lunes, 20 de noviembre de 2023

sábado, 18 de noviembre de 2023

Cristianos católicos, cristianos evangélicos, judíos…

Cristianos católicos, cristianos evangélicos, judíos…

Eduardo de la Serna



Empiezo pidiendo perdón a otros grupos religiosos no incluidos en el título; se debe solamente a mi ignorancia. Imagino que los habrá también… creo que los habrá, pero por desconocimiento no me atrevo a señalarlo…

Me refiero a que hay judíos, católico romanos y evangélicos que apoyan a Javier Milei, y hay judíos, católico romanos y evangélicos que se oponen a él con todas sus fuerzas. Y puesto que la razón esgrimida en ambos casos es religiosa, obviamente algo hay que analizar. ¿Cómo es posible que con argumentación religiosa haya sectores de una misma confesión que defienden vehementemente y otros que la detestan visceralmente? Y, sospecho, además, que el planteo trasciende lo religioso y puede internarse en otras disciplinas como la política, lo económico, las ciencias sociales, etc. Ahora bien, los textos – especialmente los tenidos por “sagrados” – ¿pueden leerse según le place al lector?

Es el momento del fundamentalismo. Por fundamentalismo se entiende la lectura de los textos “al pie de la letra”: “lo que dice, ¡así es!”, sin ninguna interpretación de qué quiere decir el autor o autora, cuál es el contexto histórico, político, social, cultural, etc., de quienes son destinatarios o destinatarias, qué género escoge quien escribe para comunicar algo, etc. Para ejemplificar esto de un modo fácilmente comprensible, notemos el uso de la ironía. Si yo dijera, por caso, “nuestro gran amigo, el neoliberalismo”, debería resultar evidente para los lectores que el neoliberalismo no es ni remotamente amigo, sino todo lo contrario, se trata del enemigo de la vida, enemigo de la justicia, enemigo del bienestar de todas y todos, en especial de los pobres. Pero, “a la letra” es evidente que dije “nuestro gran amigo”. Y un lector desprevenido (o mal intencionado, acaso) puede decir que nuestras relaciones con el neoliberalismo son de “amistad”. Hacen falta, en este caso, conocer al autor (en este caso un adversario del neoliberalismo), los destinatarios (un grupo que se ve o vería perjudicado por este) y, además, saber que el género es “irónico”. Con los textos sagrados ocurre lo mismo (y repito que, aunque lo sospecho, no me atrevo a hablar de otros además de los mencionados). Se trata de textos escritos por autores, dirigidos a comunidades en situaciones concretas. Para los creyentes, es en ese autor, esa intencionalidad “estratégica”, ese género literario escogido, a esa comunidad en la que todo texto “DEBE SER INTERPRETADO”. Es decir, la lectura “al pie de la letra” (= fundamentalista) la deforma, la seca, la anula. Y nos deforma, seca y anula.

Y, creo que es evidente, en los apoyos o cuestionamientos arriba mencionados, se trata claramente de fundamentalismo. Cualquier lectura situada de los textos de lo que solemos llamar Antiguo Testamento, por ejemplo, que es lo que nos une a evangélicos, católico romanos y judíos, deja bien en claro, por ejemplo, que el individualismo es aberrante, que no se puede ser sin otros y otras, que la justicia es constitutiva de nuestras creencias, que la propiedad privada es ciertamente relativa, etc.

Como dije, este fundamentalismo trasciende las fronteras de los textos religiosos y se adentra en lo político, económico, etc. Pero parece más que evidente que esta lectura es siempre “más fácil”: se lee, ¡se obedece! ¡Nada hay que pensar! Menos aun que debatir, cuestionar, preguntar, analizar.

Una lectura fundamentalista de los textos sagrados lleva a la obediencia ¡y listo! Mientras que una lectura “crítica” (los católico-romanos, concretamente, sabemos que esta lectura crítica es la lectura “correcta” [= ortodoxa] de la Biblia, mientras que al fundamentalismo lo llama “suicidio del pensamiento”) nos invita a pensar, debatir, analizar.

Y, obviamente, además, una lectura de tal modo, nos invita a preguntarnos ¿cómo es ese Dios que solo quiere ser obedecido, aunque nos duela, nos cueste o nos mate? ¿Cómo es ese Dios (o dios, preferentemente) que no quiere que pensemos, que seamos felices, sino que, en el altar de la supuesta “obediencia”, nos hace elegir al torturador, al que nos aniquilará, o al león que devorará al rebaño? Evidentemente, en ese dios, sí que ¡yo no creo!

 

Foto tomada de https://es.123rf.com/photo_153836979_el-fundamentalismo-como-un-peso-pesado-en-la-vida-simbolizado-por-una-persona-encadenada-a-una.html

jueves, 16 de noviembre de 2023

Esteban, el primer testigo

Esteban, el primer testigo

Eduardo de la Serna

 


Mirando los textos bíblicos es muy poco lo que sabemos sobre Esteban. Poco, pero que alcanza para descubrir un camino. Todas las referencias a él las encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

En primer lugar, se nos dice que los Apóstoles (“los Doce”) no daban abasto con la predicación y otras actividades como el servicio de las mesas de las viudas (6,1-2). Entonces deciden elegir “Siete” para esta tarea, y poder dedicarse a la oración y la predicación de la Palabra (6,3). Sin embargo, lo primero que vemos de estos “Siete” es precisamente que se dedican a la predicación (6,10), y nada se dice sobre las “mesas”. El primer mencionado de estos siete es precisamente Esteban, de quién se dice que era “hombre lleno de fe y de Espíritu Santo” (6,5). Esteban y Felipe son mencionados a partir de este instante señalándose su práctica evangelizadora (6-8). Más adelante, de Felipe se dirá que es “evangelista” (21,8).

Lo primero que se destaca es que eran “helenistas”, a diferencia de los Doce que eran “hebreos” (6,1). Sin duda esto indica que los Doce eran judíos seguidores de Jesús provenientes de Palestina (hablaban “hebreo”), mientras los Siete eran judíos seguidores de Jesús que hablaban griego. Por eso pareciera que mientras los Doce se dedican a anunciar a Jesús a los judíos de habla semita, los Siete se dedican a predicar a los judíos dispersos por el mundo, que hablaban griego; en primer lugar, por las regiones de Judea y Samaría.

Por otra parte parece que, los “helenistas”, relativizaban casi hasta el extremo las instituciones judías como el Templo o la Ley, cosa que molestaba a los “hebreos” (6,11.13). Así, comienza una persecución de estos a aquellos, y Esteban es encarcelado, luego juzgado y finalmente ejecutado.

Sin embargo, hay elementos de la predicación de Esteban y de su condena que son muy llamativos, y merecen nuestra atención.

En la predicación, claramente aparece una relativización, y casi negación, como dijimos, de las instituciones principales de Israel, la ley y el Templo, de allí que los “hebreos” lo interpreten como “blasfemia” (que se castiga con la muerte por apedreamiento sacando al culpable fuera de la ciudad, como se indica en Deuteronomio 17,2-7). Los judíos sabían que, si bien a Dios sí se lo puede encontrar en el Templo, Él es más grande que el Templo, y no se lo puede encerrar en él (Ex 3,5.12; Mal 1,11, algo que casi parece rechazado en Is 66,1-2); sin embargo, Esteban va más allá y no afirma - como era de esperar - que Dios “no habita sólo en el Templo” sino que afirma claramente que “Dios no habita en casas hechas por mano de hombre” (7,48, donde cita Isaías 66). Es interesante – además – refrescar que la fórmula “hecho por mano de hombre” en la Biblia suele decirse acerca de los ídolos (2 Re 19,18; Jdt 8,18; Sal 115,4; Sab 13,10; Is 37,19; cosa que repite también la carta a los Hebreos 9,11.24) , con lo que Esteban no solamente cuestiona el Templo sino que afirma que han hecho de él un ídolo. Por otra parte, recuerda que la Ley ya había dicho que Dios enviaría un “profeta semejante a Moisés”, con lo cual tampoco la Ley debe absolutizarse. Jesús es ese profeta, y por tanto es superador de la Ley. Así da razón a su relativización del Templo y la Ley en la predicación acerca de los efectos de la obra de Cristo.

Dicho esto, los “hebreos” deciden matarlo ("blasfemo"; 6,11), y el autor de Hechos recurre a una interesante referencia: ocurre con Esteban, como con Jesús (Mc 14,55-58), que se recurren a testigos falsos que aludirán a la destrucción del Templo (6,12-14); también como a Jesús (Mc 14,62), los escandaliza que Esteban vea “al Hijo del hombre entre nubes” (7,56); como Jesús (Lc 23,34), Esteban perdona a quienes lo están asesinando (7,60); y, finalmente, como Jesús (Lc 23,46), entrega su espíritu (7,59).

Frente a esto, se deciden ejecutarlo para lo cual lo sacan fuera de la ciudad (7,58) como ocurre con Jesús (Mt 21,39 / Lc 20,15). Algo semejante también había ocurrido con Nabot, asesinado con testigos falsos (1 Re 21,10) a quién, como Esteban (7,58), “sacaron fuera de la ciudad, lo apedrearon y murió” (21,13).

Es interesante notar, para empezar, la creatividad en la predicación de Esteban, por lo que conocemos de Hechos. La creativa fidelidad a los textos bíblicos que permitieron ir descubriendo la novedad aportada por el acontecimiento pascual de Jesús, y las consecuencias para la predicación de los primeros cristianos en el ambiente “helenista”. En segundo lugar, notar, cómo desde el comienzo, los escritos cristianos pusieron en estrecho paralelo la vida y la muerte de los mártires con la vida y la muerte de Jesús. Como Jesús, los mártires no son matados por su odio a la fe, sino por la referencia a la vida y predicación de Jesús, predicador de buenas noticias, y de un Dios Padre que quiere reinar, para ser alternativa a los reinados violentos y deshumanizadores de su ambiente.

El texto finaliza señalándonos que el perseguidor Saulo - que luego será Pablo – era testigo, y aprobaba su muerte (7,58; 22,20). No es casualidad que será luego Pablo el que continuará la predicación a los “helenistas”. No es en vano recordar que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”, como afirmará más tarde Tertuliano (†220);  Así como luego del martirio de Rutilio Grande, de mons. Romero se hablaba que su propia “conversión” había sido “el primer milagro de Rutilio”Pablo parece ser el primer milagro de Esteban. Su incorporación inesperada en el movimiento de Jesús parece dar razón a esto.


Imagen tomada de https://caminocatolico.com/oracion-a-san-esteban-por-la-iglesia-y-los-martires-de-hoy-por-p-carlos-garcia-malo/

martes, 14 de noviembre de 2023

Comentario a las lecturas del domingo 33º "A"

 La gratuidad del Reino y su contraste imperial

DOMINGO TRIGESIMOTERCERO - "A"


Eduardo de la Serna




Lectura del libro de los Proverbios     31, 10-13. 19-20. 30-31

Resumen: el libro de los proverbios concluye con un salmo que canta a la mujer – sabiduría perfecta por lo que el marido es alabado. El comportamiento de la mujer “fuerte” en la casa es celebrado.


El libro de los proverbios – una colección bastante heterogénea en tiempo, temas y origen – finaliza con un poema acróstico (cada versículo, del 10 al 31 comienza con las letras del alefeto hebreo: es decir el v.10 comienza con “alef”, el v.11 con “bet” para terminar el v.31 con “tau”; algunas biblias lo indican en un costado del texto para que el lector lo sepa). Obviamente esto indica que el salmo tiene muy claramente el comienzo y el final. Este salmo canta a una mujer “hail”. El adjetivo hebreo “hail” indica fuerza, vigor, e incluso armamento. La Biblia griega lo traduce por “viril” (andreían). El texto está escrito desde la mirada del varón, y refiere a la mujer campesina. Se habla de la mujer “fuerte” en la sociedad patriarcal, es mujer “de varones”. Pero es muy probable (por el libro en general, y – especialmente por ser la conclusión – que se esté refiriendo a la “sabiduría” planteada como “mujer” (cf. Pr 8). Para el pueblo de Israel que regresa del exilio (al componerse la edición definitiva del libro) se lo invita a ser sabio: fuerte, libre, debe saber manejar su casa, y hacerlo con “respeto a Yahvé”. Lo que cuenta es la opinión del marido (vv.11.28-31) que elogia a esta mujer.


El trabajo doméstico de la mujer logra que el marido sea alabado “en la plaza” (v.23; v.31)


Así está estructurada esta parte central:


            A.- “no teme la nieve” (v.21)

                        B.- se confecciona mantas, viste de lino y púrpura (v.22)

                                   C.- Su marido es reconocido en la plaza (v.23)

                        B’.- teje y vende prendas de lino (v.24)

            A’.- se reviste de fuerza y dignidad y no le preocupa el mañana (v.25)


El marido puede estar en la “calle” porque la mujer se ocupa de la “casa” (el patriarcalismo es evidente). 


La opinión del marido, con lo que empezaba el salmo (vv.10-12), se retoma al final. Es una mujer sabia (para Proverbios el “temor de Yahvé es la fuente de la sabiduría, 1,7; 23,30-31)

Muchos temas centrales del libro se concentran en esta “mujer- sabiduría”: es fuerte, es ejemplo del discernimiento en la vida diaria, “abre la boca con sabiduría, y su lengua instruye (torah) con amor (jesed)” (v.26), se ocupa de los pobres y necesitados. 



Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica     5, 1-6

Resumen: Pablo destaca la cercanía de la venida de Jesús, por lo que ese “Día” está próximo, es inminente. Esto supone un modo de vida en los discípulos coherentes con el día, y no con la noche.



La carta a los Tesalonicenses está llegando a su fin. Luego de haber señalado Pablo que Cristo vendrá pronto, e incluso muchos estarán vivos – como él mismo espera estarlo – cuando ocurra esta venida, intenta dar respuesta a la pregunta obvia: ¿y esto cuándo ocurrirá? La frase “tiempo y momento” alude a los dos términos griegos que refieren al tiempo: jronos y kairós y se ha utilizado para aludir a un momento específico del plan de Dios (Dan 2,21; 7,12; Hch 1,7: “no les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha fijado con su autoridad”). En este caso Pablo señala que no es necesario escribir de esto, como ya lo ha dicho acerca del amor mutuo (4,9). Se refiere, evidentemente, a algo que los tesalonicenses ya saben porque Pablo les ha hablado de ello en su breve paso por la comunidad. Por eso lo refuerza con el “ustedes saben”. La fórmula ya la ha usado en la carta: “saben” del paso de Pablo por Tesalónica (2,1), “saben” que las tribulaciones forman parte de la vida que les espera a los seguidores de Jesús (3,3). 


El “Día del Señor” se refiere a un término habitual en los profetas: el momento que Dios mismo ha determinado actuar en la historia de su pueblo. Generalmente para sancionar, para intervenir drásticamente: Am 5,18-20; Joel 2,1-2; Sof 1,14-18; Mal 3,19.23. Pablo refiere a él como el día en que Dios intervendrá enviando la salvación: Rom 2,16; 13,12; 1 Cor 1,8; 3,13; 5,5; 2 Cor 1,14; 6,2; Fil 1,6.10; 2,16), día ciertamente ligado a Cristo. En este caso – y en otros – se refiere al “día” de la futura “venida” de Jesús, algo que Pablo debe anunciar, como una suerte de Elías.


La imagen del “ladrón en la noche” es frecuente en el ambiente apocalíptico para destacar lo imprevisible (2 Pe 3,10; Ap 3,3; 16,15; cf. Job 24,14; Lc 12,39). 


Abruptamente, entonces, el dicho romano de “paz y seguridad”, que alude a lo que se supone que el imperio garantiza a los suyos, se verá quebrado. Ciertamente está “pax romana” y la “seguridad” que garantiza a los súbditos del imperio, en nada se asemejan a los bienes definitivos que trae Cristo en su Día, ahora presentado como “dolores de parto”. La vida que trae Jesús (“parto”) en nada se asemeja a la “paz del imperio”, no es vida lo que éste trae. Y es “seguridad” sólo para los súbditos, no para las víctimas.


Las metáforas que siguen: tinieblasdía, “hijos de la luz” son también tomadas del ambiente apocalíptico (eso no implica que el contenido lo sea; Pablo no parece tener una teología apocalíptica aunque en estos casos utilice su vocabulario). El clásico dualismo apocalíptico luz-tinieblas, día-noche se transforma también en “modo de vida”: “hijos de la luz”, “vivir en tinieblas”, velardormirser sobrios… aquí Pablo lo utiliza luego de haber hablado del “Día” para continuar con la imagen (en v.7 continúa la metáfora: “los que duermen, de noche duermen, los que se embriagan [contrapuesto a la sobriedad] de noche se embriagan”).



Evangelio según san Mateo     25, 14-30

Resumen: en una nueva parábola Jesús presenta un ejemplo mostrando por la contraria cómo es el reino de Dios. Totalmente diferente al señor del relato que es usurero y explotador. La dinámica del reino de Dios se mueve en un ambiente totalmente diferente.

La parábola del Evangelio se ha interpretado habitualmente de un modo estricto, en el que se destacarían las exigencias y responsabilidades que tenemos para con Dios. Sin embargo, recientemente se ha propuesto otra interpretación que parece dar respuesta a muchos temas que quedaban sin ser aclarados. 

Para empezar el inicio no es el frecuente en otras parábolas en las que se afirmaba que el reino “es semejante a” (cf. 25,1; cf. 20,1; 13,31.33.44.45.47), aquí se afirma que “así cómo”, con lo que no es evidente que se refiera a algo “semejante”. Y – como veremos – no lo es. 

El tema del “propietario ausente” es importante en los estudios desde las ciencias sociales: la tierra no es de los campesinos que la trabajan sino de miembros de las elites gobernantes que se han apoderado de ellas por impuestos, usura, préstamos y deudas… Es habitual que los ricos presten a los campesinos a usura sabiendo que no podrán pagar y más temprano que tarde se apropiarán de las tierras. Para que la tierra sea productiva debe ser trabajada, para lo que recurrirán a campesinos desocupados, esclavos (doulos), jornaleros. Era frecuente, en Oriente especialmente, que los que se habían empeñado trabajaran la tierra para seguir intentando pagar lo adeudado.

Es importante entender que – el castellano ayuda a confundir – el “talento” no es referencia a la capacidad de cada uno, sino que se trata de un valor monetario. Es interesante recordar que en los ambientes campesinos las transacciones se realizaban por canje o trueque, sólo en los ambientes de la burocracia se utilizaba moneda. Originalmente el talento es una medida de peso (de gran peso) y las había de oro, plata o cobre. Se ha calculado, en general, un valor de 6.000 jornales por talento. 

La “producción” de los dos primeros personajes de la parábola es llamativa. No es habitual que algo produzca un 100%; pero eso sí es comprensible en el caso de la usura. Sin embargo, aquí se lo señala casi con normalidad. Pero el tercer siervo (doulos) no ha puesto a “producir” el talento, sino que lo devuelve intacto. Pero lo hace por “miedo” a su “señor” porque es “un hombre duro que cosecha donde no sembró y recoge donde no esparció” (v.24). Sorpresivamente, el señor le reconoce esta parte: “sabías que cosecho donde no sembré…” (v.6). En este caso, lo que “debería” era dar el dinero a los “banqueros” para recibir “intereses” (tokos). El término “intereses” en el NT sólo se encuentra en este texto y su paralelo de Lucas 19,23; y en todos los casos del Antiguo Testamento se trata de algo definitivamente contrario a la voluntad de Dios: Ex 22,24; Lev 25,36.37; Dt 23,20; Sal 14,5; Jer 9,5; Ez 18,8.13.17; 22,12… el ambiente no parece amable, sino el de la usura: el dueño ausente cosecha donde otros han sembrado y se han endeudado y empobrecido, y – por eso mismo – se ha quedado con sus tierras. 

Como castigo ante esto, al que no supo - o no quiso por "miedo"- hacer producir el dinero, se le quita el talento para dárselo al que más tiene, y a aquel se lo expulsa. Allí, a las “tinieblas de fuera”, al “llanto y rechinar de dientes”, algo muy parecido a la cárcel. La frase se encuentra también en 8,12 señalando que “los hijos del reino” serán arrojados allí, y el rey vengativo de 22,13 arroja al que no tiene vestido de fiesta. En estos casos el contexto parece aludir a la situación presente de las autoridades judías en tiempos de Mateo en la que resulta patente la violencia que Roma ha ejercido contra la ciudad y las autoridades al finalizar la guerra judía. El rechazo de Israel a Jesús ha permitido que los paganos se sienten a la mesa (8,12) y la ciudad es destruida e incendiada por el rechazo a los enviados del rey. Estar sin vestido de fiesta es un nuevo rechazo (22,7.13).

Podemos afirmar, entonces, que el propietario ausente y su actitud en nada se asemejan al “reino” (recordar el comienzo de la parábola). Es muy parecido, precisamente, a lo que la dinámica imperial y su economía esperan: usura, préstamos, premio al que produce, torturas y cárcel. La dinámica de la gratuidad del reino es exactamente lo contrario. El reino no se asemeja a ese señor, sino que está en las antípodas. El que es coherente con el reino es el que no presta el dinero a usura es ese, el último, el que es expulsado, torturado y rechazado por el capitalista.

 

El video con comentario al Evangelio puede verse en

https://youtu.be/Ez40JxUDp9c

también en

https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/11/video-con-comentario-al-evangelio-del_13.html



Foto tomada de www.torcasajuv.com

viernes, 10 de noviembre de 2023

La Iglesia debe ser profética

La Iglesia debe ser profética

Eduardo de la Serna



Ha pasado hace décadas el tiempo en el que por “profetismo” se entendía una visualización del futuro. Es claro que los profetas, en la Biblia – de ella hablamos – son aquellos y aquellas que dicen una palabra de parte de Dios a un tiempo concreto. En una situación determinada, en la que el pueblo y sus dirigentes dudan el camino a seguir, o simplemente lo siguen, Dios no permanece indiferente a su pueblo y “habla” por la boca de sus “mediadores”. Habla fortaleciendo el camino andado, o corrigiendo desvíos o directamente rechazando propuestas contrarias a su proyecto para el pueblo.

Hay un punto de partida claro: Dios quiere que su pueblo viva “el derecho y la justicia” (mishpat we tzedaqá, en hebreo) como se expresa por doquier en los textos bíblicos. Entonces, cuando los dirigentes o el mismo pueblo no dirigen sus caminos en esa dirección, los profetas no dudan en hablar, aun arriesgando su vida o su seguridad (los ejemplos, en la Biblia, huelgan). Es verdad que por doquier existen los “falsos profetas”, aquellos que afirman que “hablan de parte de Dios” cuando en realidad Dios no les ha mandado hacerlo. No es fácil el discernimiento, por cierto, pero a veces el tiempo, otras veces la concreción de lo señalado, y, en otras, elementos varios, revelan la fidelidad o no aquel o aquella que hablan la palabra de Dios.

No es el caso señalar los criterios, que son variados según los momentos históricos y políticos, pero lo cierto es que existen. Jesús mismo, en el evangelio de Lucas señala un elemento para sus contemporáneos: el insulto y la ofensa fue el padecimiento de los profetas, mientras que los aplausos fueron frecuentes a los falsos profetas (6,22-23.26).

Pero el Nuevo Testamento, que se encuentra en el período histórico-teológico judío de la “ausencia de profetas”, no teme en afirmar desde el comienzo, que ese tiempo ha terminado: Dios ha abierto las “compuertas” del cielo, el espíritu ha descendido, y con Jesús comienza un nuevo tiempo. Todos los seguidores de Jesús, que también han recibido el mismo espíritu de Dios, son, ¡deben ser!, proféticos. La Iglesia toda lo es y debe ser.

Los Padres de la Iglesia continuaron esta imagen repitiendo, por ejemplo, que, desde el bautismo, todos somos “reyes – profetas – sacerdotes”.

No se trata de “mandar” sobre “el mundo”. ¡No! La Iglesia está llamada a decir una palabra, de parte de Dios, para todos, todas, todes sus miembros. Pero, además, al vivir conforme a la voluntad de Dios, el derecho y la justicia, el ser capaces de arriesgar la vida por los otros por amor, como el de Jesús… al vivir de esa manera, “ser luz de las naciones”, mostrar a todos que “otro mundo es posible”.

Como Iglesia (como miembro de ella) no pretendo que los que no se sienten parte de ella hagan lo que yo creo que es bueno, lo que se “debe”. Sí pretendo que así vivan mis hermanos y hermanas, y que, además, viviendo de esa manera, los “de fuera” vean un modo alternativo, y ojalá, mejor de vivir. Un modo de vida que ¡vale la pena!

Pero eso no significa que la Iglesia (y no me refiero a individuos, sino al colectivo, en especial al colectivo “jerárquico”) siempre sea profética. No han sido, no son y no serán pocas las veces que se “extingue el espíritu” y se “desprecia la profecía” al decir de san Pablo (1 Tes 5,19-20).

Hay momentos de la historia en los que no es sensato callar. Ya en la dictadura cívico militar con bendición eclesiástica, la Conferencia Episcopal creyó que era “tiempo de callar” (tempus tacendi, decían, porque parece que en latín es más adecuado). Y la sociedad entera, cristianos y no, se escandalizó de ese profetismo apagado y espíritu extinguido. Y parece que, luego de esto, muchas veces, el cuerpo eclesial jerárquico se ha resistido a hablar (insisto que no me refiero a personas aisladas).

Esta semana se reunió, como lo hace siempre dos veces al año, la Conferencia Episcopal. La situación del país parece extremadamente grave como para callar. Habló, por ejemplo, la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE), habló el llamamiento Argentino-Judío, hablaron artistas, docentes, y hasta los seguidores de Taylor Swift… ¿los obispos argentinos? ¡Silencio! ¿El profetismo? ¡Te lo debo!

 

Foto tomada de https://www.freepik.es/fotos-premium/huellas-pie-luz-sol-horizonte_49531512.htm

jueves, 9 de noviembre de 2023

Eliseo, el profeta marginal

Eliseo, el profeta marginal

Eduardo de la Serna

 


En Israel, hubo muchos profetas con modos de actuar y vivir muy diferentes entre sí. Eliseo, por ejemplo, el sucesor o heredero de Elías (2 Re 2,1-15) – así como Josué había sido sucesor o heredero de Moisés (Núm 27,18-23; Dt 34,9) – no parece muy semejante a la mayoría de los profetas que conocemos.

Para empezar, se nos dice que forma parte de un grupo marginal, que vive en las afueras de las ciudades (2 Re 4,8-17. 42-44), y en conflicto constante con los reyes de Israel, descendientes del rey Omrí. Esta situación de conflicto lo llevará a intervenir activamente en la elección de un rey vecino (1 Re 19,15; 2 Re 8,7-15) y alentar el derrocamiento del propio (2 Re 9,1-10).

Por otra parte, Eliseo – a diferencia de Elías – anda no en soledad sino siempre rodeado de grupos de profetas (2 Re 2,3.5.7.15; 4,1. 38; 5,22) que lo llaman respetuosamente “padre” (2 Re 13,14; ver 2,12). Estos grupos de profetas, eran comunes en la antigüedad en esta región, y conocemos su modo de actuar, de entrar en trance, profetizar y de vivir por muchos escritos de la época que se conservan (ver 1 Re 18,26-29); obviamente, la mayoría de estos no eran creyentes en Yahvé, pero en este caso sí lo eran. Con frecuencia estos grupos proféticos eran consultados por diferentes personas para conocer una palabra, una propuesta, o la voluntad de los dioses frente a diversas circunstancias: ¿Qué hacer o dejar de hacer? ¿Debo emprender esta campaña o no? ¿Y esta alianza? Muchas autoridades dependen de estos profetas hasta para recibir un embajador, o dejarlo esperando hasta que las señales sean o no favorables.

Cuando se compone el libro de los Reyes, notamos que el autor – o autores – recogió un conjunto de anécdotas de Eliseo – también de Elías – probablemente recopilado por sus discípulos (1 Re 19,16-21; 2 Re 2-13). Lo que le interesa al recopilador – porque forma parte fundamental de su catequesis – es algo característico del profeta: su intensa y exclusiva fe en el Dios de Israel, Yahvé. El conflicto con la familia real – con la que también se enfrentó Elías – tiene que ver precisamente con el abandono de estos de la fe yahvista, y la propaganda y propagación de los dioses de las tribus cananeas, en especial el llamado Baal (ver 1 Re 21,23-29 y 2 Re 9,1-10). Sin duda, esto es algo a señalar: las autoridades solían reconocer y consultar este grupo de profetas, como hemos dicho, pero en este caso son despreciados y marginados precisamente por ser profetas de Yahvé y no de Baal. Un problema que quizás Eliseo no pudo manejar es que quién él había ungido para reemplazar a la dinastía de Omrí, el general Jehú, resultó ser terriblemente sanguinario (2 Re 9,11-10,36), lo que años más tarde será criticado por otro profeta, Oseas (Os 1,4).

Resulta interesante notar que Eliseo, cosa que no suele constar que ocurra con los demás profetas, fue llamado al seguimiento por su maestro Elías (1 Re 19,19-21), es ungido por éste (1 Re 19,16), y realizan ambos una serie de hechos muy semejantes, puestos a modo quizás de “vidas paralelas” (comparar: (ver 1 Re 17,7-16 y 2 Re 4,1-7; 1 Re 17,17-24 y 2 Re 4,18-37; 2 Re 2,12 y 2 Re 13,14). Otro elemento a tener en cuenta es que Eliseo se caracteriza por una serie de hechos milagrosos – y otros legendarios – que superan a los de su maestro (ver 2 Re 2-6; y también 13,20-21).

Cuando los Evangelios – en especial san Lucas – nos presentan a Jesús, nos dirán que en algunas cosas se asemeja a Eliseo (ver Lc 4,27), y que, en muchas otras, lo supera claramente (ver 2 Re 4,42-44 y Lc 9,12-17; 1 Re 19,20 y Lc 9,61-62).

A diferencia de la mayor parte de los profetas que conocemos por la Biblia, Eliseo no es tan reconocido por el contenido de sus palabras como por sus acciones, sean estas políticas o populares; en eso se parece más a los profetas de su ambiente histórico y geográfico, como dijimos. Pero a semejanza de los profetas bíblicos, Eliseo se caracteriza por una firme adhesión al Dios de Israel, en quien pone toda su confianza. Cuando se enfrenta con los reyes, lo hace por eso mismo, y cuando realiza signos, o milagros, estos pretenden que el Dios Yahvé sea el único reconocido entre su pueblo. La fe y confianza en Dios es el único motor del obrar del profeta, y es – a su vez – el único objetivo de sus acciones. ¿Y de las nuestras?

 

Imagen tomada de https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Profeta_Eliseo.jpg