Video con comentario al evangelio de domingo 21 "A"
o también en
https://youtu.be/QlTqiZWS3Qs
Eduardo
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Eduardo
La alimentación en tiempos de Jesús
Eduardo de la Serna
Sabemos que las diferentes dietas son propias de las diferentes culturas. Qué y cómo, con quiénes y cuando se come es diferente en un tiempo o en un lugar y en otro. Es fácil saber que determinada comida o bebida caracteriza una cultura y es desconocida en otra, la cual a su vez tiene sus propias comidas o bebidas.
Precisamente por eso es interesante conocer un
pueblo por sus comidas. Y esto aplica también al Israel bíblico
Pensar las comidas de los diferentes tiempos
bíblicos con nuestra mentalidad y nuestras dietas es, ciertamente, un
anacronismo.
Por supuesto que, lo económico también influye: un
campesino que vive aislado o muy lejos de otros, sólo se puede alimentar de lo
que la tierra le provee, sea la ganadería y agricultura, o la caza y la pesca (de
todos modos, en el Nuevo Testamento – sin duda por dirigirse especialmente a
ciudades – el verbo “cazar” se usa solamente en sentido simbólico: “cazarlo en
una palabra” (cf. Lc 11,54). Y, es obvio que en tierras casi desérticas, como es el caso de
buena parte de Israel, esto afecta ciertamente la dieta. En los ocasionales encuentros con otros, es frecuente el trueque de excedentes de uno con los excedentes de otro, lo cual amplía un poco la dieta, que se complica cuando, en tiempos de sequía o bajas lluvias, no hay excedentes y, por lo tanto, tampoco trueque.
Pero en el caso de los judíos hemos de agregar,
además, que, por la legislación, hay una serie de comidas que no se pueden tener
(sólo se puede comer lo que es kosher, que en hebreo significa lo
“correcto”, lo “apropiado”). Hay una serie de prescripciones alimentarias propias
del judaísmo (algunas son – con el tiempo – precisadas, más tarde, por los rabinos y, los
judíos cumplidores de las costumbres las siguen respetando detalladamente). No
es el caso señalar todo lo que se puede o está prohibido comer, algo que es propio,
como decimos, de los judíos (ver Lev 11), pero a lo cual los cristianos no se
sienten obligados. Señalo unos ejemplos sencillos simplemente para que esto se
vislumbre: los judíos deben desangrar la carne antes de comerla (el motivo
original tiene que ver con la violencia y con que se entendía que la vida, que es algo
sagrado, está en la sangre), pero nosotros comemos morcilla, por ejemplo. Los
judíos, por una “estructuración” relacionada con las pezuñas y el alimento del
animal, no pueden comer liebre, cerdo o camello. Tampoco se puede cocinar un
cabrito (o ternero, o cordero) “en la leche de su madre”. Es decir, por
diferentes razones (que hoy, como señalamos, los rabinos explican, amplían,
excusan) hay alimentos que, aunque estuvieran al alcance de la mano, no se
pueden ingerir; esto tiene que ver con la pureza y la impureza, es decir lo que
es o no conforme al orden establecido por la Ley; y son alimentos que, los cristianos,
por ejemplo, no tenemos problemas en aceptar.
Pero dejando estas normativas legales, veamos la alimentación en la dieta
diaria (y, por supuesto, hablamos de los judíos; los romanos, por ejemplo, no
se rigen por estas leyes y comen y beben sin problema lo que aquellos tenían
vedado). Es sencillo imaginar que un campesino que tiene unos pocos corderos o
cabritos no se alimentará de ellos más que en una circunstancia muy especial,
aunque sí recurrirá a la leche. El pan de trigo era bastante más caro que el de
cebada, que era “el pan de los pobres”. El vino y la cerveza eran comunes, pero
no eran fácilmente accesibles salvo para quien tenía vides en su propiedad. La
cerveza, como la moliente de la cebada era rústica se solía tomar con cánulas.
La existencia de palomares en muchas regiones revela que también las palomas formaban
parte de la alimentación (es interesante que no se han encontrado huesos de
cerdo, lo que manifiesta que la prohibición alimentaria era respetada). Aunque no
estaba prohibido, parece que el huevo no formaba parte de la dieta. Las frutas eran
higos, granadas, dátiles, uvas, manzanas. Las olivas proveían el aceite (que era usado también
en la liturgia y para la iluminación). La miel, que era habitual, era utilizada
para endulzar (ciertamente no existía el azúcar). La carne - escasamente, como dijimos - (y el pescado, que
se proveía en las costas del mar, en el lago de Galilea y en el rio Jordán)
solía ser cocinado en un horno o también salado lo que permitía su
conservación.
Distinto es el caso en el ambiente romano, por
ejemplo. Y en las ciudades. En la Biblia se nos dice de algunos personajes que
celebraban frecuentemente banquetes, y, ciertamente, estos se caracterizaban por la
abundancia. La imagen del pobre Lázaro que no puede alimentarse de lo que cae
de la mesa de los banquetes cotidianos del rico (Lc 16,19.21) revela las
desigualdades, expresadas en la alimentación, aunque se hubieran respetado las normas
rituales. Es evidente que, en los ambientes más empobrecidos, la pésima alimentación
tiene repercusiones en la salud y, también, en la baja expectativa de vida. Sin
embargo, no podemos obviar que en la Biblia – y también en la predicación de
Jesús – los añorados tiempos finales son imaginados como un gran banquete que todos
pueden compartir (salvo quienes se niegan expresamente a participar de él).
Foto tomada de https://www.nutricienta.com/alimento/pan-de-cebada
Una mujer, ¡y pagana!, señala a Jesús el camino del Reino
Si, entonces, el rechazo de ellos (trajo) la reconciliación del mundo¿Qué (traerá) la aceptación sino la vida de los muertos?
Ustedes (paganos) en otro tiempo rebeldes – al presente consiguieron misericordia (v.30)Ellos (los judíos) al presente rebeldes (por la misericordia a ustedes) – ahora misericordia (v.31)
“No deben introducirse en el campamento santo (= Jerusalén) perros que coman algunos de los huesos del templo con la carne. Porque Jerusalén es el campamento santo, el lugar que escogió de entre todas las tribus de Israel…” (4QMMTc, fragm. 1, col II,9 – col III,2).
Morir en nuestra ley
Eduardo
de la Serna
No
sé si sorprendido, no sé si desconcertado, sí sé que asqueado. Tal es mi
primera reacción frente al resultado de las elecciones Primarias Abiertas
Simultáneas y Obligatorias (PASO).
No
seré yo el que pueda hacer un mesurado análisis mirando causas, razones,
posibilidades, circunstancias y demás.
Creo
que una característica de nuestros tiempos, en la región y más allá es la
derechización. No solamente en América Latina, sino, obviamente también en EEUU
y Europa (no me atrevo a opinar, lo que revela la información que nos llega,
por cierto, de África, Asia u Oceanía, ¡nada menos!), pero derechización
evidente. La cantidad de votos de Bolsonaro, después de todo lo que Lula había
hecho por el pueblo brasileño debiera ser una señal de alarma. ¡Lo es!
Y
no es insensato, entonces, mirar lo que ocurrió (no lo que “nos pasó”, como si fuéramos
meros espectadores, y no responsables). Y, voy a dejar de lado – no debería –
el triunfo de pensamientos como “todos son iguales” o “que se vayan todos”,
porque, no sólo no acepto un “todos” tan igualador, sino porque frente a eso
solo queda, o el derrumbe o el mesianismo. Mesianismo en el que nos desentendemos
de todo y ponemos una confianza ciega, acrítica y servil en el obrar del mesías
y sus árbitros (o caprichos). Y ejemplos abundan en el mundo para saber las
consecuencias.
Con
las sorpresas del caso, es más o menos evidente que todo quedó dividido en tres
tercios. Y dos de ellos representan la muy derecha y la ultra derecha. Nada
menos. Unión por la patria, con un candidato de centro derecha, en un partido
que se ha caracterizado históricamente por su amplitud (la ancha vereda del
peronismo, ha dicho más de uno o una) tiene – creo – dos posibilidades: o
disputar corriéndose a la derecha o profundizar su propia identidad y “morir
con las botas puestas”, o “en su ley”. No hace falta mirar las ideas – que no
propuestas – de las derechas: no existe el cambio climático (¿?); la represión
a toda protesta social (represión sin miramientos); la “justicia social” es una
aberración; lo público debe quedar reducido al mínimo, casi nada (“achicar el
estado es agrandar la Nación” se decía ya en tiempos de Martínez de Hoz), nada
de salud pública, de educación pública, ni nada con olor a “populismo” (sic);
las relaciones internacionales se reducen a sumisión a lo que dicte “la Madre Patria”
del Norte; los mercados son la “moral” y lo que el mercado diga eso es bueno y hay
que hacerlo (vender armas, vender órganos, vender hijos, vender droga, vender
fauna…); la economía – es lo más sencillo – la manejará no con presiones sino
directamente con acciones el FMI; es decir, para redondear: ¡ajuste! Y ¡más
ajuste!
Si
Unión por la Patria decide pelear ese electorado (además, creo que perderá, la
gente, en esos casos, suele elegir el original y no la copia) deberá correrse
(más) a la derecha (¡gracias, Alberto, tu aporte a la disolución ha sido
inconmensurable!). La otra posibilidad – como muchos lo reclamábamos ya desde
las elecciones de 2021 – es “hacer peronismo” y, en todo caso, perder “en
nuestra ley” (que no es mi-ley): pelear hasta los tuétanos por justicia social, por reconocer al
máximo los derechos, por más estado para que todos, todas y todes puedan acceder
a ellos, pelear hasta la última gota de sudor por la redistribución de la
riqueza y para que el salario no sea un costo más sino un reconocimiento de la
propia dignidad, por la vigencia irrestricta de los Derechos Humanos, por el
multilateralismo internacional, la independencia real de los poderes foráneos,
FMI inclusive, el cuidado de la Casa Común, la integración latinoamericana,
etc.
Si
se decide esto último, cuentan conmigo… si se elige la derechización, lo siento
mucho, es doloroso (y asqueante) ver cómo una cierta depresión social lleva a
la desintegración o desaparición a lo que fue un sueño. Otros eligieron la
pesadilla.
Video con comentario al Evangelio del domingo 20 "A"
o también en
https://youtu.be/wHGdGKVchdE
Eduardo
«Más Bukeles y menos Zaffaronis”
Eduardo de la Serna
Con
esa expresión, quizás la más infeliz que he escuchado en los últimos tiempos,
lanzó (= vomitó) su propuesta de una autopercibida seguridad, Luis Petri. Basta
ver a quién acompaña en la lista, o a quién acompaña en la vida para saber que
no podía esperarse algo distinto de semejante “dinosaurio vivo”. Pero, puesto
que la imagen de “mano dura” es vista como necesaria en más de un ambiente al
que le han sembrado miedo sobre miedo, no está de más alguna pequeña nota. No
precisamente sobre Zaffaroni, que no necesita ser presentado y que enaltece a
nuestra patria con su sola presencia. Pero ¿qué se sabe sobre Bukele? Veamos: y
no pretendo hacer referencia a su sinuosa historia, comenzando por un lado y terminando
del opuesto del arco político; quiero referirme expresamente a lo que parece
ser “el logro” de semejante espécimen en el tema “seguridad”.
Señalo
esto porque, expresamente e intencionalmente, nada se sabe en nuestro país de
lo que ocurre en otras partes, y menos aún en Centroamérica. Y, una de las
cosas que expresamente se ignora es la gravedad de las llamas “Maras”.
Presentar a las maras como meros “pandilleros” es “bajarles el precio”, para
empezar. Las maras son un grupo que se identifican a sí mismos como una
gigantesca familia a la que no cualquiera pertenece. Un muy estricto ritual de
iniciación es imprescindible de superar, luego del que, y a continuación de un
sangriento “bautismo”, se puede acceder, y los pertinentes tatuajes lo manifiestan
ostensiblemente. Gigantescas pintadas en las paredes de los barrios dejan bien
a las claras, al ingresar a determinada zona de la ciudad, cuál de las distintas
maras es la dominante en el lugar. Y ellos garantizan la seguridad y tranquilidad
del lugar, porque a uno de la familia no se lo toca ni se lo molesta (eso en
nuestro lugar… no se puede garantizar que lo mismo ocurra “fuera”).
Estábamos
en un barrio dominado por la “MS” (Mara Salvatrucha, de la que hablaremos) y se
acerca a nosotros una joven muy hermosa para entregarnos las llaves de la
capilla. Nosotros estábamos “protegidos” por los curas del lugar, con sus
hábitos franciscanos bien visibles (ellos tienen “salvoconducto”) y los
catequistas del lugar, también reconocidos en la zona. Le pregunté a uno de los
curas si una chica tan hermosa no corría riesgos en un lugar tan poco “seguro”.
“No… no la tocan porque es del barrio. Si fuera a otro barrio sería diferente”,
me dijo. Entre paréntesis, en otro lugar totalmente diferente, con violencias
diferentes (y quizás mayores) viví lo mismo al llegar a Tumaco (Colombia), en
el que una avenida dividía los territorios de los Águilas Negras del de los Rastrojos
(no se trata, en este caso de Maras sino de Paramilitares) y nadie podía cruzar
al otro lado sin ser acusado de “sapo” y poner en serio riesgo su vida.
Curiosamente,
las maras dominan con su presencia y su “autoridad” violenta, los barrios
populares, no así los barrios de las clases dominantes. Eso ya nos invitó a la
sospecha. Nos explicaban que tiene que ver con las migraciones. Es sabido que
los principales grupos de migraciones clandestinas hacia los Estados Unidos,
son originarios de Centroamérica. Eso pudimos verlo cuando tuvimos el honor de acompañar
a Las Patronas en su maravilloso servicio a los migrantes que viajan montados
en “La Bestia”, como llaman al tren que se dirige a la Ciudad de México al que
suben ilegalmente (luego de sortear a la policía fronteriza de los EEUU (¿en la
frontera entre México y Guatemala?); en más de una ocasión, los guardias del
tren sencillamente arrojan a los “pasajeros”, como pudimos verlo en el caso de
Walter, hondureño, al que arrojaron y las ruedas del tren le cortaron parte del
pie derecho (tuvo suerte). Pero no solamente la policía fronteriza y los guardias
ferroviarios son obstáculo a los migrantes centroamericanos, también las maras
son una barrera que deben sortear (no en vano es evidente que los que logran
llegar a los EEUU son un número ínfimo de los que han salido. Más al norte
deben – además – superar a los “Coyotes”, falsos “ayudadores” para cruzar la
frontera, en ocasiones traficantes de personas, vendedores de órganos, o
simplemente asesinos a sueldo (que cobraron previamente una buena suma en
dólares para “ayudar” a los incautos).
Es
decir, las maras no afectan a los sectores económicamente poderosos de las
ciudades sino a los marginales, precisamente a los que podrían querer migrar
hacia el Norte. Y, si lo intentaran, las mismas maras intentan cortarles el
paso. Y no hablamos de golpes, o simplemente “barreras” sino de asesinatos,
violaciones y torturas. No es difícil suponer que las maras son eficaces medios
del Norte para impedir la llegada de migrantes, siempre tan indeseados. Es
sabido que migrantes salvadoreños en los EEUU, que se habían encontrado, luego
formaron la “Mara Salvatrucha” (de El Salvador viene el nombre, evidentemente)
y que fueron deportados a su país de origen. No es difícil ver en ellos una
eficaz contribución a los EEUU en su política antimigratoria.
Pues
bien, estas son las maras, las que, luego, descontroladamente fueron
adueñándose de territorios enteros de El Salvador, Guatemala y Honduras
especialmente. Llamar a estos grupos sencillamente “pandilla” es, como dije,
falso de toda falsedad, al menos para lo que por “pandilla” se entiende (Don
Gato y su pandilla, sic). Es a este descontrol al que Bukele enfrentó con una
violación sistemática de los derechos humanos (lo que no les preocupa a los
amantes de la mano dura que pretenden “menos Zaffaronis”).
Gustavo
Petro mostró que logró, en la Bogotá humana, los mismos guarismos de baja de
violencia que la mega-cárcel de Bukele con educación (con la ventaja que, unos
son algo que siempre se ha de temer, especialmente en una eventual fuga,
mientras que los otros son un aporte a la sociedad). No hay nada que se
parezca, ni remotamente, a las Maras en Sudamérica (ni a los paramilitares en
nuestra región). Pero si Luis Petri, del que con su habitual ironía “Patán”
Ragendorfer afirmó que está “a la derecha de Atila”, pretende declarar la
guerra al narcotráfico, las experiencias de Colombia, luego México y ahora
Ecuador nos permiten saber y suponer lo que nos espera. Exactamente lo que no
quiero para nuestro país.
Violencia buena o mala… según me beneficie
Eduardo de la Serna
Es evidente que, en la calentura,
en medio de la vorágine, es habitual no pensar y actuar “como salga”. Y eso: “no
pensar”, es aquello de “ganancia de pescadores”.
Ante una campaña en la que nadie –
o casi nadie, para evitar criticar alguna no muy evidente excepción – invitó a
pensar, es obvio que lo principal es sobrevivir. ¡Sobrevivamos! Después vemos… Piquetes
por acá y por allá, muertos por allá y por acá… ¡Sobrevivamos! ¿Pensar? Esa te
la debo.
Una notita sobre las
FARC
Es evidente que, en Argentina,
poco y nada se sabe de las FARC (propiamente FARC-EP). Si hasta la pitonisa inefable
hablaba de la presencia de armados de las FARC en el 2001. Y en otras ocasiones
también se mentó su sombra. Ahora, como resulta que Facundo Molares participó
unos 15 años de la guerrilla de las FARC no está tan mal que lo maten. Ya
sabemos que el mejor enemigo es el enemigo muerto.
En Colombia, desde los 60-70
surgieron un número importante de grupos armados, los más importantes, no los
únicos, eran el M-19, el ELN y las FARC-EP. Como era normal, entonces, los
diferentes grupos pretendían o bien la toma del poder, para implantar un nuevo
gobierno o lograr, por lo menos, unos cambios sustanciales de la sociedad.
Notemos, entonces, que desde la primera mitad del s. XX en Colombia regía un
acuerdo bipartidista de alternancia entre Liberales y Conservadores
prácticamente inamovible. Fue, por ejemplo, a raíz de esta inmovilidad que
luego de mil intentos el cura Camilo Torres Restrepo se incorporó a las guerrillas.
El cambio de sociedad, para
muchos, no sólo era conveniente sino, además, urgente. Necesario. Es evidente
que grupos que están en la clandestinidad precisan financiación (para
mantenerse, sustentarse, armarse), con lo que diferentes operativos eran
frecuentes. Eran tiempos en que, en muchísimos países, se veía clara la
necesidad y urgencia de un cambio de gobierno y sistema, y florecieron las
guerrillas. Hace muchos años, un participante en una charla que yo estaba dando
me preguntó por mi supuesto parentesco con el “Che” Guevara. Y me dijo,
preocupado, “Pero el ‘Che’ Guevara mató gente”, a lo que yo le respondí “¿Y San
Martín, no?” Un buen, sensato, mesurado, desapasionado debate sobre la violencia
siempre es necesario, ciertamente. Dentro de estos financiamientos, las
guerrillas recibían apoyo desde el exterior. Es sabido, y razonable.
Pero en 1989, con la caída del
Muro de Berlín, muchas cosas cambiaron. Y ese financiamiento mermó hasta
desaparecer. Es el momento en el que algunas guerrillas, para financiarse,
recurren a secuestros interminables en el tiempo, y a la venta de droga. El
M-19 ya se había desmovilizado, y a muchísimos de sus ex militantes los habían
asesinado desarmados, mostrando claramente que la sociedad necesitaba urgentemente
cambios. Para muchos (y el gobierno especialmente) seguía vigente lo del mejor
enemigo, el enemigo muerto.
Fueron tiempos en que más de la
mitad del territorio colombiano estaba en manos de las guerrillas y, entonces,
con debido asesoramiento israelí y yanqui, se comenzó el contrataque. Las
Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), debidamente financiadas, pertrechadas y
sostenidas empezaron una contramasacre. El territorio empezó a recuperarse, pero
no para devolverlo a sus antiguos ocupantes, sino para que las mismas AUC se lo
apropiaran (es sensata la pregunta, por ejemplo, si un ex presidente colombiano
atacaba a las FARC por ser ‘narco-guerrillas’, como decía, o si lo hacía para
combatir a la competencia). Comenzó la etapa de los desplazamientos forzados. Con
la situación así, “equilibrada”, (gobierno, empresarios, medios de
comunicación) se ocuparon de la desmovilización. Pero no todos veían la
conveniencia de hacerlo… les había ido bien. Los jefes habían sido extraditados
(para que no dieran información) y así nacieron lo que se llamó “Bandas
Criminales”, que son paramilitares con otro nombre. Las guerrillas resistían en
sus territorios, bastante menguados, por cierto. Más de una vez se intentó
llegar a acuerdos de paz, pero, actitudes inconvenientes de uno u otro lado, y,
sobre todo, encontrar el modo de evitar que se repitiera la masacre del M-19
hacían muy difícil los intentos y los avances.
La debilidad de las FARC-EP y la
firme decisión del presidente Santos de conseguir el premio Nobel de la Paz condujeron,
con tropiezos, a la firma de los acuerdos de Paz en 2016. Salvo un grupo de
disidentes, las FARC-EP acataron la desmovilización, el desarme y la
incorporación, en todo caso, al sistema político (y no faltaron los asesinatos
de desmovilizados, por cierto). Pero eso no implicó, por ejemplo, el desarme de
muchos ex miembros de las AUC. A modo de mero ejemplo, es útil recordar el
asesinato del presidente de Haití (2021), a manos de sicarios colombianos y el
reciente asesinato del candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio,
también a manos de sicarios colombianos. Ese ambiente permite, al menos,
vislumbrar, por qué quienes pretendían un justo y necesario cambio social en Colombia,
se tomaron bastante tiempo, prudencial tiempo, en acatar el también necesario y
urgente reclamo de Paz.
En suma, decir, desde Argentina,
que Facundo Molares estuvo en las FARC suele ser más un dicho apto para
confundir que un interesante elemento que permite conocer a una persona y su
militancia política.
La violencia en la
campaña
Es lamentablemente eficaz en manejo
de los sentidos que suele ejecutar el grupo dominante. Cuando un hecho de
muerte les aporta valor agregado, allí se suman: Cromagnon, para empezar. Pero
si es Time Warp, la disimulamos; la tragedia de Once, ¡suma!, el ARA San
Juan, lo tapamos, el suicidio de Nisman, ¡lo disfrazamos!, la muerte de Juan Pablo
Kukoc en manos del policía Chocobar ¡vamos!, la muerte de Facundo Molares
¡infarto!, la muerte de Marcela ¡al ataque!, la muerte de Morena, ¡culpa de
Kicillof! Y sigamos con Lucas González, Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, y
tantos, y tantos más.
Quizás si pensamos, analizamos,
miramos, evaluamos, al menos evitemos la ganancia de pescadores, es decir, de ¡ser
pescados!
Imagen tomada de https://conceptodefinicion.de/violencia/