lunes, 22 de noviembre de 2021

Un futuro con o sin esperanza

 Un futuro con o sin esperanza

Eduardo de la Serna




Somos un país raro, aunque quizás no tanto como nos creemos. Después de años de debates, hizo falta una muerte (la de Carrasco) para que se aboliera definitivamente el servicio militar obligatorio; y otras muertes para que, cosas que todos sabíamos que debían cambiar, cambiaran, ya en Catamarca, Santiago del Estero y en tantas otras ocasiones. Creo que confluyeron una serie de cosas para que así sucediera: un tema que era y es asumido por mayorías, una repercusión (que fue y fue insistentemente amplificada) y mucha militancia para que también allí “nunca más” ocurriera eso.

Hoy lloramos a Lucas. Que no es el primero: según la Correpi, en 5 años de existencia de la Policía de la Ciudad hubo 121 asesinatos por parte de los efectivos, lo que significa ¡uno cada 15 días!; y si le damos crédito a “Patán” Ragendorfer, ¡y vaya que se lo doy!, en la “seguridad” cambiemita, en los 4 años, hubo casi un asesinado por día (360 por año). Lamentablemente es algo que lo tenemos casi asimilado: joven, pobre (y si es con gorrita, más grave todavía). Y, peor aún, en muchos ambientes es visto como una suerte de “daños colaterales” de la propuesta del queso gruyere del perverso electo, o de tantas y tantos que pretenden sacar rédito con la inseguridad, sea desde cargos políticos o sea desde la comunicación. Lo cierto es que todos ellos, con más o con menos compromiso, son un poco o mucho responsables del asesinato de Lucas. Cómplices. Y si tuvieran conciencia – cosa que en muchos de estos casos no manifiestan tener – cargarían con un peso enorme en sus espaldas, en sus vidas y (ojalá) en sus carreras.

¿Podremos soñar que haya un antes y un después de Lucas en las fuerzas de seguridad? Lo deseo fervientemente. Lo dudo profundamente. Especialmente por el poder de la prensa, por un lado, que nada dice de la delincuenta que les preguntó a los amigos de Lucas a quién votaron (sospechando que por “negros” y – para peor – de Florencio Varela, es casi un voto cantado, y entonces, la muerte es casi, casi, merecida), o de los dos demonios que refritan la teoría ídem… y también desde el poder político de la provincia y de la ciudad que buscan excusas irracionales (lo de las taser de Marcelo D’Alessandro además de patético fue de un absurdo sólo comparable a la pistola de juguete plantada en el baúl del auto).

Rezo para que Lucas descanse en paz, espero que su familia y amigos la tengan, aunque esta sólo ocurrirá si hay verdadera justicia (algo que con este poder per-judicial me permito dudarlo) y deseo profundamente que haya un antes y un después de Lucas, y las fuerzas de seguridad, todas, nunca más tengan una ministra que felicita a los que matan por la espalda, sino que se ocupen verdaderamente de ser artesanos de la paz. Pero si la Triple A, los grupos de tareas, y los sicarios oficiales siguen vigentes, poco futuro nos queda en la esperanza. Poca vida tenemos por delante (o por detrás).

 

Foto tomada de https://www.lanacion.com.ar/seguridad/victima-del-gatillo-facil-realizaron-una-misa-en-memoria-de-lucas-gonzalez-en-una-parroquia-del-nid19112021/

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