viernes, 14 de julio de 2023

Un discriminado discriminador

Un discriminado discriminador

Eduardo de la Serna



Todavía hay algunos límites que no se deben / pueden franquear.


Resulta evidente que muchos límites se han corrido, y, cosas ayer impensables, hoy resultan cotidianas. Ayer era impensable ver cruces esvásticas, y hoy cada tanto se encuentran (en Ucrania, por ejemplo), era impensable negar la dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica, y hoy se ven frecuentes reivindicadores y reivindicadoras, era impensable que se celebrara una muerte (o lamentara un intento fallido) y hoy personas que celebran la muerte por la espalda de Chocobar, ven positivamente las de Santiago y Rafita, y lamentan el yerro del atentado a Cristina, favoreciendo el borrado de celulares cómplices y demás grandezas, pretenden ser candidatas en nombre del orden, acompañada por un procesado por los Panamá Papers y demás lindezas; o, son del mismo camino que carceleros, atentadores contra universidades públicas e inconstitucionales represores de pueblos y apropiadores de recursos naturales… ¡Linda gente! Eso sí, para mostrar su amplitud y empatía, presentan en sus listas personas con discapacidad para que todos vean qué buenos que son, qué tolerantes, qué humanos, quizás. Por más que la silla de ruedas ayer fuera tomada como una mesita para poner un micrófono, por ejemplo. 

Y hoy, un cruel en humanidad, que cuando fue discriminado recibió la inmediata solidaridad del ministro del Interior (que había sido discriminado, a su vez, semanas antes) rechazó la solidaridad, mostrando la primara parte de la hilacha. Y siguió… y siguió… Se burló de la supuesta homosexualidad de un periodista (¡graciosísimo!), habló de usar un matafuego en la villa 31 (¡hilarante!) y coronó su stand down burlándose de Página 12 por la presencia de periodistas judíos, citando como referente a un adalid de la discriminación y la judeofobia. ¡Verdaderamente un asco! Y yo sospecho que esta colección de barbaridades hubiera sido ignorada si no fuera por… Burlarse de los homosexuales, vaya y pase… de los villeros, ¡obvio!, y de los judíos también… pero… el tema es que (seguramente porque al interno se vieron obligados a repudiarlo) la DAIA salió a manifestar su rechazo firme a sus dichos. Y eso, para “Juntos” fue demasiado, porque es evidente que la DAIA es un socio más del macrismo (por eso no repudió sus dichos de “raza superior”, por ejemplo), y no era conveniente… si sólo hubiera tenido el rechazo del llamamiento argentino-judío, no pasaba nada, pero ¿la DAIA? ¡no!; por si cupieran dudas, DAIA no significa Dirección de Amigos Israelitas de la Alianza; tampoco Doblegados Ante Intereses Americanos; sino Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas y se autoperciben como “los únicos” representantes de los judíos en Argentina, cosa que cientos de judíos rechazan, afirmando que son solo un sello hoy al servicio del macrismo. Lamento creer que si la DAIA (= aliados) no hubieran condenado los aberrantes dichos de Rinaldi, tampoco hubiera pasado nada, como no lo pasó cuando habló de los homosexuales o de los villeros. Pero tenía que completar la “flor” de los grupos discriminados para cantar… Cantó, y se tuvo que ir al mazo. 

Está muy bueno hacer chistes y reírse. Conozco decenas de chistes de judíos, contados por judíos… Pero, como se sabe, una cosa es “reírse con” y otra es “reírse de”. Y vale para villeros, homosexuales o cualquier otro grupo. Como también conozco chistes sobre personas con discapacidad. Y no está bueno hacerlos si las víctimas no son las primeras en reírse. El problema (o uno de los problemas) es cuando uno se cree gracioso cuando en realidad está vomitando, problema es cuando no se preocupa – porque no le interesa – lo que las personas o grupos discriminados han sufrido por las discriminaciones (bulling parece que se llama ahora que hablamos inglés), el problema es cuando uno se siente impune de poder decir lo que quiera sabiendo que no le dirán nada por su propia situación de discapacidad. El problema es cuando la discapacidad es en humanidad.


Foto tomada de https://www.enorsai.com.ar/politica/35501-apuntes-para-entender-ucrania--por-jorge-elbaum.html

jueves, 13 de julio de 2023

La oración que se dirige a Dios

La oración que se dirige a Dios

Eduardo de la Serna



En la oración que Jesús nos enseñó, la primera parte hace referencia a las cosas de Dios, mientras que la segunda alude a las cosas de la comunidad.

Hemos señalado en otra ocasión que Jesús se dirige a Dios con frecuencia llamándolo “padre” (en arameo, abbá). El modo de relación de Jesús con Dios no es distante o lejano sino familiar. Y, también lo hemos visto, no se trata de un padre patriarcal, autoritario, sino de uno al cual es posible desobedecerlo sin que eso signifique la ruptura de las relaciones (ver Mt 21,28-29; Lc 15,12-13). Pues bien, a sus amigos, Jesús les enseña a dirigirse a Dios del mismo modo: ¡Padre! No nos invita a colocarnos ante Dios en un clima de sumisión y vasallaje sino en un ambiente familiar.

En Lucas, dirigirse al “Padre” es el modo frecuente de la oración de Jesús (10,21; 22,42; 23,34.46); Mateo refuerza el sentido comunitario añadiéndole “nuestro” y destacando algo que le es muy frecuente: que está en “los cielos” (5,16.45; 6,1.26; 7,11.21; 10,32.33; 12,50; 16,17; 18,10.14.19).

Es sabido que en el mundo antiguo, el “nombre” es algo muy importante: designa la totalidad de la cosa o persona nombrada, por eso, en actitud co-creadora, el ser humano pone nombre (= designa función) a los animales que Dios ha creado y le presenta (Gen 2,19.20) y, por eso, es frecuente que un rey cambie el nombre a su vasallo (para indicar su pertenencia; 2 Re 23,34; 24,17) o que Dios misma lo haga para indicar un cambio de misión (Gen 17,5; 32,29); el conocido caso del cambio de nombre de Simón a Pedro también debe entenderse en este sentido (Jn 1,42; Mt 16,18). Tan importante es esto que en la tradición judía es habitual llamar a Dios sencillamente como “el Nombre (le shem). Sin embargo, es importante notar que la actitud del pueblo de rechazo a Dios y su infidelidad, en lugar de “santificar” su nombre lo ha “profanado” (Lev 22,32); por eso Isaías insistirá que, por el contrario, los demás pueblos, al ver al Israel fiel, “santificarán mi nombre” (29,23). En el mismo sentido Ezequiel cuestiona a los Israelitas que con sus actitudes han profanado (recordar que profanar es exactamente lo contrario de santificar) el nombre de Dios y él mismo se ocupará de mostrar su santidad (36,23). El nombre de Dios será santificado, entonces, en el testimonio que sus amigos den (o no) ante los demás pueblos; somos nosotros, entonces, los responsables de que ante los demás “santificado sea” su nombre.

La tercera referencia a las cosas de Dios muestra la centralidad que Jesús da – y que hemos visto reiteradamente – en su ministerio al reino / reinado de Dios. Ya hemos señalado en otra oportunidad este tema. Un rey “reina” allí donde se hace su voluntad (por eso “hágase tu voluntad…”, que es propio de Mateo es, en el fondo, una repetición del pedido de que el reino venga).

Es sabido que el reino que Jesús anuncia es, por un lado, presente y, por otro lado, algo por venir (se lo ha señalado como “ya” y “todavía no”). El pedido de que “venga” ciertamente implica una dimensión de futuro, pero precisamente por ser una oración que se invita a que la comunidad repita, de alguna manera se espera su presencia en la historia (no en un futuro celestial). Dios reina, como padre que es, allí donde se realiza su voluntad, la cual es, “el derecho y la justicia” (Gen 18,19; 2 Sam 8,15; 1 Re 10,9…), el Salmista pide hacer la “voluntad de Dios” (39,9; 142,10) y Jesús reitera que quien hace la voluntad de Dios es su hermano, hermana y madre (Mc 3,35). La vida del amor, la vida conforme a la voluntad de Dios, hará presente el reino y, entonces, ciertamente, el nombre de Dios será santificado entre todos los pueblos. Pero esta voluntad, estamos invitados a realizarla “en la tierra”, así como ya se concreta “en el cielo”. La oración no nos traslada al cielo, sino que nos hace hundir las raíces en la tierra para así dar frutos de derecho y justicia, de amor y lealtad, de verdad y de gracia entre los seres humanos. Así Dios reinará entre nosotros.

A ese Dios nos invita Jesús a dirigirnos en la oración. Ese es el Dios que se aproxima y quiere encontrarse con la comunidad de sus amigos y amigas.

martes, 11 de julio de 2023

Comentario a las lecturas del domingo 15º "A"

 La siembra del reino no siempre es bien recibida

DOMINGO DECIMOQUINTO - "A"


Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     55, 10-11

Resumen: A un número importante de cautivos en Babilonia, el profeta les anuncia la liberación que es anunciada por su palabra. Esta palabra es presentada como eficaz, como lo es la lluvia para la fecundidad de los campos.


El discípulo de Isaías se dirige a los cautivos en Babilonia (la élite del pueblo), les afirma desde el comienzo que se aproxima el momento, y es inminente, en que podrán volver a la tierra de Israel. La situación de los cautivos es terrible. Allí, cada año deben escuchar el canto triunfal del relato Babilónico de la Creación que les repite, cada año nuevo, que 

Tú (Marduc) eres el más honrado de los grandes dioses, tu decreto no tiene par, tu orden es Anú (el dios del cielo); tú, Marduc, eres el más honrado de los grandes dioses, tu decreto no tiene par, tu palabra es Anú. Desde este día, inalterable será tu sentencia; ensalzar o humillar estará en tu mano; tu palabra será inmóvil, tu mandamiento será indiscutible (Enuma Elis, tabl. IV, líneas 3-9).

En este texto, el discípulo de Isaías les anuncia una suerte de parábola sobre la palabra de Dios que se puede ver en cómo está armado el texto:

a.    Como desciende la lluvia o la nieve de los cielos
   b.    no vuelve sin haber saturado la tierra
      c.    Sin haberla fecundado y hecho germinar (…)
a’. Así será mi palabra, la que saldrá de mi boca;
   b’. No volverá a mí vacía
      c’. Sin haber hecho lo que yo desee (…)

La lluvia o la nieve (a.b.c.) son metáfora que ilustra la segunda parte (a’.b’.c’.), la referencia a la palabra. El campesino sabe que los campos jamás serán productivos y fecundos sin la lluvia. Pero, de todos modos, la lluvia no es suficiente para producir el pan: es necesario el trabajo campesino que es el que cosecha y produce el pan. Este pan es el que da la vida; la obra de la lluvia es el primer paso. Cuando el agua –como el enviado a anunciar la palabra, el profeta- vuelva a los cielos ya ha fecundado los campos. Ahora falta la tarea del campesino para que haya pan. Del mismo modo, la palabra que Dios ha pronunciado por intermedio del profeta no quedará sin producir liberación. Como el pan, la liberación es vida para el pueblo. Como se insinuaba en Gen 1, la palabra de Dios es creadora de historia, y esta es “historia de salvación”. Como con el trigo y el pan, este paso liberador, anunciado por la palabra, deberá ser realizado por la humanidad en la historia.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     8, 18-23

Resumen: con una mirada dirigida hacia el futuro, Pablo invita a mirar el presente, difícil, pero con esperanza. Como miembros de una creación que también sufre, tenemos por el espíritu los elementos para vivir de un modo nuevo nuestro tiempo. 


La liturgia sigue presentando – como dijimos la semana pasada – el importante capítulo 8 de la carta a los romanos. En v.17 había dicho que “si sufrimos, seremos glorificados con él”. 

Partiendo del tema del sufrimiento, aunque ahora tematizado y universal (“toda la creación”), Pablo da un paso más, marcado por la esperanza. Una serie de elementos caracterizan el presente: sufrimientos, gemidos, dolores (de parto), paciencia pero nada de esto impedirá la llegada de la gloria que se manifestará, revelación, liberación, rescate. 

La esperanza es parte fundamental (vv.24-25, omitido en la liturgia). 

El espíritu, que era fundamental en el texto pasado, cede su lugar a otra perspectiva marcada por el presente (vv.18.22) y el futuro (vv.18.19.20.23.24.25) preparado con las imágenes del parto y las primicias (vv.22.23). 

La recurrencia de la creación (ktisis) ubica el relato en un fuera del ser humano, un horizonte en el que éste se ve incluido pero no lo agota. Quizás por eso no habla de resurrección sino de corrupción, caducidad, sufrimiento, y liberación o rescate. 

Por otra parte, el texto está en las antípodas de las imágenes que piensan que “este mundo” es perverso, o que todo lo positivo se vivirá exclusivamente en un futuro indeterminado. Las “primicias” (v.23), el espíritu, el primogénito de muchos hermanos (v.29) nos recuerda que es en el “aquí y ahora” que debemos vivir en el presente histórico, mirando su cumplimiento en esperanza. 

En realidad, lo anunciado en v.18 se desarrolla en vv.19-22 refiriendo a toda la creación, en vv.23-25 a los cristianos (“y no sólo en ella, también nosotros”) y en vv.26-27 retorna el tema del espíritu (“y de igual manera el espíritu”) como fundamento de la vida cristiana.

 
 
Evangelio según san Mateo     13, 1-23

Resumen: Siguiendo en general a Marcos, Mateo presenta a Jesús predicando en parábolas, el anuncio de la primera de ellas sobre la siembra en distintos lugares de la tierra, la aclaración de por qué Jesús habla en parábolas y la explicación alegórica de la parábola pronunciada. El contexto es característico de Mateo y su comunidad enfrentada con los que se niegan a recibir el Evangelio.
 

Es sabido que Mateo suele agrupar en bloques temas semejantes. En este caso, el cap. 13 presenta un extenso bloque de parábolas que serán las lecturas de los próximos domingos. En el texto de la liturgia de hoy, empieza –siguiendo a Marcos- con la presentación que introduce el modo de hablar de Jesús “en parábolas” para luego dar comienzo la parábola que suele conocerse como “del sembrador”. Como en Marcos, a esta parábola le sigue un diálogo con los discípulos acerca de por qué Jesús habla en parábolas. Y a continuación una “explicación” alegórica de la parábola puesto que no fue comprendida. De este modo, en el evangelio de hoy tenemos cuatro temas:



1.- Presentación general de Jesús hablando en parábolas (13,1-3a)

2.- Parábola “del sembrador” (13,3b-9)

3.- Por qué Jesús habla en parábolas (13,10-15) y bienaventuranza a los testigos (13,16-17)

4. “Explicación” de la parábola (13,18-23)


Cada tema merecería un comentario detallado. Veamos sintéticamente lo fundamental.


     1)    Introducción general

La mayor parte del cap. 12 transcurre en una casa (¿la de Jesús?, Mateo no da más datos, ver Mc 3,20); ahora Jesús abandona esta casa para dirigirse a orillas del lago, donde se sienta, y allí a causa de la multitud (ojlos) debe subir a una barca para hablarles sentado (quizás para darle solemnidad a la escena). La introducción finaliza señalando que “les habló mucho en parábolas” con lo que introduce el largo bloque que viene a continuación. Es interesante que use el plural, “parábolas” a pesar que sólo mencionará una, para luego comenzar el diálogo de por qué habla “en parábolas” (lo mismo hace Marcos). Quizás en un comienzo ésta fuera “la parábola” paradigmática, y luego Marcos, y más aún Mateo, añadieron otras en el bloque.

 

2)    La parábola

 

La parábola es prácticamente idéntica a Marcos. Las diferencias son de estilo o narrativas, el único cambio importante radica en que mientras –al hablar del grano que da fruto- Marcos dice treinta, sesenta y cien, Mateo lo hace al inverso (cien, sesenta y treinta). El evangelio apócrifo de Tomás dice que 

otros cayeron sobre tierra buena y dio fruto bueno, hacia el cielo; produjo sesenta veces y ciento veinte veces” (EvTom 9). 


El contexto, a pesar de la frase redaccional que alude a la salida de la casa y a que esto ocurre “aquel día”, es el del conflicto con los fariseos (12,38-45), algo que es característico de Mateo ya que refleja el conflicto entre la comunidad a la que éste dirige su evangelio, y la importante comunidad judía de Antioquía. El conflicto radica en que ambos pretenden mostrarse como herederos de “Israel” luego de la gran crisis de los años 70 en la que los romanos han destruido la ciudad de Jerusalén y su templo. La idea, en este caso está en señalar que la semilla sembrada, no en todos los casos produce fruto ya que hay fuerzas adversas a la semilla (pájaros, sol, espinas). En este caso, Jesús habla a la “multitud” (v.2.10-11) pero solamente los discípulos lo comprenderán. Del mismo modo que el sembrador tiene elementos adversos que impiden que todas las semillas arrojadas a tierra den fruto, algo semejante ocurre con el reino de Dios que Jesús ha predicado ya que si bien ha dado fruto en algún lado, también ha fracasado en muchos otros.

 

3)    ¿Por qué habla en parábolas?

 

Siguiendo a Marcos, Mateo introduce algunas interesantes modificaciones: los discípulos preguntan por qué Jesús “les” (a la multitud) habla en parábolas (en Marcos, como le es característico, la diferencia estaba dado entre aquellos de dentro y los de fuera). Solamente a los discípulos (la comunidad a la que Mateo se dirige) se les ha dado “a conocer los misterios” (misterio que quizás aluda a los fracasos de la predicación de Jesús de los que Mateo viene tratando). Es posible que lo incomprensible de las parábolas no radique en su complejidad sino, por el contrario, en su simplicidad: los eruditos (fariseos, tema propio de la comunidad de Mateo, como hemos dicho) no pueden entender que temas “tan serios” como los misterios del reino se puedan expresar en algo tan simple. En este sentido – y en continuidad con la revelación a los pequeños y no a los “sabios e inteligentes” – no se trata de algo que pueden comprender “iniciados”, “instruidos”, o gente “preparada”, sino todo lo contrario. Son estos los que no pueden comprenderlo.

 

Es interesante compararlos con dos textos de la época:


"Dice Henoc, él, el hombre justo, cuyos ojos han sido abiertos por Dios, que ha visto la visión del Santo que está en los cielos, que me han mostrado los ángeles: he sabido todo de ellos y he comprendido todo lo que veía, no es para esta generación, sino para la que viene, lejana. Hablo para los elegidos, para ellos pronuncio una parábola; saldrá de su morada el Santo, el Grande…” (1 Hen 1,2-3).

Dice el Maestro de Justicia: “Tú has hecho de mí una bandera justa para los elegidos y un intérprete lleno de conocimiento sobre los misterios maravillosos, para probar a los hombres en la verdad y poner a prueba a los que aman la instrucción” (1QH 2,13-14)

 

Como “remate” del dicho, Mateo – como le es habitual – destaca que “se cumple” una profecía. En este caso se trata del relato de vocación de Isaías, enviado a su pueblo “para que” no se conviertan, ligeramente suavizado por la Biblia griega de LXX que Mateo cita literalmente. Veamos brevemente

 


Isaías 6,9-10 (hebreo)
Isaías 6,9-10 (LXX)
Oigan con  sus oídos y no entiendan, vean con su vista y no comprendan.
Engorda el corazón de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los ojos, 
no vaya a ver con su vista y a oír con sus oídos, y comprender con su corazón, y vuelva y se le sane».
Oigan con  sus oídos y no entiendan, vean con su vista y no comprendan.

Porque se ha engordado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; 
no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y vuelvan, y yo los sane.



Como se ve, mientras en el texto hebreo es Dios mismo el que no quiere que su pueblo vea, o entienda, en LXX es el pueblo el que ha elegido no comprender. Es el grupo “intelectual” el que se niega a ver y entender los misterios que Jesús predica y revela acerca del Reino. Pero estos entran en contraste con otro grupo (“ustedes”, es decir los discípulos, la comunidad de Mateo) a los que declara “bienaventurados” (makarioi). Estos lo son porque – a diferencia de los “sabios e inteligentes” – ven y escuchan. Este texto pertenece al escrito Q (ver Lc 10,23-24) como también lo es el de la revelación a los “pequeños” y Mateo lo ubica aquí con toda intención de señalar un contraste entre los que escuchan y ven y los que se niegan a hacerlo. Es interesante notar breve y esquemáticamente lo que Mateo toma de Marcos, lo que toma de Q y lo que le es propio para ver cómo arma el discurso en esta parte:



Mateo
Fuente / origen
Razón de la incorporación
Parábola
Marcos 4,3-9

Por qué habla en parábolas 1
Marcos 4,10-11a

al que tiene se le dará…
Marcos 4,25 (otra ubicación)
Unido porque a los discípulos – comunidad de Mateo -  se les “ha dado” (= Dios) a conocer los misterios, y los que lo rechazan perderán lo que tengan (ser hijos de Israel)
Por qué habla en parábolas 2
Marcos 4,11b-12

Cumplimiento de Isaías
Propio de Mateo
Negativa a escuchar por parte de los judíos contemporáneos de Mateo
Felices los ojos que ven…
Q (Lc 10,23-24)
Incorporado por la referencia a ver y oír, para comparar a “ustedes” y a “aquellos”, los “sabios e inteligentes”.
Explicación de la parábola
Marcos 4,13-20




     4)    Explicación alegórica de la parábola


Antes de seguir es importante notar un elemento ya insinuado. Las parábolas son -de hecho- una prolongación de un refrán; por eso toman un punto para profundizarlo o ilustrarlo. Ese punto suele estar o en la conclusión de la parábola, o introducido por alguna fórmula del estilo “el reino de Dios se parece a…” sin embargo, en nuestro caso no tenemos una introducción, de modo que no es fácil saber si el centro de la parábola es el sembrador (lo es si aceptamos el título “parábola del sembrador”), si es la semilla, o si es la tierra. Suponiendo que se trata – como parece – de una “parábola del reino”, ¿a cuál de los tres elementos señalados se parece el reino? En muchos casos – como suele ocurrir con los refranes, que son utilizados para ilustrar una situación de la vida cotidiana – la parábola se comprende por el contexto, pero en este caso sólo se nos dice que "Jesús dijo"… Por ejemplo: ¿se refiere al reino como semilla para destacar que de cualquier manera dará fruto?, ¿se refiere al sembrador – Jesús – para destacar el rol evangelizador que cumple en su ministerio (y deberán cumplir los destinatarios del Evangelio)? O ¿se refiere a los oyentes de la predicación de Jesús, que no en todos los casos la dejan fructificar? Precisamente porque está ausente la frase “el reino de Dios se parece a una semilla / a una tierra / a un sembrador / a su fruto” es que la comunidad – más tardíamente – elaboró un discurso interpretativo, en forma de alegoría, para que la parábola no se perdiera y dijera algo a los destinatarios.


La alegoría está centrada en los diferentes terrenos sobre los que cae la semilla, que es la palabra, a todos se los invita a “oír la parábola”. Todos oyen la “palabra del reino”, mas algunos no la entienden (como ya se dijo; “oír” y “entender” son las palabras clave de la unidad y aluden al texto de Isaías), otros no tienen profundidad, tienen distracciones que les impiden dar frutos. En cambio, otros la escuchan y “la comprenden” y por eso producen fruto. En este caso, los adversarios de la semilla son “el Maligno”, el escándalo por la tribulación o la persecución y las preocupaciones del mundo y las riquezas.


el video con comentario al Evangelio en

https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/07/video-con-comentario-al-evangelio-del_11.html

o también en

https://youtu.be/1nXIHqbMQnk


Dibujo tomado de hoyrevista.com

Video con comentario al Evangelio del domingo 15º "A"

Video con comentario al Evangelio del domingo 15º "A"


o también en

https://youtu.be/1nXIHqbMQnk

Eduardo

sábado, 8 de julio de 2023

El difícil camino de la libertad

El difícil camino de la libertad

Eduardo de la Serna



De la libertad hablan todos, y todos parecen saber de qué se trata. Aunque, todo indica, muchas veces, que al decirla, no decimos lo mismo. Creo innecesario aclarar, por ejemplo, que yo entiendo la libertad de un modo totalmente distinto a como la grita Milei. Por lo tanto, no será a esa cosa, aullada, a la que me referiré.

Quiero hacer mención a una libertad que a su vez libera. No puedo entenderla de otro modo. Y, por eso, es ardua, es dura, es compleja… es fascinante. La libertad es camino, y no hace falta aclarar que hay caminos que no conducen al destino que uno se ha prefijado. Por supuesto que, en el mismo sentido, puede haber otros senderos, otras rutas, otras huellas; mientras conduzcan al destino, ciertamente serán caminos “caminables”. Elegiremos uno, podríamos haber elegido otro; en el andar aparecerán imprevistos que, circunstancialmente nos obligan a un desvío, algo que complica – e incluso nos pueden hacer perder – hasta que reencontramos el paso. Pero el camino, a su vez cansa. Se hacen necesarias paradas. Postas. Pero, y acá el punto, el camino vale la pena caminarlo en orden a la meta. La meta es la que da sentido al camino; el que se dirige a una meta es un peregrino, el que camina sin rumbo es un errante. Obviamente no todos los caminos conducen a la meta. Los hay que nos alejan. Los hay sin salida. Pero la fuerza para seguir andando, nomás, viene dada por la atracción de la meta. En tiempos que dicen ser sinodales, quizás la cosa no sea tanto “caminar juntos” (a veces lo es) sino caminar en la misma dirección, aunque no estemos uno o una al lado del otro o la otra. Y en el camino de la libertad, curiosamente, la meta es más libertad. Es “ser libres de” y también “ser libres para”.

Con mucha frecuencia en el camino se nos pegan abrojos, los que a mucho de andar hacen innecesariamente difícil el paso; y, además, en ocasiones nos cargamos de cosas; algunas necesarias para el camino, como abrigo o comida, pero otras superfluas que solo dificultan el andar, el caminar ligero.

Y en el camino de la libertad, muchas veces lo superfluo o los abrojos con frecuencia nos pasan desapercibidos; casi como que fueran parte de nosotros mismos, o indispensables para el camino. Así se puede dar crédito a la cita de Etty Hillesum:

Si uno cree que no recibe suficiente reconocimiento de los demás, está atado a ellos y debido a esta atadura pierde su independencia (carta a Aimé van Santen, 25 de enero de 1942)

Teresa de Lisieux repite:

Vivir de amor es darse sin medida / sin reclamar salario aquí en la tierra

¡Ah, yo me doy sin cuento, bien segura / de que en amor el cálculo no entra!

Lo he dado todo al corazón divino, / que rebosa ternura.

Nada me queda ya... Corro ligera. / Ya mi única riqueza es, y será por siempre

¡vivir de amor! (Poesía 17, Vivir de Amor 5).

A lo mejor, mucha pérdida de la libertad, entonces, empiece en ese mismo camino cuando esperamos algo que lo imaginamos necesario para andar. Indispensable. Como los aplausos o las palmadas, el reconocimiento… como el de los falsos profetas. Claro, siempre es más grato andar entre palmas y loas que entre “los dientes de las fieras”, usando una imagen paulina. Pero no estamos hablando de lo placentero sino de la libertad. Son dos cosas diferentes. Y, convengamos, esclavizan más los aplausos que las críticas. Por ahí empieza el difícil y arduo camino de la libertad. Es evidente que las riquezas esclavizan más que la pobreza, que estar cargados de cosas dificulta más el camino que estar “libres” de ellas… Por ahí es que descubrimos que “para ser libres nos ha liberado Cristo” (Gal 5,1) y que, paradójicamente, esa libertad nos hace esclavos los unos de los otros por amor (5,13). Amor y libertad van siempre de la mano… son otro modo de decir “vida”.

 

Foto tomada de https://www.almudi.org/noticias-articulos-y-opinion/9286-el-desprendimiento-la-dicha-de-andar-ligero-de-equipaje 

viernes, 7 de julio de 2023

Empollando

Empollando

Eduardo de la Serna



Hace muchos años, un cura, que era famoso por sus luchas para que los laicos sean escuchados, se quejaba – ante una consulta – porque no había habido tiempo para hablar del tema en las comunidades. Era cierto, pero yo le pregunté ¿eso no corre el riesgo de que queremos que se escuche a la gente que piensa como nosotros? Se sonrió, y si bien los rostros no deben ser interpretados, me pareció como que decía “así es… así debe ser”, o algo semejante.

Vaya esto como anécdota, simplemente. La Iglesia universal está en camino sinodal. ¡Bien por ello! Coincido con aquel que ha dicho que, si la Iglesia no es sinodal, ¡no es Iglesia! Las conferencias episcopales eligen – de acuerdo al número de sus miembros – los obispos que participarán en el encuentro (lista que debe ser aprobada en Roma ¿? ¿cómo? ¿por qué? ¿y eso?). El Papa (los Papas) tiene, además, la capacidad (derecho, autoridad, libertad) de elegir participantes a dedo (basta mirar los elegidos por el papa Benito para participar en Aparecida – además de los elegidos por cada conferencia – como para ponerse en estado de alerta). Es decir: además de los que participarán por derecho propio (aunque alguno pueda ser vetado ab initio), el Papa puede elegir (¡elige!) una lista indeterminada de participantes. ¡A dedo!

Es decir, vamos a consultar, escuchar y dialogar (= sínodo) con aquellos que nosotros elegimos, para que nos digan lo que nosotros preguntamos (no más) … No me parece demasiado sinodal eso.

Si se eligieran – por poner un ejemplo – un X número de profesores elegidos por los profesores, de provinciales elegidos por los provinciales, religiosos o religiosas elegidos por sus pares, etc. creo que la cosa sería distinta… Pero ver los nombres, ¡siempre los mismos nombres!, me hacen preguntarme por qué debería esperar algo novedoso, creativo, positivo… ¿Por qué debería creer que el espíritu sopla en esos caminos preestablecidos y no dónde a él/ella se le ocurre? Al fin y al cabo, se repite el dicho de un viejo cura conocido, que ya está en la Pascua: “el Espíritu Santo empolla los huevos que le ponen”.

 

Foto tomada de https://www.pxfuel.com/es/free-photo-jdgpz