martes, 10 de marzo de 2020

Basuras de la palabra, sicarios del verbo


Basuras de la palabra, sicarios del verbo

Eduardo de la Serna



Así como (y lo hemos comentado más de una vez) a la derecha le avergüenza reconocerse tal y entonces dice que es “de centro” (que si así fuera “la izquierda” seríamos millones), es curiosa la cantidad enorme de autoproclamados periodistas (serlo es otra cosa, pero Guaidó no hay uno solo) que se hacen los enojados o enojadas cuando les dicen que fueron macristas. Aprovechan la mala memoria y aprovechan que la gran mayoría de los medios están en manos de otros autoproclamados y todavía allí siguen. Como si nada.

En el libro del Apocalipsis encontramos 7 cartas a 7 iglesias (capítulos 2 y 3). Mientras las iglesias pares (2ª, 4ª y 6ª) son cada vez mejores en la percepción del que habla (alude a Jesús con diferentes imágenes tomadas de la visión inaugural – 1,12-19 – en palabras interpretadas por un ángel, mediadores habituales en la literatura apocalíptica), las iglesias impares (1ª, 3ª, 5ª y 7ª) son cada vez peores. La séptima, entonces, es la peor de todas, se trata de la Iglesia de Laodicea. Ella se cree rica (tenía gran producción de lana negra, una industria farmacéutica de colirio muy importante y una importante riqueza acumulada). El ángel, en cambio, le dice (contrastando con sus riquezas) que es desnuda, ciega y pobre. Ubicada en el monte Cadmo, a media altura entre Hierápolis, en la cima y Colosas al pie, tiene un problema: las importantes aguas termales de la primera, llegan frías a la base, pero obviamente son tibias en la mitad: en Laodicea. Las aguas calientes se aprovechan en las termas, o también se beben frías en la base, pero las aguas tibias son vomitivas. Así le dice el ángel:

Conozco tus obras, no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente; pero como eres tibio, ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca” (3:15-16).

Este texto es mal conocido por haber sido citado (obviamente mal) por un ex presidente que afirmaba haber leído las obras de Sócrates. Como es común en las siete cartas, da esperanzas al “vencedor”, aunque parece ser, en esta comunidad, un grupo muy pequeño: “el que me abre, entraré y cenaremos juntos” (v.20).

Me permito citar esta referencia, porque en general entiendo que – en cierto orden de cosas – los tibios, los grises, los mediocres, los del centro (aunque se referencien con Corea) no me merecen ningún respeto. Y escuchar a esos “sedicentes” periodistas negando ahora lo que fue evidente por 4 años es, por lo menos, una burla a la inteligencia de quienes pretendemos estar informados, pensar, y tomar posturas frente a la realidad.

El macrismo no se hubiera podido sostener ni una semana si no hubiera habido una cadena poderosa de medios y (co)mediantes que lo exaltaron, sea bombardeando con mentiras o medias verdades a toda una sociedad, o simulando o invisibilizando otra impresionante cantidad de información. Presentar como verdades cosas insostenibles o incomprobables, demonizando a la oposición (salvo a los pintorescos, que siempre es bueno que haya, y hasta los hace aparecer como “ecuánimes”), dejando hablar “cualquier verdura” a los oficialistas sin la más elemental contrapregunta, sin contrastarlos con la realidad, si eso no es “macrismo” se le parece bastante.

Valga entonces esta “memoria”, por un lado, para valorar en serio a las y los pocos periodistas que hacen honor a su responsabilidad de comunicar (aunque más no fuera desde medios pequeños, marginales, sospechados o caseros), especialmente a aquelles que no pretenden dar regurgitado un poco de información sino a quienes pretenden ayudarnos a pensar. Y también la memoria a los y las muches que gritaron a nuestros oídos en las pantallas, o desde el insulto o con la cara circunspecta contribuyeron a que el país cayera en una debacle atroz. Fueron cómplices, les guste o no que lo digamos, a ellas y ellos que ahora nos quieren hacer creer que siempre fueron independientes.


Foto tomada de https://infolaplata.com/2020/01/rodolfo-walsh-y-la-carta-abierta-de-un-escritor-a-la-junta-militar/

Comentario cuaresma 3A

Jesús sale al encuentro de nuestras necesidades


DOMINGO TERCERO DE CUARESMA – “A”


Eduardo de la Serna


Lectura del libro del Éxodo     17, 1-7

Resumen: El pueblo se enoja con Dios y con su enviado Moisés a causa de la sed, pero en realidad esta le sirve de excusa para dudar del plan de D
ios en el éxodo. Dios, de todos modos, no se desentiende de la sed de su pueblo.


En medio del desierto, el pueblo reclama a Moisés pidiendo agua. La escena es verosímil y razonable, sin embargo el autor bíblico la presenta como una “tentación”. Dios es tentado, y se “murmura” contra Moisés, su enviado.


Los dos verbos claves de la escena son “querella” (vv.2.3 [formando inclusión], rîb, discusión, irritación, pelea) y “murmuración” (v.3 [sólo se encuentra x18 y solamente en Ex 15-17; Num 14-17 y Jos 9,18] lûn). La querella es contra Moisés y contra Dios, la murmuración contra Moisés. En Núm 20,2-13 se narra una escena muy semejante, aludiendo a la región y al agua de la roca, que posiblemente sea un duplicado.


La “murmuración” (lûn es traducido de diversas maneras al griego con verbos de la familia de la raíz “gogguzô”, murmurar) es –como se ha dicho en otras ocasiones, un poner en duda, criticar al enviado de Dios. En los Evangelios es frecuente que se “murmure” contra Jesús (por ejemplo: Lc 5,30; 15,2; Jn 6,41.43).


Ante la queja, Moisés recurre directamente a Yahvé que le encarga recurrir a su cayado que lo acompañaba desde la vocación (Ex 4,2), con el que se realizaron algunas plagas (7,10.17; 8,1.12; 9,23; 10,13) y con el que se partieron las “aguas del mar” permitiendo el paso del pueblo huyendo de Egipto (14,16) acompañado de algunos de los ancianos. La roca en Refidim (v.1) es en Horeb (lo que resulta extraño en esta parte ya que en general Horeb y Sinaí se identifican y recién en 19,1-2 llegan a Sinaí “partiendo de Refidim”, 19,2). 


Ante esta situación el lugar pasa a ser llamado con un nombre doble: Meribá (“querella”) y Massah (“rebelión / tentación”) (v.7).


Más allá de la tentación, Yahvé se ocupa de su pueblo y sus necesidades, en Ex 16 las codornices y el maná, en este caso, el agua. La sed sirve casi de excusa para poner en duda el sentido del éxodo: ¿por qué nos sacaste?” (v.3), “¿Dios está con nosotros?” (v.7) con lo que el plan divino es puesto en cuestión.



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     5, 1-2. 5-8

Resumen: Una serie de elementos pasados, presentes y futuros (justificación, paz, esperanza de la gloria) caracterizan nuestro nuevo estatus. Y esa situación, que nos da nueva identidad, manifiesta visiblemente el amor que Dios nos tiene.


La primera parte del cap. 5 de la carta a los Romanos parece la conclusión de todo lo que venía desarrollando hasta aquí y el comienzo de la siguiente unidad (5-8). Por tanto son muchos los elementos que aquí encontramos [comentando el Domingo de la Trinidad hemos presentado los primeros versículos, 5,1-5]. Veamos brevemente:


La estrecha relación entre la fe y la esperanza marcan la unidad. Y la razón radica en que se ha derramado el Espíritu Santo (cf. Rom 15,30; 1 Cor 14,1; 2 Cor 6,6; Gal 5,22; Fil 2,1 donde Pablo insiste en la relación entre Espíritu y amor). Joel 3,1-2 anunciaba que el espíritu se derramaría sobre el pueblo.


Esto ha ocurrido ya que Cristo murió “por” (hyper) los impíos. “Por” es ambigua: puede indicar en favor de, en lugar de… Si es  fórmula tomada del texto prepaulino de 1 Cor 15,3 (“por nuestros pecados”) puede tener sentido vicario, “en lugar de”, puesto que parece tomada del cuarto Canto del Siervo de Yahvé, cf. Is 53,4-5). 


El acento de la “jactancia” (vv.2.3, kaujáomai) es interesante para ver su sentido en Pablo. No se jacta en las propias capacidades, en su fuerza, su sangre, sus méritos  sino “en la esperanza”, “en las tribulaciones”, en “la gracia”. Se trata de jactarse por la obra de Dios en nosotros (“el que se jacte, que se jacte en el Señor”, 1 Cor 1,31; 2 Cor 10,17). 


El clima de esperanza marca toda la unidad con una importante nota de optimismo. Ya fuimos “justificados”, estamos en paz con Dios y esperamos la gloria (vv.1-2). Esta justificación a la que hemos accedido por la fe (v.1) lo que nos alcanza “la paz” (cf. 1,7; 2,10; 3,17; 8,6; 14,17.19), Dios es “el Dios de la paz” (15,33; 16,20; cf. 1 Cor 14,33; 2 Cor 13,11; Fil 4,9; 1 Tes 5,23). Sobre esto había escrito insistentemente en 1,17; 3,21-22; 4,25. Y contrasta notablemente con el tema de la “ira de Dios” con el que había comenzado (1,18). La mediación cristológica da sentido a todo este párrafo (en contraste con la mediación de la ley o las obras). 


La situación de “tribulación” que caracteriza la comunidad (v.3) sin duda deja una marca en ella. Para la cultura contemporánea es una marca estigmatizante que provoca “vergüenza”; sin embargo, la relación con Cristo y con Dios (justicia, gracia, paz) le da al grupo que se caracterizaba por la “impiedad” (v.6; cf. 1,18; 4,5; 11,26), “pecado” (v.8) una nueva identidad que la caracteriza en medio de su mundo.


El amor de Dios del que hablaba en v.5 se hace manifiesto en Cristo (v.8). Su muerte se diferencia de cualquier otra “muerte por” emergiendo como manifestación de ese amor de Dios. Y esta muerte -¡tanto es su amor!- fue cuando “éramos todavía” pecadores (luego, ya no lo somos).



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     4, 5-42

Resumen: con un constante recurso del doble sentido que le es propio, Juan va mostrando a Jesús que se revela de modo de saciar las necesidades más profundas de la persona humana. La mujer samaritana va profundizando su encuentro con Jesús hasta llegar a una confesión de fe propia de quien “conoce el don de Dios”.


El texto litúrgico del día es sumamente largo. La liturgia permite la lectura breve, como es habitual en estos casos. Veamos brevemente la escena:


·         Presentación de la situación: Jesús llega a un lugar y se sienta junto a un pozo (vv.5-6).

·         Jesús dialoga con una mujer. Los discípulos se han ido (vv.7-30).

·         Jesús dialoga con los discípulos. La mujer se ha ido (vv.31-38).

·         Conclusión: los habitantes de la región se encuentran con Jesús (vv.39-42).


La lectura breve está conformada por los vv. 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42, es decir, salvando pequeñas partes, se omite el diálogo con los discípulos. La extensión hace muy difícil comentar todo en este espacio. Veremos simplemente algunos elementos que parecen fundamentales.


Los pozos son vitales en el mundo antiguo, obviamente el agua lo es en el desierto, pero también tiene que ver con otro elemento religioso, como es la pureza (cf. Lev 11,36). De todos modos, no es este último el tema en cuestión en el relato, el tema aquí es la “sed”. 


Es frecuente que las mujeres vayan al pozo a recoger agua (Gen 24,13; Ex 2,16) cuando ya ha bajado el sol. Obviamente allí conversan y comparten información. Pero esta mujer va al pozo a la “hora sexta” (es decir a pleno mediodía). Se ha pensado que no quiere encontrar otras mujeres, y –teniendo en cuenta lo que Jesús le dice: “has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es tu marido”- que podría tratarse de una mujer de mala fama, o incluso una prostituta. Sea lo que fuere, tampoco este es el tema en cuestión.


En el trasfondo de la primera parte del relato (pozo, Jacob, don…) hay un interesante trasfondo de la literatura rabínica y del judaísmo contemporáneo. No lo señalamos aquí por falta de espacio, pero es interesante la relación entre el agua de la roca del desierto (primera lectura) y el pozo de los patriarcas que consignan varios escritos, y esto es visto como gran “don” de Dios, como lo son la Ley y la Sabiduría.


El diálogo entre ambos comienza cuando Jesús le pide que le “” “de beber”. El verbo “beber” (pínô) en Juan siempre tiene contenido simbólico: fuera de esta unidad, en 6,53-56 se trata de “beber la sangre” del hijo del hombre, en 7,37 Jesús dice que si alguno tiene sed “venga a mí y beba”, y en 18,11 Jesús se manifiesta dispuesto a “beber la copa” que le ha dado el Padre. En esta unidad va desplegándose un paulatino paso de una bebida “natural” a una bebida “cristológica”, como veremos. El campo semántico “agua” (agua, sed, beber, fuente, cántaro) conforma el relato hasta que la mujer se retira. La mujer manifiesta originalmente una distancia entre ella y el que le pide agua, distancia socio-política-religiosa, como la que hay entre judíos y samaritanos, algo expresamente aclarado por el evangelista en uno de los muchos paréntesis que caracterizan su estilo: “porque los judíos no se tratan con los samaritanos”, v.9. El trato con una samaritana (de Samaría ¡y mujer!) es generador de impureza: “toda mujer samaritana es como si estuviera con la menstruación ya desde el día de su nacimiento” (Misna Nidda 4,1). No es bien visto que un “maestro” hable con mujeres, ni siquiera su esposa, hija o hermana en público (cf. T. Berakot 43b).


Otra característica del estilo joánico es el malentendido: en este Evangelio, el/los interlocutor/es de Jesús no comprenden su/s dicho/s lo que permite que despliegue más su argumento hacia una mayor comprensión en la que se revela a sí mismo. El malentendido en este caso está dado precisamente por el doble sentido que Juan da al campo semántico “agua”. Es evidente –los lectores lo entendemos, la mujer no- que Jesús al hablar del agua que él “da” (notar la importancia del verbo “dar” en la unidad y otras partes de Juan, es “don de Dios”, v.10) se refiere a otra cosa. Un ejemplo de este doble sentido está dado por el término “viva”. El “agua viva” se refiere al agua corriente, en movimiento y así lo comprende la mujer; Jesús, en cambio, se refiere a “agua para la vida eterna” (v.14). Obviamente, también la “sed” ha de entenderse en este doble sentido. En una unidad muy semejante a esta, Jesús afirma: “El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed” (6,35; ver Is 49,10). “Venir a mí” y “creer en mí” son sinónimos; la “sed” de Dios es frecuente en los Salmos, por ejemplo (42,3; 63,2; 143,6). Jesús viene a saciar la sed de Dios, él es el don que Dios da para saciar esa sed.


En este diálogo con Jesús, la mujer va teniendo una serie de cambios: se va encontrando con Jesús, va “saciando su sed”. Es de notar el cambio profundo que se observa en el modo en que ella se dirige a Jesús. Así, mientras en v.9 lo ha llamado “judío”, en v.11 lo llama “señor” (sin duda no en sentido cristológico, sino simplemente como respeto), en v.19 le dice “veo que eres un profeta” y cuando se dirige a sus conciudadanos les dice “¿no será el Cristo?” (v.29).


La referencia a Jesús como profeta provoca un pequeño cambio temático con el que concluye el diálogo con la mujer hasta la llegada de los discípulos. Los samaritanos, que solamente reconocían como inspirado el “Pentateuco” (= la Torah) no esperaban Mesías alguno ya que en esos libros no hay tal expectativa. Pero inspirados por Dt 18,15.18 esperaban “un profeta” semejante a Moisés (al que llamaban Taheb, un “restaurador”). Las preguntas de la mujer se orientan en esa dirección (especialmente puesto que dialoga con un “judío”): sobre el monte de Dios (el monte Sión, o el monte Garizim) y sobre el “Mesías” que “nos explicará todo” (vv.20-25). Los lectores de Juan ya sabemos que el “nuevo Templo” es el mismo cuerpo resucitado de Jesús (2,21-22) algo que ocurre al llegar la “hora” (4,23; cf. 13,1). 


Jesús responde a la mujer con una fórmula importante en Juan: “yo soy” (v.26). En el cuarto Evangelio es importante (6,20; 8,24.28.58; 13,19; 18,5.6.8) y alude a Yahvé Dios Salvador de su pueblo (Ex 3,14; Is 43,25; 51,12; 52,6…), Jesús continúa su automanifestación para saciar la sed de la mujer samaritana.  


La mujer se dirige entonces a su pueblo (algo doblemente interesante si se tratara de alguien que no quería encontrarse con la gente) para hablar sobre Jesús. Siendo que Jesús le ha “dicho todo” es razonable que la mujer se pregunte si “¿no será el Mesías?” (v.29). Él se le ha revelado, le ha “dado” lo que su sed requería. Juan, con frecuencia dice “como al pasar” cosas sumamente dicentes. Aquí nos cuenta que la mujer “dejando el cántaro, corrió a la ciudad” (v.28). La mujer ha saciado su sed, ya no necesita el cántaro porque “nunca más tendrá sed” (v.14).


La llegada de los discípulos –que habían ido a comprar comida (v.8)- provoca un ligero cambio de tema. El campo semántico ahora es el del alimento (comida, alimento, comer, siega, fruto) y nuevamente Juan recurre al malentendido: los discípulos lo invitan a que coma lo que han traído (v.31) pero él afirma que tiene “otro alimento” (como el agua viva, el paso es hacia otro nivel de comprensión), la pregunta si alguien le habrá traído de comer permite el paso a “mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado” (v.34). El paso a la siembra y la siega no se comprende en un primer momento, aunque al afirmar “alcen los ojos” (v.35) y saber que van hacia Jesús los habitantes de la ciudad (vv.30.39) sin duda el que ha sembrado se refiere al mismo Jesús, mientras los discípulos son aquellos que “siegan” (v.37). 


Siendo que Jesús “debía” pasar por Samaría (v.4, donde el verbo deì alude a la voluntad de Dios, vemos que el encuentro de Jesús con la samaritana y su posterior anuncio a todos los habitantes de la ciudad es algo que responde a la voluntad de Dios, ese es el “alimento” de Jesús.


La conclusión está puesta en boca de los habitantes de la ciudad: “ya no creemos por tus palabras; nosotros mismos hemos oído y conocemos que este es verdaderamente el Salvador del mundo” (v.42). La confesión de fe cristológica llega a su culmen, e incluso ya no se trata de Israel sino del “mundo” (término muy denso en el Evangelio de Juan); nosotros sabíamos que “la salvación viene de los judíos” (4,22) pero es salvación para todo “el mundo”. La clave está en el verbo “creer”, de enorme importancia en Juan. “Escuchar” es el primer paso para luego “creer” (5,42), los samaritanos luego de haber escuchado, ahora “conocen” el don de Dios (4,10), ahora “conocen” lo que antes no conocían (4,22).

Foto tomada de www.quebuentema.com

lunes, 9 de marzo de 2020

Hoy, en una marcha


Hoy, en una marcha


Eduardo de la Serna



Hoy, desubicado como chupete en la oreja fui a la Marcha de las mujeres. Entiendo que incluso algunas dicen que no es lugar para varones, que ellos hagan todo en la casa para liberarlas a ellas y que puedan ir. Pero no es mi caso. Así que fui para escuchar, para ver, aprender, interpelarme, pensar. Escuché cantos, vi carteles y pancartas, remeras y cuerpos pintados. Y si alguien dice que las marchas son agresivas, pues no vi el más mínimo indicio de eso.

Me surgen muchas preguntas, pero puesto que no fui como “interrogador” esperaré pacientemente las respuestas. Sólo me llaman la atención algunas cosas que comparto:

1.- En otras marchas suele haber alguna que otra persona que me reconoce. Eso no ocurrió acá. Y es razonable: las marchas de Derechos Humanos implican un tipo de militancia y militantes; esta marcha (que también es de Derechos Humanos, al menos en muchos de sus reclamos) supone otro tipo de militantas. Y allí no soy reconocido.

2.- Si sirviera un “ojímetro” diría que había un 95% de mujeres y 5% de varones (de sexo hablo, no de género, para lo cual visualmente estoy incapacitado). Y, además, un 90% de jóvenes. Y sería torpe no preguntarnos qué dicen y nos dicen las mujeres jóvenes a la sociedad.

3.- Si bien el tema del Aborto Legal, Seguro y Gratuito era un tema preponderante, había otros muchos temas que también urgen ser escuchados: “no sé coser, no sé bordar, pero sé abrir la puerta para ir a luchar” (también lo vi en marchas anteriores); “de camino a casa quiero ser libre, no valiente”; y varios (no tantos como en otra ocasión, creo) muy críticos de la Iglesia (y reclamando la separación del Estado): “saquen sus rosarios de nuestros ovarios”…

4.- Fue pintoresco prestar atención a los vendedores. Desde los de alimentos (desde choripanes a veganos), pañuelos, imanes, folletos, y por supuesto, remeras. Debo decir que (siempre a ojímetro) vi más remeras reivindicando a Evita que las menciones en los carteles. Habrá que ver el mensaje final, pero en otros años, ella fue silenciada. Dolorosamente silenciada. Dentro de esto, me llamó la atención un desubicado que parece que no se enteró dónde estaba y guardaba las flores que pretendía vender. No pareciera que fuera el lugar para eso.

5.- Como había mucha - ¡mucha! - gente que había ido por su cuenta, los cantos no eran uniformes. Y de unos metros a otros se podía escuchar desde redobles de tambores y bombos hasta bailes o simplemente cantos… Esto no es lo habitual en otras marchas más uniformes.

6.- Ante la paupérrima convocatoria ayer en Luján por parte de la Conferencia episcopal Argentina, un cura participante “explicó” que la poca gente se debía sin duda al Coronavirus. Pues parece que el virus – como los panaderos o los peluqueros los lunes… o incluso como hoy las mujeres – estuvo de paro. Porque muchos miles de mujeres (y algunos varones) cantaban, bailaban, tomaban mate, se abrazaban y militaban. La otra posibilidad es que el cura haya buscado una excusa ajena a la realidad… Ciertamente es posible.

7.- Es sabido que el día de hoy no era ni es una fiesta. Es una conmemoración de una lucha. Pero no es menos cierto que los sectores populares “festejan” el encuentro y la militancia. Se escuchan cantos y bailes los 24 de marzo. Y también se los escuchó hoy. Nadie festejaba que “nos están matando”, que “con vida nos queremos”, que “faltan” decenas y centenas de mujeres, los femicidios o la trata o los abusos. Pero sí festejaban estar juntas para enfrentar todo esto. Y eso amerita festejo, sin duda. Y eso amerita que, aunque esté algo desubicado, vaya un cura a escuchar y aprender.

viernes, 6 de marzo de 2020

¿Cuál es la novedad? Otra vez la rana y el escorpión


¿Cuál es la novedad?

otra vez el escorpión


Eduardo de la Serna



El presidente Alberto Fernández anunció la suba de 3% a las retenciones de soja, mientras mantuvo en otras y las rebajó en muchas otras. Presentó una segmentación que parecía razonable, pero…

Convengamos que desde hacía bastante Horacio Verbitsky había alertado sobre la posición que preparaba el sedicente “campo” para tomar contra el gobierno antes que anunciara nada, dijera nada o pensara nada. Se trata del mismo “campo” que no dijo nada cuando el ex presidente Macri subió las retenciones (cuando empezó a ver que todo se derrumbaba y podía explotarle en las manos). Basta con ver las diferentes posiciones tomadas por el senador Alfredo De Angeli sobre el mismo tema ayer y hoy.

Se trata de uno de los escasísimos ganadores en el gobierno pasado. Es decir, se trata de los que ahora perdieron. Pero no pueden, no saben, no quieren perder. Se trata de la lacra social y humana que tiene la patria. Se trata de los que no dijeron palabra cuando Vicentín estafó el país (con un préstamo corrupto del banco Central macrista de $ 18.500.000.000, que no sé cómo se mide en “pizzas” o “jardines de infantes”, pero imagino que serán bastantes). Porque son ellos mismos. Se trata de los que no dijeron palabra cuando el perverso gobierno “M” pagó a los buitres no sólo lo que exigían sino más todavía y con propina. Porque son ellos mismos. Se trata de los que celebraron cuando el inepto gobierno “M” les permitió no traer al país los dólares de las exportaciones (de la tierra que es de todos, aunque tengan – o ficcionen – “escrituras”). Porque son los mismos. Se trata de los que vaciaron el país, fugando los dólares que el país (es decir “todos”, o mejor dicho “todos menos ellos”) pedía en préstamos para auto-pagarse. Porque son los mismos. Se trata de los fumigadores y envenenadores de poblaciones enteras. Se trata de los dueños de la información y sus medios. Se trata de los que quisieran que el país se hubiera quedado en 1910. Se trata de los que nos destratan. 

Es decir, se trata de los que intentarán lavarle la cabeza a muchos para que crean que el perverso y marxistoide gobierno “K” quiere quedarse con la plata de todos (el diario La Nación desde hace semanas que está en esa campaña). Curiosa inversión de la realidad. Este “espejo” nos resulta bastante conocido (el macrismo lo utilizó hasta el hartazgo). 

Es de esperar que el desenlace sea diferente que en el 2008. Para empezar, no está Cobos, lo cual es alentador, por cierto. En la sesión del Congreso estará “no presente”. Tampoco está Lousteau. Otro aliento. Doy gracias a Dios no ser presidente. No por escaparle al problema, sino por las soluciones poco diplomáticas que se me ocurren o deseo. Por ejemplo, una Junta Nacional de Granos no estaría mal ¿no?



Dibujo tomado de https://www.politico.pe/la-rana-y-el-escorpion/

miércoles, 4 de marzo de 2020

Una reflexión a partir de dos casos de abusos

Una reflexión a partir de dos casos de abusos


Eduardo de la Serna



Entré al seminario en marzo de 1974. Entramos 14, si no me equivoco. Después del primer año introductorio, todos juntos pasamos propiamente al seminario donde convivimos 6 años (cursando a su vez, la Facultad de Teología). Después nos ordenamos de diáconos (1981) y finalmente de curas. A partir de entonces, nos vimos esporádica o muy esporádicamente. El año de ingreso nos marcó, obviamente. Fue un tiempo muy politizado, y nosotros lo éramos. Y – como era razonable – nos llevábamos mejor o peor según “el palo”. Hay – como en todos los casos -miles de anécdotas, alegres y de las otras, pero no es el caso.

Como también es de imaginar, algunos compañeros fueron dejando el seminario para empezar otra vida. A la mayoría no los he vuelto a ver. De varios guardo un buen recuerdo. A “mitad de camino” se incorporaron otros tres (un tema que merecería también un análisis, que no es el caso acá; y también por un tiempo se incorporó uno que venía del exterior, pero luego pasó a otra “comunidad”). Finalmente nos ordenamos 11 (los 3 “tardíos” + 8 de la “primera hora”). De estos 11, uno murió, Joaquín, y tres dejaron de ejercer el ministerio. Con alguno tengo contacto.

Como era común en el seminario de entonces (desconozco cómo es ahora en Buenos Aires) cada grupo formaba una comunidad. Es decir, vivimos en una casa todos los que entramos. Y hacíamos todo lo que hace una familia (salvo el tema comida para lo que había personas encargadas, y salvo “ganar dinero” para vivir. Nada menos).

Todo esto lo menciono porque compartí casa y vida con 2 compañeros ahora acusados de abuso sexual: Oscar y Roberto.

Quiero señalar que nunca me llevé bien con Roberto. ¡Jamás! Tampoco es el caso contar anécdotas. Con Oscar, en cambio, tenía una relación cordial. Incluso una vez me invitó a Pehuajó, de donde era su familia. Es cierto que a medida que se acercaba nuestra ordenación presbiteral hubo momentos de mayor tensión (ideológica, por cierto). Podría dar mi opinión sobre ambos, pero no es el caso; creo que no interesa. Lo que quiero señalar es que, de ninguno de ambos, ¡jamás! se me hubiera pasado por la cabeza que serían abusadores. Mirando retrospectivamente (aunque es cierto que no era algo sobre lo que estuviéramos alerta en ese entonces) no reconozco ningún indicio de abuso sexual. De Roberto se dice, además, que hubo “abuso de poder” y eso me parece mucho más coherente con el Roberto que conocí, pero sexuales, no encuentro indicios, aun pensando – ahora sí – con el alerta en mente.

Ambos fueron “fundadores”: Oscar de los monjes del “Cristo orante”, grupo que empezó en Buenos Aires con un apoyo inicial del cardenal Quarraccino que finalmente retiró, por lo que fueron a Mendoza, donde están todavía. Desde entonces, nunca más volví a ver a Oscar. Roberto fundó las “Miles Christi”. Un grupo que fue creciendo. Los que se formaban para el presbiterio estudiaban en el Seminario de La Plata donde por dos años fui profesor (y nunca tuve denuncia alguna, que yo sepa, a pesar que también estudiaban allí los seminaristas del obispado Castrense).

Oscar había tenido un intento de ingreso a la Trapa, por lo que el “Cristo Orante” era coherente con eso; Roberto de ingresar a los jesuitas (decía que su director espiritual era Jorge Bergoglio quien – dicen – predicó en su primera misa como cura), por lo que las “milicias de Cristo” y los Ejercicios espirituales de San Ignacio también era coherente.

Pero – insisto – durante 7 años compartimos la vida diaria (en algunos casos también el cuarto ya que – en ocasiones – vivíamos 2 por habitación, pero no me tocó a mí compartir el cuarto con ninguno de ellos, sólo un año compartí habitación con mi amigo Nacho). Pero jamás, y lo reitero, jamás, tuve indicio alguno de abuso sexual por parte de ninguno de los dos. Y, por lo que sé, ninguno de los que compartimos casa, lo hubiéramos imaginado.

No señalo todo esto para negar los hechos. Hechos que desconozco. Simplemente lo menciono para preguntarme cómo se podría evitar en el futuro. Porque yo puedo haberme llevado muy mal con Roberto, y solo al final algo distante con Oscar, pero, si hubiera sido consultado, mis planteos hubieran sido ideológicos, nunca sexuales. E – insisto – por lo que sé, creo que lo mismo dirían los demás compañeros. No sé si habrá algún tipo de test o de seguimiento psicológico pertinente, y ojalá lo haya, para prevenir víctimas futuras, pero los que compartimos vida cotidiana no tuvimos indicios de esto.

Lo curioso, es que, para muchos, yo era el “peligroso” (“lo seguís siendo porque pensás y criticás”, me acota un amigo que conoció bien de cerca la comunidad). Alguno, incluso, “profetizó” que antes de los 5 años de cura yo habría dejado el ministerio (cosa que, hasta donde sé, no ocurrió; lo que sí pasó es que antes de los 5 años pedí dejar la Arquidiócesis de Buenos Aires para venir a Quilmes, donde todavía sigo). Curioso. Roberto fue “reducido” del ministerio, Oscar está preso en “domiciliaria”, pero ellos no parecen haber sido “peligrosos”. Cosas veredes, amigo Sancho.


Imagen tomada de http://www.elcolumnero.com/eudoro-gonzalez/cosas-veredes-amigo-sancho-que-faran-fablar-las-piedras

martes, 3 de marzo de 2020

Mujer, mujeres, femeninas, feminismo, feminazis y… aborto


Mujer, mujeres, femeninas, feminismo, feminazis y… aborto

Eduardo de la Serna



Se que al escribir esto (que pretende ser “pensar en voz alta”) por momentos entro en terreno complicado. No pretendo tener razón, sino presentar las mías y ser comentado, criticado, aportado mientras sea desde el respeto y el diálogo.

El día internacional de la mujer permite una serie de manifestaciones y reflexiones o debates públicos que son enriquecedores, sin duda alguna. Aunque no puedo ignorar que hay quienes manifiestan nula capacidad o intención de diálogo, de encuentro, de respeto o de tolerancia. No es con ellxs que pretendo encontrarme.

Algunas feministas sostienen, y me parece que, con razón, que no hay que hablar de “la mujer”: “lo que hay son mujeres” ¿Qué sería eso de “la mujer”? preguntan. Algunas entienden, y no coincido con ellas, que los varones no pueden o no deben hablar de cosas propias de mujeres, como por ejemplo el aborto. Que se deba hacer desde el respeto, con escucha, y sin dogmatismos, por ejemplo, no implica que se deba callar, me parece. Algunos, especialmente comunicadores, como chicana, sostienen que las mujeres que reclaman vehementemente por lo que entienden son sus derechos son “feminazis”. Siguiendo con la chicana, no responderé a aquellos que de “nazis” parecen saber bastante. Algunas dicen “soy femenina, no feminista”, probablemente desde la ignorancia. Parecieran entender que el “feminismo” es una suerte de “machismo con faldas” como dijo infelizmente el Papa Francisco. Es bueno saber que la variante femenina del machismo no es el feminismo sino el “hembrismo”, que es bien distinto. La lucha por la defensa de los derechos y el lugar que ha de tener la mujer en la sociedad (o “las mujeres”, para ser precisos) es el feminismo. Y – por lo tanto – es un valor que enriquece a toda la sociedad, varones incluidos, por cierto. En ocasiones han ocurrido excesos, y no es sensato negarlos. Pero, para empezar, unos pocos excesos no invalidan la justicia de los reclamos, y, además, después de unos 5000 años (por decir algo) de abuso patriarcal, podemos comprender o tolerar algún exabrupto femenino, me parece.

Hay un tema que me resulta extraño. Si se celebra “el día internacional de la mujer” (lo mismo que cuando se realiza el “Encuentro de mujeres”) ¿por qué se hace también mención a todo el colectivo que – rechazando la mirada binaria – no acepta ser encasillada en “varón-mujer”? Me parece entender que el motivo es porque en un principio se trata de la misma lucha, en cuyo caso no puedo sino coincidir, pero – al menos en ocasiones – me parece que el reclamo por los justos derechos del colectivo no-binario opaca la lucha de las mujeres. El discurso del año pasado, por ejemplo, mencionó ¡13 veces! a “las mujeres, lesbianas, travestis, trans, no binaries, gordes e intersexs”. Entiendo que ese es el lugar (más allá de lo que señalé) para hacer una “lista” lo más amplia y abarcativa posible, pero es muy difícil seguir un discurso con tan larga lista de sujetxs tantas veces repetida. Y, de paso, señalo algo que ya dije en más de una ocasión: no logro entender que en un discurso de reconocimiento de los derechos de la mujer y sus luchas no se la mencione a Eva Perón, a la que considero (opinión personal, sin duda) la mujer más grande que ha dado la historia argentina.

Entiendo el rechazo del colectivo al “biologicismo”. Y lamento el uso fundamentalista de la Biblia para creer que se da respuesta a estos planteos arrojando una cita bíblica como réplica. Como se dice habitualmente: “un texto fuera de contexto es un pretexto”. Y esto lo es. No merece, por tanto, una respuesta siquiera.

Una palabra sobre el aborto. Por lo que entiendo, nadie está de acuerdo con el aborto. El colectivo feminista pide “anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Es decir, no quieren abortar, y es razonable. No es algo grato hacerlo, por lo que he escuchado y visto. Pero ante el hecho, no quieren morir (lo cual parece bastante razonable, ironicemos). Sí tengo una duda al notar que en muchas marchas el tema parece monopolizar la jornada. En el día de la mujer, las víctimas del femicidio, las víctimas de violaciones, las víctimas de acoso laboral o familiar no necesariamente han de estar de acuerdo con la Interrupción Voluntaria del Embarazo, pero tienen pleno espacio de participación en el encuentro. En lo personal me parece que la excesiva monopolización del tema “aborto” (aunque ciertamente deba plantearse) quita fuerza a otros justos reclamos de mujeres.

Una nota sobre la mujer en la Iglesia: no hace casi falta señalar que el lugar secundario (o peor) que tuvo la mujer en la historia humana por milenios, también se ha visto reflejado en la Iglesia. Pero la sociedad ha sabido (no todo lo que debiera, por cierto) dar pasos que la Iglesia no ha dado. Y no me refiero a los debates por el acceso de la mujer al ministerio ordenado, aunque los incluyo. El colectivo de teólogas españolas se manifestó esta semana en la calle (“porque a la calle nos mandan”) en la puerta de la catedral de Madrid. “Limpiar y poner flores que lo hagan los señores”, coreaban. En el tema feminista, como lo señalé más arriba, creo que no debemos esperar avances del Papa Francisco. No es su tema, por cierto, y el tema del diaconado femenino (tanto en la comisión de estudio como en la exhortación Querida Amazonía) es una prueba patente de eso. Poner mujeres (algunas que ya estaban) en cargos, no devuelve a la Iglesia un rostro femenino (además, convengamos, no todas las mujeres han logrado desterrar el Patriarcado de su mente). A veces pareciera que para parecer “universal” – como en varias películas – debe haber una mujer, un negro, un gay… El cardenal Sarah es africano y ciertamente no propone una iglesia que sepa nacer desde el África y sus culturas. Así como hay muchos laicos tanto o más clericales que muchos curas, no podemos negar que hay muchas mujeres que han introyectado el patriarcado notablemente. La frase “soy femenina, no feminista” que citamos más arriba, lo demuestra patentemente.

En el día internacional de la mujer, como varón y cura no me queda sino pedir perdón. Creo haber avanzado en mi pensamiento y creo que me falta mucho por aprender, pero las muchas mujeres que encuentro en el camino (también eclesial) hacen mucho más llevadero el largo aprendizaje que como varón y cura tengo por delante. ¡Sigamos andando, nomás!



Comentario cuaresma 2A

La Ley y los Profetas se encuentran en un monte


DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA – “A”

Eduardo de la Serna




Lectura del libro del Génesis     12, 1-4a

Resumen: el relato “fundacional” de Israel anticipa brevemente lo que se ve como momento ideal de su pasado, que se pretende que los judíos del exilio pretendan repetir al regresar del cautiverio.



Después de los capítulos 1-11 de Génesis, donde con un aspecto mitológico los relatos confrontan los mitos babilónicos mostrando una dimensión contracultural, comienza propiamente a gestarse un pueblo. Un pueblo que Dios ha separado para sí de entre los pueblos de la tierra.


Esto comienza con una elección que implica una separación con el pasado (tierra, patria, casa paterna). Es un paso de… hacia. Hacia una tierra que le será mostrada. Por tanto hay un canje de tierras. Deja la patria (môledet, descendencia) para ser un pueblo (gôy) grande y será bendecido. El texto, que comienza con el dicho de Yahvé a Abrám de “irse” (v.1) concluye con la realización: “Marchó Abrám” (v.4). El centro del relato lo ocupará la importancia de la bendición de Dios que será a Abrám y por su intermedio a otros, llegando a “todos los linajes de la tierra (adamah)” (v.3). La reacción de los demás ante Abrám repercutirá en ellos mismos, los que lo bendigan serán bendecidos; los que lo maldigan, serán maldecidos. La estrecha relación entre Dios y los suyos marcará toda la Biblia, su  accionar tiene que ver directamente con el accionar con respecto a los suyos.


Hay una serie de elementos interesantes a tener en cuenta en este relato:


Abram es extranjero, no es del lugar. La tierra, por tanto, sólo puede poseerla por regalo divino, no por “derecho histórico”. El don divino queda reforzado puesto que la descendencia anunciada a Abrám contrasta con la esterilidad de su mujer Sara de lo que ya se ha hablado (11,30). La tierra de origen es “Ur, de los caldeos” (11,28). Esto es ciertamente un anacronismo. Los caldeos son los habitantes de la Babilonia de tiempos del exilio judío, no en tiempos de Abrám. Sin duda esto es visto de modo kerigmático, como un anuncio que comunica a su pueblo que es sensato pensar que volverá (desde el cautiverio babilónico) a la tierra que Dios le ha regalado.


La llamada de Dios a la que Abrám responde tiene como característica una promesa y una bendición (barak). Este kerygma remite al momento fundacional, a tiempos de David (recordar que es anuncio a los exiliados); momento ideal que se pretende que los “hijos de Abrám” repitan en los nuevos tiempos.


·         Mostrará una tierra

·         Será una gran nación

·         Será bendecido y fuente de bendición

·         Dios bendecirá a los amigos y maldecirá a los enemigos

·         Otras naciones se beneficiarán de la bendición


Mirado retrospectivamente, “históricamente”, Abrám es presentado como el padre de Israel. Aquí comienza la historia del pueblo que Dios se ha elegido.



Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo     1, 8b-10

Resumen: Pablo escribe a su discípulo, que será su heredero recordándole la relación estrecha entre el evangelio y el sufrimiento, pero recordando, a su vez, que ese Evangelio es fuerza de vida por la gracia.


El domingo 27º del ciclo C la segunda lectura daba marco al texto que hoy se presenta (1,6-8.13-14 y hoy corresponde 1,8b-10). Aquí “Pablo” invita a su discípulo y heredero a “no avergonzarse” del testimonio que ha de prestar, como tampoco ha de avergonzarse de la prisión de Pablo. La debilidad es motivo de vergüenza en el mundo antiguo, pero es identificación con la cruz de Cristo en los ambientes cristianos. Dos elementos se destacan: son sufrimientos “por” el Evangelio y se cuenta con la “fuerza” (dynamis) de Dios para ello. Por ello Timoteo está invitado a “coparticipar de los malos padecimientos” (sygkakopathêson).


El acento no está puesto aquí en el sufrimiento concreto, sino en el sufrimiento “a causa” del Evangelio, es algo que es constitutivo del predicador. Precisamente por su sufrimiento es que Timoteo será heredero de Pablo (2,3; 3,12; 4,5). Puesto que es un sufrimiento con sentido (“por”) se abren los caminos a vencer la muerte y abrazar la vida. Pero ese “por” es el Evangelio que es presentado como gracia. Esa es la fuerza, no la de las obras. La resurrección (no mencionada en la unidad, pero supuesta en la “manifestación”, epifaneia) de Cristo aniquiló la muerte. Este es el depósito de la fe que Pablo proclamará (v.11) y por lo que compromete a Timoteo en la continuación de la carta.




Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     17, 1-9

Resumen: como realización de la Ley y los profetas Jesús en un monte, como Moisés y Elías se encuentra con ellos donde Dios anticipa la gloria definitiva de Jesús, pero a la que se llegará por la pascua.



La Transfiguración en Mateo tiene algunas características novedosas con respecto a los otros Sinópticos, particularmente respecto a Marcos del que depende. Veremos –entonces- lo que es propio de este Evangelio.


La escena anterior (16,28) había dicho que “algunos (de los presentes) no padecerán la muerte hasta que vean al hijo del hombre venir en su reino”. Los tres elegidos para la transfiguración parecen ser los “algunos” mencionados.


En primer lugar,  en seguida de afirmar que se transfiguró delante de ellos añade que “su rostro brilló como el sol” y luego continúa con los vestidos (v.2).


Pedro llama a Jesús “Señor” y no “rabbí”, título prohibido (cf, 23,8). Y el texto omite que Pedro “no sabía qué responder porque estaba atemorizado” (Mc 9,6).


Al dicho de la voz desde la nube “este es mi hijo amado” Mateo agrega “en el que me he complacido” (v.5). Ante este hecho “cayeron sobre su rostro y temieron” (el temor, como se ve no se trata aquí de miedo y desconcierto sino de temor reverencial). Jesús los toca y les dice “levántense, no teman” (v.7).


Dejando pequeños detalles que comentaremos, esto es lo propio del relato de Mateo. Veamos entonces qué quiere destacar el Evangelista con estos elementos:


El ministerio de Jesús está marcado en Mateo por un “monte”. Allí es tentado (4,8-10), desde allí pronuncia su sermón inaugural (caps. 5-7) y allí termina su ministerio despidiéndose de sus discípulos (28,16-20). Es el lugar del encuentro con Dios y donde Dios se manifiesta. En un monte Moisés recibe las tablas (Ex 31,18), en el mismo monte Elías busca a Dios en medio de su crisis (1 Re 19,1-18). 


“Se transfiguró” es preferible traducirlo por “fue transfigurado” para reforzar la voz pasiva que remite a Dios como el agente: Dios lo transfiguró. 


La referencia a las “carpas” se ha pensado como alusión a que el acontecimiento había tenido lugar en la fiesta litúrgica de las tiendas (= tabernáculos), la fiesta más importante para los judíos; pero el contexto propio del Antiguo Testamento parece invitar a pensar en la “tienda” como lugar de encuentro con Dios (Ex 25,8) del mismo modo que lo es la nube que los envuelve (cf. Ex 40,34-35; Núm 9,18; 2 Mac 2,8).


Al descender del monte Moisés tiene su rostro radiante (Ex 34,29-35), pero en este caso es reflejo de lo que ha visto; en el caso de Jesús alude a su unidad e intimidad con Dios como hijo.


Mateo invierte el orden de Marcos (donde decía Elías y Moisés él dice: “Moisés y Elías”) probablemente como un modo de relacionarlos con la “Ley y los Profetas”.


También Moisés en el monte se encuentra con dos personas en una nube (Ex 24,15-18; cf. Num 9,15-23), el verbo “escúchenlo” remite, por un lado a Moisés (Dt 18,15) pero también a la oración típica de los judíos, el “Semá” (“¡Escucha… Israel!”, cf. Dt 6,4). 


Lo que acota la voz del cielo es algo que ya sabemos desde el Bautismo: que Jesús es “hijo” (3,17) algo que Pedro había reafirmado en su confesión (16,16). La mención a la “complacencia”, por otra parte, remite al siervo de Yahvé (Is 49,1; cf. Mt 12,17-21; 16,21-23). La transfiguración es anticipo de la gloria definitiva de Jesús, pero a ella llega por la pasión y muerte. Por eso Jesús no puede quedarse en las carpas que Pedro quiere levantar en su entusiasmo, hace falta esperar a la pascua para ser testigos de la resurrección (17,9; cf. 28,16-17). 


Como nuevo Moisés y nuevo Elías es a él a quien se debe escuchar.