viernes, 5 de agosto de 2022

Un día para los “curas”

Un día para los “curas”

Eduardo de la Serna



En tiempos que san Juan María Vianney (1786-1859) era el “cura” de Ars, la población parroquial ascendía a 250 habitantes. Como era habitual, su ministerio se concentraba en confesiones, visita a los enfermos, y celebraciones de otros sacramentos. En lo personal, su vida estuvo marcada por ayunos, ascetismo y hasta flagelaciones (disciplinas) e incluso – cuentan – frecuentes peleas con un demonio. 

Obviamente, no sólo han cambiado los tiempos sino también la geografía… Nada de eso quita ni un ápice a la santidad del “cura” de Ars, pero, difícilmente sea hoy visto como modelo para un ministro ordenado de nuestro tiempo y lugar. En su memoria todo 4 de agosto se suele conmemorar a los “curas”, entendidos estos como los que tienen una responsabilidad pastoral (cuidado pastoral, en latín “cura”), es decir, a los “párrocos”. 

Mucho ha cambiado… por ejemplo, en nuestro tiempo, es frecuente que haya párrocos de más de una parroquia, parroquias sin párroco (atendidas por diáconos, por ejemplo, o por comunidades religiosas o por laicas y laicos); hay praxis sacramentales casi olvidadas y actividades pastorales hoy que eran desconocidas ayer; hay una concepción del ministerio ordenado de ayer que no se entiende de ese mismo modo hoy, mientras hay concepciones teológicas de hoy incomprensibles ayer… 

Es verdad que lo mismo podría decirse del episcopado de hoy que poco puede referenciarse en Toribio de Mogrovejo (1538 – 1606), o el diaconado con san Lorenzo (225 – 258).  

Es frecuente el 4 de agosto (día del fallecimiento del “cura” de Ars) saludar a todos los presbíteros, aunque no todos sean párrocos. Coincidentemente, en Argentina un 4 de agosto fue asesinado, por la dictadura cívico – militar con bendición eclesiástica, el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli (1976), hoy reconocido, junto con sus compañeros Carlos, Wenceslao y Gabriel como mártires por la Iglesia. Además, suele afirmarse que el modelo de cura y patrono de los presbíteros en Argentina es el santo “cura” Brochero (1840-1914) según afirmó el 17 de octubre de 2016 la Congregación romana para el Culto y los Sacramentos, fiesta que se celebra cada 16 de marzo (día de su nacimiento). Pero, además, es habitual señalar el surgimiento (y por lo tanto el “día de…”) del ministerio ordenado, el Jueves Santo (por eso es el día en que se conmemora la ordenación y se renuevan los compromisos con las comunidades y la Iglesia). 

Como se dijo, mucho ha cambiado hoy en la comprensión del ministerio desde tiempos del “cura” de Ars a nuestros días. El cura, por ejemplo, no se entiende ya en exclusiva relación con el altar (“sacerdote”) mientras que en nuestros días el Concilio Vaticano II amplía el horizonte ministerial afirmando que: 

para cooperar en esta obra son enviados todos los presbíteros, ya ejerzan el ministerio parroquial o interparroquial, ya se dediquen a la investigación o a la enseñanza, ya realicen trabajos manuales, participando, con la conveniente aprobación del ordinario, de la condición de los mismos obreros donde esto parezca útil; ya desarrollen, finalmente, otras obras apostólicas u ordenadas al apostolado. Todos tienden ciertamente a un mismo fin: a la edificación del Cuerpo de Cristo, que, sobre todo en nuestros días, exige múltiples trabajos y nuevas adaptaciones. [P.O. 8] 

En ese sentido, en interesante que “sacando” al cura del altar, Juan Pablo II ya desde el título, en su exhortación pastoral sobre los presbíteros, rescata el más bíblico concepto de “pastores”, (“Pastores dabo vobis”) fuertemente resaltado hoy por el papa Francisco (“pastores con olor a oveja”). De estar en medio (o delante, o detrás, pero “con”) del pueblo se trata. Es buena la ocasión – y más ante la enorme crisis vocacional del ministerio ordenado de nuestros días – pensar y repensar el sentido del ministerio; para lo cual se hace indispensable mirar a Jesús y pensar sus “sueños” (no para repetirlos irracionalmente, como suele decirse por ejemplo para negar el acceso al ministerio a las mujeres) y luego mirar nuestro presente y sus necesidades en vistas al futuro. A lo mejor de ministros muy de otro modo estaríamos hablando. El desafío de pensarlo sin temores, con osadía y seriedad puede volvernos un poco más parecidos al pastor que Jesús quería, quizás con algo de Ars, algo de Brochero, algo de Angelelli y mucho, ¡mucho!, del Buen Pastor Jesús que arriesgó su vida por los suyos poniéndose delante del peligro, dando vida y vida abundante, aunque eso molestara a los odiadores (los de ayer, los de hoy, los de mañana). De la vida del pueblo se trata, no tanto de los ministros, al fin y al cabo.


Foto tomada del diario Clarín

jueves, 4 de agosto de 2022

La Pascua (judía)

La Pascua (judía)

Eduardo de la Serna



Para empezar nuestra reflexión hay que tener en cuenta algunos elementos concretos que, desde nuestro horizonte, no son fáciles de comprender.

     1.    El calendario religioso en Israel no era, como el nuestro, solar, sino que fue primero lunar y más tarde se mezclaron ambos (se llama “lunisolar”). Irónicamente podemos decir que, para el calendario solar, el 25 de diciembre cae todos los años un 25 de diciembre. Pero la luna llena de diciembre, cae cada año un día diferente. Por ejemplo, este año 2022 la luna llena en diciembre cae el día 8, jueves, mientras que ocurrirá el 26 de diciembre, martes, de 2023.

     2.    Como se sabe, pero es importante recordarlo, al norte del ecuador, la pascua coincide con la primavera, mientras que en el sur es otoño. Por eso, por ejemplo, la Navidad en el norte es con nieve, mientras que en el sur ocurre en verano. Esto, además, tiene sus matices, porque las diferencias de temperaturas en las regiones cercanas al ecuador son mínimas o directamente inexistentes; lo mismo que los cambio de horarios de oscuridad o amaneceres (bromeando, en Colombia dicen, “acá las únicas estaciones que conocemos son las del Via Crucis” puesto que no hay verano o invierno. En el lenguaje común suelen hablar de invierno cuando hay más lluvias, no por las temperaturas).

    3.    Pero en Israel, que es donde nos referenciamos para entender la pascua y otras fiestas litúrgicas, esta ocurre en la primera luna llena de la primavera (por eso cada año la fecha es cambiante, cosa que no ocurre con la navidad).

    4.    Otro elemento a tener en cuenta es que, en el ambiente religioso de Israel, el día no empieza a las 0 horas sino en el atardecer. Es decir, el sábado (shabbat) comienza la tarde del viernes y finaliza la tarde del sábado en que ya empieza el “día después del sábado” como se suele llamar en la Biblia al “domingo” (que es una palabra cristiana que hace referencia al “Señor”, “dominus” en latín, Jesús).

Como en muchos pueblos, los campesinos judíos, al comenzar la primavera (y es importante recordar que en Israel la temporada de lluvias es en el invierno) se puede saber si habrá buena cosecha y si los ganados tendrán o no crías abundantes. Y eso es motivo de fiesta (o de preocupación). Como es fácil imaginar, entonces, si los rebaños se han multiplicado, se celebra comiendo un cordero o cabrito (pero que ya tenga un año). Obviamente se mata un macho (las hembras son fundamentales para la fecundidad del rebaño). Lo mismo ocurre con las “primicias” del trigo o la cebada. Es la vida que renace año a año la que se celebra.

Pero como Israel es un pueblo que mira atentamente la historia (y no solamente la naturaleza) supo ver en esa vida que renace también su propia vida como pueblo. Como pueblo que nace a la libertad después de su dolora experiencia de esclavitud. La salida de Egipto resulta emblemática, entonces, y con ella la memoria actualizada de todas las esclavitudes y opresiones. Y puesto que mira su historia desde la fe, celebra la compañía de Dios en el acontecimiento liberador. ¿Cómo no celebrar, religiosamente, entonces, a este "Dios con nosotros" en la historia de cada día?

La pascua, empezó siendo una fiesta de familia. Cada una – en ocasiones unidos con un vecino, si era el caso – hacía “memoria” (la memoria es fundamental y fundacional en Israel). Con el tiempo la unión de la fiesta de pastores (cordero) y los agricultores (trigo / cebada) se integró haciendo una larga semana de celebración. Así, por ejemplo, se buscaba y busca por toda la casa que no hubiera ni el más pequeño rastro de levadura (que era imagen de la corrupción) y por eso se come durante ese tiempo pan sin levadura (panes ácimos). La comida pascual, con la que comienza la semana, incluye, además del cordero, hierbas amargas (como la radicheta, por ejemplo, en memoria de la amargura de la esclavitud), a las cuales se las moja en agua salada (en memoria de las lágrimas de aquellos tiempos) y cuatro copas de vino interpretadas como la vida y la fiesta. Es una fiesta de familia.

Pero un rey reformista, llamado Josías (año 620 a.C.), impuso la ley de que todas las fiestas religiosas debían celebrarse en el único Templo de Jerusalén; lo cual constituyó un problema en los tiempos en que no hay Templo, cosa que ocurrió pocos años después de este rey (587 a.C.), como ocurrió también poco después de Jesús y todavía ocurre hoy, en los que – al no haber Templo – no hay unanimidad en el modo de realizar las celebraciones. Pero, para los tiempos en los que el Templo constituye el centro de la fe judía (se lo llama el “período del Segundo templo" - el primer Templo fue el edificado por el rey Salomón -, un periodo que va desde el año 515 a.C. hasta el 70 d.C. cuando los romanos destruyeron la ciudad y su Templo, algo que todavía perdura). Así, en los tiempos del "Segundo Templo", movidos por la reforma de Josías, los judíos que estaban dispersos por el mundo, peregrinaban para esta o para otras fiestas a Jerusalén donde miles y miles de peregrinos iban al Templo para que allí los sacerdotes mataran el cordero que cada uno llevaba y que luego comerían en familia en algún lugar arrendado o en casa de algún conocido. Jerusalén (y lo que se ha llamado, para estas ocasiones, el “Gran Jerusalén” ya que las multitudes eran muy importante) era, en esos días, el centro del universo. Dios y su pueblo se encontraban para celebrar la libertad y la vida.

 

Foto tomada de https://agenciaajn.com/noticia/desde-el-viernes-y-por-ocho-dias-el-mundo-judio-celebrara-pesaj-la-fiesta-de-la-libertad-117332

martes, 2 de agosto de 2022

Comentario a las lecturas bíblicas, domingo 19º C

 Felices los que estén siempre al servicio de los/as hermanos/as

DOMINGO DECIMONOVENO - "C"
Eduardo de la Serna


Lectura del libro de la Sabiduría     18, 5-9


Resumen: uno de los últimos contrastes que caracterizan el libro de la Sabiduría marca dos opuestos ante un mismo acontecimiento: la noche de la Pascua. Noche de muerte para los egipcios, noche de vida para los israelitas. Y esta noche de vida debe hacerse presente y celebrarse constantemente. 


El libro de la Sabiduría es el último libro de la Biblia católica romana (es bueno recordar que no se encuentra ni en la Biblia judía ni la protestante). Es un libro compuesto por las comunidades judías en Alejandría, Egipto, para ilustrar y acompañar a sus miembros. Por eso se nota que aunque el tema central sea el contraste de sabidurías, no se enfrente con la sabiduría griega sino con la egipcia: de hecho está confrontando con la sabiduría griega “en Egipto”. De allí el recuerdo claro al pasado de los judíos en tiempos fundacionales. Esto está presentado como una serie de “antítesis” donde contrasta ambas actitudes: frente –por ejemplo- a las diferentes plagas, la reacción egipcia y la reacción de Israel. En el cap. 17 había señalado la dimensión de tinieblas de la plaga en cuestión, y en 18,1-4 cómo eso es “luz” para Israel, la luz de la columna de fuego, y la luz de la Ley. 

En 18,5 comienza una nueva tensión, ésta ocurrida en la noche. Noche de muerte para los primogénitos de Egipto, noche de liberación para Israel. En cap. 19 comienza una más, la última con ocasión del paso del Mar. En esta antítesis, encontramos la noche liberadora (vv.6-9) y la noche de muerte y exterminio (vv.10-19) y la liberación (vv.20-25). La liturgia nos pone, en este caso, sólo la primera parte, con su correspondiente introducción general (v.5).

Siendo una obra compuesta en la diáspora, difícilmente esta memoria quede desligada de la celebración de la Pascua [quizás a ella aluda la referencia, por ejemplo, al “canto de los padres” en probable referencia al canto del Hallel (cf. Mc. 14,26; Mt 26,30), Sal 113-118], de hecho muchos acontecimientos del éxodo son referidos en estos versículos (muerte de los niños hebreos, Moisés salvado, muerte de los primogénitos egipcios, paso del Mar Rojo, Ex 1,16-22; 2,2-10; 12,29; 14,27-28)..

El verbo “perecer” enmarca la unidad (vv.5 y 19) completa, y la referencia a “los padres” (v.6 y 9) incluye esta sub-unidad.

La introducción (v.5) señala –como en otras partes del libro- que las plagas tienen su origen en un pecado de los egipcios; en este caso, la muerte de los primogénitos de Egipto tiene su origen en la decisión del faraón de matar a los primogénitos judíos (Ex 1,22-2,10). Israel es “primogénito” de Yahvé (Ex 4,22-23) quien –por lo tanto- sale como su defensor. Algo semejante señala el apócrifo libro de los Jubileos:

A todo el pueblo que había salido a perseguir a Israel lo arrojó el Señor, nuestro Dios, en el mar, en las profundidades del abismo, bajo los hijos de Israel, al modo como los egipcios habían arrojado a sus hijos al río. En un millón se vengó, y mil paladines esforzados perecieron por cada infante de los hijos de tu pueblo arrojado al río (48,14).

“Aquella noche” en este caso debe entenderse como “noche de salvación”, precisamente; desde esa noche Israel celebra y hace memoria en el presente de las opresiones y liberaciones históricas, se celebra la primera Pascua. En esa noche se cumplen todas las promesas liberadoras de Dios hechas a los patriarcas, a Moisés, y promesas hechas bajo juramento (Gen 15,13-14; 22,16-18; 26,3-4; 46,3-4; Ex 11,4-7; 13,5; 32,13). Este recuerdo está siempre vivo en cada Pascua, el comienzo es solemne. “Nuestros padres” alude, como se dijo, a los patriarcas, miembros de quienes el autor se siente parte.

Enseñado por Moisés, el pueblo espera lo que será calificado de “salvación” y su contraste, la “perdición” de los enemigos (= Egipto), todo esto marcado por el “orgullo” de haber sido “llamados” por Dios. Las ofrendas “en secreto” (cf. Ex 12,13.22.46) preanuncian las ofrendas públicas en el desierto y la celebración posterior de la Pascua (cf. Ex 12,21.27; 34,25; Dt 16,5), y todo esto unidos en torno a “la ley sagrada”, compromiso latente para los contemporáneos del autor. La Pascua que se celebra hace presente y vivo toda esta memoria.

Lectura de la carta a los Hebreos     11, 1-2. 8-19



Resumen: En la conclusión de su homilía a los Hebreos, el autor señala los ejemplos de fe de los grandes personajes del AT. De ellos destaca la confianza puesta en realidades anunciadas que no se ven pero que se confía alcanzar. El ejemplo de Abraham será el que se destaca en su dimensión de salida de la tierra, peregrinación, confianza en su paternidad y ofrenda de su hijo. Esta fe es modelo y símbolo para nosotros.

Concluyendo su obra, el autor de la carta a los Hebreos señala en un largo capítulo los ejemplos de fe de los grandes personajes de la historia de Israel (preparado en 10,38), de aquellos que por su fe fueron alabados (los términos “fe” y “alabados” se repiten al principio y final del cap. 11 para darle unidad). Luego de una introducción (vv.1-2) comienza  partiendo de la Creación, y continúa con Abel, Henoc, Noé y luego Abraham, que es el fragmento seleccionado en la liturgia de hoy (vv.8-19), para luego continuar con Isaac, Moisés… Este elogio de los antepasados es frecuente en el mundo antiguo (lo encontramos en Sir 44-50; Sab 10; 4 Macabeos 16 y Filón de Alejandría).

La introducción señala una relación entre la fe y la esperanza y aquello que “no se ve”. Sin embargo hay dos términos que son clave para su comprensión y los estudiosos no coinciden en cómo deben ser interpretados: hypóstasis y elenjósHypóstasis suele traducirse por sustancia, realidad, o confianza, garantía, plan o proyecto. En 1,3 y 3,14 parece referir a la dimensión real. En 2 Cor 9,4 y 11,17 alude a una esperanza firme, la seguridad (y estas son las únicas 5 veces que encontramos el término en el NT). Elenjós alude –se dice- a realidad, y se encuentra sólo aquí en el NT. En este caso, subjetivo, ambos términos serían sinónimos y los textos, paralelos: 

La fe es            -     “realidad” (hypostasis) de lo que se espera
    -      hechos de las “realidades” (elenjón) que no se ven

Sin embargo, muchos prefieren el sentido “objetivo” –inspirados en la lectura de Hebreos a Hab 2,4 (cf. Heb 10,35-39)- y traducen “anticipo de lo que se espera y prueba  de las realidades que no se ven”. Como se ve, la referencia a la fe –en este caso- no tiene nada siquiera de religioso: “asegura la posesión de lo que se espera y el conocimiento de lo que no se ve”.

De lo que hablará, entonces, no es de la “fe” en cuanto “creer en”, sino en cuanto esperanza, de allí la confianza en la posesión de los bienes futuros, así la fe es anticipo. Eso debe tenerse en cuenta al leer los ejemplos que siguen.

Las alusiones a Abraham hacen referencia a Gn 12,1.4; 15,16.18; 26,3; 35,12. Como en todo el capítulo, las partes están señaladas por la fórmula “por la fe” (en este caso, en vv.8.9.11.17 mientras en v.13 prefiere “en la fe”, con lo que descubrimos un “paréntesis”).

En el primer punto, Hebreos acentúa la “salida” de Abraham, (v.8), es un ponerse en movimiento confiado, “sin saber” a dónde se dirigiría.

En segundo lugar (v.9-10) destaca su ser peregrino mostrando la peregrinación hacia la ciudad celestial, como es –de hecho- la vida de los creyentes (ver 13,14). La herencia es propiedad perpetua de los creyentes. 

En un tercer momento (vv.11-12) entra en escena Sara que juega un rol activo, no solamente por su fe  por la que “recibió vigor para depositar el esperma”, con lo que su presencia es claramente decisiva en recibir lo que se había prometido. La construcción es confusa (el dicho parece propio de un varón, no de una mujer), por lo que algunos autores piensan en que en realidad se habla de Abraham, y allí Sara es su compañera (por eso traducen “junto con Sara”).

En una suerte de paréntesis (vv.13-16) el texto pasa de uno a todos los patriarcas anteriores que reconocen lo antedicho: su patria en el cielo, eso es lo que buscaban y (11,40) allí entrarán junto con los fieles cristianos (cf. 3,12-4,11 donde la vida es vista como peregrinación hacia el descanso). De ellos, Dios no se avergüenza de ser “su Dios”, ver Ex 3,6.

Finalmente, se menciona de Abraham su ofrenda de Isaac. Concluye destacando no sólo una –supuesta- fe de Abraham en la resurrección, sino que se señala que esto es “figura” (parabolê). Sin duda, esa fe es propia de tiempo de Hebreos, no de Abraham, y se alude a la “confianza” en que Dios puede levantar de la muerte a su hijo. Señalando la “parábola”, probablemente esté entendiéndola como figura de la muerte y resurrección de Jesús y en ella la vida escatológica de todo creyente.

Es interesante que en todo este capítulo no haya alusión a Cristo (solo en 11,26); sin embargo, todo indica que estos ejemplos del AT han de leerse en clave tipológica y la alusión a Cristo esté subyaciendo todo a lo largo del capítulo.




Evangelio según san Lucas     12, 32-48 


Resumen: Una serie de textos variados aluden a diferentes aspectos. Por un lado, una diferente actitud con respecto a los bienes y a los hermanos/as. Por otro lado, una actitud de dedicación a ellos de parte de los líderes mientras esperan la venida de Jesús, que se demora. Esta actitud de “estar preparados” es una actitud fundamental para la vida cotidiana, pero particularmente grave para los dirigentes de la comunidad.


Si debemos ser sinceros, el Evangelio que la liturgia nos propone hoy, no es fácil de comentar. No porque tenga ideas ambiguas para su interpretación, no porque desconozcamos algún sentido –como ocurre en otras ocasiones- sino porque conjuga una serie de elementos muy distintos que no son fáciles de presentar de un modo general, o uniforme (por eso la liturgia permite una lectura más breve que puede escogerse). Veamos:
En la unidad 12,22-32 (comenzada por “dijo a sus discípulos”, que no es interrumpida sino en v.41 con una intervención de Pedro), se destacan a modo rítmico tres negaciones en imperativo: 

v.22: no se preocupen
v.29: no anden buscando
v.32: no temas

Este texto se encuentra en el documento Q (salvo v.32, que es propio de Lucas), y lo sigue otro también de Q, vv.33-34, en el que Lucas le da una formulación más helénica que semítica (como es el texto en Mateo, según veremos). Luego el texto continúa hasta la intervención de Pedro (vv.35-40) en imágenes que tienen algún paralelo con las parábolas de la Venida que se encuentran en el final de Mateo (caps. 24-25). Luego, en respuesta a Pedro (vv.42.48) Jesús presenta en una nueva parábola un paralelismo antitético entre dos actitudes contrastantes (vv.42-44 y 45-48; notar en v.45 el comienzo con “pero”). Esta unidad también tiene semejanza con Mt 24.

Como puede verse –y acá el tema planteado- estamos ante muchos temas diferentes. Con cierta conexión en algunos casos, pero no demasiada unidad.

Nos encontramos –para empezar en nuestro texto litúrgico- con un dicho aislado (v.32; en realidad, conclusión de la unidad anterior vv.22-32)

Le sigue un dicho nuevo (que puede verse como conclusión temática de la unidad anterior, vv.33-34)

Dos unidades parabólicas con cierta referencia común a la “venida” (vv.35-40; 41-48).

Ante esta dificultad, veremos sintéticamente cada una de estas cuatro partes sin detenernos excesivamente –salvo que fuera necesario- en aspectos concretos. 

v.32: como se dijo, el texto forma parte conclusiva de una unidad mayor que invita a “no preocuparse” ya que Dios mismo vela por sus creaturas (v.28) y más hará con “ustedes, hombres de poca fe”. Como se ve, este texto utiliza el clásico “de menor a mayor” (en hebreo –lo vimos el domingo pasado- el kal wahomer): “si Dios hace esto con los que valen menos que ustedes, cuánto más hará por los que valen más”. A modo de síntesis de esto, presenta la segunda negación: no busquen… no se inquieten… busquen el reino y esas cosas se darán por añadidura. A esto, así planteado, Lucas añade un dicho que –como se dijo- es propio de su fuente: “no temas”. 

Es interesante que si en las unidades anteriores el acento estaba puesto en la “preocupación”, aquí se destaca el temor. Dos elementos se destacan en relación a los destinatarios: Dios es su padre, y –como es obvio por la referencia al rebaño- su Pastor. Por otro lado, es evidente el contraste entre el “temor” y el “placer” de Dios por dar. Y lo que Dios –padre y pastor- quiere dar, es “el reino” (seguramente la referencia a la búsqueda del reino de v.31 y el deseo de Dios de darlo, fue lo que atrajo este versículo independiente a esta unidad).

Jesús no se dirige ni a individuos, ni a multitudes, en este caso, sino a un grupo pequeño. Si bien rebaño no necesariamente supone una pequeña cantidad (ver 1 Sam 25,2) sin embargo puede serlo (ver Mi 2,12), pero en este caso se aclara expresamente que es “pequeño” (mikròn). Hay aquí una relación entre la comunidad y el reino, pero esta comunidad puede “alegrarse” porque recibe de su padre este reino. Este contraste entre “temor” y “alegre voluntad” (eudókêsen) de Dios muestra que esa característica propia del “reino” de que se invertirá la situación (1,49-55; 6,20-26; cf. 16,19-31) es una realidad en la pequeña comunidad. No es ajeno, esto, a lo que el mismo Lucas nos dice de las primeras comunidades de Jerusalén (Hch 2,42-47; 4,32-35) donde “ya no hay necesitados” y reina la “alegría” y hay una vida compartida donde a los bienes “nadie los llama suyos” y “todo es común”.

Este texto añadido por Lucas –como hemos visto- prepara la pequeña unidad siguiente que hace referencia a los bienes (vv.33-34). Como dijimos, este párrafo tiene interesantes diferencias en el comienzo con el mismo dicho en Mateo (notar el paralelismo antitético: no acumulen / acumulen, polilla, herrumbre, ladrones):

Mt 6
Lc 12
19 No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre las destruyen, donde los ladrones perforan paredes y roban.
 20 Acumulen tesoros en el cielo, donde no roe la polilla ni destruye la herrumbre, donde los ladrones no abren brechas ni roban.
33 Vendan sus bienes y den limosna. Consigan bolsas que no se rompan,


un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla.
21 Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.
34 Porque donde está el tesoro de ustedes, allí también estará su corazón.


Es sabido que en la comunidad de Lucas hay algunos miembros con dinero, de allí la insistencia acerca de cómo deben actuar –al menos en el interno de la comunidad- esos tales. En Lucas, la injusticia es un tema muy importante (5,11.28; 6,20.26.35; 8,14; 9,25; 11,39-41; 12,13-21; 16,1-14.19-31; 18,18-30; 19,1-10; 21,1-4; Hch 2,42-47; 4,32-37; 9,36; 11,29), en este caso –como es evidente- no se trata de “prohibir ser ricos” (algo más propio de Mateo) sino de “compartir los bienes” (lo cual es lucano, como se ha dicho). Es evidente –en ambos- que no se trata de que los bienes sean malos en sí mismo, sino en cuál es la actitud ante ellos (vimos que Lucas y Mateo los califican de ídolos, 16,13 y que –precisamente porque la situación se invertirá, no es sensato ni ético “ser ricos”, 6,24). Como se ve, se trata de dos tipos de lugares donde “atesorar”, pero –como también se ve- no se trata de una suerte de “espiritualismo”, ya que se impone una actitud de generosidad concreta y “material”. Se trata de que “no haya necesitados” en la comunidad, de “mirar” al hermano/amigo como tal. No se habla aquí de “ser pobres”, sino de “compartir”, es decir, “ser hermanos”. No se trata de ser pobres, pero no es razonable ser ricos. Esta tensión se resuelve en ser hermanos (y amigos).

El “tesoro en el cielo” ya venía preparado en 9,23-25, se trata de la renuncia de los bienes y de sí mismos. Los discípulos por el mundo no deben llevar “bolsa” (10,4) porque “no deben preocuparse” (v.29). Pero la relación entre corazón y tesoro es ineludible, “estará” –el futuro- no deja lugar a dudas. Sólo queda tener una actitud fraterna y sororal ante los bienes, para lo cual es fundamental que el corazón sepa dirigirse hacia ellos y ellas como amigos y hermanos/as. 

De todos modos, Lucas ubica ambos textos juntos, lo que le da una profunda interrelación comunitaria. Es verdad que no se han de preocupar por el sustento, pero también lo es –y el reino tiene que ver directamente con eso- porque los que tienen posesiones deben compartir sus bienes con sus hermanos. De esto se trata ser “pequeño rebaño”.

La unidad vv.35-40 tiene una estructura concéntrica que destaca algo muy curioso en el centro:

a            a. Invitación a “estar” listos (v.35)
b               b. Ejemplo ilustrativo (v.36)
c                  c. Bienaventuranza (v.37 a)
d                                  -     Oráculo (“les aseguro”) (v.37b)
         c’   Bienaventuranza (v.38)
      b’   Ejemplo ilustrativo (v.39)
   a’   Invitación a “estar” preparados (v.40).

La unidad a-c alude a la venida de un ausente, mientras que c’-a’ hace referencia a lo inesperado de la hora del regreso. Las dos bienaventuranzas –por su parte- tienen un orden inverso (los siervos – el señor los encuentra  / señor que viene – encuentra siervos).

La intervención de Pedro rompe el esquema de los servidores, y encontramos una nueva parábola antitética:

a   Actitud positiva del intendente
b   Llegada inesperada del señor
c   Oráculo (“amen [= en verdad], les digo…”)

a’   Actitud negativa del intendente
b’   Llegada inesperada del señor
c’   Oráculo de castigo (“lo partirá en dos…”)

La primera parte, recuerda la escena anterior (con su bienaventuranza), aunque el obrar del intendente es fundamental en la primera, mientras que en la segunda parte lo importante es la llegada sorpresiva del señor.

Veamos brevemente ambas unidades:

vv.35-40:  La invitación a estar “ceñidos los riñones” y la referencia a las lámparas recuerda instantáneamente a un judío la noche de la pascua (Ex 12,11). La imagen tiene su origen en la idea de estar pronto, preparado para ponerse en movimiento (cf. 1 Re 18,46; Jn 38,3). En este caso se refiere a la llegada no programada del señor que vuelve de una boda (imagen frecuente en el judaísmo del encuentro con Dios). Hay elementos (lámparas, boda, señor que viene, espera, siervos) que recuerdan la parábola de las 10 vírgenes de Mateo 25,1-13 aunque con claras diferencias. Lo llamativo –y aparentemente absurdo- es que en el mundo antiguo es impensable que el señor sirviera a los amos. Puede verse en 17,7-9 un contexto mucho más coherente con su tiempo. Hay diferentes modos de medir el tiempo, pero con “segunda y tercera vigilia”, es evidente que de cualquier manera el señor llega muy tarde, y son acreedores de una nueva bienaventuranza

El ejemplo del ladrón que llega a horas imprevistas es evidente, y de hecho muy usado en su tiempo (por ejemplo, ver Mt 24,43; 1 Tes  5,2.4; 2 Pe 3,10; Ap 16,15). La venida del “Hijo del hombre” es ambigua en los evangelios, y aluden tanto a su ministerio presente o su padecimiento en un futuro inminente, pero en general, cuando se trata de un futuro indefinido, se destaca la dimensión judicial (17,22.24.30; 18,8; 21,27.36; 22,69). 

vv.41-48: Pedro interrumpe con una pregunta. La referencia a los “administradores”, y ya no a los “servidores” da un nuevo color a la referencia. La actitud de los líderes de la Iglesia con respecto a los miembros de la comunidad pasa a ser la clave de interpretación, y la intervención de Pedro, prepara este nuevo aspecto. Se trata de un “administrador” (oikonomos) y el señor lo “pondrá” con lo que alude a los futuros ministros eclesiales. Pero en seguida se lo menciona como “siervo / esclavo” (doulos, cf. v.43.45) ya que tanto unos como otros, todos están al servicio del “señor”. Su actitud frente a los demás siervos puede ser de dedicación (v.42) o –por el contrario- de violencia (v.45). Este último siervo abusa de varones y mujeres (es típico de Lucas el uso de ambos géneros). Comer y beber es posterior a la violencia, por lo que no tiene excusas. Como el rico de la parábola anterior (12,19) este “come y bebe” y además se emborracha.

La venida sorpresiva del señor provocará que sea “cortado al medio” (v.46; cf. Ex 29,17; Mt 24,51). Sin duda que es chocante esta consecuencia (cf. 19,27) y no debe exagerarse ya que estamos en la característica escenografía de las parábolas. El primero era “fiel” y este tiene su suerte entre los “infieles”. 

La conclusión (vv.47-48) alude a la diferente sanción según el conocimiento ya que quien no sabe la voluntad de su señor recibirá un castigo menor.

La unidad, como se ve, tiene en mente la “venida” (vv.35.37.38.39.40.43.45.46), en este caso, estar alerta es fundamental, especialmente ante la “demora” (12,45). La venida del señor a casa provoca una sorpresiva inversión de los valores, que –como sabemos- es propio de la dinámica del reino (como hemos destacado más arriba). Jesús mismo la asume en la última cena (22,27).  La referencia a partir de la pregunta de Pedro a los administradores en la comunidad eclesial remarca que su suerte está estrechamente ligada a su actitud frente a los otros siervos; la relación entre el administrador y el señor está en función de fidelidad a la actitud del administrador con los restantes siervos. No puede comportarse como “señor”, no puede abusar de ellos y ellas sino que debe ocuparse atentamente de sus necesidades. Una vez más –en el NT- la imagen de la autoridad está en estrecha relación al servicio. Los líderes son responsables no sólo de lo que ellos mismos hacen, sino de la obra de la comunidad como un todo. Así Lucas no solamente invierte los valores culturales poniendo a los líderes en un rol de servidores, sino que alerta a los líderes que le son contemporáneos que su responsabilidad está en estrecha relación a su actitud frente a los que le están encargados. Quienes abusen de la autoridad con respecto a su pueblo recibirán un castigo terrible, más duro cuanto más conocimiento tengan de lo que Dios espera de ellos.


el video con el comentario al Evangelio en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2022/08/video-con-comentario-al-evangelio-del.html
o también puede verse en
https://youtu.be/jzm7U4FEn28


foto pública del beato mártir obispo Enrique Angelelli

lunes, 1 de agosto de 2022

La Argentina y su parecido con el ornitorrinco

La Argentina y su parecido con el ornitorrinco

Eduardo de la Serna


Como es quizás sabido, el ornitorrinco es un mamífero muy, muy raro. Para empezar, es de los poquísimos que nace de huevos, además, tiene pico como de pato, cuerpo como de castor, patas como de nutria, vive en el agua y su cuerpo es venenoso. Tan extraño es que, cuando en Europa, siempre autoreferencial, conocieron la piel de un ejemplar llevado de Australia a Gran Bretaña, allí pensaron que se trataba de un fraude. Lo cierto es que es muy raro; en lo personal, amante como soy de los (buenos) zoológicos, a pesar de eso, jamás pude ver un ejemplar. 

Y, hemos de decir, Argentina (y los argentinos) también somos raros, muy raros. Tenemos militares que no saben hacer la guerra, y saben matar argentinos desarmados, pero no ingleses, y que cuando se autoconstituyeron gobierno, vendieron el país y su economía al extranjero. Tenemos empresarios que son muy, muy capitalistas en las ganancias y muy, muy socialistas en las pérdidas. Tenemos Medios de Comunicación que proponen censura feroz a la expresión de los medios que no adhieren a su ideología, la dominante. Tenemos un poder judicial que expresamente censura, saltea y niega la justicia en todas sus expresiones (salvo cuando de beneficiarse o beneficiar a los propios se trata). Y tenemos políticos libertarios que militan activamente contra la libertad de los que no son como ellos… especialmente, contra los pobres y todo lo que los beneficie.

Aunque, quizás, hemos de volver a la grieta. A aquella que eligió declarar la Independencia [en castellano, quechua y aymara] contra la opinión del puerto, que hizo una campaña libertadora propia y de los pueblos hermanos, a aquellos que elegían no mirar ese puerto sino la tierra acompañados de sus caudillos, a aquellos que fueron “sangre de gauchos” derramada por los otros, a aquellos que se resistieron al “usted ya votó” y apoyaron y acompañaron a los que los apoyaron y acompañaron a su vez, a aquellos torturados, proscriptos, exiliados o desaparecidos. A una Argentina morena y latinoamericana incomprendida por la Argentina europea y blanca. Incomprendida y despreciada. Pobre, sí. Pobre de empobrecida. Pobre y viva y vital, capaz de fiesta y de duelo, capaz de compartir un mate y un asado (ese mismo asado que hoy la otra parte le niega), capaz de regalar tiempo al encuentro, solidaria en el dolor, sencilla y desbordada en la fiesta. Quizás debamos decir que hay dos argentinas, en este sentido… una más parecida al carpincho, nuestra, resistente, y rechazada por los apropiadores, y otra como el ornitorrinco, casi un poco de cada cosa, pero nada propia. O, haciendo un parangón, y mirando desde estas tierras, un verdadero fraude. 


Foto tomada de http://www.ornitorrincopedia.com/

Video con comentario al Evangelio del domingo 19º "C"

Video con comentario al Evangelio del domingo 19º "C"



también puede verse en


Eduardo

domingo, 31 de julio de 2022

Roma locuta, causa finita

Roma locuta, causa finita

Eduardo de la Serna



El dicho que encabeza estas reflexiones es casi un apotegma [tomado del sermón 131.10 de san Agustín, pero referido a los judíos], que “como corresponde, se formula en latín”. Significa que, puesto que “Roma” (= el Vaticano) ha hablado sobre un tema, ya no hay nada más que decir. El tema está terminado. Por más que la milenaria historia de la Iglesia lo ha desmentido y sigue desmintiendo, sin embargo, en ciertos ambientes eclesiales, se sigue esperando la palabra definitiva de Roma que ya no se modificará… Hasta que se modifique por el peso de la realidad.

Habitualmente suelen pronunciarlo los sectores más conservadores o tradicionalistas de la Iglesia, los que, con frecuencia, no se caracterizan por su libertad para avanzar con la osadía impulsada por el Espíritu Santo; por el contrario, suelen atarse a la ley, (por ejemplo, al Código de Derecho Canónico, o a momentos de la historia leídos sin ninguna mediación hermenéutica). Hijos o hijas del temor necesitan la seguridad que les da la ley, o la “madre” Iglesia que les da la seguridad necesaria para la vida sin zozobras. El miedo al error, por ejemplo, o a no hacer “lo debido” los o las paraliza hasta que “Roma habla” y, entonces, los o las invade una extraña paz. En ocasiones, además, algunas o algunos, después de que “Roma ha hablado”, “militan” la obediencia, la fidelidad, la “estricta observancia”, y – puesto que – según dicen – el tema está concluido por la “palabra romana” – levantan banderas religiosas de unidad, comunión, carismas, además de las mencionadas…

Se podría analizar el tema en su complejidad y preguntarnos si antes no han roto la unidad o la comunión las actitudes y acciones subrepticias, ocultas o demás mientras salen de cacería de la esperada palabra romana, luego de la cual respiran aliviados o aliviadas, y, ahora sí, visiblemente, pretenden exhibir a “los otros” como artífices de la desunión o la falta de unidad y comunión…

Por otro lado, podríamos hacer referencia a lo que Pedro Casaldáliga llamó “una rebelde fidelidad”, o – más todavía – a que muchos dudamos claramente que la “causa, realmente sea, finita”.

Empecemos señalando que nuestra primera fidelidad ha de ser a nuestra conciencia, el ámbito primero e ineludible de la obediencia. Pero luego de esta, es evidente que la obediencia fundamental y primera ha de ser al Evangelio del Reino. Obediencia que debe también “Roma”, algo que – no pocas veces – ha manifestado desconocer, aunque en ocasiones pida perdones 500 o 1000 años después.

Obedecer remite, etimológicamente (tanto en el latín como en el griego) a la audición. Se trata de una reacción ante lo que se ha escuchado (ob-audire). Una reacción acorde a lo escuchado.

Pero es importante destacar que – teniendo todo esto en cuenta – ciertamente no es lo mismo cuando la obediencia se aplica a ministros ordenados, a religiosos y religiosas y a laicos y laicas. Las y los religiosos, por ejemplo, profesan un “voto” de obediencia. Esta es a un “superior” o “superiora” (sic) y hace referencia, ciertamente, al carisma fundacional de la orden o congregación. De todos modos, ha de señalarse que, carismáticamente, no es lo mismo la obediencia entre los jesuitas que entre los franciscanos, por ejemplo. Se ha de señalar, claramente, que los votos (castidad, pobreza y obediencia) son constitutivos de la vida religiosa, aunque ciertamente estos hayan de entenderse teológicamente y antropológicamente además de carismáticamente (nunca fundamentalistamente). Otra es la obediencia de los ministros ordenados, presbíteros y diáconos, al obispo (“¿prometes respeto y obediencia?”). en este caso no se trata de un voto sino una promesa y, además, ligada al respeto. Pero no debe descuidarse lo ya dicho: también el obispo debe “respeto y obediencia” a la comunidad eclesial (también el obispo de Roma, ciertamente). Si un obispo “mandara” algo contrario al decir y sentir eclesial, ciertamente nadie estaría obligado a “obedecerlo”. Finalmente, la obediencia laical ciertamente se despliega según el propio carisma del laicado. Veamos:

Es sabido que se solía decir que había una Iglesia docente y una Iglesia discente (catecismo de Pio X [1905], nros. 181-192), es decir, una Iglesia que enseña y una que recibe la enseñanza, una que manda y una que obedece. La imagen piramidal que esto implica indicaba que el laicado debe “obedecer” a la Iglesia jerárquica. Dejamos de lado esta imagen de las y los laicos como “menores de edad” (los mismos que merecen ser alimentados con papilla, como sería un catecismo, y a quienes se les da la comunión en la boca). Esta eclesiología quedó felizmente detonada con el Concilio Vaticano II, aunque muchas y muchos que esperan que “Roma” hable, se resisten a sepultar.

Una breve nota sobre el laicado: antes del concilio, y del despliegue de la teología post-conciliar, era habitual presentar a los laicos y laicas como aquellas y aquellos que “no son” … No son religiosos, no son ministros ordenados. No están dirigidos a la perfección (vida religiosa), no son los que deben “conducir” (ministros ordenados), son quienes deben ser enseñados. Modelo de esta eclesiología eran aquellos laicos o laicas cuyo sentido estaba dado por actuar bajo la enseñanza de la jerarquía (ieros – arjé, “principio sagrado”, sic). Los modernos estudios teológicos y bíblicos llevaron a la teología (y al Concilio) a entender la Iglesia como “pueblo de Dios”, una comunidad ya no “jerárquica” sino circular (o poliédrica, como le gusta decir al papa Francisco). Un pueblo en medio de los pueblos implica la urgencia (como la levadura en medio de la masa) de “encarnarse” en la historia, en los sindicatos, la empresa, la educación, la política, los medios de comunicación, etc. Pero no como “obedientes” a una orden superior (al estilo de los antiguos partidos cristianos, empresarios cristianos, etc.) sino como fermento. Quizás hoy la pregunta no sea tanto cuál es el rol o el ser del laicado, sino el de los ministros ordenados. Pero es otro tema.

Decenas de comunidades religiosas, movimientos o instituciones laicales nacidas en la historia, han debido, con resistencias y creatividades, modelarse según la nueva vida eclesial del postconcilio. Curiosamente, hay quienes en nombre de la fidelidad se han resistido y resisten a aquel que “hace nuevas todas las cosas” (ver Ap 21,5). El ejemplo de lo ocurrido con las carmelitas descalzas ciertamente es significativo (curiosamente, en todo el proceso de renovación y división del Carmelo, “Roma” habló varias veces y se desdijo otras tantas) y – como ocurre tantas veces – hoy asistimos a dos grupos bastante diferentes entre sí y cada una afirma y se sienten las “herederas del verdadero espíritu y carisma de Teresa”. Debemos decir, además, que, en este caso, “Roma”, en lugar de ser garante de la unidad, fue artífice de la división.

Muchas palabras entran en cuestión cuando de “obediencia” se trata. Para empezar, una palabra que se escucha y ante la que se reacciona. Pero una palabra que debe “pesarse”, ya que una es la palabra que pronuncia nuestra conciencia, otra la palabra de Dios en las Escrituras, otra la palabra que la Iglesia ha pronunciado de un modo comunitario y universal (un Concilio, por ejemplo), etc. Los llamados “lugares teológicos”, codificados por Melchor Cano (1509 – 1560) pueden ser un buen punto de partida de esta “jerarquía” de “palabras”. Pero no es posible – sería teológicamente insustancial – ignorar el presente. La historia es el ámbito donde se pronuncia (o se encarna) la “palabra”. Es evidente que una palabra sabiamente pronunciada ayer, ha de mirar sabiamente el hoy antes de ser “escuchada” y “obedecida”. El fundamentalismo, una especie de “suicidio del pensamiento”, conduce a una obediencia que está lejos de la libertad, lejos de la vida y lejos de una verdadera “escucha”. Seguir “ciegamente” los textos bíblicos, conduce a una evidente deshumanización y, además, manifiesta un Dios bastante diferente al que Jesús en su vida y palabras eligió revelar. Y, ciertamente, es evidente que, si hemos de “interpretar” a los nuevos tiempos los viejos textos bíblicos, no es menos evidente que hemos de interpretar, adaptados a esos mismos nuevos tiempos, los carismas fundacionales, por ejemplo. “Roma” podrá hablar – ¡tantas veces movida por el temor, por el “siempre se hizo así” o por ideologías siempre conservadoras, cuando no por otras razones menos sanctas todavía! (y algunas canonizaciones son expresión evidente de esto) – pero, ciertamente, antes, es indispensable escuchar lo que “el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 2-3). “Roma habló” al hablar de Iglesia docente e Iglesia discente (algo que fue aceptado durante todo el s. XX hasta el Concilio) pero luego “Roma habló” otras palabras. Si de unidad y comunión se trata, no es esto en torno a una “palabra” fija sino en torno a un pueblo de Dios vivo, a una unidad “perijorética” (comunión en la diversidad y el amor). La comunión incluye las diferencias en la gestación de la unidad. Sin diferencias se trataría de “uniformidad”, que es algo bastante diferente… y dudosamente evangélico. Habrá quienes, desde el temor, o desde ideologías esclerosadas, salen de cacería en búsqueda de “palabras romanas”, pero habrá quienes desde el amor (que vence al temor, como se sabe; ver 1 Jn 4,18) eligen la osada escucha del Espíritu. Creo que ya sé dónde elijo estar.

 

Foto tomada de https://archive.org/details/CatecismoMayorDeSanPoX/mode/2up

viernes, 29 de julio de 2022

Mostrar lo invisible

                                Mostrar lo invisible

Eduardo de la Serna



Un grupo de curas fuimos a Santiago del Estero a manifestarle a Rubén – y con él a las y los campesinos amenazados por el poder – nuestra solidaridad.

Él preparó un encuentro con algunos grupos relacionados con el tema y también algunos de los amenazados o desplazados de sus tierras. Expresión más que evidente de que, como él señaló, lo que le pasó a él no es sino lo mismo que les pasa en el día a día a los legítimos y ancestrales poseedores y ocupantes de las tierras. Allí pudimos escuchar algunos casos emblemáticos:

Uno, poseedor y dueño de un terreno que fue desalojado por el poder judicial porque un importante miembro poder del mismo “eligió” apropiárselo. Y, claro, “puede”.

Otra, ocupante de un terreno del que un importante empresario nacional, dueño de una importante empresa de bebidas, quiere más y más tierras que las ya apropiadas.

Otros, intervenidos por la policía, siempre funcional, violencia delante de los niños, todos y todo fuera de la casa sin razones ni razón y con faltantes cuando estos se fueron…

La tierra, siempre y en todas partes la tierra, es el tema. Tierra para poder vivir en unas regiones, tierra para tener unos pocos animales y cosecha en otras, para celebrar y reunirse con amigos y hasta enterrar a los propios se vuelve apropiación para negocios inmobiliarios o agronegocios envenenadores. El poder, siempre y en todas partes el poder, es el tema. Porque el poder puede, los pobres son impotentes, el poder invisibiliza a los que no pueden alzar la voz, “aparecer”, mostrarse. Y, además, aquellos a veces se muestran “buenos”, y – por caso – visibilizados por personajes conocidos, y a veces queridos… ¡Vamos!

Poder ir, simplemente estar, pretendió visibilizar. Mostrarnos, sin casi hablar, mirar y abrazar a las y los amenazados, desplazados y violentados. No fuimos solo por Rubén, entonces, fuimos por todos y todas, a quienes él acompaña. Y, por lo que nos dijeron, para ellos y ellas fue un momento pacificador y sanador.

Hace mucho, monseñor Romero comentaba que era razonable que sus curas fueran amenazados y hasta matados. Porque eso mismo le pasaba a los pobres y campesinos. Si a los curas no les ocurriera lo mismo sería indicio de que no estaban en el lugar que debieran. De estar se trata. De estar con los pobres, de hacer nuestra la causa de los pobres. Volvemos a un tema centrar: no se trata de dar la vida. Nadie sano quiere ser matado. Se trata de dar vida, de acompañar la vida de los que la tienen amenazada. Y se trata de que los violentos, los apropiadores, los que “pueden”, con frecuencia les arrebatan la vida a las víctimas y a quienes, como algunos curas, religiosos y religiosas, caminan, lloran y celebran junto a ellos. ¡Vamos!... pero por ese lado, entonces.


Foto tomada de https://exclusiva.com.ar/curas-de-opcion-por-los-pobres-apoyan-a-ruben-lasaga/