martes, 23 de noviembre de 2021

¿Tengo que pedir perdón?

¿Tengo que pedir perdón?

Eduardo de la Serna




Hablando con una amiga muy querida, me contaba las cosas que dice la hija, adolescente, de su marido. Cosas no muy diferentes de las que dicen también muchos jóvenes de este lado del Atlántico. Individualismo a full, sin siquiera pensar en las pequeñas comunidades que nos configuran un poco, la familia, la escuela, el barrio… Un individualismo que, con solo mirarlo, corroe de raíz todo. Y al decir todo, quiero decir eso: ¡todo! Un “yo” tan omnipotente que no da cabida en ningún momento a un “tú” … mucho menos a un “nosotros”. Rechazo a los migrantes, a los impuestos (¡una adolescente!) … sin duda que ni ella ni los como ella han vivido lo que padecieron sus abuelos, ni siquiera sus padres… No padecieron la guerra civil y el hambre, el frío, el miedo real, allá; la dictadura, la desaparición, la explosión de un país en estas tierras… todo alentado por miedos ficticios (el migrante, el estado, y hasta el comunismo [sic]). Miedos que me recuerdan los infantiles a la oscuridad o a personajes de ficción (el cuco/coco, el hombre de la bolsa… y más tarde, una camioneta blanca). Lo grave es el miedo, que engendra luego todo lo demás, y que es provocado por un ser abominable, perverso y terrible: ¡¡¡el/la otro/a!!! Se trata de un enemigo que pone en riesgo y hace peligrar todo, aunque yo no tenga nada (resulta muy patético el rechazo a “los negros” por parte de otros que a su vez serán tratados de tales en cualquier otro ambiente).  Otro que debo despreciar, al que debo odiar y desear su desaparición, al menos de mi vista y de mi ambiente.


Pero esto, que es un tema muy vigente en tantas partes, y basta con ver el florecimiento por doquier de estos sectores me hace pensar una cosa: ¿dónde está el sustrato cristiano en la sociedad? Acá y allá. Porque si algo no tiene nada que ver con la causa de Jesús es el rechazo del/la otro/a. Se podrían hacer sesudos análisis, mirar causas y razones, pero lo cierto es que si algo no tiene nada que ver con Jesús es el individualismo. Y, entonces, me surge la pregunta, cuando me encuentro con esta perorata o quienes la repiten (porque solo “repiten”; de slogans se trata: que los migrantes/delincuentes, que los impuestos, que los 70 años de peronismo, que la libertad y el comunismo, etc… slogans que no revelan el más mínimo análisis siquiera), ¿será que cuando voy a decir algo, que además no será escuchado, tengo que pedir perdón por ser cristiano? ¿será que tengo que pedir perdón por tener un criterio que está en las antípodas de su discurso? Es posible que ser cristiano sea ser minoría, es posible – incluso – que sea algo desconocido o hasta ignorado… así lo parece. Pero hubiera imaginado que un sustrato cristiano habría… por no decir nada de las familias, de las “escuelas (y universidades) católicas”, de los movimientos… y – si se quiere, más aún – de las multitudes reunidas en los viajes del Papa (este o aquel) o las celebraciones multitudinarias que se desmayan o enfervorizan aleluyas… ¿Dónde está el otro, otra, otre después del éxtasis? ¿Dónde está esa vida que proclamaban celestemente porque toda vida vale? Porque si no hay una encarnación que mira las víctimas, que quiere confrontar con las causas que las provocan, que pone el cuerpo a la esperanza compartida… si no hay otrxs, no hay Evangelio. Greta dice que todo es “bla bla bla” … de eso se trata ese Evangelio desencarnado, de un seudo-espíritu zen sin huella ni militancia, de eso se trata ese otro espacio de slogans. Pero que me disculpen, no pienso pedir perdón por leer y anunciar la Buena Noticia a los pobres, no pienso pedir perdón por buscar que lxs otrxs sean felices, porque vivan abundantemente… solo pediré perdón por – a veces – no hacerlo suficientemente, y por no saber romper el slogan de la nada e invitar a tantxs a la fiesta de un “nosotros” que da sentido pleno a nuestro “yo”.


Foto tomada de www.jesuitas.co

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