martes, 3 de diciembre de 2019

Comentario adviento 2A

“El reino se está acercando”, lo dice el profeta

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO -  "A"
Eduardo de la Serna



Lectura del libro de Isaías     11, 1-10

Resumen: La situación de devastación lleva a fortalecer la esperanza en que la dinastía de David volverá renovada. Y de allí surgirá  quién se deje conducir por el espíritu de Dios para hacer justicia en especial a los pobres y oprimidos. Es que la situación de los pobres corroe el interno de la vida del pueblo, por lo que en el tiempo futuro ideal no habrá cabida para la violencia y el miedo.


La imagen del tronco es metáfora de devastación y aniquilamiento (cf. 6,13). Los bloques anteriores (7,1-9,6 y 9,7-10,34) ya venían señalando que el juicio de Dios se manifestaría como devastación. El texto parece señalar la concreción del mismo. Pero este tronco es “de Jesé”, es decir, del padre de David; la dinastía que da fundamento a la monarquía en Judá se remonta a sus mismos orígenes. Quizás así se quiera señalar un “nuevo comienzo” en momentos críticos. 

Como es habitual, lo que se espera del rey es que esté lleno del espíritu de Dios (1 Sam 10,10; 16,13), sólo así puede ser un rey “como Dios manda”, es decir, fiel a la voluntad de Dios de instaurar el “derecho y la justicia”. Es el espíritu necesario para poder llevar adelante la misión que Dios le encomienda. En este caso se señala la cualidad de este espíritu presentado en tres pares de cualidades: “sabiduría e inteligencia” (cf. 1 Re 3,14-15; Is 9,5), “planificación y fuerza” (Is 36,5; cf. 1 Re 15,23; 16,5.27; 22,46. Como en 9,5 la fuerza no está al servicio de la guerra, sino de la paz), “conocimiento y temor de Yahve”. Estas características son propias de los reyes de Medio Oriente.  

«Míos [dice la sabiduría] son el consejo y la habilidad, yo soy la inteligencia, mía es la fuerza. Por mí los reyes reinan y los magistrados administran la justicia» (Pr 8:14-15). El rey tiene la plenitud de la capacidad para “juzgar”, que es tarea propia del “monarca”, y esta está expresada como hacer justicia a los pobres, liberar con su fuerza a los que no la tienen. El “temor de Dios”  es obedecerlo, respetar su ley. El texto refuerza esta última cualidad señalando que el temor de Dios “lo inspirará”.


Nota: la versión griega reemplaza la referencia al “temor” del último par por la “piedad” y mantiene el “temor” en el refuerzo, con lo que las características del rey esperado pasan a ser siete. De aquí fue tomado tardíamente el tema de los así llamados “siete dones del Espíritu Santo”.


Es interesante destacar que si es propio del rey, juzgar, aquí no se señala a la “obra de gobierno” sino su actitud con respecto a los pobres y oprimidos. La “rectitud” es sinónima de la justicia como se nota en el paralelismo (v.4); es propio del rey Yahvé (Sal 45,7; 67,5; Mal 2,6). Es justicia que se ejerce con la boca (ver v.4b) en sentencias justas en favor del pobre.


Este rey es “fiel” (’emunác). La fidelidad de Dios a su pueblo se manifiesta en la fidelidad de aquel al pueblo (Sal 33,4-5; 36,6-7; 40,11; 88,12-13; 96,13; 98,2-3…), ser fiel a su pueblo es la garantía de fidelidad del rey a Dios. Lo que devasta al pueblo no son enemigos externos, sino que es la injusticia, la fuerza de los malvados que oprimen a los pobres. Esto debe ser desarmado como lo señala claramente el programa del rey ideal (Salmo 72); en el nuevo tiempo inaugurado por la dinastía renovada no habrá víctimas de la violencia interna que deshace el país.


Este tiempo futuro será metafóricamente tiempo ideal de paz. No en el sentido de un paraíso perdido, pero sí en cierta semejanza a una armonía ideal. Es propio de la escatología bíblica imaginar los tiempos futuros como se imaginan los tiempos primeros. Los pares violentos de las parejas animales abandonan toda violencia y agresividad, Gen 1,30 ya había planteado que en el proyecto original de Dios no había lugar a la muerte, y la alimentación de todos sería vegetal, como aquí el león comerá paja con el buey. El miedo y la violencia han desaparecido porque el país “está lleno del conocimiento de Yahvé” (v.9); ya no se esperará a comer del “árbol del conocimiento” puesto que toda la tierra estará inundada de ese “conocimiento”.


El texto concluye con una nueva unidad comenzada por “en aquel día” (ver v.11.12; 12,1). La referencia a “Jesé” une el texto con lo anterior, mientras que la referencia al “día” futuro lo une con lo que sigue, en este caso ligado a la vuelta de los desterrados (algo más bien propio del llamado “Segundo Isaías”, como también la imagen del “nuevo éxodo”, cf. v.15).



Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     15, 4-9

Resumen: dos unidades diferentes son integradas en el texto litúrgico, una que refiere a los fuertes y los débiles, donde los primeros deben preocuparse seriamente de los segundos. Y otra referida a las judíos y los paganos que juntos buscan que Dios sea glorificado en sus vidas.


Como se señaló la semana pasada, la parte exhortativa de la carta a los romanos es motivo de debate entre los estudiosos. En el texto de hoy, está llegando a su fin para dar pasos a los saludos conclusivos. Con algunas reminiscencias a 1 Corintios Pablo habla de la responsabilidad de los “fuertes” con los “débiles” (algo de lo que viene hablando desde 14,1 y parece concluir en 15,6 con la fórmula solemne “Dios y Padre de nuestro Señor Jesús, el Cristo”, cf. 5,11.21; 6,23; 7,25; 8,39). Esta unión entre unos y otros es destacada –ya a modo de conclusión de la carta, retomando lo que la motivó desde el comienzo- a la actitud de Cristo con los judíos y los paganos (15,7-13). A partir de v.14 Pablo finaliza dando algunas informaciones sobre su situación y sobre sus proyectos (15,14-33) y todo el cap. 16 envía saludos a diferentes personajes y a su vez destaca los saludos que algunos que están cerca de él, les envían a los romanos. 


La unidad, entonces, integra el párrafo conclusivo de la perícopa sobre los fuertes y los débiles (15,1-6) y la unidad conclusiva de toda la carta (15,7-13). El texto litúrgico comienza con la digresión conclusiva de la primera unidad, y con el comienzo de la segunda, omitiendo la cadena de citas bíblicas (vv.9-12) y la oración conclusiva (v.13) de la segunda.


La referencia a los fuertes y los débiles parece que alude a los “débiles en la fe” (14,1) por lo tanto la relación está dada en las prácticas religiosas en las que unos creen que debe sostenerse la fe, mientras los fuertes se desentienden de eso. Para Pablo, la fe no consiste en una lista de preceptos, en una serie de prácticas religiosas a realizar, sino en la convicción de que la fe en sí misma es suficiente. Pero no se trata de una fe individualista ya que los fuertes (entre los que Pablo se cuenta a sí mismo, 15,1) deben sostener a los débiles, seguramente preocupados por los escrúpulos. Llevar unos las cargas de otros (cf. Ga 6,2) nos une a Cristo (15,1). En un ambiente en el que el honor era una suerte de “prioridad absoluta”, Pablo invierte el esquema cultural poniendo en el otro, especialmente en el débil la dedicación, en lugar de valerse de ellos, nuestra responsabilidad es “cargar” su debilidad. Para esto, se debe buscar “agradarle”, no buscar el propio agrado. No se trata de un preocuparse “genérico” sino preciso y concreto, se trata de un mirar sensiblemente la conciencia de los débiles (cf. 1 Cor 8,7.12; 10,29). Y esto, planteado como “edificación”, algo característico de Pablo (1 Tes 5,11; 1 Cor 14,12.26; 2 Cor 10,8; 12,19; 13,10. La solidaridad es el criterio fundamental. 


La búsqueda de la concordia mutua entre unos y otros (los fuertes y los débiles) parece el tema central de la primera parte, reforzada con la cita explicita de Sal 69,10 leída cristológicamente. Señalando el texto de modo cristológico en referencia a Jesús en su pasión. Este tema (“tener los unos con los otros los mismos sentimientos”, v.5) es frecuente en toda la exhortación: 12,10.16; 13,8; 14,13.15.19. Acá recurre al ejemplo de Cristo (v.3) como ejemplo a imitar de ese amor por los débiles, de no mirar su propia complacencia y su solidaridad. 


Sal 69,10 (hebr.)
Sal 64,10 (LXX)
Rom 15,3
Los insultos de los que te insultan caen sobre mi
Los ultrajes de los que te ultrajaron cayeron sobre mi
Los ultrajes de los que te ultrajaron cayeron sobre mi


Así se tratarían de palabras que Cristo se apropia para animar al cristiano a la solidaridad.


La referencia a los escritos del pasado (del cual el salmo es un ejemplo) para enseñanza nuestra establece un criterio hermenéutico (cf. 1,2), pero enseñanza en lo tocante a la vida cristiana. “lo escrito” es una invitación contante a esta hermenéutica en toda la carta. Dos elementos aparecen ligados a los efectos de las Escrituras en nosotros: consuelo (paráklêsis) y resistencia (hypomonê) y ambas promueven la esperanza como causa y efecto. Dios mismo se revela como Dios de la resistencia y el consuelo (v.5) y Pablo pide que Él “les” conceda “unanimidad” en una sola voz (lit. “boca”). Más que una oración se trata de un deseo de Pablo (cf. 12,5.10.16; 13,8; 14,13.19). Pero la unanimidad no se trata de uniformidad, precisamente en una unidad donde rescata las diversidades, pero alienta a la solidaridad. Es “una-anima” como Cristo que no buscó su propio placer. El término en hebreo en Qumrán alude a la coparticipación en la comunidad. En Hechos (10 veces) alude a la concordia y armonía comunitaria, no a la “unanimidad” entendida como “uniformidad” (1,14; 2,46; 4,24; 5,12; 7,57; 8,6; 12,20; 15,25; 18,12; 19,29). 


“Comerán juntos, bendecirán juntos y juntos tomarán consejo” (Regla de la comunidad, 1QS 6,2-3) [es interesante que a diferencia de Pablo que afirma que los fuertes deben sostener a los débiles, la regla de Qumrán afirma –en este mismo texto- que “el pequeño obedecerá al grande en el trabajo y en el dinero”]


La “una voz” debe pensarse, entonces, como una suerte de coro, el respeto a la diferencia, la armonía. El objetivo final es la “gloria de Dios” (v.6), el reconocer su grandeza.


La segunda unidad, deja el tema de los fuertes y los débiles y retoma un tema central de toda la carta que es el de los judíos y los paganos. Muchos elementos que se encuentran en la carta son aquí retomados a fin de darle síntesis: la “verdad de Dios” (1,25; 8,7), “las promesas a los padres” (4,9-22; 9,4.8-9), la “misericordia” a los paganos (9,15-18.23; 11,30-32).


La gloria de Dios vuelve a ser retomada (v.7) para integrar a los “circuncisos” (= judíos) y para los gentiles (v.9). Para afirmar esto, relee una serie de textos bíblicos encadenados por un simple “y también” (kaì palin, vv.10.11.12) y concluir con un breve deseo-oración de que ese Dios que era mencionado como de la “resistencia y el consuelo” (v.5), ahora es mostrado como “Dios de la esperanza” (recordar que los tres términos se encuentran en v.4). [Curiosamente el texto de Romanos (v.12) incluye entre estas citas la referencia a la “raíz de Jesé”, de Isaías que se encuentra en la primera lectura, pero no está incluido ese verso en el fragmento litúrgico de Romanos que finaliza en v.9].


Evangelio según san Mateo     3, 1-12

Resumen: Juan el Bautista predica como profeta semejante a Elías a gente de diferentes regiones que se acercan a él para ser bautizados, y les anuncia que Dios está empezando a reinar en alguien que viene y que es más importante que él mismo. Pero para recibirlo será necesaria una auténtica conversión, no solamente de palabra sino en frutos concretos.



Siguiendo al Evangelio de Marcos, aunque añadiendo elementos propios y elementos del Documento Q, Mateo presenta los acontecimientos previos al ministerio de Jesús. Podríamos resumirlos de esta manera: a) Presentación de Juan, el Bautista, b) Bautismo de Jesús y c) Tentaciones en el desierto. La liturgia –como corresponde al tiempo de Adviento- presenta a Juan como quien “prepara el camino del Señor”, es decir, la primera de las tres escenas mencionadas. Señalamos en tres columnas los tres evangelios sinópticos para que sea fácil de visualizar lo que Mateo toma de sus fuentes y lo que le es propio (como corresponde, se deja espacio en lo que no es paralelo, aunque hay que notar que algunas frases se encuentran desplazadas).

Mateo 3,1-12
Mc 1,2-8
Lc 3,1-18






















1 Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:
 2 «Conviértanse porque ha llegado el Reino de los Cielos».
 3 Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas.








 4 Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre.
 5 Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán,
 6 y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.




 7 Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién les ha enseñado a huir de la ira inminente?
 8 Den, pues, fruto digno de conversión,  9 y no crean que basta con decir en su interior: «Tenemos por padre a Abraham»; porque les digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
 10 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
































 11 Yo los bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El los bautizará en Espíritu Santo y fuego.


 12 En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga».
2 Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino.
 3 Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas,















 4 apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo 

de conversión para perdón   de los pecados.






















5 Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
 6 Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre.






















































7 Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias.  8 Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo».







En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene;
 2 en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3 Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo 

de conversión para perdón de los pecados,
 4 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas;
 5 todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.
 6 Y todos verán la salvación de Dios.






7 Decía, pues, a la gente que acudía para ser bautizada por él:











«Raza de víboras, ¿quién les ha enseñado a huir de la ira inminente?
 8 Den, pues, frutos dignos de conversión, y no anden diciendo en su interior: «Tenemos por padre a Abraham»; porque les digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
 9 Y ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego».
 10 La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?»
 11 Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo».
 12 Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?»
 13 Él les dijo: «No exijan más de lo que les está fijado».
 14 Le preguntaron también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagan extorsión a nadie, no hagan denuncias falsas, y conténtense con su soldada».
 15 Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan,   si no sería él el Cristo;
 16 respondió Juan a todos, diciendo: «Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El los bautizará en Espíritu Santo y fuego.


 17 En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga».
 18 Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.


Lo primero que llama la atención es que Mateo pone en boca del Bautista lo mismo que dirá Jesús al comenzar su ministerio: “el Reino de los cielos ha llegado” (ver 4,17), y que más tarde anunciará también la Iglesia (10,7), pero enseguida afirma que “este es”, relacionando la llegada del reino con una persona (el dicho de Jesús, en cambio, finaliza allí mismo con lo que deberemos esperar al desarrollo de todo el Evangelio para saber qué es este reino que él predica; especialmente las parábolas, cf. 13,11). Como Juan es parte de la historia, “predica” y “proclama” (v.1) como lo hará Jesús (4,17.23; 9,35) y lo harán también los apóstoles (10,7.27; 24,14; 26,13). Sin embargo hay que destacar que el bautismo de Juan, en Mateo, no es “para perdón de los pecados” como sí lo es en Marcos. El perdón para Mateo ocurrirá en la eucaristía (cf. 26,28).

A continuación destaca que de él habla el profeta Isaías, citando el texto de Is 40,3 (es interesante notar que Lucas extiende la cita a Is 40,3-5; y Marcos añade Mal 3,1 que Mateo citará –siempre en referencia a Juan- en 11,10, como también Lucas 7,27, mostrando que ambos siguen en esto al texto Q). La cita es idéntica a la versión griega de Isaías con la única diferencia que dice “sus senderos” en lugar de “senderos a nuestro Dios”. La diferencia sin embargo es notable por el contexto, como ya lo señalaba Marcos: en Isaías, el desierto es el tema sobre el que la voz habla. Como una suerte de nuevo éxodo (típico del discípulo de Isaías) ya no será el mar el que se abre sino el desierto el que será camino del pueblo de Dios que se dirige a la tierra prometida, y por eso destaca los milagros que acompañarán esto: los montes serán abajados, los valles rellenados (texto que –como se dijo- continúa Lucas). En los Evangelios, en cambio, el desierto es el lugar en el que la voz (= Juan) habla; cosa que queda confirmada no sólo por el contexto, sino por lo que afirma a continuación destacando que comía la comida del desierto y allí acudían de toda la región. El tema, entonces ya no es “el desierto” sino “el camino” referido ahora a la vida humana que debe cambiar (“convertirse”). Algo semejante ocurre en Qumrán:

Y cuando estos existan como comunidad en Israel según estas disposiciones se separarán de en medio de la residencia de los hombres de iniquidad para marchar al desierto para abrir allí el camino de aquel. Como está escrito: ‘en el desierto, preparen el camino de…, enderecen en la estepa una calzada para nuestro Dios’. Este es el estudio de la ley…” (1QS 8,12-14)
Marcos añadiendo el texto de Malaquías nos había señalado que Juan era ese “Elías” que muchos judíos esperaban previo al “Día de Yahvé”. Mateo –como dijimos- lo referirá más adelante, e incluso lo destacará expresamente en 17,13: después que Jesús dice que “Elías ya vino” pero ni lo escucharon e hicieron con él lo que quisieron, Mateo acota: “entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan, el Bautista”. Este paralelo entre Elías y Juan queda reforzado con la vestidura (ya en Marcos): “vestido de pelos de camello y un cinturón de cuero”: cuando un extraño les sale al encuentro a los enviados del rey Ocozías con un mensaje para el rey, éste pregunta: 
« ¿qué aspecto tenía el hombre que les salió al paso y les dijo estas palabras?» Le respondieron: «era un hombre con manto de pelo y una faja de piel ceñida a la cintura». Él dijo: «es Elías el tesbita»” (2 Re 1,7-8). 
Como puede verse, a Mateo le interesa más Juan en cuanto profeta y predicador que en cuanto bautizador.

Es oportuno destacar que como ocurre en el castellano, también en griego “desierto” (érêmos) puede significar un lugar árido (p.e. desierto del Sahara) pero también un lugar deshabitado. Ciertamente si se trata del lugar donde Juan habita puede tratarse de ambas acepciones del término, pero al referirse –más adelante- a un bautismo en el Jordán, ha de entenderse en el segundo modo. El término es especialmente bíblico más que geográfico.

No es este el lugar para analizar el tema histórico, hablando de la persona de Juan, de los movimientos bautistas, de los diferentes bautismos, e incluso de la originalidad del bautismo de Juan con respecto a otros rituales. El texto señala algo que sabemos por un historiador, como Flavio Josefo, que la persona de Juan fue muy aceptada por los judíos y congregaba mucha gente, e incluso tenía discípulos (cf. 9,14; 14,12). La confesión de los pecados de los que acudían al bautismo remarca que el bautismo no se trata de algo meramente ritual sino de la firme decisión de “enderezar el camino”, de un cambio de vida. Este cambio de vida se justifica por la “ira inminente”. Juan identifica el reino-persona que llega con un tiempo de ira, como el “día de Yahvé” anunciado por muchos profetas: 
“¿quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque es como fuego de fundidor y lejía de lavandero” (Mal 3,2; ver Nah 1,6; Jl 2,11; Am 5,18-20). 
Esto está dicho por Juan –como es propio de Mateo- a “fariseos y saduceos” (con lo que distinguirá la actitud del pueblo con la de sus autoridades), a los que llamará “raza de víboras” (fuera de este texto tomado de Q, el término se encuentra otras dos veces, ambas en Mateo dirigidas a los “fariseos”, lo que es propio de tiempos del evangelista y la situación que vive su comunidad con otros judíos en el debate sobre cuál de los dos grupos –fariseos rabínicos o cristianos- es el “verdadero Israel”). 

La conversión no es algo de “palabra” sino que debe manifestarse en “frutos”. Ser “hijos de Abraham” no es lo que cuenta, sino los frutos, esto es, la vida toda (“dar” fruto se encuentra en imperativo aoristo, una suerte de “¡ya mismo!”; acerca de las piedras y los hijos de Abraham, cf. Is 51,1-2). El árbol que no dé “buen fruto” tiene como destino el fuego. La imagen frecuente en la Biblia de comparar a Israel (los hijos de Abraham) con un árbol frutal del que se espera que dé frutos es la que subyace a esta unidad (cf. Is 5,1-7; Os 10,1; Jer 2,21; 6,9; 12,10; Ez 15,1-8; 17,6; Sal 80,9-19; Os 2,12; 9,10; Jl 1,7.12) y otros textos del NT (cf. Mc 11,12-14; 12,1-12; Lc 13,6-9). La unidad en vv.10 y 12 finaliza con la amenaza del fuego del juicio.

Pero esta referencia al día de ira está ligada –como se dijo- a una persona que está llegando. Juan entonces, contrasta su bautismo con el bautismo que traerá “aquel que viene detrás de mí”. El contraste entre ambos es importante en Mateo: de este se dice que es “más fuerte”, que Juan “no es digno de llevarle la sandalia” (en los restantes Evangelios, Juan incluido se manifiesta indigno de “desatar la correa de las sandalias”, algo propio del esclavo; es decir, menos aún que eso), el bautismo de agua para conversión contrasta con el nuevo bautismo en “espíritu santo y fuego” (ver 28,19), y lo que hará finalmente: limpiar la era para recoger el trigo y quemar la paja en ese fuego (ver Is 1,25; Za 13,9). Toda esta unidad está tomada de Q (Marcos decía que el que viene bautizará en espíritu santo, solamente). La superioridad entre uno y otro (Juan y el que ha de venir) queda destacada desde el comienzo (y cada evangelista la resaltará a su manera en otros momentos). Juan identifica al que viene con el reino que llega, y ese reino será de ira y fuego, de hacha a los que no den buen fruto, en una actitud ciertamente judicial (cf. 7,19; 13,40.42.50; 18,9; 25,41). Sin duda más adelante, viendo a Jesús que come con pecadores, se junta con ellos y es su “amigo” (11,19), eso provocará que Juan se desconcierte y pregunte si es Jesús “el que ha de venir” o hay que esperar a otro (11,3).

Lo cierto es que –especialmente teniendo en cuenta el texto en el tiempo litúrgico de Adviento- Juan anuncia la llegada de alguien que viene, y esa llegada, esa persona, está ligada estrechamente al reinado de Dios. Y Juan invita a todos los que desde diferentes regiones se aproximan a él a una conversión en palabras y hechos para dejar a Dios obrar en sus vidas y recibir a aquel que se aproxima.


Foto tomada de http://es.wikipedia.org/wiki/Palestina_(región)

domingo, 1 de diciembre de 2019

Me daría vergüenza


Me daría vergüenza

Eduardo de la Serna



La “vergüenza” es una experiencia humana que encontramos desde el primer al último libro de la Biblia. Con frecuencia, ligada a la desnudez. Adán tiene vergüenza de que Dios lo vea desnudo (Gen 3,10). Es un miedo por la situación que lo revela de un modo que, ahora, después de la desobediencia, siente como incómoda. En otras ocasiones es algo insultante a un modo de obrar (Gen 34,14), o atentar contra la memoria (1 Sam 20,30). Las traducciones bíblicas con frecuencia recurren a la fórmula “cubierto/s de vergüenza” (2 Sam 10,5; Sal 6,10). Ser o quedar avergonzado supone una exposición que deja manifiesto ante otros algo ofensivo, molesto, incómodo… En ocasiones (especialmente para el Israel bíblico, para el que la desnudez es algo que ha de vivirse al interno de la casa) cubrir o descubrir la vergüenza alude a la desnudez (Os 2,12). El consejo del ángel a la iglesia de Laodicea, tibia, desnuda y ciega, es que “le compre” (a Dios) con qué tapar su vergüenza (Ap 3,18).

Las sociedades mediterráneas, que tanto valor dan al honor (es decir el aprecio o desprecio público) saben que avergüenza hacer algo que no sea coherente con ese valor público (ver Lc 16,3). Sinteticemos notando que la vergüenza es algo que expone públicamente a alguien a una incomodidad, temor o violencia visible. Tapar la vergüenza sería, entonces, evitar que sea visto – y por lo tanto evaluado – por un público específico, algo que humilla. El hecho vergonzante existe y, por lo tanto, se quisiera evitar su trascendencia.

Ahora bien, ¿qué ocurre con aquellas personas que por diferentes motivos no se avergüenzan de lo que a otros / muchos / todos avergonzaría? Podríamos dejar de lado las razones psicológicas de algunos (psicópatas, diría un rápido diagnóstico, seguramente superficial). En los restantes, seguramente – podemos pensarlo – habrá en muchos una contra fuerza muy potente que hace que la vergüenza sea un peso menor que otro valor. Pero ese valor no puede exhibirse (porque aumentaría la vergüenza), sólo puede disfrutarse entre las mismas cuatro paredes que la desnudez bíblica.

Toda esta introducción sólo pretende dirigirse a una simple conclusión. Mirando hoy, domingo, los diarios Clarín y La Nación… ¡qué vergüenza me daría, ya no escribir en alguno de estos engendros… hasta comprarlos! Pero, claro… para eso habría que, o bien ser capaces de “tener vergüenza” o de no aceptar algo que la esconda bajo la alfombra.


Foto tomada de https://radiocut.fm/radioshow/verguenza-ajena/

martes, 26 de noviembre de 2019

Comentario adviento 1A

En nuestro presente, nuestra vida debe testimoniar lo que esperamos


DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO - "A"

Eduardo de la Serna



Lectura del libro de Isaías     2, 1-5

Resumen: Como es frecuente, el profeta espera que en un futuro indeterminado, Dios reinará sobre Israel y sobre toda la tierra, y puesto que todos caminarán a su luz, ya no habrá violencia, ni instrumentos de violencia, sino que todo será paz y los instrumentos de guerra serán transformados en herramientas para el trabajo del campesino.

El título que precede la unidad (v.1) invita a pensar que el libro ha recopilado aquí a modo de colección una serie de palabras (“visiones” puestas por escrito) del profeta en lo concerniente a Judá y Jerusalén. Es posible que de ese modo se hubieran dado unidad en un momento a los diferentes oráculos, aunque luego hayan sufrido añadidos y recortes con el tiempo.

La idea de “días futuros” no necesariamente aluda a lo que conocemos como “fin de los tiempos” y quizás haya que leerlo simplemente como “en el futuro”, aunque también es posible que aluda (en especial al finalizar la recopilación de textos de Isaías y sus discípulos) a un futuro lejano e indeterminado. La idea que guía el pensamiento y el discurso es el concepto de Yahvé rey de Israel, en el anuncio de un reinado universal de paz que nace de la justica. Pero este reinado será universal, no sólo abarcará la tierra de Israel. Yahvé “juzgará” (= gobernará, salvará) a todos los pueblos, no sólo a “Jacob”. Puesto que todos estarán instruidos por Dios, la paz (shalom, término que no se encuentra en la unidad) será una consecuencia obvia y permanente por lo cual ya no serán necesarios los instrumentos de guerra.

El texto de vv.2-4 se encuentra idéntico en Mic 4,1-4a. No es fácil saber cuál es el original, o si se remiten ambos a un elemento común. Especialmente porque ambos profetas son relativamente contemporáneos y predican en una misma región, Judá (es posible que Miqueas lo haya tomado de Isaías, o de una tradición oral que se remita a éste). La paz esperada es tan definitiva que los viejos medios para hacer la guerra se transformarán en instrumentos de trabajo campesino y ya no harán falta entrenamientos militares (“aprender para la guerra”).

La referencia a la peregrinación a Jerusalén es un tema habitual en el que se insiste frecuentemente en el tema de la paz: Sal 46; 48; 76; 87. “Subir” (v.3) es verbo que se utiliza habitualmente para dirigirse a Jerusalén (cf. 7,6; 11,16; 36,1.10; 37,14… cf. Lc 10,30.31). La “Ley” no ha de pensarse en el sentido de la Torá escrita sino de la instrucción que Dios dirige a su pueblo. 

La paz es el tema central, y es más que ausencia de guerras. La lucha por la conquista no tiene sentido ya que es Dios mismo el que conduce a su pueblo. El rey ideal es “príncipe de paz” (9,5-6; 11,6-9). El trabajo pacífico del campesino (Mic 4,4) es una obvia manifestación de la paz reinante. Se invita a toda la “casa de Jacob” a caminar “a la luz de Yahvé”. Pero esto, no ocurrirá todavía.



Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     13, 11-14a

Resumen: Pablo invita a los romanos a llevar ya desde ahora una vida diferente a la que lleva la sociedad de su entorno. Deben mostrarse distintos porque están ya en un tiempo nuevo, por el espíritu que los introduce en la vida nueva.

Los capítulos finales de la carta a los Romanos son motivo de debate entre los estudiosos. Es que Pablo escribe a una comunidad a la cual no conoce, ni que tampoco lo conoce a él (y en la que hay quienes hablan mal del apóstol diciendo cosas falsas, ver 3,8). A partir del cap. 12 empiezan una serie de exhortaciones, es decir, invitaciones a vivir de determinada manera, dejando aquello que la perjudica o aceptando lo que la beneficia. Esto lo encontramos hasta el cap. 15  donde Pablo empieza a despedirse (los saludos finales se encuentran en el cap. 16 que también es motivo de discusiones). El debate tiene su origen en la pregunta: ¿cuánto sabe Pablo de los romanos, como para dar consejos prácticos y exhortaciones precisas? Algunos afirman que hay datos que Pablo tiene y es a ellos a los que enfrenta; otros –en cambio- piensan que puesto que no sabe mucho de la comunidad, las exhortaciones son genéricas y, en muchos momentos, tomadas de lo dicho en otras cartas. En ese contexto, entre los muchos elementos, encontramos el texto litúrgico de hoy. 

En la unidad literaria anterior (13,8-10) había hablado solemnemente del amor como plenitud de la ley (ver Ga 5,14; 1 Cor 13,4-7), en la perícopa siguiente habla de la “fe” (14,1-15,13).

En esta unidad (13,11-14) el tema principal tiene que ver con cómo deben vivir “hoy” los destinatarios. Toda la perícopa está cargada de temas que se relacionan con el campo semántico del “tiempo” (momento, hora, levantarse del sueño, noche y día, tinieblas y luz, pleno día). Pero evidentemente el acento está puesto en el cómo se debe vivir “ahora”: levantarse, revestirse, caminar (= vivir) respetablemente. Es notable la cantidad de metáforas usadas en la unidad: noche-día, armas, camino, revestirse… Es casi imposible hablar de las cosas más profundas sin recurrir a las metáforas. 

El texto fue leído con frecuencia en un sentido “escatológico”, pero esto no es necesariamente evidente. Sin dudas no se ve la nota de la urgencia, y la imagen de despertar, que se aproxima la hora es coherente con la metáfora del tiempo presente en la unidad. Pero el acento, como decimos, está en la vida que se debe llevar hoy precisamente porque es tiempo de despertar. El verbo caminar (peripatéô) es propio del modo de vida que deben llevar los discípulos (6,4; 8,4; 14,15; cf. 1 Cor 3,3; Ga 5,16…), y lo mismo ocurre con el verbo “revestir” (endúô, vv.12.14; cf. 1 Cor 15,53.54; Gal 3,27; 1 Tes 5,8). La nota escatológica está dada por la vida que “ya” deben llevar los cristianos por haber recibido el espíritu, el don escatológico por excelencia, y que han obtenido en el bautismo. Es decir, Pablo los invita a ser desde ahora lo que un día llegarán a ser (la nota de futuro no tiene temas habituales en la escatología como el “día”, la “venida”, el juicio, la futura resurrección, pero sin dudas alude a un futuro indeterminado que va más allá del presente histórico concreto de la comunidad: “no se configuren con este tiempo”, 12,2). Las imágenes de día y noche, luz y tinieblas, aunque son frecuentes en la literatura apocalíptica no conservan aquí esa connotación sino simplemente la metáfora. Esto está puesto en claro contraste con el modo de vida habitual en la sociedad romana de entonces, algo conocido por todos, un comportamiento caracterizado por las comilonas, borracheras, lujuria y desenfreno, rivalidad y envidia. Los cristianos deben mostrar a la sociedad (“camino con decoro”, v.13; cf. 1 Tes 2,12; 4,1.12) una vida contrapuesta a la celebrada en el Imperio, pero deben hacerlo desde ahora. Ya es el tiempo.

Pablo invita a los romanos a comprender el tiempo (kairós). Como se sabe hay diferentes términos griegos para decir “tiempo”. Pablo utiliza con frecuencia el aiôn, que remite al tiempo que no cesa, y puede traducirse como “era”, hasta incluso entenderse como “eternidad”. El tiempo “kronos” es el que es entendido de un modo objetivo, y por tanto medible, por eso puede haber un futuro y un pasado. Kairós es el tiempo en sentido subjetivo, es el momento favorable, estipulado, oportuno. En LXX designa también el tiempo fijado por Dios (Is 49,8; Sal 74,3). Este tiempo fuerte (cf. Mc 1,15; Jn 7,6; Hch 1,7; Mt 26,18; Ap 1,3) es una ocasión que es necesario saber acoger. No necesariamente debe entenderse en sentido escatológico sino en coherencia con el tiempo al que el “día” alude en 11bc-12a). Es el tiempo decisivo de cada persona en la medida de su aceptación de Cristo (1 Cor 7,29; 2 Cor 6,2). La hora (hôra) de levantarse del lecho alude al simple paso del tiempo en el sentido de que “es tarde” (cf. Mt 14,15; Mc 6,35) con lo que prepara lo que viene a continuación. Es necesario levantarse para afrontar la novedad presentada como opuesta a “sueño”. Es el tiempo del “ya” y el “todavía no”. La salvación está próxima, “todavía” no está a nuestra disposición (sin que sea evidente en Romanos qué tan inminente es para Pablo este tiempo. La idea de la “proximidad”; vv.11 y 12, eggys/uzô).

A continuación se destaca la metáfora de “despojarse” y “revestirse” en un sentido de una transformación interior. En un primer momento (v.12) es “vestirse” de las armas de la luz, y en v.14 es “del Señor Jesús, Cristo” (a diferencia de 1 Tes 5,8; 2 Cor 6,7 [cf. Ef 6,13-17] Pablo aquí no describe el armamento, quizás porque a continuación lo identificará directamente con Cristo). La metáfora luz-tinieblas, por su parte (Rm 2,19; 13,12; 1 Cor 4,5-6; 2 Cor 4,6; 6,14; 1 Tes 5,5) en Pablo es tomada del estilo literario de la apocalíptica; se mueve en el terreno de la exhortación, en el plano ético.

En v.13 presenta un pequeño catálogo de vicios. Es sabido que estos son habituales en el mundo greco-romano y en el judaísmo de la diáspora, como un modo de señalar aquello del medio ambiente que culturalmente resulta detestable y que –por lo tanto- se debe omitir. En ocasiones está acompañado de catálogos de virtudes, pero aquí no los encontramos. Se trata de tres pares de vicios, el primero (comilonas y borracheras) contrasta con el dominio de sí, el segundo –centrado particularmente en lo sexual, como suele suceder en muchos catálogos de vicios- (sensualidad y desenfreno) y el tercero alude a las relaciones entre los miembros de la comunidad, lo opuesto a la edificación de la comunidad. A esto Pablo va a oponer lo contrario, pero no lo hace señalando expresamente virtudes contrapuestas sino la actitud fundamental: revestirse del Señor… La imagen del revestimiento tiene que ver con la vida cotidiana, pero en un sentido místico, de fusión. La referencia es bautismal (Gal 3,27), pero este bautismo implica un modo de vida (es interesante notar un semejante contraste entre un catálogo de vicios y la referencia al “ahora” comenzado en el bautismo, en 1 Cor 6,9-11), en cierto modo podemos decir que el bautismo da origen al misticismo paulino, y esto tiene implicancias en la vida cotidiana, es al Señor al que se debe servir, no al emperador ni a otro soberano, solamente al crucificado-resucitado.



Evangelio según san Mateo     24, 37-44

Resumen: Con una serie de imágenes con elementos comunes a las expectativas escatológicas Mateo invita a “velar” y “estar atentos” esperando de un momento a otro la venida del hijo del hombre.

Como se sabe, Mateo está compuesto en un cuerpo de cinco grandes discursos, precedido de cinco secciones narrativas. El quinto bloque –el escatológico- presenta un largo discurso que se encuentra en los caps. 24 y 25 (aunque en cap. 23 también es discursivo). En el v.37 (con el que comienza el texto litúrgico de hoy) Mateo abandona a su fuente, Marcos, y sigue al documento Q, aunque la continuidad con éste se prolonga hasta el v.51. 

La novedad comienza con el tema de la vigilancia que acompañará el resto de una pequeña serie de parábolas que preparan las grandes parábolas de Mt 25 (las diez vírgenes y los talentos). De hecho, hay una serie de palabras claves que se repiten con frecuencia en esta unidad: “conocer” (24,36.39.42.43.50; 25,13) “día/s” (24,36.37.38.42.50; 25,13), “hora” (24,36.44.50; 25,13), “venir/da” (24,39.42.43.44.46.48; 25,10.19.27), “hijo del hombre” (24,37.39.44), “vigilar” (24,42.43; 25,13).

En la primera parte del capítulo había indicios de la próxima parusía: los que dirán ser el Cristo, los signos de tribulación a los discípulos y a Jerusalén, serán visible en cielos y tierra, como una higuera (24,3-36), a continuación destacará que será inesperada (24,37-51). Es en esto que empieza a verse como importante la “vigilancia” aunque no se precise en esta parte en qué consiste esta.

Comienza con un paralelo entre  “los días de Noé” y la venida del “diluvio” y la “venida del hijo del hombre”.

El paralelo se ve claramente entre v.37 y vv.38-39:

37«Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.
38 Porque como en los días (…) Noé en el arca, 39 y no se dieron cuenta (…), así será también la venida del Hijo del hombre.

Es evidente que el v. 37 presenta el paralelo entre ambos períodos que será explicitado en los versículos siguientes.

El acento no está puesto en que en tiempo de Noé eran pecadores (eso ocurre en otros escritos (ver Is 54,9), lo que el autor destaca es que “no conocían” (ouk egnôsan) lo que les esperaba, y vivían desentendidos de ello: comían, bebían, se esposaban o eran dadas en matrimonio (v.38). El paralelo pone en relación la sentencia de tiempos de Noé con la venida del Hijo del hombre, juicio y parusía se interrelacionan, de ese modo el día del hijo del hombre parece interpretarse como una catástrofe. Pero esto será inesperado y provocará fractura (= juicio) un varón en cada lado (v.40), una mujer en cada lado (v.41). El antagonismo tomado – dejado es habitual en el judaísmo (y la voz pasiva remite a Dios como el que tomará o dejará), cf. v.31. 

Este paralelo entre un acontecimiento ocurrido y uno por ocurrir es el que motiva el llamado a la vigilancia (verbo que aparece aquí por primera vez en Mateo, cf. 24,43; 25,13; 26,38.40.41; x6 en Mc, x1 en Lc y x1 en Hch). La imagen del ladrón que entra sorpresivamente en la casa es habitual en la expectativa apocalíptica (1 Tes 5,2.4; 2 Pe 3,10; Ap 3,3; 16,15), su paralelo en Lc 12,39 nos hace saber que es tomada del texto Q. El ejemplo retoma la idea de “estar preparado” en referencia a la venida “del hijo del hombre” que es el tema que articula la unidad. Estar preparado es paralelo, entonces, de vigilar. El verbo ya lo encontramos en 22,4.8 con la cena “preparada” en la parábola (lo mismo en 25,10).



miércoles, 20 de noviembre de 2019

El lado wiphala de la vida

El lado wiphala de la vida


Eduardo de la Serna



En la lucha feminista he escuchado hablar, entiendo que maravillosamente, de imágenes como las trenzas, o un telar. La lucha en colectivo, me parece entender, es la clave. Y saber que una (o uno) aporta, pero no es sin las (los) otras (os).

En estos momentos, y ante declaraciones desafortunadas, y sin cuestionar a quien las pronunció porque no estar de acuerdo en esto de ninguna manera significa no valorar sus miles de aportes de ayer y los que hará mañana, se me ocurre pensar que el feminismo es una lucha que hay que dar. Sin duda ninguna. Pero también es cierto que hay otras luchas impostergables. Creo que todas las luchas liberadoras son las que constituyen la trenza o el telar. Y una lucha, aislada de las otras, no es propiamente la que yo quisiera dar. Se ha dicho con frecuencia, en ciertas luchas, que a veces hay que dar un paso atrás para después dar dos para adelante. Y, en ocasiones, hay luchas que tienen en cuenta una parte de la trama y no otra. Hay luchas por una causa que, por ejemplo, encuentran el momento apropiado para darse, ¡y deben darse! Y son parte del todo de la trenza. Y, en ese momento, con frecuencia, otras luchas no se dan; no porque no cuenten, no porque no sean valoradas, sino porque “el todo es superior a la parte”. El todo, por ejemplo, de la lucha de un país por su dignidad, su libertad, su vida, hace que, en ocasiones, determinadas luchas queden para otro momento. Nadie “baja banderas”, nadie “renuncia” a sus ideales, sueños y utopías. Simplemente, cuando se trenza una parte, no se trenza otra. Pero el todo trenzado es lo que cuenta, es a lo que se apunta, lo que se pretende. Sería demasiado binario entender que sólo una lucha es el todo. Y sería binario, criticando lo binario, paradójicamente.

Y me permito otro ejemplo. Salvo la bandera blanca, que puede ser de rendición, o armisticio, o “pausa”, las banderas suelen tener colores. Dicen que la Wiphala no es una bandera (porque no representa bandos sino un todo); pero lo cierto es que no habría wiphala sin colores. Cada color la constituye. Si todo fuera un solo color, no sería wiphala. Y cada color atraviesa la wiphala; pero para serlo, debe permitir que otros colores también la atraviesen. Y así, sabiamente atravesada, puesta en alto, la wiphala es signo de un todo, de un Tahuantinsuyo. Me resulta un poco miope una bandera monocolor, me resulta un poco torpe ver una realidad compleja, que no nos permite medias tintas, como la boliviana de hoy, pretender un análisis o una autocrítica que no tenga en cuenta el todo, el golpe y las muertes, el desprecio de un pueblo y el avasallamiento de su dignidad. ¿Qué hay cosas que corregir, revisar y rechazar? Siempre. En todo. Pero el todo, hoy, es el pueblo boliviano, los pobres, los indígenas… Mañana empezaremos otra trenza.


Imagen tomada de https://www.facebook.com/sudestadarevista/posts/2554589421244921

martes, 19 de noviembre de 2019

¿Es con todos? Un problema con los sapos


¿Es con todos? Un problema con los sapos


Eduardo de la Serna



Una de las cosas que le cuestiono a cierta izquierda, o a cierto feminismo, es cuando “la parte se cree superior al todo”. Cuando una idea / ideología / utopía / proyecto (bueno, buenísimo, excelente o maravilloso) se vuelve incapaz de encontrarse con un todo, con un proyecto global. Puedo estar bastante, algo, muy o totalmente de acuerdo con muchos de esos, pero con frecuencia los veo con tan poca capacidad de diálogo, de renunciar, de equilibrar, de tolerar que su fundamentalismo (o su principismo) se me hace difícil de encontrarme. De encontrarnos.

Algo de eso leí sobre el nada-feminismo de Evo Morales (que supongo verdadero) pero el problema es que Jeanine es mujer… ¿Y? los sueños y proyectos, los pobres, campesinos e indígenas ¿no tienen nada que decir?

Y paso a lo que me provoca la reflexión: ya hemos comentado decenas de veces sobre los sapos (y hasta escuerzos) que a veces nos toca tragar en nombre de la indispensable unidad. “Es con todos”, se repite. Pero ¿siempre es así? ¿Con todos es así?

Y me remito a los evangelios. Jesús quiere reunir a “todo Israel”, el “pueblo de Dios disperso”, etc. Pero lo cierto es que “no todos” lo reciben. Y ahí hay una punta para la reflexión. La única forma de que el proyecto de Jesús sea universal es que llegue a los últimos, los pobres, los rechazados, los desvalorados por “muchos”. Es ahí donde se entiende la opción de Jesús por los pobres, los publicanos y pecadores, las mujeres y los niños, etc. Desde los últimos para todos. “Es con todos”, repite Jesús. El problema es que hay algunos que se creen “puros” (= santos), y que de ninguna manera aceptan juntarse (comer con) los “pecadores”, los impuros. Esos tales no aceptan que “esos” sean sus hermanos. Son tan “fieles y perfectos” que, como el hijo mayor de la parábola se niegan a participar de la fiesta porque no reconocen al que ha vuelto como su hermano (“ese hijo tuyo”). O como el rico, invitado a la fiesta de la fraternidad compartiendo sus bienes con los pobres, que se retira entristecido porque “tenía muchos bienes” … Tenía bienes, pero no quiso tener hermanos. Con esos no, dijo con su rechazo al Evangelio.

Es con todos, repiten, pero no deja de ser cierto que hay ciertos (y quizás bastantes) que se niegan terminantemente a compartir su vida y sus bienes, sus caminos y sus mesas con los que desprecian, con los que no sienten que sean sus hermanos. En ese caso (¡y es tan actual! basta con mirar Bolivia) el proyecto puede ser “con todos”, pero no es menos cierto que “con esos no” es un estribillo que los que se creen superiores, puros, o ¡hasta santos!, repiten constantemente.

Es con todos salvo con aquellos que se niegan a considerarnos hermanos. Pareciera que para algunos el “todos” es cuando “estoy yo” y preferentemente “no están esos”. No es cuestión de “razas” o de clases, de buenos y malos o de puros o impuros, es entender que desde los pobres se verá si es de y para y con todos o no. Todos, todas y todes aquellxs que quieren que los pobres sean el centro, sean el “test de la totalidad”, serán bienvenides. Con todes los que quieran pensar, militar y hablar desde el lugar del pobre son bienvenides aunque ayer no nos hayamos encontrado. Los pobres son el lugar del futuro y de la patria nueva que soñamos. Todes.


Foto pública del beato Enrique Angelelli, mártir


Comentario domingo 34C

Un señor que reina en la misericordia


DOMINGO TRIGESIMOCUARTO - "C"
SOLEMNIDAD DE CRISTO, REY

Eduardo de la Serna




Lectura del segundo libro de Samuel     5, 1-3

Resumen: David –que ya era rey del sur, es elegido ahora rey del norte con lo que se unifica la región. Pero esto no nace de la ambición de un hombre, sino de la decisión de los “ancianos” y la voluntad de Dios. David pasará a ser entonces el rey modelo, y más tarde el “padre” del futuro Mesías.

Por más que en cierto modo el libro de Samuel (y los que conforman toda la “gran historia deuteronomista”) son libros “históricos”, no es menos importante notar que no es el o los acontecimientos históricos lo que nos interesa comentar. La historia –por más “maestra de vida” que sea, al decir de Cicerón- no es “palabra de Dios” (no en el sentido bíblico). Es decir: no nos interesa en este momento –aunque ciertamente es un tema muy importante, pero también sumamente debatido por los historiadores y arqueólogos contemporáneos de las diversas escuelas- el “David de la historia”, sino lo que, partiendo de los hechos históricos, un (o unos) autor le dice a la élite de su pueblo cuando está por regresar del exilio en Babilonia. Podríamos resumirlo –un poco simplistamente- de este modo: hemos caído muy bajo por culpa de la idolatría (comenzada por Salomón), distinto hubiera sido si hubiéramos seguido fieles como David. Ahora que vamos a empezar de nuevo, ¿qué vamos a hacer? Es por esto que muchos personajes, incluso los mismos David y Salomón son exagerados (aunque sin disimular virtudes y defectos) a fin de presentarlos como modelo y anti-modelo del proyecto a comenzar. David es el rey ideal, “hacer en todo como David” es lo correcto, lo que se pretende, y si lo hubiéramos hecho no habríamos perdido la tierra prometida, no se habría destruido el Templo, etc.

En el texto de la lectura forma parte del largo acceso de David a ser rey de todo Israel, sur y norte. La muerte de Saúl desencadenó la sucesión, y el hijo de éste, Isbaal (literalmente varón de Baal, lo cual será cuestionado más tarde cambiándole el nombre por Isboset, hijo de la vergüenza), es nombrado rey en Israel, el norte. El sur, en cambio, elige por rey a David (2,1-4a). Una serie de conflictos y política interna, con varios asesinatos incluidos finaliza con el crimen de Isbaal y la decisión del norte de nombrar, también a David, rey de su territorio (unos siete años y medio después de ser nombrado en el sur, según el texto, cf. 2,11; 5,5). Sin duda este nuevo nombramiento real hace que todo “Israel”, sur y norte quede unificado y el territorio sea importante (desde Dan hasta Berseba, cf. 3,10). Pero todo esto no nace de la ambición de un hombre sino de una firme decisión de Dios que lo ha escogido (5,2; cf. 3,10). Nunca Israel tuvo un territorio tan extenso –siempre siguiendo los textos bíblicos- y esto se debió a que Dios estaba con David y éste le fue fiel. Salomón, en cambio, empezó a entregar y perder tierras (ver 1 Re 9,10-14). Para consolidar el reino, y promover la unidad entre las dos regiones, a continuación (5,6-12) David tomará la ciudad de Jerusalén (a medio camino entre ambas partes) a fin de establecer allí la "ciudad del rey”, y –luego- el Templo, que él no hará sino su hijo. Lo importante es que los ancianos en representación del norte, y David en representación del sur hacen ahora una alianza, y la hacen ante Yahvé. El pueblo está unido y Dios es testigo.

Sin dudas la imagen de David rey, de quién el Mesías sería heredero, según algunas corrientes,  es tenido en cuenta por la liturgia para poner el texto en la fiesta de “Cristo Rey”.



Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Colosas     1, 12-20
 
Resumen: dado que algunos en Colosas han interpretado la persona de Cristo como uno de los ángeles, el autor de la carta intenta destacar –y el himno introductorio lo presenta claramente- la primacía fundamental de Cristo ya desde la creación, y luego en el acontecimiento reconciliador de la creación entera.

Para comenzar con esta carta que se leerá durante algunas semanas, destaquemos algunos breves elementos introductorios que conviene tener presentes.  Es muy probable que esta obra no sea compuesta por Pablo sino por un discípulo, transcurrido bastante tiempo y –probablemente- habiendo ya desaparecido el Apóstol. Hay muchos indicios que nos invitan a esta conclusión, como temáticas que indican el paso del tiempo, y respuestas que también parecen propias de nuevas realidades y una mayor “organización” eclesial. 

El texto que se propone en la liturgia es un gran himno introductorio, donde encontramos presentados algunos elementos que se desarrollarán más extensamente –o más claramente- en el cuerpo de la carta. 

Algunos autores proponen que el himno comienza en realidad en v.12, pero es posible que vv.12-14 sean una suerte de conclusión de lo anterior e introducción al himno, es decir, un pasaje de transición con elementos comunes a la acción de gracias y oración inaugural (1,3-11) y al himno (1,15-20). 

Tenemos un texto primitivo, quizás no paulino, de origen litúrgico, con interesantes reminiscencias a los textos sapienciales bíblicos y para-bíblicos (Qumrán incluido), incorporado por el autor para ilustrar lo que desarrollará a continuación. Es interesante ver cómo está estructurado el himno para ver cómo despliega su pensamiento el autor:

1.- Él es… (hos estin) […] Primogénito (prôtotokos) v.15

2.- pues en él (hoti en auto) todas las cosas (ta panta) en cielos y tierra v.16

3.- todo por él y para él (panta di autou kai eis auton) v.16

1.- Él es… (hos estin) […] Primogénito (prôtotokos) v.18

2.- pues en él (hoti en auto) toda la plenitud (pan ta plêrôma) v.19

           3.- por él… y todo para él (kai di autou… ta panta eis auton) en la tierra y los                              cielos v.20

Esto nos muestra dos estrofas construidas de modo semejante, la primera poniendo el centro en la creación (v.15.16 formando inclusión) y la segunda en la reconciliación (v.20; también presentada como pacificación). 

El tema de la primera estrofa es el papel de Cristo en la creación. Puesto que pretende destacar la preexistencia y su relación con la creación, el autor recurre a imágenes propias de la literatura sapiencial: Pr 3,19; 8,22-31; cf. Sab 7,22; 9,2-4. 

Pablo hablaba de los seres humanos como “imagen” de Dios (cf. Rm 8,29; 1 Cor 11,7; 15,49; 2 Cor 3,18) pero también lo dice de Cristo (2 Cor 4,4); es imagen (eikôn, de donde viene nuestro término “ícono”). El término remite frecuentemente a los ídolos (cf. Mc 12,16p; Rm 1,23) pero en la carta lo volvemos a encontrar en referencia a Cristo (el Hombre Nuevo) “imagen” del Creador (3,10).

Los “Tronos, dominaciones, Principados y Potestades” forman parte del “todo creado en cielos y tierra”. No es evidente a qué se refiere ya que en 2 Pe 2,10; Jds 8 se refiere a personajes terrenos. El trono (thrónos) es con frecuencia un asiento (cf. Mt 5,34; 19,28…) y jamás se encuentra en Pablo ni en sus discípulos fuera de aquí. El señorío (kyriótês) fuera de este texto y en 2 Pe y Jds lo volvemos a encontrar en Ef 1,21, un texto que parece influido por Colosenses. Los “principados” (arjê, por tanto también principio,comienzo) los encontramos en Rom 8,38 que parece contrapuesto (por el contexto) a ángeles, en 1 Cor 15,24 junto con “poder y dominación”, son destruidos por Jesús que está por encima de ellos (Ef 1,21) al final de la historia; se manifiesta a ellos y potestades en la Iglesia (Ef 3,10) que son “fuerzas del mal” (Ef 6,12). Jesús es el “principio” (Col 1,18), la “cabeza” de todo “principado y potestad” (2,10) y despojados por Cristo (2,15). Las potestades (exousía, por tanto también poder, derecho, libertad) en Rom 13,1.3 se refiere a las autoridades romanas, como se dijo, son adversarios de Cristo (1 Cor 15,24; en Ef 2,2 tienen que ver con el “príncipe” (arjontes) del poder y espíritu que actúa en los rebeldes; 3,10; 6,12; en Col 1,13 es “poder de las tinieblas”; cf. 2,10.15). Como se ve, en general se refiere a fuerzas supra-humanas, con frecuencia ángeles que obran el mal. En este caso, luego de haber señalado que todas las cosas fueron creadas “en él”, señala un par de merismos (construcción retórica que expresa la totalidad señalando extremos opuestos: cielo-tierra; visible-invisible) y concluye señalando la creación de estas fuerzas a las que la “herejía colosense”, contra la que el autor reacciona, parecen fuerzas rivales de Cristo, o “complementarias”.

Una nota sobre la “herejía de Colosas”: La angelología fue muy desarrollada en el judaísmo tardío; incluso empieza a proliferar una suerte de culto a los ángeles que será combatido en el N.T. (cf. Col 2,18; Heb 1,5.13). Pareciera que algunos en Colosas, ante la importancia dada a Cristo por los cristianos lo han puesto como “un gran ángel” o algo semejante. De allí la insistencia del autor en relacionarlo con la Creación, y como que “todo” fue creado “en él, por él y para él”, es “el primero en todo”, y “en él reside la plenitud de Dios corporalmente” (2,9; cf. 1,19) e incluso los “derrota”.

Como dijimos, la referencia a antes que todo, alude a los textos sapienciales de la sabiduría. El himno presenta a Cristo como preexistente, otro reflejo de la especulación sapiencial del judaísmo helenístico.

En la segunda estrofa, se destaca que Cristo es “la cabeza del cuerpo, la Iglesia (v.18; cf. 2,19). Muchos autores suponen que «la Iglesia» altera la idea de Cristo como cabeza del cuerpo cósmico, y que sería un añadido a un texto primitivo. Pero el tema “cabeza del cuerpo, la Iglesia” es un tema importante en Col (1,24.27; 2,17.19; 3,15 y en Ef 1,23; 4,15- 16; 5,23). En los escritos auténticos de Pablo la imagen del cuerpo es usada como metáfora de la Iglesia (1 Cor 6,15; 10,16-17; 12,12-27; Rom 12,4-5); en este caso no se trata de una “imagen como un cuerpo” sino del mismo cuerpo de Cristo (tampoco de un “cuerpo místico”, por cierto) lo cual significa un avance con respecto a Pablo.

Una nota sobre la escatología de Col (y Ef): como se sabe, Pablo espera para un tiempo relativamente cercano la venida de Jesús (cf. 1 Tes 4,15-17; 1 Cor 15,51-52). Sin duda que Pablo fue evolucionando en este sentido, especialmente cuando empieza a ver la muerte suya cercana como algo posible. Pero no parece –en este caso- que Pablo piense que Jesús demorará su venida sino que él adelantará su partida. Con el paso del tiempo, la demora de esta venida de Jesús fue un tema interesante para los cristianos. ¿Por qué se demora? Mientras algunos autores (emblemáticamente 2 Pe 3,3-10) destacan que se demora expresamente a fin de dar la ocasión de la conversión; otros (y Colosenses es un ejemplo de ello; también Efesios o el evangelio de Juan) señalan que nosotros en cierta manera ya entramos en este ámbito escatológico. Eso se verá claramente en Ef 2,6 donde “nosotros” ya estamos resucitados, sentados en los cielos “en Cristo”. En este sentido, la imagen de la cabeza y el cuerpo sirve en cierta manera para remarcar esta tensión entre lo que se ha llamado frecuentemente el “ya, pero todavía no”.

Señalar que Jesús es el principio parece ser un juego de palabras entre arjê, principio, referido a la preexistencia y al rol de Cristo en la creación, y arjê, «principado» que hemos señalado. Es paulina también la idea de Jesús como el primogénito de entre los muertos (cf. Rom 8,29; 1 Cor 15,20) en obvia referencia a la resurrección de Jesús y su estrecha relación con la de la humanidad.

Al señalar que en él reside la plenitud parece una versión abreviada de lo que dirá en 2,9: “en él reside la plenitud de la divinidad corporalmente”. Los que piensan en un himno primitivo no paulino, lo relacionan con la plenitud de poder en la creación. 

Pero el objetivo es la “reconciliación” (apokatallasô, término que sólo se encuentra en Colosenses 1,20.22 y Efesios 2,16; Pablo utiliza simplemente katallassô, cf. Rom 5,10; 2 Cor 5,18.19.20; cf. 1 Cor 7,11) que es sinónimo de “pacificar” (única vez en el NT; y sólo una vez en el AT griego, Pr 10,10). Lo que se reconcilia es “todo”, lo que se pacifica (por la sangre de su cruz) es también “todo” expresado en el merismo “tierra y cielos” (v.20).


+ Evangelio según san Lucas    23, 35-43


Resumen: Jesús en la cruz recibe las burlas de los que están cerca. Pero no todo es negativo en ese ambiente de sufrimiento. El pueblo simplemente mira, y más tarde, se manifestará arrepentido; y uno de los malhechores reconoce la inocencia de Jesús y le pide que lo “recuerde”, a lo que Jesús le otorga la “salvación” que las burlas reclamaban.

Siguiendo a Marcos, Lucas presenta las burlas de tres grupos a Jesús (es sabida la predilección de Marcos por el “tres”): en Marcos eran los que pasaban (15,29-30), los sumos sacerdotes y escribas (vv.31-32a) y finalmente “también lo injuriaban los que estaban con él crucificados” (v.32b). Lucas, en cambio, modifica un poco su fuente y añade un episodio que le es propio, el del llamado “buen ladrón”. Para empezar, los primeros que se burlan son los “magistrados” (23,35b), luego serán los soldados (vv.36-37). El pueblo, en cambio estaba mirando (v.35a) y se retira golpeándose el pecho en señal de arrepentimiento (v.48). La burla de los crucificados es reemplazada por la burla de sólo uno de ellos y el reconocimiento de la justicia de la pena propia y la inocencia de Jesús por parte del otro. No es improbable que haya una cierta conexión con las tres tentaciones al comienzo del ministerio de Jesús en el desierto. 

El primer contraste con Marcos viene dado por la actitud del “pueblo” (láos) que estaba “mirando” (theôrôn), no “burlándose”. Esta actitud es neutra, pero –como se dijo- enseguida hablará de “espectáculo” (v.48) y el consiguiente arrepentimiento. Es notable la diferencia entre el pueblo y sus dirigentes (arjontes). Como antes los fariseos (16,14), estos ridiculizan a Jesús.

En el comienzo del ministerio de Jesús le dicen “Médico, cúrate a ti mismo” (4,23), la actitud no ha cambiado. Es verdad que “ha salvado a otros” (7,50; 8,48; 17,19; 18,42) e incluso es reconocido como “Salvador” (2,11; Hch 5,31; 13,23). Pero sabemos que hay una estrecha relación entre la salvación y la fe (“tu fe te ha salvado”) mientras que la burla pretende un auto-beneficio. Como la “confesión de Pedro” que afirmaba que Jesús es el “Mesías de Dios” (9,20), lo repiten los magistrados, y añaden “el elegido” algo que es afirmado en la Transfiguración (9,35). Las tres burlas en Lucas ponen el acento en la salvación que Jesús debía procurarse a sí mismo (vv. 35.37.39). 

Lucas, que había omitido las burlas crueles de los soldados en las torturas en el pretorio (ver 22,63-65, donde dice “los varones”) añade aquí una burla de los soldados. La oferta de vinagre (ver Sal 69,22) siendo una alusión menos evidente que en Mc 15,35-36 quizás refuerce la burla puesto que Jesús había dicho que ya no beberá “del producto de la vid” hasta llegado el reino (22,18). La burla explícita, no sólo retoma el reclamo de auto-salvación, sino que toma también el dicho de la “inscripción” (epigrafê) sobre la cruz: “el rey de los judíos” el cual se mencionará inmediatamente. Este “cartel” es algo habitual en los castigos romanos. Cuando el historiador romano Suetonio cuenta las perversiones de Calígula, por ejemplo dice:


“Durante una comida pública en Roma, habiendo arrancado de un lecho un esclavo una hoja de plata, mandó en el acto al verdugo que le cortase las manos, se las colgase al cuello y lo pasease así por todas las mesas con un cartel que dijese la causa del castigo”. (Suetonio, Vida de Calígula 32,2)
Los cuatro evangelios coinciden en el título en el epígrafe con ligerísimos matices. Es razonable la pregunta de por qué Pilato (si fue él) pone la referencia a Jesús, “rey de los judíos” si es que lo ha considerado inocente (notar que a la pregunta que le formula acerca de si lo es realmente, Jesús afirma que sí, y entonces Pilato dice que no encuentra “ningún delito en este hombre”, 23,3-4.14-15.22). ¿Le coloca un cartel indicando que es ejecutado sin delito alguno? ¿Se trata de una burla? ¿O quizás un llamado de atención a cualquiera que intentara algo semejante afirmando que cualquiera que intente mostrarse como “rey” le espera condena del estilo? 

Uno de los malhechores lo insultaba (eblasfêmei), y a la común referencia a la auto-salvación añade lógicamente la propia. Irónicamente, uno de los “malhechores” sí será salvado, pero no descendiendo de la cruz, sino permaneciendo en ella e invocando la memoria salvadora de Jesús.

La presencia del pueblo solamente mirando (es decir, no burlándose) y la del “buen ladrón” ha permitido a Lucas mostrar que no todo lo ocurrido en el calvario es negativo. La insistencia en el tema del perdón a lo largo de todo el Evangelio llega aquí a su máxima expresión. No solamente hay una cadena de personas que reconocen la inocencia de Jesús, comenzando por Pilato, siguiendo por Herodes, ahora el malhechor y concluyendo con el centurión que lo reconoce “justo”. Pero además, en la larga escena de la Pasión encontramos diferentes momentos de curación y perdón, desde la oreja del servidor del Sumo Sacerdote, hasta el perdón “porque no saben lo que hacen” de aquellos que lo crucifican.  

La respuesta del otro –la gran novedad de Lucas en la escena de las burlas al crucificado- alude al “temor de Dios” que es una actitud religiosa de respeto reverencial. Expresamente señala la inocencia de Jesús (la cuarta vez que se hace en la unidad, cf. las referencias a la inocencia en boca de Pilato recién señaladas). Expresamente afirma que Jesús “no ha hecho nada fuera de lugar” (átopon). La condena “justa” (v.41) de los dos malhechores, y la misma condena (krima) del inocente Jesús se presentan en claro contraste. Justicia que vuelve a ser reforzada al reconocerlo el centurión como un “justo” (v.47). 

Recordar” no se trata de un acto mecánico de la memoria, sino de “hacer presente”, “traer a la memoria” (cf. Gen 9,15; 19,29; Ex 2,24; 6,5; Neh 9,17; 2 Sam 18,18; Ez 21,28; 29,16; 33,13; Tob 1,12; 2,2). No hay unanimidad en los manuscritos sobre el dicho del “buen ladrón”: Para simplificarlo puede entenderse como “cuando llegues a (eis) tu reino” o “cuando llegues con (èn) tu reino”; en el primero se trata de la entronización de Jesús como Mesías, en el segundo de la venida de Jesús como poder de rey (se puede decir que el primero se trata del reino, el segundo del reinado). De todos modos, la idea de “llegar al reino” es una buena traducción de ambas variantes, teniendo en cuenta el griego popular de la época. La historia de José y los dos malhechores encarcelados con él en Egipto parece influir en esta escena: “a ver si te acuerdas de mi cuando te vaya bien” (Gen 40,14), paralelo que se refuerza más aun viendo cómo lo relee Flavio Josefo: por ejemplo, el servidor que será “colgado” (40,19) para Josefo será “crucificado” (anastauroô).

Son pocas las veces en las que alguien se dirige a Jesús llamándolo por su nombre: 4,34; 8,28; 17,13; 18,38; cf. Mc 1,24; 5,7; 10,47, se trata de personas que precisan “salvación” (es bueno recordar que “Jesús”, abreviatura de Yehoshua, significa “Yahvé salva”). 

Hoy” es sumamente frecuente en Lucas (como se ha visto en varias ocasiones): 2,11; 4,21; 5,26; 13,32.33; 19,5.9; 22,34.61, es el momento preciso de la salvación, de la intervención de Dios. ¿Qué significa “paraíso”? En el NT sólo lo volvemos a encontrar en 2 Cor 12,4 y en Ap 2,7. Ap 2,7 alude expresamente a que allí se encuentra “el árbol de la vida” (cf. Gen 2,9); el texto de 2 Cor parece aludir al “séptimo cielo”. La mayor parte de las veces que el término se encuentra en el AT griego la referencia es también al jardín que Dios preparó a la primera pareja (Gen 2,8). Es habitual en la mentalidad escatológica judía que los tiempos ideales futuros se piensen semejantes a como fueron los tiempos ideales de los orígenes; de allí que un/el paraíso es visto como tiempo ideal: 

Cuando haya consolado Yahveh a Sión, haya consolado todas sus ruinas y haya trocado el desierto en Edén y la estepa en Paraíso de Yahveh, regocijo y alegría se encontrarán en ella, alabanza y son de canciones”. (Is 51,3)

Así se pueden ver también en varios textos apócrifos:

  • Fiel es el Señor con los que le aman de verdad, con los que aceptan su corrección, con los que caminan cumpliendo sus mandatos en la Ley con que ha ordenado nuestra vida. Los santos del Señor vivirán por ella para siempre, el paraíso del Señor y el árbol de la vida son sus santos…” (Salmos de Salomón 14,1-3)
  • En ese día serán asignados los dos monstruos, el femenino llamado Leviatán, para morar en el abismo del mar sobre las fuentes de las aguas, y el masculino denominado Behemot, que ocupará con su pecho el desierto inmenso llamado Dendayn, al oriente del Paraíso donde moran los escogidos y justos, donde fue recibido mi antepasado, el séptimo varón desde Adán…” (1 Henoc 60,7-8)
  • Él (el mesías sacerdotal) abrirá ciertamente las puertas del paraíso y apartará de Adán la espada amenazante. A los santos dará a comer el árbol de la vida, y el espíritu de la santificación estará sobre ellos. Él atará a Belial y dará poder a sus hijos para pisotear los malos espíritus. El Señor se regocijará en sus hijos y pondrá sus complacencias en sus amados para siempre…” (Testamento de Leví 18,10-14; aunque esta obra es vista por muchos autores como un escrito de gran influencia cristiana o con añadidos cristianos). 

El “buen ladrón” ha recibido el solemne “amén” de Jesús asegurándole su participación (“salvación”) en el hoy escatológico y presente a la vez, así participará del reino al que Jesús se encamina. Así como a los que han “perseverado en las pruebas” les dispone “un reino” (22,29-30). Entrar en la gloria (Lc 24,26), y entrar en el reino, ¿son semejantes? (cf. Dt 7,13-14) ¿Hay alusión a la venida de Jesús (= parusía) como a la que se alude al decir “venga tu reino” (11,2)? Sin dudas los lectores de Lucas saben que en el “hoy” de la cruz, Jesús “entró” en su reino y arrastró consigo al ladrón que sabe reconocerlo.




Cuadro tomado de www.enbetel.org