martes, 15 de mayo de 2018

Las patas cortas de la mentira

Las patas cortas de la mentira

Publicado en https://www.eldestapeweb.com/las-patas-cortas-la-mentira-n43494 

(13 de mayo de 2018)

Eduardo de la Serna



Hay muchas preguntas y paradojas que nos acompañan en el día a día y ante las cuales estamos tentados a la respuesta fácil o simplista. ¿Por qué los pobres votan a los que los van a empobrecer más aún? Hablar de “síndrome de Estocolmo”, aunque cierto, no da respuesta al tema de fondo. Hablar de monopolio de los medios y las voces, tampoco.

Quizás convenga reconocer que el Gobierno y sus espadas mediáticas han vencido la batalla de los sentidos. Y veamos esto concretamente: la “gente” dimensiona dos pizzas, pero no los 70 mil millones del Correo; es comprensible “un jardín de infantes” y no lo es el número impresionante del endeudamiento externo. El envenenamiento continuo y sistemático, cotidiano y taxativo hace su efecto, más allá aún del “miente, miente que algo queda”.

Después del bombardeo en cada cosa, pequeña o grande, jamás desmentido cuando la evidencia lo desarticulaba, logra que el “se robaron todo” cale en las mentes, “las tarifas eran demasiado bajas”, “esto es duro pero hay que vivirlo porque antes era todo un caos”, y demás retintines cotidianos. A eso ha de sumarse las palabras fáciles e insostenibles: “no necesitan robar porque son ricos”, “lo peor ya pasó” y las oquedades cotidianas de los funcionarios (algunos muchos más huecos que otros, por cierto): “la luz al final del túnel”, “la pesada herencia”, “háganse cargo”, y muchas otras por todos conocidas (hasta el hartazgo). A esto, Florencia Saintout lo llamó “latifundio semiótico”.

Pero hay momentos, circunstancias o situaciones que van más allá. Podrán disfrazar con “buenas palabras” los malos momentos, pero eso es “pan para hoy y hambre para mañana”. Podrán hablar de “reacomodamiento” de precios, “sinceramiento” de la economía”, por ejemplo, para no nombrar “inflación”, “ajuste”, “alza de precios”, pero eso no puede durar demasiado. Podrán incluso, multimediáticamente ayudados, silenciar hechos o simularlos: pueden hacer descender de los colectivos a los jóvenes “portadores de cara”, y hasta tener un cierto apoyo circunstancial de los pasajeros, podrán tapar muertes o desviar la atención en un inexistente RAM y callar a Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, esconder los presos políticos, como Milagro Sala y sus compañerxs bajo el insostenible “la mayor parte de la gente así lo quiere”, o tapar los 44 muertos del ARA San Juan.

Pero, cuando el hambre empieza a “hacer ruido”, cuando la hija llora por desnutrición o enfermedad, ya no hay Durán Barba o trolles pagos y call centers que disimulen el grito y el llanto; cuando las lluvias revelan que no se hizo absolutamente nada para sanear arroyos y ríos (mientras antes, calzada en elegantes botitas, la candidata recorría calles inundadas con veredas secas), la situación empieza a cambiar.

Cuando hay que recurrir a los comedores, porque no alcanza el salario (cuando se tiene, si no se fue acusado de ñoqui del estado o de equilibrar las cuentas, porque “el salario es un costo más”), cuando en los comedores la carne se ve solo en las fotos de la pared, y de la CABA sacan hasta el pan (eso sí, hablando maravillas de la importancia de una dieta que no incluya tantas harinas), algo empieza a cambiar. Claro, hasta entonces le hacían entender a la gente de las maravillas rodeadas de palabras mágicas como “sí, se puede”, “juntos”, y – por supuesto – “cambio”.

Pero de golpe se empieza a ver que el “juntos” no nos incluye, que hay cosas que “no se pueden”, y son justo las que nos benefician, y que el cambio fue un motor en reversa. Es cierto, también, que hay palabras que son “malas palabras” en el inconsciente popular, y entonces, no se dice “estado de sitio”, simplemente se lo aplica con detenciones arbitrarias, exigiendo el DNI o incluso reteniendo carros o hasta mercadería (siempre de los pobres, por supuesto); lo que hasta ayer era “inseguridad en los barrios” ahora es “violencia”, porque decirlo como antaño revelaría fallas en las políticas; no se dice “represión” sino “cuidar a los que nos cuidan” y tampoco “pena de muerte” sino Chocobar o palabras semejantes.

Pero para “el pueblo” hay algunos límites que no pueden traspasarse. El equipo de comunicación del Gobierno interrumpió la telenovela con un mensaje del Presidente (obviamente brevísimo por aquello de “lo que natura non da”) y no pudo obviar una de las más groseras malas palabras que se pueden pronunciar: Fondo Monetario Internacional (¡perdón a los lectores!).

Es cierto que se la edulcoró con el adjetivo “preventivo” (como la guerra preventiva, la prisión preventiva o hasta la tortura preventiva). Pero algo se rompió. Es cierto que a “la gente” se le metió en su cabeza que “no se puede” (¿cómo? ¿no era que…?), que su “clase social” está condenada a vivir siempre mal (“les hicieron creer”, sentenció González Fraga), deben tener claro eso de que “unos nacen con estrella (los CEOs) y otros nacen estrellados (los pobres)”, “no se puede” (¿cómo?) aplicar otra receta, repitió el CEO presidencial.


Si no se pueden pagar las tarifas (¡y no se puede!) que no se use, como sentenció con su sabiduría sin estrenar el CEO de Shell y ministro de Energía. Si no se puede evitar incendios que se rece, bromeó el rabino ministerial. A lo mejor el problema es que, al menos hasta ahora, Durán Barba no ha logrado engañar el estómago, y repartir golosinas mediáticas sólo sirve para mentir un breve tiempo. Y de mentir saben mucho, de dar soluciones a los pobres, ¡nada!


Foto tomada de http://montrealquebeclatino.com/blog/bienestar-entre-lineas/la-duena-de-unas-patas-cortas/

Pentecostés B

Jesús se va sin dejarnos solos

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Eduardo de la Serna



Lectura de los Hechos de los apóstoles     2, 1-11


Resumen: los apóstoles están juntos en Jerusalén, según Jesús les ha indicado, esperando “la promesa” de Dios, a fin de que habiéndolo recibido, puedan salir a anunciar a todos el Evangelio, la predicación de Jesús. El espíritu viene sobre ellos y se manifiesta en las lenguas que deben proclamar a todo el mundo y en la palabra única que deben anunciar, “la buena noticia del reino”. Al recibir el espíritu, la Iglesia recibe el impulso desde Dios para el desempeño de su misión evangelizadora “hasta los confines de la tierra”.


Comentando el comienzo de Hechos de los Apóstoles, el domingo pasado, de la Ascensión, mostramos (remitimos allí) las expresas semejanzas que Lucas pone entre el comienzo del ministerio de Jesús y el ministerio de la Iglesia. En este caso, por cierto, la presencia del Espíritu, que impulsó a Jesús, el descenso de ese espíritu de modo físico, o corporal, una voz o ruido del cielo… Lucas quiere señalar que comienza el “tiempo de la Iglesia” y para ello va a destacar que el gran protagonista de todo esto es – precisamente – el Espíritu Santo. 

Hay que recordar que los apóstoles, para Lucas, están en Jerusalén aguardando “la promesa” que Dios ha hecho con los suyos. Jerusalén, por otra parte, es la meta de las grandes peregrinaciones litúrgicas de los judíos, especialmente en las tres grandes fiestas: las tiendas (otoño), la pascua y ¡pentecostés! (éstas en primavera). Es por eso que se mencionan tantos judíos oriundos de tantos lugares (partos, medos, elamitas…).todos han ido como es habitual a la ciudad santa. Y allí están los discípulos de Jesús esperando el espíritu. 

El texto tiene dos partes que parecen contradictorias aparentemente. Al derramarse el Espíritu, los apóstoles comienzan a hablar “en otras lenguas según el espíritu les concedía expresarse”. Por otro lado, a continuación el enfoque cambia y ya no se trata de que se hablan diferentes lenguas sino que al que habla “cada uno lo escucha en su propia lengua”, lo cual es evidentemente lo opuesto. Probablemente esto señale dos elementos teológicos diferentes que el autor quiere destacar. Ambos signos (y ambos en relación a la palabra) son la consecuencia visible del don del Espíritu Santo sobre la comunidad de discípulos.

Las así llamadas “lenguas” son una consecuencia de la presencia del Espíritu Santo en Hechos (ver también 10,46; 19,6). Del mismo modo que los “signos y prodigios” (2,19.22.43; 5,12; 6,8; 7,36; 14,3; 15,12) estamos ante manifestaciones proféticas del espíritu. Evidentemente Lucas quiere hacer patente en estos hechos que se trata de una intervención divina (precisamente la mala interpretación de que se trata de que están borrachos, v.13 requiere mostrar de un modo indudable que se trata del obrar de Dios. De todos modos, por tratarse, como es evidente, de un texto programático que alude al comienzo de la misión de la Iglesia, seguramente no hemos de descuidar que a “toda lengua” debe llegar la predicación de los apóstoles. Deben ir “hasta los confines de la tierra” y allí todos deben escuchar la palabra de Dios.

Pero por otro lado, nos encontramos ante una escena extraña, el texto dice que “cada uno lo escucha hablar en su propia lengua”. Esto es raro ya que por lo general todos entendían el griego. Es decir, no hacía falta ningún milagro para ser comprendidos, sin embargo algo quiere destacar Lucas aquí. Nuevamente el tema es la lengua, pero ahora hay una lengua que todos comprenden, cada uno con su propiedad. Se ha pensado que Lucas quiere mostrar los efectos contrarios de la dispersión de lenguas ocurrida en Babel. Es posible (aunque el texto de Babel diga otra cosa, así parece haberse leído en este tiempo), pero si es el caso, no parece que debamos encontrar aquí el eje principal de interpretación del relato. El Evangelio es la palabra que deben anunciar, y debe ser comprensible para todos. Lo que todos entienden son “las maravillas de Dios”. Este término, “maravillas” (megaleia) es la única vez que se encuentra en el NT. En Dt 11,2 se refiere a la manifestación de Dios a los presentes (ver 2 Mac 3,34; 7,17), son manifestaciones que llegan “hasta el cielo” (Sal 70,19). Es un término habitual en el libro del Eclesiástico (17,8.10.13; 18,4; 36,7; 42,21; 43,15; 45,24). El término viene de “megas” (grande, que sí es frecuente). La construcción es semejante a la que María dice en el Magníficat: “ha hecho en mi favor maravillas (megála) el poderoso. Santo es su nombre” (Lc 1,49). Dios actúa en medio de la humanidad, se manifiesta. Y estamos invitados a reconocer esa intervención. Tal es el caso de los milagros (en ambos sentidos) que debemos mostrar a todas las naciones en todas las lenguas. El Evangelio debe ser conocido y aceptado, debe crecer. 

Pero esta tarea misionera de llegar a “toda lengua” (cf. Fil 2,11) no es algo que podamos desplegar sin la intervención de Dios. La Iglesia no puede comenzar su ministerio sin el Espíritu que la empuja, la impulsa y la llena de vida. Gente de todos los pueblos puede escuchar la palabra de Dios y –a partir de su fe- recibir el bautismo, y comenzar a su vez ellos a dejar crecer el Evangelio. 

Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     12, 3b-7. 12-13

Resumen: El espíritu es el que anima y fortalece a la comunidad. El que hace que los diferentes miembros de la ekklêsia estén al servicio los unos de los otros enriqueciendo el “cuerpo” y siendo gestores de unidad en la plena vivencia de la diversidad. 


En 12,1 comienza un nuevo apartado de la carta a los corintios. Como los demás, empieza con “con respecto a…” (7,1.25; 8,1; 12,1; 16,1.12) que parece ser – en cada caso – la respuesta que da Pablo a preguntas que los corintios le han formulado por carta (7,1). En la carta también hay enfrentamiento a temas que Pablo conoce por información oral (1,10; 5,1; 11,18; 15,12). En este caso, la pregunta es acerca de “los espirituales” y Pablo desarrolla el tema en tres grandes partes, concluyendo en 14,40. El capítulo 12, por su parte tiene también tres grandes partes donde Pablo presenta el planteo en general (vv.4-11), un análisis a partir de la metáfora del cuerpo (vv.12-27) y la conclusión (vv.28-31). Los vv.1-3 constituyen la introducción a toda la unidad. En este caso, el texto litúrgico mezcla, sin un criterio literario aparente, la última parte de la introducción y la primera parte de cada una de las dos primeras unidades (vv.4-10 y vv.11-12). No es fácil entender el criterio de los cortes, aunque la centralidad del tema del Espíritu, propio de la celebración, queda destacada. Veamos brevemente:

En la introducción, Pablo presenta un contraste entre el pasado y el presente de los destinatarios, el tiempo de la idolatría, tiempo “sin espíritu” y el hoy, tiempo “con espíritu”, tiempo “en la fe”. El contraste llega al extremo de la máxima blasfemia con la máxima confesión de fe, por tanto aquel que dijera “Jesús es anatema”, algo imposible de decir si ese tal tiene el espíritu, y la gran confesión de fe, “Jesús es Señor”, algo sólo posible de decir “en espíritu”. Esto, así dicho, pone la fe como el eje y el criterio de pertenencia. Pero esta fe está movida por el espíritu de Dios. Muchas cosas que antiguamente los corintios hacían son muy semejantes a lo que hacen ahora (por ejemplo hablar en aparentes lenguas extrañas), ¿cómo saber si a ello nos mueve el espíritu de Dios o un espíritu o un ídolo? Pues la fe, la confesión de fe, es el criterio. Si uno confiesa a Jesús, tiene el espíritu de Dios.

Sin embargo – y esto es particularmente duro para aquellos que se creían más importantes que otros por tener manifestaciones del espíritu que son más espectaculares (como el don de lenguas) – lo primero que Pablo señala es que esos “espirituales” con carismas. Es decir, dones de la gracia. Nadie puede, por tanto, jactarse, ya que todo es don de Dios, y no para el propio provecho, sino para el servicio de la comunidad. No es propio ni para sí. Esos dones son “distribuidos” (v.4), y tienen su origen en Dios. A cada uno Dios le da diversos “carismas” y todos son para el provecho de la comunidad (v.7). A continuación Pablo enumera algunos de esos carismas (lo que es omitido en el texto) y más adelante continuará mencionando otros. Es decir, no pretende dar una lista exhaustiva de los dones, sino mencionar algunos para destacar la pluralidad y variedad, pero en el sentido de la unidad. 

El texto está cortado, como dijimos, y comienza la primera parte de la metáfora del cuerpo. Aquí se limita a la presentación de la figura y a presentar lo que es aparentemente un aparente dicho pre-bautismal pre-paulino. La imagen del cuerpo y los miembros destacando la unidad y la diversidad parece haber sido tomada de la filosofía estoica, donde era común, aunque varios autores piensan en otros orígenes diversos. La imagen de la ciudad o del universo entendido como cuerpo es común en el entorno. Y los astros o la creación, y los “ciudadanos” entendidos como miembros. En este caso, el punto de partida es este, y refiere a la unidad y la diversidad, pero dando un paso extraño gramaticalmente: “así también Cristo”, no es “así también el cuerpo de Cristo” o “estando en Cristo”, etc. Sin duda la unión de los cristianos en Cristo es tal que genera una unidad indisoluble para Pablo. Lo cual hace impensable la división en el seno de la misma. División que no necesariamente significa ruptura, pero que puede ser hacer sentir a otros que por no ser como nosotros somos (o por no tener el carisma espectacular que nosotros tenemos) no son parte nuestra. O – por el contrario – hacer creer a otros, los más débiles, que no son “de los nuestros” por no tener nuestros carismas (ambos elementos se ven reflejadas en las imágenes que siguen: “no te necesito” o “no soy del cuerpo”, como dichos de unos y otros en la comunidad). Esta imagen, supone una mutua pertenencia al cuerpo al cual ingresamos por el bautismo. Es por esto que Pablo pone aquí un dicho (que es semejante a Gal 3,28 y parece semejante a Col 3,11). Esto parece indicar que existía una suerte de confesión de fe, o catequesis pre-bautismal que indicaba algunas características del bautismo en los que reciben el sacramento, y que Pablo utiliza y coloca aquí. En este caso, fiel al tema que está desarrollando, Pablo destaca que la diversidad (judío y griego, esclavo y libre) no afecta la comunidad, sino que por el contrario, la enriquece (en Gálatas, como el tema es otro y los conflictos también, el acento está puesto en que no hay superioridad de unos sobre otros y lo que cuenta es la unidad). Una nota con respecto al dicho: en Gálatas encontramos otro par: “varón y mujer”. Ciertamente, si 1 Corintios es cronológicamente anterior a Gálatas, hemos de decir que más tarde, Pablo añade el par varón-mujer al dicho que había recibido; por el contrario, si Gálatas es anterior a 1 Corintios, habría que explicar por alguna razón, por ejemplo, en el seno de la comunidad corintia, la razón por la que Pablo omite expresamente a la mujer y el varón en este texto. Parece bastante probable que Gálatas sea posterior a 1 Corintios, por lo que pareciera que en 1 Cor Pablo simplemente cita el texto (incorporando al Espíritu, donde decía Cristo). La importancia del lugar de la mujer en 1 Corintios mueve a Pablo a que la siguiente vez que cita este texto añada “varón y mujer”, como lo hace en Gálatas.

Pero veamos brevemente el tema del espíritu en esta unidad. Para empezar, es sensato suponer que Pablo no está pensando en la “tercera persona de la Santísima Trinidad”. Sería anacrónico. El espíritu es el don de Dios; se dona y envía su fuerza para que la comunidad pueda mantenerse fiel a los caminos de Dios. Este es el don que se da a la comunidad y por el cual proclama su fe (Jesús es Señor), es la fuerza que unifica el cuerpo y sus miembros, y que manifiesta en cada miembro diferentes “carismas” a fin de que toda la comunidad se enriquezca y crezca. Este don, recibido en el bautismo es gestor de unidad en la comunidad eclesial, del mismo modo que los miembros lo son en el cuerpo del que forman parte.



+ Evangelio según san Juan     20, 19-23

Resumen: Jesús se va, pero el espíritu es derramado para continuar en la comunidad con sus mismas características, y así poder vivir conforme al testamento que Jesús deja en su discurso final.

El segundo domingo de Pascua hemos comentado este Evangelio (aquí se encuentra sólo la primera parte, la escena “sin Tomás”, allí incluía la segunda parte también). Repetimos lo allí dicho. A continuación destaco una nota sobre el Espíritu en Juan. Es evidente que este texto hoy es puesto en la liturgia por la referencia al envío del Espíritu.

El día de la resurrección está concluyendo. De madrugada, María Magdalena fue al sepulcro (20,1); más tarde María se encuentra con Jesús a quien confunde con el “jardinero” (20,15) y lo comunica a los “discípulos” y al atardecer de ese mismo día tiene lugar la aparición a “los discípulos”. No sabemos quiénes eran los que estaban en este relato (por lo cual “los discípulos” como conjunto son los que deben ser tenidos en cuenta en el relato), sólo sabemos quién faltaba, Tomás, que será el protagonista, junto con Jesús, de la próxima y última escena. Esta unidad tiene entonces dos partes separadas por una semana (a fin de que la nueva aparición del resucitado vuelva a ocurrir en domingo). La ausencia y presencia de Tomás marca el elemento – nuevo en la segunda – que las relaciona, pero no hace falta caer en el fundamentalismo de preguntar si entonces Tomás no recibe los dones dados por Jesús en la primera visita.

Empecemos señalando que la presencia de Jesús con las puertas cerradas (v.19.26) parece intentar referir a que Jesús no ha vuelto a la misma vida pasada: su cuerpo es el mismo, pero es a su vez distinto, es glorificado. Como en la escena que sigue, las palabras de Jesús reconocen el don de la paz (shalom, algo necesario en medio del “temor”; no es justo decir que la paz ya está entre ellos – a causa de la ausencia de verbo, lit. “la paz con ustedes” – ya que el temor y la alegría posterior parecen desmentirlo) que Jesús les otorga (vv.19.26) y a continuación “les muestra las manos y el costado” reforzando así la idea de que “el resucitado es el crucificado”, continuidad y diferencia. Esto dicho anticipa la escena de Tomás, pero también nos adelanta que lo que dirá luego de los que “creen sin ver” no se refiere a los discípulos con exclusión de Tomás sino a los lectores del Evangelio. 

La alegría y la paz nuevamente otorgadas tienen una nueva dimensión. No se trata simplemente de repetir un saludo y que los discípulos se “alegren” por verlo resucitado, la “paz” y la “alegría” son dones escatológicos, como es escatológico todo el ambiente de esta escena. La resurrección de Jesús empieza a derramar sobre los suyos, los discípulos, los dones esperados para el final de los tiempos. Precisamente el gran don, el que engendra todos los anteriores, es el Espíritu que ahora entrega el resucitado. Nosotros lectores ya sabemos que sobre el pequeño grupo al pie de la cruz – los creyentes representados en la madre y el discípulo amado – se ha dado el espíritu (19,30), como estaba anunciado (7,39). Pero el espíritu – recordar los dichos del Paráclito (ver 14,16.26; 15,26; 16,7, siempre en el discurso de despedida) – no se derrama sobre el pequeño grupo, sino sobre todos los creyentes para ser testigos (20,22; ver 15,26-27). 

Ahora bien, como se puede ver en una lectura integral de todo el Evangelio, uno de los elementos centrales de la cristología joánica es presentar a Jesús como “enviado” del Padre. El “enviado” (el término judío es “sheliaj”) es una institución característica para la cual la persona tiene “la misma autoridad que tiene quien lo envía”, es decir, lo que dice, lo que decide, lo que deja de hacer es el mismo ‘enviador’ quien lo hace. Siendo Jesús “enviado del Padre” evidentemente pronuncia su misma palabra, opera sus mismas obras como queda claro todo a lo largo del Evangelio. “Enviado” en griego se dice con dos términos, pempô y apostellô (de donde viene “apóstol”). Así podemos decir que en el cuerpo del evangelio de Juan sólo hay un “apóstol” que es Jesús. Sin embargo, una vez resucitado, Jesús “envía” a sus discípulos así “como el Padre me envió” (ver 13,16.20; 17,18), y – en coherencia con los textos mencionados – es un envío “al mundo”. 

A continuación les da la capacidad de hacer llegar a todos el perdón de Dios (en un texto que tiene cierto contacto con Mt 16,19; 18,18).

La escena queda abruptamente interrumpida – no hay despedida ni partida – con la referencia a la ausencia de Tomás. En un diálogo entre ambas escenas los asistentes confirman que han “visto al Señor” (nuevamente se confirma que la alusión a los que creen sin ver no se refiere a ellos) pero Tomás manifiesta explícitamente su incredulidad yendo más allá de la visión, él quiere tocar. 

Podríamos señalar la importancia que en Juan tiene el personaje al que llama “paráclito”, o detenernos en el “envío”, que tan importante es el en Cuarto Evangelio. O la relación entre el espíritu y la comunidad joánica. Intentaremos –brevemente- un camino intermedio.

Las Biblias contemporáneas tienden a no traducir la palabra griega “paráclito” que antiguamente se traducía por consolador, abogado, etc. Es que el término “paráclito” es muy amplio y abarca esos elementos y también otros más. Como se sabe, las referencias al paráclito se encuentran en el largo discurso de despedida de Juan (Jn 13-17). Como una suerte de “testamento” de Jesús, él prepara a los suyos para su partida, y reconoce como verdaderos “herederos” a aquellos que vivan como él, en este caso, “el amor, como yo los he amado”. El paráclito aparece como una suerte de personaje que Jesús enviará cuando se vaya. Por eso “conviene” que se vaya ya que si no, no recibirán el paráclito. Si miramos algunos términos que se le aplican: verdad, envío, está con los discípulos, que el mundo no puede recibir ni conoce, que enseñará, son términos que se aplican también a Jesús en Juan. En cierta manera el Paráclito es una nueva manera de presencia de Jesús glorificado en medio de los suyos. Es un enviado a una comunidad, y con una misión concreta, que esta comunidad sienta la presencia en su vida cotidiana, en el conflicto, en conocer la verdad. 

Un elemento interesante que concentra “el misterio” en Juan es el momento de la muerte de Jesús. Allí, afirma Juan, Jesús “entregó su espíritu”. El grupo al pie de la cruz resume, en cierto modo, la primera Iglesia: dos personajes con fuerte carga simbólica están allí (al decir “simbólica” por supuesto que no negamos su entidad real): el discípulo amado y la madre de Jesús. Que a partir de este momento serán “madre e hijo”. Hay elementos (no tantos como los que luego desplegarán los Padres de la Iglesia a partir de Justino) para pensar en la madre como una suerte de “Eva”: hay referencia a un jardín, a una mujer-madre, a una costilla. Y hay un discípulo que es amado, que tiene profunda intimidad con Jesús en la pasión, lo acompaña en la cruz, lo reconoce resucitado y cree sin ver a Jesús. En cierto modo, la novedad que Jesús trae, la nueva comunidad de discípulos está allí en la cruz, y a ellos “entrega su espíritu”. En un instante Juan concentra pasión y envío del Espíritu, algo que luego desarrollará en el relato que nos toca comentar.

Mirando el término “espíritu”, en Juan no es muy frecuente, como lo es en otros (x19 en Mt; x23 en Mc; x36 en Lc [+ x70 en Hch] y x24 en Jn). Luego de una alusión al Bautismo de Jesús –no mencionado en Juan- habla de un “nacimiento” según el espíritu que refiere a los discípulos a partir de nuestro bautismo, a una verdadera adoración “en espíritu”, las palabras de Jesús “son espíritu y vida”. En 7,39 señala expresamente que el Espíritu lo recibirán los seguidores a partir de la glorificación de Jesús, esto es, a partir de la Pascua. Fuera de esta mención expresa, debemos esperar al discurso de despedida para escuchar hablar del Espíritu como un don. Este don, presentado como paráclito, como se ha dicho, es un modo nuevo de presencia de Jesús entre los suyos: espíritu de verdad, enviado y maestro, que no hablará por su cuenta, como ocurre con el enviado. Luego de estos anuncios, quedan los dos textos finales a los que hemos hecho referencia: Jesús, que en la cruz “entrega su espíritu” y que a los discípulos reunidos (¿quiénes?, no se dice) les entrega su espíritu en un soplo. 

La comunidad de los discípulos de Jesús continúa, Jesús se va pero no se desentiende de nuestra suerte. El y el Padre envían un paráclito, alguien con las mismas características de Jesús para que los discípulos puedan vivir el testamento que ha dejado, vivir el amor los unos a los otros como él nos ha amado.


Dibujo tomado de luteranaunida.wordpress.com

viernes, 11 de mayo de 2018

Carlos Mugica (2018)

Dos artículos sobre Carlos Mugica, cura y mártir 

(+ 11 de mayo 1974)


Eduardo de la Serna

1.- Carlos Mugica, un cura siempre actual, publicado en Tiempo Argentino el 5 de mayo de 2018
2.- Una voz para los de voz acallada, publicado en Página 12 el 11 de mayo de 2018


I.- Carlos Mugica, un cura siempre actual


Hacer referencia a la figura de Carlos Mugica, cura asesinado por la "Triple A" un 11 de mayo de 1974, no es algo novedoso, ya que su persona fue motivo de videos, documentales, películas, foros y libros, y lo sigue siendo (la nueva edición del excelente El Inocente, de María Sucarrat es buen ejemplo de esto).

Pero no está de más aclarar algunas cosas y profundizar otras al mirar la figura de Carlos en nuestro tiempo. Se lo suele presentar como un "cura villero", lo cual resulta ambiguo, sin duda. Para empezar porque el grupo de curas en villas de emergencia pasó por diferentes etapas, personajes y criterios pastorales en su historia, pero –además– con los estándares actuales de lo que se ve de los "curas villeros" sería difícil afirmar que Mugica lo era: celebraba también fuera de la villa (en Villa Luro los sábados y en pleno centro la tarde de los domingos), era profesor en la Universidad de El Salvador, no vivía en la villa, y tuvo una enorme injerencia en los espacios políticos, cosa que expresamente los curas villeros evitan. Pero sí es cierto que concentró su ministerio pastoral en la Villa 31 y por sus "hermanos villeros" se jugó hasta el fondo.

No está de más preguntarnos qué haría o diría hoy Carlos. Y –digámoslo– es imposible saberlo. Pero sí podemos ver qué decía en circunstancias que –en algunas cosas– se asemejaban a las actuales; cuando se pregunta acerca de su rol (y el de los curas en general) ante la realidad socio-económica decía:

"El problema hoy, en la Argentina, está en convalidar o no el sistema capitalista liberal vigente, inevitablemente subordinado al imperialismo. Y aquí no cabe el apoliticismo del sacerdote. Los claros pronunciamientos del Magisterio no nos dejan opción. Jamás podremos adherir a un sistema como el vigente en la Argentina, afirmado esencialmente en la explotación del hombre por el hombre. Un sistema cuyo motor es el lucro y que provoca, cada día, desigualdades más irritantes, ya que como dice Pablo VI los ricos se vuelven cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. (El sacerdote y la política)".

Es curioso escuchar, de parte de quienes sí "se meten en política" desde el silencio y la complicidad, que no es tarea de los curas hacerlo; como si el cura pudiera permanecer callado ante la muerte de su pueblo (o su rebaño, si se quiere utilizar la metáfora pastoril propia de la Biblia). Carlos no dudaba en jugarse y comprometerse desde lo que él y los suyos (porque nunca habló desde su mera opinión, sino siempre como voz de un equipo o grupo) estaban convencidos que era lo mejor para los pobres. 

Por eso, en la recientemente "resucitada" "Misa para el Tercer Mundo" cantaba:

"Tú que estás a nuestro lado fuerte y resucitado para empujarnos en la lucha contra la injusticia y la explotación. Señor, piedad, Señor".

Para decirlo sencillamente, los pobres lo convirtieron a Mugica. Lo convirtieron en el encuentro con un Dios que prefiere a los pobres, que vive entre los pobres y que habla por los pobres. Sistemas que perjudican a los pobres eran claramente denunciados por su vehemencia y claridad. Es de recordar la pelea fuerte que tuvo con J. A. Martínez de Hoz en la Universidad de El Salvador por la defensa de este del capitalismo. Es de recordar el rechazo que Carlos tenía por el Sheraton y los Torinos, los dos "sacramentos" de la riqueza de entonces. Y es de recordar su renuncia pública y consensuada al Ministerio de Bienestar Social porque los pobres no eran tenidos en cuenta (y de recordar que después de esto pronunció su frase "profética": "López Rega me va a hacer matar"). Es evidente que cuando Carlos (o un cura) hace una clara opción por los pobres, contra la pobreza, cuando denuncia que esa pobreza es causada por políticas y por personas, a la vez que hay políticas y personas que promueven o alientan políticas adversas que benefician a los pobres, y que los pobres las reconocen como propias, esa denuncia molesta a los poderosos, y deciden sacarse de encima al profeta. A Carlos se lo sacaron de encima, pero su palabra y su ejemplo siguen vigentes como siempre.


II.- Una voz para los de voz acallada


Hace 44 años, el 11 de mayo de 1974, en el barrio porteño de Villa Luro fue asesinado Carlos Mugica, un cura comprometido con los pobres a los que llamaba “mis hermanos”. Se “estrenaba” la Triple A, una suerte de borrador de los grupos de tareas de la dictadura, como también lo fue el rodrigazo o el levantamiento del brigadier Orlando Capellini. El Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) se había disuelto el año anterior; su asesinato frenó todo intento de reunificación. El grupo de Capital Federal publicó un libro, ¿El pueblo, ¿dónde está?, y una obra musical con letra de Mugica “La Misa para el Tercer Mundo” terminaba de grabarse por el Grupo vocal argentino. Ambas obras prácticamente quedaron en cajones o baúles o fueron incineradas. Empezaba una larga noche.

Pero los pobres de “la 31” primero, junto con aquellos que habían sido y siguieron siendo “relocalizados” (a “Fuerte Apache”, por ejemplo) mantuvieron fresca su memoria, unida a la del grupo de amigos y amigas de Carlos, curas, laicas y laicos. Desde entonces hasta nuestros días muchas obras vuelven una y otra vez a rescatar su figura: la “misa para el Tercer Mundo” fue reeditada, se han publicado biografías, obras y hasta monumentos a su persona. Por supuesto que “negacionistas” hay en todas partes y cada tanto reaparecen algunas escasas y falsas voces que repiten que no fue la Triple A la responsable del asesinato de Mugica. Los dos demonios también existen en la Santa Madre.

El grupo de “pastoral de villas”, como se llamaban entonces, también debió enfrentar el avance de las botas: muchas villas fueron sacadas a fuerza de topadoras y fusiles, y muchos curas acompañaron a “sus hermanos villeros” al destierro conurbano, otros lograron oponer resistencia el desalojo. La 31 resistió una y otra vez; la memoria de Carlos seguía vigente, como cuando el menemismo volvió a intentarlo y varios curas comenzaron una huelga de hambre (1996).

A pesar de provenir de un ambiente aristocrático, Carlos supo escuchar y supo ver. Y precisamente por eso supo dejarse convertir por los pobres. Lo que prometía ser una promisoria “carrera eclesiástica” (fue secretario privado del cardenal) quedó de lado cuando empezó a poner los pies en el barro, sea en el chaco santafesino o en el barrio Comunicaciones (en realidad, en Retiro había entonces varias villas una pegada a la otra; la mayor parte fue desalojada para hacer la terminal de ómnibus, y los depósitos de contenedores). La memoria de Carlos permitió la resistencia.

El MSTM se propuso no hablar como grupo de temas “intraeclesiales” (el celibato sacerdotal, uno de ellos, tenía entonces gran trascendencia) porque pretendían expresamente –como se decía– “ser voz de los que no tienen voz” y que sus voces no se confundieran, por ejemplo, como una especie de “sindicato de curas”. Esto no impedía que la jerarquía los cuestionara vehementemente: la conferencia Episcopal, un importante grupo de curas y hasta el arzobispo los enfrentaron decididamente (monseñor Aramburu más de una vez le insistió a Mugica que dejara su ministerio, o incluso le exigió que guardara silencio por dichos que cierta prensa atribuyó a Mugica, aunque este nunca pronunció). Cuando –poco antes de su asesinato- le preguntaron a Mugica si no tenía miedo de que lo mataran, dijo: “Lo que me da miedo es que el arzobispo me eche de la Iglesia”, y cuando Héctor Botán, entonces encargado de la “pastoral de villas” fue a hablar con el arzobispo Aramburu sobre el asesinato, éste le dijo “ahora no me va a decir que Mugica no era montonero”. Ser voz de los sin voz lo llevaba a confrontar con los causantes de su silenciamiento, sean estos poderes políticos, económicos o incluso eclesiales. 

Al dejarse convertir por los pobres, Mugica vio con otros ojos el peronismo, y luego de haber participado “del júbilo orgiástico de la oligarquía” por el derrocamiento de Perón en 1955, llega a volver con el General en el avión que lo trae de regreso a Buenos Aires en 1972. Su compromiso con el peronismo no lo llevó a aceptar cargos partidarios (rechazó la propuesta de candidatura a diputado por la Capital Federal) pero no le impidió acompañar lo que creyó que era lo mejor para los pobres y –a su vez– lo que “desde el pueblo mismo” se decía y donde se estaba. Carlos tenía claro que “los pobres son el corazón del pueblo”. Es curioso que algunos le cuestionaran a Mugica su compromiso político, pero no lo hicieran con otros como el mismísimo santo Cura Brochero, por ejemplo.


Aunque no era ni el vocero ni el delegado del MSTM, Carlos era una de las voces más contundentes del grupo. Era la voz que había que callar; y lo hicieron... pero fracasaron. Su voz sigue resonando “ahora más que nunca”; y el eco de su voz quiere aún hoy seguir siendo acallado; la derecha –ayer y hoy– no soporta que se escuche la voz de los pobres y que algunos quieran repetirla.


Foto repetida en ambos periódicos


miércoles, 9 de mayo de 2018

Más vale prevenir...


Más vale prevenir…


Eduardo de la Serna



Cuando decimos “prevenir” solemos decir una buena palabra. Para prevenir una enfermedad nos vacunamos. Para prevenir un robo cerramos la puerta. Para prevenir que se moje, sacamos la ropa si puede llover. Ser “previsor” es un acto de sensatez. “Más vale prevenir que curar”, se dice.

Pero en tiempos posverdaderos en los que muchos creen lo que eligen creer, muchas buenas palabras son utilizadas para enmascarar las malas palabras: se habla de sinceramiento (¡qué maravilla eso de ser sinceros!) para no decir aumento de precios. Se dice reacomodamiento para no decir ajuste. Se dice “cuidar a los que nos cuidan” para no decir impunidad, u orden para no decir represión. En estos tiempos, ya el genocida George W., habló de “guerra preventiva”. Es decir, matamos, bombardeamos, masacramos, aniquilamos (y de paso nos quedamos con su petróleo) a los potencialmente perversos iraquíes. La guerra preventiva parece casi buena, como si una guerra pudiera serlo. En la dictadura, la tortura era preventiva, a fin de que el supuesto terrorista cantara donde había una bomba antes que explotara. No importa si en toda la dictadura jamás se desactivó ni una sola bomba. Pues bien, como de ser prevenidos y previsores se trata, ahora la buena palabra se dedica al “Fondo Monetario Internacional". "Frente a esta nueva situación, y de manera preventiva, he decidido iniciar conversaciones con el FMI, para que nos otorgue una línea de apoyo financiero", dijo el CEO presidencial. Es – lo dijo – para prevenir la necesidad de financiamiento externo que es una suerte de sino del país. No se puede otra cosa, repitió el que ayer nos cantaba y bailaba al ritmo de “sí, ¡se puede!”

Muchísimos programas y redes sociales resaltaron la evidente comparación con el discurso de Fernando De la Rua anunciando el blindaje financiero. Nuevamente nos vacunan para prevenir desastres que ellos mismos engendran. ¡Qué previsor el presidente! Como cuando sus amigos y mandantes compraron dólar futuro en el gobierno anterior, de puro previsores nomás. Para prevenir. Obvio. Y tan, pero tan prevenidos son que la mayoría – el presidente inclusive – tienen gran parte de su dinero en dólares y en el exterior.

Que me disculpe don Mauricio, pero hay riesgos que quisiera correr. Para empezar, los corrí no votándolo. Los sigo corriendo rechazando cada medida, cada palabra, cada gesto que usted hace; usted y sus cómplices. Y los seguiré corriendo estando con la palabra y los gestos, en la medida de mis posibilidades, del otro lado de esta grieta de hambre, impunidad, corrupción y genocidio que usted(es) nos imponen. Sé que esto no durará mucho más, y espero que la historia me encuentre del otro lado. Y, si se me permitiera soñar, ¡no podrá imaginar la cantidad de funcionarios, empresarios y miembros del poder judicial que imagino en un mañana cercano tras las rejas! Mañana ingenuo e iluso, ¡no lo dude! Pero soñar, al menos por ahora, no cuesta nada.


Dibujo tomado de https://www.listindiario.com/economia/2017/02/02/452604/requerira-el-pais-firmar-con-el-fmi

martes, 8 de mayo de 2018

Comentario Ascensión B

La Ascensión de Jesús es tarea para la Iglesia

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR – “B”


Eduardo de la Serna




Lectura de los Hechos de los apóstoles     1, 1-11

Resumen: Como el comienzo del Evangelio, el comienzo de Hechos muestra el despliegue de los preparativos para el fiel cumplimiento de la misión. Los Apóstoles deben continuar la obra de Jesús expandiendo por todas las regiones la Palabra de Dios hasta que Él vuelva. Aunque antes, deben esperar la fortaleza que Dios mismo le garantiza con el envío del Espíritu Santo.

Lo que llamamos “Ascensión” es una creación literaria-teológica de Lucas. Con ella finaliza su Evangelio (como se ve en el día de hoy) y con ella comienza su segundo volumen, Hechos de los Apóstoles. Por un lado, se puede ver que hay un enlace entre el final de uno y el comienzo de otro, y a su vez un paralelo entre ambos comienzos. Lucas quiere mostrar claramente que hay una estrecha relación entre la predicación de Jesús y la predicación de la comunidad cristiana. Veamos esquemáticamente ambos paralelos, y algunos elementos del texto que la liturgia nos propone.

Paralelos entre el final de Lc y el principio de Hch

Lucas
temas
Hechos
24,13-43
Pruebas de que vivía
1,3
24,4
dos hombres vestidos
1,10
24,10
mujeres con los apóstoles
1,14
24,47
predicar a todas las naciones comenzando por Jerusalén
1,8
24,48
ser testigos
1,8
24,49
promesa del Padre
1,4
24,49
no se vayan de Jerusalén
1,4
24,51
elevado al cielo
1,9

Paralelos entre el comienzo de Lucas y el comienzo de Hechos

Lucas
temas
Hechos
1,1-4
introducción a Teófilo
1,1-3
4,2
40 días antes de la misión
1,3
4,1.14.18
comienzo por medio del Espíritu Santo
1,2
4,43 (ver 1,33)
Reino de Dios
1,3
3,16
Juan bautizó con agua
1,5
3,3
proclama de arrepentimiento
2,38
1,21.22.39.41
Cumplimiento de las leyes
1,12
6,12-16
elección de los Doce
1,16-26
3,22
Llenos del Espíritu Santo
2,1-4
3,21
... del cielo
2,2
3,22
un ruido
2,6
4,18-21
después del envío del Espíritu se cumple la Escritura
2,14
4,24 (25-30)
profeta (por el Espíritu)
2,17-18
4,36
milagro, asombrar
(thambô, sólo aquí [y Lc 5,9] en todo el NT)
3,10
5,1-12; 27-28; 6,12-16
la comunidad crece
2,17-18
9,51
tomó la decisión de ir a Jerusalén
19,21
13,33
dispuesto a morir en Jerusalén
21,13
23,18
reclamo de muerte
21,36
23,1
tribuno romano
21,37
20,20; 21,12
procurador
23,24.26; 24,1
23,8-12
ante el “rey”
25,13
24,27.44
cumplimiento de la Ley y los Profetas
24,14; 28,23
24,48
testimonio de Jesús
28,23

De todos modos, detengámonos en algunos elementos que hacen a una mejor comprensión del texto. No sólo son evidentes los paralelos que hemos destacado. Hay aspectos valiosos a considerar. Por ejemplo: si bien el tema del “reino de Dios” es tema fundamental en la predicación de Jesús, no es tema aparentemente importante en Hechos. Sin embargo, no podemos descuidar que el tema se encuentra presente en los momentos clave de este libro, y también en el comienzo y en el final (1,3.6; 8,12; 14,22; 19,8; 20,25; 28,23.31). Del mismo modo que antes de comenzar su ministerio Jesús pasa 40 días en el desierto (Lc 4,2), la Iglesia se encuentra con Jesús 40 días, antes de empezar el suyo (algo especialmente significativo si recordamos que en el Evangelio de Lucas, Jesús asciende el mismo día de su resurrección; es evidente que Lucas quiere destacar aquí el número 40; ver Hch 1,3). El encuentro con Jesús, como es frecuente en el Evangelio se da en el marco de una comida, del mismo modo que se destaca la centralidad de Jerusalén para la misión evangelizadora (v.4) y se prepara la venida del Espíritu Santo para esta misión (del mismo modo que ocurrió con Jesús.  Se pone en paralelo expresamente el bautismo de Juan con el que empieza el ministerio de Jesús con la venida del Espíritu (v.5) y se continúa destacando la centralidad del tiempo –tema característico de toda la obra de Lucas- (v.7). Hay consenso general entre los estudiosos que el v.8 es clave en toda la obra de Hechos: así como Lucas tiene una clara distribución geográfica e histórica, también esto se puede ver en Hechos. Pero no es “meramente” una distribución en orden a lo “narrativo” sino con explícita intencionalidad teológica. Así como Jesús en todo su evangelio se dirige a Jerusalén “porque no debe un profeta morir fuera de Jerusalén” (13,33), aquí se señala que el Evangelio y su testimonio se entenderán “en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra” (v.8). Es por eso que cuando Pablo llega a Roma (el acceso a “los confines de la tierra, porque “todos los caminos conducen” a ella) Lucas puede terminar su obra sin contarnos que le sucedió a Pablo. Su lema –a lo largo de la obra es que “la palabra (de Dios) crecía” (6,7; 12,24; 19,20) y crece tanto que llega hasta la capital del imperio. Mirando la estructuración de Hechos puede verse que toda la primera parte muestra cómo se predica en Jerusalén, luego en Judea y Samaría, y la palabra crece hasta llegar a Antioquía, Asia Menor, Europa, y finalmente hasta Roma. El “programa” del v.8 se despliega a lo largo de todo el libro.

En este marco, luego de haberle señalado a los apóstoles su misión, es que ocurre la ascensión. Jesús ya puede irse, tiene quienes continúen su tarea. El modo de elevarse es con características propias de las teofanías (manifestaciones de Dios), nube, cielo, hombres vestidos de blanco, y finalmente la confirmación de la visión. La palabra de los hombres marca también el sentido teológico de Hechos: Jesús vendrá del mismo modo que se lo vio partir, ¿qué hacen mirando al cielo? Es decir: “¡a trabajar!” Jesús va a volver y hasta que vuelva, a ustedes les toca anunciar el Evangelio, hacer que la palabra de Dios crezca y se anuncie en todo el mundo. Entendido en este sentido, Hechos no ha terminado, seguimos en el “tiempo de la Iglesia” y debemos continuar la tarea de la Evangelización.

La Ascensión es como una carrera de postas: ahora les toca a los sucesores, los apóstoles (que en Lucas son los Doce). Esto también se destaca en Hechos de un modo claro, luego le tocará a otros (los Siete, Bernabé y Pablo) y más tarde a otros, “los presbíteros”. El anuncio del reino debe continuar hasta que Jesús vuelva como se lo vio partir. Pero para que este pueblo profético pueda desempeñar su misión, debe estar acompañado por el Espíritu Santo, que es el gran responsable de la tarea evangelizadora. Pero la venida del Espíritu, el próximo paso antes de comenzar la misión, será en unos pocos días más.



Lectura de la carta a los cristianos de Efeso     1, 17-23


Resumen: La estrecha unión entre Cristo y su Iglesia marca un camino. Allí donde ya está el Señor se dirige su “Cuerpo”. Utilizando los Salmos el autor muestra que Jesús ya está junto a Dios habiendo vencido a las fuerzas del mal y la muerte y hacia donde nos dirigimos.


Después de un interesante Himno eclesial (1,3-14) el autor, un discípulo de Pablo, se dirige a los destinatarios (¿una comunidad? ¿una “carta abierta”?), haciendo expresa referencia a la misión de la Iglesia en medio del mundo (pagano). El autor señala que esto que destacará es lo que él pide a Dios en sus oraciones, por lo que el texto es claramente una “oración”. Si se ve atentamente, estamos ante una oración larguísima, sin punto desde el v.15 hasta el v.21. Los vv.22 y 23 constituyen finalmente la conclusión, o la motivación, que es la estrecha relación entre Cristo y su Iglesia, tan estrecha como la de un cuerpo con la cabeza.

En la oración, fundamentalmente lo que el autor pide para la Iglesia es que “conozca”. Sabemos que “conocer”, en el mundo bíblico es una experiencia profunda del objeto, no se trata de algo expresamente “racional”, o intelectual. Pide que Dios, “el Padre de la gloria”, el “Dios de nuestro Señor Jesucristo” les conceda “espíritu de sabiduría y revelación” precisamente para “conocerlo perfectamente”. De ese modo, podrán profundizar 3 elementos importantes: la esperanza en la llamada, la riqueza de la gloria y la grandeza del poder desplegado en la Pascua. Es decir, conocer a Dios implica conocer su intervención activa en la historia de la salvación, llegada a su plenitud en el “acontecimiento Cristo”. Pero esto es imposible sin el espíritu (no pensemos aquí que se refiera explícitamente al Espíritu Santo) de sabiduría, esto es la capacidad de comprender, el reconocer el paso de Dios en la vida, y de revelación, es decir la explícita manifestación de Dios que aclara, interpreta la historia. Sin dudas esto es necesario e imprescindible para reconocer el obrar de Dios que a continuación explicitará como llamada, gloria y poder. Pero todo esto es “en relación” a la comunidad, la esperanza es “a la que fuimos llamados”, la gloria es “en herencia a los santos” y el poder manifestado en la resurrección y ascensión es “poder para con nosotros”. La relación de la Iglesia con Cristo es inseparable. Es interesante notar (aunque aquí sólo es insinuado y desarrollará más adelante, esta unión de los creyentes con Cristo es tan plena que así como Cristo está resucitado y sentado junto a Dios, del mismo modo, estando plenamente unidos a Cristo, los creyentes ya están resucitados y sentados conjuntamente a él (2,6) a fin de “mostrar la sobreabundante riqueza de su gracia”.

Esta estrecha interrelación se expresa en la conclusión con la metáfora del cuerpo y la cabeza. No es unánime entre los estudiosos la afirmación de que la imagen esté tomada del ambiente estoico, o quizás también (pre) gnóstico, Lo cierto es que la imagen alude a –por un lado- una estrecha interpenetración, y también a un sentido de superioridad. La cabeza es, aparentemente, la conducción en este caso. No parece que deba entenderse en sentido de precedencia, sino de gobierno. El tema “cabeza de su cuerpo, la Iglesia” es tema recurrente en Colosenses y Efesios (Col 1,18.24; 2,10.17.19; 3,15; Ef 1,22-23; 2,16; 3,6; 4,4.12.15; 5,23.30; ver Ef 1,10). Esta comunión entre cuerpo y cabeza permite la esperanza ya que “precedernos como Cabeza nuestra, para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza” (Prefacio). 

Es interesante señalar que esta “elevación” es “por encima” de todo “principado [arjê], poder [exousía], virtud [dynamis] y señorío [kyriótês]”. Estos extraños personajes (ver 3,10; 6,12; Col 1,16; 2,10.15) parece que deben entender como por poderes “de este mundo”, como personajes diabólicos, fuerzas del mal que son vencidas por Cristo aunque parezcan “todopoderosas”. Todo (panta) está puesto “bajo sus pies” constituido “cabeza del cuerpo” (v.22-23). Y así es “la plenitud del que todo en todo es plenificado” (así parece conveniente leer literalmente el versículo conclusivo). La fórmula “todo bajo sus pies” está tomada del Sal 8,7 y se refiere al “todo” de la creación sometido al señoría del ser humano que es “apenas inferior a un Dios” (v.6). Sin embargo, otro salmo está en el trasfondo de la idea de la ascensión al destacar al resucitado como “sentado a la diestra (de Dios) en los cielos” (Sal 110,1). Aquí volvemos a encontrar la idea de “los pies”, aunque en este caso se refiere explícitamente a los vencidos (cf. Jos 10,24). El rey se sienta a la derecha de Dios que lo guiará para triunfar sobre los enemigos, “quebrará a los reyes” (enemigos, v.5). Este Salmo fue muy utilizado por el primer cristianismo (ver Hch 2,33.35; Mc 12,35-37) para aludir a la resurrección (y el autor de Hebreos encuentra en el v.4 elementos para profundizar el sentido sacerdotal del Mesías). La ausencia de Jesús, el haber sido resucitado por Dios supone que Dios lo ha “llevado” junto a sí, y “sentado a su derecha”. El Salmo, que está en el trasfondo de este y otros textos es claramente usado por el cristianismo primitivo para mostrar que las Escrituras ya aludían a la resurrección de Jesús.



+ Evangelio según san Marcos     16, 15-20

Resumen: miembros de la comunidad de Marcos añaden una serie de textos al final abrupto del Evangelio incorporando, entre otros, la referencia a la ascensión tomada de Lucas. A él remitimos (primera lectura)

Es sabido que Marcos termina abruptamente su Evangelio en 16,8. Resultaba extraño a las comunidades un Evangelio en el que no hubiera apariciones del Resucitado, y por ese motivo se añadió lo que se conoce como “final largo”. En él se incorporan una serie de relatos, particularmente tomados del Evangelio de Lucas (la referencia los siete demonios de María Magdalena [Lc 8,2], a los peregrinos de Emaús [24,13-35], y… en este caso, a la Ascensión).

Es sabido, también, que la Ascensión es una creación teológica de Lucas. Finalizado el “tiempo de las apariciones del resucitado” Jesús “ya no está” entre ellos. La imagen parece tomada de la relectura cristológica del Salmo 110,1: “Oráculo de Yahvé a mi señor, siéntate a mi derecha”. Por tanto, Jesús ha “ascendido a la derecha de Dios” como se ve en el mismo Hechos de los Apóstoles:
Hermanos, permítanme que les diga con toda libertad cómo el patriarca David murió y fue sepultado y su tumba permanece entre nosotros hasta el presente. Pero como él era profeta y sabía que Dios le había asegurado con juramento que se sentaría en su trono un descendiente de su sangre, vio a lo lejos y habló de la resurrección de Cristo, que ni fue abandonado en el Hades ni su carne experimentó la corrupción. A este Jesús Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos. Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que ustedes ven y oyen. Pues David no subió a los cielos y sin embargo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies”. (Hch 2,29-35)
Pero esta Ascensión (y remitimos a la primera lectura, que es la fuente de este texto, como dijimos) no es simplemente una “contemplación” sino una tarea para la Iglesia, Jesús le “pasa la posta” a su Iglesia. De allí que el texto finalice señalando que en continuidad con el envío de vv.15-16 “ellos salieron a predicar por todas partes” (v.20). La Ascensión de Jesús refuerza no tanto que “Jesús no está”, sino “para qué está la Iglesia”. Pero, para que esto sea una realidad [y notar que el tema no se encuentra en Marcos, pero sí en Lucas y Hechos] debemos esperar – la próxima semana – la donación del Espíritu Santo.


Foto tomada de cpsscba.org