martes, 30 de diciembre de 2025

2do domingo de Navidad

              Jesús sigue acampando en nuestra tierra

DOMINGO SEGUNDO DESPUÉS DE NAVIDAD


Eduardo de la Serna



Lectura del libro del Eclesiástico     24, 1-2. 8-12

Resumen: La sabiduría de Dios habla de sí misma presentándose como una entidad independiente. Y se la destacará como presente en medio de su pueblo después de haber recorrido todos los tiempos y todos los lugares antes de “acampar” en Israel. Esto es lo que canta litúrgicamente el autor.


Una serie de textos de la literatura sapiencial presentan unos himnos en los que se refiere a la sabiduría divina presentada casi como si se tratara de una persona; se los ha llamado de “la sabiduría personificada”, como si se tratara de una licencia poética, una especie de “hipóstasis”. Sea como fuere, lo cierto es que estos textos fueron muy utilizados en los primeros escritos cristianos para hablar de Cristo ya que permitían dar pasos que la ortodoxia judía –a la que adherían- de ninguna manera les habría permitido dar: la preexistencia de Jesús, la altura (casi) divina… La gran mayoría de los himnos del NT, que son cristológicos, utilizan estos cánticos, como el prólogo del Evangelio de Juan (Evangelio del día). La referencia a la sabiduría que acampa en medio de su pueblo sin duda ha inspirado al autor del himno de Juan, y parece el motivo por el que es incorporada en el leccionario de hoy.

La “Sabiduría” comienza con un elogio de sí misma, luego la muestra buscando “su lugar en el mundo” hasta que “acampa” en Israel (vv.3-12) para luego establecer imágenes comparativas: con el universo vegetal (vv.13-17), y con un banquete (vv.19-22).

Para la Biblia es sumamente necio la auto-alabanza; sólo tiene sentido alabar a Dios, o su obra en nosotros, esto es “gloriarse” en Dios que actúa (cf. 39,8; Jer 9,22-23). En este caso, la Sabiduría lo dice expresamente, se gloría “en medio de su pueblo, en la asamblea del Altísimo abre su boca, delante de su Poder (= Dios) se gloría”. Lo que hará, entonces es hablar, pero de la obra que Dios ha hecho en su pueblo, y esto se expresa en la liturgia (vv.1-2).

Esta sabiduría, una vez que “sale” busca un lugar donde asentarse, y recorre el universo entero; cubrió la tierra entera (v.3), pareó por las alturas (vv-4-5a) y los abismos (v.5b), el mar y todos los pueblos (v.6), así, en todo “lugar” estaba la sabiduría, y también, en “todo tiempo” (v.9), buscaba “descanso”, y “herencia” (v.7) y entonces “el Creador” le ordenó “poner su tienda” en Israel (vv.8.10-12). Y esta presencia se expresa de “adentro” hacia “afuera” comenzando por el Templo (v.10a), en Jerusalén (vv.10b-11) y en todo su pueblo (v.12).

Con las doce comparaciones vegetales (“como…”) continúa el relato, pero la liturgia lo interrumpe aquí. El acampe de la sabiduría en medio de su pueblo es lo que le interesa destacar a la liturgia de hoy.



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso     1, 3-6. 15-18

Resumen: La carta a los Efesios comienza con un himno que antecede a la habitual acción de gracias donde se canta que “en Cristo” los judeo-cristianos han accedido a la plenitud de las bendiciones esperadas. Y que esto y también se hace extensivo a los paganos “en Cristo” por la predicación del Evangelio. Luego de esto vienen los saludos en los que la fe en Jesús y el amor a los hermanos pasan a ser centrales.

La llamada carta a los Efesios presenta una serie de novedades interesantes que no es el caso comentar aquí. Lo cierto es que como otras pocas cartas (2 Corintios y 1 Pedro) no comienza como suele ocurrir en las restantes con una “acción de gracias” sino por una “bendición” que tiene una cierta forma hímnica (en este caso, la acción de gracias se hará más adelante). Los himnos del Nuevo Testamento suelen ser cristológicos, y esta no es la excepción, aunque las implicancias sean eclesiológicas. “En Cristo” se celebra y canta que las bendiciones que los judíos esperaban de parte de Dios se han concretado plenamente: “bendecido”, “elegido”, “santos”, “hijos adoptivos”, “herencia”, los que ya antes esperábamos (vv.3-5.11-12). Los judeo-cristianos cantan y celebran que esto se ha alcanzado “en Cristo” (vv.3.4.6.7.9.12), pero hay una novedad, un “misterio” (v.9; cf. 3,3.4.9; 5,32; 6,19) y es que todo esto se abre también a los paganos “tras haber oído la palabra de la verdad, el Evangelio” (v.13), “en él también ustedes”.

El texto litúrgico presenta la primera parte de este himno, y luego pasa a la primera parte de la carta propiamente dicha: “Por eso yo, al haber tenido noticias de la fe de ustedes…” En realidad, comienzan los saludos a los destinatarios, que nos son desconocidos, pero de los que sabemos que vienen del ambiente pagano. Este saludo, excesivamente largo (no hay un punto desde v.15 hasta v.22) se interrumpe en el texto litúrgico. El autor, un discípulo de Pablo da gracias (v.16) y pide para que tengan “espíritu de sabiduría y de revelación” para “conocerlo” y que conozcan la esperanza y la gloria. Todo esto ya que “Pablo” ha tenido noticias de la “fe en el Señor Jesús” y la “caridad para con todos los santos”. Una vez más la relación entre Jesús y la comunidad y sus miembros son inseparables.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     1, 1-18

Resumen: Un himno antiguo canta la presencia de Dios en medio de la historia. Juan lo retoma destacando que eso ocurre desde “el principio”. En nuestra historia, Dios eligió plantar una carpa para moverse con nosotros en la vida.



El conocido “Prólogo” del Evangelio de Juan constituye la lectura del día, aunque –como veremos- no es evidente que todo el texto aluda a Cristo.

Para comenzar, llaman la atención las dos referencias en medio del himno a la figura de Juan, el Bautista (vv.6-8 y v.15) y tienen toda la apariencia de haber sido insertadas en un momento posterior (de hecho, la lectura breve del texto omite estas partes). Se ha propuesto –y parece muy probable- que el autor que introduce el himno en el Evangelio (quizás en la última etapa de la redacción) conozca un himno cristológico primitivo al cual le realiza algunos añadidos, un “Himno a la palabra de Dios”. En este sentido, el himno primitivo cantaba la palabra de Dios activa en la Creación (vv.1-5; cf. Gen 1), la palabra enviada por Dios en la historia de su pueblo, por ejemplo en los profetas (“fue dirigida por Dios la palabra al profeta X…”, cf. 1,9-13) y finalmente esa palabra se hizo carne en la historia en el envío de Jesús (vv.14.16-18). Tres momentos, entonces marcan que Dios no se ha desentendido de la humanidad en la historia, pero –como se ve- recién en el tercer momento el himno primitivo habría hecho expresa referencia a Jesús como la palabra viva que Dios dirigió.

Ahora bien, este himno primitivo fue tomado y reelaborado por el Evangelio, y la incorporación del Bautista en diferentes momentos provoca que esa “palabra” de Dios sea vista como el mismo Jesucristo desde el primer momento. Cristo es “palabra de Dios” desde siempre, y no ya desde la Encarnación Al releerlo ya desde antes de la Creación la palabra –que ahora es Jesús- estaba “junto a Dios” y “era Dios”. El término “palabra” (lógos) es sin duda el término clave, y parece que debe entenderse en continuidad con la palabra de Dios en la historia de su pueblo, manifestada en las escrituras, y no en el sentido que le daban los griegos o los gnósticos (para estos, el “logos” tenía otro rol que es bastante diferente del que podemos encontrar en este himno).

Hay una serie de términos que se encuentran en el relato que son claves en todo el Evangelio y sería muy extenso detenernos en ellos (por ejemplo, luz – tinieblas, vida, creer, gloria, verdad, etc.); especialmente teniendo en cuenta que la Navidad es la razón de su incorporación en la liturgia. El v.14 parece ser fundamental en este tiempo y el motivo de su incorporación:
«Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como unigénito, lleno de gracia y de verdad».
La palabra “acampó” (skênóô) está relacionada con la “gloria de Dios” (doxa) en la referencia a la “tienda del Encuentro” en el desierto, donde Dios se hace presente a su pueblo (Ex 40,34.35; Lev 9,23; Núm 14,10; 16,19; 17,7;  20,6); también se dice en relación a la Sabiduría (Sir 24,8). Allí el pueblo podía encontrarse con Dios, ahora esta gloria se manifiesta en la presencia de Jesús como palabra hecha carne. Es probable que la insistencia en la carne (sarx, Mt x5, Mc x4, Lc x2; Jn x13) tenga que ver con una posición conflictiva con los espiritualistas de la comunidad que terminan negando la carne en nombre de la novedad aportada por Jesús, pero esta “desencarnada”. Lo que viene por esta palabra encarnada es la “gracia” y la “verdad” (gracia en Juan sólo se encuentra en el prólogo, vv.14.16.17) que superan la ley dada por Moisés (v.16). Esta gloria le viene dada por su condición de “unigénito” (monogenês). Pero la novedad también viene dada por el uso del “nosotros” (antes se expresó en tercera persona), los lectores y oyentes somos introducidos en este mundo nuevo por la encarnación. La carpa puesta por la palabra no nos deja fuera o como espectadores sino que actúa en nosotros y “hemos recibido” (v.16).


el video con comentario al Evangelio en
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Foto tomada en San Francisco Solano, Buenos Aires

lunes, 29 de diciembre de 2025

Video con comentario al Evangelio del 2º domingo de Navidad

Video con comentario al Evangelio del 2º domingo de Navidad


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https://youtu.be/V_Tm_9iuXus

Eduardo

Una en favor de Hakuna

Una en favor de Hakuna

Eduardo de la Serna



Hace ya tiempo escribí muy críticamente sobre el grupo y los temas musicales de Hakuna. Escribí sobre lo que pude ver (y va más allá de mis gustos musicales, por aquello de “sobre gustos…”). Evidentemente, si del grupo musical hablamos, ha de ser bueno: se hicieron presentes en el Jubileo de los jóvenes en Roma, y en la Puerta del Sol, en Madrid. Un grupo de carilindos, con la sonrisa pegada en la cara, suele ser atractivo; ¡más en tiempos oscuros! Más cuando hay muchos “problemas”.

Como es sabido, el grupo es la expresión musical de un movimiento con el mismo nombre (cosa que ocurrió en otras ocasiones, como fue el caso del grupo Viva la Gente en los 70). El nombre remite, es fácil de ver, al simpático “Hakuna Matata” cantado en la película el Rey León (que remite a palabras africanas, en suajili, diciendo “¡no hay problemas!”, sic). Todo remite a inocencia y alegría. Y, por cierto, no es difícil entender que lo que el grupo expresa musicalmente es lo que el movimiento sostiene.

Por tanto, si las letras son espiritualistas, individualistas e intimistas, no es difícil imaginar que tal es la ideología del movimiento. Y, precisamente, por lo de tiempos oscuros, no es difícil entender el por qué de gran parte de su suceso. Que el fundador provenga del Opus Dei (un Opus Dei con lifting lo han llamado) explica, ciertamente, la ideología.

Pero quiero deslizar otra mirada… Esta favorable, o, más precisamente, digna de aprender. Hace tiempo sostenemos que ese dualismo de que haya “cosas cristianas” es equivocado, que “no es por ahí…” porque “¡hay una sola historia!”, partido demócrata “cristiano”, grupo de empresarios “cristianos”, música “cristiana”, etc… Yo creo que lo que es bueno hacer no es que personas aptas para eso, escriban canciones que se canten en todas las misas, por ejemplo… creo que lo que debiéramos hacer es – los que están capacitados para eso, por cierto – canciones que transmitan valores y que todos canten (no solamente los “cristianos”). Por eso he dicho, en ocasiones, que aportan más Peteco Carabajal o León Gieco, por ejemplo, que los que han escrito maravillosas canciones “cristianas”. Y eso, me parece, muestra Hakuna… Un aparente grupo musical de excelencia que logra que todos (o muchos, para ser precisos) quieran escucharlos y cantar sus canciones… Creo que ese es el desafío de los artistas, ¡transmitir!

En lo personal quisiera que pintores, músicos, escritores compusieran obras maravillosas que transmitan valores propios del Evangelio y que todos quieran repetirlas, leerlas, cantarlas… No las de Hakuna, por cierto, pero si que haya quienes movilicen en pro de la justicia social, la paz “desarmada y desarmante”, la verdad militante, la solidaridad compartida. Es decir, ¡sí como Hakuna!, ¡no lo de Hakuna!

jueves, 25 de diciembre de 2025

Las Iglesias evangélicas. Una aclaración

 Las Iglesias evangélicas. Una aclaración

Eduardo de la Serna



Quizás repitiendo – al menos en parte – lo ocurrido en Brasil, somos testigos de una importante presencia de las Iglesias evangélicas y de algunos pastores en el ambiente político contemporáneo.


Eso se vislumbró, por ejemplo, en la aparición de un pastor con ambiciones presidenciales, y un superficial comentario sobre su supuesto humanismo de un personaje menor.


Mi intención es, para quienes no están en tema, simplemente decir algo que pretende ser aclaratorio, sin intenciones de definitividad.


Como es evidente, hablar de “evangélicos” remite a los Evangelios, libros de la Biblia donde se narra la presencia de Jesús en la historia, pero, a su vez, ya no solo esos libros sino la predicación de la “buena noticia” (eso quiere decir “evangelio” en griego) iniciada por Jesús. Obviamente, hablamos de grupos o personas “cristianas”. 


Pero el término “evangélicos” no es preciso, y requiere una nota aclaratoria para conocerlos mejor. De hecho, en Argentina, los grupos evangélicos se encuentran asociados en dos agrupaciones muy diferentes: ACIERA (Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la Argentina) y FAIE (Federación Argentina de Iglesias Evangélicas). Obviamente, todas ellas se autoperciben “evangélicas”; todas remiten a los Evangelios. Pero, para una mayor precisión podemos decir que el primer aspecto que los diferencia es, precisamente, cómo leen los Evangelios. Pero, para ser precisos, debemos señalar que, en la Iglesia Católica Romana, también, hay quienes leen los evangelios de un modo cercano a FAIE y quienes lo leen de un modo parecido a ACIERA. Y, quizás, acá se pueda dar un primer paso.


Por cierto que en la Iglesia Católica, por ser ésta como es, hay una serie de criterios y normas (por ejemplo, para la lectura bíblica) que no rigen para las Iglesias Evangélicas, pero, es sano repetir lo que decía uno de los más grandes biblistas del s. XX: «entre las Iglesias católica romanas y las iglesias evangélicas (se refería a las llamadas Iglesias históricas, luteranos, calvinistas, metodistas, etc.) ya no tenemos diferencias en lo que entendemos que la Biblia dice… todavía no estamos de acuerdo en lo que la Biblia “NOS” dice» (R. E. Brown). Hay un modo de lectura común. No ocurre lo mismo con los grupos que practican una lectura fundamentalista de la Biblia, ciertamente (sean estos evangélicos o católico romanos). 


Una característica de estos grupos fundamentalistas es lo que se ha llamado la “teología de la prosperidad”, por la cual señalan que Dios llena de bienes a quienes lo alaban, a quienes “diezman”, o lo adoran. Es sintomático el caso del pastor al que le donaron una Ferrari y lo explicitó diciendo: "cuanto más doy, más Dios me da" (podríamos decir que no se lo dio Dios sino un feligrés, pero sería entrar en un debate interminable e innecesario). 


Se ha señalado que esta “teología de la prosperidad” es políticamente apta para combatir lo que se ha llamado “opción preferencial por los pobres”, y, de hecho, es sabido el impulso político y económico que recibieron estas iglesias evangélicas de los EEUU a partir del compromiso de la Iglesia latinoamericana con los pobres desde 1968 (documentos de Medellín). La película “Apocalipsis en los trópicos”, aunque es bíblicamente muy pobre, y la lectura del apocalipsis es totalmente lamentable, permite vislumbrar el poder económico y, a partir de esto, el poder político de las Iglesias evangélicas en Brasil. 


Por eso quisiera señalar que el tema no es la participación política de tal o cual pastor o pastora, sino la teología que lo sustenta. El compromiso con los pobres y su liberación de muchos pastores y pastoras de FAIE parece contrastar con el “uso” de los pobres, sus necesidades y angustias en provecho de las iglesias (diezmo, por ejemplo) de ACIERA, o directamente de los pastores (¿hace falta recordar el pastor que afirmó que “milagrosamente” miles de pesos se convirtieron en miles de dólares?). Irónicamente podría decir que a muchos pastores o pastoras de FAIE podría llegara votarlos si fueran candidatos, y a muchos curas no los votaría ni aunque hubiera lista única. Insisto, el tema es su teología. Y me parece que escuchar, pensar, indagar por ahí permitiría entender mejor muchas cosas, como, por ejemplo, por qué ACIERA es defensora del gobierno perverso de Javier Milei.


imagen tomada de https://unsplash.com/es/s/fotos/manos-levantadas-en-adoraci%C3%B3n

Miguel, el ángel supremo

Miguel, el ángel supremo

Eduardo de la Serna



Seamos claros antes de empezar, para evitar malos entendidos. En la liturgia celebramos (el 29 de septiembre) a los “arcángeles”, Miguel, Gabriel y Rafael. Con el tiempo, además, el número de arcángeles fue creciendo hasta el punto de verse, en cierta literatura, como una especie de categoría de una cantidad importante de ángeles. Esto llevó a la Iglesia a vetar esta actitud más legendaria que bíblica. Es cierto que en la Biblia se habla de Rafael (en el libro de Tobías; cf. 5,4; 12,15) y de Gabriel (por ejemplo, en el Evangelio de Lucas en los anuncios a Zacarías y a María de los nacimientos de sus respectivos hijos; 1,19.26; cf. Daniel 8,16; 9,21), pero de ninguno de ellos se afirma que estos sean “arcángeles”; sino que simplemente se los llama “ángeles”. El término arcángel tiene la partícula “arjê”, que en griego es “principal”, es decir, se trata de uno que es el ángel principal entre todos los demás. En la carta de Judas se lo llama por su nombre: Miguel (v.9). Pablo hace referencia, también a “un arcángel” que hará oír su voz y habrá una trompeta en la venida gloriosa de Jesús (1 Tes 4,16), no da su nombre, pero se trata de “uno” no de “uno entre varios”.


Digamos claramente que el término ángel en griego quiere decir “mensajero” y, por lo tanto, cualquiera podría serlo. Un profeta, un delegado, un enviado de Dios puede ser llamado “mensajero” y, entonces, la Biblia griega lo llamará “ángel”, sea o no un ser espiritual. Pero los seres espirituales que nosotros llamamos ángeles empiezan a encontrarse en la Biblia en un momento tardío, especialmente cuando los judíos tratan de evitar nombrar a Dios; entonces, decir que él se comunica por sueños, por signos o por medio de ángeles empieza a ser algo muy frecuente. Esta imagen de seres espirituales también les sirve para explicar algo complicado, como es el fenómeno del mal. Los demonios son seres espirituales que buscan procurar el mal de los seres humanos, mientras los ángeles, por el contrario, buscan ser mensajeros de lo bueno que Dios tiene para comunicarles. Estas dos representaciones se han utilizado mucho para hacer referencia a la tentación o la incitación tanto al mal como al bien en las personas, dando lugar a imágenes en realidad bastante infantiles y muy poco bíblicas.


Pero en algún tipo de literatura, que usa mucho las imágenes simbólicas, estos seres espirituales empiezan a ser vistos como si estuvieran en conflicto entre sí con la finalidad de provocar el bien o el mal en los humanos; y entonces, las fuerzas del mal, los demonios – se dice – tienen una especie de general, un jefe que tiene varios nombres, pero se trata de la misma entidad: Satanás, Belzebul, Belial, o, sencillamente, el diablo. Éste es, entonces, el jefe del ejército de los demonios para esta literatura más simbólica. Y, por la misma razón, los ángeles, los que buscan comunicar el bien, también tienen su jefe (un arjé-ángel arcángel). Este es Miguel. Por eso es “arcángel”, es decir, el ángel principal. El texto citado más arriba de la carta de Judas presenta, precisamente, de un modo simbólico, este conflicto entre Miguel y el diablo; dos ejércitos están en conflicto y ambos son los “generales”.


Pero es bueno dejar esta imagen de conflicto y batalla y retomar el elemento principal: un ángel, como hemos señalado, en un mensajero de parte de Dios, y Miguel es el principal de ellos. Dios tiene para los seres humanos noticias, la principal de ellas es el Ev-angel-io…, es decir un buen mensaje, una buena noticia. Una buena noticia que es que, por Jesús, el hijo de Dios, el Padre quiere – y nos cuenta a todos y todas – que estamos llamados a ser hermanas y hermanos y podemos serlo. Solemos estar sobre cargados de “malas noticias”, pero Dios quiere invitarnos a comunicar y recibir una que es definitivamente buena, que es vida, que es paz, que es justicia, que es la capacidad de ser hermanos y hermanas. Y de esa noticia, todos estamos llamados y llamadas a ser mensajeros y mensajeras. Miguel, el arcángel, nos acompaña, ilumina, guía, para que no sean las malas noticias las que triunfen, sino que nos sintamos todas y todos con autoridad y capacidad de ser nosotros “ángeles” para quienes nos rodean.


San Miguel Arcángel en el Monasterio de Cabeceiras de Basto, Portugal tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Arcángel_Miguel

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Comentario al Evangelio de la Sagrada Familia

Comentario al Evangelio de la Sagrada Familia


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https://youtu.be/td8SLVEkOuA

Eduardo

Sagrada Familia A

 

Una familia en camino tras las huellas de las manifestaciones de Dios

LA SAGRADA FAMILIA
DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ




Reiteramos lo dicho en más de una ocasión: la liturgia presenta –podemos llamarlo así- dos tipos de textos bíblicos: los textos continuados, donde se deja hablar al texto que corresponda (aunque escogido, por cierto, ya que hay textos que son “salteados”) y textos “temáticos” escogidos a partir del tema litúrgico que se celebra. En estos casos, lo principal no está puesto tanto en lo que el texto dice, sino en lo que este afirma a partir de lo que “se le pregunta”. En este caso concreto, sobre la “Sagrada Familia”. Nuestra intención en estas páginas es procurar leer lo que los textos dicen, aunque no siempre “digan” lo que se busca en ellos. Sin embargo, la enorme diferencia cultural entre nuestro tiempo y el tiempo bíblico debe tenerse en cuenta. En el caso de la “familia”, por ejemplo, es evidente que el modelo familiar bíblico en muy poco se parece al nuestro; los horizontes son muy distintos y la pregunta quizás deba ser “¿qué nos aportan los textos bíblicos, al hablar de la familia, a las familias de hoy?” Pretender una lectura “lineal”, o un “repetir” modelos sería fundamentalismo, sin duda alguna.






Lectura del libro del Eclesiástico     3, 3-7. 14-17


Resumen: el mandamiento de “honrar padre y madre” es reiterado y ejemplificado en clave religiosa por el sabio.


La religión de Israel –expresada en los mandamientos- no se limita a un modo de encuentro con Dios, sino que es inseparable del encuentro con los “otros”, y en este caso, en primer lugar con los progenitores. “Honrar padre y madre” (cf. Ex 20,12; Dt 5,16) es el primero de los mandamientos que dice relación a los “demás”. La teología de la retribución sostenía que el cumplimiento de los caminos de Dios repercutiría positiva o negativamente, según se cumpliera o no, en la vida del sujeto. Así, quién “honra a su padre”, tendrá una larga vida (1,12), verá perdonados sus pecados y alcanzará otra serie de bendiciones (cf. Ex 21,17; Tob 4,3-4; Pr 1,8). 


Y este “honor” debe mantenerse particularmente cuando los padres ya estén ancianos, débiles o seniles ya que no hacerlo es semejante a “blasfemar” y provocar a Dios (cf. Lv 20,9; Pr 20,20). Ese es el orden social establecido por Dios (3,1-2). El relato luego de presentar el tema, partiendo del mandamiento y su contexto sapiencial, lo ejemplifica con una serie de “aquel que…” (vv.3.5.6) destacando las consecuencias benéficas del cumplimiento. Pero existe la posibilidad de que el hijo (no parece referirse a los hijos menores, ya que es un maestro de sabiduría el que se dirige a ellos como “hijos” [v.1], por tanto deben ser sus discípulos) no honre a su padre. La vergüenza de semejante actitud se manifestarán entonces en una serie de términos maléficos: como blasfemo y maldito.



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas     3, 12-21

Resumen: Una serie de normativas presenta la parte exhortativa de la carta a los Colosenses. Empezando por las consecuencias del bautismo en la vida cotidiana, siguiendo por la reunión litúrgica de la comunidad y finalmente mostrando cómo debe vivir una familia en este tiempo en el que la familia (= la casa) era vista como una ciudad en miniatura y por tanto debía manifestar su adaptación al mundo contemporáneo. La carta, sin embargo, no omite destacar los elementos propios que reflejan la propia identidad.



Como es habitual en las secciones exhortativas de las cartas paulinas, nos encontramos una serie de verbos en  imperativo, “mortifiquen”, “desechen”, “revístanse”… (vv.5.8.12…).

La insistencia en “revestirse” proviene del v.10 donde se presenta como antítesis de “despojarse”, contrastando el “hombre viejo” y el “hombre nuevo”. El contexto del revestimiento es bautismal, como lo hemos señalado en otra ocasión y se refleja aquí en el texto aparentemente pre-paulino “no hay griego y judío…” (cf. 1 Cor 12,13; Ga 3,28). Las consecuencias visibles en la vida de este “revestimiento” se presentan como “ser elegidos, santos, amados, con entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportando a los otros y perdonando a los demás”. Este catálogo de “capacidades bautismales” llega a la plenitud en el máximo “revestimiento”, el del amor (v.14) que es lo que integra plenamente (syndesmos) en la “perfección” (teleiotês). La unidad concluye con una referencia a la paz y a la acción de gracias (eujaristoi) que deben acompañar al cuerpo eclesial.


La segunda unidad (vv.16-17) concluye también con una invitación a “dar gracias” (eujaristéô). En este caso se exhorta a que en la comunidad “habite” (enoikéô) abundantemente. Esa presencia de la “palabra de Cristo” llevará a la instrucción y amonestación con “toda sabiduría”. Y a cantar “salmos, himnos y odas espirituales” (psalmois hymnois hôdais pneumatikais) en gracia (en járiti) a Dios en los corazones (en tais kardiais). Y a que todo lo que hagan los miembros de la comunidad, sea de palabra o de obra (en logô ê en ergô) sea hecho “en el nombre” de Jesús, dando gracias al Padre.


La tercera unidad (que es probablemente la razón por la que es incorporada esta lectura en la celebración del día) conforma lo que se conoce como “códigos domésticos”. En la antigüedad eran frecuentes los “códigos”, es decir, listas de acciones a evitar o a realizar en determinadas circunstancias. Pecados que se han de evitar en un ambiente donde abundan (catálogos de vicios), cosas que se han de practicar en esos mismos ambientes (catálogos de virtudes), cosas que debe practicar el ministro en una ciudad o comunidad (catálogos de ministerios) y cómo debe comportarse un “amo de casa” (oikodespotespaterfamilias) para ser reconocido en esa comunidad; la “casa” era tendida como una “ciudad en pequeño” y así se debía manejar la casa, como un gobernante la ciudad. Estos catálogos (todos ellos) son frecuentes en el ambiente greco-romano, y son también habituales en el Nuevo Testamento. En concreto, un buen “amo de casa” debe mostrar visiblemente que lo es “sometiendo” a su/s mujer/es, a sus hijos y a sus esclavos. Así funciona una “casa” en el mundo antiguo. Los cristianos, que cuando ya han pasado los primeros tiempos carismáticos empiezan a organizarse y estructurarse, lo harán precisamente siguiendo ese modelo: la casa. Es una manera de mostrarse ante la sociedad como un grupo que no va a romper con lo establecido. Pero –sin embargo- hay una diferencia con respecto a los catálogos de la sociedad, y eso es precisamente destacar y fortalecer la propia identidad. “No somos revoltosos, pero tenemos nuestro modo propio de vivir”. 


Por ejemplo, así dice Platón
«si hubiera necesidad -añadí- de decidir cuál de estas cualidades constituirá principalmente con su presencia la bondad de nuestra ciudad, sería difícil determinar si será la igualdad de opiniones de los gobernantes y de los gobernados o el mantenimiento en los soldados de la opinión legítima sobre lo que es realmente temible y lo que no o la inteligencia y la vigilancia existente en los gobernantes o si, en fin, lo que mayormente hace buena a la ciudad es que se asiente en el niño y en la mujer y en el esclavo y en el hombre libre y en el artesano y en el gobernante y en el gobernado eso otro de que cada uno haga lo suyo y no se dedique a más» (República IV, 433 cd

Con la intención de que el judaísmo sea aceptado por los romanos, Flavio Josefo presenta su modo de vida con criterios semejantes:

«¿Y en lo referente a los matrimonios? Nuestra ley aprueba únicamente aquellas relaciones sexuales que son la unión con la esposa, y sólo cuando tiene por objeto engendrar hijos (…) La mujer, dice la escritura, es en todo inferior al varón. Por lo tanto, que obedezca al varón, no para su ignominia, sino para que siga su dirección y mandato, porque Dios otorgó al varón fortaleza y poder (…) La ley ordena criar a todos los hijos (…) desde la primera infancia la educación de los hijos debe encaminarse a la sobriedad; la ley ordena enseñarles a leer, los preceptos de la ley y los hechos de nuestros mayores…» (Contra Apión II,199).

Lo interesante del código de Colosenses es que está dirigido en primer lugar a los débiles (mujeres, hijos y esclavos) –quienes son mencionados en primer lugar-.  La actitud de los débiles es teologizada (vv. “conviene en el Señor”, v.19; “es grato a Dios”, v.20; “temiendo al Señor”, v.22), pero el “amo de casa” tiene la responsabilidad de “no abusar” de su poder, este es limitado.


El texto litúrgico (seguramente por motivos de que no se supone que hoy haya esclavos, lo cual es evidentemente dudoso) omite el tercer par: esclavos y amos, que es el más extenso y parece haber sido importante en su incorporación en esta sección.



Sin duda, este texto leído fuera de su contexto histórico-cultural ha sido responsable de grandes injusticias con los esclavos y con las mujeres, lo que –además- se pretendió justificado teológicamente. Sin duda no es así como hoy a de leerse este “código”. Ciertamente no es “aquella casa” semejante a “la casa” en la que hoy se despliega la humanidad, y es en “esta” en la que debiéramos encarnar los valores del Evangelio.


Evangelio según san Mateo     2, 13-15. 19-23

Resumen: En una serie de escenas con semejanzas al Antiguo Testamento, y movido por sueños de José, la familia de José, el niño y su madre, van al exilio y luego vuelven de él mostrando que Dios los acompaña en el camino y que ellos se dejan conducir por su palabra.


El Evangelio de Mateo, en lo que se ha llamado –quizás imprecisamente- el “evangelio de la infancia” presenta una serie de relatos con clara connotación veterotestamentaria en los que se destaca precisamente en cada uno el “cumplimiento” de lo dicho por un profeta. La visita de los magos es uno de ellos y constituye el marco de la furia de Herodes (tema que será presentado en otra fiesta litúrgica). La ida a Egipto porque Herodes quiere matarlo, y el regreso, una vez muerto este, constituyen el texto litúrgico. La matanza de los niños –otro texto claramente veterotestamentario, y que se ubica en otra celebración litúrgica- se ubica en el medio de este marco y es omitido en las lecturas de hoy.


Los sueños de José, que también recuerdan a José hijo de Jacob y su capacidad de comprender la voluntad de Dios en ellos (Gen 40-41), constituyen una suerte de repetición para ir dando movimiento a la escena: huyen a Egipto anunciados por el ángel en sueños, vuelven de Egipto movidos por un nuevo sueño, y se instalan en Nazaret, no en Belén, a causa de un nuevo sueño (el sustantivo ónar, sueño, sólo se encuentra en Mateo, 1,20; 2,12.13.19.22; 27,19) y ha de entenderse como un medio de comunicación que Dios utiliza para transmitir su palabra. Sólo se aplica a José salvo 27,19 donde la mujer de Pilatos luego de la comunicación “en sueños” puede afirmar que Jesús es “justo”. La cita de Os 11,1, “de Egipto llamé a mi hijo” se refiere a Israel, pero es utilizada cristológicamente por Mateo. El marco egipcio, recuerda la matanza de los niños varones (matanza de los inocentes; cf. Ex 1,16), la huida de Moisés (Ex 2,15), y la comunicación divina que le afirma: “Anda, vuelve a Egipto, pues han muerto todos los que buscaban tu muerte” (Ex 4,19). El esquema puede sintetizarse de este modo:


A.    Comunicación en sueños a José: “toma contigo al niño y a su madre”, ida a Egipto

B.    Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre

C.    Cumplimiento del oráculo del Señor: “De Egipto llamé a mi hijo”


A.    Comunicación en sueños a José: “toma contigo al niño y a su madre”, ida a Israel: “han muerto los que buscaban la vida del niño”

B.    Se levantó, tomó al niño y a su madre [pero…]


A. Comunicación en sueños, gobierno de Arquelao, ida a Nazaret

C. Cumplimiento del oráculo: “Será llamado Nazareno”



Sin embargo, si bien la intención literaria del texto parece querer poner a Jesús en paralelo con Moisés, el relato ha sido escogido para la liturgia del día por la insistencia en el obrar de José, guiado por Dios, con la finalidad de mostrar a la familia (“con el niño y su madre”) conducida por Dios, y en cumplimiento pleno de las Escrituras.


Una nota sobre el “cumplimiento” de las Escrituras. El término complimiento es un término ambiguo, y puede entenderse como que algo ha sido previsto y anunciado y llegará el tiempo en que ha de “cumplirse”, pero resulta muy extraño esto como accionar de Dios. Dios no tiene digitada la historia y que todo lo planeado por él ocurrirá, ya que de ese modo no habría cabida para la libertad humana. Otro modo de entenderlo es que algo que fue dicho hace tiempo para cosas cumplidas o realizadas en ese tiempo (como la vuelta de Egipto), son releídos en una nueva realidad de un nuevo tiempo. La escritura sigue viva, sigue hablando a nuestro tiempo.


Un texto extraño es la referencia a un “oráculo” de “los profetas” (no menciona profeta alguno, sino en genérico) acerca de que “será llamado nazareno”. El texto no se encuentra en ningún profeta. Algunos –en tiempos pasados- lo interpretaban en el sentido de “nazir”, consagrado. De allí que Jesús sea imaginado con pelo largo (el nazir no se cortaba el cabello, cosa que lo distinguiera de los demás como un consagrado, como es el caso de Sansón, o de Juan, el Bautista). Sin embargo, es evidente que Jesús no era un nazir (el nazir no bebía alcohol, mientras que Jesús era llamado “comilón y borracho”). Es posible que el término aluda a Néser/nasr, retoño (Is 11,2), pero hay otras opiniones.


el comentario al Evangelio en

https://youtu.be/td8SLVEkOuA

o también en

https://blogeduopp1.blogspot.com/2025/12/comentario-al-evangelio-de-la-sagrada.html



Foto tomada de www.bbc.co.uk

martes, 23 de diciembre de 2025

Navidad

 Un niño nace, la palabra de Dios se encarna en nuestra historia

NATIVIDAD DEL SEÑOR
25 de diciembre
Eduardo de la Serna


Lectura del libro del profeta Isaías     52, 7-10

Resumen: La venida de un mensajero divino en Sión comunica la buena noticia de la liberación de la opresión babilónica expresada como liberación y consuelo por la donación de la paz, el bienestar y la salvación. Es allí que Dios, y no Marduk, empieza a reinar en Jerusalén.


El así llamado “Segundo Isaías” se dirige a la élite que se encontraba en el exilio en Babilonia. Los sentimientos de los exiliados eran mezclados: castigo divino, “Dios se ha olvidado de nosotros”, “estamos pagando las culpas de otros”, etc. En este contexto de angustia, el profeta viene a cantar la esperanza, que se concreta históricamente en el fin de la situación de angustia y esclavitud. Lo que cuenta en este poema, más que el mensajero son sus pies ya que se detendrá en el tema de la llegada del mensajero y el tema del “camino”. Y el contenido expresado con tres términos cargados de sentido bíblico: paz (salom), bienestar (tôb) y salvación (yesu’á); son bienes sociales, económicos, políticos y espirituales. Hacen referencia a situaciones concretas, y en estos tres términos se sintetiza la felicidad del pueblo que se espera y anuncia. El mensajero no es especificado, y la receptora de las “buenas noticias” es Sión. Todo esto es especificado en que “reina tu Dios”. Ciertamente de este modo se entra en contraste con la realeza de los dioses babilonios. Por ejemplo, así dice el relato babilónico de la creación:

“… tú, Marduk, eres el más honrado de los grandes dioses. Tu decreto no tiene par, tu orden es Anu. Desde este día inalterable será tu sentencia. Ensalzar o humillar estará en tu mano. Tu expresión será veraz, tu mandamiento será indiscutible. ¡Ninguno de los dioses salvará tus límites! Necesitando adorno para las sedes de los dioses, esté el lugar de sus santuarios en tu lugar. ¡Oh Marduk!, ciertamente tú eres nuestro reivindicador. Te hemos concedido la realeza sobre el universo entero. Cuando en la asamblea tomes asiento, tu palabra será suprema” (Enuma Elis IV,4-15).

Los salmos de “Yahvé rey” lo repiten (47,9; 93,1; 96,10; 97,1; cf. Is 24,23). Esto está dicho muy lejos de Babilonia y debe comunicar seguridad a los oyentes. El “rey Marduk” está al caer. Los guardias de los alrededores ven venir la noticia y se propaga por doquier con júbilo indescriptible. Dios mismo está llegando en esta noticia.

La Jerusalén devastada y solitaria a la que se dirige la noticia, recibe dos verbos que son clave de todo el profeta: “consolar” y “redimir”. Tan importante es el primero que el Segundo Isaías es conocido como “el libro de la consolación”. Con ese verbo arranca toda la obra (40,1) y se acumulan ambos en esta unidad: 51,3.12.19 (consolar), 51,10; 52,3 (redimir) pero señalado como algo ya realizado (no futuro, como 40,1). La ciudad en ruinas (v.9) recibe la buena noticia de una promesa ya realizada (lo político es evidente). Para actuar con más libertad, Dios se “arremanga” (v.10; cf. Ez 4,7; Sal 74,11). Si antes el acento estaba en los pies, ahora se ubica en las manos como expresión del obrar de Dios. Y este obrar de Dios, su brazo, su salvación es visto por “todas las naciones”, o por los exiliados en todas las regiones que ven que nadie, sino sólo Yahvé es actor en la liberación de los suyos.

Los vv.11-12 culminan la unidad literaria relacionando con el éxodo, tema también importante en el Segundo Isaías, pero es omitido en el texto litúrgico del día.

Sin duda, la relectura del mensajero entendido como Jesús que viene a “evangelizar” (anunciar buenas noticias) es decisiva en la selección del texto en la fiesta de Navidad.


Lectura de la carta a los Hebreos     1, 1-6

Resumen: Poniendo en una línea de continuidad y superación la antigua y la nueva alianza, con sus mediadores: los profetas y el hijo y los destinatarios: los padres y “nosotros”, el autor de la homilía prepara todo el texto mostrando la novedad aportada por cristo, entendido desde una perspectiva sacerdotal a partir de una lectura cristológica del A.T.


Un comienzo solemne presenta la gran homilía llamada “carta a los Hebreos”; una larga oración de cuatro versículos. El punto de partida es la comunicación de Dios con la humanidad, en el pasado y en el presente obviamente contrastándolos. “De muchas formas y muchos modos en el pasado” (polymerôs kaì polytropôs) en el pasado (pálai) habló Dios a los Padres. Los mediadores de esta comunicación fueron los profetas. En los “últimos días” nos habló “en su hijo”. Ciertamente el contraste pasado -  presente se refuerza por los medios de comunicación escogidos: profetas – hijo. Y los días “esjaton” (= finales) dan sentido a esta novedad. La novedad del hijo viene dada por su ser heredero, a lo que se añade su relación (diá) con la creación (“las edades”) y por una relación tan estrecha con Dios (= Hijo, que en Hebreos es notablemente más elevado que en los primeros escritos cristianos) que no se separa de la “gloria” de Dios y no manifiesta una fracción sino la totalidad de la imagen, es “imagen perfecta”. Así “sostiene” (presente) todo lo creado en su intervención en la historia (pasado). Así se prepara la lectura del Sal 110 que será fundamental en toda la obra, comenzando por la cristología tradicional, de la primera parte del sermón (1,5-2,18) cuanto la cristología sacerdotal que se desplegará en adelante. 

La lectura añade los vv.5 y 6 cambiando el sentido del texto. En el sermón la introducción “de su primogénito en el mundo” alude a la entrada gloriosa de Cristo en el “mundo venidero, del que venimos hablando” (2,5), pero al introducirse en el texto de Navidad se alude a “este mundo” y por tanto cambiando el sentido del texto se refiere a la encarnación, y no a la Resurrección.

La importancia de la antigua alianza entendida como “revelación” y –por lo tanto- como válida, pero superada por la nueva alianza será importante en toda la obra y el motor de su lectura bíblica en toda la homilía, aquí reflejada no solamente en los tiempos verbales e históricos sino en la mención a los “padres” y a “nosotros”. En este caso la importancia de lo antiguo –visto como palabra- y por tanto mediado por los profetas, y la plenitud de la palabra del Hijo. Este movimiento del hijo  desde la preexistencia a la exaltación culmina con una menciona los ángeles, para señalar –y lo repetirá a continuación- la superioridad de Cristo sobre ellos, y la insistencia a sus destinatarios de que son continuación y plenitud del Israel antiguo de la promesa. Es en esto donde cuatro momentos son referidos: la preexistencia, la función sostenedora del universo, la salvación y la exaltación gloriosa (cf. Sab 7,25-26). La traducción de los términos griegos es difícil ya que se pueden presentar diferentes opciones: ¿es reflejo o es irradiación? (apaugasma), ¿es impresión, sello o reflejo? (jaraktêr). La ambigüedad quizás sea adrede y pueda entenderse que Cristo es irradiación o reflejo, e impronta o sello del ser divino. Haciendo eco de la palabra creadora de Génesis 1, la estrecha relación entre el Hijo y el Padre sostiene lo creado por su “palabra poderosa”. La acción expiatoria comienza –sutilmente al principio- a insinuar el tema sacerdotal y sus efectos (1,3; 9,13-14.22.28; 10,2.22; 12,24). Estar sentado a la diestra de Dios es –como se dijo- alusión al Sal 110, tan importante aquí (1,13; 8,1; 10,12).


Evangelio de San Lucas 2,1-14 [Evangelio de la noche]

El texto del nacimiento de Jesús en Lucas está introducido por una referencia cronológica (“edicto de César Augusto… siendo gobernador de Siria Cirino”) hasta producido el nacimiento (2,1-7). La escena luego se traslada a unos pastores de la comarca. En este caso, luego de presentados (v.8) un ángel les anuncia el nacimiento (vv.9-12) concluyendo con un breve himno de un coro de ángeles (v.13-14). Los pastores van al lugar del nacimiento y cuentan lo ocurrido hasta que vuelven a su lugar (vv.15-20). El texto litúrgico, como se ve, omite esta última escena.

No es el caso en este lugar introducirnos en el contexto histórico. No sabemos de este edicto de Augusto, y el supuesto censo de Cirino abarcó solamente Judea. El objetivo de los censos – para Roma – es, fundamentalmente, conocer la cantidad de impuestos que se pueden cobrar (esto provoca revueltas entre los judíos, como se ve en Hch 5,37). El gobierno de Arquelao fue un caos y el comienzo de una nueva etapa, bajo procuradores romanos hizo necesario, para ellos, este empadronamiento. Tampoco hace sentido que los habitantes de otra región – Galilea, en este caso, que se encontraba bajo el gobierno de Antipas – registrara los ciudadanos. El objetivo temático radica, fundamentalmente en insistir en los orígenes davídicos de Jesús, cosa que se resalta particularmente en v.4.

Es en este contexto que María da a luz al hijo del que estaba encinta. Lucas lo llama “primogénito” (lo cual supondría que luego hubo otros), pero por tal ha de entenderse también la dignidad y los derechos ya que el “primogénito” es el que es particularmente reconocido (por ejemplo, Israel es “mi primogénito”, para Dios, Ex 4,22, y Jesús es el “primogénito” de Dios, Heb 1,6).

Los “pañales” es lo cotidiano en un nacimiento (cortar el cordón, frotarlo con sal y envolverlo en pañales, cf. Ez 16,4). El término fátnê suele traducirse como “pesebre”, o “establo” (como se ve en Lc 13,15; cf. 2 Cr 32,28; Pr 14,4; Job 39,9; Jl 1,17 LXX, Hab 3,17; Is 1,3). El nacimiento en el establo se debe a que no había lugar en la sala (katályma). El término se vuelve a encontrar en 22,11 referido a la sala para comer la pascua. Pero también puede ser albergue (Ex 4,24; 1 Mac 3,45; Sir 14,25), refugio (2 Sam 7,6), comedor (1 Sam 9,22) o morada (Ex 15,13); en Jer 14,8 es un “lugar para hacer noche”, o un “cubil” del león (25,38) o lugar para las ovejas y pastores (33,12). Podría pensarse en falta de lugar a causa del censo, o en que no hay lugar para un nacimiento (especialmente porque esto haría impuro el lugar), pero no es este el centro del relato, el tema es el pesebre. No deja de ser interesante que los pastores que vigilan por turnos de noche el rebaño que duerme a la intemperie se dirijan a un lugar donde se espera encontrar ovejas para hallar “al salvador”.

En la jôra (región, país) hay unos pastores. El término “pastor” en los restantes Evangelios sinópticos se encuentra utilizado en sentido metafórico (“como ovejas sin pastor”, “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”). La imagen de Jesús como Pastor se encuentra en el NT en textos tardíos (Jn 10,1-16; Heb 13,20; 1 Pe 2,25; 5,4; cf. Ef 4,11). Metafóricamente también se ha utilizado con frecuencia para aludir a los sectores dirigentes, sean estos políticos o religiosos. En este caso la imagen es realista. Es probable, entonces, que se trate de pastores que cuidan “su rebaño”, por tanto no son contratados (en ese caso se trataría de personas discriminadas y deshonrosas). Se debe señalar que en todo el NT el término es o bien simbólico, como hemos dicho, o en referencias no negativas; cuando se hace referencia a los contratados o asalariados no suele utilizarse el término "pastor" (Jn 10,12.13 usa misthôtos, que es jornalero, asalariado).

La aparición del ángel se enmarca en los elementos característicos: gloria, luz, “no teman”… La “evangelización” del ángel es una “gran alegría” que no sólo será tal para los pastores sino para “todo el pueblo” (panti tô-i laô-i), es decir Israel. El nacimiento “en la ciudad de David” (tema que ya conocíamos) es de un “salvador” (salvación es término habitual en Lucas, “salvador” se aplica a Dios en 1,47; ver 1,69.77; 2,30; y 19,9) que es “el mesías, señor”. Como se ve, el anuncio es solemne.

El signo (sêmeion) es un término habitual en Lucas: Jesús es señal de contradicción (2,34), aunque él se niega a darlos a los que los reclaman (11,16.29.30), incluso a Herodes (23,8). Los signos naturales permitirán reconocer el tiempo de Dios (21,7.11.25). El signo que el ángel da a los pastores puede decirse que se caracteriza por lo habitual, casi podríamos señalar que “no hay signo”.

Una multitud de ángeles se suman en la alabanza (ainéô, siempre dirigida a Dios en Lucas-Hechos [8x] y el resto del NT [2x]). El cántico (aunque breve, uno más de los otros que se encuentran en el “evangelio de la Infancia” de Lucas). Se hace referencia a aquellas personas que son del agrado divino y se señala una doble dimensión cielo-tierra. Para el mundo celestial se reconoce la “gloria”, la manifestación majestuosa de Dios, y para “la tierra” se predica la llegada del “Shalom”, la paz como expresión de todos los bienes aguardados. En Jesús se cumplen todos los bienes esperados y la liturgia celestial lo anuncia a los pobres.


el Evangelio de la víspera (Mt 1,18-25) coincide con el Evangelio del domingo pasado, 4to de Adviento


Principio del santo Evangelio según san Juan [Evangelio del día]     1, 1-18

Resumen: Un himno antiguo canta la presencia de Dios en medio de la historia. Juan lo retoma destacando que eso ocurre desde “el principio”. En nuestra historia, Dios eligió plantar una carpa para moverse con nosotros en la vida.

El conocido “Prólogo” del Evangelio de Juan constituye la lectura del día, aunque –como veremos- no es evidente que todo el texto aluda a Cristo. 

Para comenzar, llaman la atención las dos referencias en medio del himno a la figura de Juan, el Bautista (vv.6-8 y v.15) y tienen toda la apariencia de haber sido insertadas en un momento posterior (de hecho, la lectura breve del texto omite estas partes). Se ha propuesto –y parece muy probable- que el autor que introduce el himno en el Evangelio (quizás en la última etapa de la redacción) conozca un himno cristológico primitivo al cual le realiza algunos añadidos, un “Himno a la palabra de Dios”. En este sentido, el himno primitivo cantaba la palabra de Dios activa en la Creación (vv.1-5; cf. Gen 1), la palabra enviada por Dios en la historia de su pueblo, por ejemplo en los profetas (“fue dirigida por Dios la palabra al profeta X…”, cf. 1,9-13) y finalmente esa palabra se hizo carne en la historia en el envío de Jesús (vv.14.16-18). Tres momentos, entonces marcan que Dios no se ha desentendido de la humanidad en la historia, pero –como se ve- recién en el tercer momento el himno primitivo habría hecho expresa referencia a Jesús como la palabra viva que Dios dirigió. 

Ahora bien, este himno primitivo fue tomado y reelaborado por el Evangelio, y la incorporación del Bautista en diferentes momentos provoca que esa “palabra” de Dios sea vista como el mismo Jesucristo desde el primer momento. Cristo es “palabra de Dios” desde siempre, y no ya desde la Encarnación Al releerlo ya desde antes de la Creación la palabra –que ahora es Jesús- estaba “junto a Dios” y “era Dios”. El término “palabra” (lógos) es sin duda el término clave, y parece que debe entenderse en continuidad con la palabra de Dios en la historia de su pueblo, manifestada en las escrituras, y no en el sentido que le daban los griegos o los gnósticos (para estos, el “logos” tenía otro rol que es bastante diferente del que podemos encontrar en este himno). 

Hay una serie de términos que se encuentran en el relato que son claves en todo el Evangelio y sería muy extenso detenernos en ellos (por ejemplo, luz – tinieblas, vida, creer, gloria, verdad, etc.); especialmente teniendo en cuenta que la Navidad es la razón de su incorporación en la liturgia. El v.14 parece ser fundamental en este tiempo y el motivo de su incorporación:

«Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como unigénito, lleno de gracia y de verdad».

La palabra “acampó” (skênóô) está relacionada con la “gloria de Dios” (doxa) en la referencia a la “tienda del Encuentro” en el desierto, donde Dios se hace presente a su pueblo (Ex 40,34.35; Lev 9,23; Núm 14,10; 16,19; 17,7;  20,6); también se dice en relación a la Sabiduría (Sir 24,8). Allí el pueblo podía encontrarse con Dios, ahora esta gloria se manifiesta en la presencia de Jesús como palabra hecha carne. Es probable que la insistencia en la carne (sarx, Mt x5, Mc x4, Lc x2; Jn x13) tenga que ver con una posición conflictiva con los espiritualistas de la comunidad que terminan negando la carne en nombre de la novedad aportada por Jesús, pero esta “desencarnada”. Lo que viene por esta palabra encarnada es la “gracia” y la “verdad” (gracia en Juan sólo se encuentra en el prólogo, vv.14.16.17) que superan la ley dada por Moisés (v.16). Esta gloria le viene dada por su condición de “unigénito” (monogenês). Pero la novedad también viene dada por el uso del “nosotros” (antes se expresó en tercera persona), los lectores y oyentes somos introducidos en este mundo nuevo por la encarnación. La carpa puesta por la palabra no nos deja fuera o como espectadores, sino que actúa en nosotros y “hemos recibido” (v.16).


el video con comentario al Evangelio (uno de los posibles; Lucas 2) del día de la Navidad
https://youtu.be/634Bgw7xHFs
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2025/12/comentario-al-evangelio-de-la-navidad.html