Video con comentario al Evangelio del domingo 23º "C"
Eduardo
Video con comentario al Evangelio del domingo 23º "C"
Eduardo
La corrupción política y Diego Maradona
Eduardo de la Serna
La
palabra “pueblo” casi ha desaparecido de los medios de comunicación y del
lenguaje cotidiano. ¡Tan “popular” que era en tiempos idos! Su reemplazo por “gente”,
debo confesarlo, me da en el hígado, aunque deba recurrir a “eso” en más de una
ocasión a fuer de ser comprendido. La gente es un montón. ¡Y eso basta! Un
pueblo es una comunidad con vida y dirección, con un modo de sentir, vivir,
celebrar, llorar, cantar, bailar, comer, vestirse… A eso se lo llamaba “cultura”.
Y ese pueblo debía confrontar, en el cotidiano, con el anti-pueblo que, en el
mismo territorio, en nuestra misma casa, proponía o imponía otro camino, otra
vida, otra cultura. Pero desaparecido el pueblo, desapareció el anti-pueblo y
allí está la gente. Todos somos gente, aunque algunos sean “gente como uno”.
Pero, y acá el primer punto, que se haya cancelado al pueblo en el lenguaje no
implica que haya desaparecido el pueblo en las calles, los barrios, la “Patria”
(y Matria; otra palabra poco pronunciada). Es importante señalar que, al
hablar, en este caso, de cultura, o más precisamente culturas, entramos en un
terreno fascinante: no hay una música, un baile, una comida… las hay por decenas.
Pero todas tienen algo en común: la tierra, la conmoción interior que provocan
en el pueblo por sentirlas “nuestras”. Cosa, ciertamente, que no ocurre con las
músicas, comidas o fiestas de la gente, o del anti-pueblo… o de culturas
ajenas.
Lo
cierto es que ese anti-pueblo, o esa gente, es la que maneja las
comunicaciones, la que aturde con músicas, la que invita a bailar por un sueño
que no es el del pueblo… Y la gente consume, compra, mira… pero difícilmente se
conmueva. Porque para conmover ha de experimentarse como “nuestro”, algo que,
habitualmente, el anti-pueblo no es.
Dentro
de los productos de consumo, cocinados, elaborados y pensados fuera, está vendernos
una suerte de escala de valores que debiera movilizarnos, conmocionarnos. En esa
escala de valores encontramos en primer lugar un par de estereotipos principalísimos.
Cosas que deberíamos combatir, confrontar y – de ser posible – eliminar para
siempre de nuestro horizonte vital: se debe declarar guerra a muerte a la corrupción
y a las drogas. O, para ser más precisos, la guerra a muerte es contra “nuestra”
corrupción o drogas, porque no ocurre lo mismo cuando es la droga o corrupción
de “ellos”; ese es otro tema. Tema que, además, manejarán “ellos”.
Entonces
ocupan primerísimos puestos y primerísimas planas todos los casos de
corrupción, real o supuesta, y los casos de drogas, o supuestas. Nada más
perversos que estos casos, repiten. No importa si otras culturas, otros
ambientes, otros pueblos tienen otras escalas de valores, lo importante es
exaltar la gravedad de estos. Y solo estos males malísimos.
Y
no quiero entrar en un terreno central o principal al mirar uno u otro caso, y
es la evidente diferencia entre real y supuesto. Obviamente sería entrar en el
terreno penal. Y, sería razonable, que la justicia, allí donde la hubiere,
sancione a responsables y reconozca públicamente la inocencia de acusados o
acusadas utilizando las herramientas de un debido proceso. Un show es algo
distinto. Muy distinto.
Pero,
resulta, que el pueblo sigue siendo el pueblo. Aunque no se lo nombre: estratégicamente
no se lo nombre. Y quiero ir a Maradona. De Diego, los medios se cansaron de
mostrar lo que entienden sus debilidades. Desde la droga hasta su vida
afectiva, ordenada y desordenada. Hasta él mismo lo reconoció: “yo me
equivoqué, pero la pelota no se mancha”. Y Maradona, para el pueblo siguió y
sigue siendo “el Diego” … Es “nuestro”. Nadie negó que fuera así o que hubiera
hecho aquello, “pero” es Diego, es “nuestro Diego”. Eduardo Galeano lo llamó “el
más humano de los dioses… un dios sucio… un dios que se nos parece…” Los que lo
miraban “desde afuera” podrían reconocer (¿quién lo negaría?) cómo jugaba, pero
(la clave estaba en el “pero”) en todo lo demás – es decir, lo que para ellos
era “lo demás”, lo que les importa – era criticable y, de ser posible,
sepultable. Y resulta que el pueblo no lo sepultó. Para el pueblo, siguió y
sigue siendo Diego (o D10S, si se quiere). Cuando tocan a uno de los suyos
simbólicos, el pueblo deja de lado aquella comida que le han preparado, la música
que han ejecutado y empieza su propio baile. En calles y plazas, pueblos o
barrios. Y el anti-pueblo sigue pontificando desde sus tribunas y propaladoras.
Es que a veces pasa que el pueblo, con la paciencia que lo caracteriza, con sus
propios tiempos, que no son el minuto a minuto, sino los propios, decide
mostrarse, gritar “acá estamos”; y llega el tiempo en que nos da “sus benditas
señales de vida el pueblo”. A lo mejor, para lograr entender a Diego, al
pueblo, a la apropiación popular de dirigentes (y la ignorancia de otros) hace
falta volver a leer a Rodolfo Kusch. Otros olores andan dando vueltas; el anti-pueblo,
despectivamente, dirá que es olor a “chori”, Kusch lo llamaba “hedor”; nuestros
olores, nuestros ruidos, nuestros colores, a veces nos convocan. Los “pulcros”
mirarán desde afuera a un pueblo que “está” aunque pongan vallas. En otro
tiempo se lo llamó “resistencia”, y ojalá no haya que esperar a que “truene el
escarmiento”.
Imagen tomada de https://www.hamartia.com.ar/2019/10/08/hedor-y-grieta/
LA DEMOCRACIA EN RIESGO
Ante la situación de profunda incertidumbre acerca del futuro de la democracia en nuestro país, de la libre participación política de los sectores populares y amenazas de proscripción a las personas que lideran espacios de participación popular nos sentimos llamados a expresar nuestra preocupación. Por eso afirmamos:
También afirmamos que:
Grupo de Curas en Opción por los Pobres
26 de agosto de 2022
Dios es madre, no solo padre
Eduardo de la Serna
Si podemos decir que la imagen de un padre puede aplicarse a Dios, ciertamente como una metáfora, no es menos evidente que podemos decir que es aplicable a él una imagen materna. Claro que, en una sociedad patriarcal como la antigua, si encontramos reticencia en llamarlo “padre” mucho más la habrá para calificarlo de “madre”: Tenemos, además, un problema de lenguaje, ya que, aunque Dios no tenga género, el término “dios” es masculino y decir que “Dios (= masculino) es “madre (= femenino)” resulta complejo.
Pero
hay un paso importante que debiéramos dar para no “mezclar las cosas”. Por un
lado, hemos de mirar la perspectiva de los tiempos bíblicos y por otra la de nuestros
tiempos. Ciertamente son muy diferentes, y – en ocasiones – imágenes que eran
comprensibles ayer no lo serán hoy, y viceversa. Es evidente que el lugar de
las mujeres en la sociedad ayer y hoy son muy diferentes. Por tanto, es sensato
distinguirlas para comprenderlas.
Para
empezar, es interesante señalar que en los pueblos vecinos de Israel es muy frecuente
señalar a tal o cual dios o diosa como padre o como madre de tal pueblo, del
rey o de la humanidad. Es posible que en Israel hayan querido evitar esto para que
el Dios de Israel no se pareciera a los dioses y diosas de los pueblos. Pero,
además, es evidente que al hablar de Dios usamos un lenguaje humano (¿Qué otro
podríamos utilizar, si no?) pero en la Biblia está clarísimo que Dios “es Dios
y no humano” (Oseas 11,9). Finalmente, destaquemos que el hecho de que Jesús
siempre se refiera a Dios como “padre”, abbá, ha de haber influido que
elementos femeninos que se aplican a Dios y que se encuentran en el Antiguo Testamento no se
reiteren en el Nuevo. Lo cual, evidentemente, no los anula ni censura. A ellos nos
referiremos:
Para
empezar, hay un texto muy interesante en una “discusión” que tiene Moisés con
Dios:
¿Acaso he sido yo
el que ha concebido a todo este pueblo y lo ha dado a luz, para que me digas:
«Llévalo en tu regazo, como lleva la nodriza al niño de pecho, hasta la tierra
que prometí con juramento a sus padres»? (Núm 11,12)
Moisés siente que la tarea que Dios le ha asignado es superior a sus fuerzas y le reclama a Dios que ha sido Él, Yahvé y no Moisés, el que ha “concebido” y “dado a luz” a este pueblo, y es la “nodriza” que debe amamantarlo. Como es evidente, todas las imágenes son maternales. En Deuteronomio Dios es comparado con un “padre”: “¿no es él tu padre, el que te creó?” (32,6) pero también se queja, con figuras maternales, que “has desdeñado la roca que te engendró, has olvidado al Dios que te dio a luz” (32,18). En el Salmo 90 hace referencia a las cosas creadas como que Dios “dio a luz la tierra y el mundo” (v.2), algo que también encontramos en Job 38,28-29.
Sin
embargo, donde más se encuentran imágenes que refieran a Dios como una madre es en
un discípulo de Isaías que encontramos en los capítulos 40-55 del libro. Dios grita como
un guerrero y también como una parturienta (42,13-14). Dios y no otro ha
engendrado y “dado a luz” al rey persa que será instrumento de Dios para el
regreso del exilio de Israel (45,10). Aunque una mujer pudiera olvidar a su
niño de pecho, Dios no olvidará a Israel (49,15). Dios ha “modelado desde el
vientre” (44,2.24), e Israel ha sido transportado “desde las entrañas maternas”
(46,3) … Si Dios es visto como un padre de su pueblo, la imagen de que es “como
una madre” no podía quedar ausente. Y, como se ve, la referencia es –
particularmente – a la concepción, a dar a luz, a amamantar, al cuidado.
Gracias
al aporte contemporáneo de una perspectiva de género, hoy hay mucho más que
decir y también más que relativizar. Es evidente que, hoy, el padre no queda fuera de
las tareas del cuidado y, además, que es empobrecedor, reducir el rol de la
mujer a la maternidad (hay decenas de mujeres plenamente mujeres y felizmente
mujeres que no son madres, por ejemplo). La imagen de Dios como madre no debería, entonces, hoy, quedar
encerrada en las antiguas concepciones de lo que se supone o espera de la maternidad.
Señalemos algunos elementos principales: en Dios no hay género, y todo lo que
digamos de él recurre a un lenguaje “antropológico”. Si no tiene género, pero
usamos habitualmente el masculino, no podemos, sin ser injustos y parciales, no
recurrir también al lenguaje femenino. Hay elementos biológicamente propios de
la mujer que son claramente aptos para pensar a Dios: formar en el vientre,
concebir, dar a luz… Algún autor ha propuesto sugerentemente que la imagen
materna de Dios puede verse en el Espíritu Santo, y lo relaciona especialmente
con la madre de Jesús, María. Pero esto no solamente es muy discutible, sino
que, además, ha sido sensatamente cuestionado desde la teología feminista que
ha presentado a María como “verdadera hermana nuestra”. La imagen y relación de Jesús,
varón y de María, mujer, aunque biológicamente verdadera es teológicamente
discutible... y patriarcal. Jesús es modelo para todos y todas, María es modelo
de discípula para todos y todas.
Que
haya elementos maternales que podemos aplicar a Dios no debería llevarnos a “biologizarlo”,
cosa que expresamente la Biblia pretende evitar. Dios es Dios, no
humano; y por lo tanto, para "imaginarlo", podemos pensarlo como un padre en ocasiones, como una madre en ocasiones,
y como “Dios” siempre.
Foto
tomada de https://es.dreamstime.com/silhouette-de-una-bella-mujer-embarazada-afuera-al-atardecer-alabando-dios-silueta-joven-bailarina-image165086616
El desafío de medir con la medida del reino
Que ningún hombre contaminado por alguna de las impurezas de hombre entre en la asamblea de éstos; y todo aquel que está contaminado por ellas que no sea establecido en su función en medio de la congregación. Y todo el que está contaminado en su carne, paralizado en sus pies o en sus manos, cojo, ciego, sordo, mudo, o contaminado en su carne con una mancha visible a los ojos, o el anciano tambaleante que no puede mantenerse firme en medio de la asamblea, éstos no entrarán a ocupar su puesto en medio de la congregación de los hombres famosos, porque los ángeles de santidad están en medio de la congregación” (1 QSa 2,5-6)
El video con comentario al Evangelio se puede ver en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2022/08/video-con-comentario-al-evangelio-del_22.html
o también en:
https://youtu.be/qhxLQVtTOqc
Video con comentario al Evangelio del domingo 22º "C·
puede verse también en
Sin paz no hay sociedad posible
En estos momentos de nuestro
presente, y sin duda no se trata de algo exclusivamente de nuestra Patria,
notamos – no entre los pobres, por cierto – un clima que nos parece nocivo para
la convivencia y, por lo mismo, peligroso para la sociedad.
Pensar distinto, discutir,
cuestionar, criticar es algo no solamente normal, sino que también es bueno, y
– lo creemos – nos ayuda a todos y todas a crecer a caminar, a vivir y
convivir. Pero cuando esto parece una búsqueda de la eliminación, destrucción o
cancelación de la otra parte, cuando el odio y la violencia parecen
enseñorearse de nuestra vida cotidiana nos parece, no sólo peligroso, sino que
engendra una corrosión en la base de toda convivencia.
Dialogar no significa renunciar a
las propias opiniones y convicciones, pero sí implica disposición a la escucha
y respeto por las diferencias, aunque no cambiemos un ápice nuestros modos de
ver, pensar o vivir. La búsqueda de la eliminación de todos y todas aquellas
que no piensan, o no participan de nuestro modo de pensar es expresión
peligrosa no solo de violencia, que luego corre el riesgo de volverse
irrefrenable, sino también de una intolerancia con la que no podemos ni
queremos coexistir.
Como dijimos, no vemos que esto
sea algo que se viva entre los pobres, pero sí en las dirigencias y los medios
de comunicación, y, por lo tanto, algo que puede trasladarse más tarde o
temprano a toda la sociedad. Violencia en gran parte de los ambientes
políticos, violencia engendrada por la impunidad judicial, violencia por la
degradación ambiental y la destrucción de nuestra casa común, violencia de las
fuerzas de seguridad, violencia internacional, violencia contra los pobres y
los diferentes a aquello que algunos pretenden hegemónico, violencia desde la
mentira sistemática de muchos medios de comunicación… violencia, demasiada
violencia. Las nuevas denuncias contra Milagro Sala, ¡una más!, no podemos
verlas sino como denuncia sobre denuncia, violencia sobre violencia y mentira
sobre mentira.
Es imposible vivir sin paz, y la
paz, que nace de la justicia, crece en el diálogo y la tolerancia. No hay paz
donde hay injusticia, no hay paz donde los poderosos aplastan a los débiles, no
hay paz donde se impone un discurso único y se silencian o niegan otras voces,
no hay paz donde se ostenta impunidad…
Quizás no se pueda pedir grandeza
donde no la hay, pero al menos queremos llamar a todos y todas a mirar nuestra
patria y el mundo. Mirar a los otros y las otras que debieran ser vistos como
hermanos y hermanas. Mirar, que implica no creernos el "ombligo del
mundo" sino simplemente (¡y nada menos!) miembros de una gran familia; una
que – para los creyentes – tiene un Dios que es Padre y Madre y celebra, reina
y festeja cuando brilla la hermandad, pero que se conmueve y padece cuando el
odio, la mentira y la negación de los demás pareciera la única manera de vivir
que conocemos y queremos. ¡Otro mundo es posible!
Grupo de curas en opción por los
pobres
18 de agosto 2022
Contactos
Guillermo
Fernández Beret (La Rioja) 380 428 6596
Roberto
Ferrari (San Isidro) 11 2611 0002
Eduardo
de la Serna (Quilmes) 11 3296 8389
Sergio
Rafaelli (Santiago del Estero) 385 478 0808