sábado, 21 de octubre de 2017

Insisto que quiero saber ¿dónde está?

Insisto que quiero saber ¿dónde está?


Eduardo de la Serna



La aparición del cuerpo de Santiago Maldonado pone un fin penetrante a la pregunta cada vez más atronadora: “¿dónde está Santiago Maldonado?” Ahora lo sabemos y una familia, transida de dolor, podrá darle sepultura, llorarlo y elaborar el duelo. Pero eso no implica tener todas las respuestas, más allá de las que – esperamos – el tiempo y las pericias darán.

  • ¿dónde está el decoro y la sensatez de funcionarios, periodistas y diferentes personajes públicos? ¿Y el respeto? La pequeñez grave de varios sujetos, su ya insignificante estatura moral se vio agravada y empequeñecida aún más ya que ni siquiera guardaron un respetuoso silencio ante la confirmación de la identidad del cuerpo de Santiago. La vergonzosa (en realidad, una más) intervención del ministro Garavano y la llamada telefónica del presidente Macri a la mamá de Santiago resultan revulsivas a cualquiera con un poco de sensibilidad humana; algo que ciertamente no caracteriza al Gobierno.
  • ¿dónde está la humanidad del gobierno preocupado sólo por la repercusión política-electoral del “caso Maldonado” antes que, por la verdad, la justicia y la cercanía a la familia en el dolor? Que se mande a encuestar a la ciudadanía por su reacción ante el hecho, y a consecuencia de ello se difundan vomitivas campañas mintiendo que la oposición quiere “vengar” a Santiago, o simulando compunción telefónica, no hace sino enrarecer aún más un clima sombrío y lúgubre que sólo tiene como causa el encubrimiento desde el primer día por parte de las fuerzas de seguridad, los funcionarios de gobierno (empezando por el mismo presidente de la República) y una prensa que ha perdido los últimos jirones de dignidad y valoración de una maravillosa profesión a la que han ensuciado y defecado.
  • ¿dónde está la ciudadanía que se pretende madura o justa que por un lado no se indigna visceralmente desde el primer momento permaneciendo en gran parte indiferente o con aparente insensibilidad y que, además, no reacciona ante dichos ofensivos pronunciados desde la altura de la estupidez e impunidad divulgando porcentajes argumentando contactos internacionales y finalmente, irrespetando absolutamente el sentido común y la más elemental cordura con odiosas comparaciones que pretenden ser graciosas.
  • ¿dónde están los funcionarios que debieran estar donde se esperaba que estuvieran, dónde están las palabras que se debieron pronunciar cuando debían decirse, dónde está el silencio que se debía guardar cuando la situación ya lo exigía? ¿Todo deben bastardearlo estos detestables personajes? ¿Todo?

Vaya un abrazo desde el dolor solidario a la familia de Santiago. Y vaya mi repudio y desprecio a quienes sólo miden desde su microscopía las repercusiones del hecho buscando su beneficio o procurando evitar su perjuicio.



Foto tomada de Rosario Nuestro

miércoles, 18 de octubre de 2017

Bastardeo

Bastardeo


Eduardo de la Serna



En su origen el término “bastardo” alude a algo que se ha desviado de su naturaleza (aunque en el diccionario de la real academia hay incluso acepciones animales [un tipo de serpiente] o tipográficas [letra bastardilla]). Es conocido su uso a un hijo o hija “bastardx” que refiere al nacido fuera de la institución matrimonial. Utilizado como verbo se refiere a algo que ha perdido su naturaleza original.

Y no está mal señalar que las cosas tienen una naturaleza pero que en ocasiones es posible – y en algunas de hecho se realiza – un “bastardeo” de su “propio ser”.

Un ejemplo muy evidente de esto es precisamente la “política”. Ya Aristóteles (s.IV a.C.) le dedicó un libro e incluso “lo puso en práctica” siendo el instructor nada menos que de Alejandro Magno. Otro ejemplo del mismo puede verse en el fascinante libro “El Príncipe” de Niccolò Machiavelli (1469-1527) al cual se le atribuye la napoleónica y no existente frase de que “el fin justifica los medios”, transformando en “maquiavélico” algo que debiera ser sensato y prudente. La política, en la historia ha tenido “días felices”, pero…

Pero si la política pretende la búsqueda del poder, y el poder “es impunidad” (Alfredo Yabrán), si “el poder corrompe”, o si es cierto que “el poder es más erótico que el sexo”, pues hay que señalar que hay políticxs y prácticas políticas que realmente bastardean un ámbito que debiera ser “la expresión suprema del amor” (al decir de varios Papas y repetida por Francisco). Pero los evidentes bastardeos sin duda alimentan el desaliento y el desánimo, “la política es sucia”, se dice, o la invitación a “no politizar” como si de algo malo se tratara.

Lo “curioso” (en realidad no lo es, sino que es totalmente funcional) es cuando el intento de “despolitizar” proviene de “sectores políticos” (“la dirigencia política está totalmente desacreditada” repite Luis Zamora, dirigente político). Pero no podemos menos que repudiar el bastardeo al que nos somete día a día la dirigencia política oficialista:

  •          La aparición de un cuerpo a ¡300 mts! del lugar donde fue la represión de la que fue víctima Santiago Maldonado con toda la apariencia de que se trate de una “siembra” a 4 días de las elecciones.
  •          Las vomitivas declaraciones descarriadas de “Lilita”, primero de que había un 20% de probabilidades de que Santiago esté en Chile (basadas en “contactos internacionales que no puedo revelar… ya me van a pedir perdón”), y luego la comparación del cuerpo encontrado con Walt Disney. Cosas que solo puede decir quien goza de un preocupante clima de impunidad, y una más preocupante aún, diarrea verbal. Y que –sin embargo – sea la dirigente más confiable de la “ilustrada” ciudad de Buenos Aires… la misma que desprecia al “interior” por bárbara…
  •          El cierre de los ramales de ferrocarriles a Avellaneda el día del acto de Unidad Ciudadana, y el bloqueo de las señales de internet en la misma zona a la misma hora.
  •          La desaparición –por ineptitud manifiesta en un caso y por corrupción evidente en el segundo – de los candidatos de Cambiemos de Buenos Aires de toda la campaña poniendo el nombre, la cara y las pintadas con el nombre de la gobernadora en toda la provincia.
  •          Los ejércitos de trolls que envenenan el aire y el éter de cualquier espacio donde se quiere pensar con libertad y – en todo caso – debatir con tranquilidad y sin violencia.
  •          La evidente participación política partidaria del “partido judicial” y del “partido mediático” citando a De Vido a 4 días de las elecciones, o resucitando a Nisman, o boicoteando a Gils Carbó, o inyectando dinero en la campaña del incumplidor Florencio para restar votos a su adversaria.
  •          La “politización” bastarda de la detención ilegal y el secuestro de Milagro Sala a fin de conseguir votos de los sectores del pleistoceno de la sociedad jujeña.
  •          Y –lamentablemente – todo lo que la intuición nos permite sospechar que ocurrirá en estos días preelectorales por iniciativa de un consultor ecuatoriano experto en el bastardeo sistemático de todo lo bueno.

Es triste la desnaturalización de algo tan positivo como la política. Y es triste porque se trata de un instrumento fundamental para mejorar la vida de los pueblos. Es triste porque algunos se darán cuenta cuando ya sea tarde. Es triste porque día a día empeora la calidad de vida de los pobres. Y es triste cuando se piensa, por ejemplo en Stella Maris, la mamá de Santiago, y hacemos el difícil intento de ponernos en su piel, y escuchar a la candidata porteña empastillada, a los medios hegemónicos, a los funcionarios y hasta al mismo presidente en su silencio (quizás porque no se le ocurra una comparación futbolística para hacer). Vaya un abrazo a Stella y toda la familia de Santiago. Vaya mi repudio a los “bastardeadores” y vaya mi confianza a que (ojalá antes que tarde) el pueblo vuelva a ser el beneficiado por las políticas y los políticos.



Dibujo de Quino tomado de Con C de Arte

martes, 17 de octubre de 2017

Domingo 29A

Dios no es indiferente a nuestra historia


DOMINGO VIGESIMONOVENO - "A"



Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     45, 1. 4-6

Resumen: la elite de Israel se encuentra cautiva en Babilonia, y Dios suscitará a un rey extranjero, Ciro, el persa, para que será su instrumento en favor de la liberación de sus “elegidos”.


No es evidente el motivo de la elección de esta perícopa para la liturgia del día, siendo que la primera lectura suele estar relacionada con el Evangelio. Pero veamos el texto:


El texto está relacionado con el versículo anterior (44,28) donde le dice a “Ciro…tú eres mi pastor”; en forma invertida se dirige a “mi ungido… Ciro” (45,1). El texto se asemeja a muchos textos orientales (e incluso bíblicos) donde la divinidad reviste como rey a alguien (ver Sal 2,7-9; 89,4-5.20-22; 110). Sin embargo, es de notar que el texto no se dirige a Ciro sino a los judíos, que son quienes lo escucharán. Y por tanto les sirve de palabra de salvación.


Ungido” más tarde se cargará de sentido entendido como “Mesías[“mesías” quiere decir propiamente “ungido”, pero con el tiempo, tardíamente, se fue cargando de sentido en cuanto a expectativas futuras de Israel, sea en la esperanza de un “Mesías” político, sacerdotal, profético… Pero en los inicios, se alude simplemente a alguien que es “ungido”, es decir marcado con el rito celebrativo de elección. Se “unge” a todos los reyes, al sumo sacerdote (Lev 4,3), algunos profetas (1 Re 19,16; Is 61,1) y hasta – retrospectivamente – a los patriarcas (Sal 105,15). Precisamente porque estos son ungidos, la esperanza futura estará puesta en algún ungido/mesías]; en este sentido, “ungido” no es diferente de “pastor”.


Después del reconocimiento del personaje, se destaca que Yahvé (no Ahura Mazda, la divinidad principal entre los persas) es quien ha puesto los reyes desarmados (“des-ceñir los cintos” implica desarmarlos) y sometidas las naciones. A continuación (omitido por el texto litúrgico) se alude a la victoria de Ciro en sus campañas militares; el lenguaje es estereotipado (asedio, destrucción de ciudades, toma de botines de guerra…), no habla de casos concretos. Yahvé es quien conduce la mano de Ciro, por lo que lo toma de instrumento en favor de su proyecto liberador de Israel (en v.3 recalca que es “el Dios de Israel”). El objetivo de la intervención divina es “a causa de mi siervo Jacob” (v.4), “mi siervo”, “mi elegido”. Pero a todos nos queda claro que Ciro “no conoce” a Yahvé. El texto, para Israel, es ciertamente un mensaje de esperanza, y el acento está puesto en que “yo mismo” (= Yahvé) es quien lo hace: vv.2.3.5.6.7 (y sigue más adelante…). El esquema conclusivo de los vv.5-6 reafirma la centralidad de Yahvé:


A.- Yo soy Yahvé, no hay otro

B.- fuera de mí no hay Dios,

C.- Te ciño aunque no me conociste,

B’.- no hay nadie fuera de mí

A’.- yo soy Yahvé y no hay otro


Yahvé es quien arma (“ciñe”) a Ciro (contrapuesto a “desceñir”, desarmar a los reyes), y todo esto “para que se sepa desde el sol levante hasta el poniente” (v.6). El reconocimiento universal de Yahvé es el objetivo de su obrar en favor de su “elegido / siervo” Israel.



Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica     1, 1-5b

Resumen: siguiendo el esquema que luego será característico de los comienzos de sus cartas, en la primera carta que escribe, Pablo saluda a la comunidad e introduce los temas que luego presentará.


La carta a los Tesalonicenses es el primer escrito de todo el nuevo Testamento. Pablo les dirige una carta que sigue el esquema habitual en todas las epístolas. Luego de presentar el remitente (en este caso, junto con Pablo se encuentran Silvano – compañero de la primera etapa de la predicación europea y Timoteo, que será compañero en todo momento del ministerio paulino) señala los destinatarios: “la Iglesia de los Tesalonicenses”. Pablo escribirá “en Dios Padre y en el Señor Jesús Cristo” (v.1). Es interesante que Pablo no alude a ningún adjetivo que lo identifique, como hará en otras cartas (“siervo y apóstol”, Rom 1,1; “llamado a ser apóstol”, 1 Cor 1,1; “apóstol”, 2 Cor 1,1; Gal 1,1; “siervo de Cristo”, Fil 1,1; “prisionero de Cristo”, Flm 1). 

Como también hace en todas las cartas, Pablo les entrega “gracia y paz” (jaris kaì eirênê). 


La “gracia” (jaris) es una palabra del lenguaje habitual que Pablo ha teologizado. Una persona que ha “hallado gracia” ante otra significa que le ha agradado; “causar gracia” es ser grato. Es un término emparentado con la alegría (y en griego son términos semejantes: járis y jáirê). Comunicar la alegría es el modo habitual de saludo en el mundo griego (cf. Mt 26,49; 27,29; Lc 1,28; Jn 19,3; Sgo 1,1). La “paz” (eirênê) constituye el habitual saludo judío (shalom). La paz es un estado general de plenitud que se origina en Dios mismo (de hecho, en otras cartas se señala “gracia y paz de parte de Dios”, cf. Rom 1,7; 1 Cor 1,3, 2 Cor 1,2; Gal 1,3; Fil 1,2; Flm 3). Es interesante que de un modo ecuménico Pablo incorpora en todas sus cartas un saludo de origen griego con un saludo de origen judío.


En todas las cartas de Pablo, con excepción de Gálatas, con quienes él está sumamente enojado, a continuación del doble saludo encontramos una “acción de gracias” (eujaristoumen) por diferentes situaciones que se dan en el seno de la comunidad y que introducen los temas que se desarrollarán en la carta. En este caso, la acción de gracias es extensa (vv.2-10) y los temas son variados: alude a la fe, el amor y la esperanza; al paso evangelizador de Pablo por Tesalónica; a las tribulaciones que tanto él como ellos han padecido y padecen y, finalmente – como será tema característico de la carta, a la “venida” de Jesús. 


El texto litúrgico presenta, luego del saludo, la primera parte de esta acción de gracias que continuará la semana próxima. En este comienza señalando que los recuerda en las “oraciones” (proseujê) como hace habitualmente (ver Rom 1,10; Fil 4,6; Flm 4). Luego alude a la “fe” y el “amor” que, si en un primer momento fueron una preocupación para Pablo, ya no lo son al tener buenas noticias de que los tesalonicenses han sabido mantenerlas (1 Tes 3,2-3.6). Pablo había debido dejar abruptamente la ciudad y no había podido profundizar su evangelización por lo que estaba preocupado por el estado de las mismas. Las noticias recibidas lo llenan de alegría y puede dar gracias a Dios por ellas. La esperanza, en cambio puede ser un problema si no comprenden (“como los que no tienen esperanza”, 4,14) el sentido que tiene la venida de Jesús y nuestro encuentro con él.


La elección de los destinatarios viene manifestada en la predicación del Evangelio y su aceptación y en su asimilación en la vida (la importancia que dará la carta a las tribulaciones de Pablo y de los tesalonicenses será importante en la carta: 1,6; 2,2; 3,4). 

Esta aceptación del Evangelio Pablo la atribuye al poder del Espíritu Santo. Los mismos destinatarios de la carta son don del Espíritu santo (4,8). De eso tratará el resto de la epístola.



 

+ Evangelio según san Mateo     22, 15-21

Resumen: dos grupos muy distintos – uno religioso y otro político – intentan ponerle una trampa a Jesús con una pregunta sobre el impuesto. Jesús confronta con la idolatría del Emperador que está en las antípodas del reinado de Dios que Jesús predica.


El texto del Evangelio se encuentra también en Marcos, de donde Mateo lo toma conservándolo con muy pequeñas modificaciones. 


En primer lugar se acentúa el intento de los fariseos (como es propio de Mateo) de atrapar a Jesús en algo que dijera (v.15) para lo cual envían “discípulos”. Estos son “enviados” con herodianos para que la trampa sea eficaz. Los fariseos eran el grupo más religioso de Israel, celosos cumplidores de la ley, sin dudas no veían con buenos ojos la presencia romana en la tierra santa de Israel. Los herodianos, en cambio, gente cercana (o cliente) de Herodes (Antipas) obviamente deben su poder a Roma y nada harán que perjudique este favor. Por tanto un grupo religioso, crítico de Roma, y un grupo político amigo de Roma se conjugan en la pregunta tramposa que le formulan a Jesús sobre el impuesto al Emperador. 


La primera parte, donde Jesús parece alabado por los “enviados” (apostéllousin) no se trata sino de un intento de conquistar la atención favorablemente (captatio benevolentiae) antes de descargar la pregunta que importa. Ciertamente, si Jesús respondiera afirmando la licitud de dar (didômi) el impuesto, los fariseos podrían mostrar al “maestro Jesús” como contrario al pueblo y favorable al Imperio, consiguiendo su descrédito; si respondiera negativamente, los herodianos podrían presentar el tema al procurador mostrando en él a uno que subvierte el orden romano. Respondiera lo que respondiera, la trampa estaba tendida.


Por eso Jesús los llamará “hipócritas”, término predilecto de Mateo (x13, mientras x1 en Mc y x3 en Lucas [y una vez – en este texto paralelo – el verbo “actuar de modo hipócrita”: Lc 20,20] y solo aquí en el NT). El término alude a disimular, representar. Es posible que provenga del ambiente del teatro, y hasta se ha propuesto que Jesús lo conoce de allí. Pero lo cierto es que en Mateo alude a la actitud exterior que manifiestan los fariseos, que – como se dijo con frecuencia – es tema propio de Mateo y su comunidad en Antioquía de fines de s.I.


Mateo refuerza que Jesús les pide que le muestren “la moneda del impuesto”, resaltando así que ellos lo pagan y la trampa es evidente. 


La contra-pregunta de Jesús es la clave para entender el sentido de su respuesta. ¿De quién es la “imagen” (eikôn) y la inscripción (epígrafe)?



Una imagen es algo terminantemente prohibido en Israel (Dt 4,16) ya que es expresión visible de la idolatría (2 Re 11,18; 2 Cr 33,7; Os 13,2; Is 40,19-20; Ez 7,20; 16,17 y particularmente importante en Dn 3 y en Apocalipsis). Pero esta referencia a la idolatría se ve reforzada por la “inscripción” ya que allí se reafirma [ver la inscripción en la foto del denario] que el Emperador es “pontífice máximo” y es “divino”. La hipocresía queda reforzada: en el templo de Jerusalén hay una imagen, el Emperador ha sido divinizado, cosa que queda confirmada por la inscripción. La contra-pregunta de Jesús llevó a los adversarios a un nuevo terreno. La imagen y la inscripción pertenecen “al César”.


Ante esto, Jesús da un paso más en la respuesta: “devuelvan (apodídômi) al César lo del César y a Dios lo de Dios”. Ya no se trata de “dar” el impuesto, sino de “devolver”. Si algo pertenece al César, le ha de ser devuelto; pero si algo pertenece a Dios también le ha de ser devuelto. Y el césar, al divinizarse, al reconocerse como pontífice y divino, al tener una “imagen”, le está quitando a Dios lo que es de Dios. Y le ha de ser devuelto.


La predicación del Reino por parte de Jesús se manifiesta nuevamente en este texto, y de un modo evidente. Dios quiere reinar en medio de su pueblo, pero la autoridad del emperador, (¡y vaya si estaba divinizada en tiempos de Jesús y del cristianismo primitivo!) le robaba a Dios lo que es de Dios. Y le debe ser devuelto.


La trampa no dio resultado; la respuesta de Jesús fue absolutamente coherente con su predicación del Reino, aunque es muy probable que los herodianos no se hayan ido contentos por la respuesta. Sin embargo, Mateo concluye afirmando que “se admiraron” y se fueron. Esta admiración (thaumasía) es frecuente en Mateo ante Jesús y es frecuente ante los signos del reino que Jesús da en medio de los suyos (8,27; 9,33; 15,31; cf. 21,20; 27,14).




Foto tomada de www.ocesaronada.net

sábado, 14 de octubre de 2017

El diario La Nación no nos quiere

El diario La Nación no nos quiere.

                                                                                                                 Eduardo de la Serna


el presente artículo fue publicado en el Nro 5 de la revista Contra Editorial 
(cuya tapa ilustra la nota)


Si no fueran tan temibles nos darían risa.
(Joan Manuel Serrat, “Los macarras de la moral”)


Con motivo del inicio de la campaña electoral, el pasado 21 de septiembre, el Grupo de curas en Opción por los pobres, hicimos pública nuestra opinión ante la sociedad. Hace ya muchos años – más de 30 – que hacemos llegar a quienes quieran leerla, en la opinión pública y nuestras comunidades, nuestra voz ante diferentes temas. En este caso se suscitaron una serie de reacciones muy interesantes. Algunos sectores eclesiásticos, periodísticos y políticos nos “hicieron el honor” de dedicarnos algunos párrafos. En algunos casos, por ejemplo, merecieron una respuesta profundizando alguna idea o aclarando algún punto. En otros, nuestro silencio es coherente con la falta de argumentos o la agresión. Por caso, responder a algún director de revista cuya aparente intención es alcanzar el episcopado no tiene demasiado sentido. Pero diferente es el caso del diario La Nación que en cuestión de 4 días nos dedicó dos notas centrales: el 3 de octubre un artículo de su habitual columnista, el historiador italiano Loris Zanatta (“Curas K: otra vez el mito de la nación católica”) y la editorial del matutino el 6 de octubre: “Pecados de adoctrinamiento”. En este caso, decir alguna palabra sobre estos “ataques” tiene sentido por la importancia del medio, no por su sensatez. De paso, ¿no es una divertida ironía que el diario que dice ser “tribuna de doctrina” critique como pecado el “adoctrinamiento”?

Es habitual que el diario en cuestión “blanquee” su opinión recurriendo a un conocido historiador italiano y poder así, por interpósita persona, criticar al Papa. Ya es sabido cuánto de incómodos están con él por motivos varios, como que no cumpliera con su explícito deseo de ser “el jefe de la oposición” del gobierno anterior pareciendo, por el contrario, más cercano a aquel que a este; o también aparecer como “populista”, algo aberrante tanto para “la tribuna de doctrina” como para el inefable Loris, o incluso crítico de los gobiernos centrales en temas como su actitud hacia los migrantes. Basta con mirar varias columnas del citado historiador para ver esto (ser historiador no habilita para ser un buen analista del presente, sin duda. Zanatta es un buen ejemplo de ello). La Nación evita así el mal trago, para ellos y sus lectores, tan católicos todos, de criticar al Santo Padre. En este caso, lo he señalado en otro lugar, resulta tan paupérrimo un análisis que parte de dos slogans no cuestionados ni analizados, que cualquier respuesta analítica implicaría darle entidad a lo que no lo tiene.

En su editorial, La Nación, además de remitir al columnista hace una serie de disquisiciones que merecen ser aclaradas. Insisto, por la trascendencia del medio, no por la seriedad de su argumentación. Para empezar, afirma que los curas opp somos “conocidos en las redes sociales” como “curas kirchneristas”. Debemos señalar que “las redes sociales” son un universo demasiado amplio e impreciso. Quizás sus amigos trolls así nos llamen, pero son cosas que corren por su cuenta. Como grupo jamás nos hemos identificado con un partido en concreto, aunque sí tengamos una mirada muy crítica de alguno. Irónicamente podríamos decir que “un diario M nos llama curas K” pero sería una chicana que en nada aporta a aclarar nada.

Al igual que el buen Loris, la editorial hace alusión a que no hablamos de una serie de temas. No sabía que teníamos que hacer nuestra la agenda que el Diario nos ha marcado y hablar de los temas que ellos deciden que son importantes; no lo hemos hecho. No nos interesa hacerlo. Pero el colmo radica en que afirman que “en este último mensaje resulta sorprendente que no se hayan referido… al hambre” y unos renglones más abajo dice que sostenemos que “matar de hambre, desamparo o indiferencia al pobre es un pecado”; quizás el editorialista debería ponerse de acuerdo con sí mismo antes de escribir ya que resulta algo confuso semejante planteo. También nos cuestiona afirmar que algo es “pecado” diciendo que así nos ponemos “en el lugar de Dios” cuando a su vez el título de la nota afirma que nosotros cometemos “pecados de adoctrinamiento”. La esquizofrenia periodística no parece demasiado brillante. Dejando, pues, de lado semejantes incongruencias quisiera señalar algunos temas concretos.

Una de las características de los profetas en la Biblia es que “hablan en nombre de Dios” (que no es “ponerse en el lugar de Dios”, por cierto). Más de 1.000 veces se encuentra en la Biblia la frase “así dice” el Señor y más de 400 veces la palabra “oráculo”. Y es sabido que el ministerio o el rol profético es algo que todo cristiano está llamado a desempeñar desde su bautismo. Atreverse a hablar en nombre de Dios es simplemente algo que es propio del cristiano. El tema daría para mucho, pero no es La Nación el espacio ni el interlocutor apropiado para un debate bíblico-teológico. Cientos de veces, con razón o sin ella, voces eclesiásticas han señalado, por ejemplo, que algo es o no coherente con la voluntad de Dios. Pero pareciera que para el catoliquísimo diario de los Mitre-Saguier no hay problema en decir esto si de matrimonio igualitario, ideología de género o cosas semejantes se tratara, pero no ha de decirse de políticas públicas. Parece que “no matarás”, “no robarás”, “no mentirás” no deben aplicarse al amado gobierno nacional (aunque sí podía decirse del anterior, por cierto). Pues mal que les pese decimos y sostenemos que hay cosas que son pecado y que sostenerlas o alentarlas también lo son. No nos metemos en la conciencia de cada uno (eso sería entrar en un terreno sagrado) pero sí que hay “doctrina” (= adoctrinamiento) que estamos invitados a seguir si queremos ser cristianos. “Este sistema mata” ha dicho reiteradas veces el Papa Francisco, y “no matar” resulta ser uno de los Diez Mandamientos, además de algo que parece estar en el esquema de una suerte de “moral universal”.

Una de las cosas que nos resulta hasta divertida es que ninguno de los que nos han criticado ha osado referirse a lo que hemos dicho citando al Santo Cura Brochero. Beatificado y canonizado por el Papa Francisco y propuesto como modelo para todos los curas argentinos, el Cura en 1912 tuvo clarísimas e indiscutibles intervenciones políticas-partidarias invitando a votar al partido radical contrariamente a los conservadores. Todos pueden leer sus cartas en el grueso volumen, “El cura Brochero. Cartas y sermones”, publicado por la Conferencia Episcopal Argentina en 1999. Allí no sólo cuestiona a quienes voten a Cárcano sino que da indicaciones para que quienes vayan a votar lo hagan por los radicales llamándolo “nuestro partido radical” y diciendo que es “correligionario”. Pero el motivo, como es coherente, no es puramente político, lo afirma porque cree que eso es lo mejor para los pobres del oeste cordobés y lo que redundará en su “felicidad y facilidad”. Sin duda no es este el único cura de nuestra historia que tomó partido tan claramente: basta mirar la Junta del 25 de mayo de 1810 o los participantes en el congreso de Tucumán de 1816 o la campaña de San Martín a Chile, pero lo interesante de este caso es que no sólo se trata del único santo argentino, sino del que fue propuesto por el Papa como modelo para los curas. Es precisamente mirando lo que creemos mejor para los pobres, su felicidad y facilidad que hemos hablado. Y que nos perdone La Nación, pero el ejemplo de los santos nos resulta más importante que un directorio (los honestos interesados pueden ver las cartas 442, 443, 444, 445, 446, 447, 448, 449, 451, 459, todas de septiembre-octubre de 1912 en el citado volumen).

En nuestro texto citamos también a mons. Hesayne en su conocido dicho: “no se puede ser cristiano y neoliberal”. Curiosamente La Nación dice que Hesayne afirma no conocernos, lo cual es ciertamente mentira. Pero, aunque no nos conociera no es ese el tema: ¿se puede ser cristiano y neoliberal?, ese es el punto; no somos nosotros los importantes, son los pobres, es decir, las víctimas principales del neoliberalismo. ¿Se puede ser cristiano y apoyar un sistema que mata? Sin duda que creemos que no.

Muchas otras cosas pueden señalarse, ante una frase más insensata que la anterior. Afirma, por ejemplo, que mons. Frassia ha sido crítico del grupo, pidiendo que los curas se abstengan de “inducir” el voto; curiosamente, no lo hemos hecho porque no hemos señalado a nadie a “quien ” ha de votar, aunque hayamos señalado a quien creemos que no se debería votar. En la diócesis de Mons. Frassia el conocido “cura sanador” Fernando Abraham ha “inducido” desde el 2015 a votar a la alianza Cambiemos con toda claridad y por todos los medios a su alcance. Siendo que uno de los curas del grupo estuvo recientemente con el obispo Frassia y éste no hizo referencia alguna a su mensaje, todo indicaría que no es a nosotros sino a “los otros” a los que el obispo se refería.

Finalmente, y como es habitual en la prensa hegemónica para la que “los malos” (= nosotros) son responsables de todas las calamidades, termina esta mala editorial responsabilizando a los curas opp de que el Papa no venga a la Argentina. Afirma que es deseo de los obispos que “el papa venga a la Argentina a unirnos”, lo cual no parece haber sido afirmado por “los obispos”, aunque quizás alguno pueda pensarlo; pero además parece poner en los hombros papales una carga demasiado pesada. “Para unirnos” resulta casi grotesco. Una sociedad que desde su misma fundación tiene una grieta que la atraviesa (España o independencia, unitarios o federales, civilización o barbarie, radicales o conservadores, peronistas antiperonistas, la laica o la libre…) parece que mágicamente el Papa podría alcanzar una extraña unión que, por otra parte, no sabemos a quiénes consultaron para saber si es deseada (las recientes declaraciones del genocida Astiz no parecen muy interesadas en “unirse” con los y las víctimas de su barbarie, por ejemplo). Pero siendo la “Tribuna de Doctrina” la que ha alentado la teoría de los dos demonios y una supuesta “reconciliación” que muchos no queremos, quizás se entienda bien a que “unión” se refiera. Después quedará a los interesados el análisis acerca de por qué el Papa no viene a la Argentina, y cada quién podrá dar su opinión sobre la conveniencia o no de los viajes papales. Pero mezclar la Biblia y el calefón no parece sensato si de analizar políticas públicas se trata.

Como curas creemos que el gobierno de Cambiemos es un gobierno que mata (el hambre es un crimen), un gobierno de mentira sistemática y constante, un gobierno empobrecedor (para enriquecer a sus amigos o cómplices). Y más que le pese al diario La Nación, creemos que matar, robar y mentir es pecado. De eso se trata nuestro mensaje y de eso se trata lo que votaremos el próximo 22 de octubre.


viernes, 13 de octubre de 2017

Comunión, obediencia, rebeldía

Comunión, obediencia, rebeldía


Eduardo de la Serna



Una mirada distraída, y acaso superficial, cuando no desinformada o “de afuera”, hace ver a los curas opp como críticos, o como casi salidos de “la Iglesia”. Más de una vez hemos hablado, escrito o reflexionado sobre el tema. Acá solo pretendo dar un paso más.

Son hasta simpáticas algunas preguntas de amigos o incluso de adversarios: “¿los obispos no les dicen nada?”, “¿qué hacés todavía en la Iglesia?”, o hasta como me dijo en broma una amiga: “fundá tu propia Iglesia y yo te acompaño…” A modo de analogía me permito un paralelo que puede ser ilustrativo. En los momentos críticos es frecuente la pregunta a Dios: “¿dónde estás?”; interpelación que es diametralmente opuesta a la pregunta “¿dónde está?”. Y digo “diametralmente opuesta” porque una se dirige a Dios, la otra lo niega, una es dicha desde “adentro” y la otra desde “afuera” (dentro o fuera de la fe, en este caso).

El fuera o dentro de la Iglesia no puede mirarse (lamentablemente la mayoría de los medios periodísticos así lo hace, quizás con pereza mental de no tratar de entrar un poco en el “objeto” que comenta) como una suerte de club o de milicia cuya pertenencia o no está dada por el pago de la cuota o la obediencia vertical de la superioridad. Una vez más es necesario señalar que “el dueño / jefe de la Iglesia no es el obispo / Papa sino el Espíritu Santo”, o Cristo-cabeza, al decir de Agustín, o el Dios Trinidad, “verdadera y perfecta comunidad”. Quien no crea esto ciertamente mira desde fuera (aunque fuera obispo, quiero aclarar). Bien podemos señalar que antes que “vertical” la Iglesia es “circular” y en ese sentido es absolutamente sensata la idea de Leonardo Boff de que las Comunidades Eclesiales de Base “reinventan la Iglesia”. Convengamos que, a lo largo de la historia, por decenas de motivaciones, sensatas unas, erróneas otras, la verticalidad pareció una característica de la Iglesia católica romana. Pero la gran característica en la Iglesia no ha de ser la “obediencia” sino la “comunión”. De comunidad se trata la Iglesia si quiere serlo.

Desde los orígenes, por ejemplo, San Pablo utilizó – quizás tomando la imagen de los filósofos estoicos – la metáfora del cuerpo. La característica, dice él, es que cada miembro tiene un servicio que prestar al cuerpo, no que sean todos iguales, porque “si todo el cuerpo fuera” un mismo miembro no habría oído, o boca, o… (1 Cor 12,17). La comunión pone a todos los miembros en función del cuerpo, pero sin dejar de ser cada uno lo que debiera. La teología de la Santísima Trinidad (recuperada teológicamente para la Iglesia romana con el Concilio Vaticano II) destaca que la unidad divina en nada anula lo propio de cada una de las personas y el Padre, el Hijo y el Espíritu tienen sus “propios” que los caracterizan, hasta el punto que algunos Padres de la Iglesia dirán que el Espíritu Santo no “redime” por cuanto no se ha encarnado (San Agustín, de agone christ. 22-24) partiendo del clásico dicho patrístico de que “lo que no es asumido, no es redimido” (san Gregorio nacianceno, Epístola 101). Valga esta presentación para señalar que la “uniformidad” no es lo que conviene a una comunidad.

Por cierto, que la no uniformidad no garantiza la comunión / comunidad; hace falta un criterio de unidad para que esta sea “común” (común-unidad). Y este criterio es el Evangelio, el proyecto / sueño / utopía de Jesús (= el reino de Dios). Un evangelio que, al decir del mismo Jesús, vino para anunciarse a los pobres (Lc 4,18; Mt 11,5).

Acá radica otro problema para ciertas “almas simples”. Los curas son para todos, dicen; debe haber universalismo y demás cosas. Sin duda es cierto; es cierto, pero… La universalidad no puede ni debe ser una suerte de pretender “quedar bien con Dios y con el diablo”, obviamente. La universalidad, al estilo de Jesús, comienza con su actitud de “pararse en un lugar” al que todos son invitados. Jesús se para del lado de los pobres e invita a todos a sumarse a la mesa; pero hay quienes se niegan a reconocerlos como hermanos, no quieren compartir sus bienes con los pobres, o no aceptan sentarse a la mesa con “publicanos y pecadores”. Los pobres son el lugar que garantiza la universalidad; allí todos son invitados, aunque no todos acepten participar. Una supuesta eclesialidad que se para en el lugar del poder o del dinero ha perdido de raíz la universalidad que proclama. No hay lugar para los pobres en la mesa de los ricos.

Ese es y queremos que sea nuestro “lugar” como curas. El disenso, y hasta el conflicto a veces, es propio de la Iglesia. Una mirada a la historia lo señala con frecuencia y hasta con naturalidad.

Una última nota a estos elementos sueltos: la profecía es otro elemento “propio” de la Iglesia. Es característico de Lucas en su Evangelio presentar a Jesús como profeta, y luego, en su segunda obra, los Hechos de los Apóstoles, destacar desde el comienzo que la Iglesia es profética (Hch 2,17). También Pablo se presenta como tal (Gal 1,15), y los Padres de la Iglesia lo señalan como algo propio del bautizado, como lo reafirmará la Iglesia en su tradición y su liturgia en el momento de la unción bautismal. Uno de los elementos característicos del profetismo es el envío del espíritu para que el “llamado” pueda desempeñar su misión. La tarea es difícil, y la suerte de los profetas no fue grata en su inmensa mayoría de las veces, pero lo que señala la Escritura es que lo que cuenta es el encargo divino y los destinatarios, no el mediador (“no digas, Jer 1,7). Algo semejante se plantea Pablo al destacar “Ay de mi si no evangelizo” (1 Cor 9,16).

Evangelizar se trata de “anunciar buenas noticias”, y la Buena noticia para el ciego es que podrá ver, para el leproso que será limpiado, y para el pobre es que dejará de serlo. Otra “buena noticia” no es tal, es ilusoria y corre el riesgo de ser “opio del pueblo”. Pero, precisamente los que no aceptan sentarse en la mesa de los pobres, los que no aceptan reconocerlos como hermanos son los que amenazan la vida de los profetas (“¿a qué profeta no mataron sus padres?, Hch 7,52), o – en nuestro caso – los que quisieran ver fuera la Iglesia a los curas opp. ¡De fidelidad al Evangelio, y no al aplauso, se trata!



Dibujo tomado de Hermanos Maristas

martes, 10 de octubre de 2017

Domingo 28A

Jesús nos invita a participar de la fiesta de la vida

DOMINGO VIGESIMOCTAVO - "A"


Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     25, 6-10a

Resumen: en un texto que parece de tiempos del exilio, el profeta canta el triunfo de Dios sobre sus enemigos, y la consiguiente invitación a todos (los judíos que están en) los pueblos a participar en un banquete que el Dios rey da a los suyos en el monte Sión.

El texto parece continuar lo anunciado en 24,21-23 donde se anuncia el triunfo y castigo de Dios que reinará en Sión. “Todos los pueblos” (o quizás, los judíos que están dispersos en todos los pueblos) serán congregados en el monte (término que se repite en 6 y 10a formando inclusión). En esta fiesta, Dios quitará el “velo” (v.7) del luto, es decir “enjugará las lágrimas” (v.8b). En el centro se destaca que desaparecerá “la muerte” (v.8a) es decir, el pueblo “vivirá”. Probablemente en el exilio, sin tierra, sin ley, se siente morir pero Dios le garantiza que “consumirá definitivamente la muerte”.

Esta vida queda manifestada en el banquete al que se convoca a “su pueblo” (v.8), invitado por “nuestro Dios” (v.9) [el tema del banquete, fiesta que un rey da a sus súbditos cuando es coronado y mostrar así su magnificencia, parece el motivo por el que es introducido el texto en la liturgia a la luz del Evangelio del día]. Siendo banquete en Sión, ciertamente el pueblo desterrado se siente convocado a una nueva vida. La frecuencia de términos como esperar/esperanza y salvar/salvación nos remiten al “Tercer Isaías”.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Filipos     4, 12-14. 19-20

Resumen: Pablo se está despidiendo de los filipenses, pero quiere agradecerles su solidaridad para con él en la prisión. Pero ese gesto de generosidad es, en realidad, un gesto para con Dios que los recompensará. 


El texto litúrgico de Pablo es un fragmento de un folleto agradecido que Pablo envió a los filipenses cuando recibe apoyo y visita de parte de estos, enviando a Epafrodito, que durante un tiempo estará con él; este folleto se encuentra actualmente en Fil 4,10-20. La introducción (vv.10-11) está omitida, del mismo modo que la referencia del Apóstol a la relación siempre generosa que los filipenses le manifestaron (y la referencia a Epafrodito; vv.15-18). 

Breve nota sobre “la” o “las” carta/s a los filipenses: no hay consenso entre los estudiosos si la actual carta a los filipenses es una carta única o si en su seno hay más de una carta reunidas en un mismo texto (suele pensarse en dos cartas y un fragmento o folleto). Hay autores y motivaciones serias en ambas corrientes. Los que piensan en una unidad, creen que las rupturas perceptibles en la carta se deben a motivaciones retóricas. Los que piensan en más de una carta creen que la estrecha relación entre los filipenses y Pablo motivaron varios escritos que finalmente fueron reunidos en un solo texto (quizás a principios del s.II, se dice). Estas serían, un folleto agradecido por el envío de ayuda a la prisión (4,10-20), una carta llena de alegría motivada por el re-envío de Epafrodito a Filipos [1,1-3,1a + 4,4-9 + 4,21-23], y – finalmente – una carta a causa de la intromisión en la comunidad de aquellos que predican la circuncisión (3,1b-4,3); es de notar que Policarpo de Esmirna en su carta a los filipenses les dice que Pablo “les escribió cartas” (Polic Fil 3:2). Como se notará, preferimos esta segunda opción. Sin embargo, el texto litúrgico conforma una unidad y – en este aspecto – no influye para la lectura. De hecho 4,9 tiene apariencia de conclusión (“el Dios de la paz…”) y los vv.19-20 también tiene apariencia conclusiva. La ruptura entre 4,9 y 4,10 es evidente; e incluso la referencia a Epafrodito en 2,25-30 no condice con esta. Allí Pablo les informa de la salud – estuvo a punto de morir – mientras aquí les agradece el envío, no parece coherente que estuvieran en un mismo texto. Los argumentos, como se dijo, no son conclusivos y muchos autores piensan que las rupturas, que son evidentes, tienen motivaciones retóricas.

La unidad vv-10-20 concentra una serie de elementos que han hecho ver en la carta un importante destaque de la “amistad” (“carta de amistad”, se la ha llamado). El mundo greco-romano destacaba la amistad como un modo de relación entre “iguales” (o familia) [aunque con diferentes matices según quiénes lo decían, sean griegos o romanos], mientras que las relaciones desiguales eran vistas como relaciones de “patrón”-“cliente”. Estas relaciones supone ciertamente una “cadena de obligaciones”, de reciprocidad (y no hacerlo pone en serio riesgo la amistad). 

La unidad comienza con un tema que será frecuente en la carta, la “alegría” (v.10). Pablo comenta su actitud, pero no con intención de que pareciera “pedir”. Con un término frecuente en la filosofía estoica, “bastarse a sí mismo” (autarkês; única vez en el NT), afirma que sabe vivir en la pobreza y la riqueza. Pero no es una “autarquía” lograda a costa de un “dominio de sí”, sino “en aquel que me conforta” (v.13; cf. 2 Cor 12,9-10). De hecho ya sabemos por otras cartas paulinas que él trabaja para “auto-mantenerse” y no ser una carga para las comunidades (1 Tes 2,5-9; 1 Cor 9,4-18; 2 Cor 11,7-10; 12,13-18). Luego de haber manifestado esa capacidad “autárquica” (v.12) manifiesta su agradecimiento a los filipenses por su solidaridad (sygkoinôneô; con-solidarios), algo que ya hicieron con él en otras ocasiones (vv.15-16), y que repercute en los mismos filipenses en los dones espirituales que Pablo comunica. Con mucha seriedad Pablo afirma haber “recibido” los dones, pero inmediatamente los relee en clave “ofrenda”: un “aroma perfumado”, una ofrenda aceptable, agradable a Dios (obviamente, Dios no recibe aquellos sacrificios que no le son gratos: Prov 15,8; Jer 6,20; Mal 2,13); lo que los filipenses hacen a Pablo, en realidad es a Dios a quien lo hacen, ¡y él lo recibe gustosamente! La imagen del “aroma perfumado” se utiliza en el lenguaje de los mitos para señalar que “calman” a Dios en su ira, y lo “suavizan” (ver Gen 8,21; es una imagen tomada del mito babilónico del diluvio donde los dioses, como moscas acuden al olor de la ofrenda de Atrajasis o de Utnapistim): 

Entonces hice salir (todo) a los cuatro vientos y ofrecí un sacrificio. Vertí una libación en la montaña ziqqurrat. Siete y siete vasijas dispuse, sobre sus trípodes amontoné caña, cedro y mirto. Los dioses olieron el sabor; los dioses olieron el dulce sabor, los dioses se apiñaron como moscas en torno al sacrificante” (Poema de Guilgames, tableta VI:155-161).

La acción de gracias por los dones de los filipenses, incluye un pedido a Dios de retribución en bendiciones por los dones recibidos. 



+ Evangelio según san Mateo     22, 1-14

Resumen: Mateo toma una parábola que se encontraba en el texto Q y la alegoriza notablemente aludiendo al rechazo de Jesús, “hijo del rey”. Ante el rechazo de la invitación (por parte de los judíos) se realiza una nueva invitación (fuera de la ciudad), pero eso no autoriza a participar de la fiesta sin estar debidamente preparados.


Mateo presenta una nueva parábola en el contexto donde Marcos había señalado solamente una (los viñadores homicidas); son tres parábolas donde se destaca el rechazo a una invitación (21,28-32; 21,33-46; 22,1-14); en este caso nos encontramos con una que parece tomada del evangelio Q, común entre Mateo y Lucas. Sin embargo, es de notar que cada uno de los dos evangelios (Mateo y Lucas) incorpora en el texto elementos que son muy propios de su teología. Señalemos estos simplemente a modo esquemático (con la intención de descubrir lo propio de Mateo):


Mateo 22
Lucas 14
Banquete de bodas del hijo del rey (v.2)
Un hombre hace una gran cena (v.16)
Llama a los invitados que no quieren ir (v.3)
Llama a los invitados que ponen excusas absurdas para no ir (vv.18-20)
Nueva invitación a los invitados que incluso reaccionan violentamente con los sirvientes  (vv.5-6)

Reacción del rey enviando tropas (v.7)

(vv.8-10) Invitación a invitados inesperados en los cruces de caminos (v.21)

Nueva invitación en los caminos (vv.22-23)
Añadido sobre el invitado sin “vestido de boda” (vv.11-14)
“ninguno de los invitados probará mi cena” (v.24)


Mientras el tema en Lucas, como es habitual, refiere a los pobres, en Mateo – como también es teológicamente frecuente en él – señala el rechazo violento de Israel a Jesús. El acento alegorizado en el “hijo del rey”, en la violencia, y la “destrucción de la ciudad” (= Jerusalén, v.7) marca la insistencia propia de Mateo en el “nuevo Israel”, la Iglesia. Los invitados en un último momento, fuera de la ciudad, aluden a los no judíos que aceptan la invitación a la “fiesta” de bodas. 

Pero – y quizás Mateo añada esto (el invitado sin traje de bodas) para evitar ser mal entendido dada la alegorización de la parábola – eso no implica que los invitados tardíos estén exentos de dar frutos de justicia. Las bodas aluden al encuentro final con el “hijo del rey”, no basta (como el dicho conclusivo sobre los “llamados” y “elegidos” lo demuestra) con ser invitados (sea en el turno que fuere), es necesaria la respuesta acorde a la invitación. Algunos judíos han dado respuesta (la comunidad judeo-cristiana de Mateo), y algunos paganos también… pero no todos; y tanto los que se han negado a participar del banquete como los que no están debidamente preparados quedarán sin participar de la fiesta del Reino. El acento, como es evidente, está en señalar a los que se auto-excluyeron de la fiesta de bodas y la participación en ella de nuevos sujetos inesperados.

Ciertamente hay elementos extraños a la lógica habitual en el texto: la invitación de un rey que es rechazada como “de común acuerdo”; la sustitución de invitados de “honor” por otros de “bajo honor” (o ninguno)... El acento está puesto en el Reino de Dios que invierte todos los valores habituales y frecuentes, algo que es frecuente en los evangelios, y que Mateo ha mantenido y acentuado. 

La nota de “violencia”, tanto de los invitados hacia los servidores, como del rey destruyendo la “ciudad” refuerza la nota alegórica del texto aludiendo a la muerte de Jesús, siervo de Dios, y a la posterior destrucción de la ciudad de Jerusalén por parte de los romanos. La alegoría es evidente.

El añadido del invitado sin traje de bodas (al que – como vimos al aludir al que reprocha al dueño de la viña el pago que considera injusto, 20,13; cf. 26,50 – el protagonista llama “amigo”, etaire), que como dijimos, no se encuentra en Lucas y – probablemente – no estuviera en Q, invita a descubrir que se trata de un añadido de Mateo con la finalidad de evitar que los que se creyeran invitados en un segundo momento, se creyeran a su vez sin responsabilidades con el reino. Sin dudas los miembros de la comunidad que no son capaces de reconocer su pecado (cf. 18,15-18) también han de ser rechazados de la fiesta.


Foto tomada de
www.claretianos.org.ar