martes, 15 de enero de 2019

Comentario Domingo 2C

Los signos de Jesús nos invitan a descubrir la vida escondida

DOMINGO SEGUNDO – “C”
Eduardo de la Serna



Lectura del libro de Isaías          62, 1-5

Resumen: la metáfora matrimonial sirve al profeta para resaltar que la alianza con Dios sigue vigente y que pronto se realizará en medio de la historia actual de opresión y violencia.

El gran salto dado por Oseas comparando el amor entre Dios e Israel con el amor de esposos se continuó en muchos textos proféticos, e incluso adquirió nuevos aspectos. Sión – Jerusalén será por siempre esposa de Yahvé. El texto continúa (vv.6-8) con referencia a los enemigos siendo que sólo los miembros de su pueblo disfrutarán sus dones (v.9).

Dios no descansará hasta que la justicia se implante en Sión y la salvación se manifieste sobre todo su pueblo. Justicia y salvación (tsedaqa’ y îesû‘â) aquí son paralelos (como también en el Salmo 119,123) imaginados como antorcha y resplandor. En realidad, como es frecuente en el estilo poético de Isaías, el v.1 son dos paralelos sinonímicos (como otros párrafos de la unidad: v.2a; 3; 4a.b; 4c.d):

A.- Por causa [a] de Sión [b] no callaré [c],
A’. por causa [a] de Jerusalén [b] no quedaré quieto [c],
B.- hasta que salga [a] como resplandor [b] su justicia [c]
B’. y su salvación [c’] como antorcha [b’] que arde [a’].

Lo cierto es que la liberación anunciada en 60,1-3 parece demorarse pero que Dios reafirma que eso es algo que ocurrirá. Es un oráculo de salvación (y no que el profeta afirma que insistirá, “no callará”, en pedirle a Dios que se concrete). Esto es expresado en la metáfora de la luz (resplandor -  antorcha).

Pero el texto abandona la referencia “sobre” Jerusalén para hablar “a” ella. Comienza con una ironía sobre las naciones / los reyes que verán esa “justicia” y la gloria (resplandor). A continuación resalta que con la dignidad que Jerusalén ha recibido se ha hecho merecedora de un “nombre nuevo”, lo que significa un cambio trascendental en su mismo ser. Propiamente, el nombre no está dicho. Lo importante es que lo tendrá. Y que saldrá de la boca de Dios que lo “grabará” (perforará) de un modo perdurable.

El texto pasa a comparar ahora la ciudad con una corona y con una tiara, ambas usadas por la realeza (cf. Jer 13,18; Ez 16,12; 23,42; Sab 5,16). De este modo la imagen permite visualizar a Jerusalén como una reina o una princesa. Pero no están en la cabeza de la mujer sino en las manos de Dios, con lo que la escena es la de una coronación. El “todavía no” del v.1 está próximo.

En el v.4 surgen una serie de nombres (no necesariamente “el nombre nuevo”) que remiten a “tu tierra” (vv.4a.b.c). El “no se dirá de ti” (a y b) remite a la actual realidad que cambiará: “abandonada” y “desolada”. Los términos permiten referirse tanto a una mujer como a una ciudad, y es con esa imagen que juega el profeta para reforzar la idea del amor. La insistencia en que Yahvé es el “poseedor”, el que se “casa” se repite 4 veces (vv.4 y 5; cf. 54,5) y el verbo es “baal” con lo que refuerza que Yahvé (y no otro dios como baal) es su verdadero “poseedor”. 

El v.5 marca un cambio que en algunas traducciones es disimulado. El paso es a “los hijos” lo que es problemático ya que los hijos no se casan con su madre. Ni la desposan. Pero como sigue en el terreno de la metáfora sin duda que se alude a los “hijos de Jerusalén”, es decir los “desolados”, los que regresan del exilio. Y al retornar a Jerusalén harán realidad los desposorios. Que es manifestado en el “tu Dios” conclusivo que recuerda el lenguaje de la alianza.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios        12, 4-11

Resumen: algunos miembros de la comunidad pretenden reconocimiento por parte de Pablo por sus manifestaciones más espectaculares. Pablo les remarcará que lo que cuenta es que todos los carismas son dones de Dios al servicio de la comunidad y que jactarse, por lo tanto, es un sin sentido.

En 12,1 comienza un nuevo apartado de la carta a los corintios. Como los demás, empieza con “con respecto a…” (7,1.25; 8,1; 12,1; 16,1.12) que parece ser – en cada caso – la respuesta que da Pablo a preguntas que los corintios le han formulado por carta (7,1). En la carta también hay enfrentamiento a temas que Pablo conoce por información oral (1,10; 5,1; 11,18; 15,12). En este caso, la pregunta es acerca de “los espirituales” y Pablo desarrolla el tema en tres grandes partes, concluyendo en 14,40. El capítulo 12, por su parte tiene también tres grandes partes donde Pablo presenta el planteo en general (vv.4-11 [texto del día]), un análisis a partir de la metáfora del cuerpo (vv.12-27) y la conclusión (vv.28-31). Los vv.1-3 constituyen la introducción a toda la unidad. Veamos brevemente:

En la introducción [veamos someramente ya que explica el texto y los que vendrán], Pablo presenta un contraste entre el pasado y el presente de los destinatarios, el tiempo de la idolatría, tiempo “sin espíritu” y el hoy, tiempo “con espíritu”, tiempo “en la fe”. El contraste llega al extremo de la máxima blasfemia con la máxima confesión de fe, por tanto aquel que dijera “Jesús es anatema”, algo imposible de decir si ese tal tiene el espíritu, y la gran confesión de fe, “Jesús es Señor”, algo sólo posible de decir “en espíritu”. Esto, así dicho, pone la fe como el eje y el criterio de pertenencia. Pero esta fe está movida por el espíritu de Dios. Muchas cosas que antiguamente los corintios hacían son muy semejantes a lo que hacen ahora (por ejemplo hablar en aparentes lenguas extrañas), ¿cómo saber si a ello nos mueve el espíritu de Dios o un espíritu extraño o un ídolo? Pues la fe, la confesión de fe, es el criterio. Si uno confiesa a Jesús, tiene el espíritu de Dios.

Sin embargo [y entramos en el texto] – y esto es particularmente duro para aquellos que se creían más importantes que otros por tener manifestaciones del espíritu que son más espectaculares (como el don de lenguas) – lo primero que Pablo señala es que esos “espirituales” se identifican con carismas. Es decir, dones de la gracia. Nadie puede, por tanto, jactarse, ya que todo es don de Dios, y no para el propio provecho, sino para el servicio de la comunidad. No es ni propio ni para sí. Esos dones son “distribuidos” (v.4), y tienen su origen en Dios. A cada uno Dios le da diversos “carismas” y todos son para el provecho de la comunidad (v.7). A continuación Pablo enumera algunos de esos carismas y más adelante (v.28) continuará mencionando otros. Es decir, no pretende dar una lista exhaustiva de los dones, sino mencionar algunos para destacar la pluralidad y variedad, pero en el sentido de la unidad. Puesto que la pregunta fue por “los espirituales” el acento paulino está en que estos dones son dados por el espíritu (algo que repite insistentemente en la unidad). Sin duda el punto de partida – que desplegará en la larga unidad 12-14 – radica en que los dones del espíritu no han de medirse por la espectacularidad de los mismos, sino por el servicio que presten en la comunidad. Todo parece indicar que quienes se jactan de estas manifestaciones espirituales son los sectores de clase alta de la comunidad y pretenden un reconocimiento que Pablo les negará. 


Lectura del evangelio según san Juan       2, 1-11

Resumen: el primero de los signos nos muestra una revelación sobre Jesús que estamos invitados a descubrir para creer en ella. Los tiempos mesiánicos han llegado.

La referencia a “Caná de Galilea” a comienzo y final del relato le da unidad. Sin embargo no hay que olvidar que este texto es una suerte de bisagra entre el comienzo “histórico” de Juan (1,19-2,11) y el primer bloque que comienza y concluye en Caná (2,1-4,54, cf. 4,46). El primero parece una suerte de “primera semana” de Jesús (cf. 1,19.29.35.43; 2,1), el segundo se ha presentado como “de Caná a Caná”. En este sentido, el relato de las bodas constituye el fin de la primera semana y el comienzo de los signos.

El relato de un acontecimiento constituye el “marco narrativo” de lo que Juan calificará de “signo” (sêmeia). Esto nos permite concluir, para comprender el texto, que lo ocurrido no es lo importante. Podemos decir que el hecho constituye como la suerte de la “cáscara” de una semilla (sêmeia) para la que lo importante es su núcleo. O, para formularlo claramente, debemos intentar dar respuesta a la pregunta de ¿cuál es el signo que da Jesús en Caná?

Lo primero que es importante señalar es que en Juan los “signos” son ciertamente cristológicos, y por tanto la respuesta debe aclarar qué dice de Cristo el signo; pero aclarando que es algo “de Cristo a nosotros”, a nuestra fe. Para entendernos bien: el signo “del pan de vida” nos dice que debemos recibir a Jesús, que es el que alimenta nuestra vida (6,26-27); el signo del ciego nos dice que Jesús es el que ilumina nuestra vida y al mundo entero (9,5); el signo de Lázaro nos dice que Jesús da vida eterna al creyente (11,25-26). Sin duda que la respuesta de fe a este signo es el paso siguiente que Juan nos invita a dar (“manifestó su gloria y creyeron en él sus discípulos” v.11).

Podemos decir que la conversión del agua en vino, entonces, es como la “cáscara” a la que hicimos referencia. Allí debemos descubrir el signo.

Es sabido que en tiempos del A.T. la tentación de recurrir a los ídolos para obtener fertilidad (de la tierra los ganados o la propia) fue uno de los principales temas de los profetas del pre-exilio. Así, Elías anuncia una sequía, como una manera de decir a Israel que la fecundidad no han de esperarla de Baal sino del mismo Yahvé (cf. 1 Re 17,1). Así, por ejemplo, lo anuncia Miqueas: “Sembrarás y no segarás, pisarás la aceituna y no te ungirás de aceite, el mosto, y no beberás vino” (6:15). Amós anuncia: “Entonces haré volver a los deportados de mi pueblo Israel; reconstruirán las ciudades devastadas, y habitarán en ellas, plantarán viñas y beberán su vino, harán huertas y comerán sus frutos”. (9:14). Y en los escritos apócrifos se dice:

Pero en cuanto a los otros, los que estaban interesados en la justicia y las nobles accionesy la piedad y los pensamientos más justosángeles los levantarán a través del río en llamas y los llevarán a la luz y a la vida sin preocupacionesen el camino inmortal del gran Dios y tres manantiales de vino, miel y leche. (Oráculos Sibilinos, 2: 313-318)
Y entonces Dios le dará una gran alegría a los hombres, por la tierra y los árboles e innumerables rebaños de ovejas dará a los hombres el verdadero fruto de vino, la miel dulce y la leche blanca y el grano, que es lo mejor para todos los mortales. (Oráculos sibilinos 3:619-623)
En esos días toda la tierra será labrada con justicia; toda ella quedará cuajada de árboles y será llena de bendición. Plantarán  en ella toda clase de árboles amenos y vides, y la parra que se plante en ella dará fruto en abundancia. De cuanta semilla sea plantada en ella, una medida producirá mil, y cada medida de aceitunas producirá diez tinajas de aceite” (1 Henoc 10:18-19).
“… Cada vid tendrá mil ramas y cada rama producirá mil racimos, y en cada racimo habrá mil granos y de cada grano saldrá un tonel de vino” (Apocalipsis de Baruc 29,5).

La abundancia de los frutos de la tierra es característica de los tiempos mesiánicos. Y acá se vislumbra el signo.

Expresamente señala Juan que llenaron “hasta el borde” las seis tinajas de piedra que eran de unas “dos o tres medidas”. La medida (bat, metrêtàs) era de 45 litros, lo que puede decirse de entre 90 y 135 litros aproximadamente. Sin duda se trata de una cantidad enorme de agua. La abundancia mesiánica está patente.

A esto se ha de señalar que el banquete es imagen también de los tiempos mesiánicos (Is 25,6-8; Jl 4,18), particularmente una alianza matrimonial (Is 61,10; 62,4; Os 2,16-25).

Esto nos permite notar el signo: con Jesús llegan – en él – los tiempos mesiánicos en los que disfrutaremos plenamente de los dones de Dios.

El texto señala algunos otros elementos que comentaremos brevemente:

  • La madre se dirige a Jesús constatando simplemente la carencia. Como las hermanas de Lázaro, sólo señalan (“si hubieras estado”, 11,21.32), aunque esto implique una nota de confianza no mencionada.
  • Jesús se dirige – extrañamente – a su madre como “mujer”, como lo repetirá en la otra escena joánica, 19,26, algo anómalo en el modo de dirigirse un hijo a su madre (quizás deba entenderse en sentido teológico). Y le acota literalmente “qué a mí y a ti” con lo que establece distancia con su interlocutora (qué tengo que ver yo contigo). La frase aparentemente dura no continúa en ese sentido en el relato.
  • La frase de la madre (en Juan no se hace mención a su nombre) a los sirvientes es semejante a la que el Faraón dice a su pueblo con respecto a José: “hagan todo lo que él les diga”, cf. Gen 41,55. Es una frase indicadora de una confianza ilimitada, y en el texto puede entenderse como propia de un discípulo.
  • La referencia al “vino mejor” es propio de Juan; los signos siempre tiene un “plus”: el ciego es “de nacimiento”, Lázaro lleva muerto “cuatro días”…

Sin embargo hemos de destacar un elemento final muy importante: Juan numera este signo como el primero. Y acota que en él se manifiesta la gloria y los discípulos creen.

En el Evangelio de Juan, en toda la primera parte (capítulos 1-12) Jesús se manifiesta a los suyos pero en “signos”. Es decir, en hechos en los cuales los destinatarios y lectores estamos invitados a ir “más allá” de la cáscara. Cuando esto se logra (cosa que no ocurre frecuentemente, como se ve en 6,26) se descubre allí “escondida” la “gloria” (doxa) de Jesús. Y esto conduce a creer. En cambio, al llegar “la hora” (que aquí se señala expresamente que no ha llegado; cf. 4,21.23; 5,25.28; 7,30; 8,20) (ver 13,1) en la Pascua Jesús manifiesta su gloria y gloria de Dios (cf. 13,31). Tenemos así, en el cuarto Evangelio, dos manifestaciones de la gloria de Jesús que conducen al destinatario a creer, con lo que logra la vida divina: una por signos y la otra en la manifestación clara del amor extremo de Jesús.



dibujo tomado de ierp.org.ar

martes, 8 de enero de 2019

Bautismo del Señor C


Desde el cielo se nos dice a todos que Jesús viene a nuestra historia
EL BAUTISMO DEL SEÑOR 

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     42, 1-4. 6-7

Resumen: El llamado canto del “siervo sufriente de Yahvé” presenta diferentes interpretaciones. Pero lo que se dice de él se dice también de (parte de) Israel. El grupo que vuelve del exilio debe presentarse como modelo y liberador para los demás judíos de otras regiones de la dispersión y de la misma tierra de Israel.

El texto litúrgico de hoy pertenece al llamado “primer canto del siervo sufriente de Yahvé”. Estos cantos (habitualmente se habla de cuatro, aunque no es unánime) son bastante controvertidos en su interpretación. ¿A quién se refiere? ¿Quién es este “servidor”, “elegido”…? Se ha pensado en el grupo cautivo en Babilonia que está por regresar a la tierra, y su sufrimiento es visto como “vicario” por los pecados de todo el pueblo. Pero también se piensa que se refiere a un (pequeño) grupo que ha regresado a la tierra luego del exilio y no ha sido recibido ni aceptado por los que estaban en la región de Israel. 

El himno se dirige (vv.1-4) a alguien desconocido hablando sobre este siervo también ignorado por nosotros. En v.5 Yahvé mismo retoma la palabra para dirigirse a partir de v.6 al siervo (vv.6-9 [vv.8-9 parecen remitir a 41,29]) e invita a un colectivo (vv.10-12) a un canto comunitario. El destinatario es –como se dijo- desconocido, pero lo somos los lectores… Lo que se afirma del siervo tiene connotaciones de semejanza a un rey (tendrá el espíritu, dictará la ley, implantará justicia, implantará el derecho cosas que también se dicen de los reyes asirios y babilonios), se parece al libertador del que habla en c.41. Pero eso mismo se ha dicho de Israel en 41,8-10 (cf. 44,2.21; 45,4; 48,20). Es posible, entonces, que se refiera a Israel, o a los deportados o de la diáspora. Es posible que los judíos e israelitas que están dispersos se encuentren en un proceso de pérdida de la propia identidad, de asimilación a la cultura imperial, e incluso de sus dioses. A algunos del exilio, entonces, los invita a ser “luz” (v.6). 

Este “servidor” tiene una tarea que realizar, por eso recibe el “espíritu” de Yahvé (cf. Núm 11,25.29). Es la fuerza para ejercer la conducción. Debe producir justicia, derecho, decisión (mispat, 3 veces en vv.1-4) es una intervención liberadora. Entre las dos referencias al mispat de v.1b y v.4b destaca que se caracteriza por “no hacer” siete cosas:
  • No gritará
  • No alzará la voz
  • No hará oír su voz (v.2)
  • No quebrará (a) la caña
  • No vacilará (b) la mecha humeante (v.3a)
  • No vacilará (b’)
  • No se quebrará (a’) (v.4a)

Queda poco de esperanza (“caña quebrada / mecha mortecina”; cf. 1 Re 14,15; 2 Re 18,21; Is 43,17; Ez 29,6), pero este “rey” no lo dejará perder. Los demás exiliados podrán dejarse conducir por el Israel cautivo en Babilonia que los ayudará a concretar la liberación. 

Dirigido al servidor a partir de v.6 se afirman cuatro cosas: llamar / tomar de la mano / reservar y poner lo cual tiene relación a los dos extremos del horizonte: el país y las islas (es lo que se llama un merismo que consiste en aludir al todo destacando dos elementos extremos, como “cielo y tierra”). Y lo que se destaca que hará tiene que ver con las realidades sociales y políticas (cárceles, cadenas…). En realidad “abrir los ojos” tiene que ver frecuentemente con la liberación de la cárcel, ya en relatos babilónicos como en el AT (cf. Is 61,1).


Lectura de los Hechos de los Apóstoles     10, 34-38

Resumen: Un importante discurso de Pedro sobre el envío de Jesús a predicar a los judíos se verá abruptamente interrumpido por una intervención del Espíritu Santo que lo hará cambiar de actitud. En este discurso hace alusión breve a Jesús en la historia desde el Bautismo de Juan hasta la crucifixión. La primera parte forma parte del texto del día.

En el Libro de los Hechos, los discursos de diferentes personajes ocupan un lugar muy importante. En el texto de hoy tenemos uno de los temas centrales del libro, por lo cual la escena parece repetirse una y otra vez con la evidente finalidad de mostrar que la recepción de los “paganos” en el grupo de discípulos es algo motivado por expresa determinación del Espíritu santo. En este caso se trata de la responsabilidad expresa de Pedro (con todo lo que este personaje significa en Hechos) como responsable principal en esta recepción. Un pagano, Cornelio será recibido a partir del bautismo en la comunidad. Pero para dar ese paso fundamental se hace necesario que el espíritu santo intervenga activamente (visiones e interpretaciones). Luego de las escenas que presentan y preparan los hechos, Pedro pronuncia un discurso que es el texto litúrgico del día. Comienza con “Pedro tomó la palabra” (v.34) y pasa a una nueva escena cuando afirma que “Estaba Pedro diciendo estas cosas…” (v.44).

En los discursos cristianos (hay otros no “cristianos”) en Hechos, es habitual una serie de referencias a la síntesis de la obra de Cristo a partir de su pascua centralizado en la muerte y resurrección con breve referencia a su historia. El texto de la liturgia de hoy es el que más referencias al “pasado” de Jesús tiene, aludiendo desde su bautismo por parte de Juan (v.37) hasta los milagros o exorcismos (v.38) siguiendo el esquema propio de Lucas. La referencia al bautismo es la que motiva su incorporación en la liturgia del día.

La primera parte del discurso (la que hace referencia a que Dios “no hace acepción”, literalmente: “no mira parcialmente la cara”; prosôpolêmptês se encuentra aquí por única vez en la biblia, se origina en prosôpon que es la cara, el rostro; cf. Rom 2,11; Ef 6,9; Col 3,25; Sgo 2,1.9) hace referencia, precisamente a la incorporación de no judíos, por iniciativa de Dios, en el grupo de discípulos. En la Biblia, habitualmente es un término judicial y se cuestiona a los jueces que hacen “acepción” (prosôpon) en favor de los que los han sobornado, o de los ricos contra los pobres (Dt 1,17; 16,19; Sal 82,2; Pr 24,23; 28,21; Sir 42,1; Mal 2,9) destacándose claramente que Dios, como juez justo, no la hace (Dt 10,17; 2 Cr 19,7; Job 34,19; Sir 35,13, cosa que repite el NT, cf. Ga 2,6; 1 Pe 1,17 además de las citas señaladas más arriba). Con una cierta tonalidad judicial, el texto destaca que precisamente porque no las hace, a Dios también le “agradan” los paganos. 

El discurso de Pedro está centrado en la relación de Dios con su “pueblo” (laos, v.42; cf. v.41). Este discurso de Pedro se ve interrumpido por una interrupción del Espíritu Santo (v.44) que da razón al comentario de que Dios no hace “acepción” pero que la historia pasada no daba cabida.

Una nota sobre la predicación a los paganos: siendo que todo el AT y los mismos dichos de Jesús no parecían dejar cabida a la predicación a los paganos, la novedad resulta sorprendente. Es un tema complejo y sumamente interesante que sobrepasa este espacio y su sentido, pero destaquemos que –quizás no siendo fiel a los acontecimientos históricos- hechos presenta a Pedro como el primero en aceptar paganos. Pero no solamente por la centralidad que este apóstol juega en la primitiva comunidad sino por haber sido receptor de una intensa visión e intervención del Espíritu Santo, que es el conductor de la Iglesia. Es decir: algo tan novedoso sólo podía concretarse a partir de una decisiva intervención divina. Esta intervención es relatada con insistencia (se repite tres veces la visión y su interpretación en Hch 10,1-11,18). En el discurso de Pedro, de la liturgia del día, Pedro todavía no ha comprendido, sólo sabe que Dios le encarga hablar a los paganos. Pero lo que dice es que debe dirigirse a judíos. Recién cuando el espíritu irrumpa (“cayó sobre ellos”, “lenguas”, v.44-46) se dará el siguiente paso, el bautismo. 

El testimonio de los apóstoles (v.39) es tema central en Hechos desde 1,8 (cf. Lc 24,48) pero ya figura en el fragmento omitido por la liturgia donde Pedro habla de las apariciones del resucitado y la responsabilidad de predicar “al Pueblo” (= Israel). Lo que aquí interesa (por la liturgia del Bautismo del Señor) es la primera parte de la referencia histórica desde el comienzo hasta el momento anterior a la crucifixión.

La vida o ministerio de Jesús queda expresada sintéticamente como que “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el Diablo porque Dios estaba con él” (v.38). Ya se ha dicho en otras ocasiones que en Lucas-Hechos el Diablo aparece como el gran adversario del reino de Dios que Jesús predica e inaugura. Ya desde las Tentaciones aparece como un “conflicto de reinos” (Lc 4,6), y que los milagros y predicación de Jesús y los suyos representan su derrota (cf. 10,18; 13,16), Satanás reaparece en el momento de la Pasión (cf. 22,3.31; ver 4,13) pero no prevalece. Todo el ministerio de Jesús, y no solo los exorcismos son vistos como enfrentamiento con el Diablo, aunque estos sean una manifestación evidente de esta derrota del Diablo y del paso de Jesús por la historia “haciendo el bien” (hacer el bien, euergeteô, es algo que es Dios quien lo obra, o en lo que se está invitado a reconocer su intervención: 2 Mac 10,38; Sal 12,6; 56,3; 114,7; Sab 3,5; 11,5.13; 16,2).

Lectura del evangelio según san Lucas                3, 15-16. 21-22


Resumen: Jesús comienza su ministerio bautizándose. Lucas insiste en mostrar un hecho que realiza el mismo Jesús y en el que su oración marca toda su vida de principio a fin.

Es muy interesante notar una serie de detalles propios del Evangelio del día.

La primera parte (vv.15-16) ya la hemos comentado el 3er domingo de adviento (repetimos aquí lo allí señalado).

Antes de hablar Juan de su propio bautismo Lucas hace una pequeña nota que también es propia suya: el pueblo (laos) pensaba en sus corazones (es decir estaba en la disyuntiva, el corazón es la sede de las decisiones) si Juan sería el Cristo. El malentendido es frecuente en Lucas (por ejemplo 19,11: “creen que el reino vendrá de un momento a otro”). En este caso se aclara que el pueblo es “evangelizado” por Juan (v.18) y luego “es bautizado” (v.21).

El contraste que Juan presenta con “el que viene” es entre dos tipos de bautismo: con agua y con “espíritu santo y fuego”. La referencia al fuego, y a la horquilla, el trigo y la paja, el granero y el fuego están tomadas del texto Q. La distinción entre trigo y paja, fuego y granero evidentemente presenta una imagen bastante apocalíptica del “fuerte que viene”. No es ilógico, entonces, que viendo cómo es “el que vino” luego Juan se pregunte si “es el que ha de venir o hay que esperar a otro” (Lc 7,19 / Mt 11,3). La paja, en general es vista como propia del forraje para alimentar ganado, o para hacer ladrillos. Pero en Jer 23,28 y Dn 2,35 se pone en contraste con el trigo para resaltar lo útil y lo inútil. En ese sentido se encuentra en el texto, de allí su destino de fuego.

A modo de conclusión el texto resalta que “con muchas otras exhortaciones evangelizaba al pueblo”. El verbo “evangelizar” es propio de Lucas (x10 y x15 en Hch) en los evangelios (sólo en Mt 11,5 fuera de aquí, precisamente el texto Q sobre Juan consultando sobre Jesús). Con esto finaliza el ministerio público de Juan ya que en v.19 nos aclara Lucas que Herodes lo encarceló.

En la segunda parte (vv.21-22), a nivel narrativo (obviamente no a nivel histórico) Juan, el bautizador, está detenido en la cárcel por Herodes, tetrarca de Galilea. De hecho el texto no señala ministro: “todo el pueblo se bautizaba”. La referencia a “todo el pueblo”, por otra parte alude a un sector, el “pueblo” (laos) que suele acompañar a Jesús en el Evangelio y le es cercano. En ese marco, también Jesús “es bautizado” (siempre sin referir a personaje que administre el bautismo). En Lucas, como es frecuente en su evangelio, lo que ocurre a continuación “el cielo se abrió…” sucede a consecuencia de que Jesús estaba “en oración”. No es, como en Marcos que esto ocurre a causa del Bautismo, sino de la oración de Jesús. Mirando las diferencias con Marcos podemos notar claramente lo que interesa a Lucas:


Marcos 1:9-11
Lucas 3:21-22
Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.
Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y
En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.
puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma;
Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».
y vino una voz del cielo: «Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco / yo hoy te he engendrado».

Algunos detalles pequeños: mientras en Marcos el cielo se rasga (como el velo del Templo), en Lucas se “abre”, como una puerta (11,9.10; 12,36; 13,25). Como es frecuente en Lucas “el Espíritu” es calificado de “Espíritu Santo” (en Mc x4, Mt x3 y Lc x13). La forma de la paloma es calificada de “corporal” (el término sólo aquí y en 1 Tim 4,8 en toda la Biblia). Probablemente en Lucas esta imagen deba verse en paralelo a las “lenguas como de fuego” (Hch 2,3). La acción del espíritu santo marca visiblemente el comienzo ministerial de Jesús y de la Iglesia al comienzo de cada libro. La voz del cielo, en Marcos une el Salmo 2,7 e Isaías 42,1, el texto de Lucas no es uniforme en los diferentes manuscritos. Algunos repiten el esquema de Marcos, y otros simplemente la cita del Salmo 2. No es fácil la decisión entre una y otra posibilidad. La mayor parte de los estudiosos sigue – en esto – el texto de Marcos. Como dijimos, si se hace referencia a Is 42 además del Sal 2, el acento está puesto en el sufrimiento, la obediencia y fidelidad de Jesús hijo/siervo.

Pero detengámonos en los dos elementos señalados: la ausencia de bautizador y la mención de la oración de Jesús.

Que Jesús fuera bautizado por Juan causó dificultades en el cristianismo primitivo. No sólo porque era habitual sostener que Jesús no había tenido pecado (Rom 8,3; 2 Cor 5,21; Gal 3,13; Heb 4,15; Jn 8,46…), con lo cual surge la pregunta obvia: ¿de qué se manifiesta arrepentido Jesús? Sino además, es constante la superioridad de Jesús con respecto a Juan. En ese caso, Jesús debería haber bautizado a Juan y no a la inversa. El tema fue importante en el cristianismo de los orígenes, y de allí que aunque en Marcos se destaque la superioridad de Jesús no se niega el bautismo. En Mateo ya hay duda: “Juan afirma “yo debería ser bautizado por ti”. Así llegamos a Lucas donde “desaparece” el bautizador, hasta llegar a Juan en el que directamente no hay bautismo. El tema, entonces, es indicio de la complejidad del tema para los primeros cristianos.

Breve nota sobre el Bautismo de Jesús. Resulta muy probable concluir que Jesús históricamente fue bautizado por Juan. La pregunta “¿de qué pecados se arrepiente?” está en la raíz del problema. Parece sumamente sensato suponer que se manifiesta miembro y parte de un pueblo pecador con el que se hace solidario. El pecado es mucho más que un obrar concreto, y de hecho hay una solidaridad con el pecado en la historia humana. El pecado del pueblo, de mis hermanas y hermanos, también me toca más allá de si fui o no parte de ello. También es mi pecado por ser parte. La solidaridad de Jesús con la humanidad y su pueblo pecador parece estar en la razón última de su bautismo.

En Lucas es muy común presentar a Jesús en oración en los momentos claves de su ministerio. Antes de cada uno de ellos Lucas elige mostrarnos a Jesús rezando. Ciertamente es una invitación a los lectores a enfrentar los momentos importantes de nuestra vida con disposición de oración. Miremos brevemente su comparación con Marcos o Mateo [en los textos Q] (además del texto ya comparado más arriba):


Marcos (y Mateo)
Lucas
Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. (3:13)
Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. (6:12-13)
Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?» (8:27)
Y sucedió que mientras él estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos y él les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (9:18)
Y al orar, no charlen mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que necesitan antes de pedírselo. «Ustedes, pues, oren así:  (Mt 6:7-9)
Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, (9:28-29)
Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, (9:2)
Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos». (11:1)
Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú». (14:35-36)
Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo:
«Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». (22:41-42)

Es evidente que Lucas quiere invitar a sus lectores a seguir el ejemplo de Jesús en su oración. Todo su ministerio (y hoy, desde su comienzo en el Bautismo) está marcado por la oración.


Foto tomada de lmcomboni.org

domingo, 6 de enero de 2019

Los mojones y las lágrimas


Los mojones y las lágrimas


Eduardo de la Serna



Debo confesar que, a mi sensibilidad, me cuesta mucho no “sentir” una misma reacción, indignación y militancia en muchos y muchas frente a la violencia de género.

Es verdad que el tema está en el candelero desde las denuncias de algunas, especialmente Thelma por abuso y violación y los más recientes casos de “manadas” que, quizás, necesiten aliento de otros en su impotencia para poder consumar la infamia.

Me indigna ver que algún diario (que en un tiempo fue periodístico) destaque que una nena fue violada por cinco adultos porque “estaba donde no debía estar”.

Me indigna ver casos y más casos de abusos por parte de curas y que en muchos ambientes eclesiales no hierva la rabia (y se lo vea más como una suerte de “moda” o de “pecado”, y “¡todos somos pecadores!”).

Me indigna ver al mediático presidente haciéndose el feminista después, no sólo de haber dicho, que no cree que a una mujer no le gusta que le digan un piropo aunque venga con grosería, sino que el mismo año que pasó hizo alusión a la gobernadora de Buenos Aires diciendo que “miren, está bonita y es soltera” (= ¿presa de caza?). Y, dejo de lado nuestra diferencia de gustos, para detenerme en – una vez más – la cosificación de la mujer, como lo fue aquella niña a la que sentó a la fuerza en la campaña sobre sus rodillas, o al niño que por la fuerza obligó a estar a su lado para la foto. La imagen de un abusador no puedo quitármela fácilmente de mi mente.

Me indigna un poder judicial – como lo plantea excelentemente hoy Rita Segato (https://www.pagina12.com.ar/166583-el-de-genero-es-un-crimen-de-exceso-de-poder) – que no puede no ver a la mujer sino como propiedad.

Recuerdo hace muchos años que fui a celebrar a una capilla en Florencio Varela. El barrio estaba conmocionado porque al vecino de al lado lo habían matado hacia pocas horas: lo llamaron, se asomó, y sin mediar palabra le dispararon. “- Le habría soplado la mina a otro” dijo instantáneamente Antonio, con comprensión de la situación. Exactamente eso había pasado. El muerto había estado con una mujer “propiedad de otro” y éste no lo soportó.

Hace otros muchos años recuerdo haber confesado a alguien que me dijo (se dice el pecado, no el pecador) que estuvo a punto de matar a uno porque había violado a su mujer. “- Es que no hay nada peor que el hecho de que a uno le violen a su mujer. ¿No le parece, padre?”, me dijo. “- Si, hay algo peor – le dije, e hice un silencio para suscitar su atención – ¡ser la mujer violada!”. Me miró y me dijo “tiene razón, padre; es verdad”.

Insisto: no puedo entender la falta de reacción ante el dolor. ¿Qué es moda?, puede ser; ¿qué hay exageraciones?, puede ser; pero me cuesta. Ante hechos recientes, otro cura me decía “¡Uh.!” Y listo. Pasemos a otra cosa.

Es verdad que hace muchos años no teníamos la sensibilidad que ahora tenemos; es verdad que hay muchas mujeres que tienen introyectado “el macho”; es verdad que es difícil sentir que debemos cambiar todo: lenguaje, modos, diálogos y hasta chistes. Es verdad. Es desafiante (y nos equivocaremos, y deberemos pedir perdón mil veces). Deberemos aprender a creer. Aprender que “no, ¡es no!” Pero, al menos, tenemos rumbo, tenemos luces, tenemos – incluso – mojones (muchas, muchos forjados en el dolor y la violencia). Es un interesante desafío, y ojalá más y más, muchos, muchas y muches se sumen a la marcha.


http://www.unidiversidad.com.ar/el-indec-midio-la-violencia-de-genero-por-primera-vez-en-5-anos-se-cuadrupilcaron-los-casos

martes, 1 de enero de 2019

Comentario Epifanía


Fiesta de la Epifanía6 de enero


Eduardo de la Serna
La fiesta de la “epifanía” (= manifestación) celebraba el 6 de enero (originalmente fiesta en honor a Dionisos), en los primeros siglos “todo” lo que aludía al hecho revelador de Jesús. Así incluía su nacimiento, la visita de los magos, el bautismo de Jesús y las bodas de Caná. Todos los acontecimientos donde por primera vez se “manifiesta” la gloria de Dios en Jesús. Con el tiempo, en el siglo IV, todo esto se fue dividiendo (algunas celebraciones con mucha dificultad y conflicto, como el cambio de la fecha de la Navidad a diciembre) y hoy se conmemora solamente una pequeña porción de esta antigua gran fiesta.


Lectura del profeta Isaías              60,1-6

Resumen: el profeta se dirige a Jerusalén, como a una mujer, celebrando la luz que hay en ella, en contraste con las tinieblas de los pueblos lo que provoca que hacia ella se dirigirán con regalos los hijos dispersos por toda la tierra.

El texto – dirigido a una mujer – está en paralelo contrastante con otro texto de la tradición de Isaías, a otra mujer, Babilonia:

Isaías 45
Isaías 60
Baja, siéntate en el polvo, virgen, hija de Babel! ¡Siéntate en tierra, destronada, hija de los caldeos! Ya no se te volverá a llamar la dulce, la exquisita. (v.1)
¡Sube, resplandece, que ha llegado tu luz, y la gloria de Yahveh sobre ti ha amanecido! (v.1)

Siéntate en silencio y entra en la tiniebla, hija de los caldeos. (v.5)
Pues mira cómo las tinieblas cubrirán la tierra, y la oscuridad a los pueblos, mas sobre ti amanece Yahveh y su gloria sobre ti aparece. (v.2)

En vv.1-3 es interesante cómo está armado el texto:

a.- Ha llegado tu luz
b.- y la gloria
c.- de Yahvé
d.- sobre ti ha brillado
e.- pues mira las tinieblas, cubrirán la tierra
                                     e’.  Y la oscuridad a los pueblos
d’. pero sobre ti brillará
           c’. Yahvé
b’. su gloria
a’. sobre ti aparecerá

La forma concéntrica muestra el contraste poniendo en el centro las tinieblas y oscuridad de la tierra / pueblos y en los extremos refulge la luz. Pero el tema central de la unidad literaria es el verbo bô’, “venir” (11x en el capítulo).

El texto se dirige a Jerusalén (aludida como mujer, los verbos están en femenino) y hacia ella se dirigirán naciones / luz y reyes / resplandor-brillo. Se hace presente la gloria (kâbôd, energía), la acción salvífica de Dios en la historia.

Pero luego del contraste entre oscuridad - luz y pueblos - Jerusalén se hace referencia a hijos e hijas que “vienen”. Que se trate de “hijos” e “hijas” lleva a pensar que se hace referencia a los israelitas dispersos por el mundo, no a “extranjeros”. Judíos que vienen del este (del mar) y del sur (Madián y Sabá, de donde vino una reina a conocer a Salomón; 1 Re 10,1-13).

Sin duda la llegada de gran cantidad de visitantes y los regalos inspira la incorporación del texto a la luz de los magos venidos “de Oriente” para ver al Jesús rey con regalos de oro e incienso.

La unidad continua con la presentación de ganado menor que servirá para las ofrendas de los visitantes (judíos) en el templo como holocaustos. Pero aquí es interrumpido el relato que, en su forma continua hasta el v.22 con la repetición, como se dijo, del verbo “venir” ya que la intención litúrgica ha logrado su objetivo.


Lectura de la carta a los Efesios              3,2-3a.5-6

Resumen: Dios ha guardado un misterio para que sea revelado a partir del momento decisivo de la historia: que judíos y paganos son hermanos por la cruz y co-herederos de las promesas de Dios para todos.

En la literatura apocalíptica encontramos un término muy importante: el “misterio”. Se trata de la actual incapacidad de comprensión de la situación conflictiva que se vive (por ejemplo, la persecución, la muerte de los justos, el martirio). ¿Dónde está Dios en estos acontecimientos? Lo que los judíos tienen claro es que Dios no se ha desentendido de su pueblo, aunque “ahora” no comprendamos el misterio. Por eso es que pronto, en un futuro no muy lejano, Dios “revelará” el sentido de esta crisis (recordar que apocalipsis quiere decir “revelación”). Así, el “misterio” es algo del plan de salvación de Dios que él dará a conocer, habitualmente, por intermedio de un elegido.

El discípulo de Pablo quiere mostrar como un “misterio” reservado para este tiempo, que es el final, que los no judíos (llamados con diversos nombres: paganos, naciones, griegos, gentes o gentiles) también son llamados por Dios a incorporarse al pueblo de la promesa manifestada en Cristo (el tema empezaba a insinuarse ya en Rom 11,25; 16,25). Así el término lo encontramos con frecuencia en esta carta y Colosenses, que se le asemeja (1,9; 3,3.4.5.9; 5,32; 6,19; Col 1,26.27; 2,2; 4,4).

El pueblo judío se sabe el pueblo que Dios ha elegido para ser “luz de las naciones”, pero al llegar los tiempos definitivos de la “revelación”, Dios nos muestra que también los no judíos se incorporan a las promesas como co-herederos.

La imagen del cuerpo, como imagen de la Iglesia ya había sido insinuada, pero de un modo metafórico, en 1 Cor 12. Ahora el discípulo de Pablo destaca que la Iglesia “es” el cuerpo y Cristo es la cabeza (1,22-23). En este cuerpo Dios ha “reconciliado” a los dos pueblos (judíos y paganos) que estaban enemistados (los judíos consideraban “perros”, impuros a los paganos y en el templo una pared impedía el ingreso de no judíos bajo pena de muerte; 2,14-16). La Iglesia, como cuerpo de Cristo es el ámbito de la reconciliación; la aceptación del Evangelio (3,6) logra que judíos y paganos sean “un solo hombre nuevo”, que es Cristo y en él, por el espíritu, conocemos todos – por la revelación que los apóstoles (como Pablo) y los “profetas”, ministros de la comunidad – la promesa que Dios cumple regalando a todos su paz.


+ Evangelio según san Mateo      2,1-12

Resumen: el reconocimiento de Jesús como rey de los judíos (la estrella que avanza) es algo que un conjunto de necios acepta y adora en contraste con los sumo sacerdotes y autoridades judías.

El relato tiene una clara unidad marcada por la llegada (v.1) y partida de los magos (v.12).
El texto, por otra parte, tiene dos partes muy marcadas, y muy desiguales: un largo diálogo de los magos con Herodes, el rey (vv.2-9a) y la llegada a la casa de Belén donde se encuentra el niño (v.11).

En el medio de ambos los magos vuelven a ver la estrella (vv.9b-10) que los conduce a donde se encuentra Jesús. Podemos esquematizarlo de este modo:

v.1: llegada de los magos de Oriente
   vv.2-9a: Herodes, los magos, los sumos sacerdotes y escribas.
   vv.9b-10: nueva aparición de la estrella
   v.11: entrada en la casa
v.12: partida de los magos a su país

El texto comienza con un dato que había sido preparado en el cap. 1: el nacimiento de Jesús. A diferencia de Lucas, Mateo simplemente informa del hecho (no hay pesebre, no hay pastores, no hay pañales en Mateo). De hecho, el centro del texto no es el nacimiento sino la visita de los magos que ocurre puesto que ha “nacido”.

Mateo localiza el nacimiento en tiempo y espacio: Belén de Judea (pequeñísima ciudad, menos de 10 hectáreas, cercana a Jerusalén, a 8 kms al sur) en tiempos de Herodes rey (Herodes gobernó en Israel desde el 40 al 4 a.C.). Es interesante notar que en las afueras de Belén (seguramente por ser la antigua ciudad de David) Herodes hizo construir un gran palacio donde finalmente será sepultado pocos años después del nacimiento de Jesús (el Herodium). La sede del rey estaba en Jericó, no en Jerusalén, pero no nos detendremos aquí a analizar los elementos históricos o no del relato.

El término “oriente”, muy frecuente en la Biblia (205x) ciertamente depende del lugar de mirada. En este caso, como en tantos otros, se trata del oriente de Jerusalén (el jardín de Edén está “al oriente”, Gen 2,8, sin que se nos diga oriente de dónde). Este oriente es el lugar donde los magos “vieron la estrella”. Los magos, en el ambiente bíblico, son paralelos a los “adivinos” (ver Dan 2,2) y se caracterizan por “mirar las estrellas” y pretender saber qué sucederá (Is 47,13; ver Dan 2,2.27; 5,15). Magos, adivinos, hechiceros, y otros del estilo son ejemplo característico de la necedad (Is 44,25), como se ve especialmente con los magos de Egipto (Ex 7-9) y de Babilonia (Dan 2-4).

En este caso, entonces, encontramos a un grupo de “necios” que reconocen el nacimiento del rey mientras que “todo Jerusalén”, “todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo”, incluso sabiendo por el profeta el lugar (cercanísimo) del nacimiento no se dirigen a saludarlo. Una vez más, como ya lo señala el evangelio en otra parte, Dios ha revelado “estas cosas” a los pequeños y escondido a los “sabios y prudentes” (Mt 11,25).

Los magos buscan adorarlo, mientras Herodes afirma que irá a hacer lo mismo cuando le informen el lugar (algo que ciertamente no tiene intención de hacer, visto que sabe el lugar y no tendría ninguna dificultad en visitarlo en poco tiempo). Ni él, ni los que tienen las escrituras y saben el lugar (sumos sacerdotes y escribas) se dirigirán a reconocerlo. No son los sabios sino los necios los que reconocen "estas cosas".

Salidos de Jerusalén los magos ven la estrella que, en esta ocasión, “se mueve” en dirección a Belén, la ciudad de David.

Es sabido que la constante relectura de textos del Antiguo Testamento sirve a Mateo para señalar a su comunidad que la Iglesia es el nuevo Israel. No solamente se ha cumplido la profecía de Miqueas 5,1 sobre el nacimiento del mesías en Belén, sino que, como en el caso de Balaam, la estrella avanza, aludiendo a David (y al nuevo David).

Lo veo, aunque no para ahora, lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel.  (Num. 24:17).

Al llegar al lugar entran en “la casa” y adorándole le ofrecen “oro, incienso y mirra”. “Adorar” es algo que sólo se dedica a Dios (4,9.10) aunque en el Evangelio se postran adorando a Jesús numerosos beneficiarios de milagros (8,2; 9,18; 14,33; 15,25; 20,20; 28,9.17; aunque ver ante un rey en 18,26; es interesante que en Mc y Lc el término es muy limitado y en Jn solo 9,38 se dirige a Jesús y las restantes 10x se dirige a Dios).

La “mirra” es un perfume que remite a Esmirna (mirra en griego es smyrna) y es común en el Cantar de los cantares donde se lo encuentra 7x). Para hablar del incienso (habitualmente perfume que se expande como humo) suele utilizarse el término tymíama, pero aquí Mateo utiliza líbanon (como Ap 18,13), lo que también remite a una localidad. El oro (sólo en Mateo en los Evangelios) tiene en la Biblia una significación semejante a la nuestra (litúrgica, realeza, dinero o riqueza; aunque es posible una interpretación desde el hebreo que significa un tipo de incienso, lo que sería coherente con tres tipos diferentes de perfumes). Ciertamente el acento está puesto en destacar de parte de los magos unos regalos importantes de parte de ellos al niño.

Finalmente, como es frecuente en estos capítulos iniciales de Mateo, los sueños – en este caso dirigidos a los magos – son signo de una revelación divina. En este caso, entonces, dios les comunica que no deben volver por el palacio de Herodes. La historia debe continuar.

Es evidente que la lectura de estos relatos a la luz de otros relatos navideños, la imaginería del pesebre, que debemos a Francisco de Asís, y las leyendas e iconografía “transformaron” esta escena en otra muy distinta donde los magos son a su vez “reyes”, son “sabios”, son “tres” y se dirigen al pesebre. Nada de esto se encuentra en nuestro texto.