miércoles, 25 de marzo de 2020

¡¡¡Estamos perdidos!!!


¡¡¡Estamos perdidos!!!


Eduardo de la Serna



Voy a suponer, por un momento, que estoy viviendo en Utopía. Casi, casi, una suerte de eso que algunos llaman “Paraíso”. Claro, somos humanos, y por tanto frágiles. Pero el Estado utópico nos brinda todos los medios para vivir en armonía, en paz. En alegría utópica. Todo funciona a la perfección. Los encuentros interpersonales son siempre fiesta. Pero… pero un día entra un pelotudo. Sea en un Buquebús, con tablas de Surf o volviendo de visitar a su novia/o/e, y ¡listo! ese castillo de naipes se vino abajo como ante un estornudo.

Pero no estamos en Utopía. Estamos en un país donde cuando un hospital se provee de mascarillas y alcohol en gel, “alguien” los roba. Estamos en un país donde la gente se enoja porque tiene que hacer fila de autos donde no debería estar. Estamos en un país lleno de “vivos” aunque arrastren la muerte.

Vuelvo a suponer que el gobierno (y no puedo sino imaginar con espanto qué pasaría si estuviera “el otro”, el que quitó el ministerio de Salud, el que haría lo de Piñera o Bolsonaro), imagino que todas las medidas son las correctas, imagino que todas las decisiones se llevan a cabo, que se está previendo porque sabemos todos que lo peor está por venir, todo es exactamente lo que “debe ser”. Pero entra el pelotudo. ¿Cómo se puede hacer? Porque, curiosamente, ese pelotudo, es el mismo que pide pena de muerte al que te afanó un celular, el mismo que pide mano dura, el mismo que grita “salvemos las dos vidas”, pero que a mí no me molesten, no me pongan límites. Es el mismo que dice “tu libertad termina donde empieza la mía”, pero la mía no termina nunca.

Quizás mañana se encuentre un remedio o una vacuna contra el Covid-19, pero desde Arturo Jauretche aprendí que no hay vacuna contra el medio pelo. Creo que estamos perdidos.


Dibujo tomado de Pagina 12, 14 de marzo 2020

martes, 24 de marzo de 2020

Comentario cuaresma 5A

La fe y la vida definitiva van de la mano


DOMINGO QUINTO DE CUARESMA - "A"

Eduardo de la Serna




Lectura de la profecía de Ezequiel     37, 12-14

Resumen: Como un montón de huesos sin vida, “Israel” se siente abatido en el exilio; Dios lo hará “subir” de las tumbas para llenarlos de vida y volverlos a reconstituir como su pueblo. Para ello por la palabra del profeta les infundirá su espíritu.


La elite de Israel se encuentra en cautiverio en Babilonia. El pueblo (en realidad, la élite, hay que recordarlo, aunque como es habitual la élite se ve a sí misma como “toda la casa de Israel”, v.11) se percibe a sí mismo como “muerto”, como “un campo de huesos secos”. En una de sus múltiples visiones, Ezequiel contempla un montón de huesos y el texto alude a la “resurrección de Israel”.


El texto comienza con “la mano de Yahvé” (cf. 1,3; 3,14.22; 40,1: es propio de las visiones del profeta) que lleva a Ezequiel a una ribera (v.1; también ligada a las visiones de Ezequiel: 3,22-23; 8,4) y finaliza con el dicho característico: “oráculo de Yahvé” (v.14). En v.15 comienza una nueva unidad: “la palabra de Yahvé me fue dirigida”. El texto litúrgico es la conclusión de toda esta escena. La clave que motiva todo está dada por los dichos de “los huesos”: “Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros” (v.11). Como ya se vio en 20,32 y 33,10 los ánimos del pueblo los abruman, el peso de las culpas los aplasta. Creen que ya todo está perdido y desaparecerán como pueblo terminando como uno más de los demás pueblos de la tierra. Israel ya no será. La sensación ante la visión es la de una “nueva creación” (cf. 36,26-28). El sentido de todo esto está dado porque Yahvé “conoce” (îd‘, verbo que se repite insistentemente en la escena: vv.3.6.13.14) e Israel “sabrá” quién es Yahvé. Pero para eso debe “entrar” en ustedes el espíritu que da vida. “Entrar” también es frecuente en la escena (bô’, vv.5.9.10.12) finalizando con la “entrada” anunciada en la tierra de Israel, y también lo es “subir (‘lh, vv.6.8.12.13) pues como “sube” la carne sobre los huesos, subirán de las tumbas (como “subieron” de Egipto, Ex 3,8.17…). La relación entre las situaciones de “Israel” en Egipto e “Israel” en Babilonia es un tema que será teologizado con frecuencia y servirá para repensar el regreso a la tierra. También es recurrente el verbo “profetizar” (nb’, vv.4.7.9.12) en el sentido de pronunciar una palabra de parte de Dios, y también de convocar (al “espíritu”). Finalmente es clave el término “espíritu” (rûah, vv.1.5.6.8.9.10.14; cf. 11,19; 36,26 siempre asociado a la vida) aquí usado en todos los sentidos variados que el término tiene en hebreo: el soplo / aliento de vida hace revivir los huesos, pero a él se dirige el profeta: “¡ven!” (v.9) quizás aludiendo a los vientos, y finalmente refiere al “espíritu de Yahvé” (v.14), es este espíritu de Dios el que da sentido al pueblo y su existencia y futuro. Como en Ez 36,16-38 se alude a la regeneración del pueblo que se siente abatido; como en Gen 2 la creación del cuerpo requiere un segundo momento: la donación del espíritu. El pueblo no puede ni tiene existencia sino por acción de Dios (“tú lo sabes”, v.3). Israel es incapaz de vivir, de “subir a su tierra” y a su Dios, sin la iniciativa y obrar divinos.


La conclusión (vv.11-14) explica el sentido de todo: Israel será “re-creado”, “levantado”, “vivificado”, pero esto es signo de la presencia de Yahvé en medio suyo, no hay Israel sin Yahvé.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     8, 8-11

Resumen: Mirando de manera contrapuesta la “carne” y el “espíritu” Pablo se refiere a dos modos de vivir de la persona. El creyente en Cristo está invitado a dejarse conducir por el espíritu de Dios y no por la debilidad humana que le impide agradar a Dios y a los hermanos.



La carta a los Romanos está terminando toda su primer gran unidad dedicada a mostrar los efectos de la gracia en los creyentes. El gran efecto (ya preparado en la carta a los Gálatas, que muchos autores ven como una gran inspiradora de la carta a los Romanos) es la libertad. El creyente es libre a diferencia de los que están sometidos a sus propias (in)capacidades o a la misma Ley (caps. 1-3). Pero no es libre por su propia fuerza sino por la gracia de Dios. Esta nos “sumerge” «en Cristo» y por tanto hemos abandonado el ámbito de la debilidad (= carne) para dejarnos conducir por la fuerza de Dios en nosotros (= espíritu). Sin ese espíritu, ciertamente, recaeríamos en la incapacidad que nos impide vivir según Dios, “en Cristo”. “No pueden” (ou dynantai, v.8, cf. v.7). El contraste es evidentemente entre la “carne” y el “espíritu”, se trata de dos mundos, dos horizontes. La carne es expresión de nuestra propia incapacidad, mientras que el espíritu es “de Dios”, sólo quien tiene el espíritu de Dios puede “agradar a Dios”, es decir: vivir conforme lo que Pablo ha enseñado (1 Tes 4,1), buscando agradar a los hermanos (Rom 15,1-3), a todos (1 Cor 10,33) por Dios (cf. Gal 1,10). 


Aquellos que en el Bautismo han recibido el espíritu ya no están “en la carne”, el espíritu “habita” en ellos (8,9.11; ver 1 Cor 3,16). Sin ese espíritu, el que “habita” es el pecado (7,17.20), “nada bueno habita en mí” (7,18) [el verbo habitar, enoikéô, es exclusivamente paulino en el Nuevo Testamento]. 


Este contraste entre carne y espíritu se refleja en otro contraste: pecado - justicia, muerte - vida (v.10) [notar que lo que muere es el “cuerpo”; no dice “carne”. Es importante evitar toda lectura platónica o helénica para no malinterpretar estos términos de la antropología paulina]. La muerte ha entrado en el mundo como consecuencia del pecado (5,12), la vida ha reinado a causa de la justicia: “En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte por un solo hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por un solo, por Jesucristo!” (5:17). La vida que los “cuerpos mortales” recibirán de parte de aquel que “resucitó a Jesús” es dada por mediación de ese espíritu de Dios que habita en nosotros (v.11).


Evangelio según san Juan     11, 1-45

Resumen: El último de los signos de Jesús es dar vida a Lázaro. Un diálogo con Marta, su hermana, sobre creer, da sentido a que la fe permite acceder a una vida definitiva de la que Marta es modelo para los lectores del Evangelio.



El último de los siete “signos” de Jesús muestra la plenitud de sentido de la revelación de Jesús, en Juan: Jesús es y da la vida a la humanidad, sin embargo, los seres humanos, a causa de esto deciden “darle muerte” (11,53). 


Como las unidades anteriores, el texto es muy complejo. Veremos algunos elementos antes de mirar el sentido fundamental del relato.

  • Jesús se ha ido lejos de donde solía estar ya que “querían prenderlo” (10,39), por eso fue donde Juan bautizaba “y se quedó allí” (10,40). Por eso es que cuando –más tarde- decide ir a Betania los discípulos le dicen que “hace poco querían apedrearte” (v.8) y por tanto concluyen, “vayamos a morir con él” (v.16).
  • Anacrónicamente dice en 11,2 que “María era la que ungió al Señor con perfumes…” algo que ocurrirá recién en 12,3-8. Es posible que Juan haya adelantado esta escena para darle (o profundizar) sentido de “unción para la sepultura” a lo realizado por María, con lo que es coherente con la unción en Mc 14,3-9 (aunque allí se trata de una mujer innominada).
  • Decir que Jesús “amaba” a Marta, a su hermana y a Lázaro (v.5), o que “a quien tú quieres está enfermo” (v.3) llevó a algunos a afirmar que el discípulo amado sería Lázaro. Expresamente el autor del cuarto Evangelio omite el nombre y debe mantenerse ese anonimato voluntario.
  • El clásico “malentendido” joánico está dado con el uso de “despertar” a Lázaro (el juego entre “dormir” y “morir” es frecuente, cf. Mc 5,39) pero también con el doble sentido de la palabra “vida” (como veremos).
  • La frase de las hermanas, “si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano” (Marta, v.21; María v.32) puede entenderse como reproche, pero también –y parece preferible- un simple comentario, “¡qué pena que no estabas, sino seguro que Lázaro no moría!”. El comentario de Marta añade: “Pero aún ahora sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá” (v.22) no parece que deba entenderse como confianza en que puede resucitarlo (por el diálogo que sigue a continuación, vv.23-24).
  • La confianza de Marta en que Lázaro “resucitará en la resurrección, el último día” (v.24) es coherente con la teología farisea.
  • La presencia de testigos es repetida con cierta insistencia ya que serán los que desencadenarán la conclusión (vv.19.31.33.36.37.45-46).
  • De María y de los judíos se afirma que “lloraron” (klaíô, vv.31.33) mientras que de Jesús se utiliza otro verbo (edákusen, v.35). Es posible que este, que también puede traducirse por “lagrimear”, denote tristeza pero no desesperanza.
  • Es muy frecuente en Juan que ante Jesús se produzca una “división” (7,43; 9,16; 10,19), en este caso, en v.45, al ver el signo “muchos” creen en él, mientras que en v.46 algunos fueron a contar a los fariseos. Puesto que deciden darle muerte (v.53) nuevamente Jesús debe esconderse retirándose a “una ciudad llamada Efraim” (v.54).
  • El hecho de Jesús es calificado, como es habitual (17x), de “signo” (v.47, sêmeia) por Juan. Los signos son un hecho que “esconde” otra cosa mucho más profunda del mismo tipo, así como el pan, la luz, son “más” que simple pan o luz, sino que Jesús mismo ilumina y sacia las realidades más profundas del ser humano. Se puede decir que lo que se ve (el signo) es en realidad como una suerte de cáscara de algo más profundo (lo significado). Pero sólo se puede llegar a esa profundidad cuando se ve el hecho como signo (6,26), sino, los espectadores se quedan con la “cáscara” sin descubrir nada más. Esa profundidad, como es característico en Juan, es Jesús mismo, visto como el que sacia, el que ilumina… Algo habitualmente expresado (en la profundización del discurso) por el uso de “yo soy” (yo soy el pan, yo soy la luz del mundo… esa luz, ese pan que ustedes ven es signo de que Jesús ilumina y sacia). Por eso los signos están dirigidos directamente a que los que los ven puedan “creer”. “Para que crean” es que se dan los signos. Lo que los testigos pueden vislumbrar es la gloria (doxa) de Jesús. Por eso ante el primer signo se afirma claramente: “este fue el primero de los signos… así manifestó su gloria y creyeron” (2,11).
  • La conclusión del Evangelio lo afirma claramente: «Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos signos que no están escritos en este libro. Estos han sido escritos para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida (zôê) en su nombre». (Jn 20:30-31). La vida es el objetivo, y a esto se llega al creer, y se llega a creer al descubrir los signos y ver en ellos la gloria de Jesús.


Precisamente nos encontramos ante un signo (la vida de Lázaro) pero un signo que esconde algo que debe ser creído: que Jesús es (“yo soy”, v.25) “la resurrección y la vida”. Jesús le afirma a Marta que “si crees, verás la gloria de Dios” (v.40; cf. v.4). El verbo “creer” (tan importante en Juan, 98x) se encuentra 9x veces en la unidad, y es particularmente importante en el diálogo de Jesús con Marta que ocupa la parte centrar de la escena: “el que cree en mí, aunque muera vivirá” (v.25) “¿Crees esto?” (v.26), “Yo creo…” (v.27). 


Es interesante notar que en Juan se utilizan fundamentalmente dos términos griegos para hablar de la vida. Psyjê (10x) destacando que esta vida se puede “entregar” o “perder” (10,11.15.17; 12,25; 13,37.38; 15,13) y también zôê (36x). Esta zôê es vida “eterna” (3,15.16.36; 4,14.36; 5,24.39; 6,27.40.47.54.68; 10,28; 11,25; 12,50; 17,2.3) es resucitada (5,29), es una vida dada por Jesús, por tanto alude a “otro nivel” de vida, a la vida divina. Jesús es vida y resurrección, y creer en él permite recibir de él esa vida que él da. Es esta vida a la que Marta accede al creer; de hecho, la confesión de fe de Marta es la misma “para” la que se escribe el Evangelio: que Jesús es / tú eres el Cristo, el Hijo de Dios” (v.27), y que –como se dijo- da vida (zôê). Por eso el que cree, aunque muera (vida humana) vivirá (vida divina); el que vive (vida divina) y creeno morirá jamás (muerte definitiva) (vv.25-26). 


En este sentido podemos decir que si bien Lázaro es el beneficiario de la vida (humana), Marta es la que –por la fe- alcanza la vida plena que Jesús trae. Lázaro es signo (la cáscara) de una vida nueva y plena –divina- que Jesús trae a “el que cree”, como Marta.




Foto tomada de cpcr-caldes.blogspot.com

lunes, 23 de marzo de 2020

Carta abierta al presidente Alberto Fernández

Carta abierta al presidente Alberto Fernández



Estimado Alberto:

Antes que nada, perdóname si te molesta que te tutee. Nace de la militancia, del ser compañeros y hasta de la edad. Pero de ninguna manera es una falta de respeto. Espero que se entienda.

Como no nos conocemos personalmente, te cuento dos cosas muy breves, para que sepas quién te escribe: soy cura, y vivo en barrios populares. Pertenezco al Grupo de Curas en Opción por los Pobres (que no somos lo mismo que los “curas villeros”). En mi caso, estoy en Bernal Oeste. En segundo lugar, soy de los muchos que te votaron, y que hoy volvería a votarte. No porque creo que sea lo ideal, ni lo que sueño, pero siempre me enseñaron que “lo mejor es enemigo de lo bueno”.

El motivo de mi carta es, “sencillamente”, el momento de gravedad que nos toca vivir. A todos nos llegan miles de cosas. Y muchas terminamos creyéndolas, hasta que resultan ser falsas. No hace falta que elenque las que he recibido. Obviamente no tengo ningún criterio para afirmar o cuestionar las medidas que se están tomando. Me pueden gustar o no, pero eso no debería importarle a nadie. Si es mejor esto o aquello, si tal medida se tomó a tiempo, o apresurada o tardíamente, no tengo ninguna capacidad para saberlo. Toca confiar que se decidirá lo mejor de acuerdo a nuestras posibilidades. E incluso, puede ser que ustedes se equivoquen. Es normal que así sea. 

Lo único que me parece fundamental en estos momentos es que no pierdan la calma. Que puedan tomar decisiones, algunas con firmeza, pero siempre sin perder la calma. Es verdad que ver las filas de los que se “van de vacaciones”, los que suben a un Buquebús o actúan convencidos que nadie les puede poner o imponer criterios desde una mentalidad clasemediera, a veces nos saca de quicio. Ojalá con ustedes no lo logren. Después que pase “la tormenta” tengo un montón de propuestas, algunas muy políticamente incorrectas, pero en estos momentos solo abrazarte a la distancia y hacerte saber la cercanía y compañía de muchos, muchas y muches.

Eduardo de la Serna


domingo, 22 de marzo de 2020

¿Te imaginás si…? o una sospecha contrafáctica


¿Te imaginás si…? o una sospecha contrafáctica


Eduardo de la Serna



En estos tiempos de cuarentena y tensión nos llegan a todos cientos de mensajes. Uno que se repite de mil formas distintas es ¿Te imaginás si Macri hubiera ganado las elecciones? Y, a partir de esa pregunta simple, se repiten atronadoras imágenes, palabras, slogans casi apocalípticos. Sencillamente digamos que sólo pensarlo nos llena de angustia y desazón. Nadie afirma que lo que ahora se está haciendo sea eficaz para el mañana. Sabemos que todavía falta lo peor. Pero lo que se ve, es “gente trabajando” … y con seriedad. Y no “gente como uno”, solamente. La oposición (dejo de lado los eternos graciosos de repetición de slogans) está también en acto. Pero no puedo menos que pensar “qué habría pasado si…”

Mirando los aliados o cómplices del macrismo en la región, no puedo sino espantarme. Sebastián Piñera se ha negado a una “cuarentena obligatoria” porque “haría mucho daño”. Se entiende al (a su) sistema económico. Jair Messias (sic) Bolsonaro sigue mostrando al mundo entero su estupidez. Mickey… ¡perdón! Donald Trump le marca el camino, a él y a muchos. España e Italia, después de años de devastación de su sistema de salud, abandonando el “estado de bienestar” que es populismo (y todos sabemos que “el populismo es peor que el coronavirus”, Mauricio dixit) superan nada menos que a China en número de muertos. Las declaraciones de Boris Johnson diciéndole a la población que lo lamenta (I’m sorry): "Debo sincerarme con ustedes, con el público británico: muchas más familias van a perder a sus seres queridos antes de tiempo".

Mientras tanto… en nuestros pagos, Macri rebajó el ministerio de Salud a una Secretaría, en La Matanza había 2 hospitales a los que casi faltaba solamente cortar la cinta y María Eugenia Vidal (pueden verse los videos) dijo que no eran necesarios, se dejaron vencer vacunas (y enfermedades de la pobreza, casi erradicadas, han vuelto, como el Sarampión y la Tuberculosis), aparatos médicos, estaban arrumbados en depósitos dejándoselos arruinar, hospitales de excelencia como el Posadas o el Del Cruce vieron rebajados a niveles drásticos sus presupuestos, e incluso, hubo una reciente llamada de Macri al presidente Fernández pidiéndole que no tome medidas drásticas que perjudicarían la economía… (algo en lo que él resultó un experto, se debería acotar).

Evidentemente hay diferentes concepciones del rol del estado, la vida de los pueblos (en especial de los más pobres), la salud económica o la salud social… Y, “curiosamente”, esas diferentes concepciones reflejan ideologías diferentes. Una es la ideología (o praxis, ya que a algunos decir “ideología” les queda grande) de Trump, Bolsonaro, Piñera, Duque, Macri y otra la de quienes creen (creemos) que el Estado debe “ponerse los pantalones largos”, tener claro que “donde hay una necesidad hay un derecho” y cuidar a la población, en especial a los más vulnerables. Si lo quieren llamar populismo, pues que lo llamen…

¿Está garantizado el éxito? ¡Ciertamente no! Si un impune golpea a un vigilador que le pide que no salga, si un irresponsable se sube infectado a un Buquebús, si miles toman sus autos para irse a la playa, o de picnic, o en su avión particular a Esquel, o a sus countries… o si los que hasta ayer decían que Aerolíneas Argentinas cuesta no-sé-cuantos jardines de infantes y ahora reclaman que Aerolíneas los vaya a buscar… La inmensa mayoría de la gente guarda una cuarentena, que nos molesta e incomoda a todos, pero unos pocos insensatos siguen dejando que el virus circule (y mañana responsabilizarán al gobierno, por supuesto). “Nunca falta alguien que sobra”, parece que decía Miguelito. Ante esos hechos de “macrismo explícito” no es difícil de entender el 40%. La estupidez parece ser bastante inteligente… siempre prevalece.


Foto tomada de https://tn.com.ar/tecno/f5/rodriguez-larreta-inauguro-una-pileta-dibujada-y-en-twitter-empezo-la-temporada-de-memes_845157

viernes, 20 de marzo de 2020

Marchando sin marchar


Marchando sin marchar


Eduardo de la Serna



La palabra marcha es, sin duda alguna, ambigua (o, como se dice hoy, polisémica).

  • Marchar es caminar juntos
  • Marcha es una música militar
  • Marcha es poner en funcionamiento
  • Marchar es moverse de un lugar a otro
  • Marcha es un desfile
  • Marcha es fiesta (la gente “marchosa” es gente divertida)


Seguramente se nos ocurrirán otros modos de marchas, pero sirve esto para notar, precisamente la polisemia.

Algunos hacemos memoria, por ejemplo, los malos tiempos en que al ritmo de una marcha se transmitían los “comunicado Nº X del Estado Mayor Conjunto”; pero también recordamos (re-cordis, volver a pasar por el corazón) las marchas cada 24 de marzo. Marchas distintas, ciertamente. Muy distintas.

La situación mundial nos hace enfrentarnos, ahora, a una marcha-sin-marcha.

Es verdad que siempre hay quienes aprovechan el día de la memoria para vacacionar, o para hacer cosas que no son fáciles de hacer en el día a día. No es para eso que se instituyó este día, pero no se puede obligar a toda la sociedad a remembrar (pasar por los miembros, del cuerpo) momentos de dolor, de sufrimiento, de muerte. Harán “sus cosas”. Después votarán a Macri.

Este 24 de marzo aprenderemos, muchos, a marchar de un modo nuevo. A militar las redes, a pensar y ayudar a otros a pensar, a que “no nos sea indiferente”. Estaremos de pie, caminando, cantando, saludándonos con los conocidos, aunque estemos en casa. Es un “codo a codo” diferente, pero que no nos desmoviliza porque "somos mucho más que dos".

Una cuarentena son 40 días. Son 40 días en los que evitamos el contagio, o contagiar. Israel hizo una larga cuarentena de años por el desierto preparándose para “recordar” que fue esclavo en Egipto, “recordando” que Dios tiene un proyecto para este pequeño pueblo, “recordando” que Dios está con su pueblo… El gran problema de Israel es cuando “olvida”, cuando no “hace memoria”. Porque eso lo lleva a repetir los errores:

«No quisieron oír ni recordar los prodigios que hiciste en su favor. Tercamente se empeñaron en volver a la esclavitud de Egipto». (Neh. 9:17).

“Recordar” es fundamental en la cuarentena; una cuarentena en marcha por el desierto o en marcha-sin-marchar. Pero poniendo en marcha la creatividad para que no volvamos a una “marcha atrás” en las que a veces incurrimos, sino movilizar nuestros miembros y corazones para que “nunca más” escuchemos Comunicados o duranbarbismos light. Aunque sea desde nuestras casas, muchos soñamos un país de pie y no en reposeras, un país en marcha, para que el neoliberalismo, inaugurado entre nosotros un 24 de marzo de 1976, y repetido por desmemoriados, no vuelva a someternos, humillarnos y oprimirnos. Por eso marchamos. También hoy.



jueves, 19 de marzo de 2020

Reacción a dos mensajes de hoy


Reacción a dos mensajes de hoy


 Eduardo de la Serna




Hoy, desde temprano se sabía que el presidente Alberto Fernández, en comunión con los gobernadores, de distinto signo político, comunicarían las medidas a tomar a raíz de la proliferación de casos de coronavirus. Pero antes del mensaje se conoció otro, la “Necesidad de medidas sanitarias urgentes para villas y asentamientos” firmada por algunos curas, religiosas y laicos que colaboran en esos ambientes. Es una pena que este texto no hubiera tenido en cuenta el mensaje que se anunciaba para que hubiera ganado en seriedad. Seriedad de la que adolece en muchas partes.

Es una pena que muchas/os de los firmantes no tengan en cuenta que, si bien es absolutamente cierto que el dengue y la tuberculosis (añadamos el sarampión) están presentes en los barrios, quizás, si lo hubieran discriminado en el análisis, hubieran tenido que decir que mucho de eso se debió a la desidia, inacción y cinismo del gobierno anterior, al que muchas/os de los firmantes adhirieron entusiastamente. Ciertamente el Covid-19 es otro tema. Nuevo. Y si bien es cierto que los contagiados y muertos por dengue superan ampliamente a aquellos, no es menos cierto que la gravedad y modo de transmisión transforma la nueva pandemia en un desafío gravísimo.

Es verdad lo que dicen de “nuestros barrios”, aunque no parecen reflejar las caras de la esperanza que se ven en muchas y muchos con el nuevo gobierno, pero eso de que “el desempleo y subempleo crecen” no tengo memoria que lo hubieran dicho en los últimos 4 años… Quizás mi memoria me falle. Lo que señalan de la falta de medidas en el invierno, por el dengue, deberían haberlo dicho del gobierno anterior. El actual todavía no ha pasado el invierno. Es absolutamente cierto que muchas de las medidas propuestas son inaplicables en los barrios, y son de esperar medidas específicas adaptadas a cada situación. En el gobierno anterior ante una inundación en el Litoral, el ex presidente dijo que en algunos lugares había mucha agua y en otras muy poca. Así, con esa seriedad, enfrentaba la contingencia. Fue la gobernadora Vidal, recibida y aplaudida por varias y varios de los firmantes la que se negó a habilitar dos hospitales en La Matanza, la que desabasteció los UPA, la que redujo los presupuestos de los hospitales como el Del Cruce. Y la que dejó vencer vacunas y aparatos médicos arrumbados en Tortuguitas, o también fue ese gobierno el que degradó a Secretaría el Ministerio de Salud. ¿No sería prudente que guardaran 4 años de silencio? Al fin y al cabo, fueron 4 años de silencio los que ya guardaron.

Es razonable que pidan a los poderes ejecutivos nacionales, provinciales y municipales medidas específicas para “nuestros barrios”, pero – en mi caso – padecimos un mismo color político en Nación, Provincia y Municipio y los aplausos de algunxs de los firmantes parecían acallar el reclamo ante las graves situaciones “preexistentes”. Aunque no sería insensato distinguir la situación socio-económica calamitosa heredada por la desidia y el desgobierno cambiemita de la emergencia que la pandemia “mundial” (valga la redundancia) ahora nos impone. Reclaman mesas de trabajo por jurisdicciones, pero justo cuando una mesa de trabajo de todas las corrientes políticas ejecutivas del país se reúne, emiten un comunicado sin esperar el resultado. A lo mejor el amarillo desteñido se les está notando demasiado.

Foto tomada de perspectivasur.com/3/nota_impresion.php?nota_id=59727

Cuando la palabra es gratis


Cuando la palabra es gratis


Eduardo de la Serna



Se suele decir que “hablar es gratis”, y se repite, y se cree, y se afirma y se asegura: hablar es gratis. Pero ¿lo es? o, al menos, ¿siempre lo es?

Porque en los Medios de Comunicación, los que hablan “cobran” (lo cual es absolutamente sensato y justo… cuando comunican datos, o partes de verdades). Su palabra es un producto, y – quiero señalarlo – un producto que en muchos casos es nutritivo, es sano consumir. Pero en ocasiones su palabra es ponzoñosa, diluyente, que comunica mentiras, miedos, que distrae de lo importante, o muestra como importante lo insustancial… y en ese caso, el producto que venden es nocivo. El problema es que nosotros “no pagamos”, es gratis. Eso creemos. Pero no… porque es evidente que muchas y muchos cobran por decir, y no está de más saber quiénes pagan. Y qué ganan con que algo se diga, o algo se calle. Porque alguien gana con que se diga una mentira.

Veamos un ejemplo sencillo: si por la palabra logramos crear una psicosis, miedo o pánico yo venderé más papel higiénico, alcohol en gel, o medicamentos. Me es provechosa esa palabra.

Pero me quiero detener un poco en la palabra desde la fe. La palabra “religiosa”. Y quiero empezar con un ejemplo que, creo, es fácilmente reconocible: una conocida, médica, tenía su mamá grave. Internada. Un grupo fundamentalista se le acercó a la cama del hospital diciéndole que, si tiene fe, su mamá sanará. Ella le respondió con un improperio: “¡es decir, si mamá se sana es gracias a vos que viniste a comunicarme el mensaje, y si se muere es por mi falta de fe!”. Son palabras muy fáciles de decir y que no comprometen en nada al que las pronuncia.

Escuchar a pastores y curas decir que, si rezamos con fe, el coronavirus no entrará en nuestros hogares es de la misma calaña de la anterior. O “expulsar” el virus con una palabra. O “profetizar” o comunicar mensajes divinos…

Hay palabras muy fáciles de decir; y que no suponen ninguna responsabilidad. Y el que las pronuncia, es precisamente, un irresponsable. Hay gente en estado de pánico, o con una inseguridad atroz, hay gente confundida absolutamente o desorientada en qué hacer o no, hay gente indiferente que se desentiende de los demás y “se va de vacaciones” o se despreocupa de la cuarentena, y ante tanta crisis es justo, es sensato, es necesario que quienes tienen (tenemos) una palabra que decir, esa palabra sea “pesada”, evaluada, discernida. En la Biblia se utiliza en ocasiones el verbo “dokimazô” que es evaluar, se refiere a los expertos en reconocer una pesa verdadera o falsa. o una moneda auténtica o no… Y se utiliza (especialmente san Pablo) para evaluar personas, nuestro propio comportamiento o reconocer que algo viene o no de Dios.

Y si “hablar es gratis” en el sentido de que cualquiera puede hablar, a lo mejor nos toque a nosotros “evaluar”, discernir las palabras para que no le sea gratis al que las pronuncia cuando sus palabras son nocivas.

En tiempos de noticias falsas que nos inundan las redes, de palabras vacías o fáciles (incluso “en el nombre del Señor”) creo que hay una serie de criterios que pueden servir para “pesar” la densidad de las palabras.

+ El que habla (o sus mandantes) ¿ganan al decir esas palabras? (no que sea malo ganar, según el caso, pero saberlo es fundamental).
+ Si no gana (o ganara) nada ¿por qué lo dice? (sin duda que existe la gratuidad absoluta… el amor es gratuito, para ser precisos; pero nunca falta algún psicópata calvo vestido de diácono, por ahí).
+ Las palabras ¿son de cuidado? El cuidar (que en italiano es “curar”, y no es casualidad; de donde viene decirles “curas” a los ministros ordenados) es fundamental, pero también hay quienes en nombre del cuidado sobreprotegen, absorben, fagocitan a los otros.

Creo que un criterio fundamental, que sintetiza lo anterior, es el económico (aunque esté disfrazado de Evangelio o de Salud). El cuidado de los y las demás, si nace del amor, si nace de Jesús, buscará la vida y vida gratuita y abundante de todes y no se esconderá detrás de un frasquito de “nardo puro”.


Foto tomada de https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20190302/peso-palabras/380081990_12.html