martes, 11 de agosto de 2020

El silencio de Dios cuando no hay profetas

 El silencio de Dios cuando no hay profetas


Eduardo de la Serna



La teología tradicional (o al menos en muchos ambientes) del Israel de tiempos neotestamentarios sostenía que Dios, enojado con su pueblo, había retirado su espíritu y se había “encerrado” en el séptimo cielo. Era por eso que ya no había “profetas” en Israel (una característica de los profetas es que hablaban movidos por el espíritu de Dios).


  • No existen ya profetas, ni nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo” (Sal 74,9)
  • Tribulación tan grande no sufrió Israel desde los tiempos en que dejaron de aparecer profetas (1 Mac 9,27)
  • Ahora, la justicia se ha convocado y los profetas duermen (Apocalipsis [sir.] de Baruc)
  • … “ya no hubo sucesión exacta de profetas” (Flavio Josefo)


En la Biblia, los y las profetas son aquellos y aquellas que hablan de parte de Dios en un determinado momento histórico. Pero Israel ha experimentado que, en ese tiempo, nadie lo hace. Nadie muestra caminos, confronta errores, alienta esperanzas, y Dios parece callar.


Sería falso, además de infantil, pensar que los profetas fueron un grupo muy pequeño, de un tiempo muy pequeño, de un espacio geográfico muy pequeño de la humanidad.  Nuestra historia de América Latina estuvo cargada de profetas (lo cual no significa – en coherencia con los profetas bíblicos, por ejemplo – que estos fueran escuchados).


Antes de avanzar quisiera poner un ejemplo bíblico y compararlo con los tiempos actuales. En su tiempo histórico, el profeta Jeremías la pasó muy mal: fue perseguido, amenazado, combatido y vilipendiado… pero con el tiempo el pueblo supo reconocer que las palabras de Jeremías venían de Dios, mientras que no era así con las palabras oficiales que lo combatían, incluso de “falsos profetas” (ese proceso es el que teológicamente se llama “recepción”; que no es lo que determina la oficialidad, sino la asimilación creyente del pueblo de Dios de las palabras que reconoce como de su parte). Algo semejante podemos mirar en la reacción de cierta oficialidad eclesiástica de los documentos de Medellín, el conflicto en Puebla, la intervención en Santo Domingo y la manipulación de Aparecida… Es evidente que Medellín significó una primavera, Puebla supo mantenerla a pesar de algunos “frenazos”, Santo Domingo pasó al olvido sin pena ni gloria y Aparecida apenas es recordada. Y si miramos la “intervención” vaticana, ausente en Medellín, incipiente en Puebla, total en Santo Domingo y potente en Aparecida, quizás haya que sospechar que la intervención del Espíritu Santo en la comunidad eclesial es inversamente proporcional a las intervenciones vaticanas. No que el Espíritu no sople en la iglesia, sino que la iglesia debe aprender a escucharlo y no a imponerse. Que es distinto.


Y si miramos las voces, las pronunciadas y las calladas, a lo mejor también podamos ver y entender la relación entre el espíritu, los profetas y el “silencio de Dios”.


Hablamos de documentos episcopales, y debemos señalar que hemos tenido obispos profetas (aunque tal cosa parezca un oxímoron). Basta mirar los obispos gestores de Medellín, muchos todavía vigentes en Puebla, ausentes en Santo Domingo y también en Aparecida.  No estaría de más una simple pregunta: ¿podemos mencionar 10 obispos proféticos latinoamericanos de tiempos de Pablo VI? Seguramente la respuesta sea fácil y rápida. En cambio, ¿podemos nombrar 10 obispos proféticos latinoamericanos de tiempos de Juan Pablo / Benito / Francisco? Personalmente creo que se tardaría muchísimo en poder llegar siquiera a insinuar tres.


Acaba de morir uno de los últimos obispos profetas: Pedro Casaldáliga. Lo último que hizo, que yo sepa, es firmar, con otros obispos, un texto crítico contra el actual gobierno de su país, Brasil. Hasta desde el silencio de su Parkinson y postración, su voz seguía resonando. Entre tanto, tocará seguir esperando que algún “día” Dios “rasgue” su cielo, y haga soplar su espíritu con una fuerza que no pueda callarse, ni siquiera desde los muros vaticanos, y el espíritu marque caminos siempre nuevos de vida y desafíos, de creatividad y esperanza, de entusiasmo y profecía. Algunos creemos que la iglesia depende de eso.

 

foto tomada de https://www.piqsels.com/es/public-domain-photo-opkuo

Comentario (video) del evangelio domingo 20 "A"

 Comentario del Evangelio domingo 20 "A" en video




También puede verse en https://youtu.be/O4_wvmV6eU0


Eduardo

Comentario domingo 20A

Una mujer, ¡y pagana!, señala a Jesús el camino del reino

DOMINGO VIGÉSIMO - "A"



Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     56, 1. 6-7

Resumen: Dios invita, por intermedio del profeta a recibirlo a pesar de la novedad que se vislumbra en su mensaje. Los rechazados no lo son por Dios que, en cambio, son bienvenidos. Dios tiene un programa para los suyos. Programa para siempre. 



Comienza el frecuentemente llamado “Tercer Isaías”, y como es habitual en los profetas lo hace afirmando “Así dice Yahvé”. La síntesis de su dicho se encuentra en el versículo inaugural acompañado de una bienaventuranza (v.2). Esta bienaventuranza se extiende a dos grupos habitualmente rechazados: los eunucos y los extranjeros, y a ambos les dice que “no diga” (v.3) haciéndose en ambos casos referencia a los sábados y la mantención de la alianza (vv.2.4.6). A continuación se dirige a los eunucos (vv.4-5) y luego a los extranjeros (vv.6-7) pronunciando en v.8 un nuevo oráculo. Podemos decir, entonces, que el texto litúrgico presenta la introducción del profeta y luego la referencia – promesa – dirigida a los extranjeros.


El dicho de Yahvé es concreto y tiene una explicación (): “guarden el derecho y practiquen la justicia porque () la salvación está al llegar y la liberación a revelarse” (notar el contraste entre la actividad humana de la primera parte y el obrar divino en la segunda).


No hay duda que el derecho y la justicia (mispat / tzedaqa) pueden calificarse como el “programa de Dios para Israel”. Lo que Dios anuncia es “mi” salvación (yesu’ati) a llegar y “mi” liberación (sidqati) a revelarse. Siendo que esto está cerca de concretarse, se propone a los destinatarios empezar ya a “practicar” el programa para el que Yahvé lo ha convocado. El segundo Isaías había llamado con frecuencia a Dios “salvador” (43,3.11; 45,15.21) y “liberador” (45,19.21) cf. 46,13; 51,5. Lo que aquí se pretende es que ya que la liberación está por llegar, la realidad humana coincida con lo que Dios hará. 


El par “derecho” (mispat) y “justicia” (tzedaqa) se encuentran 50 veces en la Biblia hebrea, es evidente que constituyen aquello que Dios quiere que su pueblo viva: Gen 18,19; Dt 33,21; 2 Sam 8,15; 1 Re 10,9; 1 Cr 18,14; 2 Cr 9,8; Job 37,23; Sal 33,5; 36,7; 72,1; 99,4; 103,6; 106,3; Pr 8,20; 16,8; 21,3; Is 1,27; 5,7.16; 9,6; 28,17; 32,16; 33,5; 54,17; 56,1; 58,2; 59,9.14; Jer 4,2; 9,23; 22,3.15; 23,5; 33,15, Ez 18,5.19.21.27; 33,14.16.19; 45,9; Am 5,7.24; 6,12; Mi 7,9. Hemos señalado en detalle las muchas frecuencias para que se vea sencillamente su importancia. Es posible que este texto concreto se inspirara en Sal 106,3.


Lo que se destaca no es lo cultual sino la participación de la alianza y pertenencia al pueblo de Dios. No es seguro si por “extranjeros” se refiere a los no judíos o a los judíos que habitan en el extranjero, como parece probable. La imagen del “servicio” es tomada del lenguaje cultual, pero quizás aquí sea metafórica. Lo cierto es que la promesa a estos se encuentra en v.7 donde el contexto sí es litúrgico. El templo y la ciudad de Jerusalén (lo mismo ocurría con los eunucos, v.5) parece aludir a la visita de los judíos de la diáspora (más que a la venida de paganos). El nombre que Dios le da a su casa – Templo es “casa de oración”; esto está por encima de los holocaustos y sacrificios. Los sacrificios y las oraciones son aceptados por Dios una vez que se practica el derecho y la justicia, ya se ha dicho (ver, por ejemplo, Is 1,10-20). A esto se abren las puertas a los judíos nacidos (y educados, acostumbrados) en tierras de dioses extranjeros y a los judíos que prestaron servicio a autoridades extranjeras (eunucos); todos tienen derecho a incorporarse en la nueva comunidad y a participar (y que sea aceptada) su oración en el Templo.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     11, 13-15. 29-32

Resumen: Pablo destaca el rol de Israel en la historia de la salvación: no siempre supo ser fiel a Dios. Ahora no ha aceptado a Cristo, pero eso permite la incorporación de los paganos. Y esto provocará los celos de Israel que querrá compartir la salvación. Así todos podrán acceder a la vida por la misericordia de Dios.



Pablo está finalizando el largo apartado sobre la Iglesia e Israel (Rom 9 – 11) y sintetiza lo que ha venido diciendo. El gran tema, como se dijo la semana pasada parte del dolor que le causa a Pablo que sus hermanos judíos no hayan reconocido a Cristo y recibido el espíritu. El problema es a su vez teológico: ¿Dios ha fallado en su promesa? Recurriendo abundantemente a citas bíblicas, Pablo demuestra que no es el caso. A lo largo de la historia de Israel, muchas veces el pueblo ha rechazado a Dios, pero Dios tampoco en estos casos lo ha abandonado. Un resto ha permanecido fiel (haciendo referencia a 1 Re 19,18). Coherente con lo que ha planteado en vv.1 – 7 afirma que la elección de este “resto” es gracia, no se trata de “obras” (v.6). Pero esta elección supone, como es obvio, otros muchos que no lo son, Dios “endureció” su corazón (= el espacio de la comprensión). ¿Cuál es el sentido de este tropiezo de la gran mayoría de los miembros de Israel? Los paganos, gentiles pueden acceder a la salvación y esto – además – provoca los celos de los judíos (v.11). Aquí comienza un nuevo punto en este desarrollo y el texto elegido para la liturgia. 


Pablo se dirige concretamente a los paganos destinatarios de la carta: “les digo, a ustedes, los gentiles” (v.13). Y lo que les dice, como “apóstol de los gentiles” es que “hace honor (doxázôa su ministerio (diakonía)”, pero ¿con qué fin? Para despertar los celos de los de su “carne” (sarx) y salvar a algunos. Estos celos de los elegidos que se ven fuera de la salvación al ver que la reciben los despreciados es lo que provocará – y Pablo lo afirma lleno de esperanza – que “entrará la totalidad de los gentiles y así todo Israel se salvará” (11,25-26).


El texto final del v.15 es un qal wahomer, es decir un clásico “de menos a más”: si esto ocurre con lo menos, cuánto más ocurrirá con lo más. Es una oración sin verbos y puede reconstruirse de este modo:

Si, entonces, el rechazo de ellos (trajo) la reconciliación del mundo

¿Qué (traerá) la aceptación sino la vida de los muertos?

Esta reconciliación (¿con quién?; cf. 2 Cor 5,19, reconciliación del mundo con Dios; cf. 8,32; 2 Cor 5,14) está, entonces, en relación a la salvación de los paganos (el mundo). El contraste está dado entre rechazo y aceptación. Ahora bien, ¿quién es el que rechaza y quién el que acepta? A pesar del clima en el que se destaca que Dios es el que ha endurecido sus corazones, expresamente ha dicho en v.1 que “de ninguna manera” puede decirse que “Dios ha rechazado a su pueblo”. La aceptación parece implicar a ambos sujetos (Dios y el pueblo) e implica la comunión plena revelada en Cristo. 


La referencia a la vida de los muertos, ¿ha de entenderse en sentido exacto (es decir, pensando en la resurrección) o en sentido metafórico? Si bien la primera no ha de excluirse, la ausencia del término resurrección (es un término que Pablo utiliza con frecuencia: egeirô [= levantar, despertar] 37x resurrección [anastasis, 9x]), mientras que acá lo omite. Puede ser algo semejante a lo que ha dicho unos capítulos antes: “preséntese ustedes mismos ante Dios como muertos vivientes, y sus miembros instrumentos de justicia para Dios” (6,13). El Israel muerto, como los huesos secos (Ez 37), recibe la vida por su adhesión al evangelio de Cristo. Esta aceptación es comparable a una resurrección.


Israel, en suma, se ha comportado como enemigo y eso ha redundado en beneficio de los paganos (v.28) pero sigue siendo amado por Dios ya que los carismas (jarísmata, dones de la gracia) y el llamado (klêsis) de Dios es irrevocable. Y – concluye – la inversión de las situaciones tiene en todos los casos la misericordia de Dios como repercusión. 

Ustedes (paganos) en otro tiempo rebeldes – al presente consiguieron misericordia (v.30)

Ellos (los judíos) al presente rebeldes (por la misericordia a ustedes) – ahora misericordia (v.31)

El contraste, de todos modos, como ya lo venía señalando en el comienzo de la carta es la rebeldía humana – de todos, judíos y paganos – y la misericordia de Dios que va más allá de las obras de cada uno.


 
Evangelio según san Mateo     15, 21-28

Resumen: Una mujer extranjera pide a Jesús su intervención milagrosa en favor de su hija. Ante la negativa de Jesús, ella insiste obteniendo no sólo el milagro sino también que Jesús la reconozca como de “gran fe” siendo así para el Evangelio modelo de creyente en Jesús y a su vez  capaz de enseñarle al mismo Jesús los caminos del reino.


Siguiendo un esquema semejante a Marcos, Mateo nos presenta a Jesús en territorio extranjero (es que su fama ya era reconocida allí, 4,24). La mujer – a la que Marcos llamaba “griega” – recibe acá el nombre tradicional de la región: cananea. Es importante – siempre – tener presente que Mateo se dirige a una comunidad concreta en una región concreta. La predicación a los paganos y el lugar de los judíos parece un tema importante en este caso. Parece decir Mateo, que los paganos deben reconocer la prioridad de Israel: no se cierra la entrada de los extranjeros, si es que tienen una gran fe como esta mujer, pero los destinatarios de la salvación son los judíos (como no se ha de alimentar a los perros a costa de desentenderse de los hijos). La mujer, entonces, reconocerá no tener derecho alguno y ante ese gesto de humildad Jesús la reconoce capaz de recibir lo pedido. El texto, así mirado, no es misionero sino eclesial.


Como otros necesitados de salud, la mujer le pide “¡compadécete!” (eleêson): 9,27; 17,15; 20,30.31, acotando “hijo de David” (9,27; 20,30.31). Pero Jesús no responde. Lo que provoca la intercesión de los “discípulos” pidiéndole que le conceda lo que pide para que no siga gritando. No parecen preocupados por el bienestar de la hija de la mujer poseída de un “mal demonio” sino indiferentes a su problema; lo que les preocupa es la molestia, no la hija. Como los anteriores enfermos citados que piden compasión, esta lo hace “gritando”.


La negativa de Jesús tiene más densidad teológica que en Marcos: Jesús acota que no “he sido enviado” (= por Dios) sino “a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Jesús ya lo había dicho a los que él enviaba delante suyo (10,6; cf. Jer 23,2; 27,6). Dos temas son interesantes: en el contexto de Mateo, esto se refiere a aquellas ovejas de las que se desentienden los fariseos de tiempos de Mateo; los miembros de Israel están perdidos porque quienes deben ocuparse de ellos son “guías ciegos” (23,16.24). Por otra parte, el texto puede leerse de dos maneras: “a aquellas ovejas de Israel que estén perdidas” o – como parece preferible – “a las ovejas (que es) Israel" que – todas ellas – están perdidas.


El dicho de Jesús y la respuesta de la mujer sobre los perritos, los hijos y las migas que caen es semejante (con matices: “de los niños”, Mc; “de sus señores”, Mt) a Marcos. El contraste entre “hijos” y “perros” parece aludir a los judíos (“hijos”, cf. Ex 4,22; Os 11,1) y los paganos (“perros”, cf. Fil 3,2-3; Ap 22,15). El término “perro” (aquí “perritos”) es ambiguo: se usa en sentido de algo despreciable (Ex 22,30; 1 Sam 17,43; 24,15), del varón que se prostituye (Dt 23,19), de un enemigo peligroso (Sal 22,17.21), y de algo impuro (cf. Job 30,1). Comparar a alguien con un perro es un insulto, y compararse a sí mismos con un “perro muerto” es un gesto de humillación (cf. 1 Sam 24,15; 2 Sam 9,8). 

No deben introducirse en el campamento santo (= Jerusalén) perros que coman algunos de los huesos del templo con la carne. Porque Jerusalén es el campamento santo, el lugar que escogió de entre todas las tribus de Israel…” (4QMMTc, fragm. 1, col II,9 – col III,2). 


Se ha pensado, por ejemplo, que el uso del diminutivo sirve para distinguir el perro doméstico del perro salvaje, e incluso se ha recurrido para mostrarlo a textos griegos y latinos, pero no a textos judíos. Lo más probable es que se refiera, entonces, sencillamente al contraste entre judíos-hijos y paganos-perros. El diminutivo puede servir - como se ha dicho - para aludir a los perros – o a sus cachorros – domésticos (de hecho el dicho transcurre en torno a la mesa familiar), pero sin duda se alude aquí a los paganos.


Se destaca que las dos veces (vv.25.27) la mujer se dirige a Jesús como “Señor”, y que se postra (proskynei, v.25) ante Jesús. Esta “postración” es verbo preferido en Mateo (13x, contra 2x en Mc, 3x en Lc y 11x en Jn, aunque 9x en 4,20-24) donde salvo el caso de la tentación (el diablo le pide que lo “adore”, 4,9.10) y en una parábola (18,26) siempre se dice de Jesús. Se trata de una actitud de postración ante lo divino, por lo que a veces se traduce por “adoración” y suele dirigirse a Dios (Ex 20,5; Lv 26,1; Dt 4,19) aunque puede realizarse en señal de respeto ante un superior (cf. Ex 18,7; Rut 2,10; 1 Sam 24,9; 2 Sam 1,2…). 


Mateo añade una referencia a la “fe grande” de la mujer que – como se dijo la semana pasada – es tema característico de Mateo en contraste con la “poca fe” de los apóstoles, y de Pedro. En Mateo, la fe es fundamentalmente la confianza en que Jesús es capaz de obrar un milagro (8,10.13; 9,2.22.28.29; de allí que en 8,13 y 9,29 Jesús dirá – como en este texto – que lo que le piden suceda conforme a la fe que tienen); en 17,20 y 21,21 se refiere a la fe de los oyentes capaz de obrar cosas importantes, de donde concluye la importancia de la oración (21,22). En 21,25.32 se refiere a que los sumos sacerdotes y ancianos no le han “creído” a Juan (por su testimonio sobre Jesús). Lo que se les critica a los “escribas y fariseos” es que descuidan lo único importante de la Ley: “la justicia, la misericordia y la fe” (23,23). También es usada en sentido de “fidelidad” (24,45; 25,21.23). Podemos decir, en suma, que la fe, aunque no tiene un sentido tan fuerte como encontramos en Pablo, esta se dirige a Cristo (no se habla de “creer en Dios” sino en lo que Cristo es capaz para nuestras vidas).


Pero es muy importante notar, como hemos dicho, que si los apóstoles son cuestionados frecuentemente por su “poca fe”, la “mucha fe” de esta mujer (como la del pagano en 8,10) es particularmente importante (especialmente por tratarse de gente de la que no se espera que tengan fe). Pero tampoco ha de dejar de tenerse en cuenta otro aspecto: Jesús anuncia un reinado de Dios del que invita a hacerse discípulos. Él mismo también está dispuesto a dejarse enseñar – por una mujer y pagana, ¡nada menos! – para ser fiel al proyecto de Dios. Sin duda que aquí esta mujer enseña a Jesús la novedad del reino. Y Mateo toma este elemento para dirigirse a su comunidad, mayoritariamente de cristianos venidos del judaísmo, para invitarlos a tener otra actitud frente a los paganos de su ciudad (ver 28,20). 



Foto tomada de www.taringa.net

lunes, 10 de agosto de 2020

Carta abierta al pueblo argentino (opp)

 CARTA ABIERTA AL PUEBLO ARGENTINO Y A TODOS Y TODAS LAS QUE HABITAN ESTE QUERIDO SUELO:


«”Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”     
Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”». (Mateo 25, 37-40)


Hace ocho meses saludamos el comienzo de un nuevo período gubernamental que consolida la vigencia de la democracia en nuestro país. En ese momento expresamos nuestra confianza de que el nuevo gobierno, fruto de la unidad de quienes quieren una patria fraterna, justa y solidaria, ayudaría a nuestro país a superar la profunda crisis en que nos dejó el que probablemente fue el peor gobierno de nuestra breve historia democrática.

Los propósitos expresados por quienes recibieron del pueblo el mandato de gobernar el país en este cuatrienio dieron fundamento a esa esperanza: la atención urgente del hambre que padece gran parte de la población, el cuidado de la tierra y los recursos naturales, la superación del endeudamiento masivo e irresponsable obrado por el gobierno anterior, la necesidad de integración a la Patria Grande, el saneamiento de la justicia viciada por los intereses políticos y económicos, la transparencia del gasto público, el fortalecimiento del federalismo… Escuchamos a un presidente expresar estos propósitos. Confiamos en su sinceridad, en que no se trata de otro engaño: es lo que Dios y nuestra Patria le demandan.

Sabemos de las enormes dificultades y los obstáculos que el cumplimiento de esos propósitos encontraría en «tiempos normales». Las fuerzas de quienes tienen intereses mezquinos siguen vigentes y son muchos los que no adhieren a este sueño colectivo de felicidad sin exclusiones. Pero fue entonces que, para multiplicar las dificultades, nos sorprendió esta pandemia que asola el mundo. Y nos encontramos con un presidente y un gobierno que privilegia la vida y pone todo su esfuerzo en cuidarla, como nos enseña Jesús. Hemos podido comprobarlo en el encuentro que tuvimos algunos de nosotros con el Presidente y los diputados Kirchner y Valdez, en el que tuvimos oportunidad de presentarles nuestras inquietudes, sobre todo en lo que hace a la situación del conurbano bonaerense.

Por eso saludamos las medidas implementadas para paliar las inmensas dificultades que padece la población más vulnerable de nuestro país: el fortalecimiento acelerado de una salud pública que había sido descuidada y despreciada, el apoyo a las familias más empobrecidas, la ayuda a las pequeñas y medianas empresas y otra cantidad de medidas que, aunque sabemos que siempre terminan siendo insuficientes, han servido para evitar un desastre mayor.

Y, en el medio de las exigencias de la pandemia, se han llevado adelante con éxito las negociaciones para lograr un acuerdo con los acreedores privados internacionales, que permitirá un ahorro que podrá aplicarse en los próximos años a la recuperación económica y social de nuestra patria.

Todo esto enfrentando a una feroz e inmoral oposición de los poderes mediáticos, económicos y políticos que parecen decididos a no dejar gobernar, en el mejor de los casos, o hacer caer un gobierno que todavía no ha cumplido un año. Poderes que no pierden ocasión para generar descontento: difundir mentiras o medias verdades, llamar irresponsablemente a concentraciones que se han constituido en fuente de innumerables contagios, mientras permanecen ellos cuidados en sus hogares o vacacionando en el extranjero.

Como curas que hemos optado por estar junto a nuestro pueblo, experimentamos día a día las enormes dificultades que siguen teniendo los más pobres no sólo para llegar a fin de mes, sino, sobre todo, para poder poner cada día un plato en la mesa. Pero somos también testigos de la creatividad con la que se tejen iniciativas solidarias para compartir la mesa de la vida. Llevamos meses sin poder compartir con normalidad la mesa de la Eucaristía. La Eucaristía no es un derecho: es el don de la Vida entregada por Jesucristo. Por eso estamos convencidos de que Jesús está igualmente presente en los lazos de comunión que esa solidaridad está tejiendo. Porque queremos dejar atrás un país para pocos, soñamos con una Patria para todos y todas donde los pobres sean los primeros en sentarse a la mesa y puedan celebrar el pan del trabajo y el vino de una vida plena.

Seguiremos siendo hermanos para acompañar toda iniciativa a favor de nuestro pueblo. Cuenten con nosotros para ello. Pero también queremos ser hermanos para expresar nuestra preocupación cuando sintamos que se traicionan los principios y los ideales que declaró el Presidente cuando asumió su mando. No dejemos de soñar juntos por una Patria donde reinen el amor y la igualdad. Busquemos en los clamores de nuestro Pueblo la voz del Dios de la Vida.

Parafraseando aquella voz que resonó en la Plaza de Mayo el pasado 10 de diciembre: “Confiemos en el pueblo. El pueblo no traiciona, sólo pide que lo defiendan y lo representen”

Renovamos nuestro compromiso junto al pueblo y a los pobres. Nos ilumina el ejemplo de tantos que entregaron su vida al servicio de la liberación de los pobres en nuestro país y nuestro continente y en cuya protección confiamos; especialmente tenemos presentes a los mártires riojanos, los beatos Enrique Angelelli, Wenceslao Pedernera, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, a San Oscar Romero, a monseñor Pedro Casaldáliga, fallecido este último sábado, y a Orlando Yorio (con quien tanto hemos compartido).

 

 

Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

10 de Agosto de 2020

 

Contactos:    P. Ignacio Blanco: +54 9 11 3185-4724

      P. Félix Gibbs: +54 9 11 5793-4950

      Fray Guillermo Fernández Beret: +54 9 380 428-6596

viernes, 7 de agosto de 2020

Una nota de esperanza

Una nota de esperanza


Eduardo de la Serna



Preguntas… ¿respuestas?

  • Cuando uno ve que un comunicador, que afirma ser periodista, festeja que se hable de 10.000 posibles casos diarios de Covid-19;
  • cuando uno ve otra, que también cree ser periodista, que trata de estar en la cresta de la ola comunicando mensajes presidenciales inexistentes, o hasta tomando bebidas inconducentes;
  • cuando uno ve que el poder judicial residual (ese que se resiste a ser reformado) tiene desde actitudes patriarcales y machistas contra periodistas hasta la espeluznante complicidad con el ex presidente, sea no dejando que se audite su teléfono (algo que ni D’Alessio pudo conseguir), hasta que se mencione y procese a sus ex ministros pero él quede impune mirando desde el “país de a libertad” (y la guillotina) …

Cuando uno ve todo esto… y ve pobres esperpentos conducidos de sus narinas al obelisco, o a abollar cacerolas… uno (yo) tiende a preguntarse: ¿cuánto poder le queda todavía vigente al macrismo? ¿Cuánta perversión más debemos soportar? Porque, aceptemos, que la perversión que leemos, vemos o escuchamos por los medios de comunicación sigue existiendo porque estamos llenos de “idiotas útiles” que bailan en Recoleta, toman cerveza en Recoleta, salen a cacerolear en Recoleta o hasta manifiestan anticuarentenamente en Recoleta… Eso es normal… la Recoleta nace en torno a un Cementerio. Está en su ADN. Se podría decir que canal 13 y TN quedan en Constitución, pero son las ironías de la muerte, que “se lleva” a Neustadt el día del periodista y a Pinochet el día de los Derechos Humanos… Se puede decir que la última marcha en contra de la reforma judicial se pudo realizar en una cabina telefónica y quizás sobraba espacio, salvo para las cámaras de los mismos de siempre… todo eso es cierto, pero todavía tengo atragantado el 40% (que quizás hoy sea 25% y – ojalá – mañana 2%). En mí, se trata del tan mentado amor a la patria. El problema radica en que algunos creen que esa tal patria radica en su bolsillo, ese que – además – está vacío, no porque lo vaciaron los delincuentes de la “inseguridad” sino los “republicanos” del “cambio”, los que viajan al exterior en cuarentena o aprovechan que en la CABA todos quisieran ser Recoleta. Pero mientras no queden desocupados por 0% de audiencia los comunicadores de la muerte y quebradas las empresas que los contratan, seguiré soñando con aquel tiempo maravilloso en que Perón expropió La Prensa. Solo imaginar esa posibilidad da, en mí, cabida a la esperanza.



martes, 4 de agosto de 2020

Ser cura en tiempo de coronavirus

Ser cura en tiempo de coronavirus


Eduardo de la Serna




El 4 de agosto, día de San Juan María Vianney, cura de Ars, suele celebrarse “el día del cura”. El 4 de agosto, también, es el día del martirio de Enrique Angelelli, pastor bueno de “tierra adentro”, como se decía. Y, además, hoy “mataron” a Pedro Casaldáliga. Profeta y místico de nuestra América Latina. Pedro está muy enfermo, y no se espera que viva demasiado más, pero ya desde temprano lo dieron por muerto. Tuvo que intervenir el provincial de los Claretianos (congregación a la que Don Pedro pertenece) para aclarar que está vivo. Esto me permitió recordar el paso de don Pedro por las tierras riojanas, y luego por Quilmes, donde saludó a Jorge Novak.


Tengo claro que no hay “un modo” de ser cura. Y que los hay (los habemos) de muy distintos tipos. Unos más dedicados a un aspecto, otros más dedicados a otro. Y, creo, que lo que nos debería constituir es el servicio “pastoral” al pueblo. Somos curas para el pueblo. Por eso algunos se mirarán más reflejados en el cura de Ars, otros más en Angelelli, pero la “consagración al pueblo” es lo único que revela la fidelidad desde uno o desde otro ángulo. Claro que algunos quisieran que el cura sea “así” y otros quisieran que sea “asá”, y no podremos, nunca, contentar a todos. Sólo a nuestra conciencia y a Dios. Y, además, en fidelidad a la historia. Hoy tan conmovida por una pandemia que hace que mucho de ayer no se pueda hoy, o que algo deba re-inventarse. Eso de un oído en el Evangelio y otro en el pueblo es siempre actual.


Por mi parte, sólo espero que el pueblo al que me he consagrado sepa, sienta, experimente que a ellos me debo, por ellos vivo. Y que la alegría y la paz sean un signo visible de que allí estoy. Si así fuera, hoy celebraría doblemente. ¡Ojalá así sea!

 

Foto tomada de https://noticiasancap.org/2015/08/09/con-un-oido-en-el-pueblo-y-otro-en-el-evangelio/


video domingo 19 "A"

Comparto el video con la reflexión del evangelio (domingo 19 "A")



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Eduardo