sábado, 17 de noviembre de 2018

Carta abierta a Patricia Bullrich


Carta abierta a la ministra Patricia Bullrich


Señora ministra

Desde que asumió el impresentable gobierno del que usted forma parte, su cartera, y usted particularmente, han adquirido un protagonismo que me atrevería de calificar de detestable. Demasiada sangre tendría usted sobre su conciencia, si es que la tuviera, desde la de Santiago Maldonado y de Rafita Nahuel a la de Pablo Kukok, por ejemplo. Demasiada tontería ha dicho usted (y otros de su gobierno) sobre la violencia visual, simbólica y efectiva que ejercen las fuerzas a su cargo.

Imagino que usted quiera purgar sus “pecados de juventud” y exorcizar un demonio inexistente, pero ¿sabe? Hay un país, hay un pueblo, hay “gente”, como les encanta a ustedes decir. Y, claro, hay una Constitución Nacional, una ley y unos códigos (pero bueno, esto es algo nimio que ustedes ya están habituados a bastardear, negar o saltear).

Claro que, ¿sabe?, como tiene una chequera abultada y – como tantos en su gobierno – están de los dos lados del mostrador, han comprado armamento casi como para una guerra nuclear (claro que, como es habitual en ustedes, guerra que es contra su propio pueblo) y quizás quiera seguir jugando a matar y celebrar que “vamos ganando”.

Y casi no pretendería que recuerde el preámbulo de la Constitución con eso de “todos los habitantes del mundo que quieran habituar suelo argentino” porque es evidente que para ustedes no es lo mismo un Lewis, un Benetton, un Rattazzi o un Macri – apellidos que resultan detestables o abominables para algunos; quizás muchos – que bolivianos, paraguayos, venezolanos o turcos. Y, peor todavía, si osaran u osasen andar por la calle en sentido contrario a la gendarmería.

Tampoco pretendería que usted entienda, amante como es de Netflix, que la ficción es una cosa diferente a la realidad. Sólo en las películas (que son publicidad del American Way of Life, por si no lo sabe) todos los musulmanes son malvados, perversos y terroristas. Quizás – si lograra entender mi razonamiento – me diría que algunos lo son. Y se lo concedería si usted me reconociera que son infinitamente menos los musulmanes terroristas que los capitalistas genocidas. Y, para peor, con este perverso poder judicial que ha olvidado lo que la justicia significa, ya me imagino a algún juez y fiscal relacionando a cualquier hermano islámico con el atentado a las torres gemelas. Sepa, señora ministra, que el islam es una religión de Paz, como lo son prácticamente todas las religiones. ¿qué hay fundamentalistas? No lo dude. Los argentinos tenemos y vivimos – en el presente, por ejemplo – la experiencia traumática de padecer un fundamentalismo de Mercado que asesina y mata, al decir del Papa Francisco (y perdone usted que cita a un personaje que tan malas reminiscencias les provoca).

Pero parece que ahora en su delirio tremendo quiere usted jugar el papel de policía. Y amenaza (en realidad, ha amenazado protocolarmente a toda la ciudadanía desde que asumió) recomendando, incluso, no estar en la ciudad cuando ocurra el G20. Señora ministra ¿no tenemos derecho los que abominamos de muchos de los nefastos personajes que pisotearán territorio argentino a manifestar nuestro desacuerdo y rechazo? Junto con el feriado que el impresentable presidente ha declarado, ¿se declara también suspendida la Constitución Nacional? ¿Seremos detenidos, maltratados, torturados y agraviados quienes queramos manifestar nuestro desacuerdo? ¿Nos acusarán de poner una bomba en la casa de un desprestigiadísimo juez por circular por las calles con el Código Penal? ¿No sería bueno que nos digan, en este paréntesis de humanidad, en el que el sometimiento quedará ejemplificado y visualizado, cuáles son los escasos derechos de los que podremos tener beneficios los argentinos en estos días donde quede visibilizada la sumisión y el vasallaje?

Releyendo el excelente libro de Michael Moore, Estúpidos hombres blancos (2003), encuentro una carta abierta al presidente Bush. Allí, luego de una serie de elementos muy interesantes, le formula tres preguntas: ¿George, eres capaz de leer y escribir como un adulto? (pp.59-61), ¿Eres un alcohólico? En caso afirmativo ¿cómo afecta esa condición a tus funciones como comandante en jefe? (pp.61-64) Y ¿eres un delincuente? (pp.64-67). Me permito remitirla a esas preguntas y las reflexiones que la acompañan. En mi caso personal, tratando de ponerme en su lugar, le reconozco que me sería muy complicada la vida: un pasado que quisiera negar, compañeras y compañeros que no están, cercanía con traidores, complicidad con desfalco a jubilados y hasta cierta responsabilidad, dicen, en el suicidio de un fiscal… Debe ser duro. Pero, ¿sabe? Tenemos un país, habemos unos ciudadanos, tenemos derechos, no solo deberes, y – si necesitara usted ocuparse de sanar sus “cositas”, le sugeriría – perdone la intromisión – una buena terapia. No es conveniente que descargue usted los excrementos que la habitan contra una ciudadanía y un pueblo. Piénselo, si sabe, si puede. El pueblo tiene paciencia, pero puede hacer tronar el escarmiento.


Eduardo de la Serna


Foto tomada de http://www.treslineas.com.ar/multiples-fallas-ministerio-conducido-patricia-bullrich-n-1456462.html

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Una breve nota sobre la "ideología de género"


Una breve nota sobre la “ideología de género

Eduardo de la Serna



Antes que nada, quiero señalar que creo que el tema de la que algunos llaman “ideología de género”, si se lo quiere mirar con seriedad, profundidad y respeto, es un tema muy extenso y muy amplio. Un buen análisis ameritaría gente preparada, respetuosa, abierta al diálogo y la discusión. Y no soy yo quién pueda hacerlo (no es un tema en el que me haya metido a investigar).

Sé que hay muchas y muchos investigadores con muchas y muchos puntos de análisis, teorías, enfoques que – si se quiere ser serio y no dogmático, o caricaturesco – harían necesario un buen debate.

Quiero señalar tres elementos previos:

+ Hace años pude escuchar un video de un obispo peruano, Héctor Vera Colona, Opus Dei, obispo de Ica, hablando de lo terrible que representa la ideología de género (“es lo peor que nos puede pasar” repitió el cardenal Cipriani, Opus Dei). Quizás respondiéndoles, el ministro de Cultura (Perú), Salvador del Solar, afirmó que en el nuevo Currículo Nacional “la ideología de género no existe”.

+ Hace menos años, en Colombia, se realizó un plebiscito para apoyar o no los Acuerdos de Paz con la guerrilla de las FARC. Algunos obispos, y especialmente, el “auto-percibido obispo” Alejandro Ordoñez (Fraternidad Pio X), entonces procurador general de la Nación, hicieron campaña en contra de dichos acuerdos señalando que tenía “ideología de género” (incluso recuerdo haber discutido con una señora uribista que afirmaba que los acuerdos apoyaban el matrimonio igualitario. Yo los había leído íntegramente y le afirmé que eso era falso, pero no me creyó. Ni siquiera existe la palabra “matrimonio” en todos los acuerdos). La Conferencia Episcopal colombiana esperó el fracaso de los acuerdos para afirmar que no había tal “ideología de género” en los textos.

+ Ahora podemos escuchar un video dizque explicativo de un cura, Gustavo Lombardo (Instituto del Verbo Encarnado) en una casi payasesca “conferencia” mezclando absolutamente todo. Que haya un chiflado que se crea Napoleón no transforma a los profesores de historia en perversos, ¿no? Y dejo de lado las tonterías teológicas del sujeto (¡”se pueden probar históricamente los milagros y la resurrección”, afirmó el gracioso!). Para cerrar su “ideológica” intervención termina citando al pbro. Alberto Escurra. Pareciera que citar a Goebbels le pareció demasiado.

Para empezar, me resulta curioso que toda la derecha, que antes veía demonios y serpientes en el marxismo, encuentra ahora un nuevo enemigo en la “ideología de género” (aunque Lombardo las relaciona, para ser justos… “La izquierda”, demoniza). Además, en su “emboyeré” [maravilloso término guaraní que indica mescolanza, confusión, “tohu wabohu”] ideo-pseudo-teológico mezcla la supuesta ideología de género con cualquier cosa que aluda a género, con lo que dinamita hasta la gramática. Casi nadie en su sano juicio, por ejemplo (es decir casi nadie que no sea de estas derechas) cuestiona una teología de género; nadie niega que hay elementos que son construcciones culturales; nadie ignora que hay diferentes miradas, filosofías, teologías, antropologías, sociologías, salvo quienes creen en el discurso único de la “sana teología”, que es la de ellos y no otra. Y nadie ignora – salvo los miopes bonsái ideo-teológicos – que, viviendo en una sociedad plural, los cristianos podemos presentar y decir una palabra (aunque en lo personal, si esa palabra la dijera Lombardo, la UCA o el Dr. Albino, yo “paso”) pero que sería sano, respetuoso y razonable escuchar las de otros.

Por ejemplo, yo no sé si estaré o no de acuerdo con Judith Butler, pero creo que sería muy sensato escucharla, leerla y comentarla. No es una “tontita” que anda por el mundo tirando slogans perversos (eso me resulta más acorde con los tres casos arriba citados), propone ideas (¿alguien no?), y, si no estuviéramos de acuerdo, sería lógico argumentar alternativamente. Escuchar tonterías, como las del cardenal Sarah, prefecto de la congregación para el Culto y los sacramentos, que existen "dos fuerzas diabólicas: el ISIS o Estado Islámico y la teoría del género" (mayo de 2016) no contribuyen al diálogo, ciertamente. Y, en nuestro caso, no ayudan en nada a que, si el tema se tratara o debatiera, alguien manifestara interés alguno en escuchar lo que los cristianos tenemos para decir.

Lo cierto es que mirando quiénes son los que hoy levantan las banderas de la lucha contra la “ideología de género” debo decir que “ideológicamente” me siento en las antípodas. Pero, como dije, no es un tema que haya profundizado (aunque me llame negativamente la atención quiénes son los “enemigos” de la ideología en cuestión, lo repito). Como dice un compañero: “no estoy dispuesto a meterme en la cama de los demás”. Y – añado – no estoy dispuesto a tratar a nadie como “tontos” (infantilizados) que necesitan que nosotros les digamos lo que está bien y lo que está mal. Sí creo que es bueno que, quienes están seria y respetuosamente preparados para ello, dialoguen y presenten miradas que ayuden a pensar juntos y con todos, un mañana mejor para todos, todas y todes.


Imagen tomada de https://www.planetadelibros.com.ar/libro-el-genero-en-disputa/230762

martes, 13 de noviembre de 2018

Comentario domingo 33B

Los signos y los conflictos muestran el camino del Hijo del Hombre

DOMINGO TRIGESIMOTERCERO - "B"


Eduardo de la Serna


Lectura de la profecía de Daniel     12, 1-3

Resumen: la batalla entre dos bandos llegará  a su fin y el “jefe del ejército celestial”, Miguel, salvará a su pueblo luego de un tiempo de angustia. Y los que fueron fieles y están inscritos en el libro, “brillarán como los astros” y se levantarán de la muerte.

El libro de Daniel está concluyendo (los capítulos 13 y 14 son añadidos en la Biblia griega). El acento está puesto en un libro en el que se han inscrito los nombres de algunos y es posible que se inspire en Jer 30. Se trata del “libro de la vida” que en la literatura posterior desempeñará un papel importante (Sal 69,29; Fil 4,3 y Ap 3,5; 13,8; 17,8; 20,12.15; 21,27; 22,19). Son frecuentes los registros con nombres (cf. Ex 32,32). El autor pretende aquí dar una respuesta, o comienzo de una, sobre el tema de los muertos. El gran problema, propio de la literatura apocalíptica, es el de los muertos provocados por los enemigos a causa de su fidelidad. ¿Cómo es posible que los muertos sean matados si nosotros sabíamos que los justos serán bendecidos por Dios (entre otras maneras, con una larga vida)? ¿Cómo es posible que los malos triunfen? Esto es visto como un “misterio” (término frecuente en la literatura apocalíptica), algo que no podemos comprender del plan de Dios en la historia, pero que en algún momento se “revelará” (recordar que “apocalipsis” significa “revelación”). Dios revelará lo que ocurre con los justos, incluso después de muertos. [Para ser precisos no todos los apocalipsis esperan una resurrección de los muertos, pero sí es el caso de muchos, y entre ellos del texto de Daniel que toca comentar].

Esta situación es imaginada como una lucha entre dos ejércitos, el ejército del mal (en el caso de Daniel, los griegos seléucidas que matan a los que se mantienen fieles a Israel; en el caso del Apocalipsis los romanos que intentan imponer por la fuerza el culto al Emperador) y el ejército del bien y la vida. La lucha será dura y el “pueblo” padecerá mucha “tribulación” (thlipsis) hasta que llegue Miguel y lo salve. Él conduce el ejército y la lucha con el Diablo (que en la literatura apocalíptica tiene muchos nombres: Satanás, Belial, Belzebul, serpiente antigua, etc…; ver Ap 12,7 [es extraño a la Biblia pensar que Satanás pelea con Dios, y es casi idolátrico. La lucha – simbólica, apocalíptica – es entre dos ejércitos conducidos por dos generales y – evidentemente – la Biblia no ve a Dios como un general sino, en este caso, como un rey]).

La novedad, en este caso es que los muertos – imaginados como durmientes – se levantarán (anístêmi; cf. Ez 37; Is 26,19; 66,23-24). Algunos se transformarán en estrellas o astros y brillarán por toda la eternidad. Pero esto todavía es algo que ha de esperar un tiempo (“en aquel tiempo”, “entonces”) que anticipadamente la literatura apocalíptica simplemente “revela”.


Lectura de la carta a los Hebreos     10, 11-14. 18

Resumen: el contraste entre la ofrenda de cada año de los sacerdotes antiguos y la ofrenda “de una vez para siempre” de Cristo revela al autor de la carta la eficacia y perfección de su sacerdocio definitivo.


La carta a los Hebreos sigue contrastando el sacerdocio antiguo con el único sacerdocio nuevo de Cristo. La frase clave es que esto es “de una vez para siempre”. El contraste viene dado entre las ofrendas, “muchas veces los mismos sacrificios”, de los sacerdotes antiguos y el “único sacrificio” de Cristo. Para el autor, la repetición constante (cada año) revela la ineficacia. 

Una nota sobre los “sacrificios”. El término “sacrificio” es muy ambiguo y se presta – o puede prestarse – a malos entendidos. En su origen significa que algo “es hecho sagrado” (sacrum faciens). Un cordero, por ejemplo (que es un animal apto para el sacrificio, ya que no cualquiera lo es; algunos dicen que es como una suerte de “comida de Dios” y lo que no se puede comer, por ser impuro – un cerdo, por ejemplo – tampoco puede presentarse en sacrificio. Quizás sea exagerado pero es ilustrativo) para ser hecho sagrado ha de presentarse en el Templo y – se está pensando especialmente en el sacrificio de corderos para la fiesta anual de la Purificación en la que el Sumo Sacerdote entra por única vez en el año en la parte exclusiva del Templo llamada “Santo de los Santos” – y es quemado íntegramente para que el humo llegue hasta Dios. El sacrificio es sangriento y para ello el cordero es “transformado”. Propiamente hablando, es evidente que la muerte de Jesús no fue un sacrificio sino un crimen. Nadie realizó ningún ritual en la ejecución, nadie presentó a Dios la ofrenda. Lo que hubo fue un juicio (fraudulento, por cierto) y una pena de muerte. El autor de Hebreos, que hace una lectura espiritual, o simbólica, lo interpreta en esa clave como tal. Sin duda que puede decirse que Jesús “hizo santa” su ofrenda de vida, su auto-donación, pero propiamente hablando no se trató de sacrificio.

El hecho de que los sacrificios se repitan manifiesta que no han quitado el pecado. Precisamente la donación de sí de Cristo ha quitado definitivamente el pecado de la humanidad. Obviamente, si ya no hay pecado, ya no hay necesidad de ofrenda. 

Y, culmina, esto “perfecciona” a los que “santifica”. El término “perfeccionar” es muy frecuente en la carta (x9) y en Núm 3,3 – la versión griega de LXX – se aplica al sacerdocio de “los hijos de Aarón” (literalmente dice que “hizo perfectas las manos”). En 10,1 había dicho que la Ley, que es sombra, “nunca puede hacer perfectos a los que se acercan”. Ahora destaca que mediante una única ofrenda “lleva a la perfección a los santificados”.


Evangelio según san Marcos     13, 24-32


Resumen: usando imágenes tomadas de la literatura apocalíptica (venida cósmica del hijo del hombre) y de la vida cotidiana (brotes de la higuera) Jesús anuncia la inminencia de su venida lo que invita a la comunidad a tener una actitud de confiada esperanza.

Como es habitual a fines del año litúrgico las lecturas hacen referencia al fin de los tiempos, a la venida de Jesús. El clima es de “conflicto” (thlipsis). El acento del texto litúrgico viene puesto en el “después” de las diferentes etapas que ha venido señalando el discurso; el personaje futuro esperado en muchos textos apocalípticos, el hijo del hombre (cf. Dan 7,13), aparecerá en medio de imágenes cósmicas también frecuentes en las imágenes apocalípticas del fin, o del “día de Yahvé” (cf. Jl 2,10; 3,15; Is 13,10; 34,4; Ez 32,7-8; Am 8,9; y en el NT: Hch 2,20; Ap 6,12-14; 8,12; 9,2) llegando entre nubes con gloria y poder (cf. 8,38; 14,62; Mt 10,23; 1 Tes 4,13-18; cf. Dn 7,13). La idea está puesta en que lo antiguo ya no cuenta porque la novedad inaugurada por el hijo del hombre señala el comienzo del mundo nuevo; la transformación que se avecina es absoluta y el hijo del hombre pretende reunir junto a él a los elegidos, término que alude a Israel (ver Dt 30,4-5; Is 11,11.16;27,12; 60,4-5; Ez  39,27; Os 11,10-11 Zac 2,6-112 [LXX] y apócrifos como 1 Henoc y 2 Esdras) reunidos de los cuatro vientos de la tierra.

La imagen de la higuera sirve para aludir al breve tiempo intermedio entre las flores y el fruto para aludir al tiempo limitado que habrá entre la destrucción del Templo anunciada en 13,2 y la venida del Hijo del hombre. La parábola invita al discernimiento; hay que saber leer los signos de los tiempos.

Esta generación” sin duda alude a la contemporánea a Marcos, no a Jesús. Es esa la que tiene delante de sí la credulidad o incredulidad frente a Jesús.

Por eso la comunidad está llamada a la vigilancia ya que nada permite saber el momento (ni el Hijo). La actitud vigilante es la característica de los tiempos finales, pero no la de la búsqueda de señales de la llegada sino la de la espera confiada en la venida. Los ángeles, en Dn 12,11-13 parecen querer calcular el tiempo del fin (1290 días en v.11 y 1335 en v.12), como también en Dn 9,24-27 donde la historia parece dividida en períodos. La apocalíptica es útil para vislumbrar imágenes del futuro, pero no es útil para saber todo, tiene sus límites.

domingo, 11 de noviembre de 2018

La divinidad de los pobres, los vicarios de Cristo


La divinidad de los pobres, los vicarios de Cristo


Eduardo de la Serna



No cabe duda que hablar de los pobres es entrar en un terreno de múltiples lecturas. Es un término, una idea y un colectivo verdaderamente amplio. Y, en cierta manera, es importante saber de qué y – sobre todo – de quienes hablamos y qué decimos, a fin de entendernos. El tema es amplísimo, pero intentaré señalar lo que considero fundamental “en cristiano”. Y este es mi punto de partida… hablo “en cristiano”, las consecuencias obviamente abarcan e implican lo social, lo económico, lo político, lo internacional, etc. Pero, ante todo y sobre todo, quiero pensar “en cristiano”.

I./1 En el mundo antiguo, no solamente en Israel, la preocupación por la justicia era un tema importante.

El egipcio Herkhuf en su autobiografía afirma:

Di pan al hambriento, vestí al desnudo, transporté al que no tenía barca

El dios creador afirma:
He realizado cuatro acciones buenas en el pórtico del Horizonte; he creado los cuatro vientos, para que todos los hombres puedan llenarse de él los pulmones, cada uno igual que su contemporáneo; es mi primer beneficio. He hecho la gran inundación [se refiere a la inundación del Nilo que da fecundidad a la tierra] para que el pobre tenga derecho a sus beneficios igual que el rico; es mi segunda acción. He hecho a todo hombre semejante a su prójimo; nunca les he ordenado hacer el mal, son sus corazones los que han transgredido mis preceptos; es mi tercera acción” (ANET [Ancient Near Estern Texts] 7s).
Amenemope afirma:
Guárdate de robar al pobre y de oprimir al débil. No extiendas tu mano contra un anciano que se aproxima (…) No desplaces el mojón de las lindes del campo; no alteres la posición de la cuerda de medir, no seas codicioso por un palmo de tierra ni traspases las lindes de la viuda. Guárdate de quien hace esas cosas: es un opresor del débil” (ANET 421-424)
En Mesopotamia, en Lagash y en Ur, hay referencias semejantes: 
el huérfano no fue entregado al hombre rico, la viuda no fue entregada al poderoso, el hombre de un siclo no fue entregado al hombre de una mina [una mina son aproximadamente 60 siclos, Ez 45,12]” (ANET 523-525)
El código de Hammurabi afirma:
Los dioses me llamaron y me convertí en pastor benéfico cuyo cetro es justo (…) siempre los goberné en paz, los protegí con mi sabiduría. Para que el poderoso no oprima al débil, para que se haga justicia al huérfano y a la viuda” (ANET 163-180, XXIV,40-74).
Los hititas insisten en un himno al dios Telepino:
Del oprimido, del humilde… tú eres padre y madre; la causa del humilde, del oprimido, tú, Telepino, te la tomas a pecho” (ANET 397)

I./2 Valgan estos ejemplos simplemente para notar que cuando el tema irrumpe en Israel no se trata de una novedad, aunque tenga características propias. Es evidente que los profetas, particularmente – pero no solo – Amos y Miqueas, son vehementes y muy firmes con este tema. Muchas de las cosas que dicen serían hoy irrepetibles por no ser “políticamente correctas”. Llamar a las mujeres ricas que se desentienden de la suerte del pobre “vacas de Basan” sería hasta causa de denuncia (Amós 4,1). Por todas partes insisten los profetas que para encontrarse con Dios no hay que recurrir al culto sino a encontrarse con los (y las) demás como hermanos en la búsqueda y práctica del “derecho y la justicia” (mishpat wetzedaqá; el par se encuentra 173x en la biblia hebrea). Es decir, lo que Dios quiere, y donde nos encontramos con Él, no es en el templo (Jer 7,5), no es en el ayuno (Is 58,7), las oraciones (Am 5,24), los santuarios (Os 8,11-13) sino en el hermano y la hermana. Ese es el motivo por el que las leyes de Israel no miran la propiedad privada sino, por encima de todo, la vida del hermano. No puede prestarse dinero a usura al hermano, ni esclavizar al hermano (Dt 15,3.12). Y si alguien tuviera alguna deuda y nadie pudiera condonarla, Dios mismo se hace garante del pobre (es el go’el, Lev 25,25-28). Es que Dios es padre y protector del huérfano y de la viuda (Sal 68,6; 146,9; comparar con el 94,6).

Por eso, cuando Israel ya no puede aplicar su propia ley por ser un pueblo sometido, empieza a cobrar valor la limosna. Esta se encuentra en algunos de los últimos libros del AT (Tobías y Sirácida) y se entiende como un ocuparse de la vida del pobre (del cual la ley imperial se desentiende; todo lo contrario de lo que debiera ser y hacer un buen rey para Israel, ver Sal 72).


II./1 Entrando en el Nuevo Testamento, Pablo cuestiona a los cristianos de Corinto sus eucaristías. Los ricos no esperan la llegada de los pobres en las asambleas y entonces, unos pasan hambre mientras otros se emborrachan; y Pablo dirá con firmeza: “eso no es comer la cena del Señor” (1 Cor 11,20), el que no reconoce que el pobre es miembro de su cuerpo eclesial “come y bebe su propio castigo” (v.29).

II./2 Jesús de Nazaret, el judío marginal, no se desentendió del sufrimiento de sus hermanos. La compasión (conmoción de las entrañas, splagjnizomai) es causa fundamental del obrar de Jesús, sea para curar un leproso (Mc 1,41), resucitar un hijo único de una viuda (Lc 7,13) o alimentar una multitud (Mt 15,32). Es que así es Dios (Mt 18,27; Lc 15,20) y así nos invita Jesús a ser con el hermano (y la hermana; Lc 10,33).

Por desentenderse del hermano (y la hermana) Jesús es sumamente duro con los ricos. La referencia a la imposibilidad de que pase un camello por el ojo de una aguja es ciertamente imagen clara de la imposibilidad (Mc 10,25). De hecho, al rico que le pregunta cómo tener vida, Jesús le repite los mandamientos añadiendo “no defraudes” (aposteréô, 10,19). El término se utiliza para indicar la actitud del fuerte que puede aprovecharse de la debilidad del pobre (Sir 4,1), “el pan del necesitado es vida del pobre, quien lo defrauda es un hombre sanguinario” (Sir 34,21). “Mata a su prójimo quien le arrebata su sustento, vierte sangre quien quita el jornal al jornalero” (Sir 34,22). Malaquías repite: “Yo me acercaré a ustedes para el juicio, y seré un testigo expeditivo contra los hechiceros y contra los adúlteros, contra los que juran con mentira, contra los que oprimen al jornalero, a la viuda y al huérfano, contra los que hacen agravio al forastero sin ningún temor de mí, dice Yahveh Sebaot” (Mal 3,5). Y Santiago, en uno de los textos más duros del NT contra los ricos les insisite: 
Y ahora les toca a los ricos: lloren y griten por las desgracias que van a sufrir. Su riqueza está podrida, sus ropas apolilladas, su plata y su oro herrumbrado; y su herrumbre atestigua contra ustedes, y consumirá sus cuerpos como fuego. Ustedes han amontonado riquezas ahora que es el tiempo final. El salario de los obreros, que no pagaron (apesterêménos) a los que trabajaron en sus campos, alza el grito; el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor Todopoderoso. Ustedes llevaron en la tierra una vida de lujo y placeres; han engordado y se acerca el día de la matanza. Han condenado y matado al inocente sin que él les opusiera resistencia” (Sgo 5,1-6). 
Lo que Jesús le pide al rico es cumplir con el mandamiento del hermano. No hacer justicia con el pobre, no ocuparse de su suerte, es comparable a un asesinato, a “derramar su sangre”.

No se trata, entonces, solamente de “dar pan”, sino también insistir en la justicia. Justicia que lleva a vivir como hermanos (y hermanas) ya que no solamente Dios se “conmueve” ante el sufrimiento, sino que no es sordo al clamor,que es el grito del que sufre. Se conmueve por la sangre de Abel, que clama (Gen 4,10) y por los latigazos que les infligen los capataces a los esclavos en Egipto (Ex 2,23; 3,7). De hecho es interesante el juego de palabras (perceptible en hebreo) que hace Isaías diciendo que “esperaba mishpat y hubo mishpah, esperaba tzedaqá’ y hubo tzehaqa’…” (5,7). Esperaba derecho y justicia, pero hubo derramamiento de sangre y hubo “clamores”, gritos de dolor. El clamor – ante el que Dios no puede permanecer indiferente – es todo lo contrario de lo que debiéramos provocar. El grito del pobre llega a Dios, porque es un dolor causado.

Pero no necesariamente se trata de que el rico lo cause (aunque ciertamente es posible y habitual). La parábola del pobre Lázaro y el rico anónimo (Lc 16,19-31) es muy clara: en ningún momento se señala que el rico sea injusto con el pobre. Pero no se ha preocupado por la suerte de su hermano, se ha desentendido de su dolor. Y entonces se ejemplifica narrativamente la bienaventuranza y su correspondiente “ay”:
-       Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios
-       Ay de ustedes, los ricos, porque ya han recibido su consuelo (Lc 6,20.24).

No se trata de que sea malo ser rico, lo que sí lo es, es no preocuparse por el hermano. Es por eso que la inversión de las situaciones que ya canta proféticamente María la que celebra que Dios “Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada” (Lc 1,52-53) se concreta en las comunidades que viven conforme a lo que Dios quiere: “no había necesitados” “todo era común entre ellos”, “vendían las posesiones y repartían el precio entre todos según la necesidad de cada uno” (Hch 2,44-45) “nadie llamaba suyos a sus bienes” (4,32.35).

II./3 El cristianismo de la segunda generación fue creciendo en número, y muchos ricos se incorporaron a las comunidades (no parece sensato imaginar, como se hizo un tiempo, que las primeras comunidades fueran todas y sólo de clases pobres y marginales). Lucas se ocupa – como vemos – de señalarle a los ricos que sí se pueden salvar (cosa que parecía imposible en Marcos con el camello y el ojo de una aguja): si comparten sus bienes ganarán un tesoro en el cielo y amigos que los recibirán en las moradas eternas (Lc 16,9). Los discípulos de Pablo se ocuparán de insistir que “la codicia es una forma de idolatría” (Col 3,5) y que “la raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Tim 6,10).

II./4 Es necesario decir una palabra sobre el Evangelio de Mateo. En su versión de las bienaventuranzas, Mateo “espiritualiza” lo que había dicho Jesús. Por ejemplo, la bienaventuranza de los que tienen “hambre” (Lc 6,21) se transforma en “los que tienen hambre y sed de justicia” (Mt 5,6). En ese sentido se ha de entender la referencia a los “pobres de espíritu” (es interesante que el término pobres, ptôjos, se encuentra 158x en la Biblia, sólo acá se refiere a “pobres de espíritu” (5,3), aunque se encuentra también en Qumrán (1QM 14,7: El Dios de Israel “ciñe los riñones de los lomos quebrados. En los pobres de espíritu [...] al corazón duro. Por los perfectos del camino serán destruidas todas las naciones impías); el término se asemeja a los anawim, los humildes. Mateo retoca la bienaventuranza para transformarla en un modo de vida. Ser humilde, en especial frente a los bienes, dejando a Dios en el centro (y no al dinero) es la propuesta de Mateo. Pero de ninguna manera ha de entenderse que el Jesús mateano se desentiende de los pobres. De hecho, en el “test” del cristiano que Mateo propone en el juicio final (Mt 25,31-45) insiste en que es indispensable dar de comer al hambriento, de beber al sediento con quienes Cristo se identifica…


III. Terminado el tiempo bíblico, los primeros siglos fueron pródigos en textos llamando a la solidaridad y al cuidado del pobre. Los textos de los santos Padres son abundantes hasta casi el exceso. Me permito citar solamente algunos muy conocidos:

«Así son los ricos: por haberse apoderado primero de lo que es de todos, se lo apropian a título de primer ocupante. Si cada uno tomara lo que cubre su necesidad, y se limitaran a dejar lo demás para quienes lo necesiten, nadie sería rico, nadie pobre» (San Basilio [330-379], homilía sobre la parábola del rico insensato)

«Tú posees muchas riquezas: ¿de dónde te vienen, pues? De que has preferido gozar tú solo de ellas antes que socorrer con ellas a muchos. Esto está clarísimo. Por tanto, en la medida en que abundas en riquezas, en esa misma medida estás falto de caridad» (san Basilio, homilía sobre el joven rico).

«A la puerta están tendidos mil Lázaros (…) pero gritan y no se les oye, pues lo impide el sonido de la orquesta y los coros de cantos espontáneos y el estrépito de las carcajadas. Pero si llegan a molestar un poco más en las puertas, salta de cualquier rincón un portero canallesco del amo cruel, y los echa a palos, o llama a los perros y los azota en las mismas heridas. Y así, los amigos de Cristo tienen que marcharse, llevando de propina insultos y golpes, y sin haber conseguido un pedazo de pan o un bocado de comida, ellos que son el resumen de los mandamientos. Y dentro, en esa morada de Mammón, unos vomitan la comida como naves sobre oleajes, y otros se duermen sobre la mesa junto a las copas mismas» (san Gregorio de Nisa [335-394] Homilía sobre el amor a los pobres).

«Ya se los he dicho mil veces: las riquezas, acompañadas de buenas obras, son buenas ellas también. ¿cómo son buenas? Si con ellas se remedia la pobreza y se socorre a quienes lo necesitan. Me dirán: “¿Ya está otra vez metiéndose con los ricos?” Pero yo les digo: ¡Ya están otra vez ustedes contra los pobres!” (…) Si ustedes no se hartan de devorar y tragarse a los pobres, yo no me harto de echárselos en cara» (san Juan Crisóstomo [344-407] expos. Salmo 48.4).

«Aprendamos a pensar como corresponde, y a honrar a Cristo, así como él quiere ser honrado. Para quien recibe un honor, el honor más grato es el que él quiere, no el que nosotros imaginamos. Pedro pensaba que honraba al Señor al no permitirle que le lavara los pies. Pero esto no era un honor, sino lo contrario. Tú hónralo con este mismo honor que El estableció por ley: gasta tus riquezas en los pobres, porque Dios no tiene necesidad de vasos de oro, sino de almas de oro» (san Juan Crisóstomo, Homilías sobre san Mateo 50,3).

«A los que no ambicionan las riquezas ajenas, pero con todo no distribuyen generosamente las suyas, se les debe aconsejar que con mucha diligencia consideren que la tierra de la que ellos se proveen es común a todos los hombres, y que da frutos para todos. Los que quieren exclusivamente para sí lo que Dios ha dado para todos deben ser considerados culpables, porque cuando no dan de lo que han recibido, están contribuyendo a la muerte de sus prójimos: por guardarse los subsidios de los pobres que mueren de hambre los hacen morir» (san Gregorio Magno papa [540-604] Regla pastoral III/ cap 21).

«No es parte de tus bienes lo que tú das al pobre; sino que le devuelves lo suyo. Porque lo que es común y ha sido creado para el uso de todos, te lo usurpas tú solo. La tierra ha sido dada para todos no solo para los ricos». (san Ambrosio [339-397] Libro de Nabot c.12, n. 53).

«Con razón habla el evangelio de riquezas “injustas”, pues todas las riquezas no tienen otro origen que la injusticia, y no se puede hacer uno dueño de ellas a no ser que otro las pierda o se arruine. Por lo cual me parece muy exacto aquel refrán popular que dice que: Todo rico es ladrón o hijo de ladrón» (san Jerónimo [347-419] carta a Hedibia 120.1).


IV. Sería injusto decir que con Constantino la Iglesia “apostató” o “traicionó” de sus fuentes. De hecho, muchos de los escritores aquí citados son post constantinianos. Eso no impide reconocer aquello que dijo el poeta al enviar a Constantino al infierno porque por él “vino el primer Papa que fue rico” (Ahi, Costantin, di quanto mal fu matre, non la tua conversion, ma quella dote che da te prese il primo ricco patre!». [Divina Commedia, Inferno, Canto XIX 115-117]).

Tampoco sería justo afirmar que “la Iglesia” se olvidó de los pobres y se “casó” con los ricos. Cientos de textos y de sujetos lo desmentirían, desde Francisco de Asís a las Beguinas, para limitarnos al medioevo.


V. La así llamada “Doctrina Social de la Iglesia” (desde fines del s.XIX) ha intentado, con mejores o no tan buenos textos insistir en una serie de temas que hacen a la “cuestión social”, profundizando la “Propiedad primada”, la vida (y muerte) de los pobres, y la actitud de los ricos. Es sabido, por ejemplo, la insistencia (que no encontró el debido eco) de Juan XXIII al referir a la Iglesia como Iglesia de los pobres en el concilio Vaticano II. También el eco encontrado en América Latina desde la asamblea de Medellín y la teología de la liberación.


VI. Resumamos: la Iglesia es Iglesia de los pobres porque Jesús es el mesías de los pobres (consagrado con la unción [ungido, = mesías, = Cristo] para anunciar buenas noticias a los pobres; Lc 4,18 releyendo Is 61,1). La Iglesia se juega su fidelidad a Jesús, a los Evangelios y a la Tradición en su militancia en favor de los pobres y en la denuncia de las causas y su vida amenazada.

No se trata, como se ve de algo socio-político en un primer momento. Es algo divino. Se trata de Dios. Pero el Dios judeo-cristiano no es ese al que se lo encuentra en las nubes. Es un Dios tan parecido al ser humano que este es creado a su imagen (Gen 1,26) tanto que es “apenas inferior a Dios” (Sal 8,6). Pero es evidente que todo lo que afecte benéfica o maléficamente a los seres humanos tiene implicancias económicas, sociales, políticas… Y – obviamente – a quienes tengan en estos terrenos su mirada principal les resultará coincidente o confrontativo el discurso o la praxis de defensa de la causa de los pobres. Pero mal haríamos los seguidores del Nazareno en callar para no molestar, no ofender o no ser malinterpretados. Ya sabemos que en nuestro tiempo “sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social” ya que hay “ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres” (Juan Pablo II, Discurso inaugural en Puebla [28/1/79] III,4)

«Permítanme que desde los pobres de mi pueblo, a quienes represento, explique entonces brevemente la situación y actuación de nuestra Iglesia en el mundo en que vivimos, y reflexionar después desde la teología, sobre la importancia que ese mundo real, cultural y sociopolítico, tiene para la propia fe de la Iglesia. (…)
«El constatar estas realidades y dejarnos impactar por ellas, lejos de apartarnos de nuestra fe, nos ha remitido al mundo de los pobres como a nuestro verdadero lugar, nos ha movido como primer paso fundamental a encarnarnos en el mundo de los pobres. En él hemos encontrado los rostros concretos de los pobres de que nos habla Puebla. (cfr. 31 -39). Ahí hemos encontrado a los campesinos sin tierra y sin trabajo estable, sin agua ni luz en sus pobres viviendas, sin asistencia médica cuando las madres dan a luz y sin escuelas cuando los niños empiezan a crecer. Ahí nos hemos encontrado con los obreros sin derechos laborales, despedidos de las fábricas cuando los reclaman y a merced de los fríos cálculos de la economía. Ahí nos hemos encontrado con madres y esposas de desaparecidos y presos políticos Ahí nos hemos encontrado con los habitantes de tugurios, cuya miseria supera toda imaginación y viviendo el insulto permanente de las mansiones cercanas. (…)
«Creemos que ésta es la forma de mantener la identidad y la misma trascendencia de la Iglesia. Insertarnos en el proceso socio-político real de nuestro pueblo, juzgar de él desde el pueblo pobre e impulsar todos los movimientos de liberación que conduzcan realmente a la justicia de las mayorías y a la paz para las mayorías. Y creemos que ésta es la forma de mantener la trascendencia e identidad de la Iglesia porque de esta forma mantenemos la fe en Dios. (…)
«Los antiguos cristianos decían: "Gloria Dei, vivens homo", (la gloria de Dios es el hombre que viva). Nosotros podríamos concretar esto diciendo: "Gloria Dei, vivens pauper". (La gloria de Dios es el pobre que viva). Creemos que desde la trascendencia del evangelio podemos juzgar en qué consiste en verdad la vida de los pobres; y creemos también que poniéndose del lado del pobre e intentando darle vida sabremos en qué consiste, la eterna verdad del evangelio». (san Oscar Romero, discurso al recibir el doctorado Honoris Causa en la Facultad de Teología de Lovaina el 2 de febrero de 1980).

Foto tomada de lacapital.com.ar


jueves, 8 de noviembre de 2018

Inficionados


Inficionados

Eduardo de la Serna



Una de las cosas que nos dejó clara la dictadura cívico-militar era que muchos, casi todos quizás, estábamos “inficionados” de marxismo. Puesto que el marxismo campeaba, según ellos, fue tarea ardua “desinfectar” a la sociedad. Otra dictadura, la paraguaya, después de “sólo” 40 años de desertificar las mentes guaraníes, afirmó, poco antes de caer, que había que eliminar a los marxistas, a los filo-marxistas, a los cripto-marxistas y a los para-marxistas.

A Orlando Yorio, en la tortura le dijeron “sabemos que ustedes no son guerrilleros, ni están armados, pero hacen pensar a la gente y eso es subversivo”. Además, había que sumar a los “idiotas útiles”. La cosa es que, para la intelectualidad armada, pocos son los que se salvan en ese extraño occidente cristiano “avant la lettre” o “a la carta”, o “de diseño”…

La cosa es que millones estaban (estábamos) infectados de ese perverso mal. Infectado, infiltrado es lo mismo. Lo que importa es el mal a erradicar.

Claro que, peut être, quizás, a lo mejor, el problema era la infición que había en la “mente” (sic) o ideología que sustentaba la dictadura con iniciativa y aliento civil y bendición eclesiástica (para las cuales el marxismo era la mismísima encarnación de Satán, Belzebú, Lucifer, Belial, o todos ellos insieme). Y, entonces, lo que no encajaba en su esquema inficionado era tenido por marxismo, o leninismo, o guevarismo, o castrismo, o maoísmo, o estalinismo, o trotskismo que es todo igual y lo mismo como cualquiera sabe. ¡Zurdos y listo!

Pero, aparentemente, terminó la dictadura, y la infección que nos inficionaba parece no haber hecho estragos infectando la sociedad. ¿O sí? ¿O qué otra cosa es el castro-chavismo-lula-kirchnerismo, sino? (y sumemos luguismo, correísmo, evismo, y cientos de otros ismos perversos que se resumen en el más perverso de todos: el populismo).

Quizás, sólo quizás, la dictadura haya terminado, aunque los desaparecidos siguen desaparecidos, los niños apropiados siguen mayoritariamente apropiados, y muchas creaciones dictatoriales reviven como la deuda externa, la represión chocobárica, lacrimógena o “a la pimienta” o sencillamente los presos políticos o asesinados que “no le importan a nadie” de los inficionados de dictadura.

Puesto que algunos lo repetirán (incluso intraeclesialmente) quiero decirlo yo anticipadamente ya que “a confesión de parte, relevo de prueba”: estoy inficionado, infectado, infiltrado. El Evangelio que Jesús, el mesías de los pobres que quiere comunicarles a ellos “buenas noticias” es mi lugar desde el que quiero vivir, celebrar, sufrir, militar "malgré tout". Sé que en mi vida he tenido errores, pecados, metidas de pata, y hasta miserias. Cuando he podido creo haberlas remediado. Pero no tengo en mi conciencia haber negado, traicionado, ignorado el mundo de los pobres. Tampoco niego errores pasados, presentes y seguramente futuros en esto. Pero siempre (hasta ahora al menos) creyendo y convencido de estar, pensar y obrar “desde el lugar del pobre”. Y no quiero vacunarme.

Estoy inficionado. Lo repito. Los curas opp estamos inficionados. Y quisiéramos que esa infección infecte todo, esa infiltración se infiltre por doquier. Sabemos que eso es subversivo. Lo somos. Queremos subvertir este sistema en el que los pobres no cuentan más que a la hora de votar (o de decir que lo hicieron, voto electrónico mediante); queremos subvertir un mundo en el que los negros, bolitas-paraguas, villeros, cabecitas o kabezas, choriplaneros o simplemente “los nadies” no existen porque sabemos que “otro mundo es posible”, porque queremos “un mundo en el que quepan muchos mundos”; queremos subvertir una Iglesia vertical (o verticalista) donde hay arriba y abajo, para soñar una Iglesia de los pobres, una casa de los hermanos y las hermanas. No estoy dispuesto a pedir perdón si alguien se ofende por eso, sí a llamarlo a conversión; pedir perdón por celebrar una misa por la paz, el pan y el trabajo porque algunos se sintieron mal me suena a “agachada”. Y creo que, si a algunos les molesta, deberíamos inocularles una buena dosis de Evangelio para que se infecten del hedor de los pobres, se inficionen de barro y mates, se infiltren de esa enfermedad que contagia el Nazareno marginal que se llama solidaridad. C’est tout!


Foto tomada de ABC.es

martes, 6 de noviembre de 2018

Comentario domingo 32B

El ejemplo de una mujer, viuda, pobre y discípula

DOMINGO TRIGESIMOSEGUNDO - "B"


Eduardo de la Serna



Lectura del primer libro de los Reyes     17, 8-16

Resumen: Una mujer viuda extranjera es beneficiada por el profeta que le pronuncia una palabra de parte de Dios en la cual la mujer cree, poniendo en práctica lo dicho por Elías.


En 1 Re 17 comienza una gran unidad en la que el profeta Elías será protagonista y que será continuada por otra sobre Eliseo que concluye en 2 Re 13 con varias intercalaciones. El contexto histórico del tiempo de Elías comienza con el reinado de Ajab y, especialmente, el conflicto con su esposa Jezabel, la reina fenicia, hija del rey de Sidón (que continúa ejerciendo autoridad aun a la muerte de su esposo). Para un profeta celoso de los derechos del Dios de Israel la introducción de los dioses fenicios (Baal especialmente) y sus ministros resulta algo intolerable. Veamos brevemente algunas ideas introductorias.

Elías significa “Yahvé es mi Dios” lo cual es claramente un nombre programático. A repetirlo dedicará su vida el profeta.

Baal: en realidad significa “señor”, es el nombre de respeto con el que los cananeos se dirigen a su Dios principal, Hadad. La Biblia evita nombrarlo (salvo en el caso de los nombres que incorporan divinidades como es el caso de Ben-Hadad, hijo de Hadad, rey cananeo, cf. 1 Re 20,1). De Baal se esperan tormentas y – por tanto – fecundidad. En Israel muchos han tomado a Yahvé como el Dios nacional pero aceptado también otros dioses y diosas (incluso pareciera que muchos afirmaban que Yahvé tenía una diosa como esposa, Aserá). Así, por un lado Yahvé cuida a su pueblo pero Baal, por ejemplo, garantiza la fecundidad.

Sequía: en una región subtropical con estación seca como es la tierra de Israel una temporada de pocas lluvias es terrible ya que representa uno o dos años sin buenas cosechas y poco ganado. Elías anunciará una sequía (17,1) precisamente para mostrar que es Yahvé y no Baal quien garantiza la fecundidad o su ausencia en la tierra de Israel. Claro que este anuncio – y su realización – empieza a desatar el conflicto entre Elías y la casa real. Primero debe esconderse (17,2-7) y luego dirigirse a territorio extranjero. Aquí sucede el relato de la liturgia, en Sarepta, tierra de Sidón.

Yahvé se dirige a Elías diciéndole que se dirija a Sarepta y que “ha ordenado a una mujer viuda que le suministre alimento”. Sin embargo, la mujer no parece estar enterada de esto. Sin duda ha de entenderse que Elías ha de ser quién le comunique a ella la voluntad de Dios, cosa que hará (v.14).

La mujer es presentada como viuda. En Israel las viudas (y los huérfanos) son presentados como paradigma de “pobres”. Es desposeída y desprotegida. Si no tiene quienes se ocupen de ella – cosa que todo buen judío debiera hacer – está condenada a la miseria o a ser víctima de la injusticia (cf. Ex 22,21; Is 1,17). 

La sequía parece también hacer efecto en esta región ya que la mujer no tiene más que un poco de harina y un poco de aceite. Sólo le queda esperar la muerte y de su hijo único (v.12). 

La escena es bien presentada: Elías ve a la mujer recogiendo leña para su última torta. Le pide agua, cosa que la mujer – en total coherencia con la normativa de hospitalidad – le trae. Pero al pedirle también un poco de pan ella narra la escasez. Elías como hombre de Dios le dirá “no temas” para pedirle su porción y asegurarle que “el Dios de Israel” (en territorio de Baal) le dice que no se le agotará ni la harina ni el aceite hasta que vuelva la lluvia. La palabra del profeta es escuchada y ella “hizo según la palabra de Elías”. Comieron los tres y ni el cántaro de harina se vació ni se agotó la aceitera “según la palabra que Yahvé había dicho por boca de Elías”. Ciertamente resultan contrastante las dos mujeres de Sidón con las que Elías se encuentra, la reina que intenta llenar – y lo logra – de profetas de Baal la tierra de Israel, y Elías, profeta de Yahvé, que se dirige a tierra fenicia y es escuchado por una cananea.

 
Lectura de la carta a los Hebreos     9, 24-28

Resumen: Cristo ha entrado de una vez para siempre en el santuario auténtico que se encuentra en el cielo y desde allí plenifica los sacrificios haciendo que ya un tengan sentido porque el suyo ha sido perfecto.


En 8,1-6 – siempre siguiendo la lectura espiritual del A.T. – el autor de Hebreos había señalado que Moisés en el monte había visto el templo “original” cuyo modelo debería repetir (Ex 25,40) en la tienda que haría en el desierto. Eso significa que el Templo verdadero está en el cielo y Jesús, por la resurrección (que es lo que lo constituye sacerdote) entra en él. Jesús es ministro de aquel santuario (8,2), que ya no es “hecho por las manos humanas” (9,11-24, lo cual parece insinuar algo idolátrico en el viejo culto, ya que es de los ídolos de los que se afirma que son “hechura de manos humanas” (jeiropoíêtos), cf. Lev 26,1.30; Jdt 8,18; Sab 14,8; Is 2,18; 10,11; 16,12; 19,1; 21,9; 31,7; 46,6; Dn 5,5.23; 6,28; algo semejante se dice en Mc 14,58; Hch 7,48; 17,24; y referida a la circuncisión en Ef 2,11).

La ofrenda de Cristo, leída espiritualmente como “sacrificio” es definitiva porque ha llegado hasta Dios, y es por tanto única como es único el sacerdocio nuevo. Un sacerdocio que “destruye” el pecado haciendo innecesaria la repetición. Cristo volverá pero ya no para retomar la seguidilla de ofrendas interminables e ineficaces sino para comunicar la salvación (9,28).
  

Evangelio según san Marcos     12, 38-44

Resumen: Marcos presenta dos ejemplos contrastantes, unos escribas que estaban a las viudas y por el contrario una viuda que da todo lo poco que tiene como manifestación de su amor a Dios.


Jesús sigue en el templo (desde 11,27) del que recién saldrá en 13,1. Allí encontramos dos escenas conclusivas: en primer lugar alerta contra los escribas (vv.38-40) y luego – tomando la palabra gancho “viuda” – pasa a poner a una como ejemplo (vv.41-44).

Los escribas – con alguna excepción como la que encontramos en 12,28-34 – son presentados en Marcos como los adversarios de la comunidad de Marcos. La Biblia griega con frecuencia traduce por “escribas” (grammateus) el hebreo shômer que es “oficial”, alguien que tiene una cierta relación de autoridad en el pueblo (cf. Ex 5,6.10.14.15.19; Num 11,16…). Desde el comienzo del Evangelio se nos dice que no tienen autoridad entre la gente (1,22), cuestionan el obrar de Jesús (2,6.16; 3,22; 7,1.5; 8,31; 9,14; 10,33; 11,18.27) y Jesús les cuestiona su teología (12,35) y su obrar hipócrita (12,38). Finalmente son partícipes del asesinato de Jesús (14,1.43.53; 15,1.31) [no es seguro que participaran del “partido” fariseo, aunque parece que sí, al menos muchos de ellos; Mateo preferirá – por motivos históricos y la situación de su comunidad – presentar como adversarios a los fariseos, aunque muchas veces los menciona juntos]. 

Lo que señala de los escribas son dos cosas coherentes con la búsqueda del honor. (1) Los amplios ropajes son manifestación de su ostentación (cf. Gen 41,42; Ex 28,2; 29,21: 31,10; 2 Cro 18,9; 23,13; Est 6,8; 8,15; 1 Mac 6,15), es símbolo visible del status que reclaman para sí. (2) Los primeros puestos en las sinagogas y los primeros lugares en los banquetes. Estos eran a quienes toda la sociedad consideraba los principales (algo totalmente contrario a lo que Jesús pide de los suyos a los que les invita a hacerse servidores y esclavos, esto es ponerse en el último lugar). Los lugares eran expresión del honor que la sociedad reconocía y que ellos reclamaban. La auto-estigmatización que Jesús reclama para él y los suyos resulta claramente subversiva y contracultural. Los expertos en la ley gozaban de alta estima (Sir 39,4-11). En Qumrán, los lugares están claramente fijados:

Estas es la disposición para cuando se reúnan los ‘grandes’: Estando ya cada uno en su sitio que se sienten primero los sacerdotes, en segundo lugar los ancianos, en tercer lugar el resto del pueblo. Cada uno en su sitio…” (Regla de la Comunidad, 1QS 6,8-9)

A esto añade que estafan a las viudas (sabemos que en Israel, el cristianismo primitivo y el medio ambiente en general había casos de viudas con una buena posición económica), que “devoran sus casas” (en este caso no se trataría de viudas pobres sino empobrecidas por los escribas). Ciertamente la gran paradoja es que los expertos en la Ley en lugar de hacer lo que deberían con respecto a las viudas, protegerlas, asistirlas, en este caso las estafan y roban. La estafa pareciera ser una extorsión de hacer largas oraciones en favor de ellas quedándose con sus bienes. En este caso, la ironía sería doble ya que la oración de las viudas es presentada como modelo (Lc 18,1-5; Hch 9,39-41). 

Luego, Jesús se traslada al Tesoro, el lugar donde se hacen las ofrendas de “cosas” (dinero, ropas, utensilios y otros bienes) en el templo (lo que permite ver el Templo como una suerte de banco antiguo, cf. 2 Mac 3,9-12). Allí ve a los oferentes, entre la “multitud” mirando especialmente a “muchos ricos”. El contraste de estos muchos ricos con una pobre es notable. A esta se le añade ser viuda. Hay escenas similares en el medio ambiente (Xenofonte cuenta algo semejante de Sócrates, por ejemplo). 

Lo que afirma es que las multitudes depositan “metálico” (jalkós refiere a metales) y acota que “muchos” ricos echaban “mucho”. El texto señala que una viuda pobre echo “dos lepta”, la moneda griega de cobre de más baja denominación (la moneda de menor denominación en Judea bajo Herodes el Grande era la p(e)rutah). Y Marcos acota que ambos lepta equivalen a un “kodrántês”, la monada romana de menor denominación. Literalmente, entonces el texto afirma que la viuda echó: “dos leptas, esto es un cuadrante”. Es posible que las monedas circulantes en Siria y Judea se conocieran con las denominaciones romanas, por lo que esto no ha de verse necesariamente como que Marcos escribe en Roma (aunque puede ser buen indicio de esto). 

Jesús, entonces, como en 8,34 y 10,42 “llama” a los suyos para decir una palabra clarificadora, en estos casos sobre el discipulado (indicio que también esta lo será). Comienza con un clásico “Amên legô hymin” (en verdad les digo; cf. 3,28; 8,12; 9,1.41; 10,15.29; 11,23; 13,30; 14,9.18.25), una frase que prepara un clima expectante para un dicho profético o sobre el discipulado. En este caso un dicho contrastante ya que es evidente a la vista que los ricos han echado “mucho” más que las dos moneditas de la viuda. Por tanto en un segundo momento (v.44) Jesús explica la razón de esto: la abundancia y la necesidad son el criterio de Jesús. Esto lleva a cambiar la mirada económica que se guía por la cantidad y el cálculo. El valor está puesto en la generosidad no en lo valuable.

Esta viuda puso lo necesario para la “vida” (bios). Curiosamente el escriba de v.20 “sabe” que se ha de amar a Dios con toda la vida (psyjê), la viuda en cambio practica esto, “ama a Dios con toda su ‘vida’”. Ella “da” todo, mientras los escribas le “quitan todo” a las viudas. El discipulado encuentra en esta viuda pobre un nuevo ejemplo a seguir.


Foto tomada de www.rezaconmigo.com