lunes, 19 de octubre de 2026

Otras herejías que no son condenadas (segunda parte)

Otras herejías que no son condenadas (segunda parte)

Eduardo de la Serna



Hicimos referencia a dos actitudes que son auténticas herejías en la Iglesia contemporánea, la eclesiolatría y la papolatría. Pretendo, ahora, brevemente, señalar otras dos que me parece detectar, y que me permiten una nueva conclusión.

Fue sabido el intento de sectores tradicionalistas de que la Iglesia proclamara un nuevo dogma mariano: María Corredentora. Esto motivó un muy buen escrito del Dicasterio para la doctrina de la fe (4 de noviembre 2025) sobre el tema, Mater Populi Fidelis luego que “numerosas consultas y propuestas (llegaran) a la Santa Sede en las últimas décadas”. Este documento motivó airadas respuestas, comentarios y críticas de los sectores conservadores; por ejemplo, el Seminario de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X (mons. Lefebvre anunció la compra de los terrenos en 1980 y ordena a los primeros “sacerdotes” en 1985), en La Reja, provincia de Buenos Aires, tiene ese nombre: “Nuestra Señora Corredentora”. Abanderados de las causas tradicionales y de clara oposición al pontificado de Francisco y todo lo que ello implicara (como la declaración vaticana, sostienen) los cardenales L. Burke y G. Müller participaron en el instituto Augustinianum (Roma) los pasados 7 y 8 de octubre de un congreso que asume la frase atribuida a san Bernardo: “De Maria numquam satis” (de María nunca se dice bastante). Resulta sumamente significativo que este congreso se haya realizado en un Instituto Teológico (dedicado particularmente a estudiar a los Santos Padres) de la orden de San Agustín, a la que pertenece el papa León. La mariolatría no parece ajena a este congreso.

Y no me parece que deba dejarse de lado también otro elemento, una deformación en la celebración eucarística que se sumerge, creo, también en la idolatría. Cuando se pasa de “la Cena del Señor”, la mesa, el pan partido al “Santo Sacrificio de la Misa”, a procesiones eucarísticas y custodias magníficas, parece que entramos en un terreno complicado. Ciertamente creemos que en la Eucaristía está presente Jesucristo, pero no es menos cierto que cuando el individualismo (Jesús y yo, “adorote devote”), es algo ajeno y lejano, algo para adorar y no para “masticar”, para admirar y no para comer, algo donde hay un “yo” y no un “nosotros” (salvo que hay una multitud de “yoes”) no se parece a lo que Jesús hizo y celebró. No hay un “pan partido”, no hay una mesa, hay una “hostia” encerrada, protegida (custodiada), lejana… Esto no es diferente con casos que hemos conocido de “curas sanadores” (sic) que “pasean con el Santísimo Sacramento” por el templo acercándolo a los enfermos para obtener la sanación… No es este el pan en el que Jesús eligió permanecer en medio de sus amigos para alimentarlos. Creer que por recibir los sacramentos (bautismo y eucaristía, en este caso) “estamos salvados”, se parece bastante a la idolatría: “el que crea estar de pie, mire no caer”, “no se hagan idólatras… comieron, bebieron… ¡huyan de la idolatría!” (1 Cor 9,7.12.14).

Me inspira estas páginas una frase del eminente biblista alemán del siglo XX Gerhard von Rad (1901-1971, que inspiró, a su vez, la tesis doctoral de José Luis Sicre sobre la idolatría en los profetas): “No hay una sola verdad de fe que no podamos manipular idolátricamente”. A modo de paréntesis, Sicre, en nota, pone serios ejemplos de papolatría (Introducción al profetismo bíblico, Estella (Navarra) 2011, 390 nota 17). Lo dice – además – claramente von Rad: “Sería, en efecto, muy ingenuo (naiv) creer que solo el pagano es susceptible a esto, pues también el cristiano se encuentra constantemente expuesto al peligro de caer en la creencia en mitos y en la idolatría” [Gottes Wirken in Israel: Vorträge zum Alten Testament, Neukirchen-Vluyn: Neukirchener Verlag, Neukirchen-Vluyn, 1974, 160-161; conferencia dictada originalmente en 1958].

No estoy discutiendo – evidentemente – ni a la Iglesia, ni a la Virgen María, ni a la Eucaristía, ni a Pedro (como se ejerce el papado ya es otra cosa) sino a la manipulación que de ellos puede hacerse y de hecho se hace.

Señalo estos elementos porque tengo la sensación que elementos bastante “propios” de la Iglesia católica (la Iglesia, el Papa, la Eucaristía, la Virgen) pueden – ¡y de hecho son! – “manipulados idolátricamente”, pero pareciera que como “son nuestros” no molestan tanto. No se ve el dedo acusador de algunos cardenales o teólogos de oficina señalando herejes o proponiendo condenas… y, deberíamos reconocerlo, así como en ocasiones le hacemos decir (o hacer) a Dios cosas que ni dice ni hace (y deberíamos aprender a “dejar a Dios ser Dios”), o hacerle decir a la Biblia lo que no dice (¡tan frecuente! ¡Tanto!), también deberíamos saber que el “numcuam satis”, que aplican a la Virgen María, y podemos decir también de la Eucaristía, o los elogios al papado o a la Iglesia aplican si nos movemos en la dirección correcta. Elevar a la Virgen María a la altura de Dios sería “numcuam satis” y sería aberrante. Es importante pensar y seguir pensando el papado (urgente y necesario), el lugar importantísimo que la Eucaristía debe ocupar en la comunidad eclesial, el rol de discípula de María Virgen, de quien nunca se dirá lo suficiente como discípula ejemplar, modelo para todas y todos los cristianos, y una Iglesia servidora, samaritana y hermana de todas y todos. Dejarlos ser lo que son y debieran ser, sería el mejor acto de amor por ellos, y el amor “numcuam satis”.


Imagen tomada de https://www.facebook.com/anecdotashistoricas/posts/margarita-porete-o-marguerite-porrette-o-la-porette-condenada-a-la-hoguera-en-13/1177702251038417/

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