martes, 6 de diciembre de 2022

Comentario a las lecturas bíblicas, 3er domingo de adviento A

Un profeta desconcertado muestra que Dios está interviniendo

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO - "A"

 Eduardo de la Serna




Lectura del libro de Isaías     35, 1-6a. 10

Resumen: comenzando con metáforas en las que la alegría y la felicidad humanas se proyectan al desierto y la estepa, el canto espera la venida de Dios como vengador y salvador para llenar de fuerza a los desanimados y preparar un camino nuevo para su pueblo que vuelve del exilio manifestando esa alegría plena.



Un oráculo de Isaías invitando a la alegría muestra la novedad que la acción de Yahvé en la historia provocará a su pueblo. El texto comienza y termina con una invitación a “regocijarse”. El motivo de esto viene dado por una “venida”, tanto de Yahvé (vv.2b-6a) como de los exiliados (vv.8-10). El sorprendente cambio del desierto, guarida de chacales, donde impera la aridez que será ahora un estanque donde abundarán la caña y el papiro (vv.6b-7) queda en el centro. El texto puede, entonces verse así estructurado:

a. regocijo y júbilo (vv.1-2a)
b. venida de Yahvé (vv.2b-6a)
c. desierto cambiado en estanque (vv.6b-7)
b’ venida de los exiliados (vv.8-10a)
a’ alegría y regocijo (v.10b-d)

La unidad literaria nos invita a ubicar este texto en algún profeta del post-exilio, cercano a los discípulos de Isaías llamados 2º y 3er Isaías. El tema central está dado por el regreso a Jerusalén de los exiliados (v.10). Es llamativo que no se aluda al Templo, quizás porque aún no estaba reconstruido. Yahvé volverá a ocupar Jerusalén como antes de la destrucción por parte de Babilonia. 

La unidad comienza, como se ha dicho, con una manifestación de emociones humanas de alegría y gritos de júbilo, pero aplicadas a la geografía. La abundancia de felicidad no es lo que se espera normalmente del desierto, el sequedal y la estepa. La naturaleza acompaña la alegría que abundará sin que sepamos todavía de quién. A esta tierra (se le ha dado “a ella”, Jerusalén, cf. 60,13), además, se le ha dado la fertilidad reconocida del Carmelo y el Sarón, y hasta la “gloria” (kabôd, también puede entenderse como “abundancia”) del Líbano. Salomón había construido el Templo y el Palacio con las maderas del Líbano (1 Re 5,15-26; aunque siendo en este caso un trato, esto significó para Salomón una “deuda externa” que debió pagar con tierras, [1 Re 9,10-14]; en cambio, ahora esta gloria del Líbano “le ha sido dada a ella”, Jerusalén); en Is 60,13 se refiere al Líbano y a la reconstrucción del Templo. Sobre el Carmelo y el Sarón se trata de lo contrario de lo que ha ocurrido en 33,9. 

Abruptamente en v.2b pasa a afirmar que “ellos” (sin que todavía sepamos quiénes) verán la gloria de Dios; la estructura paralela que hemos señalado nos muestra que se trata de los exiliados que regresarán a Sión. 

Pero como es necesario experimentar la intervención efectiva de “el Dios de ustedes” (la fórmula no se encuentra en Is 1-34, pero sí en 40,9) este Dios que viene es presentado como “salvador” (cf. 17,10; 25,9; 30,15; 33,22; 35,4; 37,20.35; 38,20; 43,12; 45,8.17.20.22; 46,7; 47,13; 49,25; 51,5; 59,1.16; 61,10; 62,11; 63,1.5.9; 64,4) y “vengador” (cf. 1,24; 34,8; 35,4; 47,3; 59,17; 61,2; 63,4). Esta acción de Dios en los exiliados se manifiesta como efecto sobre ciegos, sordos, cojos y mudos (y es citada en el Evangelio de Mateo del día de hoy), nuevamente se trata de metáforas sobre la debilidad de los exiliados (como la felicidad del desierto; cf. 42,7).

Este cambio maravilloso pasa de la “alegría del desierto” al “agua en el desierto” con lo que éste deja de ser tal, el ámbito de la muerte pasa a ser espacio de fertilidad y de vida.

En este ex - desierto habrá un camino sagrado, por lo que no lo atravesarán ni impuros ni animales salvajes, es camino para que el pueblo regrese del exilio (11,16; 62,10). Una gran peregrinación se dirige a Jerusalén (quizá en imagen contracultural ante las grandes procesiones que se dirigen cada año nuevo en Babilonia hacia la “puerta de Istar”. El texto de v.10 se repite exactamente en 51,11. El canto de alegría del comienzo ya no es del páramo y la estepa sino de los exiliados, el pueblo liberado por Dios. El texto es así un canto de esperanza: se invita a celebrar anticipadamente, confiados en Dios, la fiesta de la libertad y la vida. El nuevo éxodo, en este caso con la referencia al agua en el desierto, es tema frecuente en el 2º Isaías (41,18-19; 43,20; 48,20-21).


Lectura de la carta del apóstol Santiago     5, 7-10

Resumen: Una serie de exhortaciones enmarcadas en el tema de un gran estado de ánimo (magnanimidad, paciencia) debe caracterizar a los “hermanos” teniendo una actitud positiva de esperanza de la “venida del señor”. Esa actitud, por otro lado, debe manifestarse en el interno de la comunidad teniendo una actitud positiva hacia los hermanos.


La llamada “carta de Santiago” presenta muchos elementos interesantes para la investigación y el debate. No podemos señalarlos aquí, aunque algunos serán destacados. Se la ha llamado la “carta del cristianismo práctico” ya que se trata de un escrito sapiencial en el que se invita a vivir de un cierto modo, sin entrar en temas teóricos o teológicos (ni cristológicos). En este sentido, y como es propio de las exhortaciones, es frecuente el vocativo “hermanos” (1,2.16.19; 2,1.5.14; 3,1.10.12; 4,11; 5,7.9.10.12.19) estructurando en cierta manera las diferentes partes de la carta. También es habitual el uso de verbos en imperativo, como también suele ocurrir en las secciones exhortativas de las cartas (12 en esta unidad literaria). 

El verbo “makrothyméô” es puesto enfáticamente al comienzo, y seguido de un “pues” (oun) para dar preeminencia a la idea; “makro” es grande, importante; “thymê” es pasión, deseo. Y es un término importante en esta unidad (3 veces en vv.7 [x2] y 8). Es magna-animidad, aunque se lo puede traducir por paciencia (más adelante veremos su paralelo con “resistencia” en esta unidad). Es la actitud a la que se exhorta a los hermanos hasta la “venida del Señor”. Para esto se pone el ejemplo del campesino que espera “pacientemente” recibir el fruto “precioso” de la tierra. En v.8 reitera la invitación a la “paciencia” comparada con “fortalecer (stêrizô, establecer, mantener firme) los corazones”. Del mismo modo que el tiempo de la recolección de los frutos, está cerca (êggiken, el mismo verbo que se utiliza para destacar que “el reino de Dios está cerca”, Mc 1,15) el tiempo de la venida. En 4,8 Santiago exhorta a “acercarse a Dios” y –por lo tanto- “él se acercará a ustedes”. 

Con un nuevo “hermanos” invita a “no quejarse” unos de otros (cf. 4,11). “Stenázô” suele traducirse también por “gemir”, pero en este caso parece “manifestar descontento” y el contexto es judicial: “no ser juzgados”, “el juez está a las puertas”.

Otro “hermanos” da comienzo a una nueva invitación a la “paciencia” y la actitud ante el sufrimiento tomando el ejemplo de los profetas de quienes se destaca que “hablaron en el nombre del Señor” (v.10), es decir, fueron fieles a la misión, para lo que se señala el ejemplo de Job y su “resistencia” (hypomonê, que parece en este caso ser sinónimo de “paciencia”, makrothymía) y cómo terminó esta paciencia de Job ya que “el Señor es compasivo y misericordioso” (v.11). 

Como se ve, los temas que presenta la unidad son tres, aunque el primero y el tercero tienen cierta relación entre la “paciencia” y el “aguante” y el primero y el segundo entre la “venida del señor” y que “el juez está a las puertas”.

La imagen de la “venida” (parousía) es una idea normal, que puede aludir a una visita de alguno (1 Cor 16,17; 2 Cor 7,6.7). Es frecuente en las cartas en las que el remitente puede anunciar que visitará a los destinatarios (Fil 1,26; 2,12). Sin embargo, el añadido “del Señor” es término frecuente en el ambiente cristiano (1 Tes 3,13; 4,15; 5,23; 2 Tes 2,1.9; 2 Pe 1,16; 3,4), imagen probablemente tomada del ambiente grecorromano en la que se espera la “visita” de un personaje importante o hasta de una divinidad. Sin embargo, en esta perícopa, “señor” parece referir a Dios y no a Jesús (vv.9.11; cf. 2 Pe 3,12), de allí que no es evidente a quién se refiere Santiago; aunque es habitual un cierto traspaso de los títulos divinos aplicados a Cristo. Esto es característico de Santiago donde lo cristológico parece ausente (“Cristo” sólo se encuentra mencionado expresamente en dos ocasiones 1,1; 2,1). La comparación con el “juez” que está “a las puertas” también puede referir a Dios (cf. 4,12) o a Jesús. Los evangelios con frecuencia aluden a la “venida” del “hijo del hombre”, una imagen apocalíptica cargada de connotaciones judiciales. 

La carta presenta en esta unidad varios términos extraños (algunos que no se encuentran en otras partes del NT), y presenta además, algunos problemas textuales. No es evidente –por ejemplo- si por “primitivo / primeros” y “tardíos / últimos” hay que entender los primeros y últimos frutos o las primeras y últimas lluvias (de otoño y primavera respectivamente; cf. Dt 11,14; Jer 5,24; Os 6,4; Jl 2,23; Za 10,1), de todos modos, en lo que respecta al texto la imagen del campesino que espera los frutos preciosos es comprensible. Los frutos son imagen frecuente en la escatología: Mt 3,8.10; Lc 3,8.9; Jn 15,16; Rm 6,21-22; Fil 1,11; Heb 12,12; Sgo 3,17.18), mientras se espera la culminación de un tiempo, la “esperanza”, la “paciencia”, la “resistencia” deben caracterizar la vida de los “hermanos”..


Evangelio según san Mateo     11, 2-11


Resumen: Juan, en Bautista, está desconcertado por las cosas que escucha de Jesús. Él responde a los enviados con citas bíblicas confirmando que Jesús es el mesías de los pobres. Pero esto no impide que Jesús presente a Juan como un gran profeta, como lo fue Elías.



La liturgia de adviento sigue presentando a Juan el Bautista. En este caso, un texto del documento Q. Las diferencias entre Mateo y Lucas son pequeñas, y en general son de estilo, salvando un duplicado de Lucas y el final, en la referencia a la violencia y a Elías (Mateo), pero está omitido en el texto litúrgico del día. Juan tiene sus dudas con respecto a Jesús (11,2-19), las ciudades de la región se niegan a la conversión (11,20-24), el reino permanece “oculto” a los sabios (11,25-27); los conflictos crecen (cap.12)… La tensión entre lo “oculto” y lo “revelado” marca toda esta unidad de Mateo (caps. 11-13).
  
El texto tiene dos partes muy evidentes: en envío por parte de Juan, desde la cárcel, a unos discípulos para preguntar a Jesús si es “el que había de venir o debemos esperar a otro”, y la respuesta de Jesús a estos (vv.2-6). Una vez que los mensajeros se han retirado, Jesús se puso a hablar acerca de Juan con la multitud (ojlós) [vv.7-15]. El texto finaliza con una síntesis comparando a Juan con Elías (v.14), y en v.16 Jesús, retomando algunos elementos de lo dicho, habla con la multitud acerca de “esta generación”. 

La pregunta de Juan acerca de si es “el que ha de venir” tiene que ver con el anuncio que Juan había hecho en 3,11: “aquel que viene detrás de mí”. En el canto de la multitud (ójlos) que acompaña a Jesús hacia Jerusalén, ésta canta hosannas “al que viene en nombre del Señor” (21,9), y Jesús, que anuncia su venida futura repite que no lo volverán a ver hasta que digan: “bendito el que viene en nombre del Señor”. Este texto, así repetido, pertenece al Salmo 118,26, un salmo que en más de una ocasión ha sido leído cristológicamente: es un salmo del justo sufriente, en v.22 habla de “la piedra que los constructores han rechazado en piedra angular se ha convertido”, que es un texto utilizado para ligar el sufrimiento del justo Jesús con la resurrección. Lo que se canta es que Dios “dé la salvación” (hosi’ ah na’, “hosanna”). Sin embargo, Juan en la cárcel oyó hablar “de las obras del Cristo” (v.2; es extraño en los Evangelios el uso de “mesías / Cristo” como nombre propio de Jesús). Lo que Jesús ha hecho en las unidades anteriores es curar un leproso (8,1-4), exaltar la “mucha fe” de un pagano (8,10), expulsado demonios (8,28-34), perdonado los pecados de un paralítico (9,2), escogido un publicano para formar parte de su grupo (9,9), ha comido con pecadores (9,1-13) señalando que “ha venido” para llamarlos a estos, relativizó el sentido del ayuno que era celosamente practicado por los discípulos de Juan (9,14), no se ha preocupado de ser tocado por una mujer impura por hemorragias (9,20-22), tocó una niña muerta (9,25), ha curado ciegos (9,27-31) y expulsado nuevamente un demonio (9,32-34). Finalmente (cap.10) ha enviado a sus discípulos a realizar ellos eso mismo. Juan, en cambio, había anunciado que “el que iba a venir” era “más fuerte” e iba a hachar el árbol que no produzca fruto y quemarlo, era el Mesías terrible de la apocalíptica. Sin dudas Juan se ha desorientado ante “las obras” que escucha decir que “el Cristo” realiza. Sin embargo, eso mismo les manda Jesús a los enviados que anuncien a Juan, “lo que oyen y ven”. Pero todo eso, ahora es sintetizado en boca de Jesús:


  • Los ciegos ven (Is 29,18b; 35,5a) [cf.9,27-31]
  • Y los cojos andan (Is 35,6a) [9,2-8]
  • Los leprosos quedan limpios [8,1-4]
  • Y los sordos oyen (Is 29,18a; 35,5b) [9,32-34]
  • Y los muertos resucitan (Is 26,19) [9,18-26]
  • Y se anuncia a los pobres el Evangelio (Is 61,1; 29,19)

Si Juan se había guiado por aquellos textos en los que se anunciaba el “día de Yahvé”, como Día terrible, y la imagen de juicio escatológico del hacha y el fuego, Jesús invita a Juan “a leer otros textos”. Sin embargo, la bienaventuranza final parece una crítica –o al menos una distancia- con Juan: “¡Dichoso el que no se escandalice de mí!” (v.6; cf. 5,29-30; 18,8-9; 13,21.57; 15,12; 17,27; 18,6; 24,10; 26,31.33). Esta distancia quedará aclarada en los versículos siguientes. Mostrando el cumplimiento de las escrituras, Jesús le está respondiendo que sí, es “el que ha de venir”.

Dentro de los “hechos” de Cristo (como queda dicho, no se refiere solamente a los milagros... Probablemente a Juan lo desconcertara más la comida con pecadores, por ejemplo), cabe destacar que la “limpieza de leprosos” no está anunciada por los textos de Isaías que subyacen en las “obras de Cristo” (y es la única que no va precedida por “y”, kaì), sin embargo, el contexto de alusión a Elías, puede remitir a la resurrección de muertos y curación de leprosos por parte de Elías y Eliseo (cf. 1 Re 17,17-24; 2 Re 4,18-37; 5,1-27). Es llamativa también la inclusión del anuncio de “buenas noticias” a los pobres en medio de los milagros señalados. Siendo que Mateo en el Sermón del monte habla de los “pobres de espíritu” proponiéndolo como modo de vida (5,3) se debe evitar entender –fuera de aquel texto- el término “pobres” (ptôjós) en ese sentido ya que aquí se anuncia un cambio de la situación (los ciegos, ven…), por tanto un paso de una situación negativa de la pobreza a la alegría de recibir “buena noticia” de que la situación se revertirá, por eso –por ejemplo- el joven rico debe dar todo a los pobres (19,21) y de esa manera vivirá como discípulo del reino (será “perfecto”). En medio de “hechos” milagrosos, este anuncio refuerza el sentido mesiánico del ministerio de Jesús, y es lo que debe despertar el entendimiento de Juan. Cabe, sin embargo, la pregunta: “reciben buenas noticias” se encuentra en presente. Es fácil ver en el presente a un leproso curado o un cojo andando, pero ¿cuándo?, ¿cómo, se ve “en acto” la buena noticia a los pobres? Sin duda hechos como el del “joven rico” y actitudes semejantes (la insistencia en el perdón de las deudas, las mesas compartidas, la actitud del discípulo frente al dinero, la preferencia explícita de Dios que reina entre los pobres) son buen ejemplo de esto. ¡Y tarea! Si los “pobres de espíritu” (5,3) refiere –como parece- a los que “eligen ser pobres”, y movidos por el reino tienen una actitud de disponibilidad con los bienes, sin duda la buena noticia ya empieza a ser “actual” para los pobres.

Pero luego de la ida de los discípulos de Juan, Jesús se puso a hablar acerca de Juan a la multitud. Una triple pregunta, “¿qué salieron a ver?” destaca dos comentarios falsos (una caña, un hombre), para poner el acento en el tercero: un profeta; con lo que se ve que Juan no ha sido comprendido por los contemporáneos (cf. 11,18). La caña es signo de fragilidad (cf. 1 Re 14,15; 3 Mac 2,21); las vestiduras que Juan no lleva son reminiscencia a los vestidos “como Elías” que Juan lleva en el desierto (3,4-6) pero también una referencia irónica a la corte de Herodes (“casas de los reyes”).

La frase “más que un profeta” cita expresamente Malaquías 3,1 donde el mensajero que prepara la llegada del “día de Yahvé” es comparado con Elías (cosa que expresamente repetirá el v.13; cf. 17,13; Mal 3,23). La expectativa en un retorno de Elías (que no había “muerto” sino que se había ido en un carro, cf. 2 Re 2,11-13) preparaba en muchos textos judíos los tiempos mesiánicos. Los cristianos (no todos, cf. Jn 1,21) vieron en la persona de Juan que en él se cumplía eso que se esperaba. Sin embargo, Juan es presentado como el “mayor” entre los personajes del “Antiguo Testamento”, pero es el más pequeño “en el reino”, ya que Juan es un profeta, no un “cristiano” (v.13), pero también Juan es uno que “tenía que venir”, como Elías (v.14). 

La violencia que “desde los días de Juan” sufre en reino, es algo evidente puesto que este fue asesinado, como también lo será Jesús, y los discípulos que serán “entregados”, “como ovejas en medio de lobos” (10,16).

el video con comentario al Evangelio se puede ver en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2022/12/video-con-comentario-al-evangelio-del.html
o también en
https://youtu.be/O3EXxKL7q4c

Foto tomada en Tumaco (Colombia)

lunes, 5 de diciembre de 2022

Video con comentario al Evangelio del 3er domingo de adviento "A"

Video con comentario al Evangelio del 3er domingo de adviento "A"


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https://youtu.be/O3EXxKL7q4c

Eduardo 


Video con comentario al Evangelio de la Inmaculada Concepción

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https://youtu.be/HQwGrS8mdOY

Eduardo

Comentario a las lecturas bíblicas, Inmaculada Concepción

Madre nuestra, ruega por nosotros

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Solemnidad 

                                                                                                                            Eduardo de la Serna


                                                                                                                                  



La fiesta de la Inmaculada Concepción refleja una larga tradición eclesial luego establecida litúrgica y teológicamente en la Iglesia. De este dogma no habla la Biblia, obviamente, y las lecturas “ilustran” el misterio. Por eso los comentarios solamente “acompañan” el día litúrgico sin ahondar detenidamente en los textos.



Lectura del libro del Génesis     3, 9-15.20

Resumen: el texto del varón y la mujer en el jardín, y la sentencia posterior que “marca” a toda la especie humana destaca la rivalidad perpetua entre la serpiente y la descendencia de la mujer. La relectura mariana del texto a partir de la traducción latina explica su introducción en la liturgia de hoy.

El texto del varón y la mujer en el jardín se presenta con un esquema judicial: hecho en el que se viola un mandato (3,1-7), hay un interrogatorio (3,8-13) y una sentencia (3,14-19). El mandato está presentado como tantos mandamientos: “no comerás” (2,17). La violación del mandato presenta los personajes implicados: serpiente, mujer, varón, y el interrogatorio se desarrolla de modo inverso: varón, mujer y alusión a la serpiente. La sentencia nuevamente invierte los personajes: serpiente, mujer, varón. Como es habitual en los interrogatorios, cada uno responsabiliza al siguiente: el varón a la mujer, la mujer a la serpiente. 

La sentencia, presenta los elementos negativos de la vida cotidiana vistos ahora como una suerte de pena por el mandato violado: la serpiente resulta peligrosa para la especie humana, el dolor del parto, el dominio del varón sobre la mujer, el trabajo arduo y muchas veces infructuoso del campesino… [Desde una mirada de género resulta evidente que el dominio del varón sobre la mujer es algo negativo y perverso que el autor ve en su tiempo presente y tiene claro que no es eso lo que forma parte del plan de Dios para los seres humanos].

El motivo de la elección del texto para la liturgia de hoy está dado fundamentalmente por el v.15, en el texto hebreo se destaca que “el linaje de la mujer”, es decir, la humanidad, estará en constante enemistad con las serpientes. Es evidente el peligro que este animal representa para el campesino y el conflicto entre ambos. Sin embargo, la traducción latina de la Vulgata no señala la enemistad entre “él” (= el linaje) sino “ella”, es decir, la mujer. La gran cantidad de imágenes marianas en la que se ve a María pisando la cabeza de una serpiente manifiestan claramente la eficacia de esta relectura.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso     1, 3-6. 11-12

Resumen: Un himno de los cristianos venidos del judaísmo canta la realización de todas las bendiciones prometidas a Israel alcanzadas en Cristo. Pero estas bendiciones la Iglesia las ha visto también realizadas en la Madre de Jesús desde el momento de su concepción.


El discípulo de Pablo que escribe Efesios parece citar un himno litúrgico cantando la realización de las promesas de Israel (1,3-12, dirigida a “nosotros”), ampliadas ahora también a los no judíos (3,13-14, dirigida a “ustedes”). Muchas características de Israel se celebran realizadas: “bendición”, “elegido para ser santos”, “ser sus hijos”, “redención”, “conocimiento del misterio”, “herencia”, que han alcanzado su plenitud y realización en Cristo. Israel sabía que era pueblo elegido, santo, hijo de Dios… y los cristianos provenientes del judaísmo proclaman que eso se ha realizado perfectamente en Cristo. Y además, que se ha hecho extensivo a los paganos a partir de que se le ha predicado el Evangelio y han creído en él (v.13). 

Sin embargo, muchos de estos temas, particularmente la elección antes de la creación del mundo (v.4) parecen haber influido en que el texto fuera incorporado en la liturgia de hoy. María es elegida desde su misma concepción para ser la madre del Hijo de Dios, “santa e inmaculada” (v.4), “elegida de antemano” (vv.5.11).


Evangelio según san Lucas     1, 26-38

Resumen: En un esquema de “encargo de misión” un enviado de Dios se dirige a María para anunciarle el nacimiento y la misión del hijo por venir. Llena del espíritu de Dios –algo habitual ante un encargo divino- María acepta la propuesta del ángel. Esta aceptación es la que da razón a la elección eterna manifestada en su concepción inmaculada.



Lucas pone en paralelo –como es habitual en él- dos anuncios angélicos en los que resaltará la misión que Dios ha previsto a los hijos que ambos engendrarán. El esquema es semejante a los “encargos de misión difícil”, como el que recibirá Jeremías, por ejemplo (Jer 1,4-10). Sin embargo, lo que ocurrirá entre ambos es notablemente diferente: Zacarías e Isabel se asemejan a los grandes personajes del A.T. en los que a pesar de ser justos, la mujer ya anciana no ha tenido hijos, a la espera de una intervención decisiva de Dios. Lo que ocurrirá en María es abismalmente diferente, no solamente porque se trata de una joven, casi niña, y en una situación totalmente novedosa, sino que ambos hijos también lo serán. Isabel llamará a María “la madre de mi Señor” luego que el niño que lleva en su seno se llene de alegría brincando (1,41-44). 

Sin duda, de todos modos, la lectura alude a la inesperada maternidad virginal de María y la misión de su hijo como hijo de Dios, no a lo que podemos llamar la infancia de María o su misma gestación, algo de lo que escribirán algunos evangelios apócrifos. Sin dudas, el “sí de María” es la razón por la que Dios la ha escogido desde siempre, y es este “sí” el que hoy propone la liturgia. Para este sí es que la madre de Jesús es llamada “llena de gracia” (kéjaritômenê, el término se encuentra también en el himno de Efesios que acabamos de comentar, v.6: «para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració [ejarítôsen] en el Amado» [Ef 1,6]).

Siguiendo el esquema habitual: intervención divina – saludo – “no temas” – encargo de misión difícil – duda – signo hay algunos elementos que son propios de este relato y se deberán comentar en otra ocasión. El acento principal en este texto elegido para esta celebración está dado en la aceptación de María a la maternidad que se le anuncia.


El video con el comentario al Evangelio se puede ver en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2022/12/video-con-comentario-al-evangelio-de-la.html
o también en
https://youtu.be/HQwGrS8mdOY 


jueves, 1 de diciembre de 2022

Un problema con el Cielo

Un problema con el Cielo

Eduardo de la Serna



Si miramos el término “cielo” en la Biblia podemos confundirnos, por la frecuencia de su uso, y es bueno saber de qué hablamos.

Para empezar, es fácil imaginar que, observando el mundo, cualquiera podría ver que muy por encima de todo hay “algo” celeste (= celestial). De esto, además, parece que “cuelgan” los astros, por lo que, se supone, ese “algo” celeste debe ser “firme” (= firmamento). En ocasiones, pareciera que “el cielo se viene abajo” cuando hay “diluvios” porque el cielo abre une hendija para descargar las “aguas de arriba” (las aguas también son celestes).

Ahora bien, como ocurre en muchas culturas, la imagen de Dios es que “habita” en lo alto, más alto que el mismo cielo (Dios está arriba). Así el cielo es el “trono” de Dios. Incluso, cuando en un momento – ya tardíamente – se presenta a Dios irritado a causa de la infidelidad sistemática de su pueblo, la imagen es que Él se “encerró” en el último cielo (“séptimo”). Hará falta un momento (con Jesús, en su bautismo) en el que Dios vuelve a encontrarse con la humanidad y “el cielo se rasgó”, y en el que desciende su espíritu. Esta imagen del arriba y abajo (lo inferior, “infierno”) también se muestra en la imagen del ejército del cielo que enfrenta los ángeles del mal (cielo, luz, verdad, vida confrontan con infierno, tinieblas, mentira y muerte). Todo lo que ocurre “bajo el cielo” hace referencia a la historia o la vida, desde “las aves del cielo” hasta la lluvia, o – como es frecuente en el hebreo – moviéndose entre “extremos” como al hablar de “cielos y tierra” o “aves del cielo y peces del mar”; en ambos casos se pretende señalar la universalidad, la totalidad señalando dos "extremos"...

Entrando en el Nuevo Testamento, es interesante notar que el tema no es frecuente en Pablo: veamos una simple estadística: el término lo encontramos 82 veces en Mateo, 18 en Marcos, 35 en Lucas, 18 en Juan, 26 en Hechos, 11 en Pablo, 10 en los discípulos de Pablo, 10 en la carta a los Hebreos, 11 en las cartas Católicas (nunca en las cartas de Juan) y 52 veces en Apocalipsis. Esta simple mirada invita a descubrir la frecuencia particular del término en los escritos de origen judío [aunque hay que recordar que Mateo, allí donde sus fuentes decían “reino de Dios” ha preferido en casi todos los casos “reino de los cielos”]. El término en hebreo se encuentra en plural (šāmayim) y por eso es frecuente que se lo encuentre también así en el griego del Nuevo Testamento: en Mateo, que como vimos lo usa con mucha frecuencia, no sólo se habla de “reino de los cielos” (32 veces) sino que Dios es padre que “está en los cielos” (15 veces).

Pero, además de su uso frecuentemente “espacial”, encontramos también un sentido “teológico”. Hay ocasiones (como en el caso del Reino) que decir “cielos” es sinónimo de decir “Dios” (ver Sal 73,9; Job 20,27; Dn 4,23). Así, cuando los Evangelios nos hablan de tener "un tesoro en el cielo" o cosas semejantes (Mt 6,20; Lc 18,22) nos están señalando la alegría de Dios por los regalos que le hacemos de generosidad en favor de sus preferidos, los pobres. Decir que Jesús “ascendió a los cielos” (Hch 1,10-11) pretende señalar que Jesús fue al encuentro con Dios; decir que los cristianos son “ciudadanos del cielo” (Fil 3,20) destaca que Dios es el que nos da un hogar, y no el emperador (= ciudadanos de Roma), o que tenemos una “morada en los cielos” (2 Cor 5,1-2) ya que estamos llamados a vivir en esta historia conducidos por el espíritu de Dios.

Pensando teológicamente, y en coherencia con lo que hemos señalado en otras ocasiones, es importante disociar la imagen “espacial” y mantener la “teológica”. El cielo, del que solemos hablar, no es un “lugar” a donde van algunos, sino que, simplemente: “el cielo es Dios” [así repetía santa Isabel de la Trinidad]. Se trata de un encuentro de amor, de amistad (no de premio, menos aún de mérito). A sus amigos Dios les regala un abrazo de amistad, eso es “el cielo”: se trata de un encuentro de amor. El “cielo” no es una inversión de la situación actual (una suerte de tortilla que se da vueltas, y – entonces – los que la pasan mal “bajo el cielo”, como los pobres y las víctimas, la “pasarán bien” después de la muerte); el cielo no es un lugar de descanso (en paz), sino una continuidad y profundización de la amistad con Jesús.

 

Imagen tomada de https://www.jw.org/es/biblioteca/libros/lecciones-historias-biblia/12/jesus-alimenta-miles/


martes, 29 de noviembre de 2022

Comentario a las lecturas bíblicas, 2º domingo de adviento A

“El reino se está acercando”, lo dice el profeta

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO -  "A"
Eduardo de la Serna



Lectura del libro de Isaías     11, 1-10

Resumen: La situación de devastación lleva a fortalecer la esperanza en que la dinastía de David volverá renovada. Y de allí surgirá  quién se deje conducir por el espíritu de Dios para hacer justicia en especial a los pobres y oprimidos. Es que la situación de los pobres corroe el interno de la vida del pueblo, por lo que en el tiempo futuro ideal no habrá cabida para la violencia y el miedo.


La imagen del tronco es metáfora de devastación y aniquilamiento (cf. 6,13). Los bloques anteriores (7,1-9,6 y 9,7-10,34) ya venían señalando que el juicio de Dios se manifestaría como devastación. El texto parece señalar la concreción del mismo. Pero este tronco es “de Jesé”, es decir, del padre de David; la dinastía que da fundamento a la monarquía en Judá se remonta a sus mismos orígenes. Quizás así se quiera señalar un “nuevo comienzo” en momentos críticos. 

Como es habitual, lo que se espera del rey es que esté lleno del espíritu de Dios (1 Sam 10,10; 16,13), sólo así puede ser un rey “como Dios manda”, es decir, fiel a la voluntad de Dios de instaurar el “derecho y la justicia”. Es el espíritu necesario para poder llevar adelante la misión que Dios le encomienda. En este caso se señala la cualidad de este espíritu presentado en tres pares de cualidades: “sabiduría e inteligencia” (cf. 1 Re 3,14-15; Is 9,5), “planificación y fuerza” (Is 36,5; cf. 1 Re 15,23; 16,5.27; 22,46. Como en 9,5 la fuerza no está al servicio de la guerra, sino de la paz), “conocimiento y temor de Yahve”. Estas características son propias de los reyes de Medio Oriente.  

«Míos [dice la sabiduría] son el consejo y la habilidad, yo soy la inteligencia, mía es la fuerza. Por mí los reyes reinan y los magistrados administran la justicia» (Pr 8:14-15). El rey tiene la plenitud de la capacidad para “juzgar”, que es tarea propia del “monarca”, y esta está expresada como hacer justicia a los pobres, liberar con su fuerza a los que no la tienen. El “temor de Dios”  es obedecerlo, respetar su ley. El texto refuerza esta última cualidad señalando que el temor de Dios “lo inspirará”.

Nota: la versión griega reemplaza la referencia al “temor” del último par por la “piedad” y mantiene el “temor” en el refuerzo, con lo que las características del rey esperado pasan a ser siete. De aquí fue tomado, tardíamente, el tema de los así llamados “siete dones del Espíritu Santo”.

Es interesante destacar que si es propio del rey, juzgar, aquí no se señala a la “obra de gobierno” sino su actitud con respecto a los pobres y oprimidos. La “rectitud” es sinónima de la justicia como se nota en el paralelismo (v.4); es propio del rey Yahvé (Sal 45,7; 67,5; Mal 2,6). Es justicia que se ejerce con la boca (ver v.4b) en sentencias justas en favor del pobre.

Este rey es “fiel” (’emunác). La fidelidad de Dios a su pueblo se manifiesta en la fidelidad de aquel al pueblo (Sal 33,4-5; 36,6-7; 40,11; 88,12-13; 96,13; 98,2-3…), ser fiel a su pueblo es la garantía de fidelidad del rey a Dios. Lo que devasta al pueblo no son enemigos externos, sino que es la injusticia, la fuerza de los malvados que oprimen a los pobres. Esto debe ser desarmado como lo señala claramente el programa del rey ideal (Salmo 72); en el nuevo tiempo inaugurado por la dinastía renovada no habrá víctimas de la violencia interna que deshace el país.

Este tiempo futuro será metafóricamente tiempo ideal de paz. No en el sentido de un paraíso perdido, pero sí en cierta semejanza a una armonía ideal. Es propio de la escatología bíblica imaginar los tiempos futuros como se imaginan los tiempos primeros. Los pares violentos de las parejas animales abandonan toda violencia y agresividad. Gen 1,30 ya había planteado que en el proyecto original de Dios no había lugar a la muerte, y la alimentación de todos sería vegetal, aquí como allí el león comerá paja con el buey. El miedo y la violencia han desaparecido porque el país “está lleno del conocimiento de Yahvé” (v.9); ya no se esperará a comer del “árbol del conocimiento” puesto que toda la tierra estará inundada de ese “conocimiento”.

El texto concluye con una nueva unidad comenzada por “en aquel día” (ver v.11.12; 12,1). La referencia a “Jesé” une el texto con lo anterior, mientras que la referencia al “día” futuro lo une con lo que sigue, en este caso ligado a la vuelta de los desterrados (algo más bien propio del llamado “Segundo Isaías”, como también la imagen del “nuevo éxodo”, cf. v.15).



Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     15, 4-9

Resumen: dos unidades diferentes son integradas en el texto litúrgico, una que refiere a los fuertes y los débiles, donde los primeros deben preocuparse seriamente de los segundos. Y otra referida a las judíos y los paganos que juntos buscan que Dios sea glorificado en sus vidas.


Como se señaló la semana pasada, la parte exhortativa de la carta a los romanos es motivo de debate entre los estudiosos. En el texto de hoy, está llegando a su fin para dar pasos a los saludos conclusivos. Con algunas reminiscencias a 1 Corintios, que probablemente la inspira, Pablo habla de la responsabilidad de los “fuertes” con los “débiles” (algo de lo que viene hablando desde 14,1 y parece concluir en 15,6 con la fórmula solemne “Dios y Padre de nuestro Señor Jesús, el Cristo”, cf. 5,11.21; 6,23; 7,25; 8,39). Esta unión entre unos y otros es destacada –ya a modo de conclusión de la carta, retomando lo que la motivó desde el comienzo- a la actitud de Cristo con los judíos y los paganos (15,7-13). A partir de v.14 Pablo finaliza dando algunas informaciones sobre su situación y sobre sus proyectos (15,14-33) y todo el cap. 16 envía saludos a diferentes personajes y a su vez destaca los saludos que algunos, que están cerca de él, les envían a los romanos. 

La unidad, entonces, integra el párrafo conclusivo de la perícopa sobre los fuertes y los débiles (15,1-6) y la unidad conclusiva de toda la carta (15,7-13). El texto litúrgico comienza con la digresión conclusiva de la primera unidad, y con el comienzo de la segunda, omitiendo la cadena de citas bíblicas (vv.9-12) y la oración conclusiva (v.13) de la segunda.

La referencia a los fuertes y los débiles parece que alude a los “débiles en la fe” (14,1) por lo tanto la relación está dada en las prácticas religiosas en las que unos creen que debe sostenerse la fe, mientras los fuertes se desentienden de eso. Para Pablo, la fe no consiste en una lista de preceptos, en una serie de prácticas religiosas a realizar, sino en la convicción de que la fe en sí misma es suficiente. Pero no se trata de una fe individualista ya que los fuertes (entre los que Pablo se cuenta a sí mismo, 15,1) deben sostener a los débiles, seguramente preocupados por los escrúpulos. Llevar unos las cargas de otros (cf. Ga 6,2) nos une a Cristo (15,1). En un ambiente en el que el honor era una suerte de “prioridad absoluta”, Pablo invierte el esquema cultural poniendo en el otro, especialmente en el débil la dedicación, en lugar de valerse de ellos, nuestra responsabilidad es “cargar” su debilidad. Para esto, se debe buscar “agradarle”, no buscar el propio agrado. No se trata de un preocuparse “genérico” sino preciso y concreto, se trata de un mirar sensiblemente la conciencia de los débiles (cf. 1 Cor 8,7.12; 10,29). Y esto, planteado como “edificación”, algo característico de Pablo (1 Tes 5,11; 1 Cor 14,12.26; 2 Cor 10,8; 12,19; 13,10. La solidaridad es el criterio fundamental. 

La búsqueda de la concordia mutua entre unos y otros (los fuertes y los débiles) parece el tema central de la primera parte, reforzada con la cita explicita de Sal 69,10 leída cristológicamente. Señalando el texto de modo cristológico en referencia a Jesús en su pasión. Este tema (“tener los unos con los otros los mismos sentimientos”, v.5) es frecuente en toda la exhortación: 12,10.16; 13,8; 14,13.15.19. Acá recurre al ejemplo de Cristo (v.3) como ejemplo a imitar de ese amor por los débiles, de no mirar su propia complacencia y su solidaridad. 


Sal 69,10 (hebr.)
Sal 64,10 (LXX)
Rom 15,3
Los insultos de los que te insultan caen sobre mi
Los ultrajes de los que te ultrajaron cayeron sobre mi
Los ultrajes de los que te ultrajaron cayeron sobre mi


Así se tratarían de palabras que Cristo se apropia para animar al cristiano a la solidaridad.

La referencia a los escritos del pasado (del cual el salmo es un ejemplo) para enseñanza nuestra establece un criterio hermenéutico (cf. 1,2), pero enseñanza en lo tocante a la vida cristiana. “lo escrito” es una invitación contante a esta hermenéutica en toda la carta. Dos elementos aparecen ligados a los efectos de las Escrituras en nosotros: consuelo (paráklêsis) y resistencia (hypomonê) y ambas promueven la esperanza como causa y efecto. Dios mismo se revela como Dios de la resistencia y el consuelo (v.5) y Pablo pide que Él “les” conceda “unanimidad” en una sola voz (lit. “boca”). Más que una oración se trata de un deseo de Pablo (cf. 12,5.10.16; 13,8; 14,13.19). Pero la unanimidad no se trata de uniformidad, precisamente en una unidad donde rescata las diversidades, pero alienta a la solidaridad. Es “una-anima” como Cristo que no buscó su propio placer. El término en hebreo en Qumrán alude a la coparticipación en la comunidad. En Hechos (10 veces) alude a la concordia y armonía comunitaria, no a la “unanimidad” entendida como “uniformidad” (1,14; 2,46; 4,24; 5,12; 7,57; 8,6; 12,20; 15,25; 18,12; 19,29). 

“Comerán juntos, bendecirán juntos y juntos tomarán consejo” (Regla de la comunidad, 1QS 6,2-3) [es interesante que a diferencia de Pablo que afirma que los fuertes deben sostener a los débiles, la regla de Qumrán afirma –en este mismo texto- que “el pequeño obedecerá al grande en el trabajo y en el dinero”]

La “una voz” debe pensarse, entonces, como una suerte de coro, el respeto a la diferencia, la armonía. El objetivo final es la “gloria de Dios” (v.6), el reconocer su grandeza.

La segunda unidad, deja el tema de los fuertes y los débiles y retoma un tema central de toda la carta que es el de los judíos y los paganos. Muchos elementos que se encuentran en la carta son aquí retomados a fin de darle síntesis: la “verdad de Dios” (1,25; 8,7), “las promesas a los padres” (4,9-22; 9,4.8-9), la “misericordia” a los paganos (9,15-18.23; 11,30-32).

La gloria de Dios vuelve a ser retomada (v.7) para integrar a los “circuncisos” (= judíos) y para los gentiles (v.9). Para afirmar esto, relee una serie de textos bíblicos encadenados por un simple “y también” (kaì palin, vv.10.11.12) y concluir con un breve deseo-oración de que ese Dios que era mencionado como de la “resistencia y el consuelo” (v.5), ahora es mostrado como “Dios de la esperanza” (recordar que los tres términos se encuentran en v.4). [Curiosamente el texto de Romanos (v.12) incluye entre estas citas la referencia a la “raíz de Jesé”, de Isaías que se encuentra en la primera lectura, pero no está incluido ese verso en el fragmento litúrgico de Romanos que finaliza en v.9].


Evangelio según san Mateo     3, 1-12

Resumen: Juan el Bautista predica como profeta semejante a Elías a gente de diferentes regiones que se acercan a él para ser bautizados, y les anuncia que Dios está empezando a reinar en alguien que viene y que es más importante que él mismo. Pero para recibirlo será necesaria una auténtica conversión, no solamente de palabra sino en frutos concretos.

Siguiendo al Evangelio de Marcos, aunque añadiendo elementos propios y elementos del Documento Q, Mateo presenta los acontecimientos previos al ministerio de Jesús. Podríamos resumirlos de esta manera: 

a) Presentación de Juan, el Bautista, 
b) Bautismo de Jesús y 
c) Tentaciones en el desierto. 

La liturgia –como corresponde al tiempo de Adviento- presenta a Juan como quien “prepara el camino del Señor”, es decir, la primera de las tres escenas mencionadas. Señalamos en tres columnas los tres evangelios sinópticos para que sea fácil de visualizar lo que Mateo toma de sus fuentes y lo que le es propio (como corresponde, se deja espacio en lo que no es paralelo, aunque hay que notar que algunas frases se encuentran desplazadas).


           Mateo 3,1-12
            Mc 1,2-8
           Lc 3,1-18






















1 Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:

 2 «Conviértanse porque ha llegado el Reino de los Cielos».
 3 Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas.








 4 Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. [= Mc 1,6]
 5 Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán,
 6 y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.




 7 Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién les ha enseñado a huir de la ira inminente?
 8 Den, pues, fruto digno de conversión,  9 y no crean que basta con decir en su interior: «Tenemos por padre a Abraham»; porque les digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
 10 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
































 11 Yo los bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El los bautizará en Espíritu Santo y fuego.


 12 En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga».
2 Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino.
 3 Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas,















 4 apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo 

de conversión para perdón   de los pecados.






















5 Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
 6 Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre.
























































7 Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias.  8 Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo».







En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene;
 2 en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3 Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo 

de conversión para perdón de los pecados,

 4 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas;
 5 todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.
 6 Y todos verán la salvación de Dios.






7 Decía, pues, a la gente que acudía para ser bautizada por él:











«Raza de víboras, ¿quién les ha enseñado a huir de la ira inminente?
 8 Den, pues, frutos dignos de conversión, y no anden diciendo en su interior: «Tenemos por padre a Abraham»; porque les digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
 9 Y ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego».
 10 La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?»
 11 Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo».
 12 Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?»
 13 Él les dijo: «No exijan más de lo que les está fijado».
 14 Le preguntaron también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagan extorsión a nadie, no hagan denuncias falsas, y conténtense con su soldada».
 15 Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan,   si no sería él el Cristo;
 16 respondió Juan a todos, diciendo: «Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El los bautizará en Espíritu Santo y fuego.


 17 En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga».
 18 Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.


Lo primero que llama la atención es que Mateo pone en boca del Bautista lo mismo que dirá Jesús al comenzar su ministerio: “el Reino de los cielos ha llegado” (ver 4,17), y que más tarde anunciará también la Iglesia (10,7), pero enseguida afirma que “este es”, relacionando la llegada del reino con una persona (el dicho de Jesús, en cambio, finaliza allí mismo con lo que deberemos esperar al desarrollo de todo el Evangelio para saber qué es este reino que él predica; especialmente las parábolas, cf. 13,11). Como Juan es parte de la historia, “predica” y “proclama” (v.1) como lo hará Jesús (4,17.23; 9,35) y lo harán también los apóstoles (10,7.27; 24,14; 26,13). Sin embargo hay que destacar que el bautismo de Juan, en Mateo, no es “para perdón de los pecados” como sí lo es en Marcos. El perdón para Mateo ocurrirá en la eucaristía (cf. 26,28).

A continuación destaca que de él habla el profeta Isaías, citando el texto de Is 40,3 (es interesante notar que Lucas extiende la cita a Is 40,3-5; y Marcos añade Mal 3,1 que Mateo citará –siempre en referencia a Juan- en 11,10, como también Lucas 7,27, mostrando que ambos siguen en esto al texto Q). La cita es idéntica a la versión griega de Isaías con la única diferencia que dice “sus senderos” en lugar de “senderos a nuestro Dios”. La diferencia sin embargo es notable por el contexto, como ya lo señalaba Marcos: en Isaías, el desierto es el tema sobre el que la voz habla. Como una suerte de nuevo éxodo (típico del discípulo de Isaías) ya no será el mar el que se abre sino el desierto el que será camino del pueblo de Dios que se dirige a la tierra prometida, y por eso destaca los milagros que acompañarán esto: los montes serán abajados, los valles rellenados (texto que –como se dijo- continúa Lucas). En los Evangelios, en cambio, el desierto es el lugar en el que la voz (= Juan) habla; cosa que queda confirmada no sólo por el contexto, sino por lo que afirma a continuación destacando que comía la comida frecuente en el desierto y allí acudían de toda la región. El tema, entonces ya no es “el desierto” sino “el camino” referido ahora a la vida humana que debe cambiar (“convertirse”). Algo semejante ocurre en Qumrán (también están "en" el desierto):
Y cuando estos existan como comunidad en Israel según estas disposiciones se separarán de en medio de la residencia de los hombres de iniquidad para marchar al desierto para abrir allí el camino de aquel. Como está escrito: ‘en el desierto, preparen el camino de…, enderecen en la estepa una calzada para nuestro Dios’. Este es el estudio de la ley…” (1QS 8,12-14)
Marcos añadiendo el texto de Malaquías nos había señalado que Juan era ese “Elías” que muchos judíos esperaban previo al “Día de Yahvé”. Mateo –como dijimos- lo referirá más adelante, e incluso lo destacará expresamente en 17,13: después que Jesús dice que “Elías ya vino” pero ni lo escucharon e hicieron con él lo que quisieron, Mateo acota: “entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan, el Bautista”. Este paralelo entre Elías y Juan queda reforzado con la vestidura (ya en Marcos): “vestido de pelos de camello y un cinturón de cuero”: cuando un extraño les sale al encuentro a los enviados del rey Ocozías con un mensaje para el rey, éste pregunta: 
« ¿qué aspecto tenía el hombre que les salió al paso y les dijo estas palabras?» Le respondieron: «era un hombre con manto de pelo y una faja de piel ceñida a la cintura». Él dijo: «es Elías el tesbita»” (2 Re 1,7-8). 
Como puede verse, a Mateo le interesa más Juan como profeta y predicador que en cuanto bautizador.

Es oportuno destacar que como ocurre en el castellano, también en griego “desierto” (érêmos) puede significar un lugar árido (p.e. desierto del Sahara) pero también un lugar deshabitado. Ciertamente si se trata del lugar donde Juan habita puede tratarse de ambas acepciones del término, pero al referirse –más adelante- a un bautismo en el Jordán, ha de entenderse en el segundo modo. El término es especialmente bíblico más que geográfico.

No es este el lugar para analizar el tema histórico, hablando de la persona de Juan, de los movimientos bautistas, de los diferentes bautismos, e incluso de la originalidad del bautismo de Juan con respecto a otros rituales. El texto señala algo que sabemos por un historiador, como Flavio Josefo: que la persona de Juan fue muy aceptada por los judíos y congregaba mucha gente, e incluso tenía discípulos (cf. 9,14; 14,12). La confesión de los pecados de los que acudían al bautismo remarca que el bautismo no se trata de algo meramente ritual sino de la firme decisión de “enderezar el camino”, de un cambio de vida. Este cambio de vida se justifica por la “ira inminente”. Juan identifica el reino-persona que llega con un tiempo de ira, como el “día de Yahvé” anunciado por muchos profetas: 
“¿quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque es como fuego de fundidor y lejía de lavandero” (Mal 3,2; ver Nah 1,6; Jl 2,11; Am 5,18-20). 
Esto está dicho por Juan –como es propio de Mateo- a “fariseos y saduceos” (con lo que distinguirá la actitud del pueblo con la de sus autoridades), a los que llamará “raza de víboras” (fuera de este texto tomado de Q, el término se encuentra otras dos veces, ambas en Mateo dirigidas a los “fariseos”, lo que es propio de tiempos del evangelista y la situación que vive su comunidad con otros judíos en el debate sobre cuál de los dos grupos –fariseos rabínicos o cristianos- es el “verdadero Israel”). 

La conversión no es algo de “palabra” sino que debe manifestarse en “frutos”. Ser “hijos de Abraham” no es lo que cuenta, sino los frutos, esto es, la vida toda (“dar” fruto se encuentra en imperativo aoristo, una suerte de “¡ya mismo!”; acerca de las piedras y los hijos de Abraham, cf. Is 51,1-2). El árbol que no dé “buen fruto” tiene como destino el fuego. La imagen frecuente en la Biblia de comparar a Israel (los hijos de Abraham) con un árbol frutal del que se espera que dé frutos es la que subyace a esta unidad (cf. Is 5,1-7; Os 10,1; Jer 2,21; 6,9; 12,10; Ez 15,1-8; 17,6; Sal 80,9-19; Os 2,12; 9,10; Jl 1,7.12) y otros textos del NT (cf. Mc 11,12-14; 12,1-12; Lc 13,6-9). La unidad en vv.10 y 12 finaliza con la amenaza del fuego del juicio.

Pero esta referencia al día de ira está ligada –como se dijo- a una persona que está llegando. Juan entonces, contrasta su bautismo con el bautismo que traerá “aquel que viene detrás de mí”. El contraste entre ambos es importante en Mateo: de este se dice que es “más fuerte”, que Juan “no es digno de llevarle la sandalia” (en los restantes Evangelios, Juan incluido se manifiesta indigno de “desatar la correa de las sandalias”, algo propio del esclavo; es decir, menos aún que eso), el bautismo de agua para conversión contrasta con el nuevo bautismo en “espíritu santo y fuego” (ver 28,19), y lo que hará finalmente: limpiar la era para recoger el trigo y quemar la paja en ese fuego (ver Is 1,25; Za 13,9). Toda esta unidad está tomada de Q (Marcos decía que el que viene bautizará en espíritu santo, solamente). La superioridad entre uno y otro (Juan y el que ha de venir) queda destacada desde el comienzo (y cada evangelista la resaltará a su manera en otros momentos). Juan identifica al que viene con el reino que llega, y ese reino será de ira y fuego, de hacha a los que no den buen fruto, en una actitud ciertamente judicial (cf. 7,19; 13,40.42.50; 18,9; 25,41). Sin duda más adelante, viendo a Jesús que come con pecadores, se junta con ellos y es su “amigo” (11,19), eso provocará que Juan se desconcierte y pregunte si es Jesús “el que ha de venir” o hay que esperar a otro (11,3).

Lo cierto es que –especialmente teniendo en cuenta el texto en el tiempo litúrgico de Adviento- Juan anuncia la llegada de alguien que viene, y esa llegada, esa persona, está ligada estrechamente al reinado de Dios. Y Juan invita a todos los que desde diferentes regiones se aproximan a él a una conversión en palabras y hechos para dejar a Dios obrar en sus vidas y recibir a aquel que se aproxima.


El video con el comentario al Evangelio en:
https://blogeduopp1.blogspot.com/2022/11/video-con-comentario-al-evangelio-del_28.html
o también en
https://youtu.be/2aoLLnf1lPo


Foto tomada de http://es.wikipedia.org/wiki/Palestina_(región)