Otras herejías que no son condenadas (segunda parte)
Eduardo de la Serna
Hicimos referencia a dos
actitudes que son auténticas herejías en la Iglesia contemporánea, la
eclesiolatría y la papolatría. Pretendo, ahora, brevemente, señalar otras dos
que me parece detectar, y que me permiten una nueva conclusión.
Fue sabido el intento de sectores
tradicionalistas de que la Iglesia proclamara un nuevo dogma mariano: María
Corredentora. Esto motivó un muy buen escrito del Dicasterio para la doctrina de
la fe (4 de noviembre 2025) sobre el tema, Mater Populi Fidelis luego
que “numerosas consultas y propuestas (llegaran) a la Santa Sede en las últimas
décadas”. Este documento motivó airadas respuestas, comentarios y críticas de
los sectores conservadores; por ejemplo, el Seminario de la Fraternidad
Sacerdotal San Pio X (mons. Lefebvre anunció la compra de los terrenos en 1980
y ordena a los primeros “sacerdotes” en 1985), en La Reja, provincia de Buenos
Aires, tiene ese nombre: “Nuestra Señora Corredentora”. Abanderados de las
causas tradicionales y de clara oposición al pontificado de Francisco y todo lo
que ello implicara (como la declaración vaticana, sostienen) los cardenales L. Burke
y G. Müller participaron en el instituto Augustinianum (Roma) los
pasados 7 y 8 de octubre de un congreso que asume la frase atribuida a san Bernardo:
“De Maria numquam satis” (de María nunca se dice bastante). Resulta
sumamente significativo que este congreso se haya realizado en un Instituto
Teológico (dedicado particularmente a estudiar a los Santos Padres) de la orden
de San Agustín, a la que pertenece el papa León. La mariolatría no parece ajena
a este congreso.
Y no me parece que deba dejarse
de lado también otro elemento, una deformación en la celebración eucarística
que se sumerge, creo, también en la idolatría. Cuando se pasa de “la Cena del
Señor”, la mesa, el pan partido al “Santo Sacrificio de la Misa”, a procesiones
eucarísticas y custodias magníficas, parece que entramos en un terreno
complicado. Ciertamente creemos que en la Eucaristía está presente Jesucristo,
pero no es menos cierto que cuando el individualismo (Jesús y yo, “adorote
devote”), es algo ajeno y lejano, algo para adorar y no para “masticar”, para
admirar y no para comer, algo donde hay un “yo” y no un “nosotros” (salvo que
hay una multitud de “yoes”) no se parece a lo que Jesús hizo y celebró. No hay
un “pan partido”, no hay una mesa, hay una “hostia” encerrada, protegida
(custodiada), lejana… Esto no es diferente con casos que hemos conocido de “curas
sanadores” (sic) que “pasean con el Santísimo Sacramento” por el templo
acercándolo a los enfermos para obtener la sanación… No es este el pan en el
que Jesús eligió permanecer en medio de sus amigos para alimentarlos. Creer que
por recibir los sacramentos (bautismo y eucaristía, en este caso) “estamos
salvados”, se parece bastante a la idolatría: “el que crea estar de pie, mire
no caer”, “no se hagan idólatras… comieron, bebieron… ¡huyan de la idolatría!”
(1 Cor 9,7.12.14).
Me inspira estas páginas una
frase del eminente biblista alemán del siglo XX Gerhard von Rad (1901-1971, que
inspiró, a su vez, la tesis doctoral de José Luis Sicre sobre la idolatría en los
profetas): “No hay una sola verdad de fe que no podamos manipular
idolátricamente”. A modo de paréntesis, Sicre, en nota, pone serios
ejemplos de papolatría (Introducción al profetismo bíblico, Estella (Navarra)
2011, 390 nota 17). Lo dice – además – claramente von Rad: “Sería, en
efecto, muy ingenuo (naiv) creer que solo el pagano es susceptible a esto, pues
también el cristiano se encuentra constantemente expuesto al peligro de caer en
la creencia en mitos y en la idolatría” [Gottes Wirken in Israel:
Vorträge zum Alten Testament, Neukirchen-Vluyn: Neukirchener Verlag,
Neukirchen-Vluyn, 1974, 160-161; conferencia dictada originalmente en 1958].
No estoy discutiendo –
evidentemente – ni a la Iglesia, ni a la Virgen María, ni a la Eucaristía, ni a
Pedro (como se ejerce el papado ya es otra cosa) sino a la manipulación que de
ellos puede hacerse y de hecho se hace.
Señalo estos elementos porque
tengo la sensación que elementos bastante “propios” de la Iglesia católica (la
Iglesia, el Papa, la Eucaristía, la Virgen) pueden – ¡y de hecho son! – “manipulados
idolátricamente”, pero pareciera que como “son nuestros” no molestan tanto. No se
ve el dedo acusador de algunos cardenales o teólogos de oficina señalando
herejes o proponiendo condenas… y, deberíamos reconocerlo, así como en
ocasiones le hacemos decir (o hacer) a Dios cosas que ni dice ni hace (y
deberíamos aprender a “dejar a Dios ser Dios”), o hacerle decir a la Biblia lo que
no dice (¡tan frecuente! ¡Tanto!), también deberíamos saber que el “numcuam
satis”, que aplican a la Virgen María, y podemos decir también de la Eucaristía,
o los elogios al papado o a la Iglesia aplican si nos movemos en la dirección
correcta. Elevar a la Virgen María a la altura de Dios sería “numcuam satis”
y sería aberrante. Es importante pensar y seguir pensando el papado (urgente y
necesario), el lugar importantísimo que la Eucaristía debe ocupar en la
comunidad eclesial, el rol de discípula de María Virgen, de quien nunca se dirá
lo suficiente como discípula ejemplar, modelo para todas y todos los
cristianos, y una Iglesia servidora, samaritana y hermana de todas y todos.
Dejarlos ser lo que son y debieran ser, sería el mejor acto de amor por ellos,
y el amor “numcuam satis”.
Imagen tomada de https://www.facebook.com/anecdotashistoricas/posts/margarita-porete-o-marguerite-porrette-o-la-porette-condenada-a-la-hoguera-en-13/1177702251038417/

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