sábado, 23 de octubre de 2021

Las mujeres, una mujer, no princesa/s

 Las mujeres, una mujer, no princesa/s

Eduardo de la Serna



Quiero empezar con una frase del impresentable Javier Milei, en la que niega que por un mismo trabajo las mujeres reciban menor salario, la “prueba”, para él, es que si así fuera las empresas estarían llenas de mujeres. Más allá de lo que esto implica de los criterios de contratación, su dicho (como muchos otros, como por ejemplo su negación del cambio climático) tiene un evidente conflicto con la realidad. Pero a esto no se lo suele llamar ideología (la ideología es cuestionada y criticada si es “progre”, no si es de derecha); no se señala que el prisma con el que mira y analiza distorsiona totalmente los hechos y los falsea. La realidad nos dice otra cosa, ciertamente.

Y, con un motivo evidente: el cumpleaños de las Abuelas de Plaza de Mayo, quiero simplemente hacer memoria de algunas mujeres del presente, de las que no haré una biografía, sólo una referencia a las huellas que dejan para marcar rumbos en nuestro caminar.

Y, como digo, pienso en el presente simplemente por una casi pereza intelectual de mirar detenidamente en nuestro pasado; es evidente que si hay huellas hoy es porque las hubo ayer… y antier. Y las habrá mañana. Basta pensar (y son las primeras que se me ocurren) en Juana Azurduy, Manuelita Sáenz y Evita Perón donde ya, más que huellas, tenemos mojones. Y tampoco quiero mirar más allá de nuestras fronteras y pensar, por ejemplo, en Angela Merkel o en Michelle Obama. Tampoco en algunas personajas de las que me faltan elementos para mirar detenidamente, como Michelle Bachelet o Dilma Rousseff, o incluso Rigoberta Menchú. Simplemente pienso en diferentes áreas; y tampoco olvido que hay allí algunas que representan todo lo contrario de lo que quisiera señalar, basta mirar las mujeres de Cambiemos (o Juntos), a mujeres que ayer militaban en Derechos Humanos hasta que “pasaron cosas”, o mujeres en la ciencia o… (los nombres saltan a la vista de quien quiera mirar). Quiero mirar a las que quiero mirar, simplemente.

Por lo señalado no puedo menos que comenzar por las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo; un faro en la lucha y la militancia, en la mirada del ayer y los pasos firmes de hoy. Basta verlas con la debilidad de los años (superan los 90 muchas de ellas) y la firmeza de sus convicciones. Como si nos gritaran al oído consignas de ayer, empujones de hoy y rumbos de mañana, movilizando timoratos, empujando dubitativos y exponiendo visiblemente a los que frenan o desvían la marcha de un pueblo. Pocas mujeres como ellas, cuyos nombres todos conocemos (sin reconocer siempre sus apellidos… que no son lo más importante, porque es su nombre el que las nombra) trazan tan claramente una línea del ayer al hoy. Y todos sabemos que dos puntos marcan una recta, y solo una. Un camino recto. Uno por transitar. Un hacia dónde.

En la política, además del nombre señero del hoy, hay otras muchas a las que mirar con admiración, reconocimiento… y amor. Mayores y menores, hasta casi niñas que expresan convicciones. Todos recordamos nuestra adolescencia o miramos la de otros y otras con su rebeldía, razonable y hasta justa, que cuestiona a las madres (y padres): “mamá no me entiende”, “mamá es la peor madre del mundo”, “yo quisiera que mi mamá fuera como la mamá de fulanx” … hasta que, en algún momento, a veces tarde, une descubre que “mamá tenía razón”. En nuestra democracia adolescente, muchas veces pasa lo mismo; además de que no faltan quienes exponen públicamente sombras de nuestras madres (reales o inventadas, “fake” se les dice) como si hubiera quien no las tuviera. Sólo quisiera celebrar, en una a todas, a aquella que ayer se quejaban de que hablaba mucho y hoy de que habla poco, y que cuando expone ese “poco” deja claro el camino y el rumbo. Sinceramente.

Mirando el ambiente de las artes resulta evidente que, “que las hay, las hay” (y si el dicho alude a las brujas, expresamente no lo menciono, porque si algo creo que hay que evitar es ese dicho aplicado a mujeres. Siglos de dolor y muerte se provocó el atributo). No necesariamente me han de gustar, por aquello de “sobre gustos…”, pero difícilmente se puede ignorar presencia de mujeres señeras en la música, la literatura, las artes plásticas. No hace mucho perdimos una grande cuyo nombre remite a tres palabras claves: Patria, Tucumán, libertad. Una que supo reunir en torno a ella (y el honor que significaba ser convocado/a) a todos y todas en recitales o en su obra final y maravillosa, cantando.

El ambiente de las ciencias también muestra mujeres que brillan (aunque, como en todos lados, los que pueden – es decir, los que tienen poder – exhiben impúdicamente algún nombre en la práctica detestable); al personal de salud, ¡salud! Y valga también para la docencia con maestras y profesoras que “enseñan”, en todo el sentido de la palabra, y a alguna que reconocemos recién cuando la reconocen fuera. Y, ¿cómo olvidar los Medios de comunicación? Esos que frecuentemente incomunican… Pero en el cual muchas mujeres, voces inconfundibles en ocasiones, nos hacen poner un oído atento y predisponernos a la escucha. Aunque sería injusto no tener muy presentes las voces silenciadas, de ayer y de hoy, voces añoradas y, quizás ilusoriamente, siempre esperadas. O las imágenes de aquellas de las que, siempre soñando, seguimos esperando el Milagro de su libertad…

No podría ignorar lo que se ha llamado el “movimiento de mujeres”, que reúne desde actrices hasta colectivos de víctimas de la violencia, la discriminación, o “simplemente” reunidas por una lucha que engrandece a todes. No está de más repetir, una y mil veces más, que el feminismo no es un movimiento en favor de las mujeres; es en favor de la humanidad toda. Carlos Mugica, hablando de opresores y oprimidos decía “a mi me hace mal que me oprima y a él le hace mal oprimirme”. Vale para este caso: el patriarcado le hace mal a la mujer, porque la victimiza, pero también le hace mal al varón porque lo pone en un lugar de inhumanidad.

Y finalmente una nota sobre las mujeres en la Iglesia. Podríamos ironizar con la frase ya famosa de uno que nos debe todo: “esa te la debo”. Y sería cierto. Pero no podemos ignorar que si hoy la Iglesia está presente en millones de espacios y lugares (más allá de aquellos de los que debiera estar separada) se debe casi exclusivamente a mujeres: abuelas, catequistas, y hasta secretarias parroquiales… Es difícil encontrar quienes hoy puedan decir que tienen fe en Jesús y señalen como su causa a curas, obispos o religiosxs, pero sí quienes puedan mirar a sus abuelas, madres, catequistas… La Iglesia tiene rostro de mujer; y no me refiero a la tontería de que está “casada” con Cristo, o cosas semejantes, me refiero a que lo que de la Iglesia hoy se hace visible y amable, en lo que, en una inconmensurable mayoría de las veces, de mujeres hablamos.

Como dije, el cumpleaños de las Abuelas motivó que escriba esto. Que no pretende ser abarcativo, sino tirar puntas. Puntas que invitan a mirar, a posicionarse (no sólo tomar posición, sino estar en una posición), es decir saber de dónde venimos, dónde estamos y hacia donde vamos. Y saber que es un camino que no hemos transitado sin mujeres, y que no queremos que siga sin ellas.

 

Imagen tomada de https://palabritasajenas.blogspot.com/2018/03/mujeres-2018-princesas.html

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Cualquiera puede comentar y no será eliminado, aunque no este de acuerdo con lo dicho, siempre que sea respetuoso (caso contrario, será borrado). Pero habitualmente no responderé los comentarios, ni unos ni otros, para no transformar este blog en un foro. De todos modos, podrán expresar su opinión.