El diario La Nación no nos quiere.
Eduardo de la Serna
el presente artículo fue publicado en el Nro 5 de la revista Contra Editorial
(cuya tapa ilustra la nota)
Si no fueran tan temibles nos darían risa.
(Joan Manuel Serrat, “Los macarras de la moral”)
Con motivo del inicio de la campaña electoral, el
pasado 21 de septiembre, el Grupo de curas en Opción por los pobres, hicimos
pública nuestra opinión ante la sociedad. Hace ya muchos años – más de 30 – que
hacemos llegar a quienes quieran leerla, en la opinión pública y nuestras
comunidades, nuestra voz ante diferentes temas. En este caso se suscitaron una
serie de reacciones muy interesantes. Algunos sectores eclesiásticos,
periodísticos y políticos nos “hicieron el honor” de dedicarnos algunos
párrafos. En algunos casos, por ejemplo, merecieron una respuesta profundizando
alguna idea o aclarando algún punto. En otros, nuestro silencio es coherente
con la falta de argumentos o la agresión. Por caso, responder a algún director
de revista cuya aparente intención es alcanzar el episcopado no tiene demasiado
sentido. Pero diferente es el caso del diario La Nación que en cuestión de 4
días nos dedicó dos notas centrales: el 3 de octubre un artículo de su habitual
columnista, el historiador italiano Loris Zanatta (“Curas K: otra vez el
mito de la nación católica”) y la editorial del matutino el 6 de octubre: “Pecados
de adoctrinamiento”. En este caso, decir alguna palabra sobre estos
“ataques” tiene sentido por la importancia del medio, no por su sensatez. De paso, ¿no es una divertida ironía que
el diario que dice ser “tribuna de doctrina” critique como pecado el “adoctrinamiento”?
Es habitual que el diario en cuestión “blanquee”
su opinión recurriendo a un conocido historiador italiano y poder así, por
interpósita persona, criticar al Papa. Ya es sabido cuánto de incómodos están
con él por motivos varios, como que no cumpliera con su explícito deseo de ser
“el jefe de la oposición” del gobierno anterior pareciendo, por el
contrario, más cercano a aquel que a este; o también aparecer como “populista”,
algo aberrante tanto para “la tribuna de doctrina” como para el inefable Loris,
o incluso crítico de los gobiernos centrales en temas como su actitud hacia los
migrantes. Basta con mirar varias columnas del citado historiador para ver esto
(ser historiador no habilita para ser un buen analista del presente, sin duda.
Zanatta es un buen ejemplo de ello). La Nación evita así el mal trago, para
ellos y sus lectores, tan católicos todos, de criticar al Santo Padre. En este
caso, lo he señalado en otro lugar, resulta tan paupérrimo un análisis que
parte de dos slogans no cuestionados ni analizados, que cualquier respuesta
analítica implicaría darle entidad a lo que no lo tiene.
En su editorial, La Nación, además de remitir al
columnista hace una serie de disquisiciones que merecen ser aclaradas. Insisto,
por la trascendencia del medio, no por la seriedad de su argumentación. Para
empezar, afirma que los curas opp somos “conocidos en las redes sociales”
como “curas kirchneristas”. Debemos señalar que “las redes sociales”
son un universo demasiado amplio e impreciso. Quizás sus amigos trolls
así nos llamen, pero son cosas que corren por su cuenta. Como grupo jamás nos
hemos identificado con un partido en concreto, aunque sí tengamos una mirada
muy crítica de alguno. Irónicamente podríamos decir que “un diario M nos llama
curas K” pero sería una chicana que en nada aporta a aclarar nada.
Al igual que el buen Loris, la editorial hace
alusión a que no hablamos de una serie de temas. No sabía que teníamos que
hacer nuestra la agenda que el Diario nos ha marcado y hablar de los temas que
ellos deciden que son importantes; no lo hemos hecho. No nos interesa hacerlo.
Pero el colmo radica en que afirman que “en este último mensaje
resulta sorprendente que no se hayan referido… al hambre”
y unos renglones más abajo dice que sostenemos que “matar de hambre,
desamparo o indiferencia al pobre es un pecado”; quizás el editorialista
debería ponerse de acuerdo con sí mismo antes de escribir ya que resulta algo
confuso semejante planteo. También nos cuestiona afirmar que algo es “pecado”
diciendo que así nos ponemos “en el lugar de Dios” cuando a su vez el
título de la nota afirma que nosotros cometemos “pecados de adoctrinamiento”.
La esquizofrenia periodística no parece demasiado brillante. Dejando, pues, de
lado semejantes incongruencias quisiera señalar algunos temas concretos.
Una de las
características de los profetas en la Biblia es que “hablan en nombre de
Dios” (que no es “ponerse en el lugar de Dios”, por cierto). Más de
1.000 veces se encuentra en la Biblia la frase “así dice” el Señor y más de 400 veces la palabra “oráculo”.
Y es sabido que el ministerio o el rol profético es algo que todo cristiano
está llamado a desempeñar desde su bautismo. Atreverse a hablar en nombre de
Dios es simplemente algo que es propio del cristiano. El tema daría para mucho,
pero no es La Nación el espacio ni el interlocutor apropiado para un debate
bíblico-teológico. Cientos de veces, con razón o sin ella, voces eclesiásticas
han señalado, por ejemplo, que algo es o no coherente con la voluntad de Dios.
Pero pareciera que para el catoliquísimo diario de los Mitre-Saguier no hay
problema en decir esto si de matrimonio igualitario, ideología de género o
cosas semejantes se tratara, pero no ha de decirse de políticas públicas.
Parece que “no matarás”, “no robarás”, “no mentirás” no
deben aplicarse al amado gobierno nacional (aunque sí podía decirse del
anterior, por cierto). Pues mal que les pese decimos y sostenemos que hay cosas
que son pecado y que sostenerlas o alentarlas también lo son. No nos metemos en
la conciencia de cada uno (eso sería entrar en un terreno sagrado) pero sí que
hay “doctrina” (= adoctrinamiento) que estamos invitados a seguir si
queremos ser cristianos. “Este sistema mata” ha dicho reiteradas veces
el Papa Francisco, y “no matar” resulta ser uno de los Diez
Mandamientos, además de algo que parece estar en el esquema de una suerte de
“moral universal”.
Una de las cosas que nos resulta hasta divertida es
que ninguno de los que nos han criticado ha osado referirse a lo que hemos
dicho citando al Santo Cura Brochero. Beatificado y canonizado por el Papa
Francisco y propuesto como modelo para todos los curas argentinos, el Cura en
1912 tuvo clarísimas e indiscutibles intervenciones políticas-partidarias
invitando a votar al partido radical contrariamente a los conservadores. Todos
pueden leer sus cartas en el grueso volumen, “El cura Brochero. Cartas y
sermones”, publicado por la Conferencia Episcopal Argentina en 1999.
Allí no sólo cuestiona a quienes voten a Cárcano sino que da indicaciones para
que quienes vayan a votar lo hagan por los radicales llamándolo “nuestro
partido radical” y diciendo que es “correligionario”. Pero el
motivo, como es coherente, no es puramente político, lo afirma porque cree que
eso es lo mejor para los pobres del oeste cordobés y lo que redundará en su “felicidad
y facilidad”. Sin duda no es este el único cura de nuestra historia que
tomó partido tan claramente: basta mirar la Junta del 25 de mayo de 1810 o los
participantes en el congreso de Tucumán de 1816 o la campaña de San Martín a
Chile, pero lo interesante de este caso es que no sólo se trata del único santo
argentino, sino del que fue propuesto por el Papa como modelo para los curas.
Es precisamente mirando lo que creemos mejor para los pobres, su felicidad y
facilidad que hemos hablado. Y que nos perdone La Nación, pero el ejemplo de
los santos nos resulta más importante que un directorio (los honestos
interesados pueden ver las cartas 442, 443, 444, 445, 446, 447, 448, 449, 451,
459, todas de septiembre-octubre de 1912 en el citado volumen).
En nuestro texto citamos también a mons. Hesayne en
su conocido dicho: “no se puede ser cristiano y neoliberal”.
Curiosamente La Nación dice que Hesayne afirma no conocernos, lo cual es
ciertamente mentira. Pero, aunque no nos conociera no es ese el tema: ¿se puede
ser cristiano y neoliberal?, ese es el punto; no somos nosotros los
importantes, son los pobres, es decir, las víctimas principales del
neoliberalismo. ¿Se puede ser cristiano y apoyar un sistema que mata? Sin duda
que creemos que no.
Muchas otras cosas pueden señalarse, ante una frase
más insensata que la anterior. Afirma, por ejemplo, que mons. Frassia ha sido
crítico del grupo, pidiendo que los curas se abstengan de “inducir” el
voto; curiosamente, no lo hemos hecho porque no hemos señalado a nadie a “quien
sí” ha de votar, aunque hayamos señalado a quien creemos que no
se debería votar. En la diócesis de Mons. Frassia el conocido “cura sanador”
Fernando Abraham ha “inducido” desde el 2015 a votar a la alianza
Cambiemos con toda claridad y por todos los medios a su alcance. Siendo que uno
de los curas del grupo estuvo recientemente con el obispo Frassia y éste no
hizo referencia alguna a su mensaje, todo indicaría que no es a nosotros sino a
“los otros” a los que el obispo se refería.
Finalmente, y como es habitual en la prensa
hegemónica para la que “los malos” (= nosotros) son responsables de todas las
calamidades, termina esta mala editorial responsabilizando a los curas opp de
que el Papa no venga a la Argentina. Afirma que es deseo de los obispos que “el
papa venga a la Argentina a unirnos”, lo cual no parece haber sido afirmado
por “los obispos”, aunque quizás alguno pueda pensarlo; pero además parece
poner en los hombros papales una carga demasiado pesada. “Para unirnos”
resulta casi grotesco. Una sociedad que desde su misma fundación tiene una
grieta que la atraviesa (España o independencia, unitarios o federales,
civilización o barbarie, radicales o conservadores, peronistas antiperonistas,
la laica o la libre…) parece que mágicamente el Papa podría alcanzar una extraña
unión que, por otra parte, no sabemos a quiénes consultaron para saber si es
deseada (las recientes declaraciones del genocida Astiz no parecen muy
interesadas en “unirse” con los y las víctimas de su barbarie, por ejemplo).
Pero siendo la “Tribuna de Doctrina” la que ha alentado la teoría de los
dos demonios y una supuesta “reconciliación” que muchos no queremos,
quizás se entienda bien a que “unión” se refiera. Después quedará a los
interesados el análisis acerca de por qué el Papa no viene a la Argentina, y
cada quién podrá dar su opinión sobre la conveniencia o no de los viajes
papales. Pero mezclar la Biblia y el calefón no parece sensato si
de analizar políticas públicas se trata.
Como curas creemos que el gobierno de Cambiemos es
un gobierno que mata (el hambre es un crimen), un gobierno de mentira
sistemática y constante, un gobierno empobrecedor (para enriquecer a sus
amigos o cómplices). Y más que le pese al diario La Nación, creemos que matar,
robar y mentir es pecado. De eso se trata nuestro mensaje y de eso se trata lo
que votaremos el próximo 22 de octubre.





