miércoles, 20 de mayo de 2026

Cobardes

Cobardes

Eduardo de la Serna



Según el diccionario etimológico, el término “cobarde” proviene del francés antiguo (coart) y remite a la “cola”, seguramente por la huida ante la dificultad o lo que se percibe como peligro. Por supuesto que no toda huida implica cobardía, al menos en el sentido habitual. Frente a un peligro real huir es razonable, por ejemplo, para salvar la vida. En suma, señalemos que huir puede o no ser razonable mientras que la cobardía siempre y en todos los casos es negativa.

Vayamos a otro caso, el anonimato. Del mismo modo que la huida, el anonimato puede ser o no razonable. En la práctica puede ser un modo de expresar resistencia, como es el caso de un grito en medio de la multitud, un grafiti, un rumor, como expresión – al menos limitada – para cuestionar al poderoso, al opresor, al hegemón. Pero también el anonimato puede ser expresión de cobardía, de “no dar la cara”.

Pero somos testigos de algunos casos que merecen una breve reflexión:

Sabemos de tuiteros (no sé cómo llamarlos ahora que Tuitter es X) agreden, insultan, ofenden, mienten y cuando son confrontados “cara a cara” huyen. Pareciera fácil desde el anonimato, pero, en estos casos, ciertamente no se trata de un acto de resistencia frente al Poder, sino simplemente de cobardía.

También es frecuente que se escuchen insultos y vituperios varios (cuanto más soeces, pareciera, es más frecuente) de boca de los poderosos a personas que no pueden (o muy limitadamente pueden) defenderse. Se trata de un abuso de poder, ciertamente, pero sin riesgo alguno porque no hay posibilidad de confrontación. Suele pasar, en estos casos que pareciera creerse que quién más grita, más razón tiene (cosa que suele ser a la inversa). Se escucha “pontificar” a quien no es pontífice… Evidentemente, si no hay posibilidad de encuentro o de debate pareciera que se trata de una especie de “discurso único” cuando, en realidad, sabemos que hay otros. “Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”. Y, señalemos, si no se presta al diálogo o al debate eso revela, no solo la debilidad evidente del discurso, sino también una forma de cobardía. Hablo yo, sentencio yo, y los demás ¡se callan!

Las redes sociales, ciertamente, suelen ser espacio casi sagrado para los cobardes, un ámbito de “asilo”. Se puede difundir cualquier “dato” (que no es tal) el cual, la pereza ambiente nunca investigará, y las mentes “conspiranoicas” y las ideologías afines replicarán “ad infinitum… ad nauseam” y tantos lo creerán hasta el punto que, en ocasiones, los transformen en “dato seguro” (“no me vas a decir / negar que…”). La “ventaja” que tienen estas es que no importa el cargo o la situación del destinatario… es más fácil creer que investigar, es más fácil repetir que dudar, es más fácil difundir que reconocer la intencionalidad. E – insisto – se vuelve particularmente habitual cuando el destinatario de la “fake news”, la mentira, la calumnia es un adversario o adversaria… Total, difundirla no me trae ninguna consecuencia adversa. El anonimato me protege.

Si la cobardía se origina en la “cola”, lo contrario es la “cara”, sin duda. Dar la cara, enfrentar cara a cara; algo a lo que los cobardes no están ni habituados ni dispuestos. Y, los perezosos, desinteresados por la verdad, por el respeto a los demás, por la convivencia, simplemente repetirán sin consecuencias con otra especie de cobardía 2.0. Es interesante que el texto griego del Evangelio, no dice que es bueno “dar la vida” (sería casi suicida) sino “poner la vida”; frente al peligro el pastor o el amigo se ponen delante para proteger o cuidar el rebaño o los amigos, “dan la cara”.

La cobardía es “parienta” del miedo, del temor. Insisto que es razonable tener miedo ante un peligro cierto, pero es enfermizo cuando el riesgo no es tal. El miedo a fantasmas, situaciones inexistentes o exacerbadas al extremo, no es sino una (nueva) expresión de debilidad. Y frente al supuesto peligro, reconociendo mi debilidad (aunque no la acepte públicamente, por cierto: “yo tengo la verdad”), lo sensato es la actitud cobarde, sea del grito y la ofensa, sea el anonimato, sea el maltrato… Se llame como se llame, se presente como se presente, se auto perciba como se autoperciba, lo cierto es que se trata de cobardes. Nada menos (y muchos saben a quienes me refiero).


Imagen tomada de https://concepto.de/cobarde/

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