martes, 26 de diciembre de 2023

Comentario a las lecturas del domingo de Sagrada Familia "B"

 Sagrada Familia "B"

Una familia en camino tras las huellas de las manifestaciones de Dios


Eduardo de la Serna



Reiteramos lo dicho en más de una ocasión: la liturgia presenta –podemos llamarlo así- dos tipos de textos bíblicos: los textos continuados, donde se deja hablar al texto que corresponda (aunque escogido, por cierto, ya que hay textos que son “salteados”) y textos “temáticos” escogidos a partir del tema litúrgico que se celebra. En estos casos, lo principal no está puesto tanto en lo que el texto dice, sino en lo que este afirma a partir de lo que “se le pregunta”. En este caso concreto, sobre la “Sagrada Familia”. Nuestra intención en estas páginas es procurar leer lo que los textos dicen, aunque no siempre “digan” lo que se busca en ellos. Sin embargo, la enorme diferencia cultural entre nuestro tiempo y el tiempo bíblico debe tenerse en cuenta. En el caso de la “familia”, por ejemplo, es evidente que el modelo familiar bíblico en muy poco se parece al nuestro; los horizontes son muy distintos y la pregunta quizás deba ser “¿qué nos aportan los textos bíblicos, al hablar de la familia, a las familias de hoy?” Pretender una lectura “lineal”, o un “repetir” modelos sería fundamentalismo, sin duda alguna.


Lectura del libro del Eclesiástico     3, 3-7. 14-17


Resumen: el mandamiento de “honrar padre y madre” es reiterado y ejemplificado en clave religiosa por el sabio.


La religión de Israel –expresada en los mandamientos- no se limita a un modo de encuentro con Dios, sino que es inseparable del encuentro con los “otros”, y en este caso, en primer lugar con los progenitores. “Honrar padre y madre” (cf. Ex 20,12; Dt 5,16) es el primero de los mandamientos que dice relación a los “demás”. La teología de la retribución sostenía que el cumplimiento de los caminos de Dios repercutiría positiva o negativamente, según se cumpliera o no, en la vida del sujeto. Así, quién “honra a su padre”, tendrá una larga vida (1,12), verá perdonados sus pecados y alcanzará otra serie de bendiciones (cf. Ex 21,17; Tob 4,3-4; Pr 1,8). 

Y este “honor” debe mantenerse particularmente cuando los padres ya estén ancianos, débiles o seniles ya que no hacerlo es semejante a “blasfemar” y provocar a Dios (cf. Lv 20,9; Pr 20,20). Ese es el orden social establecido por Dios (3,1-2). El relato luego de presentar el tema, partiendo del mandamiento y su contexto sapiencial, lo ejemplifica con una serie de “aquel que…” (vv.3.5.6) destacando las consecuencias benéficas del cumplimiento. Pero existe la posibilidad de que el hijo (no parece referirse a los hijos menores, ya que es un maestro de sabiduría el que se dirige a ellos como “hijos” [v.1], por tanto deben ser sus discípulos) no honre a su padre. La vergüenza de semejante actitud se manifestarán entonces en una serie de términos maléficos: como blasfemo y maldito.

 

 Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas     3, 12-21


Resumen: Una serie de normativas presenta la parte exhortativa de la carta a los Colosenses. Empezando por las consecuencias del bautismo en la vida cotidiana, siguiendo por la reunión litúrgica de la comunidad y finalmente mostrando cómo debe vivir una familia en este tiempo en el que la familia (= la casa) era vista como una ciudad en miniatura y por tanto debía manifestar su adaptación al mundo contemporáneo. La carta, sin embargo, no omite destacar los elementos propios que reflejan la propia identidad.

 

Como es habitual en las secciones exhortativas de las cartas paulinas, nos encontramos una serie de verbos en  imperativo, “mortifiquen”, “desechen”, “revístanse”… (vv.5.8.12…).


La insistencia en “revestirse” proviene del v.10 donde se presenta como antítesis de “despojarse”, contrastando el “hombre viejo” y el “hombre nuevo”. El contexto del revestimiento es bautismal, como lo hemos señalado en otra ocasión y se refleja aquí en el texto aparentemente pre-paulino “no hay griego y judío…” (cf. 1 Cor 12,13; Ga 3,28). Las consecuencias visibles en la vida de este “revestimiento” se presentan como “ser elegidos, santos, amados, con entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportando a los otros y perdonando a los demás”. Este catálogo de “capacidades bautismales” llega a la plenitud en el máximo “revestimiento”, el del amor (v.14) que es lo que integra plenamente (syndesmos) en la “perfección” (teleiotês). La unidad concluye con una referencia a la paz y a la acción de gracias (eujaristoi) que deben acompañar al cuerpo eclesial.

La segunda unidad (vv.16-17) concluye también con una invitación a “dar gracias” (eujaristéô). En este caso se exhorta a que en la comunidad “habite” (enoikéô) abundantemente. Esa presencia de la “palabra de Cristo” llevará a la instrucción y amonestación con “toda sabiduría”. Y a cantar “salmos, himnos y odas espirituales” (psalmois hymnois hôdais pneumatikais) en gracia (en járiti) a Dios en los corazones (en tais kardiais). Y a que todo lo que hagan los miembros de la comunidad, sea de palabra o de obra (en logô ê en ergô) sea hecho “en el nombre” de Jesús, dando gracias al Padre.

La tercera unidad (que es probablemente la razón por la que es incorporada esta lectura en la celebración del día) conforma lo que se conoce como “códigos domésticos”. En la antigüedad eran frecuentes los “códigos”, es decir, listas de acciones a evitar o a realizar en determinadas circunstancias. Pecados que se han de evitar en un ambiente donde abundan (catálogos de vicios), cosas que se han de practicar en esos mismos ambientes (catálogos de virtudes), cosas que debe practicar el ministro en una ciudad o comunidad (catálogos de ministerios) y cómo debe comportarse un “amo de casa” (oikodespotespaterfamilias) para ser reconocido en esa comunidad; la “casa” era tendida como una “ciudad en pequeño” y así se debía manejar la casa, como un gobernante la ciudad. Estos catálogos (todos ellos) son frecuentes en el ambiente greco-romano, y son también habituales en el Nuevo Testamento. En concreto, un buen “amo de casa” debe mostrar visiblemente que lo es “sometiendo” a su/s mujer/es, a sus hijos y a sus esclavos. Así funciona una “casa” en el mundo antiguo. Los cristianos, que cuando ya han pasado los primeros tiempos carismáticos empiezan a organizarse y estructurarse, lo harán precisamente siguiendo ese modelo: la casa. Es una manera demostrarse ante la sociedad como un grupo que no va a romper con lo establecido. Pero –sin embargo- hay una diferencia con respecto a los catálogos de la sociedad, y eso es precisamente destacar y fortalecer la propia identidad. “No somos revoltosos, pero tenemos nuestro modo propio de vivir”. 

Por ejemplo, así dice Platón: 

«si hubiera necesidad -añadí- de decidir cuál de estas cualidades constituirá principalmente con su presencia la bondad de nuestra ciudad, sería difícil determinar si será la igualdad de opiniones de los gobernantes y de los gobernados o el mantenimiento en los soldados de la opinión legítima sobre lo que es realmente temible y lo que no o la inteligencia y la vigilancia existente en los gobernantes o si, en fin, lo que mayormente hace buena a la ciudad es que se asiente en el niño y en la mujer y en el esclavo y en el hombre libre y en el artesano y en el gobernante y en el gobernado eso otro de que cada uno haga lo suyo y no se dedique a más» (República IV, 433 cd).


Con la intención de que el judaísmo sea aceptado por los romanos, Flavio Josefo presenta su modo de vida con criterios semejantes:


«¿Y en lo referente a los matrimonios? Nuestra ley aprueba únicamente aquellas relaciones sexuales que son la unión con la esposa, y sólo cuando tiene por objeto engendrar hijos (…) La mujer, dice la escritura, es en todo inferior al varón. Por lo tanto, que obedezca al varón, no para su ignominia, sino para que siga su dirección y mandato, porque Dios otorgó al varón fortaleza y poder (…) La ley ordena criar a todos los hijos (…) desde la primera infancia la educación de los hijos debe encaminarse a la sobriedad; la ley ordena enseñarles a leer, los preceptos de la ley y los hechos de nuestros mayores…» (Contra Apión II,199).


Lo interesante del código de Colosenses es que está dirigido en primer lugar a los débiles (mujeres, hijos y esclavos) –quienes son mencionados en primer lugar-.  La actitud de los débiles es teologizada (vv. “conviene en el Señor”, v.19; “es grato a Dios”, v.20; “temiendo al Señor”, v.22), pero el “amo de casa” tiene la responsabilidad de “no abusar” de su poder, este es limitado.


El texto litúrgico (seguramente por motivos de que no se supone que hoy haya esclavos, lo cual es evidentemente dudoso) omite el tercer par: esclavos y amos, que es el más extenso y parece haber sido importante en su incorporación en esta sección.


Sin duda, este texto leído fuera de su contexto histórico-cultural ha sido responsable de grandes injusticias con los esclavos y con las mujeres, lo que –además- se pretendió justificado teológicamente. Sin duda no es así como hoy a de leerse este “código”. Ciertamente no es “aquella casa” semejante a “la casa” en la que hoy se despliega la humanidad, y es en “esta” en la que debiéramos encarnar los valores del Evangelio.



+ Evangelio según san Lucas     2, 22-40


Resumen: el cumplimiento de la Ley es una suerte de elemento que se repite constantemente. María y José son fieles a la ley de Dios y presentan al niño al Templo haciendo la ofrenda de los pobres. Un varón y una mujer enviados por Dios reconocerán en el niño el cumplimiento de las expectativas bíblicas.



Uno de los elementos característicos de las escenas de la infancia en Lucas es remarcar el cumplimiento de la ley por parte de los padres de Jesús. En el texto de hoy esto se repite frecuentemente (vv.22.23.24.27.39).


El texto en su estructura es paralelo a Juan el Bautista:


Juan el Bautista
Jesús
Circuncisión al 8vo día: 1,59
Circuncisión al 8vo día: 2,21
Imposición del nombre: 1,60
Imposición del nombre: 2,21
Cántico (con referencias al AT): 1,69-79
Cántico (con referencias al AT): 2,29-32
Crecimiento del niño: 1,80
Crecimiento del niño: 2,40



Muchos elementos conforman el relato de la liturgia de hoy. El esquema es sencillo:


Purificación de “ellos” (vv.22-24)

Un varón justo / una mujer justa reconocen al niño (vv.25-35 / 36-38)

Sumario conclusivo (vv.39-40)



El texto es muy complejo e interesante; pero para la celebración de hoy señalaremos solamente aquello que hace a la liturgia del día. El texto comienza y termina con una referencia a que los padres de Jesús actúan conforme a “la Ley” (vv.22.39). Esto es algo importante en Lucas (cf. 2,21.41; cf. Hch 1,12), y precisamente “conforme a la ley” presentan el niño al Señor.


Destaquemos que en el mundo antiguo es propio de las personas religiosas ser agradecidos con la divinidad que nos ha dado sus dones. Precisamente por eso, por ejemplo, se le ofrecen las primeras crías de ganado, o las primicias de la cosecha. Sin embargo, en Israel no se ve con buenos ojos “ofrecer” a Dios el hijo primer nacido; los sacrificios humanos son aborrecidos (aunque hubo algunos casos detestados por la Biblia; 2 Re 21,6; cf. Lev 18,21; Dt 18,10; 2 Re 23,10; Gén 22,1-19). Casi podríamos imaginar de este modo la ofrenda: a Dios se le puede dar lo mismo que se puede comer, como si Dios lo “comiera”. Caso contrario, aquello que no es “puro” para ser alimento no se ha de “ofrecer”, y por tanto se ha de “rescatar”. Es decir, se ofrece algo sustitutivo, como un cordero o un cabrito. Es –fundamentalmente- el caso de los hijos, en este caso de han de presentar una “res menor”, y si no alcanza el dinero para hacerlo presentarán dos tórtolas o dos pichones (Lev 12,7b-8), se los rescata, se le “presentan” a Dios. María y José, es evidente, son pobres y presentan agradecidos la ofrenda de los pobres.. 


El Evangelio extrañamente informa que es el tiempo de la purificación de “ellos”. No se refiere a la madre, que debe purificarse después de la maternidad, sino de “ellos”; es posible que esté aludiendo a que con la presentación de Jesús ha comenzado el “día” y así “los hijos de Leví” sean purificados porque la ofrenda que se ha presentado en el Templo es perfecta (cf. Mal 3,3, primera lectura). 


Ante esta presentación se acercan al Templo –como es frecuente en Lucas- un varón y una mujer (cf. 13,18-21; 15,4-10; etc.) que hablan públicamente del niño. La “esperanza en la consolación de Israel” y la “esperanza en la redención de Jerusalén” enmarcan la doble escena (vv.25.38). En medio de esta escena Lucas incorpora (como lo ha hecho en otras ocasiones, cf. 1,46-55; 1,68-79; 2,14) un canto que manifiesta la realización de las esperanzas de Israel con la alegría de los “pobres de Yahvé”. 


La escena concluye con un relato sobre el crecimiento del niño, semejante a lo dicho sobre Juan, el Bautista (1,80) que parece a su vez remitir a Samuel: “iba creciendo y haciéndose grato tanto a Yahvé como a los hombres” (1 Sam 2,36).


El video con comentario al Evangelio puede verse en
o también en


foto tomada de ¿Quién es Jesucristo? - blogger

lunes, 25 de diciembre de 2023

viernes, 22 de diciembre de 2023

Olores hediondos

Olores hediondos

Eduardo de la Serna



No sólo el FMI, sino también la UIA y AEA han apoyado el DNU de Milei. El poder judicial, siempre servil a los poderes, nunca a “la justicia”, derogó la cárcel para “el Croata”, y sobreseyó a todos los implicados en el tour a Lago Escondido. ¿Sorpresa? ¡Ninguna! Siempre supimos que Milei se rige por “su ley”, y los poderosos, ¡también!

Por otro lado, en menos de una semana, el neo-presidente recibió elocuentes saludos al votar en Boca, y tuvo piquetes, pequeños, sí, pero piquetes al fin, y cacerolazos (¿otra vez vuelve la farsa de “piquete y cacerola, la lucha es una sola?”). Se expresaron contra el DNU las CTA, organizaciones sociales, y ¡hasta Larreta, y hasta, nada menos que la CGT!!!

Ya se empiezan a escuchar críticamente voces que lo votaron… Algunos – negacionistas, como corresponde – afirmando “¡yo no lo voté!”, jaja. Otros, diciendo que creían que no iba a hacer lo que dijo que iba a hacer… no me queda claro, estoy confundido… si lo votaron convencidos que no iba a hacer lo que dijo que iba a hacer… ¿qué fue lo que votaron? Y si hace lo que dijo que iba a hacer, ¿de qué se quejan sus votantes? ¡tiempos raros!

¿Cómo sigue esto? Creo que habrá un (breve) tiempo de relax presidencial… Las fiestas hacen que la gente se concentre en otra cosa: encuentros familiares, como se pueda, como quepa, y pronto los tiempos de vacaciones en los que, aunque no puedan ir a ninguna parte, muchos no tendrán que trabajar y ser maltratados, ni pagar el precio creciente del transporte... Pero tampoco sería extraño que aprovechando eso, siempre sedientos de sangre, muchos poderosos aprovechen para un nuevo mazazo sobre la población y eso tenga repercusiones. Eso de que “en el verano no pasa nada” dejó de tener vigencia hace mucho tiempo. Lamentablemente lo que vislumbro no es lo mejor. Se “huele” mucha tristeza, se “huele” desconcierto… y ciertos olores no son buenos augurios para el futuro no muy lejano. Se huelen muertes, se huele violencia, se huele más y peor pobreza.

Sería de desear que la Iglesia de Jesús esté cerca, muy cerca, de la gente, aunque también a ella la bendigan con algún palazo, aunque los hisopos sean de gas pimienta y comulguen con insultos o calumnias. Sería de desear, pero “huelo” que la Santa Madre, y santos padres, “negociarán en las sombras”, manifestarán un “¡qué barbaridad!” por los modernos Herodes, y callarán la palabra que deben pronunciar, aunque celebren que “la palabra se hizo carne” … al fin y al cabo, al precio que está la carne, y también el pan… y el vino… parece “prudente” permanecer “callados” … al fin y al cabo, “estamos acostumbrados” a que lo haga; “¡qué le hace una mancha más al tigre!”

 

Imagen tomada de https://es.123rf.com/photo_18539895_emoticon-tap%C3%A1ndose-la-nariz-a-causa-de-un-mal-olor.html

jueves, 21 de diciembre de 2023

Débora, una jueza

Débora, una jueza

Eduardo de la Serna

 


Como es sabido, en la Biblia hay escritos, textos, fragmentos y libros de muy diferentes tiempos. Esto es especialmente claro en el que llamamos Antiguo (o Primer) Testamento (o Alianza). Entre los estudiosos se ha sostenido que uno de los textos más antiguos de toda la Biblia es el llamado “canto de Débora” (Jueces 5). Allí se reflejan algunos elementos muy antiguos a los que prestaremos atención, pero mirando particularmente el interesante caso de una mujer profetisa ya desde los inicios del pueblo de Israel.

Presentar la historia de Israel es un tema difícil, y no es este el lugar para desarrollarlo, pero notemos, en el texto, que varias tribus andan dispersas en la actual región de Israel. Si miramos un mapa – como el que suele haber en nuestras Biblias – notaremos que las tribus (mencionadas en el canto de Débora) están en diferentes regiones, pero todas del norte del país. Por otro lado, naciones vecinas representan amenazas y en muchos casos batallas perdidas y dominaciones. Pero de esos pueblos vecinos que oprimen por momentos a Israel, el más peligroso históricamente fueron los filisteos, antiguos “pueblos del Mar”. Estos conflictos históricos los encontramos leyendo el actual libro llamado de los “Jueces” (palabra que se presta a confusión ya que entre ellos hay no solamente jueces sino también reyes, jefes, profetas (y profetisas) ... Uno de estos personajes principales es el caso de Débora.

De esta fascinante mujer sólo se habla en toda la Biblia en los capítulos 4 y 5 de Jueces. En Génesis (35,8) y Tobías (1,8) se alude a otras “Déboras” distintas, y a ella no se la menciona jamás en el Nuevo Testamento.

Siguiendo el esquema clásico del libro se comienza diciendo que “los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahveh, y Yahveh los dejó a merced de” otros pueblos (ver Jue 2,11; 3,7; 6,1; 10,6; 13,1) en este caso a merced de “Yabín, rey de Canaán, que reinaba en Jasor. El jefe de su ejército era Sísara” (4,1-2). El nombre Sírasa no es cananeo y parece provenir de los “Pueblos del Mar”, precisamente. El sentido que tienen los nombres suele ser muy importante de tener en cuenta, así que señalaremos entre paréntesis los principales.

Se nos dice que Débora estaba casada con Lappidot (= rayo), y era profetisa – es decir pronunciaba palabras de parte de Dios, en este caso a los que la consultaban – a la vez que administraba justicia a los que iban a ella, que estaba bajo una palmera (4,5). Ante la situación de opresión, ella manda llamar a Baraq (= iluminación) y le “ordena” de parte de Dios que ataque a Sísara. Ir a la batalla con la bendición de Dios aseguraba la victoria, pero hacerlo con el enviado de Dios a su lado daba más garantías aún. Por eso Barak afirma que combatirá, pero si Débora lo acompaña. El “problema” radica en que, en este caso, el honor por el triunfo no caerá sobre el general vencedor sino nada menos que sobre “una mujer” (4,9).

La garantía del triunfo, y se repite, es que Yahvé es quien conduce al ejército (4,14-15), pero “iluminado” por la voz de “una mujer”. La derrota de Sísara fue total, y huye hasta Harosheth-haggoim (= “plantación de los gentiles”). Fugitivo, se esconde en la tienda de otra mujer, aliada del rey Yabín, de nombre Yael. Pero esa “otra mujer” lo mata y lo entrega a Barak cuando este llega. Desde entonces, gracias a una mujer, y con la ayuda de otra, reinó por muchos años la paz (5,31), hasta que los israelitas “volvieron a hacer lo que desagrada a Yahvé” (6,1).

Ante esta intervención de Dios por mano de una mujer, ella entona el antiquísimo canto al que hicimos referencia más arriba (5,1-31). Es posible – todavía – que el canto tenga reminiscencias de cantos de la región como se ve en el lenguaje arcaico, pero es un himno lleno de música y de júbilo que reconoce la intervención histórica de Dios por mano de Débora; es un himno de victoria, como se conocen textos semejantes también en Egipto y Asiria. Todas las tribus (con la interesante excepción de Judá, que quizás todavía no estaba incorporada al grupo de tribus, 5,14-18) se destacan y participan con sus propias – y antiguas – características, y canta también la intervención de Yael (“bendita entre las mujeres”, 5,24-27), y cómo Dios se preocupa de su pueblo en la historia.

Es posible que este antiguo canto se cantara en los santuarios, repetido por los levitas (la tribu de Leví tampoco es mencionada), y sirviera para recordar en todos los tiempos que el Dios de Israel no se desentiende de la suerte de su pueblo.

Muchos elementos se pueden destacar en estos breves párrafos: para comenzar, la presencia de enviados de Dios, profetas, desde los orígenes de Israel para mostrar la voluntad de Dios en la vida cotidiana, desde los casos menores que Débora debía atender bajo la palmera, hasta la batalla decisiva que alcanza libertad y paz a su pueblo; también la decisiva importancia que tienen mujeres en los orígenes mismos de Israel; además, la estrecha relación que tuvo siempre en Israel la profecía con la política, y finalmente la estrecha relación entre militancia y fiesta. El canto de Débora permite cantar y seguir cantando que Dios deja su huella “iluminando” nuestra vida y la quiere seguir dejando, y no en el paso de generales o ejércitos, sino el paso de aquellos y aquellas que muchos tienen por débiles, como es el caso de dos mujeres donde Dios actuó y sigue queriendo actuar en nuestra historia (y nuestra política).


Imagen tomada de https://teolocurso.com/mosaico-sobre-debora-e-jael-encontrado-na-baixa-galileia/

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Comentario a las lecturas del domingo de Navidad "B"

 Un niño nace, la palabra de Dios se encarna en nuestra historia

NATIVIDAD DEL SEÑOR
25 de diciembre
Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     52, 7-10

Resumen: La venida de un mensajero divino en Sión comunica la buena noticia de la liberación de la opresión babilónica expresada como liberación y consuelo por la donación de la paz, el bienestar y la salvación. Es allí que Dios, y no Marduk, empieza a reinar en Jerusalén.


El así llamado “Segundo Isaías” se dirige a la élite que se encontraba en el exilio en Babilonia. Los sentimientos de los exiliados eran mezclados: castigo divino, “Dios se ha olvidado de nosotros”, “estamos pagando las culpas de otros”, etc. En este contexto de angustia, el profeta viene a cantar la esperanza, que se concreta históricamente en el fin de la situación de angustia y esclavitud. Lo que cuenta en este poema, más que el mensajero son sus pies ya que se detendrá en el tema de la llegada del mensajero y el tema del “camino”. Y el contenido expresado con tres términos cargados de sentido bíblico: paz (salom), bienestar (tôb) y salvación (yesu’á); son bienes sociales, económicos, políticos y espirituales. Hacen referencia a situaciones concretas, y en estos tres términos se sintetiza la felicidad del pueblo que se espera y anuncia. El mensajero no es especificado, y la receptora de las “buenas noticias” es Sión. Todo esto es especificado en que “reina tu Dios”. Ciertamente de este modo se entra en contraste con la realeza de los dioses babilonios. Por ejemplo, así dice el relato babilónico de la creación:

“… tú, Marduk, eres el más honrado de los grandes dioses. Tu decreto no tiene par, tu orden es Anu. Desde este día inalterable será tu sentencia. Ensalzar o humillar estará en tu mano. Tu expresión será veraz, tu mandamiento será indiscutible. ¡Ninguno de los dioses salvará tus límites! Necesitando adorno para las sedes de los dioses, esté el lugar de sus santuarios en tu lugar. ¡Oh Marduk!, ciertamente tú eres nuestro reivindicador. Te hemos concedido la realeza sobre el universo entero. Cuando en la asamblea tomes asiento, tu palabra será suprema” (Enuma Elis IV,4-15).

Los salmos de “Yahvé rey” lo repiten (47,9; 93,1; 96,10; 97,1; cf. Is 24,23). Esto está dicho muy lejos de Babilonia y debe comunicar seguridad a los oyentes. El “rey Marduk” está al caer. Los guardias de los alrededores ven venir la noticia y se propaga por doquier con júbilo indescriptible. Dios mismo está llegando en esta noticia.

La Jerusalén devastada y solitaria a la que se dirige la noticia, recibe dos verbos que son clave de todo el profeta: “consolar” y “redimir”. Tan importante es el primero que el Segundo Isaías es conocido como “el libro de la consolación”. Con ese verbo arranca toda la obra (40,1) y se acumulan ambos en esta unidad: 51,3.12.19 (consolar), 51,10; 52,3 (redimir) pero señalado como algo ya realizado (no futuro, como 40,1). La ciudad en ruinas (v.9) recibe la buena noticia de una promesa ya realizada (lo político es evidente). Para actuar con más libertad, Dios se “arremanga” (v.10; cf. Ez 4,7; Sal 74,11). Si antes el acento estaba en los pies, ahora se ubica en las manos como expresión del obrar de Dios. Y este obrar de Dios, su brazo, su salvación es visto por “todas las naciones”, o por los exiliados en todas las regiones que ven que nadie, sino sólo Yahvé es actor en la liberación de los suyos.

Los vv.11-12 culminan la unidad literaria relacionando con el éxodo, tema también importante en el Segundo Isaías, pero es omitido en el texto litúrgico del día.

Sin duda, la relectura del mensajero entendido como Jesús que viene a “evangelizar” (anunciar buenas noticias) es decisiva en la selección del texto en la fiesta de Navidad.



Lectura de la carta a los Hebreos     1, 1-6

Resumen: Poniendo en una línea de continuidad y superación la antigua y la nueva alianza, con sus mediadores: los profetas y el hijo y los destinatarios: los padres y “nosotros”, el autor de la homilía prepara todo el texto mostrando la novedad aportada por cristo, entendido desde una perspectiva sacerdotal a partir de una lectura cristológica del A.T.


Un comienzo solemne presenta la gran homilía llamada “carta a los Hebreos”; una larga oración de cuatro versículos. El punto de partida es la comunicación de Dios con la humanidad, en el pasado y en el presente obviamente contrastándolos. “De muchas formas y muchos modos en el pasado” (polymerôs kaì polytropôs) en el pasado (pálai) habló Dios a os Padres. Los mediadores de esta comunicación fueron los profetas. En los “últimos días” nos habló “en su hijo”. Ciertamente el contraste pasado -  presente se refuerza por los medios de comunicación escogidos: profetas – hijo. Y los días “esjaton” (= finales) dan sentido a esta novedad. La novedad del hijo viene dada por su ser heredero, a lo que se añade su relación (diá) con la creación (“las edades”) y por una relación tan estrecha con Dios (= Hijo, que en Hebreos es notablemente más elevado que en los primeros escritos cristianos) que no se separa de la “gloria” de Dios y no manifiesta una fracción sino la totalidad de la imagen, es “imagen perfecta”. Así “sostiene” (presente) todo lo creado en su intervención en la historia (pasado). Así se prepara la lectura del Sal 110 que será fundamental en toda la obra, comenzando por la cristología tradicional, de la primera parte del sermón (1,5-2,18) cuanto la cristología sacerdotal que se desplegará en adelante. 

La lectura añade los vv.5 y 6 cambiando el sentido del texto. En el sermón la introducción “de su primogénito en el mundo” alude a la entrada gloriosa de Cristo en el “mundo venidero, del que venimos hablando” (2,5), pero al introducirse en el texto de Navidad se alude a “este mundo” y por tanto cambiando el sentido del texto se refiere a la encarnación, y no a la Resurrección.

La importancia de la antigua alianza entendida como “revelación” y –por lo tanto- como válida, pero superada por la nueva alianza será importante en toda la obra y el motor de su lectura bíblica en toda la homilía, aquí reflejada no solamente en los tiempos verbales e históricos sino en la mención a los “padres” y a “nosotros”. En este caso la importancia de lo antiguo –visto como palabra- y por tanto mediado por los profetas, y la plenitud de la palabra del Hijo. Este movimiento del hijo  desde la preexistencia a la exaltación culmina con una menciona los ángeles, para señalar –y lo repetirá a continuación- la superioridad de Cristo sobre ellos, y la insistencia a sus destinatarios de que son continuación y plenitud del Israel antiguo de la promesa. Es en esto donde cuatro momentos son referidos: la preexistencia, la función sostenedora del universo, la salvación y la exaltación gloriosa (cf. Sab 7,25-26). La traducción de los términos griegos es difícil ya que se pueden presentar diferentes opciones: ¿es reflejo o es irradiación? (apaugasma), ¿es impresión, sello o reflejo? (jaraktêr). La ambigüedad quizás sea adrede y pueda entenderse que Cristo es irradiación o reflejo, e impronta o sello del ser divino. Haciendo eco de la palabra creadora de Génesis 1, la estrecha relación entre el Hijo y el Padre sostiene lo creado por su “palabra poderosa”. La acción expiatoria comienza –sutilmente al principio- a insinuar el tema sacerdotal y sus efectos (1,3; 9,13-14.22.28; 10,2.22; 12,24). Estar sentado a la diestra de Dios es –como se dijo- alusión al Sal 110, tan importante aquí (1,13; 8,1; 10,12).



Principio del santo Evangelio según san Juan     1, 1-18

Resumen: Un himno antiguo canta la presencia de Dios en medio de la historia. Juan lo retoma destacando que eso ocurre desde “el principio”. En nuestra historia, Dios eligió plantar una carpa para moverse con nosotros en la vida.

El conocido “Prólogo” del Evangelio de Juan constituye la lectura del día, aunque –como veremos- no es evidente que todo el texto aluda a Cristo. 

Para comenzar, llaman la atención las dos referencias en medio del himno a la figura de Juan, el Bautista (vv.6-8 y v.15) y tienen toda la apariencia de haber sido insertadas en un momento posterior (de hecho, la lectura breve del texto omite estas partes). Se ha propuesto –y parece muy probable- que el autor que introduce el himno en el Evangelio (quizás en la última etapa de la redacción) conozca un himno cristológico primitivo al cual le realiza algunos añadidos, un “Himno a la palabra de Dios”. En este sentido, el himno primitivo cantaba la palabra de Dios activa en la Creación (vv.1-5; cf. Gen 1), la palabra enviada por Dios en la historia de su pueblo, por ejemplo en los profetas (“fue dirigida por Dios la palabra al profeta X…”, cf. 1,9-13) y finalmente esa palabra se hizo carne en la historia en el envío de Jesús (vv.14.16-18). Tres momentos, entonces marcan que Dios no se ha desentendido de la humanidad en la historia, pero –como se ve- recién en el tercer momento el himno primitivo habría hecho expresa referencia a Jesús como la palabra viva que Dios dirigió. 

Ahora bien, este himno primitivo fue tomado y reelaborado por el Evangelio, y la incorporación del Bautista en diferentes momentos provoca que esa “palabra” de Dios sea vista como el mismo Jesucristo desde el primer momento. Cristo es “palabra de Dios” desde siempre, y no ya desde la Encarnación Al releerlo ya desde antes de la Creación la palabra –que ahora es Jesús- estaba “junto a Dios” y “era Dios”. El término “palabra” (lógos) es sin duda el término clave, y parece que debe entenderse en continuidad con la palabra de Dios en la historia de su pueblo, manifestada en las escrituras, y no en el sentido que le daban los griegos o los gnósticos (para estos, el “logos” tenía otro rol que es bastante diferente del que podemos encontrar en este himno). 

Hay una serie de términos que se encuentran en el relato que son claves en todo el Evangelio y sería muy extenso detenernos en ellos (por ejemplo, luz – tinieblas, vida, creer, gloria, verdad, etc.); especialmente teniendo en cuenta que la Navidad es la razón de su incorporación en la liturgia. El v.14 parece ser fundamental en este tiempo y el motivo de su incorporación:

«Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como unigénito, lleno de gracia y de verdad».

La palabra “acampó” (skênóô) está relacionada con la “gloria de Dios” (doxa) en la referencia a la “tienda del Encuentro” en el desierto, donde Dios se hace presente a su pueblo (Ex 40,34.35; Lev 9,23; Núm 14,10; 16,19; 17,7;  20,6); también se dice en relación a la Sabiduría (Sir 24,8). Allí el pueblo podía encontrarse con Dios, ahora esta gloria se manifiesta en la presencia de Jesús como palabra hecha carne. Es probable que la insistencia en la carne (sarx, Mt x5, Mc x4, Lc x2; Jn x13) tenga que ver con una posición conflictiva con los espiritualistas de la comunidad que terminan negando la carne en nombre de la novedad aportada por Jesús, pero esta “desencarnada”. Lo que viene por esta palabra encarnada es la “gracia” y la “verdad” (gracia en Juan sólo se encuentra en el prólogo, vv.14.16.17) que superan la ley dada por Moisés (v.16). Esta gloria le viene dada por su condición de “unigénito” (monogenês). Pero la novedad también viene dada por el uso del “nosotros” (antes se expresó en tercera persona), los lectores y oyentes somos introducidos en este mundo nuevo por la encarnación. La carpa puesta por la palabra no nos deja fuera o como espectadores sino que actúa en nosotros y “hemos recibido” (v.16).

martes, 19 de diciembre de 2023

Comentario a las lecturas del domingo 4º de adviento "B"

 Dios sigue comprometido con su pueblo, 

y lo manifiesta en una niña

DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO – «B»

Eduardo de la Serna



Lectura del segundo libro de Samuel     7, 1-5. 8b-12. 14a. 16

Resumen: La llamada “profecía de Natán” destaca la intervención de Dios, por intermedio del profeta, en la familia de David asegurando que uno de su “casa” siempre estará en el trono y que Dios lo adoptará como una suerte de “hijo” adoptivo.


El texto litúrgico de hoy presenta – con ligeras omisiones – la llamada “profecía de Natán” a David, rey. 

El texto tiene muchos elementos a tener en cuenta, pero nos detendremos en los fundamentales para la comprensión del relato (y la razón de su incorporación en la liturgia del día).

El texto presenta a David como un rey ideal que, luego de haberse establecido en su “casa” en la ciudad, ve como injusto que Dios no tenga una casa firme como la que él tiene (de cedro), y se propone  hacerle una “casa” (= templo) a Dios. Siendo el rey ideal, el profeta de la corte, Natán, le dice que “Yahvé está contigo”, que haga “todo lo que le dicta el corazón”. Pero en sueños Natán recibe de parte de Dios una “contraorden” que es el corazón del relato: “¿Me vas a edificar tú una casa?" (v.5) “Yahvé te anuncia que Yahvé te edificará una casa” (= familia). El triple sentido del término casa marca el ritmo del relato: casa-palacio, casa-templo y casa-descendencia. Pero, por otro lado, el contraste marca la voluntad de Dios (para el historiador pro-davídico que transmite el relato). Voluntad de Dios - voluntad del rey permiten notar un nuevo elemento. La religiosidad no concibe que Dios no tenga un templo, pero lo que Dios quiere es el espacio histórico de la realización de su voluntad, cosa que un gran rey como David ha concretado, de allí que Dios eliminara sus enemigos (vv.9-10). Una breve reseña de la historia de Israel destaca que a David Dios lo sacó detrás de los pastos del ganado para conducir “a mi pueblo Israel” (v.8). El lugar en el que Dios habita es la tierra de Israel (v.10), se ocupa de la paz (v.11) e incluso cuando David muera, la “casa de David” seguirá allí para estar firme. 

El autor sabe que la descendencia de David no ha sido fiel a Dios con mucha frecuencia, pero eso no impide que Dios sea fiel a ellos. “No apartaré de él (= tu hijo) mi amor” (v.15). Otros autores bíblicos y profetas – como Isaías o Jeremías – no serán tan benévolos con la dinastía de David. 

La “conveniente profecía” en tiempos convulsionados en los que más de una vez David ve amenazado su trono da una “garantía divina” a la “casa de David”. De hecho, políticamente, durante toda la existencia de la monarquía de Judá siempre será un descendiente de David el que ocupe el trono, cosa que no ocurrirá en el reino de Israel en el que por conspiraciones y asesinatos las dinastías permanecían muy poco tiempo.

Pero esto también trajo al pueblo un nuevo elemento: cuando – a partir de la destrucción de la ciudad – en el año 587 a.C. dejaron de haber reyes en Judá, la expectativa en que “alguna vez tendremos un rey” se proyectará a futuro (de donde, más tarde, nacerán expectativas mesiánicas).

Un nuevo elemento, político y a la vez teológico será importante. En Oriente era frecuente que los reyes fueran vistos como “hijos del dios” (el caso del faraón es el más elocuente). El monoteísmo bíblico impedía semejante afirmación, pero no impedía que viera que el rey era “adoptado” por Dios como una suerte de hijo (v.14). Esta fórmula de adopción, con el tiempo, al llegar el N.T. permitirá destacar el título a Jesús.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     16, 25-27

Resumen: en una oración conclusiva, la carta se dirige a Dios como el que asegura la fidelidad al Evangelio y la predicación que Pablo realizó en favor de los gentiles.


El capítulo final de la carta a los romanos (c.16) ha dado lugar a muchas interpretaciones. Es todo un capítulo de saludos, a diferentes miembros de la comunidad por parte de Pablo (vv.3-16) y – luego de un paréntesis exhortativo (vv.17-20) una serie de saludos de compañeros de Pablo a los destinatarios (vv.21-23 [el versículo 24 sólo se encuentra en muy pocos textos, como la vulgata Sixto Clementina, y debe omitirse, como lo hacen la mayoría de las traducciones y comentarios]). A continuación irrumpe el texto una oración conclusiva, una doxología (vv.25-27) con apariencia de haber sido añadida. Las doxologías suelen ser breves (y nunca como conclusión), y esta, en cambio, es extensa y con elementos semejantes a Ef 3,20-21; 1 Tim 6,15-16; Jds 24-25 como también elementos de vocabulario, poco o nada paulinos (como es el caso del término “misterio”, sin referencias a Israel; cf. Rom 11,25). Incluso, el término “obediencia de la fe” en 1,5 apuntaba a la obediencia / desobediencia de los judíos, mientras nada de eso se encuentra aquí. Otros términos también parecen no paulinos: poder (dynaménô), eterno (aiôniou), único sabio (monô sofô), comando (epitagê) y profético (profetikós). Del mismo modo, es extraño que en la conclusión no aparezca ninguno de los temas centrales de la carta. La carta, además, ya tuvo su conclusión. El texto tiene toda la apariencia de un final litúrgico añadido tardíamente a la carta [ciertamente esto no significa que el texto no sea incorporado al canon bíblico y debidamente valorado].

El texto se dirige a Dios en tercera persona en su relación con los romanos. Es el único garante (“fuerza”) que puede garantizar en los destinatarios el evangelio de Cristo que es lo predicado (kêrygma) por Pablo. De este modo genérico, todo el contenido de la carta queda sintetizado.

Este “evangelio” es presentado como “misterio”-“revelado”. Es propio de la literatura apocalíptica la presentación de aquellas circunstancias del plan de Dios en la historia que resultan incomprensibles (como por ejemplo, ¿por qué son asesinados los fieles y justos por parte del imperio?). Este misterio tiene siempre como característico que en algún momento será "revelado". Los dos términos se encuentran juntos en esta unidad. Pero a diferencia de 11,25 donde la integración de los gentiles a Israel es presentado como misterio, aquí alude solamente a los paganos. Por otra parte, es calificado de “silenciado”, algo que es totalmente novedoso (en las deuteropaulinas – Colosenses y Efesios – se lo califica de “escondido”, cf. Col 1,26-27; Ef 3,5.6.9). En una frase literariamente contradictoria (oxímoron) se afirma que esto fue mantenido en silencio por “tiempos eternos” (jronois aioniois).

Esto es “ahora” (nyn) manifestado (fanerôthentos) en las escrituras proféticas (grafôn profêtikôn) según el “orden del eterno Dios” (kat’epitagen tou aiôniou theou) dado a conocer a todos los gentiles. Manifestado y dado a conocer enmarcan el versículo. El primero es sinónimo de “revelación” (y antitético de “silenciado”) mientras el segundo la especifica en la línea del evangelio y la predicación. No es evidente a qué se refiere, en cambio, al hablar de “escrituras proféticas” (¿a los profetas?, ¿a todo el AT?, ¿también a escritos cristianos?). Tampoco es común el “orden del eterno Dios” (cf. Tit 1,3). Sólo por iniciativa de Dios es posible comprender lo incomprensible de las Escrituras y lo silenciado en ellas. La obediencia de la fe se dice, en este caso, como se ha dicho, solamente de los gentiles, sin incluir a Israel. Todo este contexto tiene la apariencia clara de ser muy tardío. 

La doxología propiamente dicha se dirige al “sólo sabio Dios” (monô sofô theô), quizás en contraste con la sabiduría humana (cf. 1 Cor 1,18-25). Cristo, en este caso, se presenta como el intermediario de la gloria (dia Iêsou Jristou, por intermedio de Jesús Cristo). A ese Dios se da “la gloria” por los siglos. El semítico “amén” confirma la adhesión a lo dicho, es afirmación (no es “así sea”) y es la confirmación de lo dicho por parte de toda la asamblea (cf. Neh 5,13; 8,6).



Evangelio según san Lucas     1, 26-38

Resumen: el anuncio de la intervención definitiva de Dios en la historia se concreta en la invitación a una niña a aceptar el paso de Dios en su vida para que en ella se geste “el hijo de Dios” que ha de venir a su pueblo.


El texto del Evangelio del día es el mismo de la liturgia de la Inmaculada Concepción. Lo hemos comentado recientemente. Sin embargo, allí no nos hemos detenido en algunos elementos vista la particularidad de la fiesta litúrgica.
Repetimos aquí lo allí dicho, pero a continuación añadimos algunos elementos al texto sin omitir que la intención de la liturgia también es “mariana”.

Lucas pone en paralelo – como es habitual en él – dos anuncios angélicos en los que resaltará la misión que Dios ha previsto a los hijos que ambos engendrarán. El esquema es semejante a los “encargos de misión difícil”, como el que recibirá Jeremías, por ejemplo (Jer 1,4-10). Sin embargo, lo que ocurrirá entre ambos es notablemente diferente: Zacarías e Isabel se asemejan a los grandes personajes del A.T. en los que a pesar de ser justos, la mujer ya anciana no ha tenido hijos, a la espera de una intervención decisiva de Dios. Lo que ocurrirá en María es abismalmente diferente, no solamente porque se trata de una joven, y en una situación totalmente novedosa, sino que ambos hijos también lo serán. Isabel llamará a María “la madre de mi Señor” luego que el niño que lleva en su seno se llene de alegría brincando (1,41-44). 

Sin duda, de todos modos, la lectura alude a la inesperada maternidad virginal de María y la misión de su hijo como hijo de Dios, no a lo que podemos llamar la infancia de María o su misma gestación, algo de lo que escribirán algunos evangelios apócrifos. Sin dudas, el “sí de María” es la razón por la que Dios la ha escogido desde siempre, y es este “sí” el que hoy propone la liturgia. Para este sí es que la madre de Jesús es llamada “llena de gracia” (kéjaritômenê, el término se encuentra también en el himno de Efesios que acabamos de comentar, v.6: «para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració [ejarítôsen] en el Amado» [Ef 1,6]).

Siguiendo el esquema habitual: intervención divina – saludo – “no temas” – encargo de misión difícil – duda – signo hay algunos elementos que son propios de este texto y se deberán comentar en otra ocasión. El acento principal en este texto elegido para esta celebración está dado en la aceptación de María a la maternidad que se le anuncia.

Añadido a lo dicho:

Esto nos invita a no olvidar que la intención del texto es “cristológica”.

Como hemos señalado, el esquema del relato es coherente con otros textos tanto del NT como del AT sobre anuncios de nacimientos y encargos difíciles. En este caso, el acento está puesto en la misión del hijo que se le anuncia a María que engendrará. En este mismo sentido, el “¿cómo será esto?” no puede entenderse como una referencia – tal como algunos Padres de la Iglesia entendieron – sobre un supuesto “voto de virginidad” que María habría hecho (la lectura en ese caso diría: ¿cómo es posible si no conozco ni conoceré varón?). El uso del “cómo” sin duda es propio del esquema de los relatos y en ese sentido ha de comprenderse, además de que es inconcebible que una niña (de unos 13 años) pudiera – en aquel tiempo – decidir sobre su propia vida y su modo de vivir el matrimonio. Los casos que se presentan (discutidos muchos de ellos) de “celibato” (no de virginidad) no sólo son casos masculinos (Jeremías, Qumrán, Jesús, Pablo), sino que son además – como se dice – dudosos en varios casos (Pablo, Qumrán). El supuesto “voto” parece una lectura “mariológica” a la luz de la teología posterior. El uso del “cómo” requiere, en el esquema antedicho, de un signo, el cual será la gestación de Isabel.

Lo que se dice de Jesús es que “se lo llamará “hijo del Altísimo… se lo llamará hijo de Dios” (vv.32.35), algo habitual a la cristología del NT. El texto es particularmente cercano también en terminología a Rom 1,3-4.


“Será denominado hijo de Dios, y le llamarán hijo del Altísimo. Como las centellas de una visión, así será el reino de ellos (…) hasta que se alce el pueblo de Dios y todo descanse de la espada. Su reino será un reino eterno, y todos sus caminos de verdad y derecho. La tierra estará en la verdad y todos harán la paz…” (4Q 246 – Hijo de Dios II,1-6)


Lo que Lucas repite en boca del ángel es lo que la Iglesia confiesa sobre Cristo a partir de la resurrección. Lo que la Iglesia primitiva confiesa de Jesús como hijo a partir de la Pascua, y Marcos afirma desde el Bautismo por parte de Juan, Mateo y Lucas lo afirman desde la gestación: Jesús es “Hijo de Dios” [no se trata de afirmar o negar un hecho histórico de un anuncio sino de notar el sentido teológico del anuncio en clave post-pascual].

Una breve nota sobre posibles malentendidos: Lucas no piensa en un “matrimonio sagrado” en el que el Espíritu sustituye la figura masculina, sino en un auténtico acto creador. Lucas no piensa en una teología de la “encarnación” que sería más propia de Juan. La preexistencia, que se encuentra en otros textos del NT no es tema de Lucas. Lucas tampoco piensa en una suerte de “adopción” de Jesús por parte de Dios. Literariamente hablando la frase “no conozco varón” no implica que la muchacha virgen no lo conociera en un futuro. Es decir, Lucas no desarrolla expresamente la virginidad de María, ni siquiera en el nacimiento de Jesús (“concebirás”). Sin embargo, es la lectura más razonable a lo largo del Evangelio en su totalidad (“se creía que era hijo de José”, 3,23).

La frase final de María, “hágase en mí según tu palabra” (cf. 1 Sam 1,18) la presenta como “la primera discípula de Jesús” (cf. 8,19-21, 11,27-28).

Una nota al saludo del ángel. La frase “salve, llena de gracia” se presta a diferentes lecturas. El texto griego dice “jaire, kejaritomene”. “Jaire” suele traducirse literalmente como “alégrate” ya que es el saludo clásico del ambiente griego en el que se comunica a los destinatarios la alegría como don de plenitud (ver Mt 26,49; Mc 15,18; Jn 19,3). Kejaritômenê encierra el término jaris, gracia; de allí el “llena de gracia”. El texto, sin embargo es un pasivo lo que supone “agraciada por Dios”, Dios halló gracia en ella (v.30) por lo que la escogió para concebir al Mesías (vv.31-33) y dar a luz a su Hijo (v.35). La generación del Hijo, en todo caso, es anticipo de la buena Noticia cristológica. El texto, una vez más, ha de leerse cristológicamente. Como la “turbación” de María ante el saludo. No se trata de “¿por qué a mí?”, ni de “¿de qué se trata esto?” sino del contenido, es decir, la misión del hijo.

“He aquí”, la referencia a la “servidora del Señor” ubica a la persona de María en la historia de un pueblo en la realización de la voluntad de Dios. La debilidad del instrumento (“virgen”, una niña de unos 13 años) contrasta con lo importante del resultado: “será grande y se lo llamará hijo del Altísimo”. 


Dibujo tomado de www.adolfoperezesquivel.org

Feliz Navidad para todo el pueblo (curas OPP)

Feliz Navidad para todo el pueblo


 


Miren, les anuncio una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy les ha nacido en la Ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor. (Lucas 2:10-11)

 

Navidad es nacimiento. Y es importante saber quién nace, dónde nace, cómo nace, y, en este caso, también, para qué nace.

Los distintos libros bíblicos presentan distintas catequesis para distintas comunidades haciendo referencia a este nacimiento. San Pablo destaca en el nacimiento de Jesús, su pertenencia a un pueblo: “nacido de mujer, nacido bajo la ley”. Los Evangelios insisten en que su venida tiene el sentido de que todos se sientan convocados a ser parte de ese pueblo en el que Dios quiere reinar. “Salvar a todos”. Es evidencia de un Dios que se acerca a los últimos de la historia, “Dios con nosotros”; un Dios que se aproxima tanto a los pobres que se lo reconoce por los pañales, ha nacido en un pesebre y es anunciado a pastores. Por esa cercanía de Dios es que su nacimiento es “alegría para todo el pueblo”. Navidad es hacer memoria de que hace tiempo Jesús nació, y su nacimiento nos toca de cerca. Nació para que tengamos vida plena, para que reine la alegría y la paz, para que todo el pueblo se reconozca como una familia de hermanas y hermanos.

Por supuesto que eso no significa que siempre sea así. Los seres humanos tenemos la rara capacidad de frustrar los proyectos de Dios para nosotros. Este niño que ha nacido, un día será asesinado por los que ejercen el poder religioso y político. Una y mil veces en la historia la vida y la muerte, la alegría y la tristeza, la paz y la violencia parecen pelear por un lugar entre nosotros. Pero una pelea que no “viene de arriba”, sino que nosotros mismos permitimos o buscamos que ocurra.

Este que nace es la luz, pero hoy, en millones de hogares parecen reinar las tinieblas, donde debiera haber alegría hay tristeza, donde debiera haber vida digna hay pobreza o miseria. Y – debemos reconocerlo – tinieblas, tristeza, pobreza que “no vinieron de arriba” sino que son gestadas por la decisión humana. Y no solo la decisión humana de gobernantes insensibles frente al dolor y la muerte, como se vio recientemente en Bahía Blanca, sino por decisión de una mayoría que sabía que esto era lo que ocurriría y, sin embargo, así lo quiso. No que estábamos en una alegría plena, pero sí con espacios de contención y cuidado de las víctimas.

¿Cómo celebrar este nacimiento en este contexto? Insistiendo una y mil veces en sabernos pueblo, reconociendo a todos y todas como verdaderos hermanos, estando atentos, “consagrados”, a la alegría, la felicidad de todas y todos, pero sabiendo que la felicidad nunca será si no empieza por los últimos, los despreciados, los pobres, los vulnerados, y, además, sabiendo que nunca será plena. Es evidente que, con todas las limitaciones razonables, hay sistemas humanos, sistemas que permiten el nacimiento de un niño, con pañales y entre los pobres, y hay, también, sistemas que quieren asesinar al niño. Hay Herodes y Pilatos, hay pastores y un pueblo que celebra.

¿Cómo celebrar? Evitando que nos roben (también) la alegría, que nos aíslen de los y las demás, que nos cieguen la mirada en la que nos reconocemos pueblo. Podremos celebrar en torno a una mesa, o quizás no, pero no pueden impedirnos los abrazos, la música y el baile, la vida; se trata de encontrarnos en un “nosotros” que impida aislarnos en un “sálvese quien pueda” o “arréglense como puedan”, que siempre salva a los mismos. Celebrar un nacimiento, y, a partir de ahí, un proyecto de pueblo. Decirnos “feliz Navidad” es también un compromiso militante para trabajar juntas y juntos por la vida de otras y otros; buscar todos unidos la felicidad de todos. Para que, en estos momentos de tinieblas, después de los dolores del parto, pueda nacer, o renacer, un pueblo, una vida, una fiesta, no de unos pocos, muy pocos, sino de todos quienes soñamos que reine el amor, que reine la justicia, que reine la paz. Que no reine la violencia que asesina al que nace, sino que nazca un niño, esperanza de una vida nueva para todas, para todos. Para las y los pobres.

 

Curas en opción por los y las pobres

19 de diciembre 2023