miércoles, 16 de agosto de 2017

Habilitación

Habilitación


Eduardo de la Serna



Vistos los resultados de las pasadas elecciones, en los que el gobierno quiso mostrar su triunfo (al fin y al cabo es lo que sabe hacer, “mostrar”; todo es ilusión y ficción), inmediatamente todos se sintieron “habilitados” para hacer lo que quisieran. Total, nadie se los reclamará, y –para peor– muchos celebrarán cualquier cosa que hagan.

  • Santiago Maldonado sigue desaparecido, y el gobierno sigue indiferente, como si de un extraviado se tratara.
  • El massista O’Reilly se siente habilitado para pedir el desalojo de los habitantes de Punta Querandí, total sabe que el poder judicial, más tarde o más temprano será sensible al poderoso caballero.
  • El artrósico presidente habilita el cierre de todos los ramales ferroviarios que el ministro de transporte desee. Ya sabíamos que para el modelo neoliberal los ferrocarriles son indeseables rémoras que es deseable hacer desaparecer.
  • Con demora, y parcialmente, se le concede a Milagro Sala una extraña prisión domiciliaria. Una casa derruida y saqueada, sin electricidad, sin puertas ni ventanas, y con visitas restringidas. Parece que, para quien gastó y desgastó su vida por la vivienda digna de tantas y tantos, no merece más que eso. Al fin y al cabo, una mujer, pobre, negra e indígena bien puede habitar en una suerte de toldería.
  • Y –además- no solamente vemos que siguen secuestrados los votos de cientos y miles de bonaerenses, sino que además nos encontramos que cada vez aparecen más mesas de lugares habitualmente “nacionales y populares” donde Unidad Ciudadana tuvo “cero” votos. Curiosa represalia de los pobres…


Ciertamente a esto ha de sumarse Randazzo (¿cómo era eso de “divide y reinarás”, Florencio?), y tantos incapaces de sentarse serenamente a pensar qué es lo mejor (o quizás, lo menos peor) para los pobres, los desocupados, las víctimas del neoliberalismo genocida.

Pero resulta que ahora están habilitados. La policía (y demás fuerzas de inseguridad) reprime a diestra y más diestra; el gobierno hace lo que quiere total –lo sabe– la cizaña que sembraron, la indiferencia que conquistaron, y el silencio mediático blindado que compraron se los permite.

Sigue el silencio –“cronoterapia” lo llamaba el decrépito juez Fayt– de todos los casos desde Panamá y Bahamas, Avianca y correo, Odebrecht y el tándem Caputo-Calcaterra, y la vergonzosa Corte del 2x1 y el silencio… todos los poderosos están habilitados para hacer lo que deseen desde los precios en las góndolas a las tarifas de agua, luz y gas, peajes y nafta…

Hay una sociedad habilitada y habilitante.

Después de mucho predicar, reunir multitudes, hacer signos de que Dios estaba actuando, Jesús tuvo la dolorosa experiencia del fracaso. Los estudiosos lo han llamado “la crisis de Galilea”, o palabras semejantes. ¿Y qué hizo Jesús ante el fracaso? ¡Hizo lo mismo! Siguió predicando, haciendo (menos) signos y hablando del Dios que nos hace hermanas y hermanos. Jesús no sabe hacer otra cosa que eso.


Que nos perdonen entonces, a pesar de la ficticia habilitación para el genocidio, la mentira sistemática, y la tramposa sensación de triunfo habilitante, pero muchos seguiremos haciendo lo que sabemos: seguiremos peleando con las armas de la paz y la verdad para mostrar que –empezando por los últimos– es posible ser hermanas y hermanos, es posible la justicia, “otro mundo es posible”. Este modelo de muerte, no tiene la última palabra, ¡a Dios gracias!


Dibujo tomado de http://directingpeople.org/sistema-politico-mexicano-putrefacto/

martes, 15 de agosto de 2017

Domingo 20A

Una mujer, ¡y pagana!, señala a Jesús el camino del reino

DOMINGO VIGÉSIMO - "A"



Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     56, 1. 6-7

Resumen: Dios invita, por intermedio del profeta a recibirlo a pesar de la novedad que se vislumbra en su mensaje. Los rechazados no lo son por Dios que, en cambio, son bienvenidos. Dios tiene un programa para los suyos. Programa para siempre.



Comienza el frecuentemente llamado “Tercer Isaías”, y como es habitual en los profetas lo hace afirmando “Así dice Yahvé”. La síntesis de su dicho se encuentra en el versículo inaugural acompañado de una bienaventuranza (v.2). Esta bienaventuranza se extiende a dos grupos habitualmente rechazados: los eunucos y los extranjeros, y a ambos les dice que “no diga” (v.3) haciéndose en ambos casos referencia a los sábados y la mantención de la alianza (vv.2.4.6). A continuación se dirige a los eunucos (vv.4-5) y luego a los extranjeros (vv.6-7) pronunciando en v.8 un nuevo oráculo. Podemos decir, entonces, que el texto litúrgico presenta la introducción del profeta y luego la referencia – promesa – dirigida a los extranjeros.


El dicho de Yahvé es concreto y tiene una explicación (): “guarden el derecho y practiquen la justicia porque () la salvación está al llegar y la liberación a revelarse” (notar el contraste entre la actividad humana de la primera parte y el obrar divino en la segunda).


No hay duda que el derecho y la justicia (mispat / tsedaqa) pueden calificarse como el “programa de Dios para Israel”. Lo que Dios anuncia es “mi” salvación (yesu’ati) a llegar y “mi” liberación (sidqati) a revelarse. Siendo que esto está cerca de concretarse, se propone a los destinatarios empezar ya a “practicar” el programa para el que Yahvé lo ha convocado. El segundo Isaías había llamado con frecuencia a Dios “salvador” (43,3.11; 45,15.21) y “liberador” (45,19.21) cf. 46,13; 51,5. Lo que aquí se pretende es que ya que la liberación está por llegar, la realidad humana coincida con lo que Dios hará. 


El par “derecho” (mispat) y “justicia” (tzedaqa) se encuentran 50 veces en la Biblia hebrea, es evidente que constituyen aquello que Dios quiere que su pueblo viva: Gen 18,19; Dt 33,21; 2 Sam 8,15; 1 Re 10,9; 1 Cr 18,14; 2 Cr 9,8; Job 37,23; Sal 33,5; 36,7; 72,1; 99,4; 103,6; 106,3; Pr 8,20; 16,8; 21,3; Is 1,27; 5,7.16; 9,6; 28,17; 32,16; 33,5; 54,17; 56,1; 58,2; 59,9.14; Jer 4,2; 9,23; 22,3.15; 23,5; 33,15, Ez 18,5.19.21.27; 33,14.16.19; 45,9; Am 5,7.24; 6,12; Mi 7,9. Hemos señalado las muchas frecuencias para que se vea sencillamente su importancia. Es posible que este texto concreto se inspirara en Sal 106,3.


Lo que se destaca no es lo cultual sino la participación de la alianza y pertenencia al pueblo de Dios. No es seguro si por “extranjeros” se refiere a los no judíos o a los judíos que habitan en el extranjero, como parece probable. La imagen del “servicio” es tomada del lenguaje cultual, pero quizás aquí sea metafórica. Lo cierto es que la promesa a estos se encuentra en v.7 donde el contexto sí es litúrgico. El templo y la ciudad de Jerusalén (lo mismo ocurría con los eunucos, v.5) parece aludir a la visita de los judíos de la diáspora (más que a la venida de paganos). El nombre que Dios le da a su casa – Templo es “casa de oración”; esto está por encima de los holocaustos y sacrificios. Los sacrificios y las oraciones son aceptados por Dios una vez que se practica el derecho y la justicia, ya se ha dicho (ver, por ejemplo, Is 1,10-20). A esto se abren las puertas a los judíos nacidos (y educados, acostumbrados) en tierras de dioses extranjeros y a los judíos que prestaron servicio a autoridades extranjeras (eunucos); todos tienen derecho a incorporarse en la nueva comunidad y a participar (y que sea aceptada) su oración en el Templo.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     11, 13-15. 29-32

Resumen: Pablo destaca el rol de Israel en la historia de la salvación: no siempre supo ser fiel a Dios. Ahora no ha aceptado a Cristo, pero eso permite la incorporación de los paganos. Y esto provocará los celos de Israel que querrá compartir la salvación. Así todos podrán acceder a la vida por la misericordia de Dios.



Pablo está finalizando el largo apartado sobre la Iglesia e Israel (Rom 9 – 11) y sintetiza lo que ha venido diciendo. El gran tema, como se dijo la semana pasada parte del dolor que le causa a Pablo que sus hermanos judíos no hayan reconocido a Cristo y recibido el espíritu. El problema es a su vez teológico: Dios ha fallado en su promesa. Recurriendo abundantemente a citas bíblicas, Pablo demuestra que no es el caso. A lo largo de la historia de Israel, muchas veces el pueblo ha rechazado a Dios, pero Dios tampoco en estos casos lo ha abandonado. Un resto ha permanecido fiel (haciendo referencia a 1 Re 19,18). Coherente con lo que ha planteado en 1 – 7 afirma que la elección de este “resto” es gracia, no se trata de “obras” (v.6). Pero esta elección supone, como es obvio, otros muchos que no lo son, Dios “endureció” su corazón (= el espacio de la comprensión). ¿Cuál es el sentido de este tropiezo de la gran mayoría de los miembros de Israel? Los paganos, gentiles pueden acceder a la salvación y esto – además – provoca los celos de los judíos (v.11). Aquí comienza un nuevo punto en este desarrollo y el texto elegido para la liturgia. 


Pablo se dirige concretamente a los paganos destinatarios de la carta: “les digo, a ustedes, los gentiles” (v.13). Y lo que les dice, como “apóstol de los gentiles” es que “hace honor (doxázô) a su ministerio (diakonía)”, pero ¿con qué fin? Para despertar los celos de los de su “carne” (sarx) y salvar a algunos. Estos celos de los elegidos que se ven fuera de la salvación al ver que la reciben los despreciados es lo que provocará – y Pablo lo afirma lleno de esperanza – que “entrará la totalidad de los gentiles y así todo Israel se salvará” (11,25-26).


El texto final del v.15 es un qal wahomer, es decir un clásico “de menos a más”: si esto ocurre con lo menos, cuánto más ocurrirá con lo más. Es una oración sin verbos y puede reconstruirse de este modo:

Si, entonces, el rechazo de ellos (trajo) la reconciliación del mundo

¿Qué (traerá) la aceptación sino la vida de los muertos?



Esta reconciliación (¿con quién?; cf. 2 Cor 5,19, reconciliación del mundo con Dios; cf. 8,32; 2 Cor 5,14) está, entonces, en relación a la salvación de los paganos (el mundo). El contraste está dado entre rechazo y aceptación. Ahora bien, ¿quién es el que rechaza y quién el que acepta? A pesar del clima en el que se destaca que Dios es el que ha endurecido sus corazones, expresamente ha dicho en v.1 que “de ninguna manera” puede decirse que “Dios ha rechazado a su pueblo”. La aceptación parece implicar a ambos sujetos (Dios y el pueblo) e implica la comunión plena revelada en Cristo. 


La referencia a la vida de los muertos, ¿ha de entenderse en sentido exacto (es decir, pensando en la resurrección) o en sentido metafórico? Si bien la primera no ha de excluirse, la ausencia del término resurrección (es un término que Pablo utiliza con frecuencia: egeirô [= levantar, despertar] x37 resurrección [anastasis, x9]), mientras que acá lo omite. Puede ser algo semejante a lo que ha dicho unos capítulos antes: “preséntese ustedes mismos ante Dios como muertos vivientes, y sus miembros instrumentos de justicia para Dios” (6,13). El Israel muerto, como los huesos secos (Ez 37), recibe la vida por su adhesión al evangelio de Cristo. Esta aceptación es comparable a una resurrección.


Israel, en suma, se ha comportado como enemigo y eso ha redundado en beneficio de los paganos (v.28) pero sigue siendo amado por Dios ya que los carismas (jarísmata, dones de la gracia) y el llamado (klêsis) de Dios es irrevocable. Y – concluye – la inversión de las situaciones tiene en todos los casos la misericordia de Dios como repercusión. 


Ustedes (paganos) en otro tiempo rebeldes – al presente consiguieron misericordia (v.30)

Ellos (los judíos) al presente rebeldes (por la misericordia a ustedes) – ahora misericordia (v.31)



El contraste, de todos modos, como ya lo venía señalando en el comienzo de la carta es la rebeldía humana – de todos, judíos y paganos – y la misericordia de Dios que va más allá de las obras de cada uno.


 
+ Evangelio según san Mateo     15, 21-28

Resumen: Una mujer extranjera pide a Jesús su intervención milagrosa en favor de su hija. Ante la negativa de Jesús, ella insiste obteniendo no sólo el milagro sino también que Jesús la reconozca como de “gran fe” siendo así para el Evangelio modelo de creyente en Jesús y a su vez  capaz de enseñarle al mismo Jesús los caminos del reino.



Siguiendo un esquema semejante a Marcos, Mateo nos presenta a Jesús en territorio extranjero (es que su fama ya era reconocida allí, 4,24). La mujer – a la que Marcos llamaba “griega” – recibe acá el nombre tradicional de la región: cananea. Es importante – siempre – tener presente que Mateo se dirige a una comunidad concreta en una región concreta. La predicación a los paganos y el lugar de los judíos parece un tema importante en este caso. Parece decir Mateo, que los paganos deben reconocer la prioridad de Israel: no se cierra la entrada de los extranjeros, si es que tienen una gran fe como esta mujer, pero los destinatarios de la salvación son los judíos (como no se ha de alimentar a los perros a costa de desentenderse de los hijos). La mujer, entonces, reconocerá no tener derecho alguno y ante ese gesto de humildad Jesús la reconoce capaz de recibir lo pedido. El texto, así mirado, no es misionero sino eclesial.


Como otros necesitados de salud, la mujer le pide “¡compadécete!” (eleêson): 9,27; 17,15; 20,30.31, acotando “hijo de David” (9,27; 20,30.31). Pero Jesús no responde. Lo que provoca la intercesión de los “discípulos” pidiéndole que le conceda lo que pide para que no siga gritando. No parecen preocupados por el bienestar de la hija de la mujer poseída de un “mal demonio” sino indiferentes a su problema; lo que les preocupa es la molestia, no la hija. Como los anteriores enfermos citados que piden compasión, esta lo hace “gritando”.


La negativa de Jesús tiene más densidad teológica que en Marcos: Jesús acota que no “he sido enviado” (= por Dios) sino “a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Jesús ya lo había dicho a los que él enviaba delante suyo (10,6; cf. Jer 23,2; 27,6). Dos temas son interesantes: en el contexto de Mateo, esto se refiere a aquellas ovejas de las que se desentienden los fariseos de tiempos de Mateo; los miembros de Israel están perdidos porque quienes deben ocuparse de ellos son “guías ciegos” (23,16.24). Por otra parte, el texto puede leerse de dos maneras: “a aquellas ovejas de Israel que estén perdidas” o – como parece preferible – “a las ovejas (que es) Israel" que – todas ellas – están perdidas.


El dicho de Jesús y la respuesta de la mujer sobre los perritos, los hijos y las migas que caen es semejante (con matices: “de los niños”, Mc; “de sus señores”, Mt) a Marcos. El contraste entre “hijos” y “perros” parece aludir a los judíos (“hijos”, cf. Ex 4,22; Os 11,1) y los paganos (“perros”, cf. Fil 3,2-3; Ap 22,15). El término “perro” (aquí “perritos”) es ambiguo: se usa en sentido de algo despreciable (Ex 22,30; 1 Sam 17,43; 24,15), del varón que se prostituye (Dt 23,19), de un enemigo peligroso (Sal 22,17.21), y de algo impuro (cf. Job 30,1). Comparar a alguien con un perro es un insulto, y compararse a sí mismos con un “perro muerto” es un gesto de humillación (cf. 1 Sam 24,15; 2 Sam 9,8). 


No deben introducirse en el campamento santo (= Jerusalén) perros que coman algunos de los huesos del templo con la carne. Porque Jerusalén es el campamento santo, el lugar que escogió de entre todas las tribus de Israel…” (4QMMTc, fragm. 1, col II,9 – col III,2). 



Se ha pensado, por ejemplo, que el uso del diminutivo sirve para distinguir el perro doméstico del perro salvaje, e incluso se ha recurrido para mostrarlo a textos griegos y latinos, pero no a textos judíos. Lo más probable es que se refiera, entonces, sencillamente al contraste entre judíos-hijos y paganos-perros. El diminutivo puede servir para aludir a los perros – o a sus cachorros – domésticos (de hecho el dicho transcurre en torno a la mesa familiar), pero sin duda se alude aquí a los paganos.


Se destaca que las dos veces (vv.25.27) la mujer se dirige a Jesús como “Señor”, y que se postra (proskynei, v.25) ante Jesús. Esta “postración” es verbo preferido en Mateo (x13, contra x2 en Mc, x3 en Lc y x11 en Jn, aunque x9 en 4,20-24) donde salvo el caso de la tentación (el diablo le pide que lo “adore”, 4,9.10) y en una parábola (18,26) siempre se dice de Jesús. Se trata de una actitud de postración ante lo divino, por lo que a veces se traduce por “adoración” y suele dirigirse a Dios (Ex 20,5; Lv 26,1; Dt 4,19) aunque puede realizarse en señal de respeto ante un superior (cf. Ex 18,7; Rut 2,10; 1 Sam 24,9; 2 Sam 1,2…). 


Mateo añade una referencia a la “fe grande” de la mujer que – como se dijo la semana pasada – es tema característico de Mateo en contraste con la “poca fe” de los apóstoles, y de Pedro. En Mateo, la fe es fundamentalmente la confianza en que Jesús es capaz de obrar un milagro (8,10.13; 9,2.22.28.29; de allí que en 8,13 y 9,29 Jesús dirá – como en este texto – que lo que le piden suceda conforme a la fe que tienen); en 17,20 y 21,21 se refiere a la fe de los oyentes capaz de obrar cosas importantes, de donde concluye la importancia de la oración (21,22). En 21,25.32 se refiere a que los sumos sacerdotes y ancianos no le han “creído” a Juan (por su testimonio sobre Jesús). Lo que se les critica a los “escribas y fariseos” es que descuidan lo único importante de la Ley: “la justicia, la misericordia y la fe” (23,23). También es usada en sentido de “fidelidad” (24,45; 25,21.23). Podemos decir, en suma, que la fe, aunque no tiene un sentido tan fuerte como encontramos en Pablo, esta se dirige a Cristo (no se habla de “creer en Dios” sino en lo que Cristo es capaz para nuestras vidas).


Pero es muy importante notar, como hemos dicho, que si los apóstoles son cuestionados frecuentemente por su “poca fe”, la “mucha fe” de esta mujer (como la del pagano en 8,10) es particularmente importante (especialmente por tratarse de gente de la que no se espera que tengan fe). Pero tampoco ha de dejar de tenerse en cuenta otro aspecto: Jesús anuncia un reinado de Dios del que invita a hacerse discípulos. Él mismo también está dispuesto a dejarse enseñar – por una mujer y pagana, ¡nada menos! – para ser fiel al proyecto de Dios. Sin duda que aquí esta mujer enseña a Jesús la novedad del reino. Y Mateo toma este elemento para dirigirse a su comunidad, mayoritariamente de cristianos venidos del judaísmo, para invitarlos a tener otra actitud frente a los paganos de su ciudad (ver 28,20). 



Foto tomada de www.taringa.net

lunes, 14 de agosto de 2017

Un secuestro más, y van...!!!

Un secuestro más, y van…

Eduardo de la Serna



El diccionario de la Real Academia Española afirma que “secuestrar” proviene del latín tardío, e indica reparar, cuidar, confiar, custodiar, alejar a alguien o algo. Es posible secuestrar una persona, pero también un avión, o una edición de un libro por decisión judicial. Esto indica que, aunque el término tenga “mala prensa”, no necesariamente es un término que indica una ilegalidad. Pero, ciertamente, para que lo sea – es decir, para que se suspenda un derecho, como es el caso de una publicación, ha de haber una justa razón (por ejemplo, un plagio) y un justo mediador (por ejemplo, un juez). Quizás podamos hacer una analogía con el uso de la violencia: sólo el Estado, en determinadas circunstancias, contextos, y con mesura, equilibrio y justicia puede reaccionar con razonable violencia (por ejemplo, deteniendo a una persona).

Valga esta introducción para indicar que al hablar de secuestro estamos destacando que alguien con poder (justo o no) retiene a alguien o algo. Una de las características que ha de tener un justo secuestro, por ejemplo, de estupefacientes, ha de ser la transparencia; todos han de poder saberlo, y si se decide su destrucción, todos han de poder ser testigos de eso y no que pueda sospecharse que se ha escondido para ser reutilizado.

  • Sin duda es evidente que la desaparición forzada de personas fue y es un secuestro, y que encierra su gravedad en la falta absoluta de transparencia. No se trata de una persona que ha sido detenida y puede ser visitada, por ejemplo, por sus abogados o familiares; se trata de alguien secuestrado del que se ignora –hasta hoy- su paradero.
  • Aunque fue criticada por decirlo, la ex presidenta habló hace años de que una empresa privada secuestraba los goles y los partidos de fútbol a lo que solo podían acceder quienes pagaran (¿rescate?). No parece incorrecto.
  • La reciente desaparición forzada de Santiago Maldonado nos remite a las peores etapas de nuestra historia. Sin duda se trata de un secuestro, pero, además, sin transparencia alguna.
  • La existencia de presos políticos, es decir, personas que son detenidos y separadas sin un justo juicio, también lo son.


Una de las características fundamentales y fundacionales de las democracias modernas es la necesaria e indispensable separación de los poderes a fin de que cada uno sea controlado por los restantes. Es cierto que los poderes no son sólo tres, ya que el poder económico y el poder mediático también operan, actúan, deciden y no son controlados (¡no lo aceptan!); una verdadera democracia debiera hacerlo, sin duda alguna. Pero con un poder judicial cooptado, y un poder legislativo apresado (quien sabe si por carpetas, dinero o muertos en el placard) es difícil –por no decir imposible- poder encontrar justicia en eventuales acciones de este gobierno como el uso de la violencia o los secuestros.

A la suma de secuestros que este gobierno nos va habituando: el secuestro de la verdad, de la justicia, de la legalidad, de la libertad ambulatoria (como si de un estado de sitio se tratara), nuevamente del fútbol, de presos políticos, de un desaparecido, ahora hemos de sumar el secuestro de los votos. No sólo se manipuló la información de los resultados para dar la imagen de ganadores en el horario central, sino que cuando los votos empezaban a revelar otra realidad diferente se suspendió la información la cual, se dice, se dará recién en diez días. De ahí al dicho dictatorial “las urnas están bien guardadas” no parece haber mucha diferencia. O para ser precisos, entre este gobierno y una dictadura, ¡no parece haberlo! ¡De resistencia se trata!



Dibujo tomado de https://penguinnews700.wordpress.com/2015/08/page/3/

miércoles, 9 de agosto de 2017

"Dime con quien andas..."

“Dime con quién andas…”


Eduardo de la Serna



Como muchas otras cosas de nuestra vida, la fe que decimos tener o no tener nos configura. Creer en un Dios sanguinario, por ejemplo, nos vuelve violentos o, por el contrario, temerosos. Con miedo a ese Dios, a sus manifestaciones, o – por el contrario – con actitudes agresivas que se le asemejan. Creer (o – por el contrario – afirmar la negación) de un Dios activo, ejecutor o (casi) titiritero, también nos vuelve (o rechazamos) sumisos, casi resignados, por ejemplo. Entre paréntesis, resulta lamentable la empobrecedora imagen del Corán que suelen dar los medios de comunicación ignorando la maravillosa historia del mundo musulmán. Hay fundamentalismos y fundamentalistas en todas partes, pero ese es otro tema.

Valgan estos ejemplos, casi esquemáticos, para – por el contrario – pensar cómo se supone que vive (o desea vivir) quien cree en un Dios comprometido con la historia, un Dios-amor. Sin duda esto nos compromete hacia el/los otro/s. Pero miremos más en detalle este aspecto:

Grupos religiosos integristas o particularmente conservadores, tienen como característica – por ejemplo – una lectura bíblica fundamentalista (lo que implica un obrar conforme a eso), una espiritualidad intimista e individualista, un Dios de “premios y castigos”. El dualismo antropológico suele ser su característica principal, pero un dualismo particularmente centrado en lo sexual, jamás en lo económico. Todo lo que aluda a la historia, a la “carne”, es mirado negativamente, por ejemplo la política. Por eso en algunos aspectos estos grupos casi se “tocan” (y en ocasiones realmente se fusionan) con el budismo zen que se entiende como búsqueda de la “paz interior”, el “amor a sí mismo”, y se centra en un “ir hacia adentro” sin plantearse un “salir hacia fuera”. Conseguir esa paz nirvánica es el objetivo que cada uno debe buscar para sí para estos grupos.

No se trata aquí de mirar o evaluar la fidelidad o coherencia de cada dirigente, pero hay elementos que pareciera que deben ser mirados con atención.

  • El ex ministro y hoy candidato oficialista Esteban Bullrich, entre sus cada vez más numerosos dislates ha afirmado que hay salidas laborales en la fabricación de cerveza artesanal o en ser piloto de drones. Y no se trata de que haya olvidado que es candidato a legislar, no a ser un “consejero laboral”. Él debe preocuparse y ocuparse de que haya más y mejores oportunidades de trabajo para sus conciudadanos; de que el Estado sea garante y proponer políticas activas para que haya trabajo. Pues no, parece entender que su misión es alentar “emprendedores”, es decir “individuos” que “cada uno” por “su cuenta” busquen salir adelante.
  • El ex ministro y hoy candidato nos ilustró con el ejemplo de la gallina y el cerdo en la alimentación y el “compromiso” de este último (sic), en lo que pareciera una invitación a aceptar ser ejecutado para que otros disfruten. Y siempre son los mismos los que “disfrutan” del sacrificio de las víctimas, lo sabemos.
  • El ex ministro y hoy candidato minimizó el “Ni una menos” poniéndolo a la par con los abortos en una lectura lineal y binaria que no merece análisis y sí repudio.


Pero todo esto – y mucho más, que se ha visto y se verá si llegara a ser electo – es absolutamente coherente con su ideología religiosa. El ex ministro y ahora candidato pertenece a los “Legionarios de Cristo” (a los que irónicamente muchos llaman “los millonarios de Cristo”). Agrupación integrista fundada por Marcial Maciel, cura mexicano, condenado por el papa Benito XVI, sancionado y echado del estado eclesiástico por abusos sexuales, económicos y unas muchas “maravillas” más del estilo, entre ellas la pederastia. Sin duda mirar la ideología de los “Legionarios”, su “espiritualidad”, su relación con el dinero, su concepción del Dios que “premia y castiga”, su religiosidad individualista nos permitirá no sólo entender por qué dice y hace lo que dice y hace sino también saber lo que hemos de esperar en el futuro que diga y que haga.

Y – obviamente – lo mismo parece que ha de esperarse de María Eugenia Vidal, perteneciente al Opus Dei, y del presidente Mauricio Macri, budista zen.

No es un planteo “religioso” el que motiva estas líneas (ni la falta de referencia a otros personajes) sino un intento de pensar – suponiendo la mejor buena voluntad en los sujetos – lo que sin duda los moviliza, la idea que los nutre y – por lo tanto – lo que hemos de esperar.

Y nos tocará a los electores conocerlo y saber si es eso lo que queremos o no para nuestro país, para nuestros hermanos y hermanas de la Patria.



Dibujo tomado de https://enelbalconyenelcamino.wordpress.com/category/leyendo-la-biblia/

martes, 8 de agosto de 2017

Domingo 19A

Sólo la confianza en Jesús nos permite sostenernos

DOMINGO DECIMONOVENO - "A"

Eduardo de la Serna



Lectura del primer libro de los Reyes     19, 9. 11-13a

Resumen: Elías, perseguido y amenazado, se dirige a las fuentes de su fe, allí donde Moisés tuvo un encuentro con Dios. Dios le sale al encuentro en el monte, pero a diferencia de lo esperado: un encuentro terrible, Elías se encuentra con Dios en el silencio.



En medio de una crisis mortal, perseguido por Jezabel para matarlo, Elías huye dirigiéndose hacia el Horeb. El texto tiene tres partes bien marcadas de las que el párrafo litúrgico es la segunda:

Amenazado, Elias se dirige al Horeb caminando 40 días alimentado en el desierto por un ángel (19,1-8)
Llegado a la montaña de Dios se encuentra con Yahvé que lo reenvía a Israel con un doble encargo (ungir un rey y elegir un profeta sucesor) (19,9-18)
Llamada de Eliseo para acompañar a Elías (19,19-21).

Dios le dirige a Elías, en el monte, una pregunta que se repite: “¿qué haces aquí?” (vv.9.13) omitidas por el texto litúrgico. La respuesta del profeta también se repite idéntica: “Ardo de celo…” y es la que introduce la primera y segunda parte de esta subunidad (la primera, el encuentro de Elías con Yahvé, la segunda el reenvío a Elías a continuar su misión (y la elección de los dos sujetos mencionados). Es este encuentro entre Dios y Elías el que constituye el texto litúrgico.

Luego de pasar la noche en “la cueva” como Moisés (también allí Yahvé pasa ante él; cf. Ex 33,22) le llega la palabra de Yahvé (y la pregunta). Elías debe salir de la cueva y permanecer de pie ante Dios. A continuación una serie de fenómenos meteorológicos se suceden: un huracán, un terremoto y fuego. Y el texto remarca que en ellos “no estaba Yahvé”.

El “gran viento” suele ser manifestación de Dios (cf. Ez 1,4; 3,12; Jon 1,4; cf. Nah 1,3), como también lo es el “temblor” (Jue 5,4; 2 Sam 22,8; Sal 46,4; Is 29,6…) y el “fuego” (Gen 15,17; Ex 3,2; Dt 1,33; Jue 6,21…) es decir, el texto aclara que – contra todo lo esperado – Dios no está presente donde el profeta se imagina que estará. La semejanza con Moisés recuerda otro texto que sirve de marco:


«Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar. Entonces Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahveh había descendido sobre él en el fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno. Yahveh bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte; llamó Yahveh a Moisés a la cima de la montaña y Moisés subió». (Ex 19,16-20)


En el texto de Elías, el viento, temblor y fuego son casi un anticipo, preparación para la llegada de Dios que lo hará en el sonido (= voz) del silencio (enmudecimiento; cf. Sal 107,29) suave. La triple negación precedente (“no estaba…”) deja lugar al silencio dando por sobre entendido que Yahvé sí está en él. Siendo que el conflicto de Elías con Jezabel tiene su centro en que la reina es cananea y – por lo tanto -  creyente en Baal, el dios del rayo y la tormenta, no es improbable que el acento en que “Yahvé no está” en ellos tenga un cierto contexto anti-baálico, aunque no parece que sea este el tema central. La novedad viene dada por el silencio, lo inesperado. Del Dios que no necesariamente se manifiesta dónde se lo espera o como se lo espera. Allí Dios, sorprendentemente, se encuentra con Elías y él, como Moisés (cf. Ex 3,6), se tapa el rostro ante Dios (aunque propiamente hablando no se dice ni de Moisés, ni de Elías que “vean” a Dios sino una manifestación).


 
Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     9, 1-5

Resumen: Pablo manifiesta su angustia porque los israelitas no han recibido en la fe a Jesús; no han sabido – a pesar de todos los dones que Dios les ha dado – dar el paso de la carne al espíritu.

 
En Romanos 9 Pablo comienza un largo párrafo sobre Israel que culminará en 11,35. Con solemnidad comienza señalando la veracidad de lo que va a decir. “No miento” se encuentra otras dos veces en los escritos paulinos, y en ambos Pablo destaca elementos de su vida que son cuestionados por los adversarios cristianos: “no miento”, afirma al destacar las dificultades que carga en su vida apostólica asemejándose a la debilidad de la cruz de Jesús (2 Cor 11,31), “no miento”, repite al destacar que no precisó instrucción de los apóstoles de Jerusalén por haber sido instruido por el mismo Dios que le reveló a su Hijo (Gal 1,20). En los tres casos pone de testigo a Dios de que dice la verdad. En este caso, la conciencia y el Espíritu Santo lo “con-atestiguan” (summartyrousês, es el testimonio conjunto que dan dos; sólo se lo vuelve a encontrar en 2,15; 8,16). 

En este caso, lo que Pablo va a referir de su propia vida es la tristeza y dolor que tiene a causa de “sus hermanos”, los israelitas. Pablo afirma que pediría (êujómên) ser él mismo anatema de Cristo “por” (hyper) mis “hermanos” (adelfôn) y mis “parientes” (syggenôn) según la carne (katà sarka). “Ser anatema” es ser maldecido por Dios (1 Cor 16,22; Gal 1,8.9; cf. Dt 7,26; 13,15; en algunos casos – por el contrario – se refiere a lo que se ofrece a Dios, pero para ser totalmente entregado a él, por ejemplo, por el fuego, cf. Num 21,3; Jos 6,17). Ciertamente, si la bendición divina se manifiesta en vida, su maldición implica la muerte. Pablo desearía morir, entregarse totalmente en favor (hyper) de sus “hermanos”. Se refiere a ellos “según la carne”, frase que Pablo usa con cierta frecuencia (Rom 1,3; 4,1; 8,4.5.12.13; 9,3.5; 1 Cor 1,26; 10,18; 2 Cor 1,17; 5,16; 10,2.3; 11,18; Gal 4,3.29). La “carne” (sarx) es la humanidad en su expresión de debilidad, de allí que con mucha frecuencia se contraponga a “espíritu” que es la fortaleza que viene de Dios. En cuanto contrapuesta a “espíritu” tiene una connotación escatológica, puesto que el espíritu es el gran don divino dado a los que han aceptado a su hijo. Pablo, “según la carne” es judío, como sus “hermanos”, pero ellos no han sabido recibir en la fe el espíritu, no han aceptado a Cristo  nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro” (1,3-4). 

A continuación Pablo destacará una serie importante de elementos propios de Israel:

  • Hijos por adopción
  • Gloria
  • Alianzas
  • Legislación
  • Culto
  • Promesas
  • Los patriarcas

Cada uno de estos elementos es sumamente importante y habla por sí solo de las “riquezas” que Dios ha dado a Israel. 

Israel es un pueblo de hijos que Dios ha adoptado (huiothesía, cf. Ex 4,22; Os 11,1), pero siendo Cristo “constituido hijo por el espíritu” (1,4) por poseer ese mismo espíritu los cristianos - también los paganos incorporados a la comunidad sin circuncisión - son “hijos” también ellos (Rom 8,15.23; Gal 4,5). La “gloria” (doxa) – que es propia de Dios – la participa a los que obren bien, judíos y paganos (2,10). La salvación de judíos y paganos es “mi alianza”, dice Dios (11,27) aunque con Jesús comienza una “nueva alianza” (cf. 1 Cor 11,25; 2 Cor 3,6; ver Gal 4,24). Usando un término que se encuentra sólo aquí en el N.T. Pablo no utiliza “ley” (nomos) sino “nomothesías” (que hemos traducido por “legislación”) ya que Pablo en esta carta manifiesta conflicto con la “ley” (caps. 1-7) ya que no es esta la que nos hace justos ante Dios sino la fe. El culto (latreía) solo se encuentra aquí y en 12,1 en todo Pablo, se trata del servicio litúrgico a Dios. Las promesas (epaggelía) se trata de aquello en lo que Dios ha comprometido su fidelidad con su pueblo 4,14.16.20; 9,8; 15,8…). Los “padres”, como Abraham (4,11.12.16.17.18). De este Israel Pablo dirá más adelante que “en cuanto (katà) al Evangelio, son enemigos para ustedes; pero en cuanto (katà) a la elección amados en atención a sus padres”. (11,28; cf. 15,8). Sin embargo, todo esto lo dice “según la carne” (katà sarka), y concluye todo esta lista de riquezas de Israel con el último de los “padres”, “Cristo, según la carne”. Pero este está por encima de todo.

Sin embargo, Pablo hace aquí una afirmación que se ha prestado a muy diversos comentarios. “Dios bendito por los siglos”. Esa frase solemne, ¿se dirige a Dios – con lo que estaría dando gracias -  o se aplica a Cristo, de quien estaría diciendo que es “Dios”? Pablo jamás ha afirmado que Cristo sea Dios. Ciertamente estamos ante el primer escritor cristiano y resulta un tanto extraña una afirmación tan clara en un tema que costará tanta “tinta teológica” en los primeros siglos. La frase “que está por encima de todo” vuelve a encontrarse en Ef 4,6 referida a Dios, el Padre. Probablemente haya que preferir una lectura teo-lógica antes que una cristo-lógica de la oración.

 

+ Evangelio según san Mateo     14, 22-33

Resumen: A un texto tomado de Marcos, en el que se narra las dificultades de los discípulos en su travesía en el mar y Jesús que viene a ellos caminando sobre el agua, Mateo añade la presentación de Pedro que, “mandado” por Jesús también lo hace hasta que la poca fe lo hace comenzar a hundirse. Jesús es quien lo salva y calma su temor, por lo que es reconocido como “hijo de Dios” por los suyos.


El texto del Evangelio tiene dos partes bien marcadas: la partida de los discípulos en la barca mientras Jesús se queda en oración y su regreso a la barca andando sobre las aguas (vv.22-27), y la escena de Pedro también en las aguas (vv.28-31) con la conclusión (vv.32-33).

Es importante – y es bueno reiterarlo – que no se trata de comentar acontecimientos históricos que pueden haber sucedido de una u otra manera, y son aquí interpretados, sino intentar comprender qué quiere decir Mateo a sus destinatarios en este relato.

Las diferencias con Marcos en la primera parte son mínimas, mientras que la escena de Pedro es exclusiva de Mateo.

Por motivos no señalados, Jesús – ocurrida la multiplicación de los panes “inmediatamente” – “obliga” a los discípulos a ir “al otro lado”. Entretanto, Jesús “despide” a la multitud y luego sube “a solas” al monte a orar. La referencia al monte y la oración seguramente hayan “atraído” la primera lectura, pero en esta unidad no es el tema destacado. Marcos refuerza la idea de que Jesús se dirige a los discípulos (entre las 3 y las 6 de la mañana) porque la barca estaba en dificultades por el viento en contra y estaba a “muchos estadios” (un estadio son 192 mts). Mateo señala simplemente que “fue hacia ellos”; el acento no está puesto en el peligro ni el viento sino en Jesús. El contexto se asemeja a una teofanía en algunos elementos (cf. Ex 19,16; Ez 1,4): Dios es quien domina las aguas (Sal 76,20; Job 8,9-11; Hab 3,15), se les revela con el nombre divino “yo soy” (egô eimi, cf. Ex 3,14; Is 43,10; 46,49; 51,12) y los invita a “no temer”, algo habitual al encontrarse con Dios (Gen 15,1; Dn 10,12). Impotentes frente al mar los discípulos necesitan que Jesús los saque del apuro.

La escena de Pedro – como se dijo - es propia de Mateo. Él suele dedicarle mucha importancia a este apóstol en toda esta gran unidad (caps. 14-18) como seguiremos viendo en días sucesivos. Destaquemos a continuación algunos elementos:

Pedro sabe que para poder hacer lo que Jesús hace necesita ser “mandado” por él. “Mandar” es una actitud propia de un rey (14,9; 18,25; 27,58.64). Como Jesús (vv.25.26) también Pedro “anda sobre las aguas” (v.29) pero el temor, el mismo que habían tenido creyendo ver un fantasma (v.26) y el que Jesús les dice que no tengan (v.27) provoca que comience a hundirse. El acento del texto radica precisamente en el contraste entre el temor (= la duda) y la fe. El discípulo de Jesús siempre está entre ambos y Jesús viene en su ayuda. El contexto del Sal 69,2-3.15 es interesante y quizás acompañe la oración confiada de los lectores.

El texto tiene un cierto contacto con el de la tempestad calmada (cf. 8,23-27) que es interesante señalar:

Mt 8,23-27
Mt 14,22-33
Subió a la barca y sus discípulos le siguieron. (v.23)
Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. (v.22)
De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido. (v.24)
La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. (v.24)
Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (v.25)
Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame(v.30)
Les dice: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?» (v.26)
Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (v.31)
Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. (v.26)
Subieron a la barca y amainó el viento. (v.32)
Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?» (v.27)
Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios». (v.33)

La actitud de “poca fe” es tema característico de Mateo (6,30 [// Lc12,28, Q]; 8,26; 14,31; 16,8, oligopistós) y se dice de los discípulos, en contraste con la mucha fe que Jesús destaca en dos paganos: un varón (8,10) y una mujer (15,28). La poca fe no es condenada, simplemente es caracterizada, no se trata de negar las tempestades sino de confiar en el Señor en medio de ellas.

Una nota sobre Pedro (para más datos remito al artículo sobre Pedro en los Sinópticos que se encuentra en este mismo blog: http://blogeduopp.blogspot.com.ar/2014/06/pedro-en-los-sinopticos.html): Mateo destaca muchísimo a Pedro en su Evangelio, pero este Pedro – que es vocero de los Doce en muchas oportunidades – es capaz de duda y de “poca fe”. Es precisamente la fe, la capacidad de escucha de la palabra de Dios la que le da autoridad, mientras que “se hunde” cuando esa fe le falta o se escucha más a sí mismo que a Dios.

La escena concluye con una confesión de fe de todos los testigos que se postran y lo reconocen “verdaderamente” como “hijo de Dios”, algo que Pedro repetirá un poco más adelante (16,16). Ya el tentador lo había (4,3.6) comentado luego que la voz del cielo lo hubo reconocido (3,17 y se repetirá en la Transfiguración, 17,5), pero Dios también los llamará de ese modo a los artesanos de la paz (5,9); los demonios lo reconocen (8,29), y el mismo Jesús lo afirma ante la pregunta de Caifás (26,63-64) y – como el tentador – lo repiten las burlas al crucificado (27,40.43) y la confesión de fe del centurión ante los signos escatológicos de la muerte de Jesús (27,54).

martes, 1 de agosto de 2017

Comentario Transfiguración del Señor

Transfiguración del Señor

Eduardo de la Serna



Lectura de la profecía de Daniel     7, 9-10. 13-14


Resumen: Daniel ve en sueños una serie de imágenes terribles, pero finalmente una señala que Dios no se desentiende de su pueblo y podrá vivirse para siempre en un ambiente humano sin opresores ni violentos.

Para comprender el texto litúrgico es necesario mirar bien todo el texto del capítulo 7 hasta su final en el versículo 14, En v.15 comienza la segunda parte en la que Daniel, ante lo que ve queda preocupado y pide explicación de todo esto (7,15-28). El texto litúrgico, entonces, conforma la mirada final de las “visiones nocturnas” (= sueños) de Daniel. El texto señala – como es propio de la literatura apocalíptica que en cuanto tuvo las visiones Daniel las puso por escrito (v.1). Se refiere a cuatro bestias terribles. La imaginación intenta mostrar figuras monstruosas de destrucción con lo que a las imágenes animales (león, oso, leopardo) añade elementos que refuercen lo dramático (alas, costillas…). El acento está puesto en la cuarta bestia que es la más terrible (no tiene imagen, simplemente señala que era terrible, espantosa y muy fuerte, con dientes de hierro, que come, pisotea y tritura… “Era diferente de las bestias anteriores” (v.7). Se destaca que tiene diez cuernos (el cuerno es imagen de poder con lo que tiene pleno poder, pero no interminable; ver Ap 12,3; 13,1; 17,3.7.12.16). Y “estaba yo observando” cuando despunta un pequeño cuerno con su boca decía cosas espantosas (v.8). Sin dudas acá está el acento del presente del libro ya que a continuación se pasa a un “intervalo” donde un Anciano (sin dudas Dios) donde miles y miles lo sirven se sienta en el tribunal y se abren los libros (en la literatura apocalíptica los libros son los libros donde están escritos los nombres de los justos, se trata del “libro de la vida”). Entonces la pequeña bestia es aniquilada, las otras bestias despojadas de poder y es ahora donde surge la visión conclusiva del “hijo del hombre”. Este “hijo de hombre” viene del cielo (las bestias venían del mar, v.3) y es presentado ante el “anciano” y recibe “poder”. Las imágenes de la pureza/blanco y la insistencia en el fuego (en este caso parece imagen de purificación) parecen referir a que se purifica todo lo “bestial” que antecede (v.11: el cuerpo de la bestia –la última, que es la importante en esta parte– es arrojado al fuego).

Antes de seguir es importante una breve nota sobre la apocalíptica: la literatura apocalíptica es sumamente concreta e histórica a pesar de aparentar ser mitológica o de ensueño. Hace referencia a situaciones o grupos concretos de su tiempo pero “disfrazados” de imágenes extrañas. En un contexto de conflicto, persecución y muerte se invita a los lectores a pensar la realidad y mirarla con esperanza: Dios no se desentiende de su pueblo. La destrucción de Jerusalén (año 587 a.C.) hizo que Israel perdiera su libertad, primero en manos de los babilonios, luego de los persas, luego de los griegos ptolomeos y finalmente los griegos seléucidas (= cuatro bestias). Dentro de estos, además, Antíoco IV fue particularmente sanguinario quemando los libros de la Ley, obligando a comer alimentos impuros, prohibiendo las reuniones los sábados, profanando el templo (es la “pequeña bestia” que blasfema). Pero Dios no permanece indiferente, y ante tanta destrucción “monstruosa” finalmente enviará un pueblo “humano” (Israel, el “hijo del hombre”). Y mientras los otros monstruos destructores tienen un poder terrible, pero limitado (diez), cuando llegue el tiempo de Israel su poder “será eterno” y su reino “no será destruido”.

El contraste entre las bestias y el “hijo de hombre” (es obvio que el acento está puesto en la humanidad de este nuevo personaje) es evidente en la misma imagen. Este nuevo grupo –Israel– tendrá “poder, honor y reino” y todos los “pueblos, naciones y lenguas” lo servirán. Sin dudas el contraste es notable, no sólo entre lo terrible y brutal por un lado y lo humano por el otro, por el origen desde el mar (lugar de las fuerzas del mal, ver Ap 21,1) y desde “las nubes del cielo”, sino también en el breve tiempo que dura (que durará, porque está escrito en tiempo de persecución, y allí se fundamenta la esperanza) en contraste con el “poder eterno” y “reino no destruido” en el que Israel –como en tiempos de David– reinará y dejará que sea Dios el que reine (el anciano). 

Nota conclusiva sobre el “hijo del hombre”. El hebreo es una lengua “florida”, redundante. Un “hijo de hombre” sin dudas es sencillamente un “hombre” (así se usa, por ejemplo, con toda frecuencia en el libro de Ezequiel). Es evidente que en este caso se refiere a un “grupo humano” en contraste con las bestias, y –por lo tanto–, si las bestias eran pueblos opresores, aquí también se refiere a un pueblo, ver v.27: “el pueblo de los santos del Altísimo”. Ahora bien, con la expectativa creciente en la venida de un enviado de Dios (un/el mesías) esta figura del “hijo del hombre” empezó –siempre en la literatura apocalíptica– a tener connotaciones ya no colectivas sino personales. Es en ese sentido que será usado en tiempos de Jesús y es muy posible que él mismo lo haya utilizado (aunque, curiosamente siempre lo hace en tercera persona y en muchos casos en futuro). Así se ve por ejemplo, en el libro apócrifo de Henoc:

Allí vi al que posee el «Principio de días», cuya cabeza es blanca como lana, y con él vi a otro cuyo rostro es como de apariencia humana, mas lleno de gracia, como uno de los santos ángeles. Pregunté a uno de los santos ángeles, que iba conmigo y me mostraba todos los secretos, acerca de aquel Hijo del hombre, quién era, de dónde venía y por qué iba con el «Principio de días». Me respondió así:

—Este es el Hijo del hombre, de quien era la justicia y la justicia moraba con él. El revelará todos los tesoros de lo oculto, pues el Señor de los espíritus lo ha elegido, y es aquel cuya suerte es superior a todos eternamente por su rectitud ante el Señor de los espíritus. Este Hijo del hombre que has visto levantará a los reyes y poderosos de sus lechos y a los fuertes de sus asientos, aflojará las bridas de los poderosos y destrozará los dientes de los pecadores. Echará a los reyes de sus tronos y reinos, porque no lo exaltan ni alaban, ni dan gracias porque se les ha dado el reino. Humillará el rostro de los poderosos y los llenará de vergüenza: la tiniebla será su morada; gusanos, su lecho; y no tendrán esperanza de levantarse de él, porque no exaltan el nombre del Señor de los espíritus. Estos son los que erigen como árbitros a los astros del cielo, levantan la mano contra el Altísimo, pisotean la tierra y moran en ella mostrando iniquidad en todas sus obras. Su fuerza está en su riqueza, y su fe, en los dioses que forjaron con sus manos negando el nombre del Señor de los espíritus, persiguiendo sus casas de reunión y a los creyentes que se apegan al nombre del Señor de los espíritus. (1 Hen 46; ver también 47-49).

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro     1, 16-19

Resumen: recurriendo al nombre y autoridad de Pedro el autor quiere reforzar, remitiendo a la trasfiguración, la confianza de que Jesús finalmente volverá, como lo había anunciado.
La llamada “segunda carta de Pedro” es considerada el último libro escrito de la Biblia. Sin duda no es Pedro el autor, que había muerto hacía décadas, pero a quién se hace referencia.
El autor, que insistentemente quiere “mostrar” que es Pedro, hace referencia al testimonio de aquel en la Transfiguración: “estábamos con él”.
El acento en la carta-testamento es la referencia a la Venida, “Pedro” es “testigo” de eso. Lo cual lo pone en contraste con los falsos maestros que niegan esta venida (3,1-4).
Este testimonio confirma “la palabra de los profetas”, lámpara que brilla “hasta que despunte el día” y “aparezca el lucero”, paralelismo que alude a esta Venida cuestionada.
La referencia a la Transfiguración, en este caso, tiene simplemente un doble sentido: (1) mostrar la autoridad de Pedro, y por lo tanto la seriedad del anuncio de la Venida (recordar que –siendo un escrito muy tardío– la Venida de Jesús parece negada por la demora); (2) garantizar con los profetas Moisés y
Elías la palabra que Dios garantiza de que se cumplirá –más tarde o temprano- este anuncio.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     17, 1-9
Resumen: como realización de la Ley y los profetas Jesús en un monte, como Moisés y Elías se encuentra con ellos donde Dios anticipa la gloria definitiva de Jesús, pero a la que se llegará por la pascua.

La Transfiguración en Mateo tiene algunas características novedosas con respecto a los otros Sinópticos, particularmente respecto a Marcos del que depende. Veremos –entonces- lo que es propio de este Evangelio.

La escena anterior (16,28) había dicho que “algunos (de los presentes) no padecerán la muerte hasta que vean al hijo del hombre venir en su reino”. Los tres elegidos para la transfiguración parecen ser los “algunos” mencionados.

En primer lugar,  en seguida de afirmar que se transfiguró delante de ellos añade que “su rostro brilló como el sol” y luego continúa con los vestidos (v.2).

Pedro llama a Jesús “Señor” y no “rabbí”, título prohibido (cf, 23,8). Y el texto omite que Pedro “no sabía qué responder porque estaba atemorizado” (Mc 9,6).

Al dicho de la voz desde la nube “este es mi hijo amado” Mateo agrega “en el que me he complacido” (v.5). Ante este hecho “cayeron sobre su rostro y temieron” (el temor, como se ve no se trata aquí de miedo y desconcierto sino de temor reverencial). Jesús los toca y les dice “levántense, no teman” (v.7).

Dejando pequeños detalles que comentaremos, esto es lo propio del relato de Mateo. Veamos entonces qué quiere destacar el Evangelista con estos elementos:

El ministerio de Jesús está marcado en Mateo por un “monte”. Allí es tentado (4,8-10), desde allí pronuncia su sermón inaugural (caps. 5-7) y allí termina su ministerio despidiéndose de sus discípulos (28,16-20). Es el lugar del encuentro con Dios y donde Dios se manifiesta. En un monte Moisés recibe las tablas (Ex 31,18), en el mismo monte Elías busca a Dios en medio de su crisis (1 Re 19,1-18). 

Se transfiguró” es preferible traducirlo por “fue transfigurado” para reforzar la voz pasiva que remite a Dios como el agente: Dios lo transfiguró. 

La referencia a las “carpas” se ha pensado como alusión a que el acontecimiento habría tenido lugar en la fiesta litúrgica de las tiendas (= tabernáculos), la fiesta más importante para los judíos; pero el contexto propio del Antiguo Testamento parece invitar a pensar en la “tienda” como lugar de encuentro con Dios (Ex 25,8) del mismo modo que lo es la nube que los envuelve (cf. Ex 40,34-35; Núm 9,18; 2 Mac 2,8).

Al descender del monte Moisés tiene su rostro radiante (Ex 34,29-35), pero en este caso es reflejo de lo que ha visto; en el caso de Jesús alude a su unidad e intimidad con Dios como hijo.

Mateo invierte el orden de Marcos (donde decía “Elías y Moisés” él dice: “Moisés y Elías”) probablemente como un modo de relacionarlos con la “Ley y los Profetas”.

También Moisés en el monte se encuentra con dos personas en una nube (Ex 24,15-18; cf. Núm 9,15-23), el verbo “escúchenlo” remite, por un lado a Moisés (Dt 18,15) pero también a la oración típica de los judíos, el “Semá” (“¡Escucha… Israel!”, cf. Dt 6,4). 

Lo que acota la voz del cielo es algo que ya sabemos desde el Bautismo, que Jesús es “hijo” (3,17) algo que Pedro había reafirmado en su confesión (16,16). La mención a la “complacencia”, por otra parte, remite al siervo de Yahvé (Is 49,1; cf. Mt 12,17-21; 16,21-23). La transfiguración es anticipo de la gloria definitiva de Jesús, pero a ella llega por la pasión y muerte. Por eso Jesús no puede quedarse en las carpas que Pedro quiere levantar en su entusiasmo, hace falta esperar a la pascua para ser testigos de la resurrección (17,9; cf. 28,16-17). 

Como nuevo Moisés y nuevo Elías es a él a quien se debe escuchar.


foto tomada de youtube