martes, 2 de enero de 2024

Comentario Bautismo del Señor "B"

Los tiempos nuevos están llegando

EL BAUTISMO DEL SEÑOR – “B”

Eduardo de la Serna



Las lecturas (no el Evangelio) en este ciclo "B" pueden variar entre dos opciones. Hemos escogido una de ellas. El Evangelio permanece idéntico en ambas posibilidades.


Lectura del libro del profeta Isaías     55, 1-11

Resumen: el descenso de la palabra de Dios parece ser el motivo de la incorporación del texto en la liturgia. Palabra que no vuelve al cielo sin haber producido el fruto para el que fue enviada.


Si bien es bastante debatido hoy en día la existencia de un gran profeta al que se conocía como “Segundo Isaías” [cuya obra se encuentra en los caps. 40 – 55 del libro del profeta Isaías] y muchos prefieren ver aquí una obra colectiva, se sigue sosteniendo, en general, que el libro presenta palabras pronunciadas durante el exilio y ante la inminencia del final del exilio (o primeros momentos del post-exilio; sea como fuere se sigue hablando del “Segundo Isaías”). El mensaje de liberación dirigido a aquellos que se encontraban en la situación de opresión es ciertamente un grito de esperanza. Las personas en ese contexto son obviamente pobres, oprimidos, sin dinero, y con hambre. El contexto económico, entonces, del texto sin duda es esperanzador y no conviene leerlo espiritualmente. 

La sed es una temática frecuente en el ambiente del desierto (Ex 17,3; Neh 9,15.20) y también en el asedio militar (Dt 28,48; Lam 4,4) incluso existen, en algunos poblados, vendedores de agua que vocean por las calles o es frecuente que por la tarde las mujeres fueran a los pozos a buscar agua para el día que comienza. Se utiliza también metafóricamente (“tierra sedienta”) para referir a los lugares áridos (Dt 29,18; Is 44,3). En varios textos de Isaías se hizo referencia al agua (41,17; 43,20; 44,3; 48,21; 49,10). También ya se ha encontrado en el libro la referencia al banquete. Pero si en 25,6 el acento estaba puesto en la calidad de los manjares, aquí el acento está puesto en la gratuidad. Los verbos lo repiten con insistencia:

Los “que no tienen plata”, “sin plata y sin pagar”, por qué “gastar dinero”, “(gastar) salario”… si v.1 insiste en lo gratuito, v.2 en el sinsentido de usar el jornal en lo que no alimenta (puede aludir al dinero que no alcanza, a causa de la opresión o la inflación, o al pago usurario o las tasas imperiales), lo cierto es que el acento está puesto en la fiesta y la comida. El fin del versículo podría traducirse “escúchenme escuchando” y lo que Dios quiere es que coman cosa buena (tôb), disfrutar algo sustancioso (con grasa) para la vida (néfes, vida, garganta, alma). 

Inclinar el oído está en continuidad con lo que dijo (“háganme caso”) y es lo principal a continuación (inclinar el oído, acudir a mí, oigan y vivirá su néfes). Esta vida, añorada y amenazada por los exiliados es ahora una nueva promesa de Dios, una alianza reconfirmada (literalmente “cortada”, como se cortan los animales con los que se “sella” la alianza amenazada por los buitres; cf. Gen 15,7-11). Como aquella firmada con David (ciertamente dirigida a un pueblo que ya no tiene rey por lo cual en este caso es una invitación a la esperanza). Pero es la vieja alianza reformulada, precisamente; alianza cuya característica es el amor (jésed) y la fidelidad (ne’eman) [cf. 2 Sam 7,15-16; Sal 89]. 

Sin embargo, precisamente esta imagen de la alianza, que es calificada de “eterna”, del venir a Dios, del banquete ha de entenderse en el sentido liberador del Dios que da la vida a su pueblo y a los exiliados, a diferencia de los dioses de los otros pueblos – de Babilonia especialmente – que dan la muerte. Esta vida está expresada en el banquete de la gratuidad. 

La oferta de 1-3 se concreta a continuación en 4-5. El lenguaje es el de la alianza, como se dijo. Esa alianza “para ustedes” extiende a toda la comunidad lo que se había dicho de David. El centro de su interés es Israel (tanto los exiliados en Babilonia o por el resto del mundo, como los habitantes de Jerusalén). No es seguro si el texto habla de las promesas / beneficios “a” o “de” David. La semejanza con Sal 132,10 y 2 Cr 6,42 revela que se pide a Yahvé que tenga en cuenta lo que él había prometido. El Salmo 89 se mueve en un mismo horizonte lingüístico. Puesto que ya no hay “David” lo que se pide es una renovación creativa de aquellas promesas divinas. Él “había sido constituido” caudillo de su pueblo y las naciones. El pueblo es testigo ante las naciones. Probablemente esté pensando, el autor, en el grupo (o parte de) que se encuentra en el cautiverio babilónico señalando que serán los que “conducirán” la restauración. El párrafo se cierra aludiendo a la intervención liberadora de Dios (algo propio en el “Segundo Isaías”).

El profeta había comenzado su texto invitando a los sedientos y a los que no tienen dinero a recibir sus dones sugiriendo que la sabiduría consiste en escuchar el mensaje del profeta y regresar a la reconstrucción de Jerusalén donde se cumplirá lo anunciado a David. Pero el único apoyo que tienen para creer radica en la confianza en la “palabra” de Dios, ya que las instituciones visibles de Israel (el rey, la tierra, el templo) han desaparecido. Esa palabra “cumple” aquello para lo que fue enviada.

En este caso, como es frecuente en varios profetas el acento está puesto en que Yahvé está cerca (ver Am 5,4; Os 10,12; Is 9,12; 31,1; Jer 10,21; 29,13). Siendo que el tema se encuentra también en Jeremías, Deuteronomio y Crónicas (cf. 2 Cr 12,14; 14,3.6; 16,12; 19,3; 22,9; 26,5) parece tratarse de un tema común ante el fin del exilio. 

Dt 4:29
Jer 29:13-14
Is 55:6
Desde allí buscarás a Yahveh, tu Dios; y le encontrarás si le buscas con todo tu corazón y con toda tu alma.
Me buscarán y me encontrarán cuando me soliciten de todo corazón me dejaré encontrar de ustedes (– oráculo de Yahveh–; devolveré sus cautivos, los recogeré de todas las naciones y lugares a donde los arrojé– oráculo de Yahveh– y los haré tornar al sitio de donde los hice que fuesen desterrados).
Busquen a Yahveh mientras se deja encontrar, llámenle mientras está cercano

Esa búsqueda – cosa extraña en el Segundo Isaías – se manifiesta con connotaciones morales y utiliza el verbo “perdonar”. Esto implica abandonar los otros dioses (notar la fuerza de “nuestro Dios”, v.7). «Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está Yahveh nuestro Dios siempre que le invocamos?» (Dt 4:7).

Sin embargo, esta cercanía de Dios con su pueblo se contrapone a la distancia impresionante entre los planes de Dios y los planes de los oyentes. Esto queda diagramado de un modo concéntrico donde se resalta la distancia:

A.- Mis pensamientos no son sus pensamientos
     B.- Ni sus caminos son mis caminos
C.- Porque cuanto más alto son los cielos que la tierra, así son más altos
     B’.- Mis caminos que sus caminos
A’.- Y mis pensamientos más que sus pensamientos.

Pero estas palabras y planes – como se ve en vv.10-11 – son de salvación, de vida y de alegría.

El discípulo de Isaías se dirige a los cautivos en Babilonia (la elite del pueblo), les afirma desde el comienzo que se aproxima el momento, y es inminente, en que podrán volver a la tierra de Israel. La situación de los cautivos es terrible. Allí, cada año deben escuchar el canto triunfal del relato Babilónico de la Creación que les repite, cada año nuevo, que 


Tú (Marduc) eres el más honrado de los grandes dioses, tu decreto no tiene par, tu orden es Anú (el dios del cielo); tú, Marduc, eres el más honrado de los grandes dioses, tu decreto no tiene par, tu palabra es Anú. Desde este día, inalterable será tu sentencia; ensalzar o humillar estará en tu mano; tu palabra será inmóvil, tu mandamiento será indiscutible (Enuma Elis, tabl. IV, líneas 3-9).



En este texto, el discípulo de Isaías les anuncia una suerte de parábola sobre la palabra de Dios que se puede ver en cómo está armado el texto:

a.    Como desciende la lluvia o la nieve de los cielos
b.    no vuelve sin haber saturado la tierra
c.    Sin haberla fecundado y hecho germinar (…)

a’. Así será mi palabra, la que saldrá de mi boca;
b’. No volverá a mí vacía
c’. Sin haber hecho lo que yo desee (…)

La lluvia o la nieve (a.b.c.) son metáfora que ilustra la segunda parte (a’.b’.c’.), la referencia a la palabra. El campesino sabe que los campos jamás serán productivos y fecundos sin la lluvia. Pero, de todos modos, la lluvia no es suficiente para producir el pan: es necesario el trabajo campesino que es el que cosecha y produce el pan. Este pan es el que da la vida; la obra de la lluvia es el primer paso. Cuando el agua – como el enviado a anunciar la palabra, el profeta – vuelva a los cielos ya ha fecundado los campos. Ahora falta la tarea del campesino para que haya pan. Del mismo modo, la palabra que Dios ha pronunciado por intermedio del profeta no quedará sin producir liberación. Como el pan, la liberación es vida para el pueblo. Como se insinuaba en Gen 1, la palabra de Dios es creadora de historia, y esta es “historia de salvación”. Como con el trigo y el pan, este paso liberador, anunciado por la palabra, deberá ser realizado por la humanidad en la historia.



Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     5, 1-9

Resumen: la fe y el amor nos unen plenamente a Dios como hijos sujos. Y nos hacen vencer sobre el mundo, el ambiente hostil a Dios y sus proyectos. La muerte de Jesús y su resurrección nos llevan a creer, de eso son testigos los sacramentos.


Una serie de elementos marcan el texto litúrgico. En realidad hay muchos temas que pertenecen a la teología de la carta, pero que no hacen –expresamente – al sentido de su elección para esta fiesta litúrgica. Sin duda la referencia al “agua” y al “espíritu” son las razones que deben destacarse. 

En la primera parte se pone “amar” y creer” en paralelo ya que si en 4,7 había dicho que “todo el que ama ha nacido de Dios”, ahora señala que “todo el que cree… ha nacido de Dios” (5,1). Lo cuan ahonda al señalar a continuación que “todo el que ama al que da el ser (= Dios) amará también al que ha nacido de él (= ¿Cristo?, ¿los creyentes?, ¿ambos?)”. a continuación destaca que el que cree “vence al mundo” (v.4). No hay que olvidar que en la literatura joánica, el “mundo” no se refiere a la “tierra”, en contraste con “el cielo”, sino al ambiente adversario de Jesús y su comunidad [por eso el diablo es el “príncipe de este mundo” (Jn 12,31; 14,30; 16,11), o el reino de Jesús “no es de este mundo” (18,36); el “reino de Dios” – en el aquí y ahora – se vive en la fe y el amor]. Ya Jesús ha “vencido al mundo” (Jn 16,33), y es la fe-amor la que lo vence. 

Decir que “vino con agua y con sangre” puede aludir a la muerte de Jesús y su costado traspasado (Jn 19,34). Jesús el Mesías vino en su pascua para ser recibido por la fe y el amor a semejanza suya. Agua y sangre pueden también aludir al bautismo y la eucaristía (3,5; 7,37-39; 19,30; y 6,53-56).

Lo propio del agua, la sangre y el espíritu es dar testimonio. Testimonio “de Dios acerca de su hijo” (v.9) para que crean (v.10). La fe es el objetivo del testimonio, fe en Jesús a quien se ha de creer. Lo que Dios testimonia sobre Jesús es su resurrección como triunfo sobre la muerte.



+ Evangelio según san Marcos     1, 7-11

Resumen: las antiguas expectativas alcanzan su cumplimiento, llega el “día del Señor”, y Jesús comenzará, en su bautismo, su ministerio.


Antes de comenzar el ministerio de Jesús, Marcos (y luego lo seguirán Mateo y Lucas) presenta una triple secuencia: presentación de Juan, el bautista, bautismo de Jesús y tentaciones en el desierto. Cada uno tiene sus elementos propios e interesantes para el comentario. Veamos aquí lo que se destaca en el texto de Marcos.


Para comenzar señalemos que el texto litúrgico no comienza en v.9 donde da origen la escena del bautismo sino que viene preparado por una breve presentación de la predicación de Juan. Luego de la expresa mención al cumplimiento de las escrituras (vv.2-3) Marcos presenta a Juan señalando el lugar de su acción bautista (v.4), los destinatarios (v.5), vestimenta y alimentación (v.6) y el contenido de su anuncio (vv.7-8). Esta última es tenida en cuenta en el texto.

La frase “detrás de mí” debe entenderse en sentido temporal, no espacial. Y lo que afirma de ese que viene es que es “más fuerte”, término que no es frecuente en los Evangelios. Es posible que aluda al guerrero divino y sus agentes en la batalla.

Lo que afirma es que a este ni siquiera es capaz, apto o competente para “inclinarse” para desatar sus sandalias, algo que es de esperar que hagan los esclavos. Por ejemplo Lev 25,39-40 afirma que si un israelita debe entregarse como esclavo de otro, no se lo tratará como un esclavo. A la luz de 1 Sam 25,41, lo que dicen los rabinos que no ha de hacer es lavar los pies de su patrón. En ese sentido afirman:


“R. Joshua bLevi dictaminóToda clase de servicio que un esclavo debe rendir a su amo un discípulo debe rendir a su maestro, excepto el de desatar su calzado.” (Talmud de Babilonia, Kethuboth 96a)


Juan está afirmando que es menos que un esclavo ante “el que viene”.

A continuación Juan hace una correlación entre dos tipos de bautismo, uno con agua y otro con Espíritu Santo. La relación entre agua y espíritu se remonta a Ezequiel, y es interesante su relectura en la regla de la comunidad de Qumrán:

Eze 36:25-27
1 QS 4,20-23
Los rociaré con un agua pura que los purificará: de todas sus inmundicias e idolatrías los he de purificar. Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Les infundiré mi espíritu y haré que caminen según mis preceptos y que cumplan mis mandatos poniéndolos por obra.
Entonces purificará Dios con su verdad todas las obras del hombre, y refinará para sí la estructura del hombre arrancando todo espíritu de injusticia del interior de su carne, y purificando con el espíritu de santidad de toda acción impía. Rociará sobre él el espíritu de verdad como aguas lustrales para purificarlo de todas las abominaciones de falsedad y de la contaminación del espíritu impuro.

Parece que en Marcos, el espíritu es presentado como una etapa superadora del agua.

Y a continuación irrumpe en la escena “el que viene”, algo que ocurre en un cambio de tiempo (“por aquellos días”). Sorpresivamente, no se dan datos biográficos de Jesús más que decir que viene de Nazaret de Galilea

Se afirma que el cielo se “rompió” (sjizomenous; el mismo verbo usado para el velo del templo en la muerte de Jesús, 15,38). 

La comparación del Espíritu con una paloma no se encuentra en la biblia hebrea aunque hay pequeñas referencias: El rabino Ben Zoma afirma que el espíritu de Dios volaba sobre las aguas (refiere a Gen 1,2) como una paloma; y el tárgum del Cantar de los cantares afirma que el arrullo de la tórtola es “la voz del Espíritu Santo de salvación que habla en Abraham…” (2,12). En general, el espíritu actúa en personas dándoles una fuerza extraordinaria (Jue 14,6.19), provocando un éxtasis (Num 11,25; 1 Sam 10,6.10), transporta personas de un lugar a otro (1 Re 18,12; 2 Re 2,16; Ez 3,12.14; 8,3; 11,1.24; 43,5) o les da el carisma de conducción (Jue 3,10; 1 Sam 16,13) o de profecía (Mi 3,8; Neh 9,30) o de realeza (Is 11,1-9). No es improbable que el texto de Is 61,1-2 esté en el sustrato del texto (algo que Lucas explicitará).

La voz del cielo remite a textos bíblicos: 

«Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (v.11).

La referencia al Hijo señala el cumplimiento de lo dicho en Sal 2,7: «Voy a anunciar el decreto de Yahveh: Él me ha dicho: «Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy». No necesariamente el término indica adopción en su formulación, pero es evidente que así es leído por los lectores de Marcos. 


El “amado” puede aludir a Isaac, el hijo “amado” de Abraham (Gen 22,2) pero es más probable que aluda a Is 42,1 (el paralelo entre 42,2 y 41,8 muestra que “amado” y “elegido” son paralelos). Pero la referencia que sigue a la “complacencia” es más explícita referencia a Is 42,1: «He aquí mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones». La imagen de la complacencia y la donación del espíritu invitan a notar que Is 42 ilustra lo dicho por la voz del cielo. Is 42 constituye el primero de los así llamados “cantos del siervo sufriente de Yahvé”.

De este modo, la voz del cielo alude al mesianismo real (el rey que es elegido) y el justo que sufre. En cierta manera los dos títulos de Cristo que serán el programa del Evangelio: el Cristo, el hijo de Dios (que será reconocido en la pasión) son introducidos por la voz del cielo. No se trata de un mesías militar y armado sino sufriente y crucificado.

Una nota sobre el posible marco anti-imperial de la escena: siendo que los emperadores han accedido al poder siendo “hijos adoptivos” (Octaviano, Tiberio, Nerón…) pero que estos desplegaron un poder caracterizado por el águila imperial que despliega su poder, no es extraño que Marcos quiera contrastar con otro hijo adoptivo que se caracteriza por la presencia de una paloma. Es algo para tener en cuenta.

Para una mejor comprensión del texto es bueno recordar (se lo ha comentado en días anteriores) que Juan el Bautista es presentado en Marcos (y Mateo) como “Elías que ha de venir”. El texto de Malaquías 3 afirmaba que el “mensajero”, que es Elías vendrá previamente al “día del Señor”. En el esquema tradicional de “siete cielos” Dios se encuentra en el más alto, y en una “revelación” (= apocalipsis) es habitual que los celos se abran (no que se rasguen, como en Marcos; pero sí en Mateo [3,16]). 

En el más alto habita la Gran gloria, en el Santo de los Santos superior a toda Santidad” (Testamento de Leví 3,4).
Los cielos se abrirán sobre él para verter las bendiciones del Espíritu del Padre Santo. Él mismo derramará también su gracia sobre ustedes. Serán sus hijos en la verdad y caminarán por el sendero de sus preceptos, los primeros y los últimos” (Testamento de Judá 24,2-4, pero este texto – si no todo el libro – tiene probables influencias cristianas).


El espíritu ha sido retirado, por eso – por ejemplo – ya no hay más profetas. 

Pero en este momento, súbitamente, nos encontramos con un profeta, y más aún, el mismísimo Elías, con que el cielo se rompe, que desciende el espíritu, que Dios habla… ¡Ha llegado “el día del Señor”! Con este signo Jesús comienza su ministerio.


Video con comentario al Evangelio del domingo en
https://youtu.be/uA78RSXmgAE
también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2024/01/video-con-comentario-al-evangelio-del.html


Foto tomada de fondospaisajess.com

lunes, 1 de enero de 2024

sábado, 30 de diciembre de 2023

Por un 2024 de abrazos resistentes (curas OPP)

Por un 2024 de abrazos resistentes

 


Se acerca un fin de año desconcertante y triste. No solamente las mesas estarán vacías, sino que las esperanzas de miles de hogares están sin motivos de alegría y de encuentro. Empieza un nuevo año, que siempre es motivo de celebraciones y de ilusiones que hoy se enfrentan con la angustia y la motosierra a sus expectativas.

La democracia, que, con todas sus limitaciones, aporta un marco de reclamos, de resistencia o de división de poderes, se ve avasallada con un DNU a todas luces inconstitucional y con leyes autoritarias, represivas y violentas que generan graves perjuicios desordenando la vida de la gran mayoría de los habitantes de nuestra Patria. El poder legislativo es reemplazado por un decreto de cosas sin necesidad ni urgencia algunas, y un poder judicial cada vez más cómplice del saqueo y el racismo.

Sabemos que en muchas casas de nuestras comunidades se mirarán a los ojos como no entendiendo, como no esperando. Y escuchando, entristecidos, algunas voces que celebran que “hay que darles con todo a estos negros planeros” o cosas por el estilo. Y, con la esperanza que nos da saber que Dios siempre está del lado de las y los pobres, queremos invitar a nuestras comunidades a una esperanza resistente, a reclamos en paz, para no alentar a represores o represoras borrachas de sangre y odio y a unirse y reunirse (aunque sean más de tres) para rezar, para pensar, para mirar desde la Palabra y la realidad que “Dios no quiere” que haya víctimas de modelos económicos de hambre y de miseria.

Queremos desearles a todos y todas un buen año 2024 con la esperanza de que otro mundo es posible, y que más tarde o más temprano lo iremos construyendo. Y celebrando.

 

Curas en opción por los y las pobres

30 de diciembre de 2023

Contactos: 

 

Guillermo Fernández Beret (La Rioja) 380 428 6596

Roberto Ferrari (San Isidro) 11 2611 0002

Eduardo de la Serna (Quilmes) 11 3296 8389

Sergio Rafaelli (Santiago del Estero) 385 478 0808

 

viernes, 29 de diciembre de 2023

Leyendo y recordando a Jeremías

Leyendo y recordando a Jeremías

Eduardo de la Serna



Resulta que avanzaba el ejército babilónico. El más poderoso de su tiempo. Y, tras su paso, y todos lo sabían, deportación, crímenes, exilios, desmembramientos, violaciones, destrucción. Y avanzaba resueltamente. ¿Quién podría detenerlo?

En Israel el terror estaba en las mentes de todos. Algunos pudieron escapar; Egipto parecía una buena solución. Pero ¿y la mayoría? ¿Dios podrá protegernos?, se preguntaban. Y acá empezó un debate. Incómodo debate. Político debate.

Estamos en la tierra que Dios nos ha prometido, está el rey, que es “hijo de Dios” por adopción, está, nada menos, que el Templo. ¡No pasarán! Repetían muchos. El profeta Jananías lo repetía con signos y palabras: ¡No pasarán! Esto alivió considerablemente a muchos… la mayoría. Con Dios de nuestra parte, y con la confirmación de la palabra del profeta, podremos tener un poco de paz. El ejército babilónico será poderoso, pero ¡Quién como Yahvé! Definitivamente no lo lograrán. Estamos salvados, concluyeron muchos; el rey y los sacerdotes respiraron aliviados.

Pero resulta que había otro profeta. Un tal Jeremías. Y este profeta dijo todo lo contrario: si un profeta dice que todo está bien, seguro que es un falso profeta. Es más, ¡sí pasarán! Y Jerusalén y el templo pasarán a un buen recuerdo. ¿Y Dios? Dios se ha desentendido… se desentendieron de Dios, ¿y ahora lo llaman? Lo siento, si hubieran vivido como Dios quería, sin explotarse unos a otros, sin reconocerse mutuamente como hermanos, si hubieran encontrado a Dios en la historia, hoy la historia sería distinta. Carcomieron las raíces del proyecto de Dios, ¿por qué extrañarse que hoy Dios se haya retirado y todo se desmorone?

Pero, Jeremías, ¿no estás mirando que tu palabra es “políticamente incorrecta”? Con eso se desalienta la resistencia. Es más, estás cerca de ser acusado de traidor a la patria. Lo mejor que se puede hacer es silenciar la voz del profeta que socaba las raíces del statu quo… preso, amenazado, sentenciado a muerte. ¿Y Dios? ¿Qué dice Dios? Lo siento, Jeremías, pero tendrás que decirles que Dios “se fue”. Que vayan al templo a protegerse, ya que “no pasarán”. Que se atrincheren en la tierra santa, ya que es casi una cueva de bandidos donde están protegidos y seguros.

Parece que don Jeremías, cuando vio la realidad… la dura realidad… y la vio desde Dios, no hizo una “evaluación política”, no siguió el consejo de Jananías, y – a veces contra su misma voluntad, y contra su propia seguridad – habló de parte de Dios. Quería callarse, pero una brasa lo quemaba desde adentro y ¡no podía! Tuvo que hablar. Si, hasta parece, para que no lo maten, finalmente un grupo de amigos se lo llevó a Egipto. En su tiempo, aunque quería callarse, no pudo. La fuerza de Dios no se manifestó en la defensa de la ciudad sino en la palabra de Jeremías. El análisis político que tapaba y hasta negaba el proyecto de Dios fue finalmente tapado por los cadáveres sembrados por el ejército babilónico. Hubo que esperar años, ¡muchos años!, hasta que la voz de Jeremías se recuperara y el pueblo de Dios volviera a escucharla. Y marcara rumbos, caminos y esperanzas.

Leyendo “La Verdad los hará libres” y viendo que la Conferencia Episcopal “evaluaba políticamente”, que el marxismo, que pueden ganar los “pinochetistas”, que el mal menor y demás sandeces, recordaba a Jeremías. Y mirando el silencio episcopal de ayer, de hoy y – lamentablemente – casi seguro también de mañana, vuelvo a recordar a Jeremías. Y mirando y leyendo textos episcopales, tristemente, recuerdo a Jananías. De memoria, y de Dios se trata… ah, y también de falsos profetas.


Imagen tomada de https://buenanueva.es/los-falsos-profetas/

jueves, 28 de diciembre de 2023

Ezequiel, un profeta mudo

Ezequiel, un profeta mudo

Eduardo de la Serna

 


De la vida de Ezequiel sabemos bastante poco. Era sacerdote (Ez 1,3) pero nunca aparece en actos de culto; aunque hacia el final de su libro tiene una magnífica visión de la restauración del Templo y de Jerusalén (caps. 40-48). Está en Babilonia, en el cautiverio.

Es bueno recordar que cuando los babilonios dominan sobre los judíos (año 597 a.C.), toman la ciudad de Jerusalén, ponen un rey vasallo y llevan cautivos a la elite de la ciudad (Ezequiel entre ellos). Cuando diez años más tarde, el rey vasallo amaga con rebelarse, los babilonios destruyen la ciudad, llevan más cautivos aún y arrasan con el Templo (año 587 a.C.). Ezequiel escribe en este tiempo intermedio entre ambas deportaciones; por eso en un primer momento critica mucho la ciudad y su pecado (ver caps. 4-24. 33-36), pero cuando ocurra la destrucción final, dejará esta actitud crítica y pasará a predicar la esperanza (ver cap. 37-39 y lo ya dicho de 40-48). Así que tenemos dos momentos clave en la predicación de este profeta. Sin embargo, hay un elemento que merece nuestra atención, más allá de esta doble etapa. A ella queremos dedicarnos en esta nota.

Como a los demás profetas, Dios lo llama para hablar en su nombre a su pueblo. Eso es lo propio de los profetas: “hablar en nombre de Dios”. Lo hacen con palabras características: “así dice el Señor” (Is 1,18; 10,24; 22,15...; Jer 2,2; 4,3...; Am 3,11; 5,3...; Abd 1; Ag 1,2; 2,6; Zac 1,16; 2,12; Mal 1,4; 3,10...), “fue dirigida la palabra de Dios al profeta...” (Is 38,4; Jer 1,2.11; 2,1...; Jon 1,1; 3,1; Ag 1,1; 2,1; Zac 1,1; 7,4...), “oráculo del Señor” (Is 1,24; 3,15...; Jer 1,8.19; 2,9...; Os 2,18.23; 11,11; Joe 2,12; Am 2,11; 3,10...; Ab 1,4.8; Mi 4,6; 5,9; Nah 2,14; 3,5; Hab 2,18; Sof 1,2; 2,9; Ag 1,9; 2,4; Zac 1,16; 2,9; Mal 1,2... [todas estas citas son sólo ejemplos, porque se encuentran estas palabras muchas más veces; sólo pretendemos mostrar que la idea es muy frecuente, y que se da en todos los profetas. No señalamos ejemplos de Ezequiel ya que de él estamos hablando]) ... Y esas palabras de Dios están dirigidas sea a un rey, un juez, a falsos profetas, o al mismo pueblo. Claro que lo habitual en los profetas es que no fueron escuchados, o – peor aún – fueron maltratados por hablar, como es el caso especialmente nítido de Jeremías (ver, por ejemplo, Jer 20,7-10). La cosa es que Ezequiel recibe un llamado de Dios quien le pone las palabras en su boca, en este caso en una visión: debe tragarse un libro donde están escritas las palabras (2,8-3,3). Pero lo dramático está en que Ezequiel sabe, ¡y Dios mismo se lo dice!, que no lo escucharán (2,7; 3,6-7.11.27). ¿Para qué lo envía entonces Dios a hablar si no será escuchado? O peor aún, lo escucharán pero como quien escucha a un buen cantante, pero las palabras “entrarán por un oído y saldrán por el otro”:

«Y tú, Hijo de hombre, la gente de tu pueblo anda murmurando de ti junto a los muros y a la puerta de las casas, diciéndose uno a otro: Vamos a ver qué palabra nos envía el Señor.  Acuden a ti en tropel y mi pueblo se sienta delante de ti; escuchan tus palabras, pero no las practican; con la boca dicen elogios, pero su ánimo anda tras el negocio.  Eres para ellos como un cantante de amor, tienes buena voz y tocas armoniosamente. Escuchan tus palabras, pero no las practican». (33,30-32).

Incluso, llega a ocurrir que Ezequiel quedará mudo hasta que sea el momento preciso de hablar de parte de Dios (3,24-27), con lo que el fracaso parece total: cuando hable no será escuchado y en los demás momentos no podrá hablar. Podemos decir que no es muy diferente a lo que sabemos de otros profetas, pero no podemos dejar de preguntarnos el porqué de esta vocación. El ejemplo que el mismo Dios le da, el de un centinela es clarificador (3,16-21), pero insuficiente: está puesto para alertar los peligros, si avisa y no cambian de actitud, ellos serán responsables, pero el centinela habrá cumplido su misión; en cambio, si no avisa (por ejemplo, sabiendo que no será escuchado: “¿para qué voy a hablar si no me escucharán?), ellos serán responsables de su situación, pero el centinela también habrá fallado. Pero esto también parece insuficiente, parece un ejemplo, pero en medio de una vocación al fracaso.

Y acá es importante recordar que los profetas no son llamados “para sí mismos” (en realidad, esto es válido para todos los ministerios y servicios en la comunidad). El profeta existe para hablar de parte de Dios a su pueblo, por tanto, no es el profeta el que cuenta, sino que cuenta Dios y cuenta el pueblo. Dios habla, pero el pueblo no quiere escuchar, ¿y entonces? Pues entonces, la palabra del profeta resulta un testimonio contra quienes no escucharon. No podrán decir que Dios no dijo nada, no podrán decir “no sabíamos”, “nadie nos avisó”. Serán responsables de su propio fracaso, porque Dios no se desentendió de ellos. El profeta, que es “voz de Dios” debe – precisamente – hacerla escuchar, y no puede omitir pronunciarla; al hacerlo “se darán cuenta de que tenían un profeta en medio de ellos” (2,5; 33,33). Dios no se desentendió de su pueblo, pero él no quiso escucharlo. Y eso que le ocurre a Dios es semejante a lo que le ocurre al profeta. Éste debe repetir – como buen centinela – “así dice el Señor” (2,4; 3,11.27). Es interesante en estos textos recién citados que no se dice qué es, en este caso, lo que debe repetir el profeta que dice el Señor; aquí no interesa la palabra concreta sino el hecho mismo de que Dios habla a su pueblo y este no lo escucha. Él no se desentiende de nosotros, aunque a veces no sabemos o no queremos escucharlo. Pero sigue enviando profetas, aunque a veces los prefiramos mudos, o no nos interpelen sus palabras.

Pintura de Miguel Ángel tomada de  https://es.wikipedia.org/wiki/Ezequiel_%28Miguel_%C3%81ngel%29

martes, 26 de diciembre de 2023

La Verdad los hará libres, tomo 3. Comentario y reflexiones.

La Verdad los hará libres, tomo 3. 

Comentario y reflexiones.

Eduardo de la Serna



Finalmente, tal como estaba anunciado, se publicó el tercer, y último, tomo de La Verdad los hará libres (editorial Planeta, Buenos Aires 2023). Tal como se había informado, este volumen se presenta como interdisciplinar (hay artículos jurídicos, filosóficos, sociológicos, de derecho canónico, teológicos, bíblicos, etc.). Si el tomo 1 tenía como subtítulo “La Iglesia católica en la espiral de violencia en la Argentina (1966-1983) y el tomo 2, “La Conferencia Episcopal Argentina y la Santa Sede frente al terrorismo de Estado (1976-1983), este tomo 3 se presenta como “interpretaciones sobre la Iglesia en Argentina (1966-1983). El recorte cronológico del tomo 2º resulta comprensible.

Hacía tiempo yo estaba enterado que la investigación estaba en curso, por lo que no me sorprendió el informe de la publicación del tomo 1. Sin haberlo aun leído, la introducción que se hizo pública me daba un sinsabor incómodo; la presencia por doquier del obispo Casaretto no me daba demasiadas esperanzas. Para más, a los pocos días, un diario, ciertamente de derecha (Infobae), publicó un apartado sobre lo que allí se decía sobre el asesinato de Carlos Mugica. Realmente mi sinsabor aumentó. Viendo el índice, le pedí a alguien que tenía acceso al libro si me podía hacer llegar lo que se decía acerca de dos casos que yo conocía y veía en el índice: el asesinato de Pancho Soares y el de Juan Isla Casares. Esto me motivó a escribir una breve primera nota: “cuando somos esclavos de la mentira” [https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/02/cuando-terminamos-esclavos-de-la-mentira.html]; allí aclaraba que no había leído la obra, pero comentaba acerca de estos tres casos que, obviamente, sí había leído. Esto motivó el malestar de Carlos Galli quien me pidió autorización para publicar en mi blog su descargo, a lo cual accedí [https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/02/acerca-de-la-nota-de-eduardo-de-la.html]. Ciertamente no estuve de acuerdo con lo que él allí decía, pero no lo manifesté en mi blog hasta pasado mucho tiempo para no alentar los desencuentros. Tiempo después sí lo publiqué en el mismo texto de Galli al finalizar el mismo.

Poco después se publicó el tomo 2º, centrado fundamentalmente en el acceso a los archivos. Algo muy importante, pero que – creía y creo – debía ser relativizado, cosa que escribí [https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/03/una-relativizacion-sobre-los-archivos.html].

Una vez que leí detenidamente el tomo 2º, publiqué un comentario crítico al mismo [https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/04/una-mirada-atenta-la-verdad-los-hara.html]. Y, más adelante, hice lo mismo con el tomo 1º [https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/04/la-verdad-los-hara-libres-tomo-i-mirada.html]. Finalmente, enterado que se incluirían en el tomo 3º unas erratas del tomo 1º (que incluiría una referencia a lo dicho por mí sobre Juan Isla Casares; curiosamente algunos me criticaron escribir sin haber leído, pero debió hacerse una errata sobre lo que yo dije y que no habían percibido quienes sí lo habían leído) escribí proponiendo otras varias erratas que podrían incluirse [https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/07/fe-de-erratas-en-la-verdad-los-hara.html], cosa que, como imaginaba, no ocurrió.

Vaya ahora, un comentario al nuevo y conclusivo tomo 3º.

Para empezar, celebro que haya opiniones bastante diferentes, “muy diferentes, incluso a veces contrarias” (p. 453 [si no se indica lo contrario, las páginas pertenecen a este tomo 3; caso contrario se indicará volumen y página]). En lo personal, hay artículos que yo jamás hubiera leído de no estar en esta obra que quería leer en su integridad, por ejemplo, por tratarse de temas que no me interesan. Hay artículos que – obviamente desde mi mirada personal – además, me resultaron parciales, superficiales, pobres, y otros que me resultaron muy positivos, constructivos y hasta excelentes. No es el caso señalarlos ya que se trataría de una mirada personal.

Es sabido que en la mirada de las ciencias sociales suele hacerse una distinción entre una perspectiva a la que se califica de Emic [punto de vista del “nativo”] y otra Etic [punto de vista del “analista”]. En esta obra (en los primero y tercer tomos) probablemente haya una preponderancia de miradas Etic y sería de desear incluir – no siempre es fácil por la distancia cronológica – una perspectiva también Emic (no me refiero al apartado con la recuperación de los archivos en este caso, evidentemente).

Como ya lo he señalado, las distintas miradas son “al modo del recipiente” como también lo son las “lecturas”. No estaría de más que en esta obra se explicite el “desde dónde” se habla, porque lo asépticamente puro no existe (lo indican, p.e. Gustavo Morello, pp 121-122, Luisa Ripa, p. 190 y Aldo Duzdevich, p. 489). Como también es situada mi lectura, obviamente. Yo viví la dictadura, padecí la dictadura, y me informé entonces y después sobre la dictadura. Saber quién escribe (y, por tanto, el “desde donde” lo hace, aporta claridad para la comprensión. Tener que imaginarlo o sospecharlo hace correr el riesgo del prejuicio que, lamentablemente, acompaña las lecturas. Por ejemplo, saber que Horacio García Bossio adhiere al desarrollismo hace comprensible su idea de la “teología del desarrollo” (y una extraña referencia a la teología de la liberación y del pueblo) y luego afirmar que

“cuando se promulga la encíclica Populorum Progressio (26 de marzo de 1967), sus orientaciones para la Iglesia universal y toda persona de buena voluntad significaron un grito desesperado encarnado en la lucidez de un Papa humano. Su eco no fue lo suficientemente oído, ya que cuando el 9 de octubre de ese mismo año es fusilado Ernesto Guevara, nació el mito de un Che que le daba carta de defunción a la quimera del desarrollismo para reconvertirlo en teoría de la dependencia y de la liberación. La recepción del documento de Medellín en 1968 en nuestro país y en América Latina expresaba esa muerte del escenario del desarrollo y el nacimiento de una polarización intransigente que detonó en la violencia de las armas” (p. 119).

En realidad, por muchas partes (no todas) se percibe una actitud auto-laudatoria, casi como que sin “La verdad los hará libres” no se pudiera hablar de la Dictadura y de la Iglesia, cosa que, ciertamente, no comparto.

Creo que sigue faltando un análisis exhaustivo, histórico, sociológico, etc. integral sobre la violencia. Recurrir a slogans del tipo “la violencia es anti-cristiana” no permite un análisis detallado. La violencia de las luchas independentistas no parece que se incluya en ese dicho (sólo para poner un ejemplo, Santa Juana de Arco no parece “anti-cristiana”). La legitima defensa también es contemplada. Por tanto, en lo personal echo en falta un detenido análisis. Ya he señalado la carta de curas latinoamericanos al Papa y los Obispos reunidos en Medellín que parece haber sido “recibida” en los Documentos, que permite un detenido análisis sobre la violencia; algo semejante hace Mons. Oscar Romero en una carta pastoral. Hablar de “la” violencia se parece más a una mirada superficial que analítica. Porque falta un detallado análisis cabe la pregunta, ¿toda violencia, en toda circunstancia y siempre es mala?; por ejemplo, en Argentina, ¿todas las guerrillas pretendían la toma del poder (pp. 26; 435)? El comentario de pp. 110-120 no parece contemplar la realidad, es pura teoría; el de pp. 312-332 es teológico, eclesiológico. Y que no se entienda que mi propuesta de analizar la violencia pretende justificar una y condenar otra, que no lo es; simplemente pretendo eso, analizar, porque – además – cualquier ejercicio de la violencia, en cualquier lugar y tiempo ocurre en un contexto, circunstancia, frente a antagonistas, situaciones y las propias (in)capacidades, con un Sitz im Leben y un Sitz im Tode (contexto vital y contexto mortal). Es sabido que hubo circunstancias en América Latina que señalaron la revolución armada como una alternativa posible: en noviembre de 1979 la conferencia Episcopal nicaragüense publicó la pastoral “Compromiso Cristiano para una Nicaragua Nueva” que considera el “proceso revolucionario” como una oportunidad para el país. Y, de ninguna manera, repito, estoy estableciendo paralelos, sino señalando la importancia y necesidad de un detenido análisis histórico, político, de la situación ausente en la obra.

Por todas partes se repite la ambigua idea de la "espiral de violencia", que puede resultar útil para no comprometerse en la palabra.

Por ejemplo, por doquier se descubre (como en los volúmenes anteriores) una identificación entre terrorismo, guerrilla, subversión y sedición; y es evidente que de ninguna manera se han de identificar; cf. p.24; 139; 149 [pero ahí mismo también positiva]; 200 n.28; 210; 235… Creo que podemos acordar que siempre el terrorismo es perverso, que no siempre las guerrillas son negativas, y que la subversión en muchos casos no sólo es positiva sino también Evangélica: “el que se humilla será ensalzado…”

Reitero que me parece parcial hacer comenzar el período de análisis es 1966 (en el mismo tomo 3 más de uno se remonta a 1930 (p. 520), aunque ciertamente la dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica haya comenzado en 1976, cosa que lleva a algunos a confundir ambas fechas (p.e. 37).

Sigue el problema de ausencias imprescindibles entre los/as autores/as. Para la obra se puede pedir la opinión a quien se desee o a quien se considere adecuado; pero esa elección (quién sí, y por qué, y para qué, y cómo; y quién no) será, obviamente, sólo su mirada y perspectiva. Y esta obra, leída desde “mi mirada y perspectiva”, tan válida como las otras en cuanto “opinión”, será acorde o no (o más o menos) con la opinión personal. Sigo sorprendido que en el equipo de investigación están ausentes nombres que considero indispensables, para empezar – y quizás el más imprescindible – Miguel “Vitín” Baronetto, a quién se puede añadir Fortunato Mallimaci, Mirta Guarino, Oscar Campana y, disculpen, Eduardo de la Serna. En lo personal creo que hubo censura (además de “indicaciones precisas” a los participantes). Pero, si los 3 tomos se presentan como un paso de la Iglesia Argentina para reconocer los hechos en orden al reconocimiento (“aun abierto”, p. 371) de sus fallas… si es así, no comprendo por qué se censuran participantes.

 

Recordemos: el tomo 1 hace una presentación, “desde” los autores. ¿Honesta?, no lo dudo, pero parcial, como no puede ser de otra manera. El tomo 2 (el principal) presenta “los archivos”, pero pocas veces en un contexto histórico, político, sociológico, etc. Ayuda a conocer mejor a “algunos” actores (quizás los principales) pero sobre el todo del episcopado, la gran mayoría permanece oculto en el “todos” o “la mayoría” … Por ejemplo, los archivos, por ser un trabajo enorme, y ser mucho más lo que es sin importancia que lo importante (p.32), por elegir un modo de trabajo (no se podría de otro modo), bien pueden esconder, o no ver, u olvidar elementos. Pero, además, no está de más recordar, por ejemplo, que – al menos por ahora, y no en todas partes, muchos juicios siguen, se revelan actores, elementos, situaciones. ¿Se puede pensar “la historia” sin recurrir también a “esos archivos”? Me consta, por ejemplo, que, en un juicio reciente, se dijeron nombres y situaciones del asesinato de un cura. ¿No debería eso incluirse en “la historia”? Ciertamente eso excede en mucho la propuesta de la obra, pero, solo lo señalo para destacar que esta es solamente una pieza en el rompecabezas, no “la” pieza fundamental, como pareciera concluirse de algunos textos.

Es importante señalar que en cierta manera la obra entera se presenta como un aporte a la “historia de la Iglesia”, y se destaca un debate teórico acerca de la misma (p.e. cap. 3 [pp.48-68] un debate sobre la misma “historia de la Iglesia”; cf. caps. 2 y 4). No muchos lectores estarán interesados en esa temática.

En p. 15, la frase “obtener información de 3115 personas detenidas ilegalmente o desaparecidas” es ambigua. Distinto sería decir “por las que se consultó a los obispos”, o cosas semejantes. Así dicho, pareciera que los 30.000 detenidos desaparecidos se reducen a 3115.

Enseguida acota que “la relevancia del material condujo a que el episcopado argentino pusiera su información a disposición de la justicia” lo cual parece omitir las décadas de reclamos de organismos y familiares a la CEA obteniendo por respuesta el silencio. Ese “poner a la disposición” no parece haber sido ni espontáneo ni fácil.

No se entiende que se hable de “los diálogos de Medellín” y no de los “Documentos”; la referencia a los MSTM es parcial, incompleta y no exacta al señalar que actuaron: “optando por alinearse explícitamente en la política” (sic). Además, menciona algunos nombres también parciales e incompletos (“Mujica”, sic). Menciona el regreso de Perón en 1973 omitiendo el de 1972 (p. 27).

Si bien los autores parecieran querer despegarse de la “teoría de los dos demonios” (p. 20; 235) a veces se “cuela” (p. 98. 105): “uno y otro bando” (p. 38); cf. 113; ¿194?; 199; 388; 473; 474; en 512-515 parece haber un solo demonio, la guerrilla.

Hay frases incomprensibles como las referencias a “las políticas de la memoria y del olvido” (p.38)

Afirmar que la enorme cantidad de “cartas, peticiones, solicitudes” dirigidas a la CEA son porque “la Iglesia católica (es) percibida como el único organismo humanitario e institucional que «no es hostil e indiferente»” (p.39) es una interpretación entre otra decena de posibles; y en lo personal, no es a esa interpretación a la que adhiero.

La figura que se presenta de F. Cavalli y E. Pironio (p.42) no es la que emerge de los archivos del tomo 2. La referencia al asesinato de Angelelli (p. 43) no es completa [y no se entiende, acá, la referencia a Mugica: “mártir de las villas miserias (sic) … un asesinato cuyas circunstancias saltan a la vista (sic)”]. Afirmar que “el momento de quiebre entre la Iglesia y el régimen militar se produce a raíz de la muerte del obispo Angelelli (el 4 de agosto de 1976), que conmociona a la opinión pública argentina e internacional” solo puede afirmarlo quien ni siquiera leyó el tomo 2 de esta obra; en p. 352 se reitera el encuentro de Primatesta con Pablo VI el 23 de mayo de 1977 hablando de lo cristiano del gobierno militar y la inexistencia de una persecución a la Iglesia.

Afirmar que, a fines de la década de 1960 en América Latina, “fueron muchos los católicos que se adhirieron a los movimientos guerrilleros (…) prestigiosos teólogos defendían en sus escritos la posibilidad de una conexión legítima entre Evangelio, violencia y revolución” es, por lo menos, tendenciosa (¿quiénes?, ¿dónde?).

La referencia a los DDHH, el tomismo (en la figura de mons. Derisi), la visita de la CIDH, es “terreno resbaladizo” donde “radica la desconfianza del episcopado argentino hacia el movimiento de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, que llevó a los obispos a negarse a reunirse…” (p.46) ¿De dónde concluye semejante tontería?

Vuelve a quedar maravillosamente bien Jorge Novak (p. 41… passim) En muchas partes la mirada parece “casaretteana” (pp. 41.55. y en muchos de los testigos).

Se usa “liberacionismo” (sic) (pp. 72) o “progresismo” (p.55) terminologías, además de ambiguas, usadas en los “setentas” por la Dictadura para justificar la persecución.

Decir que la Iglesia fue la única que alzó la voz (p.41), la única que pidió perdón (p. 236; p. 521) … no es verdad, pero, si lo fuera, no es un “campeonato”; la Iglesia no hace sino lo que “debe” hacer.

En p.109 se cita Sal 43 (42): 4 “alegra mi juventud” ¿de dónde sale la cita? ¿de la Vulgata? Bastaría que la autora buscara una buena edición / traducción de la Biblia para saber que la cita no es correcta.

Es sugerente la reflexión de William T. Cavanaugh profundizando el tema teológicamente en referencia a “los cuerpos”. Es coherente con lo que hace también Daniel G. Groody, A Theology of Migration. The Bodies of Refugees and the Body of Christ (Orbis Books, New York 2022). En este trabajo, los artículos citados quizás convendría que la bibliografía que existe en castellano, sea citada en esta lengua en beneficio de los lectores (p.e. p. 143 n.29 Jon Sobrino [p. 234]; Gustavo Gutiérrez p. 144 n. 30). Curiosamente en p. 146 n. 34 se cita la obra en castellano, pero no remite a este sino al inglés [p. 298].

Ver al mártir como el que “da la vida” es, cuanto menos, discutible. En realidad, no la “da” sino que… se la quitan (p. 169). Es interesante que en griego no se utiliza el verbo “dar”, sino “poner” (títhêmi): el pastor se pone delate, el amigo se pone delante para cuidar la vida del rebaño o del amigo. Sobre el martirio, es sabido que el tema fue debatido en tiempos de Puebla: así lo plantea G. Gutiérrez, en un artículo sobre el documento de Consulta [en La fuerza histórica de los pobres, Sígueme: Salamanca 1982, 147-149], la nota 10 del Documento de Trabajo y el documento final donde en el índice la palabra “mártires” figura encomillada.

También se hace referencia a los martirios de Larrabure (186-187; 513); o Sacheri (p.512). ¿Tenemos derecho a negar la honestidad de su “autopercepción” cristiana? ¡No! Pero ¿son “mártires conciliares”? Se suele hablar de los mártires del movimiento obrero, mártires de la policía… Es correcto siempre que se entienda, entonces, que la referencia es a quienes son miembros de la comunidad eclesial, “mártires del concilio”, como fueron llamados los mártires riojanos en la homilía de su beatificación. En el caso de Larrabure, además, queda la seria duda de que se haya tratado de un suicidio; cf. https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-130454-2009-08-23.html.

Como en los tomos anteriores se hace referencia a Emilio Mignone aludiendo a un dicho de Gerardo Farrell en su velatorio: él habría dicho que “criticó a la Iglesia porque la amó”. El dicho es incompleto… “la Iglesia jerárquica debe pedirle perdón, porque tenía razón. Criticó a la Iglesia porque la amaba”, dijo Farrell. La cita está tomada de M. del Carril, La vida de Emilio Mignone. Justicia, catolicismo y derechos humanos (ed. Emece, Buenos Aires 2011). La referencia a que Mignone “tenía razón” está omitida por del Carril, pero la fuente de su dicho soy yo mismo: “El padre Eduardo de la Serna dijo…” (p. 371). Y recuerdo perfectamente el momento y lo que dije.

En lo personal, no puedo comprender que se afirme que “en el origen de casi todas las Conferencias Episcopales juega un papel decisivo la necesidad perentoria de mejorar las relaciones entre la Iglesia y la autoridad del Estado… o de restablecerlas cuando estas se hayan interrumpido” (p. 207).

No se entiende la referencia a N. Healy en toda la primera parte del cap. 14 (pp. 262-264) que no es distinto a lo que otros hemos planeado antes (E. de la Serna, la Iglesia que “es”, la que “debe ser” y la conversión del “ser” al “deber ser”; Con los pies en el barro, Montevideo 1993, pp. 49-54, haciendo alusión a la “verdadera” Iglesia) y a lo que el mismo Gera señala, que es el tema en cuestión.

Las referencias a Gera (en p. 509 se cuestiona que esta obra sea “gerista”, [el término es mío]) y sus distancias en ambientes episcopales, omiten completamente que fue invitado como perito a Puebla, y al Sínodo de 1983 (p. 390). Invitado, ¿por quién? ¿para contrarrestarlo con Gutiérrez? (la supuesta “teología de la cultura” como contraria a la “teología de la liberación” sirvió a los sectores afines a Alfonso López Trujillo).

Curiosamente en más de una ocasión se habla del “Concilio II” (pp. 79, 303, 315 [2x]).

La división de 3 tipos de obispos como la que presentan Pio Laghi y Casaretto no se parece a los tres tipos que propone Gera [p. 326]). Son esquemas y nombres muy diferentes. Presentar, por ejemplo, a Novak (Gera no lo menciona ya que no era obispo cuando publicó el texto) como “muy avanzado” no parece fiel a la realidad; cuando Casaretto afirma que “obispos como Novak, De Nevares, Angelelli (…) plantearon desde el inicio del golpe militar una posición de claro enfrentamiento” parece ignorar que Novak no era obispo al comenzar la Dictadura que Casaretto no enfrentaba.

Resulta sintomático que en 1977 la Comisión Ejecutiva dice al Gobierno ¿qué dirá la Asamblea?. la cual se reuniría a fin de año (p. 349). Eso, claramente puede entenderse como un “alerta”. Entonces, el Gobierno manda 3 generales que fueron recibidos por la Asamblea a la que le pasan un video (p. 358). Es decir: se trata de subir la apuesta: “si la asamblea habla, nosotros mostraremos a la sociedad la complicidad de sectores eclesiásticos con la guerrilla” (además que nunca se preguntaron si el video era real, si era ficcionado, si se había obtenido bajo tortura… simplemente le dieron crédito). De un modo semejante, el año anterior, Jalics y Yorio fueron liberados un par de días antes que sesionara la segunda asamblea del 76. Me permito, además, una anécdota. Mons. Novak dijo que escuchar a los militares le había resultado suficiente, pero se negó a ver el video de “un montonero arrepentido”. Un día, hablando con él, le comenté que yo conocía a la ex-montonera (no montonero), si él quería decirle algo yo se lo transmitiría. A lo cual me dijo: “decile que, si ella quiere que un obispo la escuche, yo estoy dispuesto”. Ella accedió a encontrarse, pero la salud de Novak se deterioró muy rápidamente y no pudieron lograrlo.

Se insiste por doquier en la importancia de la “unidad” episcopal … Pero, ¿la unidad es un valor en sí? “no se puede pretender uniformidad, sí unidad” (acotó Pablo VI; p. 372). Dudo que necesariamente la unidad sea un valor definitivo, sí lo es la comunión, y precisamente una comunión que permite, y hasta celebra, el disenso.

Se afirma que “(l)a dinámica pendular entre el deber de denunciar y el temor de debilitar al gobierno se inclinó ampliamente en la segunda dirección, al menos hasta la intervención de Juan Pablo II” (en el Angelus, octubre 1979). En lo personal, no estoy de acuerdo; creo que esa actitud sigue en general en la Jerarquía hasta el día de hoy.

Se cita a “Gabriela” Fernández Meijide; es Graciela (pp. 392. 396).

También se cita G.S. 1 y en el texto se omite a “los pobres y los que sufren” (p. 399 [curiosa omisión]). En todo el artículo no habla de “dictadura”. Y señala una reconciliación “sin que se arrepientan” (p. 396); algo contrario en 450: “sólo es posible… si se arrepiente”. Pero en p. 480 otro autor insiste: “si perdonas solamente al que te pide perdón…” Es de destacar que - por la fecha de redacción - habla de 133 nietos recuperados, cuando, al día de hoy, son 137 (p. 393).

El texto bíblico destaca correctamente el sentido cristológico de la verdad, y el contraste libres-esclavos; quizá debería haber reforzado que la libertad es la de hijos. Falta destacar el sentido activo, no cognitivo de “conocer” (pp. 405-408); sobre esto volveré al final.

Quizás “su recepción (del sentido de liberación que da Gustavo Gutiérrez [1986]: social, de la persona humana y del pecado para vivir en el amor) en la Iglesia latinoamericana haya sido parcial o sesgada y, por ello, polémica” (p. 410). Eso es algo que desde López Trujillo ha ocurrido con Gustavo hasta ahora. Por otra parte, H. Lona puede hablar de Biblia, pero ¿de Teología de la liberación (especialmente en 1974), por el mero hecho de ser latinoamericano? (p. 409).

Se repite que Jesús “da el Espíritu” (p. 400; cf. 405; 417) algo que sin duda sería muy criticado por las Iglesias orientales.

Resulta lamentable la idea de que “todos tenemos culpabilidad (sic)” (p. 395); es decir "nadie lo es".

Por todas partes se usa el término “grieta” lo cual es indicio de un “lugar” desde el que se habla.

Se hace referencia a la política de países vecinos, aludiendo a Rousseff, Mujica, Bachelet (p. 394). Parece ignorar que, las dictaduras fueron distintas, los episcopados también, y los procesos de “memoria, verdad y justicia” también. Es evidente que son diferentes los procesos en Irlanda, Sudáfrica, Colombia, etc. Los contextos y situaciones, las posibilidades ciertamente deben tenerse en cuenta. Por ejemplo, ¿hubiera ocurrido lo mismo en Argentina si los militares no hubieran sido derrotados en Malvinas? Difícilmente.

Espeche Gil alude a los palotinos, al perdón y reconciliación (p. 471). Luego entra en una extraña referencia sobre Marx en la Gregoriana ¿a qué viene? Afirma que Ponce de León era amenazado “por la mafia local” (¿es decir, no por los militares?) … Contra el comunismo (p. 472). En una crítica a Kissinger afirma que es una “grave imputación sobre alguien que todavía está con vida” (ya no lo está; p. 473). Habla de “gobierno militar” (pp. 472.473), y que es mentira hablar de los 30.000 (Ripa defiende el número, p. 204: “el número de 30000 es inverificable. Tampoco es refutable”).

Cacabelos dice que sacerdotes llevaban a jóvenes a la violencia (p. 474) y en p. 475 (y lo repite más de una vez) menciona a Pichi Meisegeier, cosa con lo que está de acuerdo Pérez del Viso (p. 479). En “la verdad…” – afirma – falta cuestionar la adhesión de curas a la violencia” (muchos “Pichis”, acota) y el MSTM (p. 481). Finaliza diciendo que Juan Carlos Aramburu queda deslucido; quizás no haya leído atentamente el tomo 2 donde en “los archivos”, Aramburu no queda deslucido, sino franca y claramente mal. Quienes, además, hemos conocido y querido (y gozado de su amistad) a Pichi, ciertamente no guardaremos ni la misma memoria ni un buen recuerdo de este pobre artículo.

Sobre Mónica Quinteiro hay una mirada positiva en p. 480 (n.33) y otra negativa en p. 491.

Sobre la foto de tapa (p. 507; en lo personal me parece una tapa muy fea, pero es mi opinión) afirma que se trata una visita a una tumba, ¿no leyó II,245?  Curiosamente, a la vez que cuestiona la mirada “subjetiva” de la historia, en el tema Ligas Agrarias y Gianfranco Testa le da crédito a mons. Di Stéfano (p. 509) cuya postura frente al tema es claramente conocida (cf. p.374). El autor debería leer una buena biografía sobre Testa (fundador, en Milán, de la Universidad del Perdón) antes de dar crédito incuestionable a un obispo claramente parcial.

Curiosamente se hace referencia al período 1976-1983 como de una guerra (sic, p. 513). Y se acota que “en ambos casos (hippies y guerrilleros) los unirá la fascinación por la utopía, un signo de los tiempos setentistas, pero una herejía perenne”. Quizás deba recordar, el autor, la Carta de Pablo VI, Octogesima Adveniens, al cardenal Roy que en el n.37 habla del “renacimiento de las utopías”, claro que se trata de una carta de 1971, por lo que podrá calificarla de “setentista”.

En mis comentarios anteriores yo señalaba que los tomos no aportaban demasiado nuevo; asimismo lo afirma Memoria Abierta:

“La documentación utilizada para la investigación, si bien no muestra datos particularmente no conocidos, sí revela la información que circulaba en las esferas eclesiásticas, así como revela la inacción frente a lo que estaba ocurriendo” (p. 511).

Pero, para mostrarlo con un ejemplo concreto, la obra nos permite saber que cuando Primatesta le dice a Baronetto que no tiene “información sobre la existencia de cárceles clandestinas” (en septiembre de 1982, p.469) sencillamente mentía.

Una nota final… como he dicho, hay artículos que me han resultado sumamente provechosos. Otros, extraños: me cuesta comprender algunos francamente justificadores de la Dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica, tanto en los artículos como en los testimonios (sería para preguntar por qué muchos de estos han sido consultados mientras otros se han omitido). Muchos de estos, parecen tener un origen casaretteano o ligado a “Criterio” que en lo personal lamento (Llach, Cacabelos, Espeche Gil, Casapícola, Bosca, o esperadamente parcial, como mons. Olivera (que hace un elogio de mons. Laguna (pp.502-504) que queda desmentido por el mismo Hesayne (p. 379).

Para concluir me permito volver sobre el título y algunas notas bíblicas en los autores.

Es evidente que Josefina Llach no suele moverse cómoda en ambientes bíblicos, y su artículo lo manifiesta claramente (pp. 385-401).

El buen artículo de Carlos Galli (pp. 416-452) entra en un buen análisis bíblico, aunque hay matices que podrían o bien limitar lo dicho [el término “pobres de espíritu” se encuentra en la literatura de Qumrán; “ojo por ojo” no es un “progreso bíblico” sino que es tomado del código de Hamurabi (p. 438)], o bien reforzarlo (en la escena del impuesto al César, no sólo cuenta la inscripción – que es importantísima, como bien destaca Galli – sino también que hay una “imagen”, con lo que eso significa para los judíos, y, para peor, en el Templo); además, de algunas citas no revisadas: cita Mt 22,20 y es 22,40 [p. 424] y cita Rm 5,17 cuando es 5,20 [p. 452]; y omite Mt 1,22 en p. 450; Remite [p. 420 n.13] a El testimonio moral del Nuevo Testamento de R. Schnackenburg (1965), sin aludir a que el autor hizo una edición totalmente nueva y ampliada de la obra en 2 tomos en 1986. Hace referencia al término griego splagjnizomai, pero no incluye citas (“con la única excepción del texto” [Lc 10,33], omite Mt 18,27; p. 428) y sobre la “sobreabundancia”, omite 2 Cor 7,4 [p. 452]. Hablando de Pablo como “el gran teólogo de la reconciliación” (p. 433) desconoce el buen trabajo del biblista colombiano Juan M. Granados, “La teología de la reconciliación en las cartas de san Pablo”, ed. Verbo Divino, Navarra 2016; la ida de cristianos a Pella (p. 439) cuando la guerra de bar Kokhba es discutible. Nada de esto opaca el buen trabajo, aunque podría haberse incluido.

Gerardo Söding comenta el texto que da título a la obra. Es evidente que él se mueve en su ambiente. Simplemente, entonces, pequeñas notas. Es sabido que el “mito del redentor caído” del gnosticismo es sumamente cuestionado (p. 408) y muchos estudiosos lo niegan. Al señalar tres ejemplos de lectura (pp.409-411), señala dos biblistas y un teólogo (con buena formación bíblica, debemos decirlo); se podría ironizar – Gerardo me lo permitirá – que el tercer citado sea Thomas Söding. Sólo añadiría que una lectura “occidental” suele entender los términos “conocer”, “verdad” y “libertad” de un modo muy ajeno al ambiente bíblico. El “conocer” bíblico es experiencial, como también lo es la “verdad” (que no hay que comprenderlo en sentido filosófico, ya que es “manifestación de la realidad divina”, J. Zumstein, El Evangelio según Juan 1-12, ed. Sígueme, Salamanca 2016, 385). Es importante resaltar que, en Juan, el contraste de esclavo no es con libre, sino con “hijo” (M. L. Coloe, John 1-10, Wisdom Commentary, Liturgical Press, Minnesota 2021, 224). Por lo que una buena presentación del tema sería que “abrazarán [= conocerán] la fidelidad al proyecto de Dios [= verdad], y ese proyecto los hará hijos” [= libres]. Señalo esto, porque el título, a lectores no introducidos en la literatura joánica (como casi todos los lectores de la obra), les dirá algo diferente de lo que Juan quiere decir, y, por eso, el título es, por lo menos ambiguo.

En suma… He leído el tomo 3º. Con buenos artículos / testimonios, y artículos / testimonios verdaderamente deplorables; elementos cuestionables o al menos discutibles que es innecesario señalar acá, detalles menores que podrían corregirse (y errores de ortografía o de redacción evitables); he leído artículos de los que he podido aprovechar material y otros francamente descartables. Pero, y lo lamento, no he podido leer otros estudios acabados y seguramente medulares porque los que podrían haberlos escrito no fueron convocados a la obra.

 

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