pregunta que presentamos. 

Les “hará justicia” pronto (tájei; única vez en los Evangelios; x3 en Hch; también puede ser “de pronto” en el sentido de “imprevistamente”). El retardo del juez (a la espera narrativa de la insistencia de la viuda) ilustra a su vez el retardo de la “justicia” (= salvación) de Dios. 

La conclusión –o el dicho final- es sorpresivo y no parece tener relación con la parábola: “Cuando venga el hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”.

Ambos temas, la venida y la fe son temas que se encuentran en las perícopas anteriores (17,22-37); es posible que estuviera unido a ellas cuando Lucas incorpora aquí la parábola. De este modo, ésta ya no es solamente una parábola sobre la oración, sino una invitación a no desfallecer (v.1) en esto (2 Tes 3,13; Ef 3,13; Ga 6,9; 2 Cor 4,1.16), aunque Jesús demore en venir (la tardanza en la Venida de Jesús parece un tema que Lucas tiene en cuenta). La fe es presentada como aquello que Jesús espera encontrar en sus “elegidos” [palabra poco frecuente, cf. Is 42,1; cf. Lc 9,35 (var.); 23,35]; cf. 6,13; Hch 1,2.24; 6,5; 15,7.22.25 donde el verbo “elegir” hace referencia al servicio de algunos en la comunidad. Es interesante que Israel, el pueblo “elegido” (cf. 1 Sam 2,9) es comparado con una “viuda” (Is 54,4). El término parece tener uso eclesiológico.


Foto personal tomada en Chiapas, México.


lunes, 14 de octubre de 2019

Breve memoria de Ecuador


Breve memoria de Ecuador


Eduardo de la Serna



El año pasado fui invitado por una comunidad parroquial de Quito sur a dar un curso sobre el Evangelio de Marcos. Una semana intensiva de la que participó mucha gente. El tiempo libre fue poco, por lo que casi no pude recorrer la capital y, menos aún, los alrededores. Sí pude ver un poco de la ciudad en dos tardes, y una noche. Además, me hicieron conocer unas termas en la entrada de la Amazonía ecuatoriana. También el Centro Leonidas Proaño, que lleva el nombre de uno de los grandes Santos Padres de la Iglesia latinoamericana, obispo de Riobamba, gran acompañante de los pueblos indígenas. En todo esto me acompañó Pablo (en algunos momentos también su mujer). Mi recuerdo de él, sin duda es excelente. Vaya entonces mi memoria a este buen compañero que hoy fue encarcelado por el gobierno de Lenin Moreno. Como lo ha pedido también Amerindia Continental, reclamo y exijo su inmediata liberación y el pleno respeto a sus derechos.

Uno de los dos curas que me alojó era Graziano. Que trabaja arduamente, y es presidente honorario o vitalicio, de Maquita, la fundación que lucha por el “precio justo”. Él me acompañó e hizo conocer, también, la fundación y pudimos charlar con varias y varios de los que allí trabajan por más justicia y dignidad, especialmente para indígenas y campesinos. Hoy, la fundación fue allanada por las fuerzas del gobierno (como también fue allanada la oficina de Paola Pabón, prefecta de Pichincha y opositora al actual gobierno).

La traición presidencial a todo aquello por lo que fue votado y su compromiso con el FMI, depredador de nuestros países y expoliador de vidas y esperanzas necesita represión. En Argentina lo sabemos bien. Pero el Evangelio de Jesús necesita mujeres y varones capaces de acompañar la siembra del Reino de Dios que Él empezó, y que profetas como Proaño (y otros en Ecuador como Gonzalo López Marañón o Luis Alberto Luna Tobar) nos impulsan a caminar y hablar. En ese camino, desde siempre hay Judas, pero también hay Marías Magdalenas y Pablos capaces de mostrar a quien quiera verlo que otro Ecuador es posible. Abrazo a Pablo y a Graziano, a todas y todos los que me recibieron y sé que el Sumak-Kawsay / Buen Vivir es una realidad siempre latente y una esperanza posible. Y que volverá la paz y la alegría que los ecuatorianos merecen.


Foto tomada de https://www.eluniverso.com/noticias/2018/09/02/nota/6931583/legado-leonidas-proano-cura-indios-lucha-mantenerse-vigente-ecuador