jueves, 11 de septiembre de 2025

La mujer de Pedro

La mujer de Pedro

Eduardo de la Serna



En los evangelios que llamamos Sinópticos (por lo semejantes que son): Mateo, Marcos y Lucas, se nos cuenta que “la suegra de Simón / Pedro” estaba “agripada”. Cada uno de los evangelios lo cuenta con diferentes matices, propios de su teología, pero – y es lo que acá nos interesa – lo cierto es que Pedro “tenía suegra”, es decir, ¡estaba casado! (Mc 1,29-31; Mt 8,14-15; Lc 4,38-39). En realidad, aunque no se diga de otros, lo más probable es que todos los compañeros de Jesús lo estuvieran, pero, en el caso de Pedro, se nos dice expresamente que lo estaba.

Señalemos, de paso, que estar agripado, en el mundo antiguo era algo mucho más complicado que en nuestros tiempos, y la muerte era una posibilidad concreta. La curación, por parte de Jesús, entonces, es algo importante, y por eso todos ellos la destacan.

Pero ya llama la atención que después de señalar que los primeros seguidores de Jesús dejan a sus padres (Mc 1,16-20), poco después se nos diga que Pedro y Andrés, reciben a Jesús, con Santiago y Juan en su casa (Mc 1,29). Evidentemente, lo que hay que entender, es qué quiere decir esto de “dejar a los padres”. Más aún, al destacar Jesús la radicalidad del seguimiento (especialmente por la imposibilidad de que un rico pueda hacerlo; cf. Mc 10,25), Pedro le dice al Maestro, nosotros “hemos dejado todo y te hemos seguido” (10,28), y Jesús reconoce el hecho (más aún, la versión de Lucas añade “dejar mujer”, cosa que no estaba en Marcos y Mateo; ver Lc 18,29). Jesús supone, entonces, que sus compañeros han “dejado” todo, lo que supone un abandono de su familia. Pedro, entonces, habría dejado a su mujer.

Sin embargo, tiempo después de la resurrección de Jesús, cuando los discípulos empiezan a predicar por todo el ambiente conocido la novedad de Jesús, Pablo nos dice que “Cefas (es decir, Pedro, en su nombre arameo) y los hermanos de Jesús” viajan con una mujer acompañante (1 Cor 9,5). Sin duda, al menos en el caso de Pedro, se trata de su mujer. Parece que, pasado el tiempo, Pedro y su mujer, cuyo nombre lamentablemente desconocemos, son misioneros itinerantes. ¿Cómo es esto? ¿No habían dejado “todo”?

Veamos brevemente algo del ministerio de Jesús. Es evidente que él ha elegido a algunos, Pedro entre ellos, y que con bastante frecuencia viaja a diferentes regiones predicando la Buena Noticia del Reino (estos viajes misioneros de Jesús los encontramos por doquier en los Evangelios). Y en esas visitas lo acompañan los más cercanos. Todo indica, entonces, que ese “dejar todo” no se trata de una opción definitiva (“dejar para siempre”) sino de una renuncia por un tiempo mientras Jesús y los suyos se dirigen a una u otra parte para predicar, pero que, finalizada esta misión, volvieran a su vida cotidiana a la espera de una nueva misión. Ahora bien, una vez muerto y resucitado Jesús, Pedro y varios más ya no hacen pequeños viajes misioneros por la región para, finalmente, regresar a sus casas, sino que viajan probablemente dejando ya atrás los caminos pasados. Pedro, por lo que sabemos, ha dejado Galilea y luego Jerusalén (ver Hch 12,17) para luego dirigirse a Antioquía (ver Ga 2,11), y, de allí, se ha dirigido a Roma pasando probablemente por Corinto (y las ciudades de los alrededores; ver 1 Cor 1,12). Obviamente no lo hace solo, y la compañía de su mujer es, sin duda, razonable. Como sabemos por los primeros escritores cristianos, finalmente, Pedro será asesinado en Roma.

La mujer de Pedro, entonces, invisibilizada, como suele ocurrir lamentablemente con tantas mujeres de la historia, es una compañera suya en el ministerio. Sea esperando el regreso de los misioneros a la vuelta de la itinerancia, o sea, acompañando a su compañero por las diferentes regiones del imperio. Compañera, misionera, y – sin duda – discípula de Jesús. Anónima, pero discípula y misionera. Nada menos.


Imagen tomada de https://www.religionenlibertad.com/blog/30198/que-sabemos-de-la-esposa-de-san-pedro.html

martes, 9 de septiembre de 2025

Exaltación de la cruz

La cruz, una historia de amor

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
14 de septiembre

                                                                                                                 Eduardo de la Serna 

 


Lectura del libro de los Números     21, 4b-9


Resumen: En el esquema característico del pueblo que en el desierto –ni siquiera a poco de llegar a la tierra- sigue tentando a Dios, se nos prersenta una aparición de serpientes como castigo de Dios, la intercesión de Moisés y la construcción de una serpiente de bronce que restaura la situación a pesar de la rebelión sistemática del pueblo.

En su estadía en el desierto, el pueblo está llegando a las fronteras de la tierra de Israel, en Transjordania. La fórmula se repite: “partieron de…” (21,4.10.11.12.13…). El relato litúrgico [puesto aquí porque es citado por el evangelio del día] es un largo paréntesis sobre lo que ocurre en una de estas estaciones, rodeando el territorio de Edom.

Como en tantas ocasiones en el desierto, la inminencia de la llegada a la tierra no exime al pueblo de su rebelión constante. 

La “tentación” es habitual en el desierto (Ex 14,11; 15,24; 16,2-3; 17,3; Num 11,1.4; 14,2; 20,2) y con frecuencia alude a la muerte y al contraste con el pasado en Egipto. En esa región, donde hay minas de cobre, se han encontrado pequeñas serpientes hechas con este metal, seguramente como una suerte de amuleto protector. 

La cantidad de serpientes es calificada de “abrasadoras” (séraf; cf. Dt 8,15; pero también puede aludir a “alas”, cf. Is 14,29; 30,6 y quizás así “serafines”, Is 6,2.6), probablemente en alusión al dolor causado por la picadura. 

Como es frecuente, también, el pueblo reconoce su pecado (12,11; cf.14,40) y Dios cambia de actitud por intercesión de Moisés (11,2; Dt 9,26). Moisés, por encargo divino hará una serpiente de bronce (juego de palabras en hebreo: nejash nejoshet). No se trata en este caso de un amuleto, sino de un encargo divino, el cual dará vida donde se esperaba muerte por la mordida de la serpiente.

El estandarte ha de haber resultado significativo ya que se conservó en el Templo de Jerusalén hasta que en la reforma religiosa de Ezequías fue destruido por el desvío idolátrico que se había provocado (2 Re 18,4).

 

Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Filipos     2, 6-11

Resumen: Pablo invita a los cristianos de Filipos a tener una actitud caracterizada por la humildad y la obediencia imitando a Cristo. Esto provocó en él que Dios lo exaltara hasta la altura divina, con lo se espera que la gracia de Dios actuará en los hijos de Dios de un modo semejante.

Esta lectura se lee en la fiesta de los Ramos; aquí se presenta debido a su referencia a la cruz y a la consiguiente “exaltación” que Dios realiza a raíz de su “descenso”. 

El texto de la carta a los filipenses es visto con mucha frecuencia como un texto conocido por la comunidad y que Pablo cita en este contexto. Mirando atentamente descubrimos dos movimientos, uno de descenso (hacerse nada) y otro de exaltación. El primero, movimiento desde la forma de Dios a la forma de esclavo finaliza en la muerte, “¡y muerte de cruz!”. El segundo, marcado por la donación del nombre excelso (el nombre de Dios) culmina en la proclamación de Jesús como “¡señor!” Sin embargo, el acento está puesto en la primera parte (dice que tengan los comportamientos de Cristo y estos están marcados por el movimiento de descenso); el otro movimiento es obrado por Dios que exalta a Cristo “por eso” (por su abajamiento). Este abajamiento está marcado por dos acciones: la humildad y la obediencia (a Dios). Lo cual es claramente contracultural en una colonia romana como era Filipos. Esas dos acciones (que enmarcan el relato, en los vv.3 y 12) son lo que se debe buscar para tener los mismos comportamientos de Cristo hasta la cruz. El resto es obra de Dios elevando a Jesús -en la resurrección, por cierto- hasta la altura divina.


El doble movimiento de descenso y ascenso puede verse en el esquema. La idea principal para los lectores es “tener los comportamientos de Cristo”, por tanto repetir la escena de “descenso”. Dios, que es el sujeto del momento de “exaltación”, también dará a los suyos. 

Para la liturgia del día, el acento está puesto en la frase “y muerte de cruz” que los autores que consideran el texto un himno pre-paulino afirman que se trata de un añadido de mano del mismo Pablo. La obediencia y la humildad (la clave del comportamiento de Cristo que la comunidad debe repetir) llegan hasta el extremo de la cruz.

Es interesante, también, notar el movimiento de ascenso que Dios provoca. Este está marcado por el “nombre”. Dios le da el “nombre sobre todo nombre” (el nombre de Dios) que se une aquí al “nombre de Jesús”. Dios ha “elevado” a Jesús de modo tal que de él se dirán cosas que se afirman exclusivamente de Dios: se doblará toda rodilla… 

La referencia a “toda rodilla” y a “toda lengua” están tomadas del himno claramente monoteísta de Is 45,14-25 (ver v.23) donde se destaca que “Yahvé salva” a diferencia de los dioses de los pueblos que “no pueden salvar” (no está de más recordar que el nombre “Jesús” significa “Yahvé salva”). La acción elevadora de Dios a Jesús lo pone a la misma altura divina hasta el punto de ser reconocido como “Señor”, como se decía de Dios mismo; y en eso Dios mismo se manifiesta (gloria).

La acción descendente de Jesús de humildad y obediencia hasta el extremo de la cruz, en el paso de la forma de Dios a la forma de esclavo, provoca que Dios (“por eso”) lo exalte hasta la misma altura divina y reciba el mismo nombre divino con el que Dios recibe gloria y Jesús es reconocido por “toda lengua”.

 

Evangelio según san Juan     3, 13-17


Resumen: Dios manifiesta la paradoja de su amor ya que ama y entrega lo más amado precisamente a aquellos que se caracterizan por su enemistad a las cosas de Dios. Esto se expresa con el verbo “creer”, que es el objetivo de todo el Evangelio para que en ello el creyente tenga “vida”.

El cap. 3 de Juan presenta el encuentro y diálogo entre Jesús y Nicodemo; sin embargo, en algún momento (entre los vv.13 y 15) el texto parece abandonar el diálogo y pasar a ser un monólogo de Jesús en el que Nicodemo desaparece; algunos afirman que se pasa a un himno cristiano sobre el amor de Dios. Ciertamente esto ocurre antes de v.22 donde Jesús se traslada a Judea. 

Lo que se destaca es que “Dios amó al mundo”, y tanto que “dio” a su “Hijo único”. Es interesante que, en general, el término amor (verbo y sustantivo) en la primera parte del Evangelio (Jn 1-12) fundamentalmente se dice de Dios o de otros, mientras que en la segunda parte (Jn 13-20/21) se dice del Hijo. En este caso, se destaca el destinatario del amor de Dios: el mundo, y la medida: dar al Hijo. 

El mundo, en general, en Juan es el ambiente hostil a Dios y a Jesús, sus enemigos. Sin duda el ambiente en el que la comunidad joánica vive se encuentra con un amplio ambiente hostil a la que califican de “mundo” (kosmos). Dios, que ama primero, lo amó, pero el mundo lo ha odiado: “no lo conoció” (1,10) aunque quite “el pecado del mundo” (1,29) y sea “el Salvador del mundo” (4,42), da “vida al mundo” (6,33) y es su luz (8,12; 9,5; 12,46; cf. 1,9). Pero odia a Jesús y a los suyos (7,7; 15,18; 17,14; cf. 16,20) porque Jesús no es “de este mundo” (8,23), ni lo son los suyos (15,19; 17,16), ya que tiene como “príncipe” al diablo (12,31; 14,30; 16,11), por eso no recibe al Espíritu (14,17), no conoce a Dios (17,25), porque no tiene la paz verdadera (14,27). Con su Pascua Jesús ha “vencido al mundo” (16,33) porque su “reino no es de este mundo” (18,36). Es decir, no se refiere a dos “universos”, como el “cielo y la tierra”, sino a dos grupos diferenciados entre sí por creer o no en Jesús.

Lo paradojal viene dado en que Dios ama a quienes serán sus adversarios, y como manifestación de ese amor se señala la donación de su Hijo, al que llama “único” reforzando el amor y la intimidad (1,14.18; probablemente pensando en Abraham e Isaac, cf. Gen 22,12.16). En Juan el “amor” (agapê) es tema clave. Dios amó “al mundo” (3,16; 1 Juan 4,9) aunque los “hombres” [anthrôpoi] amaron las tinieblas (3,19), tanto ama Él, que nos llama hijos (1 Juan 3,1). El Padre ama al hijo (3,35; 10,17), y el hijo al Padre (14,31), los amigos se aman (11,5). El amor de Jesús “a los suyos” fue hasta “el extremo” (13,1) e invita a amar “como él” (13,34; 15,12), “hasta dar la vida” (15,13; 1 Juan 3,16), tanto que el “amor” revela a los “discípulos” (13,35). Hay relación entre “amor” y “mandamientos” (14,15) pero el mandamiento es el del amor (15,17). Hay una interrelación de amar a Jesús, a Dios, y ser amado (14,21.23.24; 15,10; 17,23.26; 1 Juan 4,7.12). El que ama a su hermano permanece “en la luz” (1 Juan 2,10), tanto que no ama a Dios quien no ama a su hermano (1 Juan 3,17; 4,20). Pero Dios siempre ama primero (1 Juan 4,10.19) y el amor hace desaparecer el temor (1 Juan 4,18). El amor del Padre por el mundo viene mostrado por su “don”, Jesús es ese don de Dios para que el mundo se salve y tenga vida.

La relación viene dada por “creer”, y el contraste entre “perecer” – tener “vida eterna” que en v.17 se aclaran como “juzgar” y “salvar”. Esta relación “perecer” – “ser juzgado” y tener “vida eterna” y “salvación” viene dada por el verbo “creer” o “no creer” (en tiempo perfecto, es decir, no haber creído y seguir en esa actitud increyente), que es creer “en él” (el Hijo único) o no creer “en el nombre” (= la persona). Los que “no creen” son los que constituyen “el mundo” a pesar del amor que Dios les ha manifestado ya que su salvación-vida eterna es lo que Dios quiere y ha manifestado en su amor. 

 

El video con reflexión sobre el Evangelio en

https://youtu.be/184DAEhZvOY

o también en

https://blogeduopp1.blogspot.com/2025/09/video-con-comentario-al-evangelio-de-la.html


Dibujo tomado de iconossannicolas.blogspot.com

 


viernes, 5 de septiembre de 2025

Mensaje final del Encuentro de Curas OPP (2025)

Mensaje final del Encuentro de Curas OPP (2025)



Como grupo de curas en opción por las y los pobres nos hemos reunido en nuestro encuentro anual. Curas de distintas partes del país queremos renovar las palabras del maravilloso poema de José Martí en Guantanamera: “Con los pobres de la tierra / quiero yo mi suerte echar”. Y sabemos que echar nuestra suerte con los pobres de la tierra implica insultos, desprecios, críticas y persecuciones.  

El modelo social, político y cultural vigente es generador de pobres, se desentiende de la vida y la vida digna. 

La corrupción, con sobornos a la luz del día, y una obscena ostentación de impunidad no nos permiten permanecer indiferentes. El ajuste, presentado como motosierra, perjudica a los trabajadores, los pobres, a los que tienen trabajos precarios y a los necesitados beneficiando al capital concentrado. 

En la vida cotidiana, y especialmente en tiempos electorales, se presentan a grandes rasgos proyectos distintos de Patria. Proyectos de individualismo, de crueldad e indiferencia y proyectos de justicia social, de paz y de verdadera libertad. 

Nos reunimos convocados por la necesidad de ser “honrados con lo real”. La realidad es dura, es compleja, y es indispensable mirarla sin disimulos y, a veces, en su dramatismo. Pero a su vez, la vida es una esperanza común; la lucha popular y comunitaria en pos de un proyecto de pueblo. 

Este modelo de ganancia excesiva de unos pocos genera un empobrecimiento creciente de cada vez más personas. Desde hace años afirmamos que “estas políticas no cierran sin represión”, y, además, que “este modelo, ¡mata!”, utilizando una frase del Papa Francisco. La crueldad se hace patente y se ensaña con personas con discapacidad, infancias, jubilados, la salud y la educación públicas… 

En este contexto, no nos olvidamos que Milagro Sala sigue siendo presa política y el poder judicial exhibe una doble vara injusta de toda injusticia. Además, Cristina Fernández de Kirchner, la principal lideresa política es encarcelada y proscripta en una farsa de juicio, mientras se blindan judicial y mediáticamente a funcionarios del gobierno, incluyendo a la hermana del presidente. 

En el orden internacional, el gobierno calla de un modo cómplice ante el genocidio en Gaza y avala a un criminal de guerra, Benjamín Netanyahu reclamado por la corte penal internacional. Acepta colonialmente, un embajador que nos dice con quién debemos comerciar y a quién debemos votar. 

Nos alerta otro genocidio en ciernes, éste ecológico, con el agro negocio, la minería extractivista y demás acciones destructoras del medio ambiente y provocadoras del cambio climático, del deterioro social que afecta especialmente a los campesinos y pueblos originarios. 

A pesar de todo, celebramos, la lucha perseverante de minorías valientes que no temen a los gases y a los palos, que, por momentos, se unen y se solidarizan en los múltiples reclamos al "topo anti Estado", haciéndose más visibles y haciendo retroceder a la represión que ejerce Patricia Bullrich

Abrazamos a Pablo Grillo, fotoperiodistas y medios alternativos, que nos ayudan a la honradez con lo real, aún a costa de sus vidas o de su integridad. 

Nos llenan de alegría los nietos aparecidos, en medio del ataque, desguace y abandono de las instituciones que protegen la Memoria, la Verdad y la Justicia ... y aplaudimos la perseverancia de Madres y Abuelas, repudiando que Argentina se haya retirado del Comité de DDHH de la ONU

Creemos que es indispensable la necesidad de conversión de nuestra dirigencia: de quienes esperamos que escuchen y aprendan de trabajadores y trabajadoras de los territorios, reconociéndolos como sujetos políticos del bien común que se juega en lo cotidiano. 

Sabemos que otro país es posible. La vida es una esperanza común. Creemos que la lucha popular y comunitaria engendra un proyecto de pueblo. 

Creemos que el odio, la crueldad, la mentira y la injusticia no tienen la última palabra en la historia. 

Creemos que el amor, la justicia social, la verdad y la esperanza nos marcan caminos. Y esos caminos son un propósito que queremos andar. 

La violencia verbal, la coima no pueden ser un proyecto. 

Empezamos a preparar los 50 años de memoria de momentos también duros. Momentos donde el genocidio, hoy negado, campeaba en el terrorismo de Estado. La muerte, la desaparición forzada, la tortura mostraba a todos el cruel rostro del horror; el cambio de la identidad de niños, que todavía hoy, adultos, ignoran, en gran número, su historia y su sangre. Pero esa memoria, con verdad y justicia nos manifiesta, a su vez, un camino, un rumbo de pueblo. Y, en la Iglesia, no podemos callar las decenas de testigos: obispos, curas, religiosos y religiosas y gran cantidad de laicos, en su mayoría anónimos, mártires que marcan rumbos y nos revelan que también otra Iglesia es posible. 

Ser honrados con lo real nos invita a mirar a la cara la injusticia y denunciar el pecado, y, a su vez, conocer una hoja de ruta para que vuelva la alegría y caminemos con esperanza. 


Curas en opción por las y los pobres 

Villa Allende, Córdoba 

4 de septiembre 2025

jueves, 4 de septiembre de 2025

Gedeón, un “juez”

Gedeón, un “juez”

Eduardo de la Serna



En la Biblia hay un libro, llamado “Jueces”, que nos presenta una serie de personajes muy importantes en los primeros tiempos de la historia de Israel. Estos no son necesariamente “jueces” en el sentido que nosotros lo entendemos, sino que muestran a varones y mujeres que se ocuparon de la “justicia” (es decir, la fidelidad al proyecto de Dios). Algunos de ellos son conocidos, otros solo son llamados por su nombre. La intención del texto es mostrar que, recién llegados a la tierra, provenientes de Egipto, el pueblo se fue asentando, y pasó por momentos de infidelidad y de fidelidad lo cual trajo sus consecuencias. Por eso todo el libro sigue siempre un mismo esquema: el pueblo se separó del proyecto de Dios y, en consecuencia, fue dominado por uno de los pueblos de los alrededores por un tiempo más o menos extenso. Ante esta situación de opresión, el pueblo “clama” a Dios (el clamor, en la Biblia, es el grito del dolor) y entonces, Dios envía un liberador que trae la paz al pueblo (un juez) por otro largo tiempo. En el libro encontramos algunos jueces cuya lucha por la liberación y el tiempo de paz son narrados extensamente, y otros que apenas si se los menciona. Veamos esquemáticamente esto:


1.      “los israelitas hicieron lo que desagradaba a Yahvé” (3,7.12; 4,1; 6,1; 8,33; 10,6; 13,1).
2.      Dios los dejó a merced de los edomitas (3,8), moabitas (3,12), cananeos (4,2), madianitas (6,1), filisteos (10,7; 13,1).
3.      “los israelitas clamaron” (3,9.15; 4,3; 6,6; 10,10).
4.      Dios envía a Otniel (3,9), Ehud (3,15), Débora (4,6), Gedeón (6,8), Abimélek (9,1), Jefté (11,1), Sansón (13,5).

En el libro se menciona, además, otros jueces, que – como dijimos – a los que solamente se los alude: Samgar (3,31), Tolá (10,1), Yair (10,3), Ibsán (12,8), Elón (12,11), Abdón (12,13). Y, si queremos ser precisos, de ellos se dicen cosas diferentes, que son jueces, pero también profetas, o reyes… Lo que importa es que ante el pueblo oprimido por naciones extranjeras (a consecuencia de su abandono de Dios, como dijimos) que clama a Dios por ayuda ante el dolor, Dios envía a alguien para que su pueblo tenga paz.

En estas páginas hemos elegido un juez, Gedeón, porque ayuda a entender el sentido que tiene todo el libro y el rol que estos personajes ocupan en la obra. Ante la opresión por parte de los madianitas (7 años) que saqueaban los campos de Israel (tanto los ganados como los productos de la tierra eran robados) redujeron a Israel a “una gran miseria” (6,6), y ante el clamor del pueblo, Dios les recuerda todo lo que hizo por Israel (comenzando por la liberación de Egipto, 6,8-10) pero que no fue tenido en cuenta por ellos. Cuando Dios le dice a Gedeón que él “salvará a Israel de la mano de Madián” (6,14) Gedeón pone una objeción lógica: su clan es el más pequeño de la tribu y su familia la última del clan, es decir “no es lógico” lo que Dios dice. ¿No debería elegir a un grupo más poderoso? Acá empieza el texto a mostrar lo que el autor quiere decir: la liberación no depende de la fuerza humana sino de la acción de Dios. Gedeón pide una señal a Dios, como ocurre otras veces en la Biblia (6,17) algo a lo que Dios accede (6,21). Entonces, lo primero que hace Gedeón es derribar los altares a los otros dioses que había en su casa (6,25). Después de una serie de conflictos, los madianitas deciden enfrentarlo y Gedeón convoca a todas las tribus vecinas (Gedeón vuelve a pedir otro signo, a lo que nuevamente Dios accede, 6,36-40). En el capítulo 7 empieza la gran novedad: el ejército de Gedeón, dice Dios, “es demasiado numeroso” (7,2) y entonces, se corre el riesgo de que Israel crea que él mismo, y no Dios, es el artífice de la liberación (se va a enorgullecer) y entonces Dios mismo empieza a reducir la tropa: que se vayan los que tiene miedo (abandonaron 22.000 quedando solo 10.000, 7,3), “hay todavía demasiada gente”, entonces vuelve a reducirlo: al llegar al agua distingue a los que se arrodillaron para beber de los que bebieron con la lengua, como los perros. Estos últimos solamente eran 300. “Con estos 300 los salvaré” (7,7). El ejército de Madián y sus aliados era “numeroso como la langosta” (7,12, 120.000 guerreros, 8,11). Gedeón entonces ataca por sorpresa dividido en 3 grupos que atacan haciendo sonar los cuernos y rompiendo cántaros, sin moverse. Esto sembró el desconcierto entre los madianitas que terminaron matándose entre ellos (7,22). Finalmente ejecutan a los jefes (7,25) … La historia de Gedeón continúa, incluso quieren hacerlo rey (8,22). Pero, como ocurre a lo largo de todo el libro, Israel vuelve a desobedecer a Dios y todo vuelve a empezar.

La historia de Gedeón quiere mostrarnos que es Dios, y no las armas, el que consigue la paz para su pueblo. Y para eso Él elige al grupo más pequeño del clan más pequeño, y incluso solo a un pequeño grupo militar para que Israel sepa que sólo cuando se mantiene fiel a Dios es que vivirá feliz y habrá justicia.


Imagen tomada de https://www.album-online.com/detail/es/MzlmMjZlMA/biblia-alba-1420-jueces-victoria-gedeon-madianitas-alb6130463

martes, 2 de septiembre de 2025

Domingo 23C

Seguir a Jesús, ser discípulos del Reino no es para tibios

DOMINGO VIGESIMOTERCERO - "C"





Lectura del libro de la Sabiduría     9, 13-18

Resumen: La distancia entre Dios y la humanidad es absoluta, y los seres humanos no pueden –con sus limitaciones- acceder a la voluntad de Dios y a conocer su sabiduría si Dios mismo no se lo revela.

Supuestamente Salomón formula, en el libro helénico de la Sabiduría - compuesto en Alejandríauna oración para pedir Sabiduría (cap. 9). El helenismo es evidente en este libro: ver “cuerpo” y “alma” en v.15; aunque no hay que exagerar los términos y pensarlo en categorías (neo)platónicas). 

La oración comienza con el destinatario de la misma (Dios de los Padres…, v.1) y tiene tres partes bien marcadas.

El capítulo 9 comienza con una referencia al “hombre” (anthrôpon) y la “sabiduría” (v.2) que se repiten de modo inverso en v.6. En v.7 y en v.12 se repiten las ideas de “juzgar” al “pueblo”. Finalmente en v.13 alude al conocimiento de la voluntad de Dios, lo que se repite en v.17, y en v.18 vuelve a repetir “hombre” y “sabiduría” (como en v.2 y v.6). Veamos:

Introducción: Dios de los Padres… (v.1)
I.              “Sabiduría… hombre (v.2)
Hombre… sabiduría (v.6)
II.            Pueblo… juez (v.7)
Juzgar… pueblo (v.12)
III.           ¿Qué hombre… conocer la voluntad de Dios? (v.13)
Conocido tu voluntad (v.17)
Conclusión: Hombre… Sabiduría (v.18)

Como se ve, la liturgia presenta la tercera parte de esta oración, la cual está centrada en la voluntad de Dios. La oración pasa a la tercera persona (¿qué hombre? v.13; ¿quién?, vv.13.16.17?) con lo que desaparece Salomón diluyéndose en la humanidad entrando en el terreno de la “reflexión filosófica y teológica”. La voluntad de Dios es indescifrable (ver Is 40,13-14) para “el hombre” (y la mujer, añadamos) sin Sabiduría, sin que Dios mismo la revele.

Los proyectos humanos son caducos, Dios –en cambio- es inaccesible. Con un lenguaje helénico alude a la debilidad del cuerpo / tienda de tierra y su influencia en el “alma” / espíritu (v.15). Evidentemente la debilidad, la “tierra”, dificulta el acceso a las cosas del “cielo” (v.16). Ante esta debilidad, sólo se puede acceder a las cosas de Dios si Él envía su “santo espíritu” (v.17) (entender el texto afirmando que el autor se refiere a la “Tercera Persona de la Santísima Trinidad” sería un anacronismo). La construcción en paralelo de toda la unidad –propia de la poética hebrea- nos muestra que “santo espíritu” debe entenderse como otro modo de referir a la “sabiduría”. Es importante reiterar que toda idea (platónica) del “cuerpo cárcel del alma”, o del cuerpo como “sede del pecado” es totalmente ajena al texto. La distancia entre Dios y el ser humano es abismal (Job 28; Qo 7,24; Sir 1,6; Bar 3,15), y es una idea propia del judaísmo (ver Dt 30,11; Is 38,12; 55,9); pero Dios se manifiesta a la humanidad (Sir 24,23-24; Sal 119; Bar 4,4; ver Pr 8,1).


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón     9b-10. 12-17

Resumen: el esclavo Onésimo se había fugado de su amo Filemón robándole. Pablo, preso, le anuncia el Evangelio logrando su conversión, y lo devuelve con su ex amo con el objetivo de que este lo reciba como un hermano e incluso lo libere. La carta juega un rol de salvoconducto, por si era detenido, y a su vez garantía para ser recibido como el mismo Pablo en su vieja casa y comunidad.


La carta de Pablo a Filemón es la más corta de todas sus cartas. Sin embargo, siendo una carta personal, llama la atención que el remitente no es sólo Pablo sino que añade como remitente a “Timoteo, el hermano” y es dirigida no sólo a Filemón, sino también “a la hermana Apfia, al compañero de armas, Arquipo y a toda la Iglesia de su casa”, esto es, una carta “personal” se ha vuelto una carta “comunitaria”. Evidentemente Pablo quiere transformar algo personal en algo comunitario. Onésimo, antiguo esclavo de Filemón se ha fugado y llevándose alguna pertenencia de su amo. La situación de los esclavos fugados era dramática, y perdían los pocos derechos que conservaban. Veamos brevemente algunos elementos antes de continuar:

La esclavitud: la vida de los esclavos nunca fue fácil, aunque en el mundo greco romano era notablemente más aliviada que la padecida en América por los capturados como mercancía en el África. La situación de los negros en los campos de algodón –y la prosperidad que eso implicó- en el norte de América resulta emblemática, pero no debería trasportarse a la situación en el mundo greco-romano. Se era esclavo fundamentalmente por dos razones: derrotas militares, o deudas económicas. Sin embargo, esto no era igual en todas partes, por ejemplo en Israel. Un judío no podía –en la práctica- tener un esclavo judío, aunque sí de las naciones vecinas. Si un judío, por deudas, debía ser esclavo de otro, al pagar con trabajo su deuda, o si otro lo hacía por él, quedaba instantáneamente liberado. Incluso, si no podía hacerlo, después de un tiempo Dios mismo salía en su favor, y los esclavos debían liberarse (es lo que se llama –en hebreo- el go’el). En suma, el esclavo judío debía ser, para el amo judío, un hermano. Y ser tratado tan bien que existe la posibilidad de que cuando llegue el momento de la liberación, este elija permanecer esclavo; de todos modos señalemos que en tiempos del Nuevo Testamento no parece que hubiera judíos esclavos de judíos. En el mundo greco-romano, en cambio, la situación era diferente, pero no opuesta (no estaba permitida, por ejemp`lo, la esclavitud por deudas; aunque no siempre se cumplía esto). Para los griegos, el hombre libre se dedica a filosofar, o a guerrear, no a trabajar. Esa es tarea de los esclavos, hasta el punto que Aristóteles llama al esclavo “un instrumento viviente” [Política, I.2]. Los esclavos se ocupan de todo en la casa (incluso satisfacer los deseos sexuales de amos o amas). Por eso mismo, es frecuente que algún esclavo sea el encargado de la administración de la casa, el que se ocupa de los negocios, de todo lo necesario mientras el amo se dedica al “ocio”. No son pocas las veces que el esclavo ha juntado algún dinero –u otros lo hacen por él- para el “rescate”, o “redención”, o a veces el mismo amo, por concretar algún buen negocio, por ejemplo, elige liberar al esclavo. Son los llamados “libertos”. En esta situación, el manejo de la casa, del dinero y los “viajes de negocios”, son ámbito propicio para la fuga y el robo. Ese parece el caso de Filemón y Onésimo.

Si la policía del imperio detectaba un esclavo fugado, el futuro que le esperaba era espantoso. El envío a trabajar en las minas, o a los remos de galeras resultaba una muerte segura, nadie se ocuparía de ellos en alguno de los frecuentes derrumbes o naufragios. Probablemente Onésimo se vio observado y supo que sus horas estaban contadas. Entonces, enterado que Pablo –amigo de su antiguo amo- estaba preso en la ciudad (probablemente Éfeso) fue a buscarlo. Lo cierto es que Pablo le predica a Jesús y Onésimo recibe el Evangelio. Ahora hay que salvar la vida de Onésimo. ¿Qué hace, entonces, Pablo? Le escribe una carta a su amigo, pero para asegurar la vida del ex esclavo hace que esa carta no sea personal sino pública. Y la carta actúa a modo de salvoconducto (en caso de ser detenido Onésimo podría demostrar que se dirige a casa de su ex amo, y además, Pablo le firma un “pagaré” (v.19), con lo que queda visible ante todos que la deuda quedará saldada. Pero esto no es todo, Onésimo al llegar volvería a ser esclavo y –además- seguramente perdería los privilegios que había conseguido de ser administrador o encargado. Y acá viene el corazón de la carta.

Pablo llama a Onésimo “mi hijo”, “engendrado” (seguramente por la predicación del Evangelio, no necesariamente por haberlo bautizado, algo imposible estando en la cárcel), “muy útil para mí” (v.11, omitido en la liturgia, que es un juego de palabras con el nombre Onésimo, que significa “útil”), “algo mejor que un esclavo, un hermano querido”. Pablo pone a Onésimo casi como una prolongación de sí mismo: “es mi propia entraña” (v.12), “acógelo como a mí mismo” (v.17). Difícilmente Filemón –y más aún expuesto en público con una carta no privada- pueda negarse a esto. Pero Pablo sigue: Onésimo –y no Filemón- ha servido a Pablo en la cárcel (v.13), y si Onésimo fue alejado (no dice “fugó”) ha sido obra de Dios, la voz pasiva, “fue alejado” –como se ha dicho en otras ocasiones- remite a Dios, es decir “él fue quien lo alejó”, y esto con el objetivo de que luego Filemón lo recuperara como “más que como un esclavo, como un hermano querido” (v.16), “en el Señor”.

El texto va todavía más allá –es omitido en el texto litúrgico- y Pablo le dice que si Onésimo le debía algo a Filemón, a su vez Filemón le debe algo a Pablo: su misma persona (seguramente su conversión; precisamente como la lograda con Onésimo). Y concluye afirmando que está confiado en su obediencia, pero a su vez está convencido que “hará todavía más” (v.21). Sin duda ese “todavía más” no puede ser sino darle a Onésimo la libertad. 

Como se ve, Pablo asume personalmente la suerte de Onésimo, y se compromete con él extendiéndole un salvoconducto para el camino y una garantía para su futuro (¿en la región de Colosas?, se ha pensado, y es posible pero no evidente). Pretende que Filemón actúe con Onésimo como un judío actuaría con un esclavo judío. Para eso le recuerda desde el principio el amor de Filemón por los “santos” (vv.5 y 7) y le recuerda que Onésimo fue “engendrado” por Pablo en la prisión. El verbo también tiene un marco femenino, y resulta interesante su utilización por parte del Apóstol. En 1 Cor 4,15 se dirige a los corintios diciéndoles que los engendró por el Evangelio, seguramente a esto se refiere (y no al bautismo explícitamente, aunque probablemente otro [¿Marcos, Arístaco, Demas o Lucas?, v.24] lo haya hecho). Pablo –como buen judío- entiende que el evangelio nos introduce en el Israel de Dios, y por eso pretende que Onésimo sea tratado como un buen judío debe tratar a otro, especialmente porque Jesús es para nosotros “rescate” (1 Cor 1,30), que nos hace justos ante Dios (Rom 3,24) dándonos el espíritu (Rom 8,23).


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     14, 25-33

Resumen: Ser discípulo de Jesús no es algo fácil. Supone renuncias, incluso a cosas fundamentales como la familia, las posesiones y la propia vida. Es importante evaluar bien los pasos a dar para ponernos en su seguimiento no sea cosa que no podamos llegar a concretar lo que hemos pensado.


Una vez más Lucas destaca que Jesús está “en camino”. Como sabemos, se dirige a Jerusalén donde –como corresponde a un profeta- será ejecutado. Una vez más está con él la multitud (ojlos), que en este caso es grande, porque lo dice en plural. Entonces se dirigirá a ellos con un doble dicho sobre “sin lo cual no” se puede ser su discípulo; de hecho, cada uno de ellos finaliza con la idea “no puede ser mi discípulo”: “si alguno / el que… no… no puede ser mi discípulo” (v.26.27). La idea del discipulado es común en toda la sección (9,14.16.18.40.43.54; 10,22.23; 11,1; 12,1.22).

A continuación presenta dos ejemplos (de un constructor [vv.28-30] o de un rey [vv.31-32]) y concluye –finalmente- con un dicho que retoma la misma idea: “no puede ser mi discípulo” (v.33).

Veamos el primer bloque que está construido en un paralelo simple:

v.26
v.27
Si alguno (ei tis)   El que (hostis)
viene (erjetai) donde mí   no lleve su (eautou) cruz
y no odia a su (eautou) padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su (eautou) propia vida,   y venga (erjetai) en pos de mí,
no puede ser discípulo mío.
   no puede ser discípulo mío.

Probablemente, entonces, ambos dichos deban entenderse el uno a la luz del otro, o el segundo (la cruz) como explicativo del anterior. 

El término “odiar” (misei; de donde -por ejemplo- viene “misógino”, que odia a las mujeres, gynê) debe entenderse como un semitismo: es habitual en el lenguaje semita moverse entre extremos (cielo-tierra, derecha-izquierda, padres-hijos, amor-odio…) para expresar de ese modo la totalidad. En este caso, podría entenderse como “amar menos que” (como puede verse en 16,13, o como lo interpreta Mateo); no es diferente a lo que ya había señalado al decir que frente a la urgencia del discipulado no tenía sentido “enterrar a su padre”, o “despedirse de los padres” (9,59.61). Una vez más, Jesús relativiza contraculturalmente la “célula de la sociedad” que es la familia en contraste con el discipulado del reino que para él, es el único absoluto. Concluye esta lista familiar con la “propia vida” (psyjê) lo que dará “entrada” el siguiente dicho sobre la cruz.

En el AT, los levitas deben ser capaces de dejar a su familia (Dt 33,9-10); la misma idea –releída- se repite en Qumrán

“a un hombre piadoso probaste en Massah y querellaste sobre las aguas de Meribbah, el que dijo a su padre y a su madre ‘no te he conocido’ y a sus hermanos no los conoció, y a su hijo no conoció. Pues guardó tu palabra y conservó tu alianza” (4Q Test 14-17)

[recordar que en la Biblia Massah y Meribbah son lugares de la tentación y “conocer” es un verbo que indica amor intenso].


Cargar (bastazô) la “cruz” sin duda alguna resultaría extremadamente chocante en tiempos de Jesús (es más duro que “tomar”, como dice Mateo), pero adquiriría una nueva nota de sentido para los cristianos después de la Pascua. Algunos estudiosos han pensado que Jesús no debería haber dicho “cruz” y esto fue agregado más tarde, lo que no es el caso debatir en este momento. Lo cierto es que en el Evangelio de Lucas esto ha de entenderse como seguimiento de Jesús corriendo su misma suerte, lo que supone ser capaces de “odiar la propia vida” (v.26). Esto es particularmente claro después de recordarnos que Jesús “camina” hacia Jerusalén, donde será matado. Lucas ya había expresado que el discípulo debe cargar la cruz en 9,23 añadiendo al dicho de Marcos que la cruz debe cargarse “cada día”. En este caso Lucas parece estar citando el texto paralelo a Marcos propio del documento Q, con una interesante diferencia:

Mt 10,37-38
Lc 14,25-27
37 «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
26 «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.
38 El que no toma su (autou) cruz y me sigue detrás no es digno de mí.
27 El que no lleve su (eautou) cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

En Mateo, “ser digno” se refiere a ser apto para el discipulado (cf. Mt 10,11.11.13; 22,8), Lucas prefiere “no puede” (dynatai), quizás original de Q. Es interesante, además, cómo Lucas completa el “cuadro familiar” que Q había presentado, añadiendo nuevas relaciones. La incorporación de la “mujer” resalta la radicalidad del discipulado que Lucas ha mostrado tantas veces en su Evangelio.

Lo cierto –y es el punto principal- el seguimiento de Jesús, el camino del Reino, del Evangelio debe ser un absoluto frente a lo cual todo lo demás es relativo, incluso instancias importantísimas como lo es la familia o la propia vida.

Pero Lucas añade a continuación dos ejemplos (no se trata propiamente de parábolas) que pretenden ilustrar lo dicho (por eso finaliza señalando: “pues entonces…”, v.33). Pero en esa conclusión alude a la “renuncia de todas sus posesiones” (en realidad, “renuncia” –apotassomai- en todas las demás ocasiones que lo encontramos en el NT significa “despedir”, Mc 6,46; Lc 9,61; Hch 18,18.21; 2 Cor 2,13). Las posesiones (hyparjôn; es término preferido de Lucas, 40x en Lc-Hch de las 60x del NT). Sin embargo, no se ve a simple vista la relación que Lucas establece entre las tres cosas que no puede vivir uno que pretenda ser discípulo: odiar la familia y la vida (v.26), cargar la cruz (v.27) y renunciar a todas las posesiones (v.33). Y tampoco qué relación tiene esto con los dos ejemplos propuestos en vv.28-32. 

Veamos los ejemplos:

El esquema es similar en ambos: pregunta retórica sobre un personaje que llevará a cabo una tarea, y "primero debe sentarse ” (ouji prôton kathisas) a pensar si puede llevar a buen término el objetivo. Evidentemente se trata de dos ejemplos sobre un cálculo cuidadoso que debe realizarse antes de emprender una tarea. “no empieces algo si no lo puedes concluir” sería la conclusión; frente a los verbos de movimiento, el contraste está dado por “primero se sienta”, que -como se dijo- se repite en ambos textos.

El seguimiento de Jesús –como la imagen de la cruz lo deja bien claro- no es algo fácil, por lo que, es necesario “sentarse antes” (vv.28.31) de decidirse a emprenderlo para evaluar serenamente si podremos llevarlo a cabo. 

La torre probablemente es algo común, no una torre de ciudad; por eso la pregunta retórica es “¿quién de ustedes”?, se trata de algo al alcance de –al menos algunos- los oyentes de Jesús: un viñador –por ejemplo- levanta una para custodiar la viña (Mc 12,1), pero es sensato antes de empezarla evaluar costos. La vergüenza (algo importante en una cultura que sobrevalora el honor) es algo serio, y debe evaluarse para evitar caer en ella por no haber terminado la edificación. Es verdad que la “torre” puede también referir a torres militares de defensa y observación (por ejemplo, la “Torre Antonia” junto al Templo de Jerusalén; es poco –además- lo que sabemos de la “Torre de Siloé”, de Lc 13,4), pero el uso del mismo término en la parábola del dueño de la viña que va al extranjero, y el uso retórico de “quién de ustedes” invita a pensar en una torre sencilla. Los “cimientos” son propios de Lucas (ver la modificación que hace del texto Q: comparar Mt 7,24-27 con Lc 6,48-49; cf. Hch 16,26). La ironía viene dada con que “empezó” (arjô) a edificar, y como no pudo “terminar”, “empiezan” (arjô) a burlarse, lo que supone que no terminarán de hacerlo, usando peyorativamente la frase “este hombre”… La imagen es evidente: la construcción marca el comienzo y el final (vv.28 y 30), el deseo del hombre está expresamente marcado (“quiere”) pero no puede llegar a concluir (v.30) lo que ha empezado (v.28). Dos consecuencias son posibles: o soportar la vergüenza de la burla constante, o concluir la obra proyectada. Sentarse a pensar es el paso previo y fundamental para lograr lo segundo o –al menos- evitar lo primero. 

Algo semejante ocurre con un rey –la imagen se corre ahora hacia la política- y su ejército. Un soberano sensato no se arriesga innecesariamente en una batalla que diezmaría su tropa; es preferible un buen armisticio o tregua. Es algo obviamente sensato; el Testamento de Judá cuenta que él, y más tarde Rubén y Gad escalaron una muralla y mataron a diez “hijos de Esaú”, y ante la inminencia de la derrota “Entonces nos pidieron la paz” (TestJud 9,7). 

Filón de Alejandría habla de la contienda entre el vicio y la virtud y usa una imagen semejante:

“Es, en efecto, imposible que residan en una misma alma dos naturalezas hostiles, como son el vicio y la virtud; razón por la cual cada vez que ambos se reúnen, surgen con ello sediciones y guerras sin posibilidad de acuerdo y conciliación, a pesar de que la naturaleza de la virtud es sumamente pacífica, y además se preocupa, según dicen, cuando se apresta a entrar en contienda por medir antes sus propias fuerzas, de modo de salir a la palestra solo en caso de sentirse con fuerzas para imponerse en la pelea; y de no osar siquiera dar comienzo al choque si resulta demasiado débil la fuerza con que cuenta” (sobre Abraham 105).  

La imagen de dos reinos en conflicto –por otra parte- puede asemejarse al enfrentamiento del reino de Dios y al reino de Satanás (4,6; 10,18; 11,17-22; 13,16) tan propio de Lucas. 

El lenguaje es claro: “marcha”, “frente a él”, “avanza contra él”, “alistar para el combate”. El clima bélico es claro; no parece tratarse de una batalla sino de una campaña. La referencia a los “mil” es habitual en el lenguaje militar, “reclamar las condiciones de la paz” es sumisión o rendición lo menos humillante posible. El marco es absolutamente creíble y conocido.

De todos modos, hay una ligera diferencia entre uno y otro ejemplo: en el primero la escena concluye, y el sujeto es avergonzado, en el otro, no lleva a cabo el enfrentamiento para no enfrentar la derrota. El campesino debe pensar antes de empezar, el rey, una vez empezado a lo mejor deba rendirse. El campesino piensa, el rey además, debe consultar (delibera, toma consejo).

Sin embargo, no se ve en una primera impresión la relación entre los dos ejemplos y los tres dichos sobre uno que no puede ser discípulo. Es posible que los dos ejemplos hayan sido añadidos más tarde por Lucas (la semejanza estructural entre los dos anteriores y el conclusivo es muy evidente), pero evidentemente ha de haberlos añadido por razón de su coincidencia o alguna relación. El contexto del discipulado (y de quién no puede acceder a él) no es ajeno al hecho de que aquel que quiera empezar ese camino difícil, de renuncia y cruz ha de pensarlo bien para saber si podrá vivirlo, llevarlo a término. 

Las multitudes no son adversarios de Jesús, como lo eran los que lo invitaban a comer “para ponerlo a prueba”, son discípulos de un modo genérico, aunque no son de aquellos que “dejan todo”, incluso a su mujer, no todos los discípulos de Jesús lo son del mismo modo. Es posible que este “dejar todo” Jesús lo proponga a su grupo más cercano que –como él- son misioneros itinerantes. Es posible, entonces, que Lucas haya introducido los dos ejemplos para señalar un nuevo tipo de discipulado, más estrechamente cercano a la vida de Jesús. Todos deben estar dispuestos a dar la vida, todos deben considerar el reino por encima de todo, pero quienes tengan la intención de formar parte de su grupo itinerante, deben pensar bien si son capaces de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias (ver, por ejemplo, Hch 13,13 y 15,37-39).

La conclusión de “decir adiós” a las posesiones, implica que el campesino debe decir adiós a los suyos y el rey a sus tropas, allí no está la seguridad, ésta está sólo en Dios (su reino). Por el lado humano, la cosa radica en el abandono o renuncia al propio poder (dinero, familia, ejército) y por el lado divino radica en la plena confianza en su obrar.





Dibujo de M.  Chagall tomado de http://www.protestantedigital.com/ES/Blogs/articulo/3330/Chagall-jesus-y-la-cruz