Creo en (= dentro de) la Iglesia
(o herejías que no son condenadas)
Eduardo de la Serna
El título de esta nota no
pretende ser provocador a pesar que en ocasiones lo pareciera. Desde hace
siglos la teología ha dicho claramente que el “objeto de la fe” es Dios, ¡y
sólo Dios! La Iglesia no es objeto de fe, sino el ámbito de fe.
El mismo Credo, en su versión
latina lo deja claro: Credo in Deum, Patrem… in Iesum Christum, Filium… in
Spiritum Sanctum… sanctam Ecclesiam. No dice “in Ecclesiam”. El
Credo “largo” (Niceno-constantinopolitano) es más claro aún: Credo in unum
Deum, Patrem … Et in
unum Dominum Jesum Christum… Et in Spiritum sanctum, Dominum ... Et unam,
sanctam, catholicam, et apostolicam Ecclesiam” (nuevamente, no dice “in”). Lamentablemente,
algunas traducciones, extrañamente (¿heréticamente?) dicen “en la Iglesia”, y
no han sido corregidas…
Es que la “eclesiolatría” (hacer
de la Iglesia un ídolo) es algo habitual, y habitualmente no se corrige. La
Imagen, por ejemplo (de un nuevo ídolo, el Papa, papolatría) visto como
infalible suele acompañar esta distorsión de nuestra fe. Roberto Bellarmino (Doctor
de la Iglesia, y habitualmente tenido por conservador) afirmaba que “si el
papa fuera infalible, sobrarían los concilios”. Incluso hace una interesante
anotación cuando san Cipriano hace lo contrario de lo que el papa Dámaso había
indicado puesto que interpretó que el papa se había equivocado. Dice
Bellarmino: “Ni siquiera es cierto que San Cipriano pecara desobedeciendo al
papa... pues no pecó sino por ignorancia, pensando que el papa se equivocaba; y
si pensaba así, estaba obligado a no obedecer, pues no debía obrar contra su
propia conciencia”.
No deja de ser llamativo que se
escuchen cosas como esta:
Un mundo en
puja por la supremacía económica y el dominio de la fuerza, se ha detenido para
oír a quien por su función de Cristo en la tierra representa el orden del
espíritu, la esfera de los supremos valores de la humanidad; homenaje, que si
bien honra a Paulo VI, nos muestra igualmente que la humanidad, y los que
tienen en sus manos los destinos de los pueblos, revélanse sensibles a los
valores independientes de la materia.
Es que, Señores,
la voz de su santidad Paulo VI es la voz de Dios, y solo la voz de Dios, como
al principio de los tiempos, es la única capaz de disipar la confusión del caos.
El orden nuevo, tanto en el orden civil como en el eclesiástico, vendrá de ahí
y solo de ahí, o no vendrá de ninguna parte (monseñor Oscar Villena,
homilía en la catedral de Buenos Aires el día del Papa 1966).
Así, no solo se afirma que el
Papa es el “Vicario de Cristo” (sic) sino que se ha llegado a afirmar que era “vicediós”
y otras herejías del estilo. Afirmar que la voz del Papa es “la voz de Dios”,
que es “Cristo en la tierra” se asemeja bastante a la herejía (si no se está inmerso
en ella).
El papa Francisco repetía con
frecuencia que la Iglesia (el sensus fidelium) es infalibile in
credendo (cf. LG 12), lo cual es ciertamente distinto, ¡muy distinto!
“cuando
quieras saber lo que cree la Santa Madre Iglesia, andá al Magisterio, porque él
es encargado de enseñártelo, pero cuando quieras saber cómo cree la Iglesia,
andá al pueblo fiel” (Intervención del Santo Padre en la 18a
congregación general de la XVI asamblea general ordinaria del sínodo de los
obispos, 25 de octubre 2023).
Eclesiolatría, papolatría y
otras “latrías” más son, ciertamente, extrañas a la fe del Pueblo de Dios. Y,
por eso, creer centro de la Iglesia resulta sensato y sano, mientras que creer “en”
(como objeto de fe) la Iglesia, resulta extraño; extraño a la fe católica.
Si se dice en
la santa Iglesia católica, esto hay que entenderlo en cuanto que nuestra fe
hace referencia al Espíritu Santo, que santifica a la Iglesia, de tal forma que
el sentido es: Creo en el Espíritu Santo, que santifica a la Iglesia. Es
preferible, sin embargo, y corresponde mejor al uso, no poner la palabra en,
sino decir simplemente la santa Iglesia católica, como enseña también San León
papa (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae II.II q.1 a.9 ad 5)
Imagen tomada de https://www.larazon.es/cultura/historia/20221204/4vtasykidbgkjo55mbzzhcb3j4.html

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