martes, 19 de septiembre de 2023

Comentario a las lecturas del Evangelio 25º "A"

          La desconcertante gratuidad del Dios de Jesús

DOMINGO VIGESIMOQUINTO – “A”



Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     55, 6-9

Resumen: el duro exilio está finalizando. Yahvé anuncia el retorno, pero el pueblo debe buscar a su Dios, dejando de lado los dioses de los pueblos, y dejarse conmover por la palabra que el profeta le dirige.


El profeta había comenzado su texto invitando a los sedientos y a los que no tienen dinero a recibir sus dones (Is 55,1-3, ver 1ª lectura del domingo 18 A) sugiriendo que la sabiduría consiste en escuchar el mensaje del profeta y regresar a la reconstrucción de Jerusalén donde se cumplirá lo anunciado a David. Pero el único apoyo que tienen para creer radica en la confianza en la “palabra” de Dios, ya que las instituciones visibles de Israel (el rey, la tierra, el templo) han desaparecido. Esa palabra “cumple” aquello para lo que fue enviada (ver Is 55,10-11, 1ª lectura del domingo 15 A). 


En este caso, como es frecuente en varios profetas el acento está puesto en que Yahvé está cerca (ver Am 5,4; Os 10,12; Is 9,12; 31,1; Jer 10,21; 29,13). Siendo que el tema se encuentra también en Jeremías, Deuteronomio y Crónicas (cf. 2 Cr 12,14; 14,3.6; 16,12; 19,3; 22,9; 26,5) parece tratarse de un tema común ante el fin del exilio. 



Dt 4:29
Jer 29:13-14
Is 55:6
Desde allí buscarás a Yahveh, tu Dios; y le encontrarás si le buscas con todo tu corazón y con toda tu alma.
Me buscarán y me encontrarán cuando me soliciten de todo corazón me dejaré encontrar de ustedes (– oráculo de Yahveh–; devolveré sus cautivos, los recogeré de todas las naciones y lugares a donde los arrojé– oráculo de Yahveh– y los haré tornar al sitio de donde los hice que fuesen desterrados).
Busquen a Yahveh mientras se deja encontrar, llámenle mientras está cercano


Esa búsqueda – cosa extraña en el Segundo Isaías – se manifiesta con connotaciones morales y utiliza el verbo “perdonar”. Esto implica abandonar los otros dioses (notar la fuerza de “nuestro Dios”, v.7). «Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está Yahveh nuestro Dios siempre que le invocamos?» (Dt 4:7).


Sin embargo, esta cercanía de Dios con su pueblo se contrapone a la distancia impresionante entre los planes de Dios y los planes de los oyentes. Esto queda diagramado de un modo concéntrico donde se resalta la distancia:


A.- Mis pensamientos no son sus pensamientos

   B.- Ni sus caminos son mis caminos

      C.- Porque cuanto más altos son los cielos que la tierra, así son más altos

   B’.- Mis caminos que sus caminos

A’.- Y mis pensamientos más que sus pensamientos.



Pero estas palabras y planes – como se ve en vv.10-11 – son de salvación, de vida y de alegría.



Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Filipos     1, 20b-26

Resumen: Pablo se encuentra en prisión. Y quiere calmar la angustia de la comunidad filipense diciéndoles que no conoce su suerte, pero que si muriera Jesús sería glorificado, pero que es probable que continúe vivo para seguir predicándoles el Evangelio.


Pablo se encuentra en prisión, y su situación parece desesperante a los ojos de los filipenses. Pablo intenta, entonces, calmar su angustia. Ellos han enviado a Epafrodito para acompañar a Pablo en sus necesidades. No interesa en este caso el lugar de la prisión, pero no parece distante de Filipos vista la fluidez de la comunicación que se percibe en la carta (probablemente se trate de una prisión en Éfeso). 


La unidad comienza en v.12 (“quiero que sepan, hermanos…”) donde dará información sobre su situación. Esta ha servido para que Cristo sea predicado ((vv.12-14), sea cual fuera la motivación de los predicadores (vv.15-18a). Ocurra lo que ocurriere, Cristo se manifestará (vv.18b-20). 


Aquí (v.20) Pablo no destaca su seguridad de que será absuelto en el juicio ante los tribunales, sino que ocurra una u otra cosa, de todos modos “Cristo será glorificado”. 


A partir de v.21 va a desarrollar lo que acaba de decir: tanto morir como vivir es mirado desde una perspectiva positiva. Vivir implica seguir anunciando el Evangelio de Cristo (“mi vida es [anunciar a] Cristo”, v.21), y eso es “más necesario para ustedes” (v.24), es “trabajo fecundo” (v.22) y por otro lado, la muerte es “ganancia”, encontrar a Cristo definitivamente. 

Es evidente que Pablo tiene una mirada “cristiana” de la muerte: para los judíos, en un primer momento, la muerte era precisamente la ausencia de Dios: “los vivos son quienes te alaban” (cf. Sal 6,6; 88,11-12; Is 38,11) aunque, más lentamente al comienzo y más decididamente más tarde va surgiendo una cierta confianza en un “más allá” (Sal 16,8-11; 48,15; 73,23-25) hasta que finalmente –en varios grupos- surge la idea teológica de la “resurrección” (entendida, en un primer momento, como un volver a esta vida actual de nacer, crecer, reproducirse y morir…; cf. 2 Mac 7; Dn 12,2). Es la resurrección de Cristo la que da a sus seguidores un paso más en la concepción, es un “paso” a un encuentro con Dios y con Cristo. Es cierto que Pablo espera que eso ocurrirá pronto (ver 4,5 y también 1,6.10; 2,16). Para ser precisos, es evidente que Pablo, que en un primer momento esperaba estar vivo cuando Jesús llegara (ver 1 Tes 4,15.17; 1 Cor 15,51) a partir de su experiencia de cautiverio (cf. 2 Cor 1,8 que es probablemente la misma experiencia de prisión a la que alude en Filipenses) cree posible estar muerto cuando Jesús venga. Es decir: no es que se demore en venir, sino que Pablo probablemente ya no esté vivo. Pero, sea una u otra cosa, lo cierto – y es el tema en la carta – Pablo sabe que Jesús “será glorificado”, sea en la predicación sea en su muerte a causa del Evangelio.



Evangelio según san Mateo     19, 30--20, 16

Resumen: Mateo presenta una parábola que sólo se encuentra en su Evangelio. El relato es creíble y habitual – como suele ocurrir – hasta el desenlace sorpresivo. Como el propietario, Dios manifiesta un obrar gratuito, que no se guía por el pago, sino que lo sobrepasa manifestando su bondad que supera – sin anularla – la justicia.


La parábola que se lee hoy en la liturgia es exclusiva de Mateo, y la clave de interpretación la da la fórmula con la que el texto comienza y concluye sobre los últimos y los primeros. La narración, expresamente nos dirige hacia allí cuando intencionalmente el propietario dice al administrador (v.8) que empiece a pagar comenzando por los que llegaron últimos (es evidente que nada ocurriría narrativamente si hubieran cobrado primero aquellos que fueron los primeros en llegar ya que no se habrían enterado del pago a los últimos, y no se habría desencadenado el diálogo con el propietario, que es el objetivo del texto). 


Para comprender algunos detalles que ilustran la parábola es importante tener en cuenta que es frecuente que los que ofrecen su trabajo se ubiquen en lugares públicos con sus instrumentos de trabajo a fin de ser contratados (previa discusión sobre el pago que suele ser extensa). El horario de trabajo suele ser de 12 horas, desde las 6 de la mañana a las 6 de la tarde. El día se divide en tercios (hora tercia, 9 de la mañana; sexta, las 12 del mediodía; hora nona, las 3 de la tarde y sorprende la undécima, que es una hora antes de concluir: las 5 de la tarde). El pago – jornal – es un denario que es lo que se calcula que utiliza una “familia tipo” para vivir ajustadamente un día, y ha de pagarse al terminar la jornada (Lev 19,13; Dt 24,15). «Te daré como sueldo una dracma [moneda griega igual al denario romano] por día, y en lo demás tendrás el mismo trato que mi hijo”. (Tob 5:15). Se calcula que 12 litros de trigo costaban entre 3 y 4 denarios, lo mismo que un cordero; mientras un buey costaba 100; evidentemente como salario no era abundante.


El despliegue de la salida del propietario en distintos momentos a buscar trabajadores (horas tercia, sexta, nona y undécima) pretende crear el clímax narrativo del contraste entre los primeros [primera hora] y los últimos [hora undécima]; de hecho es de notar que los demás han desaparecido del relato y sólo cuentan aquellos. También es interesante notar que el tema no plantea una cuestión de “justicia” ya que el término se repite dos veces: “les pagaré lo que sea justo” (v.4) y “no te hago injusticia” (v.13). El término “justo” es frecuente en Mateo (x17, frente a x2 en Mc y x11 en Lc) y hace referencia a la fidelidad a la ley; y se dice tanto de José (1,19) como de Jesús (27,19), de Abel (23,35) o es paralelo de “profetas” (10,41; 13,17; 23,29) y es lo opuesto a “malo” (13,49), “injusto” (5,45) o “pecador” (9,13). “Hacer injusticia” es un verbo que sólo aquí se encuentra en Mateo (cf. Lc 10,19, adikeô), y el sustantivo también se encuentra una vez en Mateo en contraposición a “justos” (5,45; es más frecuente en Lucas, x9 y Hechos, x10. Ambos términos son frecuentes en Pablo). También es interesante el término “acordar / ponerse de acuerdo” (en un denario) que se repite al comienzo y al final (vv.2.13, symfonéô), y también lo habíamos encontrado cuando dos “se ponen de acuerdo” en la tierra y lo que pidan lo conseguirán del Padre del cielo (18,19). El propietario fue justo ya que pagó a los primeros según lo convenido. 


El término traducido por “amigo” (etaîre) se encuentra solamente tres veces en el Nuevo Testamento, todas en Mateo. Puede traducirse también por “compañero” y siempre es dicho de un modo positivo (en Eclo 37,2.4.5; 40,23 se encuentra en paralelo con otro término que indica amistad: filós). Sin embargo, en Mateo parece poner cierta distancia – no pareciera conflictiva – entre quien la pronuncia y su destinatario (cf. 22,13; 26,50), quizás en el sentido de uno ligeramente superior.


La conclusión del propietario alude al “ojo malo” (ver 6,23) que en Sir 14,8 se dice de la envidia [latín: in-vidia]: afirma que “malo es el de ojo envidioso, que vuelve su rostro y desprecia a los demás”. Nuevamente encontramos el contraste que habíamos visto entre (ojo) malo y (propietario) bueno (cf. 5,45).


Como es habitual en las parábolas, estas expresan en lo general algo que “todos” saben y reconocen, pero en la que ocurre algo que suscita la pregunta o el desconcierto. Y como es también habitual, la escena no concluye, de modo de poner a los oyentes ante la respuesta que cada uno ha de dar.


Más elementos que permiten profundizar el relato: Sin duda se trata de una hacienda media y no una grande, en cuyo caso lo habitual es el propietario ausente en la gran ciudad, y que queda a cargo del administrador. Es el mismo propietario el que sale en búsqueda de los trabajadores jornaleros. Por otra parte, en el mundo antiguo con frecuencia era preferible recurrir a jornaleros que a esclavos, especialmente en determinados trabajos. Si estos enfermaran, o incluso murieran el amo debía procurar lo necesario, cosa de la que se desentendía en caso del jornalero. De allí que – especialmente para trabajos en zonas difíciles como pantanos, o zonas anegadas, era habitual utilizar jornaleros. Algo semejante en caso de trabajos ocasionales como la vendimia, que solamente se realiza unas pocas semanas en el año.


Por otra parte, es interesante que la economía campesina se vio sumamente perjudicada en tiempos de Herodes Antipas. El campesinado se vio obligado a abastecer con sus productos a la población y corte de la nueva ciudad de Tiberias (en homenaje a Tiberio). Si antes los pequeños campesinos – especialmente gracias al trueque, que era el modo habitual de comercialización entre ellos – se abastecían con sus productos intercambiando con los vecinos. La llegada de la burocracia, el pago en moneda, los impuestos, y un cierto uso de la fuerza, termina forzando a los campesinos a producir sólo aquello que será comprado por la ciudad, con el consiguiente perjuicio económico (y más tarde, la pérdida de la tierra). Todo esto genera una gran desocupación (y la consiguiente abundancia de “jornaleros”).


No se pretende – en la parábola – presentar algo totalmente comprensible (como que se acercan las lluvias y ha de finalizar pronto la vendimia, por lo que se precisan muchos jornaleros y eso provoca la gratitud del propietario) sino que se busca provocar sorpresa en el auditorio. Tampoco pretende responder a la pregunta sobre quiénes son los de la hora undécima, si perezosos que se despertaron tarde o – ante la abundancia de jornaleros – a gente que realmente no fue contratada. El relato se detiene en la hora undécima (rompiendo el esquema de horas “tres – seis – nueve”) y en el diálogo con los parados. Lo que importa es preparar el terreno para el desenlace sorprendente.


Para comprender la necesidad del jornal, lo que se espera del administrador y cómo era la situación de los jornaleros es interesante tener presente este texto:


… “dado que estas tierras exigen un gran trabajo, se han acostumbrado a hacer partícipes a sus mujeres de los padecimientos que implican estos trabajos. Al trabajar por un salario, codo con codo, hombres y mujeres, ocurrió en nuestros días un hecho insólito y sorprendente, que afectó a una mujer en particular: Estaba encinta y trabajaba al lado de los hombres por un salario, y en el momento en que le sobrevinieron los dolores del parto, se dirigió en silencio hacia unos arbustos. Allí dio a luz, y envolviendo al niño con hojas, lo escondió; luego se reincorporó al trabajo emprendido y soportó su padecimiento, sin dejar que se trasluciera nada de lo que había pasado. Y cuando el recién nacido se puso a llorar y se hizo manifiesto el suceso, el capataz no pudo en modo alguno persuadirla a dejar el trabajo; no se liberó de su sufrimiento hasta que el que la había contratado se apiadó de ella y, tras darle la paga, la eximió de sus obligaciones” (Diadoro de Sicilia, s.Iº, libro IV, 20).

Es interesante a su vez, comparar la parábola con un texto del Talmud de Babilonia: allí se nos cuenta que Rabí Bun bar Hiyya murió joven. Como es frecuente en la literatura bíblica, surge la pregunta del porqué de la muerte prematura del justo. Así, Rabí Ze’era cuenta a sus discípulos una parábola: 

«un rey contrató a muchos trabajadores, a las dos horas pasó a ver a los obreros, y viendo, tomó a uno de la mano y habló con él, paseándose, hasta el atardecer. Pero a la hora de recibir el jornal, éste recibió lo mismo que todos los demás. Esto provocó que los otros murmuraran “trabajó dos horas y le has pagado el jornal entero”. El rey respondió: “con esto no les hago ninguna injusticia: este trabajador ha realizado en dos horas más que ustedes en todo el día”... del mismo modo, R. bar Hiyya realizó en 28 años más que algunos doctores encanecidos en 100 años».


Como puede verse, la parábola de Jesús pretende destacar la gratuidad del obrar de Dios (es un “evangelio en esencia”, se ha dicho). No es el “pago” al obrar humano, sino la gracia la que cuenta. En ciertos sectores la “gratuidad” causa alguna “molestia”, quizás porque no logran quebrar el esquema de la “justicia” (que es el esquema en el que se mueve la parábola del Talmud de Babilonia). Es interesante notar que en el texto, la “gratuidad” no reemplaza la justicia (“no soy injusto…”) sino que la supera. Puede decirse que la gratuidad “disuelve” la justicia porque la presupone, pero la lleva “más allá”. Ser “bueno” (“tomas a mal que sea bueno…”) no puede hacer olvidar la “justicia” (“habíamos acordado en un denario…”) pero sí puede – gratuitamente – ir más allá, hasta lo sorprendente. No es “derecho” del “bueno” no pagar lo justo, lo “acordado”, pero sí puede pagar de más a los que “nadie ha contratado” a fin de que puedan recibir lo necesario para vivir.


Los términos “viña”, “jornal”, “señor de la viña” (que reemplazará al “propietario” en v.8) hacen –a los lectores – pensar en “algo más”. La viña recuerda a Israel, el “señor” a Dios… Los oyentes / lectores saben que se trata del obrar de Dios.


¿Alude a la crítica de los fariseos de que Jesús dispense “amistad” a los publicanos y pecadores? (ver 9,11; cf. Lc 15,29-30; Jon 4,2) expresada en la inversión de los valores entre los primeros y los últimos. En este caso, “los últimos” refiere a aquellos que se sienten llamados (por Jesús) en un segundo momento, después de haber sido frecuentemente rechazados por los “justos”. Pero también – al menos en la etapa final de Mateo – puede aludir a los paganos que se incorporan a la comunidad del reino, la “Iglesia”, el pueblo (“viña”) a gozar de los beneficios de Dios después que durante tanto tiempo Israel haya estado “aguantando el peso del día y el calor”, y estos sólo “trabajan una hora”. La gratuidad, como criterio del obrar de Dios, sigue resultando desconcertante.


lunes, 18 de septiembre de 2023

jueves, 14 de septiembre de 2023

La limosna en la Biblia

La limosna en la Biblia

Eduardo de la Serna



La palabra “limosna” es muy conocida, y, con frecuencia, mal mirada; pero es interesante ver en qué sentido se usa el término en la Biblia, que es muy diferente a nuestro uso cotidiano..

Para empezar, notemos que el término, en el Antiguo Testamento, sólo se encuentra en algunos de los últimos libros (concretamente en Tobías y Eclesiástico, solamente allí) y luego en el Nuevo Testamento, solamente en Mateo y Lucas y Hechos.

Antes de mirar los textos, es importante notar que la misma palabra viene del griego eleêmosynê. El final “synê” se asemeja a nuestra final “---ez” como cuando decimos madurez, estupidez, candidez, que remite a la actitud de ser maduro estúpido o cándido. La clave está en “eleos”, que es compasión, misericordia. Por tanto, se trata de una actitud, de ser compasivos. Evidentemente hay muchas maneras de expresar la misericordia además de la económica, que se expresa en la limosna: visitar enfermos, consolar a los tristes, animar a los desanimados. Todas estas son “actitudes de compasión” (la misericordia, compasión es un tema mucho más amplio que lo que aquí señalamos) pero no se aplica a ellas el término “limosna” el cual, como decimos, alude expresamente a algo económico. Es decir, tener una actitud compasiva puede tener expresiones muy amplias, una de ellas es la económica (limosna).

Pues bien: en Israel hay decenas de leyes de protección y acompañamiento del pobre. Desde leyes alimentarias, liberación de esclavizados por deudas, pérdida de la tierra, etc. No debe haber pobres en Israel, sencillamente, porque se trata de un pueblo de hermanos y hermanas. Ahora, la cosa es diferente cuando Israel está sometido a otros pueblos y sus leyes no están vigentes para los dominadores. Muchos judíos son esclavizados, por ejemplo, por deudas, y sus tierras apropiadas porque rigen las leyes griegas, romanas, etc. ¿Cómo manifestar, entonces, la solidaridad y la compasión, si no podemos lograr que recuperen sus tierras o su libertad? Es acá que hace su aparición la limosna. El papá de Tobías se caracteriza públicamente por sus limosnas (7,6; 9,6), y enseña insistentemente a su hijo a obrar de esa manera: «Haz limosna en proporción a lo que tienes; si tienes poco, no temas dar de lo poco que tienes» (4:8). «Da tu pan al hambriento y tu ropa al desnudo. Da en limosna cuanto te sobre y no seas tacaño en tus limosnas» (4:16; 12,9). Para la sabiduría del Eclesiástico, la limosna «perdona pecados» (3:30). «Con todo, ten paciencia con el pobre y no lo hagas esperar en la limosna» (29:8). “Hacer limosna es ofrecer sacrificios de alabanza» (35:2). «Hermano y protector ayudan en la desgracia, pero todavía más salva la limosna» (40:24).

Esto condujo a que, ya en tiempos del Nuevo Testamento, se reconocieran tres grandes actos religiosos en Israel: la oración, el ayuno y la limosna. Mateo, entonces, mirará los tres, pero invitando a que no se hagan “para ser vistos”, sino que se hagan “en lo secreto”: “que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha” (6,2-4).

En la doble obra de Lucas (Lucas y Hechos de los apóstoles), el tema tiene un poco más de importancia: en ocasiones se nos presenta algún necesitado pidiendo limosna (Hch 3,2.3), pero Pedro y Juan le dicen: “no tengo ni oro ni plata, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo, el Nazareno ponte a andar”, con lo que el que había estado paralítico camina, salta y alaba a Dios provocando el asombro de todo el pueblo. Lo mismo ocurre con el mendigo ciego al que Jesús le pregunta qué quiere que haga: nuevamente no le dará dinero, sino que recobrará la vista, lo que, también, provoca que ande con Jesús (= discípulo) y el pueblo alabe a Dios (Lc 18,35-43). Pero, más aún, en contraste con la actitud farisea de las constantes purificaciones rituales, en Lucas Jesús – en coherencia con el Eclesiástico, como vimos – dirá: «Den, más bien, como limosna lo que tienen y todo será puro» (11:41). E insistiendo en algo que será frecuente en Jesús dirá que: «Vendan sus bienes y den limosna. Consigan bolsas que no se rompan, un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla. Porque donde está el tesoro de ustedes, allí también estará su corazón (12:33-34). El “tesoro en el cielo” es algo que ya había señalado Jesús al rico que le pregunta por cómo heredar vida eterna (18:18-27). Como es evidente, los términos “heredar”, “tesoro”, rico / pobre se mueven en el ámbito económico, pero el “cielo” cambia el eje: puesto que el cielo es de los pobres (16:9), ellos recibirán en “su casa” a quienes han compartido con ellos los bienes y la vida. Por eso, todas las decisiones (= el corazón) deben estar en la solidaridad con los necesitados, esa es la actitud de compasión: eso es la limosna.

Como se ve, en la Biblia la “limosna” no es una moneda que se da a una persona en la puerta de una Iglesia o en un semáforo, sino una actitud profunda y comprometida con el hermano necesitado. la cual busca hacerle llegar alivio verdadero a su situación. Una vez más, en los Evangelios, de ser hermanas, de ser hermanos se trata.

 

Foto tomada de https://www.redentoristasdecolombia.com/el-pan-para-compartir/

martes, 12 de septiembre de 2023

comentario a las lecturas del domingo 24º "A"

 “Perdónanos como perdonamos”

DOMINGO VIGESIMOCUARTO – “A”

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del Eclesiástico     27, 30-28, 7

Resumen: el sabio debe mirar su propio obrar a la luz de su muerte y su vida en fidelidad a los mandamientos a fin de esperar de Dios una misma actitud hacia los suyos.

Luego de una serie de referencias a la amistad, la lengua, la fidelidad, el autor del Sirácida hace referencia a la venganza como consecuencia habitual del rencor.

Pero como es habitual en Israel, la retribución de Dios será “pareja” (tal cual, “talion”). Dios se vengará del vengativo, perdona al que perdona.

La lengua, el habla, es –una vez más– tema importante. Y la referencia a Dios y los mandamientos muestra un escrito sapiencial más teológico que los primitivos (como Proverbios). Pensar la vida y la muerte a la luz de lo que esperamos que Dios haga en nuestra existencia es reflejo de lo que deberíamos obrar y manifestación de sabiduría. El Dios “rico en misericordia” obrará conforme a nuestras actitudes con los demás.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     14, 7-9

Resumen: la vida y la muerte de los cristianos no es algo “personal” sino que Cristo, como Señor, las llena de sentido.

Pablo estaba hablando de la relación con el “Señor” en lo cotidiano, “comer / no-comer” y sintetiza todo esto con “vivir-morir”. Vivir “para sí” o “morir para sí” es un tema clásico en el mundo griego y el mundo judío. Suponen un motivo “fuera de sí” para vivir. 
  • Cómo es vergonzoso vivir para sí mismo, así como es torpe morir para sí mismo” (Cleomenes, rey de Esparta, citado por Plutarco, vida Cleomenes 31,5). 
  • “Alejandro Magno consultó a los ancianos: ‘¿qué debe hacer el hombre para vivir?’, mátese a sí mismo, le respondieron.’ ¿Y qué debe hacer el hombre para morir?’, le respondieron ‘viva para sí mismo’…” (Talmud de Babilonia, Tamid 66a).
Vida y muerte, en Pablo, con frecuencia aluden a la muerte y resurrección de Cristo, pero no parece el caso en esta unidad.

La vida y muerte “para el Señor” da otro “sentido”, uno de pertenencia. Es frecuente en el A.T., especialmente Levítico (1,9.10.13.14; 2,1,2,8…) y Salmos (2,11; 12,16; 15,2…). Lo que hasta aquí el texto no aclara es si por “Señor” hemos de entender a Dios (como en los textos aludidos; cf. Rom 11,3,34; 12,19) o a Cristo (Rom 10,9; 13,14).

El párrafo final expresamente hace referencia a la muerte y vida (= resurrección) de Cristo (los aoristos remiten a un momento concreto cada uno) para “enseñorearse” de muertos y vivos. Ahora expresamente queda claro que Pablo por “Señor” en esta unidad alude a Cristo. “Cristo es Señor” constituye una de las principales confesiones de fe para el Apóstol (cf. 1 Cor 12,3; Fil 2,11). Todos los cristianos le pertenecen y esto da sentido a sus vidas y a sus muertes.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     18, 21-35

Resumen: Partiendo de una pregunta de Pedro sobre el perdón, Jesús pone en contraste el perdón inmenso de Dios a los seres humanos para reclamar de estos la misma actitud hacia sus hermanos en la comunidad.

El capítulo 18 de Mateo está marcado por la relación interna de los miembros de la comunidad. Así encontramos la recurrencia de términos como “pequeños” (vv.4.6.10.14), “hermanos” (vv.15.21.35) en el contexto de la “comunidad” (ekklêsía, v.17). Lo que ocurre en la comunidad y el modo de obrar en su seno es el tema del capítulo.

Pero no es posible descuidar que en todo el bloque, tanto en su parte narrativa (caps.14-17, desde 13,53) como en la parte discursiva (cap. 18) se resalta la figura de Pedro como portavoz de la “ekklêsía” y como sostén de la misma (16,18; ver 16,19 y 18,18).

En la primera referencia a un “hermano” (18,15) Jesús hace referencia a su “pecado” (hamartêsê), lo cual supone un obrar concreto y malicioso que apartaría al autor de la comunidad. El miembro de la misma debe buscar con ahínco recuperarlo como “hermano”, e incluso si de todos modos eligiera quedar fuera se debería intentar su reingreso (“un gentil o publicano”, v.17). Es en este contexto que Pedro pregunta “cuántas veces” debe perdonar los pecados (posákis hamartêsei) de “mi hermano” (con lo que expresamente hace referencia al miembro creyente de la comunidad).

La importancia de Pedro y la elaboración de la unidad hace pensar que Mateo ha ampliado un texto del Evangelio Q: 
Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás”. (Lc 17,3-4). 
La referencia al “siete” (ver Pr 24,16) indica “siempre”. La ampliación viene dada por la superación de estas “siete veces” (heptákis) a un “setenta veces siete” (hebdomêkontákis heptá). Los lectores asiduos de la Biblia –como lo era la comunidad de Mateo- reconocerían en este “setenta veces siete” una referencia a Lamec (Gén 4,24), la única vez que el término hebdomêkontákis heptá vuelve a encontrarse en ella.
Lamec dijo a sus mujeres: – Ada y Sila, escúchenme; mujeres de Lamec, pongan atención a mis palabras: maté a un hombre por herirme, a un joven por golpearme. En efecto: dos veces siete será vengado Caín, pero Lamec setenta y siete (Gen 4:23-24; el “setenta y siete” hebreo se trasforma en setenta “veces” siete con el sufijo “--kis”, veces, en la traducción griega)

La violencia comenzada con Caín llega a su máxima expresión con su descendiente Lamec (la referencia a Caín muestra que la unidad comenzada en Gen 4,1 concluye aquí). La violencia crece exponencialmente.

Mateo quiere mostrar que con el perdón ha de crecer exponencialmente la fraternidad en el seno de la comunidad y quebrar así la espiral de la violencia.

Pero para ejemplificar esto, recurre a una parábola del reino. Este se “asemeja” a un rey en su modo de obrar. Se trata de “ajustar cuentas” (synaírô, término exclusivo de Mateo, ver 25,19). Pero no es esto lo que se asemeja al reino. En realidad sólo se menciona a un deudor del rey que adeuda una suma exorbitante “diez mil talentos” [unos U$A 480.000.000]. El primer desenlace refuerza el dramatismo; para cobrarla, ordena la venta del siervo y de su familia a fin de cobrar (algo). Éste se postra a los pies, y allí pide “paciencia que te pagaré todo”. Como se trata de un rey que se asemejaría al “reino de los cielos (= Dios)” se “compadece”, se conmueven sus entrañas (splagjnízomai), lo liberó y le condonó la deuda.

Ya libre, se encuentra con un “con-siervo” (un siervo como él) que le debía “cien denarios” [unos U$A 800]. Éste ahora le reclama la deuda acogotándolo y ahogándolo. También él se postra a los pies y pide “paciencia” para “pagar” pero éste lo hace encarcelar hasta que pagara todo.

Hasta aquí el contraste entre ambas actitudes. Pero el relato continúa: otros “con-siervos” se pusieron “tristes en exceso” y fueron a contar esto al “señor” quien regaña al siervo: ¡malvado! Había perdonado “toda” la deuda “porque lo suplicaste” (parakaléô), ¿no “debías” con tu con-siervo tener compasión (eleéô) como yo la tuve? Entonces, lleno de cólera, lo entregó a los verdugos, torturadores, hasta que pagara “toda” la deuda anterior.

El v.35 es la conclusión de Jesús a toda la parábola aludiendo (típico de Mateo) a “mi Padre del cielo” si no perdonan al hermano (con lo que el texto termina como había comenzado).

Pero para una mejor comprensión es importante notar algunos detalles de la parábola:

El “talento” es una unidad de peso, unos 35 kgs. El “denario” (unos 3,5 gramos) constituye un jornal. Imaginando un jornal en menos de 10 U$A hemos presentado el contraste: 480.000.000 y 800. Es evidente la desproporción.

Es fácil de imaginar que la deuda del segundo, con alguna dificultad, era pagable, pero la deuda del primero era imposible de saldar.

Es interesante que ambos deudores recurren a la misma “estrategia”: caer a los pies y pedir paciencia lo cual refuerza la maldad de quien no perdona.

La conclusión de Jesús nos remite al texto del “Padrenuestro”:
y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. «Que si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres, tampoco el Padre de ustedes perdonará sus ofensas". (Mt 6,12-15)

Podríamos decir, en cierto modo, que Mateo pone en forma de parábola esta parte de la oración de Jesús.

Una última nota sobre las “deudas”. Las deudas económicas sin duda eran importantes –y graves– en tiempos de Jesús. Los campesinos perdían sus tierras en manos de acreedores inescrupulosos y debían venderse a sí mismos como jornaleros o hasta como esclavos para tener garantizado el sustento. Es sabido que cuando surge el movimiento zelote (año 66) para conseguir el apoyo de los campesinos, estos incendian el edificio fiscal donde estaban registradas las deudas (F. Josefo, Guerra de los judíos 17). Con mucha frecuencia Jesús hace referencia a las “deudas”, y habitualmente estas son económicas (ver Lc 7,41; 16,5). Es evidente que en este texto se refiere a “deudas con Dios”, al “pecado”, y al perdón mutuo de las “ofensas”, pero la imagen de la deuda económica –particularmente en el contexto histórico de Jesús, y la imagen de la parábola– no puede dejarse de lado. El ambiente de fraternidad/sororidad que debe caracterizar a la ekklêsía debería incluir el perdón de todo tipo de deudas, no solamente “ofensas”. En este sentido, algunos lamentamos la desaparición de las “deudas” en la traducción del Padrenuestro.

Sin embargo, queda un elemento que parece chocante, y aporta un nuevo elemento para la comprensión del texto: si se ha de perdonar "setenta veces siete", y este rey fuera imagen de Dios, como pareciera en un primer momento, hay que decir que este rey no lo hace. Además, surge una pregunta: ¿quién podría adeudar tanto dinero como 10.000 talentos. La imagen de la deuda con un rey es fácilmente comprensible en su tiempo, y también el contexto: los jefes de las ciudades deben pagar periódicamente al rey lo recaudado de los impuestos de toda la ciudad. Como son señores de la vida y de la muerte, pueden decidir, encarcelar, o incluso, ocasionalmente, perdonar para que todos puedan ver su magnanimidad. La característica de este rey, además es su cólera y que al que no ha perdonado, lo manda torturar, nada más poco parecido a Dios. Pero aquí parece estar la clave; si un rey con estas características de crueldad, es capaz de perdonar una deuda inmensa, cuánto más hará Dios, y - por ello - cuánto más deberíamos hacer los "hermanos". El perdón (incluyendo lo económico, claramente) debe ser una característica de los seguidores de Jesús.


El video con comentario al Evangelio se puede ver en
https://youtu.be/RbiKCY4V1C8
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/09/video-con-comentario-al-evangelio-del_11.html


Dibujo tomado de laoveja100 - WordPress.com

lunes, 11 de septiembre de 2023

Video con comentario al Evangelio del domingo 24º "A"

Video con comentario al Evangelio del domingo 24º "A"


también puede verse en

https://youtu.be/RbiKCY4V1C8

Eduardo

viernes, 8 de septiembre de 2023

“ESPERANZAR Y FORTALECER NUESTRA DEMOCRACIA”

“ESPERANZAR Y FORTALECER NUESTRA DEMOCRACIA”

Curas en opción por los pobres, Villa Allende (Córdoba), 7 de setiembre de  2023

  




Unos 35 curas en Opción por los Pobres (OPP), del norte y del sur, del este, el oeste y el centro de nuestro país, nos hemos encontrado cuatro días, para conversar sobre fe y política, a partir de la situación de nuestras comunidades, intentando hacer nuestras sus angustias y esperanzas, sus alegrías y dolores. Celebrando estos 40 años ininterrumpidos de democracia 1983-2023, seguimos recordando y aprendiendo del testimonio de curas como Carlos Mugica - a casi 50 años de su martirio a manos de sus asesinos de la Triple A -, testimonio que nos ayuda a vivir para las y los ciudadanos empobrecidos, sean campesinos/as, vecinas/os de las periferias urbanas o comunidades originarias.

Entre los sectores sociales y las comunidades que no buscan “salvarse solos”, nos ha impresionado la vida del pueblo jujeño. Vida amenazada por una amañada constitución provincial, reformada en junio para el mal de muchos y falso bien de pocos, y sostenida por la represión y el avasallamiento de los derechos humanos. Pero, también, vida que resiste pacíficamente al autoritarismo de su gobernador, y se hace presente hasta en la ciudad de Buenos Aires, con el Tercer Malón de la Paz, que representa a unas 400 comunidades originarias, y permanece desde hace un mes frente a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, sin que se lo reciba ni se atienda a sus legítimos reclamos. “El país sangra desde Jujuy”, que se ha convertido en “laboratorio de males para todo el pueblo y la Pachamama”. Males que cubrirán a toda la Nación, si Milei o Bullrich lograran triunfar con un voto popular sin futuro. Un voto sin memoria de los ciclos económicos neoliberales, que nuestro pueblo viene padeciendo desde la más feroz dictadura militar, y sus reediciones con Menem, De La Rúa y Macri.

Por eso, ante el “negacionismo” con el que las y los candidatos de la ultra derecha se pavonean y encandilan a sus electores, es urgente tener memoria de los horrores del Terrorismo de Estado; de los planes económicos que devastaron el país y derrumbaron la vida de los pobres; de la dolarización encubierta que fue la convertibilidad de Cavallo y su trágico final en 2001;  y del reiterado sometimiento que nos impone el Fondo Monetario Internacional, que nunca cambia sus planes de ajuste, hambre y colonialismo.

Constatamos y en buena medida compartimos la disconformidad del pueblo, que suma enojo y desaliento, ante una democracia de cada vez más baja intensidad, mutilada por la garra de las corporaciones empresariales (Asociación Empresaria Argentina, Cámara de comercio de los EEUU en Argentina y Sociedad Rural Argentina, entre las principales). Ellas son las que fugaron a sus “paraísos fiscales” el préstamo del FMI a Macri, son las que aumentan el dolar ilegal, y son las que casi a diario aumentan los precios con insaciable voracidad, profundizando la brecha de la pobreza. Y cuentan con el respaldo y blindaje tanto de empresas de comunicación hegemónicas y redes sociales, como de parte importante del poder judicial, dedicado tanto a proscribir a la vicepresidenta y embarrar la causa del intento de su magnicidio, como a debilitar al gobierno nacional que, en líneas generales, no supo dar respuestas  a las expectativas del pueblo, condicionado además por una oposición “impedidora a como dé lugar”, y un imperio decadente, muy interesado por los recursos de su “patio trasero”.

En medio de esta insatisfacción popular, la opinion pública del “que se vayan todos” del 2001, reaparece y envalentona a Milei contra “toda la casta política”. Condena engañosa, porque oculta la realidad: por un lado es la corporación empresaria, mediática y judicial la que daña y corrompe, y por otro aún quedan politicos/as y funcionarios/as honestos/as; otra cosa es que puedan, en poco tiempo y con escasez de recursos y de votos, todo lo que las múltiples urgencias del bien común les reclama. La “mala política” es la que se hace cómplice de los poderes económicos desembozados del falso dios “Mercado”. Nosotros creemos firmemente que hay que combatirla con un proyecto, un programa de gobierno que enamore, esperance y se comprometa con las mayorías – que aún lo están esperando – y, en consecuencia, consiga un buen caudal de votantes.  Esa “política mejor”, que el pueblo espera, no es la que promete ilusorios “espejitos de colores”, a manos de falsos mesías que, de verdad, se imponen para terminar de socavar la democracia. Es que “si solo despertás leones, es lógico que se coman a los corderos más indefensos. En la ley de la selva solo ganan los más fuertes” §.

Creemos que el Evangelio inspira respuestas para las necesidades y conflictos de nuestro tiempo. El decir y el hacer de Jesús fue a favor de otro mundo posible, al que le llamó “Reino de Dios” y hoy nos toca realizarlo como una “Patria de hermanas y hermanos”. En esta Patria queremos un Estado que “empareje” oportunidades, un Estado al servicio del bien común – y no sometido al interés económico “de cuatro vivos” -. Para que el pan, la salud, el trabajo, la educación, y los bienes naturales sean derechos de todos/as y para todos/as, respaldados por la Constitución y accesibles en la vida cotidiana. Queremos “con-vivir bien” como nos enseñan las abuelas y los abuelos de nuestros pueblos originarios. Soñamos una sociedad donde las diferencias no se cancelen con el insulto y la eliminación del otro, al que se tacha como enemigo, sino que se resuelvan con “lo mejor de cada uno para el bien del conjunto”, partiendo de la escucha sincera y la búsqueda de límites efectivos para el mal.

Jesús obró sin miedo, fiel al Proyecto de Dios, que incluye la realización plena de la justicia social, de la justicia ambiental, y, en consecuencia de la paz social y cósmica. Esto le costó la vida, como buen profeta. Hoy, el papa Francisco actualiza y amplifica a nivel global esta responsabilidad colectiva e inexcusable de dar respuesta al “grito de la tierra y grito de los pobres”. Por eso adherimos a su enseñanza social, al gesto y a la palabra reciente de nuestros hermanos curas villeros en solidaridad con él, y nos extraña el silencio de otros sectores de la Iglesia.

Finalmente, queremos comprometernos a que nuestra Iglesia se convierta al llamado de Dios a ser también comunidad profética, como el auténtico Mesías, pacífico y humilde campesino de Nazaret. Profetas que vean la realidad y caminen junto a otras y otros, creyentes o no, para transformarla, jamás con odio, sino con amor social, amor político.



§ “Solidarios con el papa Francisco y con los pobres”, Equipo de Sacerdotes de Villas y Barrios Populares de Argentina, Parroquia Virgen de Caacupé de la Villa 21-24, barrio de Barracas, 5 de setiembre de 2023

 


jueves, 7 de septiembre de 2023

La pureza en la Biblia

La pureza en la Biblia

Eduardo de la Serna



En la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento, la pureza o impureza es un tema muy importante, pero no es algo fácil de entender para nuestra mentalidad que es muy diferente. Trataremos de aclarar algo, o, al menos, evitar confusiones.

En nuestra cultura, algo puro es algo que no está mezclado con algo que lo degrada: oro puro, aceite puro, leche pura se suele entender en el sentido de que no tiene ingredientes sino “solo” eso. En un diccionario suele señalarse como que hacer puro algo es quitarle sus imperfecciones a fin de que quede como era originalmente o como debiera ser.

En la Biblia, en cambio, lo primero que debemos entender es que hacer puro algo (no todo puede serlo, aclaremos) es un hecho ritual. Se dan una serie de pasos, claramente prescriptos, y eso, que se había “degradado” vuelve a su estado de pureza. Por ejemplo, hay cosas que vuelven impura a una persona; entonces, dando algunos pasos precisos (por ejemplo, baños, o limpiezas de vestidos), luego de un tiempo, la persona recupera su pureza. Señalemos, para ser bien comprendidos, que hay cosas que no pueden ser puras de ninguna manera: por ejemplo, hay alimentos que son impuros y no hay manera de que no lo sean).

Pero para entender mejor, señalemos que solo algo “puro” puede ser o estar en relación con Dios. Una persona impura no puede relacionarse con Dios hasta que no quite su impureza; un utensilio impuro, debe purificarse, o quebrarse para jamás ser utilizado… Y, es bueno señalar, que – además de aquello que de ningún modo puede volverse puro, cada cosa que se ha vuelto impura tiene una serie de “ritos” necesarios para que recuperen la pureza. Sería interminable hacer una lista tanto de las cosas que vuelven impuro como de los ritos de purificación, pero señalemos – solo a modo de ejemplo – algunos casos:

  •          Una persona con enfermedad cutánea (a lo que suele llamarse “lepra” como una generalidad) queda impura mientras la enfermedad persista. Cuando pueda atestiguarse su limpieza (notar que la importancia no está en la “curación” sino en la “purificación”) debe presentar una ofrenda y lavarse ritualmente (ver Lev 14) y su estado vuelve a ser de pureza.
  •          La sangre vuelve impura a la persona (la menstruación provoca en la mujer una impureza constante), y la purificación incluye el cuerpo y los vestidos hasta la tarde (es decir, el día siguiente).
  •          El agua puede volver cosas impuras si es agua de depósito, no si es “agua viva” (es decir, agua que corre). Si algo impuro está en una vasija de barro, la vasija debe romperse, pero si la vasija es de piedra, la piedra no transmite impureza.
  •          Tocar un cadáver vuelve impuro (y esto es importante para no confundir: es una obligación religiosa, por ejemplo, sepultar a los padres, pero eso vuelve impuro… Así se puede ver que no ha de entenderse necesariamente con que ser puro o impuro es algo bueno o malo: sepultar a los padres vuelve impuros, dar a luz un hijo vuelve impuros. Pero – evidentemente – se trata de algo bueno y religioso. Simplemente se debe purificar por medio de un rito.

En el Nuevo Testamento, el tema no es importante. En los Evangelios Jesús, en Mateo, critica a aquellos fariseos que se preocupan de “purificar” lo exterior y no lo interior (23,26), en Lucas, destaca que dar limosna (compartir los bienes) hace “puro” todo (11,41); Jesús es sepultado con una sábana pura (Mt 27,59). Y, en Juan, los discípulos, que escuchan la palabra que Jesús pronuncia están puros, pero “no todos” (obviamente se refiere a Judas; 13,10.11; 15,3). En Hechos, dos veces Pablo señala que es “puro” de responsabilidad ante los demás (18,6; 20,26).

En Pablo, el término “pureza” sólo se encuentra una vez señalando que todo se puede comer, porque es puro, pero que es muy grave escandalizar a los débiles (Rom 14.20). En los restantes textos es habitual que se refiera a tener “un corazón puro”, a una “religión pura” o “lino puro” u “oro puro”, lo que parece que debe entenderse en un sentido habitual de “no mezclado”.

El judaísmo bíblico, entonces, insiste en la pureza ritual como modo de relacionarse con Dios (y de purificarse previamente en caso contrario). En el Nuevo Testamento, el acento está puesto, en cambio, en la actitud “pura” de relación con los y las demás, de amor, de solidaridad, de justicia. Pureza, en la Biblia es otro modo de decir “santidad”.


Foto tomada de http://fernandezluisricardo.blogspot.com/2016/01/las-bodas-de-cana-no-tienen-vino.html