miércoles, 15 de mayo de 2024

Militancia de la vida cristiana

Militancia de la vida cristiana

Eduardo de la Serna



El diccionario de la Real Academia Española – luego de la evidente referencia bélica – indica que “militar” es:

4. intr. Haber o concurrir en una cosa alguna razón o circunstancia particular que favorece o apoya cierta pretensión o determinado proyecto.

En la lengua castellana, la acción de militar, se califica de “militancia”. Tradicionalmente, por ejemplo, se ha hablado de una “iglesia militante” en contraste con la “iglesia triunfante”.

«La Iglesia triunfante comprende la corte nobilísima y feliz de los espíritus bienaventurados que vencieron al mundo, demonio y carne, y, libres ya de las miserias y luchas de esta vida, gozan de la eterna bienaventuranza.

La militante está integrada por todos los fieles que aún viven en el mundo. Llámase así porque sus miembros deben aún sostener una dura y continua lucha contra los terribles enemigos espirituales: mundo, demonio y carne». [Catecismo del Concilio de Trento IX, 1090].

San Pablo señala que la vida es una “milicia” (2 Cor 10,4); estando en prisión refiere a dos conocidos como “con-militones” (compañero de armas) y un discípulo suyo invita a Timoteo: “combate el buen combate” (1 Tim 1,18). Pablo afirma tener “las armas de la justicia” refiriéndose a las características del apostolado (2 Cor 6,7); son armas que pretenden deshacer las fuerzas adversas, palabras que se oponen al conocimiento de Dios, buscando la obediencia de Cristo (2 Cor 10,4-6). La vida toda debe ser “arma de justicia al servicio de Cristo” (Rom 6,13), debemos “revestirnos de las armas de la luz” (Rom 13,12). En otras ocasiones la comparación parece tratarse de una metáfora deportiva:

  •         Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados. (2 Cor 4,8-9)
  •          Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado. (1 Cor 9,26-27; Fil 3,13-14)

Para Pablo, su vida (que, a su vez pretende que sea imitada por los suyos; ver 1 Cor 4,16; 11,1; 1 Tes 1,6; Fil 3,17) es ciertamente una militancia en favor del Evangelio.

Es interesante, en los Evangelios, notar, para comenzar, estadísticamente el uso de los términos que hacen referencia al amor. El verbo agapaô se encuentra 8x en Mateo, 5x en Marcos, 13x en Lucas y 37x en Juan; el sustantivo agape: 1/0/1/7; el verbo fileô: 5/1/2/13…

En el Evangelio de Juan, que como se ve en los datos recién aportados, es un tema particularmente importante, el modelo del amor es el del mismo Jesús (“como yo”, 13,34; 15,12) que, a su vez, nada menos, ama “como el Padre me amó” (15,9). Pero este amor es “hasta el extremo” (13,1; el término griego “télos” es “hasta el final”). La imagen que Jesús presenta es la de “ponerse” delante del peligro que amenaza a quienes se ama, como el pastor delante de las ovejas, o el amigo (10,11; 15,13; muchas Biblias suelen traducir “dar la vida”). El amor de Dios es sin medida: “tanto amó…”, 3,16). El contraste está dado en que es tanto el amor del Padre por el hijo que pone “todo en sus manos” (3,35), en cambio “el mundo” (los adversarios del proyecto de Dios) “amaron las tinieblas” (3,19) o la “gloria humana” (12,43). El amor de Dios a Jesús es “porque” Jesús arriesga su vida en favor de los suyos (10,17). Como una rama de la vid da frutos, los que aman a Jesús darán fruto, “cumplirán mis mandamientos” (= amar; 14,15) y serán, a su vez, amados por el Padre (14,21; 17,23) y hospedarán a Jesús y su Padre (14,23). Para Jesús, sencillamente, amar es hacer lo que Dios quiere (14,31). El “discípulo amado” es, precisamente, el que tiene una gran intimidad con Jesús (13,23), el que está junto a él en la cruz y recibe como suya a su madre (19,26), el que reconoce los signos de la resurrección, aunque sean casi insignificantes (20,8), el que lo reconoce en el prójimo (21,7), el que permanece hasta que vuelva (21,20) y por eso da testimonio de él (19,35).

Es evidente que el amor, para el Nuevo Testamento, es “militancia”.

Ya en el Preámbulo del imprescindible libro de Erich Fromm, El arte de amar, él señala:

La lectura de este libro será una experiencia decepcionante para quien esperase una fácil instrucción sobre el arte de amar. Este libro, por el contrario, quiere mostrar que el amor no es un sentimiento en el que cualquiera se pueda complacer, sin tener en cuenta el nivel de madurez que alcanzó. Desea convencer al lector de que todas sus tentativas de amar están condenadas al fracaso si no intenta, con el máximo de actividad, desarrollar su personalidad total, de modo de conseguir una orientación productiva; convencerlo de que la satisfacción en el amor individual no puede ser conseguida sin la capacidad de amar al próximo, sin verdadera humildad, coraje, fe y disciplina. En una cultura en la que tales cualidades son raras, el alcance de la capacidad de amar permanecerá como una conquista rara. O ... cualquiera puede preguntarse a cuantas personas ha conocido que verdaderamente aman.

Carlos Mugica, al hablar sobre “el Sacerdote hoy” lo decía así:

Uno de los grandes daños que nos hace esta sociedad llamada de consumo, pero de consumo para unos pocos y de hambre para muchos, es el de hacernos creer que el amor es una cosa dulce, más o menos afectuosa. No. Por amor, muchas veces me veo obligado a hacer sufrir mucho a los seres que amo. Amar, amar verdaderamente, ¿qué es? Es buscar el verdadero crecimiento del otro; buscar que el otro desarrolle su capacidad de crear; suscitar realmente todas las potencialidades de creación, de fecundidad que hay en el otro. Y eso a veces es muy doloroso. (…)


Lo que decide la amistad con Cristo es el compromiso con los hombres. De modo que hoy, un sacerdote realiza su rol sacerdotal en la medida en que se compromete hasta los tuétanos con los hombres. Hoy el compromiso de amor con los hombres es un compromiso político, en el sentido amplio de la palabra. (…)


“La medida del amor – decía santa Teresa – es amar sin medida”.

 

Es evidente que, en nuestra sociedad, el término “amor – amar” (que es “polisémico”) se puede usar de modos muy diferentes; ¡y así se usa! Lo que nos toca a los cristianos, en este caso, es ver en qué sentido lo usa Jesús, en qué sentido lo usaron quienes fueron fieles militantes de su proyecto, el Reino de Dios. Y viéndolo, sencillamente “militarlo”.

 

 

Imagen tomada de https://www.bubok.com.ar/libros/199011/poesia-para-la-militancia


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