Video con comentario al Evangelio de Navidad
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Eduardo
Una palabra, muchas palabras para este tiempo
Eduardo de la Serna
Una de las cosas maravillosas y a la vez ambiguas
que tiene la lengua es que hay palabras que todos entendemos, pero que para
cada grupo tiene un significado distinto. Totalmente distinto. La pregunta sería,
en ese caso, saber si realmente nos entendemos, pero a su vez, preguntarnos si
no puede ser usada por alguien para manipular, precisamente, las distintas
personas con las distintas comprensiones.
Un ejemplo que se repitió hace años es – a partir
del Big Data – la idea de la libre portación de armas. Por las redes
antisociales se insistía en que un candidato, a diferencia de otro, avalaba la
libre portación; pero, inmediatamente, según fuera cada receptor, llegaban
mensajes en los que se hablaba de armas de caza, de armas de tiro al blanco, de
armas de colección, de armas de defensa personal. Las armas eran distintas, las
palabras no. Y todos avalarían a aquel que les permitiera ejercer su “libertad”
de portarlas.
Es enorme la cantidad de palabras que significan
cosas distintas o ambiguas según el receptor… no todos decimos lo mismo al
decir vida, al decir paz, al decir libertad, al decir alegría, alma, esperanza,
verdad, justicia, derechos… Todas palabras demasiado fundamentales e
importantes, pero, cada quién, las llena de su propio barro para que germinen.
Y me voy a permitir una palabra que en ambientes
cristianos (y judíos) es muy importante y sirve para ejemplificar esto que
señalo. Me refiero a la palabra “desierto”.
Obviamente un desierto es un lugar de aridez, de
contraste de frio y calor, de ausencia casi total de vida, un lugar interminable
en su horizonte, un lugar de muerte, bien podría decirse.
Precisamente por lo dicho, el término se utiliza
también para señalar un lugar no habitado, una región desértica. Cuando se dice
que Juan, bautizaba “en el desierto”, evidentemente se refiere a lugares sin
gente, no a lugares sin agua. Desierto, en este caso, significa algo diferente
a lo antedicho.
Pero, en un tiempo concreto, como la proliferación de
cultos a las divinidades de la fecundidad a las que se atribuían y agradecían
las cosechas, o los nacimientos en el ganado o abundancia de hijos, algunos
profetas, como es el caso de Oseas, mirarán el desierto (precisamente por su
falta de esa fecundidad) como un tiempo y lugar de fidelidad de Israel a su
Dios Yahvé. El desierto, entonces, era, sobre todo, un momento ideal de encuentro
y de amor en la historia.
En otros momentos, como aquellos de persecución y
martirio, como el tiempo de los Macabeos, ir al desierto era un polisémico acto
de resistencia. Era, por un lado, separarse de la ciudad donde se imponía el
poder político que obligaba a la infidelidad; era, a su vez, estar en un
espacio lejano (“lugar desértico”) para poder vivir todo aquello que el poder
prohibía, aquello que los constituye como pueblo, y circuncidar a los hijos,
respetar el sábado, leer los libros sagrados y reunirse (synagogê) en
comunidad, pero, todavía más, era hacer memoria del tiempo de Moisés en el que
Dios conducía a su pueblo, conducía las batallas, y lo encaminaba a la tierra
de la promesa. Fue, en ese caso, el lugar de refugio, de guerrillas, y, como se
dijo, de resistencia, también armada.
Pero, poco más adelante, en el tiempo, fue también
el lugar donde una secta eligió ir a vivir (Qumrán) para no contaminarse con “el
mundo”, los “hijos de las tinieblas”, y, allí poder vivir el verdadero culto,
el verdadero Templo, ser el verdadero Israel… Lejos de los “kittim” (palabra
ambigua que indica a “los malos”, invasores, extranjeros, aplicada a los
romanos evitando, prudencialmente, nombrarlos, tanto para no darles entidad,
como para no “despertar la represión”) y permaneces lejos del Israel infiel.
El desierto, como se ha insinuado, es el lugar donde
algunos bautizadores, como es el caso de Juan, invitan a la conversión de los
que se reconocen pecadores. Se invita, allí, a un cambio de vida según la ley
de Dios, “enderezar los caminos”, limpiarse (bautizarse) de todo para cambiar
de mentalidad y de vida. Es el lugar donde estos eligen vivir para bautizar a quienes
van de paso.
En los Evangelios,
con cierta frecuencia Jesús se retira a un “lugar desértico” para rezar, para
descansar, y, en otras, con las multitudes, para predicar, pero – en el caso de
Jesús – se trata sólo de un lugar “de paso”.
Sabemos
que algunos personajes, que intentaron infructuosamente levantarse contra los
romanos, solían convocar a la gente en el desierto. El esquema de “lugar de resistencia”
y contexto pascual (liberador) resulta evidente.
Eso no
impide que – en ocasiones – el desierto también sea visto como el lugar en el
que Israel le prestó resistencia a Yahvé; es, en este caso, el lugar de la
tentación (“como en Massáh”), en cuyo caso, los muertos que quedaron tendidos
son vistos como testimonio de esta tentación e infidelidad a Dios.
Muchas de
estas infidelidades de Israel en el desierto – que son vistas como la razón por
la que ese período se extendió por 40 años, es decir, una generación entera –
son ilustradas como los tres momentos de las tentaciones de Jesús en el
desierto, señalando que allí donde Israel cedió a la tentación, Jesús la vence,
dando comienzo a un nuevo tiempo para su pueblo.
Finalmente,
en el Apocalipsis, el desierto – nuevamente usado aprovechando la ambigüedad, y
sabiendo que donde los lectores leerían una cosa, los potenciales lectores
romanos, es decir, los enemigos, leerían otra cosa – es el lugar donde Dios
lleva a su mujer, la Iglesia, para alimentarla, protegerla por el breve tiempo que
dure la persecución del Imperio.
Pero, más
tarde, en la historia de la Iglesia (y me limitaré solo a tres momentos),
acabados los tiempos de persecución y martirio, algunos cristianos decidieron
ir a vivir – solos o en pequeñas comunidades – al desierto (desierto, en
griego, se dice erêmos, de donde viene “eremitas”). Si antes el “mundo”
era perseguidor y asesino, ahora es contaminante, e ir al desierto es “fugarse
del mundo” para poder vivir con la máxima fidelidad un “martirio incruento”. Es
el tiempo, por ejemplo, de los que se llamaron los “Padres del desierto”, inspiradores
de lo que luego fue el monacato (que viene de “monos”, en griego que es “solo”,
se trata de los que eligen vivir en soledad).
Con la
influencia del neoplatonismo, particularmente las importantísimas comunidades
eclesiales de Alejandría, empezaron a entender desierto como una “fuga mundi”,
escapar del mundo, como una característica de la espiritualidad, que es,
absolutamente superior a la mundanidad, a la vida “en la carne”. Se invita,
entonces, a una espiritualidad que plantea un dualismo antropológico, y
entiende la superioridad de los espirituales; el desierto es, en este caso, una
actitud interior, espiritual donde el alma puede liberarse (ex - stare,
éxtasis) de su cárcel, es decir del cuerpo.
La
liturgia, con frecuencia, plantea el tiempo de la Cuaresma como una suerte de
tiempo de desierto. Algo sensato si se ve como un tiempo “de paso”, pero no
como un escape del mundo malvado; algo sensato si se entiende como lugar de
descanso, de encuentro y no de lugar definitivo, tiempo de preparación y
recuperar fuerzas – “cargar pilas” – para vivir siempre “en el mundo” (que no
es in – mundo) la fidelidad al proyecto de Dios.
Me
permito una breve disquisición para evitar ser malentendido al referir al
desierto y Charles de Foucauld. Entiendo que él quiso vivir allí para encarnar
un momento concreto de la persona de Jesús, el tiempo desconocido de Nazaret,
no como un escape del mundo, algo que – por lo que entiendo – es totalmente
ajeno a su espiritualidad y vida.
Con esto
he pretendido mostrar que un término por todos conocido, en este caso el
desierto, es cargado de sentido histórico, político, religioso, espiritual
según el tiempo, según el grupo, según el contexto vital o mortal (Sitz im
Leben und im Tode). Algunos, recuperándolo hoy, quizás podamos pensar que
los tiempos que se aproximan en Argentina serán tiempos de desierto, aridez y
sequía, en los que quizás podamos cargar pilas, resistir, reunirnos en
comunidad, mirar las propuestas de Dios para la historia y nuestros tiempos,
reconocer los falsos ídolos escondidos en palabras como “libertad”, “seguridad”,
“orden”, y no “escapar” de la realidad, sino confrontarla. Si desierto fuera
lugar de escape, de aislamiento (o estar “solos”) difícilmente la imagen
ayudaría a la resistencia de un pueblo, difícilmente sería lugar de paso hacia
la vida, siendo, por el contrario, ámbito de infidelidad y muerte. Pero, en
cambio, como tantas palabras, este tiempo de desierto en el que hemos entrado,
bien puede ser tiempo de Cuaresma, que se encamina a la Pascua, de
peregrinación con destino a la Tierra que “mana leche y miel”, tiempo de
resistencia, de encuentro, y de militancia, tiempo que entre tanta muerte
anunciada – y por los kittim celebrada – será tiempo de vida y de
libertad verdadera, esa que elegimos vivir con “los otros”, empezando por los
pobres, apostando por la vida.
Oseas, el profeta enamorado
Eduardo de la Serna
Solemos tener la idea de que los profetas son una
suerte de personas que, iluminados por Dios, son capaces de predecir el futuro.
Sin embargo, los estudios contemporáneos dejan claro que estos son – en
realidad – personas creyentes que saben mirar su realidad con los
ojos de Dios, y decir, entonces, una palabra en Su nombre.
El caso de Oseas resulta sumamente elocuente. Predica
en una época de gran prosperidad en el reino de Israel. Casi contemporáneo de
Amós, ve que hay un pequeño grupo de ricos muy ricos y una enorme masa de
pobres muy pobres. Pero mientras Amós cuestionaba esta realidad desde una
mirada social, que podríamos resumir con la idea de “ricos cada vez más
ricos a costa de pobres cada vez más pobres”, Oseas enfrenta
la religiosidad subyacente en esa realidad. Una religiosidad que podríamos
dividirla en dos: hay algunos que atribuyen a los dioses cananeos de la fecundidad
(Baal especialmente) su riqueza: los campos y los ganados se multiplican
gracias a la fecundidad que Baal nos proporciona; y otros, en cambio, manifiestan una religiosidad
que habla de Yahvé pero que la vida de los creyentes no se manifiesta conforme
a ello, una "religiosidad vacía". Veamos ambas, pero para eso comencemos mirando la vida del profeta (capítulos
1-3).
Oseas está casado con Gómer (1,2-3; 3,1-3). No sabemos bien el contexto, pero lo cierto es que ella adultera o se prostituye lo cual, obviamente, causa gran dolor en Oseas que ama a su esposa. Es posible que él haya pasado por los diferentes momentos de ira (2,4-15), dolor (2,9-10) y búsqueda de reconquista (2,16-25), pero lo interesante – y aquí viene lo novedoso – es que Oseas mira su historia como un reflejo de la historia de Yahvé e Israel. Yahvé ama a Israel, su esposa, pero esta ha adulterado, se ha prostituido yendo con otro dios, Baal (que en hebreo quiere decir “señor”; ver 2,18). Aquí va naciendo la idea de un “Dios celoso”, que es frecuente en la Biblia (ver Ex 20,3-6), y que a lo que alude es al amor de Dios por su pueblo (ver Os 11,1-11), y al dolor que le causa que su amada-Israel, busque amantes como Baal (9,10-14). Para peor, los diferentes regalos que Dios da a su amada (lluvias, cosechas, ganados, frutos de la tierra; 7,14;8,7; 9,2; 10,11-13; 11,2; 13,6) eran vistos como regalos de Baal, olvidando aquellos momentos ideales cuando no había cabida a Baal porque no había lluvia, ni frutos, como ocurrió en el tiempo del desierto (2,16-17; 11,1-6; 13,4-6). Para peor, muchos, además de dar culto a Baal, también van a los santuarios yahvistas a dar culto, como si Yahvé fuera un dios más de un panteón (4,15; 8,11-13). Esto irrita a Yahvé que – una vez más – se manifiesta en Oseas, en este caso no en su esposa sino en los hijos de esta. La segunda hija se llama “no compadecida” (1,6) y el tercero se llama “no mi pueblo” (1,9) porque Dios no se compadece que aquel que ya no es su pueblo porque lo ha abandonado. Es importante recordar que la fórmula de alianza entre Dios e Israel es “yo seré su Dios, ustedes serán mi pueblo” (Ex 6,7; Lev 26,12; Jer 7,23; 11,4; Ez 34,30-31; 36,28), y, a su vez, la fórmula de la de la alianza matrimonial es “desde ahora seré tu esposo, desde ahora serás mi mujer”. No sólo la semejanza permite ver por qué Oseas mira su matrimonio a la luz de la alianza Yahvé-Israel, sino el enojo y la posterior reconciliación como “no mi pueblo” y luego “pueblo mío” (2,3.25).
Mucho más se podría decir de Oseas que no cabe en estas líneas, por lo que recomendamos vivamente su lectura. Señalamos simplemente una novedad importantísima. Esta situación personal vivida por Oseas le permitió dar un paso fundamental en la religiosidad de su tiempo: mientras hasta entonces lo habitual era decir que somos siervos de Dios, que a Él se lo debe obedecer y temer (ver Jos 24,14-15), Oseas incorpora la novedad – tomada a la luz de su situación matrimonial – de que a Dios se lo puede amar. Amar a Dios – con amor de esposos – es, ahora, la clave de las relaciones con él.
Esta
imagen matrimonial, y las relaciones con Dios servirán más tarde a las primeras
comunidades cristianas para impulsar la misión. Se podrían señalar muchos
textos, pero nos detendremos en uno: Israel es pueblo de Dios, y los pueblos
paganos no lo son, pero la misión y el bautismo impulsan a las comunidades a
invitar a otros a incorporarse a este pueblo (“mi pueblo”), y por lo tanto, a
acoger y abrazar a los paganos y paganas como verdaderos hermanos y hermanas, como miembros de
nuestra familia-pueblo, a tener compasión (“compadecida”) con ellos,
especialmente con los extranjeros y los despreciados de la sociedad (1 Pe
2,9-10).
Imagen tomada de https://www.alamy.es/imagenes/profeta-hosea.html?sortBy=relevant
La historia de ayer nos provoca a la historia de hoy
Eduardo de la Serna
Las
tradiciones a veces resignifican algo y lo adaptan a tiempos diferentes
creativamente. A veces… no siempre.
En muchas
culturas, el contraste entre luz y tinieblas resulta más que evidente:
especialmente en tiempos o lugares donde no existe la energía eléctrica. La noche
es ámbito de animales peligrosos, fantasmas, ruidos extraños, el peligro
insospechado e inesperado, tiempo de ladrones o de fieras. El día, en cambio,
la luz es espacio para caminar sin el riesgo del tropiezo inadvertido, permite
ver los peligros a distancia, es la diferencia entre ver y no ver. Por eso,
para la noche se recurre al fuego, antorchas, candelas, lámparas… Para ver allí
donde no se podía. Y por eso se usa en las fiestas.
Los
judíos, en tiempos de Antíoco IV sufrieron una tenaz persecución: se quemaban
los rollos de la Torah, estaba prohibida la circuncisión o las reuniones, se
hacían actividades obligatorias en sábado, de profanó el tiempo (se cambió el
calendario) y el espacio (se profanó el Templo).
Y comenzó
la resistencia. Algunos viviéndola en la intimidad de sus vidas personales,
otros manifestando su fe con riesgo de sus vidas (es tiempo en que se empieza a
teologizar el martirio; y circuncidan a sus hijos, respetan el sábado y no
comen alimentos impuros) y otros van al desierto (con todo lo que esto
significa en el mundo bíblico: tiempo de alianza, espacio de encuentro, ámbito
para ser pueblo… Y, además, algunos recurren a la respuesta armada. Los Macabeos,
por ejemplo, recurren a un tipo de guerra que hoy llamamos guerrilla (no se
llamaba así entonces; pero los griegos habían hecho en Jerusalén un verdadero
espacio invencible; el arma militar más invencible imaginable en ese entonces,
los elefantes, estaban allí en la ciudad… con todo el empobrecimiento de la
población que eso significaba, además: no había alimento suficiente, pero los
elefantes sí que comían, ¡y mucho!). Y lograron reconquistar la ciudad santa,
el lugar santo… Algunos reclamaban que se debía aprovechar el triunfo para
seguir reconquistando los territorios usurpados por el imperio griego, otros
reclamaban que se debía volver al sacerdocio tradicional (de la tribu de Leví y
el clan de Sadoc), etc. Pero lo cierto es que, al menos, se pudo volver a
purificar (= hacer puro, hacer santo) el lugar santo por excelencia: el Templo.
Este es
el marco histórico de la sagrada fiesta de Hanukká entre los judíos. Fiesta de
la luz. Fiesta de la reconquista militante. No soy yo el que pueda ver cuánto
de lo antiguo e histórico queda, cuánto está reformulado, cuánto deformado en
la actual celebración de Hanukká (y cuánto depende los lugares o tradiciones en
los distintos judaísmos). Pero me permito una analogía:
Estamos
en tiempos en que, en supermercados, programas de radio y TV se empieza a
hablar de la Navidad. Navidad también remite a un acontecimiento histórico. En
un período histórico conflictivo (imperio romano, tiempo de Herodes, el Grande,
conocido por su violencia: mató gran número de familiares suyos cuando pensó
que su poder peligraba). También tiempos de judaísmos para enfrentar, resistir
o negociar con los poderes vigentes (el sacerdocio, por ejemplo, debía
necesariamente llevarse bien con el poder político porque era éste el que ponía
y deponía). También tiempo en el que algunos iban al desierto (la comunidad de
Qumrán, Juan, el bautizador, etc.). Y en este contexto, aunque narrado por los
diferentes autores con elementos teológicos para predicar a sus comunidades, en
ese contexto hay un nacimiento. Y quien nació, con el tiempo, marcaría un rumbo
que, desde entonces, hasta hoy, muchos quieren y queremos seguir. Pero en los programas
de radio y TV, en los negocios hay árboles, guirnaldas, se habla de gnomos, de
renos voladores y de un anciano rodeado de nieve. Un ambiente de magia y
fantasía rodea el tiempo navideño. Apto para niños, un cuento de niños. Pero
¿el nacimiento? ¡Nada! No escuché – al menos yo no escuché – hablar del “niño
Jesús, de su familia, del pesebre, de los pobres que celebraron un nacimiento en
el que Dios quiso decir una palabra.
Una
fiesta religiosa se ha re-formado, de-formado en una fiesta del dios Mercado,
con la liturgia de la compra – venta, con los ornamentos sagrados en rojo y
dorado (a veces con algún tono de verde) y una liturgia que remeda el polo
norte. ¿Pesebres? ¿Niño? ¿María y José? ¡No! ¡Esa (también) te la debo! El
judeo-cristianismo es una tradición común que entiende que su fe se vive, se enraíza
en la historia (de Egipto a Roma, podríamos decir). Cuando la historia
desaparece, algo está andando mal. Cambiar la historia por animalitos es algo que
ya vivimos, aunque en este caso, se cambie un niño recién nacido por un extraño
reno que vuela.
Foto tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Januc%C3%A1
La clara responsabilidad del testigo
- Alégrense
- Recen
- Den gracias
- No extingan
- No desprecien
- Examinen – quédense
- Eviten
“Cuando alguno entra en el pacto para actuar en conformidad con todos estos estatutos y para unirse a la asamblea santa, examinarán su espíritu en la comunidad” (Regla de la comunidad, 1QS 5,20)
“… Será examinado por aquel que preside en mérito a su inteligencia y a sus acciones” (1QS 6,14)
Dios de la paz (cf. Rom 15,33; Fil 4,9; 2 Cor 13,11)Santificación (cf. 1 Cor 1,2; Rom 15,16; ver 1 Cor 6,11)Todo el serSin manchaVenida de Jesús (v.23)
"Algunos judíos creyeron que el ejército de Herodes había perecido por la ira de Dios, sufriendo el condigno castigo por haber muerto a Juan, llamado el Bautista. Herodes lo hizo matar, a pesar de ser un hombre justo que predicaba la práctica de la virtud, incitando a vivir con justicia mutua y con piedad hacia Dios, para así poder recibir el bautismo. Era con esta condición que Dios consideraba agradable el bautismo; se servían de él no para hacerse perdonar ciertas faltas, sino para purificar el cuerpo, con tal que previamente el alma hubiera sido purificada por la rectitud. Hombres de todos lados se habían reunido con él, pues se entusiasmaban al oírlo hablar. Sin embargo, Herodes, temeroso de que su gran autoridad indujera a los súbditos a rebelarse, pues el pueblo parecía estar dispuesto a seguir sus consejos, consideró más seguro, antes que surgiera alguna novedad, quitarlo de en medio, de lo contrario quizás tendría que arrepentirse más tarde, si se produjera alguna conjuración. Es así como por estas sospechas de Herodes fue encarcelado y enviado a la fortaleza de Maquero, de la que hemos hablado antes, y allí fue muerto. Los judíos creían que en venganza de su muerte, fue derrotado el ejército de Herodes, queriendo Dios castigarlo". (Flavio Josefo, Antigüedades Judías 18,5,2).
"(la comunidad) separándose de la iniquidad y marchando en camino perfecto. No se apartarán de ningún consejo de la ley para marchar en toda obstinación de su corazón, sino que serán gobernados por las ordenanzas primeras en las que los hombres de la comunidad comenzaron a ser instruidos hasta que venga el profeta y los mesías de Aarón e Israel..." (1QS 9,11);
"... después entrará el Mesías de Israel y se sentarán ante él los jefes de los clanes de Israel... y cuando se reúnan a la mesa de la comunidad a beber el mosto, y esté preparada la mesa de la comunidad y mezclado el mosto para beber, que nadie extienda su mano a la primicia del pan y del mosto antes del sacerdote, pues él es el que bendice la primicia del pan y del mosto y extiende su mano hacia el pan antes de ellos. Después el Mesías de Israel extenderá su mano hacia el pan". (1QSa 2,14-20);
"(no serán contados en la asamblea del pueblo y no serán inscritos en sus listas desde el día de la reunión del que enseña) del Maestro único hasta que surja el Mesías de Aarón e Israel." (CD 20,1);
"Mientras que Israel tenga el dominio, no faltará quien se siente sobre el trono de David. Pues la vara es la alianza de la realeza, los millares de Israel son los pies, hasta que venga el Mesías de justicia, el retoño de David. Pues a él y a su descendencia les ha sido dada la alianza de la realeza sobre su pueblo..." (4QBendiciones Patriarcales (4Q252) 2-4);
"Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Esto se refiere al retoño de David que se alzará con el intérprete de la Ley que surgirá en Sión en los últimos días, como está escrito: Haré alzarse la cabaña de David que está caída. Esto se refiere a la cabaña de David que está caída que se alzará para salvar a Israel" (4QFlor 1,11-13).
"Siendo Fado procurador de Judea, un cierto mago de nombre Teudas persuadió a un gran número de personas que, llevando consigo sus bienes, lo siguieran hasta el río Jordán. Afirmaba que era profeta, y que a su mando se abrirían las aguas del río y el tránsito les resultaría fácil..." (AntJ 20, 5,1);
"Las doce tribus se reunirán allí (en el nuevo Templo, que excede en gloria al primero) y todas las naciones hasta el tiempo en que el Altísimo envíe delante su salvación por el ministerio de su único profeta" (Testamento de Benjamín 9,2)
"Y cuando estos existan como comunidad en Israel según estas disposiciones se separarán de en medio de la residencia de los hombres de iniquidad para marchar al desierto para abrir allí el camino de Aquel. Como está escrito: 'En el desierto preparen el camino..., enderecen en la estepa un camino para nuestro Dios'. Este es el estudio de la Ley, que ordenó por mano de moisés, para obrar de acuerdo con todo lo revelado de edad en edad..." (1QS 8,12b-16; cfr. 1QIsa).
Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice Dios. Sacerdotes, hablen al corazón de Jerusalén, consuélenla! Su abajamiento esta cumplido, su pecado remitido, ella ha recibido por la mano del Señor el doble por sus faltas... Voz de aquel que grita en el desierto: preparen el camino del Señor, hagan derechos los senderos de Nuestro Dios!... La gloria del Señor será vista y toda carne verá la salvación de Dios... He aquí que el Señor viene con fuerza y con su brazo con poder; he aquí su salario con él y su obra ante él. (Is 40,1-10 LXX)
"... Los hijos de Leví, los hijos de Judá y los hijos de Benjamín, los exiliados del desierto, guerrearán contra ellos. ... contra todas sus tropas, cuando los hijos de la luz exiliados en el desierto de los pueblos retornen para acampar en el desierto de Jerusalén..." (1QM 1,2s; cfr. CD 1,15).
"Entonces purificará Dios con su verdad todas las obras del hombre, y refinará para sí la estructura del hombre, arrancando todo espíritu de injusticia del interior de su carne, y purificándolo con el espíritu de santidad de toda acción impía. Rociará sobre él el espíritu de verdad como aguas lustrales para purificarlo de todas las abominaciones de falsedad y de la contaminación del espíritu impuro. Así los rectos entenderán el conocimiento del Altísimo, y la sabiduría de los hijos del cielo instruirá a los de conducta perfecta. Pues a ellos los ha escogido Dios para una alianza eterna, y a ellos pertenecerá toda la gloria de Adán. No habrá más injusticia, y todas las obras de engaño serán una vergüenza...". (1QS 4,20-21)
"... En cuanto al Cristo o Mesías, si es que ha nacido y está en alguna parte, es desconocido y ni él se conoce a sí mismo ni tiene poder alguno, hasta que venga Elías a ungirle y le manifieste a todo el mundo..." (Justino, Diálogo con Trifón 8,4; cfr. 110,1)
"Tuvieron gran alegría, bendijeron, alabaron y exaltaron a Dios pues les había sido revelado el nombre de ese Hijo de hombre" (Henoc (etíope) 69,26);
"Y ocurrirá que cuando todo esto que debe ocurrir se cumpla en todas sus partes, el Ungido comenzará a ser revelado" (Apocalipsis de Baruc (siríaco) 29,3);
"Cuando estas cosas ocurran y estos signos que les he mostrado acontezcan, entonces mi hijo será revelado, a quien verán como un hombre viniendo sobre el mar" (4Esdras 7,28; 13,32).
Video con comentario al Evangelio del 3er domingo de adviento "B"
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