jueves, 25 de diciembre de 2025

Miguel, el ángel supremo

Miguel, el ángel supremo

Eduardo de la Serna



Seamos claros antes de empezar, para evitar malos entendidos. En la liturgia celebramos (el 29 de septiembre) a los “arcángeles”, Miguel, Gabriel y Rafael. Con el tiempo, además, el número de arcángeles fue creciendo hasta el punto de verse, en cierta literatura, como una especie de categoría de una cantidad importante de ángeles. Esto llevó a la Iglesia a vetar esta actitud más legendaria que bíblica. Es cierto que en la Biblia se habla de Rafael (en el libro de Tobías; cf. 5,4; 12,15) y de Gabriel (por ejemplo, en el Evangelio de Lucas en los anuncios a Zacarías y a María de los nacimientos de sus respectivos hijos; 1,19.26; cf. Daniel 8,16; 9,21), pero de ninguno de ellos se afirma que estos sean “arcángeles”; sino que simplemente se los llama “ángeles”. El término arcángel tiene la partícula “arjê”, que en griego es “principal”, es decir, se trata de uno que es el ángel principal entre todos los demás. En la carta de Judas se lo llama por su nombre: Miguel (v.9). Pablo hace referencia, también a “un arcángel” que hará oír su voz y habrá una trompeta en la venida gloriosa de Jesús (1 Tes 4,16), no da su nombre, pero se trata de “uno” no de “uno entre varios”.


Digamos claramente que el término ángel en griego quiere decir “mensajero” y, por lo tanto, cualquiera podría serlo. Un profeta, un delegado, un enviado de Dios puede ser llamado “mensajero” y, entonces, la Biblia griega lo llamará “ángel”, sea o no un ser espiritual. Pero los seres espirituales que nosotros llamamos ángeles empiezan a encontrarse en la Biblia en un momento tardío, especialmente cuando los judíos tratan de evitar nombrar a Dios; entonces, decir que él se comunica por sueños, por signos o por medio de ángeles empieza a ser algo muy frecuente. Esta imagen de seres espirituales también les sirve para explicar algo complicado, como es el fenómeno del mal. Los demonios son seres espirituales que buscan procurar el mal de los seres humanos, mientras los ángeles, por el contrario, buscan ser mensajeros de lo bueno que Dios tiene para comunicarles. Estas dos representaciones se han utilizado mucho para hacer referencia a la tentación o la incitación tanto al mal como al bien en las personas, dando lugar a imágenes en realidad bastante infantiles y muy poco bíblicas.


Pero en algún tipo de literatura, que usa mucho las imágenes simbólicas, estos seres espirituales empiezan a ser vistos como si estuvieran en conflicto entre sí con la finalidad de provocar el bien o el mal en los humanos; y entonces, las fuerzas del mal, los demonios – se dice – tienen una especie de general, un jefe que tiene varios nombres, pero se trata de la misma entidad: Satanás, Belzebul, Belial, o, sencillamente, el diablo. Éste es, entonces, el jefe del ejército de los demonios para esta literatura más simbólica. Y, por la misma razón, los ángeles, los que buscan comunicar el bien, también tienen su jefe (un arjé-ángel arcángel). Este es Miguel. Por eso es “arcángel”, es decir, el ángel principal. El texto citado más arriba de la carta de Judas presenta, precisamente, de un modo simbólico, este conflicto entre Miguel y el diablo; dos ejércitos están en conflicto y ambos son los “generales”.


Pero es bueno dejar esta imagen de conflicto y batalla y retomar el elemento principal: un ángel, como hemos señalado, en un mensajero de parte de Dios, y Miguel es el principal de ellos. Dios tiene para los seres humanos noticias, la principal de ellas es el Ev-angel-io…, es decir un buen mensaje, una buena noticia. Una buena noticia que es que, por Jesús, el hijo de Dios, el Padre quiere – y nos cuenta a todos y todas – que estamos llamados a ser hermanas y hermanos y podemos serlo. Solemos estar sobre cargados de “malas noticias”, pero Dios quiere invitarnos a comunicar y recibir una que es definitivamente buena, que es vida, que es paz, que es justicia, que es la capacidad de ser hermanos y hermanas. Y de esa noticia, todos estamos llamados y llamadas a ser mensajeros y mensajeras. Miguel, el arcángel, nos acompaña, ilumina, guía, para que no sean las malas noticias las que triunfen, sino que nos sintamos todas y todos con autoridad y capacidad de ser nosotros “ángeles” para quienes nos rodean.


San Miguel Arcángel en el Monasterio de Cabeceiras de Basto, Portugal tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Arcángel_Miguel

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