jueves, 7 de diciembre de 2023

Un "lavado de manos" y la historia

Un "lavado de manos" y la historia

Eduardo de la Serna



En la 42ª reunión de la CEA (4-9 de mayo 1981) los obispos debatieron acerca de si era o no conveniente que la Conferencia Episcopal realizara una exhortación sobre la paz, en el contexto del diferendo con Chile por el Canal de Beagle). El presidente de la CEA, el cardenal Primatesta se opuso: 

quizás en el momento no sea tan conveniente hacerlo, porque es un tema muy político, y cree que el Beagle entra ahí como Pilatos en el Credo” (La verdad los hará libres 2, p. 582).

En una reciente publicación de textos de Víctor Codina, él hace referencia, precisamente, a la incorporación de Poncio Pilato: 

Resulta extraño e incluso escandaloso que se le mencione junto al Padre, a su Hijo Jesucristo encarnado en María virgen y junto al Espíritu Santo (...) Cuando la Iglesia primitiva introdujo a Pilato en el Credo, no actuó irresponsablemente, sino con gran sabiduría. La referencia a Pilato sitúa a Jesús en la historia humana: bajo el Imperio romano y en Judea, donde Poncio Pilato era gobernador. Jesús – y, por tanto, la fe cristiana – no es una invención, un sueño, una ideología o un hermoso mito para consolar nuestra angustia vital. Jesús es un acontecimiento ciertamente extraordinario, novedoso y misterioso, pero histórico, que forma parte de la historia de salvación, que forma parte de nuestra historia humana (…) Esta es la dimensión histórica de la fe que subyace en el Credo y que se refuerza al citar a Poncio Pilato, y la que fundamenta que los cristianos sigamos a Jesús en el mundo y en el tiempo de hoy (…) La presencia de Pilato en el Credo no solo enraíza a Jesús en la historia, sino que se convierte en un aviso, en lo negativo de cómo no debemos actuar en la vida: no podemos actuar como él. Todo esto lo podemos tener presente cuando al recitar el Credo, tanto el corto como el largo, digamos, sin miedo, que Jesús «padeció bajo el poder de Poncio Pilato» … (V. Codina, El Espíritu sopla desde abajo, CiJ 235, noviembre 2023, pp. 11-12).

Diferente mirada sobre la misma incorporación. Una que se lava las manos de los acontecimientos de la historia, y propone una Iglesia desencarnada. Otra, profundamente espiritual e histórica. Sin saberlo, Pilato nos ayuda a mirar nuestra historia reciente y saber dónde posicionarnos. 


Foto tomada de https://www.religiondigital.org/el_papa_de_la_primavera/Francisco-solo-Pilatos-lavo-manos-religion-vaticano-papa-cristianos-tibios-pobres_0_2186481352.html


Amós, un profeta

Amós, un profeta

Eduardo de la Serna

 


El rey Jeroboam II gobernaba en la ciudad de Samaría, pero – como la mayoría de los reyes antiguos – tenía un Santuario (o varios), con sus sacerdotes, y su culto que garantizaban – de parte de Dios – la estabilidad del gobierno y del país. En el Templo, que queda, en este caso, en Bet-el (poco menos de 40 kms. de la ciudad capital), los sacrificios que se ofrecen por el rey, las ofrendas, y las voces que se alzan bendiciendo al soberano, garantizan divinamente la estabilidad y el orden. El sacerdote principal, Amasías, es el garante del orden, y se comunica frecuentemente con el rey. Estamos aproximadamente en el año 750 antes de Cristo.

Pero la situación política de Israel estaba lejos de caracterizarse por el orden, o – pasa ser más precisos – era un orden y tranquilidad para unos pocos y de profundo malestar para la mayoría. Los ricos eran cada vez más ricos, y los pobres eran cada vez más: eran cada vez más pobres y eran cada vez más los pobres. Y el gobierno no hacía nada por ellos. Los ricos se aprovechaban de esto: aumentaban los impuestos (Amós 5,11) y falseaban las balanzas, aumentaban los precios (8,5), compraban a los pobres como esclavos (2,6), abusaban de sus mujeres (2,7), prestaban a usura (2,8), “compraban” a la justicia (5,7.12), mientras vivían vidas de lujo y de opulencia (3,15; 6,4-6). Y tampoco hacía nada el Estado en este caso. Y para reforzar este sistema, los Santuarios cumplían un rol “anestésico”: calmar las conciencias, serenar los ánimos, ya que somos “elegidos por Dios” (3,1; 9,10); o – en el caso de los ricos – creer que daban culto pero, mientras tanto, no cambiaban de actitud (4,4-5; 5,21-24). Incluso es posible que para “drogar” los conflictos, muchos hablaran de un futuro indeterminado, “algún día” Dios va a cambiar las cosas, con lo que dejaba calma la situación en el “hoy” de la injusticia (5,18).

Es en este contexto que surge el profeta Amós. Un campesino, pastor y cultivador (7,14) de la región de Tecoa (1,1) es decir, ¡de otro país! Él va a predicar contra el rey del Norte, contra su política y contra el santuario (7,10-11). Para que nos entendamos, sería como si un venezolano fuera a predicar contra el gobierno colombiano (o viceversa). Por supuesto, el malestar del sacerdote Amasías es tremendo, e incluso le informa al rey Jeroboam de lo que hace este “extranjero” (7,10). Obviamente, como suele pasar con los profetas, la reacción no es de conversión, sino que es contraria a él y es expulsado de la región (7,13).

¿De qué hablaba Amós? De que Dios no tolera esa situación, y el rey y su gobierno serán aniquilados, sea por plagas (7,1-3), sequía (7,46) o terremoto (9,1-4), o por ejércitos extranjeros (7,17; 9,4), de que los que añoran ese “día” futuro no saben que será terrible (5,18-20), que los ricos, sus lujos (6,4-7) y sus injusticias son rechazados por Dios (3,9-10. 15; 4,1-3; 8,4-8), que el culto dado en esos casos no tiene nada que ver con el culto que Dios quiere (3,13-14; 4,4-12; 5,5-6. 21-22) y que se asemeja al culto dado a los ídolos (5,25-27) porque esa búsqueda de seguridad es falsear el sentido de la “religión de Israel” (6,1; 9,7). La verdadera “religión” se da en “buscar a Dios” (5,4; 8,11-12), en – por lo tanto – “buscar la justicia” (5,7.11.14-15. 23-24).

Pero la predicación del profeta parece devastadora, pesimista y sin salida. Sin embargo, el texto tal como lo tenemos hoy (no hay que olvidar que, habitualmente, los textos bíblicos fueron tocados y retocados una y cien veces) termina claramente con una nota de esperanza. Y vuelve a aludir a aquel “día”, pero ya no será un día de tormento y terrible, sino un día de esperanza, día en que habrá un rey que se dejará conducir por Dios (“levantaré la casa de David ruinosa”, 9,11), será habitada por los que queden: incluso no judíos (“de Edom... las naciones” 9,12), será día de bienestar (cosechas, vinos...) Y los deportados volverán a habitar la tierra y comer sus frutos (9,14-15).

Sin duda, estas palabras de esperanza y consuelo se refieren a aquellos que han buscado a Dios, y que lo han buscado allí donde Él se deja encontrar, es decir en la justicia y el derecho, en el respeto a los hermanos y hermanas, ya que es en eso donde cumplen “la ley de Yahvé y cumplen sus preceptos” (2,4).

Como otros profetas, Amós nos invita a mirar críticamente nuestra vida, nuestro ambiente y nuestro mundo, a buscar con la palabra y las actitudes modificar todo aquello que no se parece a lo que Dios quisiera para nosotros, y así ser testigos ante todas las naciones y pueblos extranjeros de que Dios ama la paz cuando nos reconocemos como hermanas y hermanos en la justicia.


Imagen tomada de https://verbodivino.es/hojear/1210/el-profeta-amos.pdf

martes, 5 de diciembre de 2023

Comentario a las lecturas del domingo 2º de adviento "B"

 Juan, el preparador de caminos

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO – "B"

Eduardo de la Serna



Lectura del libro de Isaías     40, 1-5. 9-11

Resumen: Un discípulo de Isaías comienza una serie de poemas invitando a Israel, tanto en el exilio como en la tierra de Judá a escuchar la palabra de Dios y reconocer en ella la intervención del Dios de la alianza en la historia.


El así llamado “segundo Isaías” (aunque hoy muchos piensen más bien en una colección de poemas de varios autores) comienza su mensaje de “buenas noticias” para el grupo del pueblo angustiado en el exilio babilónico. En el comienzo (40,1-11) habla Dios, habla “una voz”, luego “otra voz” y finalmente alguien se dirige a Jerusalén / Sión para que ella hable. En el cuerpo del libro parece que el que habla es Isaías, pero en el contexto de 40-55 (“deutero-Isaías”) logra que el texto quede abierto a los lectores.

El autor le habla a un grupo (“ustedes”) de parte de “su Dios”, y lo que dice es dirigido a “mi pueblo”. La fórmula de la alianza se re-fortalece, especialmente en momentos en que parece que Dios la ha olvidado, o roto a causa del pecado del pueblo. La fórmula “su Dios” vuelve a repetirse en v.9; “mi pueblo – su Dios” es fórmula de la alianza, y Dios la reafirma. En ese contexto, el “consuelo” doblemente anunciado es “de parte de Dios”, a causa de su intervención liberadora (vv.2.5.11). Pero los cautivos están en Babilonia, y también quiere dirigirse a Jerusalén (v.2) hacia donde se dirigirán los cautivos al regresar. El pretérito (de destrucción de Jerusalén y cautiverio de los exiliados), es tiempo pasado y se invita a mirar al futuro. Se debe hablar “al corazón” para buscar convencer a la ciudad. Lo que se ha de hablar se enuncia con un triple “que” el cual alude a la liberación (cumplida la milicia / pagada la injusticia / recibido de Yahvé).

Lo que la voz ha de gritar alude al “camino”. El regreso por los 1000 kms de desierto, atravesando los montes y valles de Siria, es aludido de modo simbólico ya que el camino no es “del pueblo” sino de “nuestro Dios” (v.3). Esta manifestación de Dios en valles y montes, rocas y lo escabroso, manifestará a todos que Yahvé ha hablado” (v.5). Esta suerte de intervención divina sobre la naturaleza permitiendo al “pueblo” (en realidad a la elite) regresar del cautiverio es releída como una suerte de “nuevo éxodo”; así como Dios liberó del faraón, liberará de los babilonios; como abrió el mar, abajará las montañas. La hierba y la flor que se marchita parecen aludir claramente a la potencia babilónica a la que se define como perecedera. Lo único duradero y permanente, a pesar de todo, es el Dios de la alianza.

Una y otra vez se invita a un redactor a gritar y hablar (vv.3.5.6.8.9 destaca claramente la importancia y fuerza de la palabra, algo que los babilonios afirman como constitutivo del poder de Marduc, su dios supremo).

De golpe entra en escena un personaje femenino (hay quienes han pensado – y no habría que descartarlo – en que uno de los profetas que conforman el grupo de “deutero-Isaías” sería una mujer) que es llamado Sión / Jerusalén, calificada de “mensajera”. Debe gritar y, además, buscar una altura para ser escuchada por todas las ciudades de Judá. Este grito tiene un triple “he aquí” que destaca el anuncio (su Dios / el señor Yahvé / su salario y paga). Nuevamente el “su Dios” remite a la alianza (v.1) repetida en voz alta a todas las ciudades; esta venida es con “poder” lo que refuerza la “gloria”. Esta imagen viene acompañada de la imagen del pastor (v.11) de quien se destacan los gestos de cariño. La imagen de la fragilidad de corderitos y paridas sin duda se dirige metafóricamente a los que regresan heridos del cautiverio babilónico.

La centralidad en el tema de la palabra (que será más claramente especificada a lo largo del libro de 40-55) es importante, y lo será particularmente en la relectura de la que se apropia el Evangelio del día [ver comentario].



Lectura de la segunda carta de san Pedro     3, 8-14

Resumen: algunos se han introducido en la comunidad cuestionando la confiabilidad del Señor y su palabra ya que no ha venido, como había dicho. El autor destaca que la medida del tiempo de Dios es muy diferente de la humana, y que la demora no está causada por su falsía sino por su compasión.


El contexto literario de la llamada “segunda carta de Pedro” revela que se han introducido en la comunidad “falsos maestros” (algo propio del cristianismo de fines de la segunda generación y la tercera; algo que puede fecharse cerca del año 100 en adelante). Una de las cosas que estos “falsos maestros” intentan introducir en la comunidad es la negación de la “venida” de Jesús ya que nada ha cambiado y ya han muerto “los padres” (= los discípulos directos de Jesús).


… dirán en son de burla: «¿Dónde queda la promesa de su Venida? Pues desde que murieron los Padres, todo sigue como al principio de la creación». (3:4)

 
A diferencia de ellos que “ignoran” (v.5) el autor afirma que sus destinatarios “no deben ignorar” (v.8, lanthanô) y hace una referencia “distorsionada” del Salmo 90:

"Porque mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche". (90:4); a eso alude el apócrifo de los Jubileos refiriendo a la muerte de Adán, poco antes de cumplir los mil años: “faltándole setenta años para los mil, pues mil años son como un día en la revelación celestial” (Jub 4,30). Probablemente se haya releído en el sentido de referir a lo efímero de la vida humana ante Dios y a la incapacidad humana de “medir” los tiempos. Pero resaltando a Dios como “señor del tiempo”. En este caso, el tema no está en la demora sino en la paciencia de Dios que espera (cf. Num 14,18; Sal 86,15; Jl 2,13; Jon 4,2; Mt 18,26.29; Rom 2,4; 9,22; 1 Pe 3,20):


Y será que, después de los siete días, el mundo que aún no está vigilante, será despertado y morirá el mundo corrupto. Entonces la tierra restituirá a los que en ella dormían, el polvo a los que viven en aquel silencio y las moradas devolverán las almas que les fueron encomendadas. Y se revelará el Altísimo sobre el trono del juicio: pasará la misericordia y será apartada la longanimidad… (4Esd 7:31-33)


 La idea de “paciente con ustedes” indica una acción en favor de… Es el ofrecimiento de la salvación, para que “todos” lleguen a la conversión.

Así destaca una serie de elementos que hemos encontrado en estos días litúrgicos: “el día” del Señor, la venida imprevista “como un ladrón” (cf. 1 Tes 5,2; Mt 24,43; Lc 12,39; Ap 3,3; 16,15). La imagen del fuego como elemento que pone fin a una era es característico. Ante esta situación se dirige de un modo lógico a los destinatarios conminándolos a un modo de vida adecuado a este “día”. De este modo se destaca el contraste entre los cielos viejos y los cielos nuevos, los primeros destruidos por el fuego, los segundos que vendrán según la promesa señalada en aquel “día”; tiempos de “justicia”. Pero para esto es necesaria la esperanza ya que los tiempos de Dios son diferentes a los humanos, pero son tiempos de salvación para “todos”.

Sin embargo, hay un elemento importante: la burla sarcástica pone en duda el honor del Señor; su palabra no es confiable, los tiempos lo indican. El autor quiere “defender el honor” del Señor mostrando tanto un sentido “teológico” del tiempo, para lo que alude al Salmo 90, y a que la palabra es veraz, sólo que su consabida compasión demora la intervención con la esperanza de la conversión. La demora no es indicio de su incumplimiento sino de su compasión.


Evangelio según san Marcos     1, 1-8

Resumen: Marcos comienza su Evangelio. Luego del título presenta la figura del Bautista a la luz de la expectativa judía en la venida de Elías, y preparando el camino de conversión para la llegada de los tiempos esperados.


El comienzo del Evangelio de Marcos está cargado de densidad, por lo que comentar toda la unidad sería mucho más extenso de lo deseado. Veremos, entonces, sintéticamente los elementos que no destaquen la figura de Juan, el Bautista, que parece el motivo principal de su incorporación en la liturgia de Adviento para dedicar particularmente la atención a esta parte.

Marcos comienza su Evangelio con un título, el cual es programático. Nos indica que Jesús mismo es “buena noticia” (= evangelio) ya que es “mesías” (= Cristo) e “hijo de Dios”. Esto es algo que desarrollará en toda su obra que está marcada por estas dos confesiones de fe. Pedro reconoce a Jesús como “el Cristo” (8,29) y un centurión afirma, ante el Crucificado, que verdaderamente era “el hijo de Dios” (15,39). Así, toda la primera parte del Evangelio se dirige al reconocimiento de Jesús como mesías, pero toda la segunda parte pretende mostrar a los lectores “qué tipo de mesías” es Jesús: uno crucificado.

Luego de esta presentación el texto comienza aludiendo al profeta Isaías. Sin embargo, hay que destacar que (1) la primera parte de la cita no pertenece a Isaías; (2) Marcos – como también se hace en Qumrán, por ejemplo – relee el texto de Isaías, como veremos.

La frase “envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar el camino” (v.2) pertenece, en realidad a Malaquías. Éste profeta quiere destacar que ante la venida futura del “día de Yahvé”, en la que Dios descargará su castigo sobre el pueblo pecador, antes dará a su pueblo una última ocasión de arrepentimiento y conversión. Pero este “mensajero” no es cualquiera, se trata del mismísimo Elías:


«1 He aquí que yo envío a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien ustedes buscan (…) 2 ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque es él como fuego de fundidor y como lejía de lavandero. 3 Se sentará para fundir y purgar. Purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata; y serán para Yahveh los que presentan la oblación en justicia. (…) 9 De maldición están malditos, porque me defraudan a mí ustedes, la nación entera. 10 Lleven el diezmo íntegro a la casa del tesoro, para que haya alimento en mi Casa; y pónganme así a prueba, dice Yahve Sebaot, a ver si no les abro las esclusas del cielo y no vacío sobre ustedes la bendición hasta que ya no quede (…) 14 Han dicho: Cosa vana es servir a Dios; ¿qué ganamos con guardar su mandamiento o con andar en duelo ante Yahveh Sebaot? (…) 16 Entonces los que temen a Yahveh se hablaron unos a otros. Y puso atención Yahveh y oyó; y se escribió ante él un libro memorial en favor de los que temen a Yahveh y piensan en su Nombre. (…) 19 Pues he aquí que viene el Día, abrasador como un horno; todos los arrogantes y los que cometen impiedad serán como paja; y los consumirá el Día que viene, dice Yahveh Sebaot, hasta no dejarles raíz ni rama. (…) 22 Acuérdense de la Ley de Moisés, mi siervo, a quien yo prescribí en el Horeb preceptos y normas para todo Israel. 23 He aquí que yo les envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible. 24 El hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que venga yo a herir la tierra de anatema. (Mal 3,1-24)


La expectativa en la venida de Elías era algo común en muchos grupos judíos (con diferentes características entre uno y otros). En este caso, Elías vendrá a preparar el “camino” antes que Dios descargue su ira en su “día”. 

Es a continuación (v.3) que se encuentra el texto de Isaías [ver la primera lectura], pero mientras en Isaías el “desierto” era tema de la predicación, como una suerte de nuevo éxodo, el texto según la biblia griega destaca el “camino” como tema de la predicación la cual se realiza “en el desierto”. El “camino”, entonces, alude a la vida de los destinatarios de la predicación de Juan, y es este “camino” el que debe ser enderezado y preparado a fin de ser “camino del Señor”. 

Dicho esto, mostrando el cumplimiento de las escrituras, pasa a presentar la persona de Juan. Se señala que bautiza y proclama conversión “en el desierto” conforme había sido dicho. Habitantes de “toda” Judea y Jerusalén eran bautizados confesando su pecado. Para presentar más claramente a este personaje, alude a su vestimenta y su dieta. La dieta es propia del desierto (langostas y miel silvestre, que son – obviamente – alimentos puros; cf. Lev 11,21-22) y sin duda remarca el ascetismo de Juan. La vestidura, en cambio, es notable, manto de pelo y cinturón de cuero: es la misma que llevaba Elías (cf. 2 Re 1,8; cf. Zac 13,4) con lo que Marcos insiste en el rol de Juan como el profeta esperado. Las referencias a los caminos y sendas que han de ser preparados y enderezados (v.3), el bautismo de conversión y perdón de los pecados (v.4), que los habitantes “confesaban sus pecados” (v.5) marca la preparación a la llegada de aquel que “viene detrás de mí” (v.7).

Sin embargo, Juan, que “predica un bautismo” (v.4), afirma que éste es más débil que el bautismo que se avecina (v.8), este es con agua, aquel será con Espíritu Santo. Esta debilidad de Juan queda resaltada en la comparación con el sirviente que en la casa desata las correas de las sandalias al señor que viene (v.7).

Pequeñas notas históricas: la figura de Juan y su predicación están debidamente atestiguadas en las fuentes históricas. Los grupos bautistas fueron algo habitual, y no parece que haya que relacionarlos necesariamente con Qumrán. El cristianismo, con el tiempo, parece haberse “molestado” con el hecho de que Jesús fuera bautizado; no solamente porque Jesús es tenido como “superior” a Juan, sino porque además, es “sin pecado”. Así, los diferentes evangelistas, crecientemente, intentan explicar este hecho. En ese sentido ha de entenderse la referencia a que Jesús es “más fuerte” y que su bautismo es superior (vv.7.8).

el video con comentario al Evangelio en
https://youtu.be/762Img2eNWY
que también se puede ver en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/12/video-con-comentario-al-evangelio-del-2.html


Foto tomada de vdjgr.blogspot.com

lunes, 4 de diciembre de 2023

Video con comentario al Evangelio del 2º domingo de adviento "B"

Video con comentario al Evangelio del 2do domingo de adviento "B"



también se puede ver en

https://youtu.be/762Img2eNWY

Eduardo

Video con comentario al Evangelio de la Inmaculada Concepción de María

Video con comentario al Evangelio de la Inmaculada Concepción de María



o también en

https://youtu.be/7PwZUafJicw

Eduardo

Comentario a las lecturas de la Inmaculada Concepción

                                  Madre nuestra, ruega por nosotros

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Solemnidad 

                                                                                                                            Eduardo de la Serna


                                                                                                                                  



La fiesta de la Inmaculada Concepción refleja una larga tradición eclesial luego establecida litúrgica y teológicamente en la Iglesia. De este dogma no habla la Biblia, obviamente, y las lecturas “ilustran” el misterio. Por eso los comentarios solamente “acompañan” el día litúrgico sin ahondar detenidamente en los textos.



Lectura del libro del Génesis     3, 9-15.20

Resumen: el texto del varón y la mujer en el jardín, y la sentencia posterior que “marca” a toda la especie humana destaca la rivalidad perpetua entre la serpiente y la descendencia de la mujer. La relectura mariana del texto a partir de la traducción latina explica su introducción en la liturgia de hoy.

El texto del varón y la mujer en el jardín se presenta con un esquema judicial: hecho en el que se viola un mandato (3,1-7), hay un interrogatorio (3,8-13) y una sentencia (3,14-19). El mandato está presentado como tantos mandamientos: “no comerás” (2,17). La violación del mandato presenta los personajes implicados: serpiente, mujer, varón, y el interrogatorio se desarrolla de modo inverso: varón, mujer y alusión a la serpiente. La sentencia nuevamente invierte los personajes: serpiente, mujer, varón. Como es habitual en los interrogatorios, cada uno responsabiliza al siguiente: el varón a la mujer, la mujer a la serpiente. 

La sentencia, presenta los elementos negativos de la vida cotidiana vistos ahora como una suerte de pena por el mandato violado: la serpiente resulta peligrosa para la especie humana, el dolor del parto, el dominio del varón sobre la mujer, el trabajo arduo y muchas veces infructuoso del campesino… [Desde una mirada de género resulta evidente que el dominio del varón sobre la mujer es algo negativo y perverso que el autor ve en su tiempo presente y tiene claro que no es eso lo que forma parte del plan de Dios para los seres humanos].

El motivo de la elección del texto para la liturgia de hoy está dado fundamentalmente por el v.15, en el texto hebreo se destaca que “el linaje de la mujer”, es decir, la humanidad, estará en constante enemistad con las serpientes. Es evidente el peligro que este animal representa para el campesino y el conflicto entre ambos. Sin embargo, la traducción latina de la Vulgata no señala la enemistad entre “él” (= el linaje) sino “ella”, es decir, la mujer. La gran cantidad de imágenes marianas en la que se ve a María pisando la cabeza de una serpiente manifiestan claramente la eficacia de esta relectura.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso     1, 3-6. 11-12

Resumen: Un himno de los cristianos venidos del judaísmo canta la realización de todas las bendiciones prometidas a Israel alcanzadas en Cristo. Pero estas bendiciones la Iglesia las ha visto también realizadas en la Madre de Jesús desde el momento de su concepción.


El discípulo de Pablo que escribe Efesios parece citar un himno litúrgico cantando la realización de las promesas de Israel (1,3-12, dirigida a “nosotros”), ampliadas ahora también a los no judíos (3,13-14, dirigida a “ustedes”). Muchas características de Israel se celebran realizadas: “bendición”, “elegido para ser santos”, “ser sus hijos”, “redención”, “conocimiento del misterio”, “herencia”, que han alcanzado su plenitud y realización en Cristo. Israel sabía que era pueblo elegido, santo, hijo de Dios… y los cristianos provenientes del judaísmo proclaman que eso se ha realizado perfectamente en Cristo. Y además, que se ha hecho extensivo a los paganos a partir de que se le ha predicado el Evangelio y han creído en él (v.13). 

Sin embargo, muchos de estos temas, particularmente la elección antes de la creación del mundo (v.4) parecen haber influido en que el texto fuera incorporado en la liturgia de hoy. María es elegida desde su misma concepción para ser la madre del Hijo de Dios, “santa e inmaculada” (v.4), “elegida de antemano” (vv.5.11).


Evangelio según san Lucas     1, 26-38

Resumen: En un esquema de “encargo de misión” un enviado de Dios se dirige a María para anunciarle el nacimiento y la misión del hijo por venir. Llena del espíritu de Dios –algo habitual ante un encargo divino- María acepta la propuesta del ángel. Esta aceptación es la que da razón a la elección eterna manifestada en su concepción inmaculada.



Lucas pone en paralelo –como es habitual en él- dos anuncios angélicos en los que resaltará la misión que Dios ha previsto a los hijos que ambos engendrarán. El esquema es semejante a los “encargos de misión difícil”, como el que recibirá Jeremías, por ejemplo (Jer 1,4-10). Sin embargo, lo que ocurrirá entre ambos es notablemente diferente: Zacarías e Isabel se asemejan a los grandes personajes del A.T. en los que a pesar de ser justos, la mujer ya anciana no ha tenido hijos, a la espera de una intervención decisiva de Dios. Lo que ocurrirá en María es abismalmente diferente, no solamente porque se trata de una joven, casi niña, y en una situación totalmente novedosa, sino que ambos hijos también lo serán. Isabel llamará a María “la madre de mi Señor” luego que el niño que lleva en su seno se llene de alegría brincando (1,41-44). 

Sin duda, de todos modos, la lectura alude a la inesperada maternidad virginal de María y la misión de su hijo como hijo de Dios, no a lo que podemos llamar la infancia de María o su misma gestación, algo de lo que escribirán algunos evangelios apócrifos. Sin dudas, el “sí de María” es la razón por la que Dios la ha escogido desde siempre, y es este “sí” el que hoy propone la liturgia. Para este sí es que la madre de Jesús es llamada “llena de gracia” (kéjaritômenê, el término se encuentra también en el himno de Efesios que acabamos de comentar, v.6: «para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració [ejarítôsen] en el Amado» [Ef 1,6]).

Siguiendo el esquema habitual: intervención divina – saludo – “no temas” – encargo de misión difícil – duda – signo hay algunos elementos que son propios de este relato y se deberán comentar en otra ocasión. El acento principal en este texto elegido para esta celebración está dado en la aceptación de María a la maternidad que se le anuncia.

video con comentario al Evangelio
https://youtu.be/7PwZUafJicw
que también se puede ver en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/12/video-con-comentario-al-evangelio-de-la.html



viernes, 1 de diciembre de 2023

El celibato de Jesús

El celibato de Jesús

Eduardo de la Serna


Acabo de ver que el Papa dijo a seminaristas franceses que “los sacerdotes son célibes sencillamente porque Jesús fue célibe” y, añadió que “nadie tiene poder para cambiar la naturaleza del sacerdocio ni la tendrá nunca”.

Y esto, así dicho, me suscitó un número importante de dudas.

La primera pregunta es, precisamente, si realmente Jesús era célibe. Curiosamente, en muchos ambientes, sólo formular la pregunta resulta ofensivo, como si al hacerlo se “manchara” la memoria de Jesús. ¿Cuál sería el problema si Jesús no lo hubiera sido? Para empezar, señalemos que ser “célibe” no es sinónimo de no ser casado (como – teológicamente hablando – el ayuno no es sencillamente “no comer”). El celibato es una razón teológica por la cual alguien elige un modo de vida de “soltería”. Y esa razón teológica es, sin duda, el Reino de Dios. Por tanto, afirmar eso de Jesús supone ambos elementos: que realmente no hubiera formado una pareja y, en segundo lugar, que esto hubiera sido por una razón superior consciente. A nivel histórico, por tanto, esto supondría que a la edad de contraer matrimonio (en el ambiente campesino lo habitual para los varones era en torno a los 17 años; aunque era diferente en el ambiente urbano) Jesús, por una razón expresa, rompe con las costumbres (incluso familiares) y ya tiene clara la centralidad del Reinado de Dios. ¿Es eso posible en un ser humano que, como todos, crece en conocimiento? (cf. Lc. 2,40.52) Es sabido que – en general – el matrimonio, en Israel, más que un derecho era un deber. El Nuevo Testamento no dice nada de un supuesto matrimonio de Jesús, pero, con criterios históricos, eso más que afirmar la soltería afirmaría su matrimonio. Los buenos estudios sobre el “Jesús histórico” se multiplican, y no parece que se los tenga en cuenta en dichos como el mencionado. Tengo serias dudas de que Jesús hubiera contraído matrimonio, pero, la argumentación “fue / no fue” debe seguir criterios serios de historicidad. Y no se menciona ninguno de ellos en el simple dicho “fue célibe”.

Ahora bien, cuando se habla del ministerio ordenado suele hacerse – lamentablemente – referencia “jurídica” (como si Jesús, en esa frase, hubiera instituido el “sacerdocio”: “hagan esto en memoria mía”). Como se supone (sin razones evidentes) que en tal cena solo estaban los Doce (y no había mujeres), se utiliza el texto para negar el acceso al ministerio a las mujeres (¿seguro que no había mujeres en la cena? Personalmente creo que las había). Curiosamente, por ejemplo, el argumento al que se recurre es que “en aquellos tiempos” las mujeres no comían con los varones. Si aplicamos a la letra el criterio: “así se hacía entonces”, también debería aplicarse para el matrimonio: “en aquellos tiempos los varones debían contraer matrimonio”. Pero supongamos todo lo que acríticamente  se sostiene por lo cual se afirma frecuentemente que en la cena Jesús instituye el sacerdocio al elegir para tal ministerio a los Doce. Es decir, a varones casados. Es decir, en la naturaleza del sacerdocio está el ser casados.

Pero quedan más preguntas todavía… Jesús no era sacerdote sino laico. Un enorme trabajo teológico-espiritual hubo de dar el autor de Hebreos para hablar del sacerdocio de Cristo. Para no alargarlo, el autor afirma que lo es por la resurrección. El glorificado es sacerdote de un modo nuevo (orden de Melquisedec); no es “la persona de Jesús” el sacerdote, sino el Cristo glorioso (y por eso “no muere más”, y por eso lo es “para siempre”).

El planteo superficial de que “porque así fue Jesús” pareciera obligar a todos los varones que accedan al ministerio ordenado a ser judíos, hablar arameo, circuncidarse (al octavo día) y ser “carpinteros”. Ciertamente nada de eso tiene nada que ver con el “sacerdocio”. Ah… y obviamente, ser varones.

Ciertamente podemos estar de acuerdo que nadie puede modificar “la naturaleza” del sacerdocio. Pero todos coincidiremos en que hay cosas esenciales y cosas ocasionales, como ocurre en todo lo “natural” (terminología ya bastante en crisis, por cierto). Los cientos de cambios que ha habido en la historia de la Iglesia en los modos de celebrar los sacramentos, evidentemente, ayudan a ver la distinción entre lo esencial y lo circunstancial. Lo fundamental en “el sacerdocio” (judío y nuevo, según Hebreos) pareciera ser el hecho de ser mediador. Pero, si el sacerdocio antiguo para “mediar” debía separarse de la humanidad lo más posible para tender hacia Dios, en el caso del sacerdocio nuevo, ocurre todo lo contrario: debe aproximarse a la humanidad lo más posible hasta hacerse semejante en todo a ella (con excepción del pecado), de allí que se caracterice por la misericordia y la credibilidad. Eso pareciera ser la naturaleza del sacerdocio “cristiano”.

En suma… lo dicho por el Papa me ha dejado una enorme disconformidad… parece más un slogan que un planteo teológico – espiritual. Y creo que si algo no espero de los pastores (lo que me incluye, por supuesto) es recurrir a slogans insustanciales. Creo que el pueblo de Dios no se lo merece.


Curación de la suegra de Pedro, ilustración de la abadesa Hitda de Meschede (Siglo X) en el “Códex Hitda” que se conserva en la biblioteca regional de Hessische, Darmstadt, Alemania tomada de https://parroquiadefatimamiraflores.blogspot.com/2017/09/curacion-de-la-suegra-de-pedro-lc-4-38.html