jueves, 14 de junio de 2018

Aprobación de un proyecto de ley y texto episcopal


Aprobación de un proyecto de ley y texto episcopal


Eduardo de la Serna

 


Cuando empezó el tema del debate en favor de la despenalización del aborto, la conferencia episcopal dio un mensaje positivo: que sirviera para un debate y diálogo respetuoso, donde se escucharan todas las voces y primara el respeto.


Ya comenté en otro lado que los obispos no parecen haber debatido el tema, y no pareciera que hayan dialogado con otros con opiniones diversas, o miradas diferentes, casi como si ellos no precisaran que se ampliaran sus miradas o escuchar otra campana. Pareciera que los que deben escuchar son sólo los otros.

Cuando el debate comenzó a entrar en calor sólo algunos te Deum se hicieron eco episcopal del tema, como por ejemplo el del cardenal Poli y la lamentable intervención del arzobispo de Tucumán.

También en otro lado señalé que me hubiera gustado que si el episcopado tiene buenos intelectuales y grandes universidades que defiendan sus posturas, pongan “las mejores cabezas” a pensar, debatir y presentar las mejores propuestas y posiciones. No las escuchamos, o no las tienen.

Ahora, terminado el tratamiento en la cámara de Diputados, la Comisión Ejecutiva y la Comisión Episcopal de Laicos y Familia (CELAF) de la Conferencia Episcopal Argentina ha hecho público un paupérrimo texto donde afirma que les “duele como argentinos esta decisión” (los que votaron a favor ¿no son argentinos?), reiteran la “necesidad que en el debate legislativo que continúa, pueda haber diálogo” (¿no lo hubo en el debate anterior?). Coincidimos que todavía “tenemos la oportunidad de buscar soluciones nuevas y creativas para que ninguna mujer tenga que acudir a un aborto”, porque nadie celebra un aborto, y precisamente lo que se ha planteado es que el aborto fuera “la última opción”, quizás desesperada; no la primera o única. Es positivo que se insista en un “diálogo sereno y reflexivo”, cosa que en algunos casos no parece haber primado. “Vivir el debate como una batalla ideológica nos aleja de la vida de las personas concretas. Si sólo buscamos imponer la propia idea o interés y acallar otras voces, seguimos reproduciendo violencia en el tejido de nuestra sociedad”. Nada más veraz, como lo atestiguan las personas que por sus posiciones en favor de la despenalización recibieron amenazas o hasta insinuaciones de “excomuniones”. El mismo texto señala debilidades en la tarea pastoral, como la educación sexual (a la que tantas veces tantos obispos se han opuesto), el reconocimiento de la dignidad de la mujer, e incluso las situaciones de mujeres que “se ven expuestas al aborto”. Precisamente ese es el tema: hoy, esas mujeres, que se ven expuestas, son penadas, no tienen acceso a la posibilidad de evitar marcas indelebles en sus cuerpos y sus vidas. Ese es el tema: el aborto existe. Y existirá. ¿Lo penaremos o acompañaremos a esas mujeres que se ven “expuestas al aborto”?

Es positivo que los obispos agradezcan “a todas las personas que, con auténtico respeto hacia el otro, han expresado sus ideas y convicciones, aunque hayan sido distintas a las nuestras”. No estaría de más, entonces, que los obispos hicieran una crítica firme y clara contra los sedicentes católicos que amenazaron, criticaron, violentaron, insultaron a quienes tenían “convicciones distintas” a las propias. Porque me parece absolutamente razonable que cada quién dé sus opiniones y argumentos, sus razones y criterios. Y en el diálogo, llegado el momento se vota y se elige. Y si no se elige lo que hemos intentado defender, parece sensato y razonable (¡y cristiano!) aceptar lo que se ha decidido, y no presionar o pretender imponer “por la verdad o por la fuerza” lo que parecieran dogmas más sagrados que la Santísima Trinidad o la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo.

En la declaración, los obispos señalan: “Seguimos llegando tarde”. Pero lamentablemente no parecen enterarse dónde, ni en qué, ni porqué, ni cómo, ni para qué llegan tarde. Otra vez. Solo repiten slogans. Y si no tienen esas cabezas pensantes y argumentos profundos, a lo mejor deban prepararse – otra vez – para perder.


Fotos tomadas de https://elpais.com/

martes, 12 de junio de 2018

Comentario domingo 11B

Dios quiere reinar desde la insignificancia

DOMINGO UNDÉCIMO - "B"


Eduardo de la Serna



Lectura de la profecía de Ezequiel     17, 22-24

Resumen: En un contexto de crítica a las autoridades que no se han preocupado por su pueblo, surge una nota de esperanza. Ese pueblo crecerá, y dará fruto, y una sombra capaz de albergar a todos.


El texto del profeta comienza con “Así dice el Señor Yahvé” (v.22) y finaliza con “Yo, Yahvé he hablado y lo haré” (v.24) con lo que la unidad es completa. El versículo siguiente vuelve a comenzar otra unidad (“la palabra del Señor se dirigió a mí…”, 18,1). En 17,3-10 se presentan a modo de imágenes un águila y una vid. En v.11 se dirige la palabra de Yahvé al profeta para explicar el significado de “esto”. En v.19 se destacan las consecuencias: “por esto, así dice el Señor Yahvé”. Se trata de castigo a los dirigentes (águila) por como trataron al pueblo (vid) y este será el exilio en Babilonia (vv.19-21). Pero la imagen vegetal de la vid muta a cedro (v.22) donde se destaca la altura y las ramas frondosas y sus frutos. Las aves a la sombra de sus ramas (“toda clase”) puede referirse a todos los hijos de Israel dispersos, o a todas las naciones (aunque esta lectura no parece propia de Ezequiel sino de lecturas posteriores; a menos que – Ez 31,6 – se entienda que como en tiempos de David a Israel irán todas las naciones, como vasallos, a rendir tributo) y es plantado en el “alto monte de Israel” (v.23); sin duda se refiere a la comunidad judía que está en el exilio sobre la que se pronuncia una promesa de esperanza: Dios humilla al árbol elevado y eleva al humillado (v.24).


Lectura de la segunda carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     5, 6-10

Resumen: el don del Espíritu de Dios asegura al creyente a mantenerse en el camino y poder vivir coherentemente con lo que de hecho es.


El desmoronamiento de la morada es algo previsible en el predicador de la Palabra, pero tenemos, los cristianos, otra habitación: la idea de habitar y deshabitar sólo se encuentra aquí (3 veces) en todo el NT y siempre ambos verbos están juntos. Habitar el cuerpo es semejante a estar en la tienda, el acento está puesto en la fragilidad. Esto nos llena de confianzano nos desanimamos (4,16), y el gemido (5,2.4) está movido por la presencia del Espíritu (cf. Rom 8,23), por eso es algo que sabemos (5,1) y anhelamosdeseando intensamente. Todas estas metáforas nos permiten descubrir la tensión escatológica de la vida del cristiano, la tensión entre el imperativo y el indicativo, seremos resucitados con Jesús (4,14). Eso es caminar en fe, no en visión, que es semejante al ver, ahora, como en espejo y luego ver cara a cara (cf. 1 Cor 13,12). Mientras tanto, ambicionamos, es un honor para nosotros, en este camino de tensión hacia el Señor, vivos o muertos (en o fuera del cuerpo), serle agradable (euarestós), término usado, en los escritos paulinos, casi exclusivamente en la parte parenética, que siempre tiene como objeto a Dios o Cristo (aunque, cf. Tit 2,9). Supone un discernimiento de aquello que le agrada para luego desearlo, buscarlo con intensidad, sea que enfrente situaciones de muerte o sea ante situaciones de vida. La mirada escatológica se precisa más aun en la referencia al tribunal que es de Dios donde Cristo actúa (Rom 2,16) y somos manifiestos (aoristo con sentido de futuro: lo seremos en ese momento concreto).


Evangelio según san Marcos     4, 26-34

Resumen: El Reino es ejemplificado en parábolas vegetales en las que se destaca nítidamente la iniciativa de Dios y su capacidad de dar fruto sorprendente, aunque nada lo indique en el comienzo.


Con dos parábolas sobre el Reino de Dios y una segunda explicación de por qué habla en parábolas concluye el “capítulo de comparaciones” propio de Marcos (que Mateo toma y amplía). En la primera parábola se compara con un hombre, en la segunda con un “grano de mostaza”, con lo que sabemos “dónde hay que mirar”. 

El hombre que echa grano en la tierra pasa a quedar inactivo, “desaparece”, “no sabe”, el resto lo hace el grano. Incluso cuando llega el tiempo “se le envía (apostéllei) la hoz”, no se señala que eso lo hace “el hombre”. De hecho, aunque la parábola nos habla del “hombre” (anthrôpos) pareciera que la protagonista es la semilla. Se señalan los extremos (duerma – se levante, de noche – de día) y que en el entretanto, él “no sabe”, la semilla germina y crece, la tierra (pasa a la tierra ahora) “automáticamente” produce fruto [no debería excluirse – como también la hay en otras partes – una imagen de la “madre tierra” en esta figura]; el término “automatê” (“por sí misma”) es usado en el AT para referir a lo que es obrado por Dios solo (Lv 25,5.11; Jos 6,5; 2 Re 19,29; ver Hch 12,10); el Reino es algo que sólo realiza Dios, no los seres humanos. Todo el proceso de la creación entra en juego, la semilla y la tierra producen fruto y “el hombre” sólo puso la semilla en tierra [una vez más, como en tantas parábolas, la imagen es campesina]. 

Así, el “hombre” aparece como simple colaborador, “pone su semilla”, pero es Dios el que hace el resto, escapa al obrar humano (quizás como una crítica – de Marcos, no de Jesús – al grupo zelote que quiere acelerar la llegada del reino para confrontar militarmente con Roma). De eso se trata el Reino. Los enviados de Jesús, los discípulos están invitados a poner su parte, pero confiados en que es Dios el que hace todo y de quién hemos de esperar los frutos.

Nuevamente una parábola campesina, aunque aquí (ya que el acento está puesto en el grano, no en el sembrador) “el hombre” desaparece. El grano “se” siembra. Pero no se trata de cualquier grano, sino uno de mostaza que es proverbialmente minúsculo (ver Lc 17,6: “fe como del tamaño de un grano de mostaza”). Pero el tema no se concentra solamente en la pequeñez de la semilla (“la más pequeña de todas”, mikróteron on pantôn) sino en el contraste con que llega a ser “mayor que todas” (meizon pantôn). Este contraste “dice” del Reino. Tiene un comienzo insignificante, los pobres, enfermos y pecadores son “nada” para todos los tiempos, pero el accionar de Dios lo “eleva” y “se hace” tan grande que “las aves del cielo” (a las que hace referencia Ez 17,23 – la primera lectura de hoy – 31,6 y Dn 4,9 y que refiere a la multitud de las naciones paganas) anidan en su sombra”.

La unidad finaliza (repitiendo, en cierta manera, lo ya anunciado en 4,10-12) señalando que Jesús “con muchas parábolas como estas” (lo que indica que el autor ha hecho una selección) “exponía la palabra” (ton lógon) según podían escucharle; “no hablaba sin parábolas” (parece indicar que Jesús no hablaba sino en parábolas cuando se refería al Reino) pero “a sus propios [idíos] discípulos” se los explicaba todo “en privado” [idíos]. La idea ya había sido destacada en el contraste entre “ustedes” (los discípulos” y los de “afuera” (v.11). Las parábolas, entonces, son el modo de dirigirse de Jesús a la multitud. En ellas habla del Reino, pero tiene luego una revelación especial para los “suyos”. 

Es interesante en esta unidad (3,7-6,6a) el contraste que establece Marcos entre los de fuera y los de dentro. Los discípulos son los que están dentro de la nueva "casa" que es la comunidad, mientras que fuera están “los demás”. Es a aquellos a los que Jesús se dirige de un modo especial y “en privado” les explica (el tema continúa más adelante en el Evangelio, cf. 7,17: 9,28; 10,10). Es una unidad centrada en el discipulado presentado como superador de toda otra instancia como puede ser incluso la familia. De esto hablará también más adelante.


lunes, 11 de junio de 2018

Mi opinión no interesa


Mi opinión no interesa


Eduardo de la Serna



En una semana clave para la votación en favor del “aborto seguro, legal y gratuito” yo no he hecho expresa mi opinión, simplemente porque creo que a nadie debería interesarle la opinión de Fulano o de Mengana. Creo que es irrelevante. Y algo semejante me ocurrió en el debate por el “matrimonio igualitario”. No importa mi opinión, deberían importar los argumentos. No es importante que Zutano esté a favor o en contra sino los motivos por los que lo está.

En su momento recuerdo haberles dicho a algunos que, si estaban en contra del matrimonio igualitario, den argumentos. Buenos argumentos. Incluso, con un grupo de curas nos manifestamos públicamente formulándonos preguntas con la convicción que los argumentos dados en contra no tenían solidez alguna. Algo semejante dije ante el debate en favor o en contra del aborto. En lo personal – y lo reitero: “personal” – no me dicen nada, y hasta me molestan, los slogans que pretenden ser efectistas, tipo “calle o Pepe”, o mostrar un fetito. En lo personal quiero escuchar argumentos para aprender, y para mejorar o modificar mis opiniones. Es verdad que pueden servir – por efectistas – para conseguir votos de legisladores (lo cual, en mi opinión, habla bastante mal de ellos) pero yo quisiera escuchar argumentos.

Ver que, para oponerse al aborto aparecen slogans tipo “vale toda vida” o “salvemos las dos vidas”, debo decirlo, me molesta y me parece vacío. Además de que el paso de “toda” a “dos” me revela que “otras vidas” fuera de esas dos ya no son tenidas en cuenta: la vida de los tripulantes del San Juan, la vida de los desaparecidos, la vida de Santiago y Nahuel, la vida de los senegaleses y los pibes chorros, y miles y miles más ahora dejó de valer. Valen las dos, sin que – además – quede claro qué se va a hacer por la vida digna, justa, sana, feliz de la madre a la que se la obligará a tener un hijo no deseado. Y – entre paréntesis – me formulo otra pregunta: en el pobre video episcopal sobre el tema, una autocrítica que se hacen es que no supieron acompañar a las mujeres que abortaron. Es decir: ¡hay abortos! Abortos ilegales, pagos e inseguros. Pero hay. Es decir, hay y habrá; ¿o leí mal?

Y me sigo preguntando: no me parece que el proyecto sea una ley que obligue al aborto (algunos pseudo-argumentos en contra parecieran “corrernos” con la imagen de que es una ley que impide los nacimientos), que hay muchísimos elementos que se podrían tener en cuenta “antes” (claro que en el momento de la mujer frente al aborto ese “antes” no existe, pero pensemos en el antes para la ley, no para las personas): por ejemplo educación sexual (buena, libre, seria, gratuita), y buenas políticas de salud (el tema es que si un ministro reparte preservativos y lo quieren tirar al mar con una piedra de moler se vuelve algo complicado todo ¿o no?). Pero escuchar, por ejemplo, que muchas personas que dicen que “vale toda vida” reclaman pena de muerte, o felicitan a los chocobares de esta tierra, o que reclaman salvar “las dos vidas” y se despreocupan de leyes o acuerdos fondomenetariescos que empobrecerán a miles y miles de madres, todo eso me parece cínico e hipócrita. Es evidente que quieren salvar la vida futura del embrión, pero ¿cuáles son las propuestas concretas para salvar la vida de la madre? Concretas. De salud, de alimentación, de educación, de trabajo digno, de felicidad. Que puede haber miles de instancias antes de llegar a un aborto no tengo la menor duda; pero en su gran mayoría son previas a la decisión de la mujer de recurrir al aborto por A, por B o por Z. Pero sería interesante saber qué se propone y con qué probabilidad de suceso.

Recuerdo en las instancias previas al mundial 78 que un tema de debate era que en lugar de destinar dinero a refaccionar estadios se debía aprovechar para el hospital Rawson, que estaba amenazado de cierre. Estadios o Rawson, era el debate; la inefable revista Gente, totalmente funcional a la Dictadura, dirigida por el no menos inefable “Chiche” Gelblum decidió y sentenció: “Estadios y Rawson”; y sonaba lindo. Solo que se hicieron los estadios y se desmanteló el Rawson que quedó transformado en el geriátrico más grande la de ciudad. Lo de las “dos vidas”, la madre y el hijo, me recuerda a aquello. Y haya o no ley de aborto seguro, legal y gratuito, quisiera que haya ¡ya! políticas en favor de las madres. Pero no las veo ni en marcha ni en proyecto y, además, sospecho que los defensores de las dos vidas, si se logra frenar la ley, mañana descansarán en paz y nada harán para salvar “la otra vida” digna. Mujeres abstenerse.

Debo decir, entonces, que en el debate en el Congreso y lo que trascendió por los medios, de parte de los/as “antiabortistas” los argumentos me parece que estuvieron ausentes. De parte de los que estuvieron a favor, salvando algunos golpes efectistas, me parece que hubo argumentos. Pero me sigo haciendo preguntas. Y, además, Laura, de 16, está a punto de ser mamá y su vida cambió para siempre; me hubiera gustado que su futuro fuera distinto, y creo que a ella también.


Ya había publicado este texto cuando me aparece una reunión con la directora del UPA del barrio. Como Scioli quería ser presidente, a pesar que no había hecho nada, creó varios UPA (Unidad de Pronta Atención, copiados de lo que hizo Lula). La cosa es que a pocas cuadras de la parroquia tenemos un UPA. Y la directora se encuentra, ahora, con que la catoliquísima Mariu Vidal (la misma que no quiere inaugurar los varios hospitales listos para estrenar) le redujo el presupuesto a la mitad. Por ejemplo, ¡¡¡no hay pediatra!!! y me pregunto: eso de salvemos las dos vidas es una broma ¿No?

foto tomada de https://www.ventamagia.com/panuelos/58-panuelos-de-seda-60-x-60-silks.html

domingo, 10 de junio de 2018

Una reflexión sobre el martirio


Una reflexión sobre el martirio


Eduardo de la Serna



El tema del martirio en la Iglesia Latinoamericana y Caribeña (LyC) ha dado mucho para hablar. Quiero puntualizar algunos elementos y reflexionar otros.

Cuando se elaboran los documentos de Medellín la Iglesia LyC se descubrió Iglesia de los pobres y empezó a andar un camino, no por tradicional menos nuevo. Pero, es sabido, el informe Rockefeller (“la Iglesia ha dejado – a partir de Medellín – de ser una aliada de los EEUU en América Latina”) marcó un punto al cual el Imperio no quería renunciar. El informe “Santa Fe” (propuesta de la campaña de Ronald Reagan para América Latina, 1980) fue el siguiente paso. La Iglesia de los pobres, a partir de este momento, fue perseguida y martirizada. La Doctrina de la Seguridad Nacional, incentivada imperialmente por los EEUU y sumisamente aceptada por los gobiernos dictatoriales o títeres pusieron en marcha la maquinaria asesina.

Es sabido que Medellín molestó a la Iglesia del establishment y el CELAM fue virtualmente intervenido. López Trujillo primero, Quarracino después, buscaron que “no se repita” algo tan desviado como aquello. Pero se acercaba Puebla y todavía el episcopado no había empezado (aunque algo se comenzaba a concretar) la restauración, luego llevada adelante como verdadero cruzado por el Papa Wojtila. Y Puebla “terminó en empate”. Pero algo ya había comenzado.

Para la preparación de Puebla. Algunas conferencias episcopales habían pedido que se incorpore a la asamblea el tema del martirio (Brasil, Perú, El Salvador [todos ellos hablan de diferentes grupos e incorporan “obispos” en la lista. Por lo que sabemos el único obispo asesinado hasta ese tiempo había sido Enrique Angelelli]), pero el Documento de Trabajo relativizó el tema “teológicamente”: “Es necesario que el criterio empleado para juzgar la violación y lo que se entiende por derechos humanos, sea el evangelio, leído en la Iglesia, a la luz del Magisterio y no ideologías integristas de derecha o de izquierda. (…) Igualmente es preciso que la represión que llevó a la muerte a alguien haya sido firme y pacientemente tolerada; no provocada por actos de violencia física o moral” para concluir con la pregunta de que “se trata de juzgar si hay o no martirio cristiano” (Documento de Trabajo, notas sobre algunos temas. 10. El Martirio, nros 222.223.225). De hecho, el documento de Puebla no habla de “martirio” y en el índice final el tema se encuentra encomillado.

Es sabido que el criterio fundamental radicaba en la negativa a entender que había ocurrido un verdadero “odio a la fe” puesto que los asesinos se confesaban cristianos (“occidentales y cristianos”). Además de la idea, en muchos de los casos, de que los asesinados lo habían sido por pertenecer a organizaciones armadas.

Es sabido que Karl Rahner reelaboró el concepto martirio (“Dimensiones del martirio”, Concilium 183 [1983]; Rahner quedó impactado por el asesinado de Oscar Romero), y a partir de él y nuevos hechos de muertes y masacres, fueron muchos los que decidieron repensar el tema. Recuerdo que, pocos días antes de su muerte, el querido Juan Carlos Maccarone me envió unas reflexiones personales sobre el martirio a la luz de Santo Tomás de Aquino ampliando la idea de la “fe” a las consecuencias que la vida de la fe tiene en lo cotidiano, como la lucha por la justicia y la paz, por ejemplo. Por mi parte también escribí un artículo sobre el tema en la revista Concilium [“El amor mayor, testimonio de la vida plena”, Concilium 283 (1999) 841-846; publicado en mi primer blog: http://blogeduopp.blogspot.com/2014/01/martires-lugar-teologico.html]. Allí sostengo que creo que poner el acento del martirio en el “odio” del asesino antes que en el “amor” del asesinado me parece un desatino.

Pero en la declaración de los martirios de Oscar Romero y de Enrique Angelelli y sus compañeros se señaló el “odio a la fe”, y a partir de aquí quisiera señalar brevemente algunos aspectos.

  1. Parece que hemos de abandonar las conclusiones del documento de Trabajo de Puebla. La idea de un criterio “ideológico” pareciera que debe entenderse en sentido inverso al allí utilizado: ideológicamente algunos sectores eclesiales se negaron a la aceptación del martirio de sus hermanos cristianos y les negaron el reconocimiento. Puesto que hoy “podemos” (sic) afirmar que tanto Romero, como Angelelli y tantos otros, conocidos, reconocidos o anónimos son verdaderos mártires, sin duda nos permite reconocer que haberlo negado fue una negativa motivada por una ideología “integrista de derecha”.
  2. Parece que los reconocimientos de estos martirios incluyen una disimulada crítica a aquellos sectores eclesiásticos que fueron o bien cómplices de los asesinatos, o – al menos – vergonzantes y temerosos perros mudos al servicio de la “seguridad nacional”.
  3. Parece que la afirmación de parte del episcopado argentino de que sus “hermanos mayores” habían hecho mucho por la verdad y la justicia debiera también descartarse, e incluso no estaría de más un reconocimiento a los, contados con los dedos de una mano, obispos que reclamaban verdad por un “asesinato” que finalmente se demostró tal. De Nevares, Novak y Hesayne, al menos, merecerían un público reconocimiento y pedido de perdón episcopal.
  4. Ya hemos señalado en más de una ocasión que los mártires son “un lugar teológico” (Juan Pablo II ya lo había dicho, pero claro que referido a Popieluszko en Polonia), es decir “Dios habla” en la vida y el testimonio, en la fe y las palabras de los mártires. Sin duda por bastante tiempo la Iglesia se negó – nada menos – a escuchar esta voz de Dios; allí Él nos dice cómo es la Iglesia que sueña (motivo razonable para que fuera acallada por el establecimiento eclesiástico). Romero, Angelelli y sus compañeros, y sin duda muchos más, son un rumbo, mojones, huellas a seguir para ser fieles a “la Iglesia que Jesús hoy quiere”.
  5. El reconocimiento público de los mártires no impedirá que muchos eclesiásticos intenten (con el caso de Oscar Romero fue evidente y lo hemos escrito en su momento hablando de Romero, de Brochero o de Pancho Soares) “domesticar” a los santos/beatos. Pero toca a la sangre derramada, al testimonio vivo y a las comunidades eclesiales no permitir que eso ocurra. O mejor, ¡ocurrirá!, pero toca no permitir que esas propuestas de mediocridad y sangre lavada sean presentadas como “así fue X”. El odio de los asesinos, y el amor militante de los asesinados no debería dejarnos descansar para así atrevernos a vivir, en los tiempos difíciles que transitamos, el Evangelio encarnado y ensangrentado de tantas y tantos que arriesgaron su vida para que seamos capaces de seguir sus huellas, como siguieron ellos/as las de Jesús.
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Habiendo terminado este escrito, Eduardo A. González me recordó un texto del cardenal Ratzinger. Obviamente se refiere - en consonancia con la referencia a Popielizsko de Juan Pablo II - especialmente a la dictadura nazi y la actitud del episcopado alemán. Pero no deja de tener validez hacer una relectura:

Volvamos de nuevo a la profecía de Simeón. En referencia a Cristo dijo que éste sería la señal que suscitaría oposición. Y recordemos la palabra del propio Jesús: «No he venido a traer la paz, sino la espada». Vemos aquí que la Iglesia tiene esa gran misión esencial de oponerse a las modas, al poder de lo fáctico, a la dictadura de las ideologías. Precisamente también en el siglo pasado tuvo que alzar su oposición a la vista de las grandes dictaduras. Y hoy sufrimos porque se opuso demasiado poco, porque no gritó su contradicitur al mundo con suficiente dramatismo y potencia. Gracias a Dios, cuando la autoridad se debilita por consideraciones diplomáticas, siempre están los mártires que protestan, por así decirlo, con su propia carne” (J. Ratzinger, Dios y el mundo, Conversaciones con Peter Seewald [2000] Barcelona 2002, pp.339-340)


Imagen de Enrique Angelelli, Wenceslao Pedernera, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longeville pintada por Carlos Julio Sánchez.


sábado, 9 de junio de 2018

Una fábula demasiado real


Una fábula demasiado real


Eduardo de la Serna



Todos conocemos la fábula de la rana y el escorpión. “Está en mi naturaleza” decía el arácnido hundiéndose en las aguas junto con el batracio. La “naturaleza” (quizás hoy diríamos “en mi ADN”) es algo tan fuerte que no puede modificarse, parece. Ni siquiera ante una situación límite, ni siquiera ante una decisión tomada. “No se puede”, parece ser la conclusión.

Dejo de lado que con el tema de la naturaleza y su inmovilidad se han cometido o dicho atrocidades. Sabemos – por ejemplo – que Juana de Arco fue quemada porque “la naturaleza” prohíbe a una mujer vestir como varón. Y, con ello, dejo de lado todo lo que parecía fijo y es relativo, lo que parecía inamovible y resulto mudable. Y lo sigue pareciendo. Y siendo.

Pero no me parece fácil evitar la conclusión que está en la naturaleza, en el ADN, del capitalismo ser genocida. Asesino de pobres, indiferente a los dolores del otro. El individualismo, que es la madre del capitalismo, el que lleva a buscar méritos para progresar ¡yo!, a ser emprendedores para avanzar en la escala ¡yo!... ese individualismo no puede registrar al otro.

Así como en el ADN de Jesús está la solidaridad, el otro, el amor y ante el fracaso y el rechazo “no puede” sino seguir haciendo lo mismo, porque “no puede negarse a sí mismo”, el capitalismo no puede registrar que el otro existe. Y puede dejar en la montaña a rescatistas, o en la basura a vecinos, o en la desocupación un pueblo entero, porque no puede ni notar ni anotar que el otro existe y es mi hermano. Y como sólo puede más de lo mismo, puede provocar más desocupación, más aumento de tarifas, más FMI… El capitalismo no puede ser humano, porque – simplemente – no sabe que la humanidad existe, si no es en función de mi mismo. Y no sabe que existen los derechos humanos, precisamente por lo mismo. Y entonces “no puede” sino picar y matar a los mismos que los votaron, apoyan (y hasta quizás apoyarán) porque no sabe sino matar. El pobre escorpión no pudo evitar picar a la rana, y ambos se ahogaron. El capitalismo neoliberal no puede sino picar a un pueblo entero. “Está en mi naturaleza” dice, mientras propone acuerdos con el FMI, propone fuerzas armadas (¿incluso extranjeras?) en las calles, propone represión violenta a periodistas signos de gargantas poderosas o de sangre independiente, propone esfuerzos o sangre-sudor y lágrimas de otros (que es el único momento en que los registra). La naturaleza inhumana y genocida del capitalismo es esta: esta que vemos en el día a día de nuestro cotidiano, es la naturaleza del "no se puede". Nos tocará a nosotros que no esté en la nuestra ser suicidas; y si el escorpión quiere cruzar a la otra orilla, ¡que viaje en Flybondi!


Imagen tomada de http://omnia.ddns.me:9100/reflexiones/pequenas-narraciones/la-rana-y-el-escorpion/

martes, 5 de junio de 2018

Comentario domingo 10B

Un nuevo modo de ser familia se gesta en torno al reino

Domingo X “durante el año” – ciclo B
Eduardo de la Serna



Lectura del libro del Génesis     3, 9-15
Resumen: el texto del varón y la mujer en el jardín, y la sentencia posterior que “marca” a toda la especie humana destaca la rivalidad perpetua entre la serpiente y la descendencia de la mujer. La relectura mariana del texto a partir de la traducción latina explica su introducción en la liturgia de hoy.

El texto del varón y la mujer en el jardín se presenta con un esquema judicial: hecho en el que se viola un mandato (3,1-7), interrogatorio (3,8-13) y sentencia (3,14-19). El mandato está presentado como tantos mandamientos: “no comerás” (2,17). La violación del mandato presenta los personajes: serpiente, mujer, varón y el interrogatorio se desarrolla de modo inverso: varón, mujer y alusión a la serpiente. La sentencia nuevamente invierte los personajes: serpiente, mujer, varón. Como es habitual en los interrogatorios, cada uno responsabiliza al siguiente: el varón a la mujer, la mujer a la serpiente. 

Después de cometido el delito el interrogatorio comienza cuando una serie de elementos se manifiestan “fuera de lugar”: el ser humano “tiene miedo” (y vergüenza), se descubre desnudo, Dios no lo encuentra porque se ha escondido. No interesa en el lenguaje de los mitos que Dios no debería ignorar dónde se encontraba en ser humano, importa que la causa resulta trasparente: ¿acaso has comido?

La sentencia, presenta los elementos negativos de la vida cotidiana vistos ahora como una suerte de pena por el mandato violado: la serpiente resulta peligrosa para la especie humana, el dolor del parto, el dominio del varón sobre la mujer, el trabajo arduo y muchas veces infructuoso del campesino… [Desde una mirada de género resulta evidente que el dominio del varón sobre la mujer es algo negativo y perverso que el autor ve en su tiempo presente y tiene claro que no es eso lo que forma parte del plan de Dios para los seres humanos]. El texto litúrgico consigna solamente la sentencia a la serpiente. Nuevamente hay que señalar que no tiene sentido preguntarse si “antes” las serpientes tenían patas y hablaban; nada de eso cuenta en el esquema de los mitos. Sí importa destacar la causa de algo negativo del presente, originada en la infidelidad del ser humano originario.

En el v.15 hay que notar que en el texto hebreo se destaca que “el linaje de la mujer”, es decir, la humanidad, estará en constante enemistad con las serpientes. Es evidente el peligro que este animal representa para el campesino y el conflicto entre ambos. Sin embargo, la traducción latina de la Vulgata no señala la enemistad entre “él” (= el linaje) sino “ella”, es decir, la mujer. La gran cantidad de imágenes marianas en la que se ve a María pisando la cabeza de una serpiente manifiestan claramente la eficacia de esta relectura.


2º carta de san Pablo a los cristianos de Corinto               4,13-5,1

Resumen: Pablo, como predicador en la comunidad no se fija en sí mismo sino en aquello que beneficia (edifica) la comunidad, la fe. Ese es el sentido de su apostolado.

La predicación es consecuencia de la fe, y la predicación conduce a la fe (Rom 10,16; 1 Cor 1,21; 15,11). El predicador es sólo un instrumento, un mediador, por eso el mismo predicador no tiene en cuenta su propia muerte sino la vida de sus destinatarios, por ustedes; y cuantos más sean agraciados con esto, más acción de gracias y gloria recibe Dios. Pablo no tiene en cuenta su propio desmoronamiento exterior, algo se va edificando interiormente, y esa identificación interior es un anticipo de la resurrección que ya empieza a actuar en el creyente. Encontramos el juego de opuestos y un típico “de menor a mayor” hebreo: pasajero-eterno, esta vez acompañado por visible-invisible.

El Espíritu, que es el que inspira las Escrituras es llamado espíritu de fe, y es el que mueve a Pablo a hablar, impulsado por la fe y buscando que los destinatarios lleguen a la fe. En la fe, y no en los fenómenos extraordinarios, está la garantía de la presencia del Espíritu. Es en el espíritu y en la fe donde radica la fortaleza del Apóstol, no en su propia capacidad. La cita no es literal de la Biblia hebrea, pero remite al texto griego del Sal 115,1 (“aleluya creí y por tanto hablé...”). Pablo la aplica a sí mismo, pasando al plural apostólico: “creemos y por tanto hablamos”, refiriendo a su predicación, que es tradicional en la Iglesia primitiva: Dios lo resucitó (Hch 3,15; 4,10; 5,30). Esto es algo que sabemos (palabra frecuente en Pablo, 19 veces, cf. 1,7; 5,1.6.11.16). Pero supone una actualización en la vida de los creyentes, esta palabra es de resurrección en la que Dios es sujeto no sólo de “levantar” a Jesús sino también a los suyos en unión plena con él. La unión es escatológica superando lo cronológico, y todo es en favor de la comunidad. Con (syn) es una preposición que supone comunión plena con el crucificado-resucitado a partir del Bautismo (Rom 6,8). La resurrección de Jesucristo no es un hecho aislado, es el comienzo de los tiempos escatológicos del cual participan todos los que están “en Cristo”, por eso es “primicia de los que durmieron” (1 Cor 15,20); y unidos a él re-nacerán los que le pertenecen (1 Cor 6,14; 15,12-23). Más que temporal, todo el marco es escatológico.

En 4,16 tenemos un dualismo escatológico muy acentuado: exterior-interior, momentáneo-eterno, visible-no visible, casa de tienda-edificio de Dios, fe-visión. Pero este tiempo escatológico ya ha comenzado: es el hombre interior. Las imágenes parecen griegas (cf. 4,7; 5,1.4) pero con presupuestos antropológicos diferentes: lo que se manifiesta es la muerte y resurrección de Cristo. El dualismo es escatológico, no antropológico.

Mientras en vv.7-12 en la vida se actúan los sufrimientos presentes, en 4,13-5,10 se anticipa la vida futura por el espíritu de fe y la gracia que Dios multiplica en la comunidad creyente. El desmoronamiento del hombre exterior parece comparable a los utensilios de barro y la carne mortal (4,7.11) por lo que la referencia es a la fragilidad, mientras que la renovación puede hacer referencia a la metamorfosis (3,18). Pero debemos relacionarlo con los sufrimientos apostólicos, que son momentáneos (v.17). Probablemente por eso utiliza la imagen de casa de tienda que se demuele (kataluô; las tres veces que Pablo usa este término demoler, siempre se contrapone a edificio/edificar, oikodemê/oikodemeô), el cuerpo que se deshabita. Por el contrario, la renovación del nosotros interior se relaciona con el edificio de Dios, una morada no hecha por mano, revestidos de los cielos. Ciertamente Pablo está contraponiendo la acción de los hombres que se enfrentan al apóstol (liviandad) y sus efectos en su persona, con el peso de la acción e iniciativa de Dios y el obrar de la gracia cada vez más excelente. Pablo no presta atención a las tribulaciones (thlipsis), que son visibles y pasajeras, sino a la obra de Dios, por eso no se detiene en ellas, sino que mira lo no visible.

Para hablar de este hombre interior, Pablo recurre ahora a dos metáforas: la habitación y el vestido; ambas le servirán para remarcar la fragilidad y transitoriedad. La morada (5,1.2.4.6.8.9) puede ser terrestre, mortal, casa de tienda, (“casa que es tienda”), que se demuele (ciertamente Pablo está pensando en la muerte; la imagen puede estar tomada de Is 38,12 donde también se usa katalúôn skênên), que nos hace deshabitar del Señor, o una morada eterna, en los cielos, edificio de Dios. En este caso pasa a hablar de la resurrección. Pablo se refiere al cuerpo, pero hay un cuerpo para la muerte, y uno para la resurrección, cuerpo al que podemos “deshabitar” dedicados en agradar al Señor con lo que se revela nuestra vida.


+ Evangelio según san Marcos                        3,20-35

Resumen: un contraste entre quienes quieren escuchar a Jesús y quienes quieren impedir que predique se señala como quienes están dentro o quienes permanecen fuera de un encuentro de verdadera familia.

El Evangelio de Marcos tiene dos grandes partes, cada una de las cuales tiene tres subunidades. El texto de hoy es el comienzo de la segunda subunidad de la primera parte de la obra. Luego de una presentación general del ministerio de Jesús (3,7-12) hace referencia a los discípulos (3,13-19) para luego, en el cuerpo señalar la centralidad del discipulado visto como nueva “familia de Jesús”. Los términos “casa” y la referencia a la parentela de Jesús enmarcan la unidad (3,20-6,5).

Marcos recurre, en el comienzo (que es el texto litúrgico del día), a su clásico estilo en “sándwich” (A B A’) y es interesante prestar atención al motivo de la incorporación de “B” para comprender mejor el texto. La estructura es como sigue:

           A.   Los familiares van a buscar a Jesús para “encargarse” de él (3,20-21)
           B.   Los escribas afirman que Jesús actúa poseído por Belcebú (3,22-30)
A’. Los familiares llegan a buscar a Jesús (3,31-35)

A.- No parece haber conexión entre los primeros dos versículos: “una multitud se reúne hasta el punto que ni puede comer pan” y “lo escucharon los “cercanos” (familiares) y deciden tomarlo. ¿Por qué? ¿Qué relación hay entre la multitud que lo rodea y los familiares que “por eso” deciden “llevarlo”? El motivo es que “decían está fuera de sí (= desquiciado). ¿Tiene relación la locura atribuida a Jesús con las multitudes que lo siguen? Pero los suyos, su madre y sus hermanos, llegan narrativamente después de un texto que alude a lo que afirman “los escribas” (unidad B). 

B.- El texto comienza y termina con una misma idea que Jesús “esta poseído” (vv.22 y 30, literalmente “lleva”, “tiene en sí”, éjô). A quien Jesús tiene es a Beelzeboul, “el príncipe de los demonios”.

Una breve nota sobre el diablo y los demonios: se ha dicho, y parece cierto, que “el diablo” y los “demonios” no son idénticos. De hecho, jamás se afirma que Jesús expulsa al o a diablo/s. Eso se afirma de “los demonios”. Más precisamente, diablo (o sinónimos) jamás se dice en plural: no hay “diablos”, mientras que no existe “el demonio” ya que estos son “un ejército” o un colectivo. Sí se habla de que un (o varios) demonios “entran” (poseen) a una persona. El diablo (o sinónimos) es presentado como el “jefe” de los demonios. En la literatura apocalíptica, que es cuando se multiplican sus nombres, el diablo es presentado también como Satanás, Belial, o también Beelzeboul (cf. 2 Re 1,2.6). “Satan” es “el adversario” (cf. 1 Re 11,14), y habitualmente el “adversario de Dios”; también el “acusador” o el fiscal” (cf. Job 1-2). En Ap 12,7 se contrasta a Miguel y sus ángeles y al Dragón y sus ángeles. Se supone, entonces, en el texto, que el “jefe” de los demonios puede ordenarles que entren o salgan de una persona. El objetivo ciertamente es perjudicarles.

Jesús les pregunta a los escribes cómo ese so posible; no tiene lógica estratégica. Para ejemplificar esto recurrirá a una parábola. Tres veces recurre a la misma idea para – como es evidente – en la tercera “hincar el diente” en el tema:
  • Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. (v.24)
  • Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. (v.25)
  • Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. (v.26)

Como se ve, Jesús no solamente identifica a Satanás con Beelzeboul sino que además la división “contra sí mismo” la explicita como “alzado contra sí mismo”, y la incapacidad de “subsistir”, mantenerse (en pie), indica que “ha llegado a su fin”. Las imágenes de un reino o una casa son ilustrativas para la tercera: Satanás, que es el tema en cuestión, aunque el reino, ciertamente indica el conflicto con otro reino, el de Dios..

Pero Jesús “contra ataca” y destaca que para apropiarse de los bienes de una persona “fuerte” es necesario antes inmovilizarlo a fin de lograr el objetivo. ¿De quién se trata? ¿A quién identifica Jesús como “el fuerte”? En Marcos (y los otros Sinópticos) quién es calificado de “más fuerte” es, precisamente, Jesús. Lo que él parece estar indicando, entonces, es que, con su actitud perversa, los escribas pretenden “atar las manos” a Jesús e impedirle obrar. Los “bienes” de Jesús parece tratarse del “reinado de Dios” que se manifiesta expresamente en la expulsión de demonios.

Una breve nota teológica sobre la expulsión de demonios: con mucha frecuencia en los evangelios Sinópticos (jamás en Juan) Jesús expulsa demonios. Sería preciso decir que no se trata de “exorcismos” ya que esto supone un ritual. Flavio Josefo destaca como “gran exorcista” a Salomón, para lo que recurre a amuletos, por ejemplo. De hecho, el término “exorcista” sólo se encuentra en Hch 19,13 en toda la Biblia y se trata de unos “judíos” pero no pueden lograr su objetivo. Jesús, en cambio, expulsa “con una palabra”, sin rituales. No es la intercesión de Jesús, sino su palabra autorizada la que logra el efecto. Por otra parte – especialmente en Marcos – la expulsión de demonios es un gran signo del obrar de Jesús (y de los suyos) como manifestación del reinado de Dios. El diablo y sus ángeles buscan aniquilar a la persona, mientras que Dios quiere su bien pleno; la “posesión” representa una expresión clara del “anti-reino” mientras que la expulsión y la restauración de la persona permite que Dios reine.

Precisamente por esto, por la pretensión de atar las manos de Jesús es que se impide obrar al Espíritu Santo (ese que “el más fuerte” comunica en su bautismo, 1,8), y eso es imperdonable.

Breve nota sobre los escribas en Marcos: de un modo simplista se puede decir que los colectivos negativos en Mateo son los fariseos, en Lucas son los ricos y en Marcos son los escribas. Ya se señaló que Jesús tiene “autoridad”, “no como los escribas” (precisamente en el primer gran gesto de Jesús, la expulsión de un demonio en la Sinagoga, 1,22); los responsables de la muerte de Jesús serán los “sacerdotes” y los escribas (8,31; 10,33; 11,18…). Lo que los caracteriza es la ostentación y aprovecharse de los débiles (12,38-39).

Esto nos permite entender la relación planteada al comienzo: las multitudes que rodean a Jesús y la intensión de sacarlo del medio. La frase “está fuera de sí”, entonces, parece dicha por los escribas, no por los familiares de Jesús. Éstos, sí, deciden “hacerse cargo” porque la estigmatización de Jesús se transmite a toda la familia y eso mancha el honor familiar.

A’.- Los familiares llegan a donde Jesús estaba rodeado por la “multitud”. Marcos destaca que “se quedan fuera” (v.31), cosa que le repiten los informantes (“están fuera”, v.32). El contraste, ahora, viene dado entre quienes están “fuera” y los que están “dentro” (“los que estaban sentados rodeándolo”, v.34). A la pregunta de Jesús “¿quién es…?, él mismo responde: “¡estos!” La novedad de la nueva familia que Jesús propone (o la nueva “casa” que propone integrar) viene dada por la respuesta positiva a la voluntad de Dios (= reinado de Dios).

Una serie de temas quedan pendientes y sólo podemos muy escuetamente señalarlos:

  1. La madre de Jesús. La respuesta de Jesús no parece dejar bien parada a su Madre. Hay que señalar que en Marcos (ni en Mateo; en cambio en Lucas empieza a notarse un pequeño cambio) no hay una “mariología”. La intención no es ni criticar, ni destacar a la madre, sino contrastar dos colectivos humanos.
  2. La familia. No es exacto afirmar que Jesús defiende “la familia”. El centro de la predicación de Jesús es “el reinado de Dios” y este es puesto por encima de todo, incluso de la familia. Si ésta permite que Dios haga su voluntad (= reine) pues será parte del “adentro” de Jesús; caso contrario, quedarán afuera.
  3. La casa. Se ha señalado que en Marcos se propone una “nueva casa”, o una “nueva familia” en la que hay “un padre”, Dios y una multitud de hermanos y hermanas. Es el sentido del discipulado como Marcos lo entiende. En el adentro de esta casa Jesús habla con más claridad puesto que se trata de aquellos dispuestos a “cumplir la voluntad de Dios”. Es muy frecuente, en Marcos, que cuando Jesús queda con los suyos (“adentro”) les explica con más claridad todo: “a ustedes se les ha dado el misterio del reino de Dios, pero a los que están fuera, todo se les presenta en parábolas” (4,11).


El “sándwich” está concluido: en torno a Jesús hay unos que están dentro, lo rodean, lo escuchan y se manifiestan abiertos a escuchar y cumplir la voluntad de Dios. Otros quedan fuera, y no son presentados como discípulos del reinado de Dios, por el contrario, en la práctica buscan sacar a Jesús del medio, “atarle las manos” impidiendo así obrar al Espíritu Santo, impidiendo a Dios reinar. Jesús comienza, en esta segunda sub-unidad del Evangelio, la travesía de la predicación de ese reinado que Jesús predica.



Foto tomada de http://leonocio.es/event/feria-de-la-patata-en-chozas-de-abajo/

viernes, 1 de junio de 2018

Cuando el blanco es rojo sangre


Cuando el blanco es rojo sangre

Una reflexión sobre las elecciones presidenciales en Colombia


Eduardo de la Serna



En el 2015, por primera vez en nuestra historia, la Argentina llegó a la segunda vuelta electoral para la elección de presidente de la república. En las anteriores ocasiones siempre un candidato o candidata había obtenido la mayoría necesaria para llegar al poder. Los candidatos eran dos: Mauricio Macri, el actual presidente, y Daniel Scioli, candidato por el entonces oficialismo. Curiosamente, algunos sectores aparentemente progresistas, como, por ejemplo, algún sector de la izquierda afirmaba que ambos “eran lo mismo” y propiciaron el voto en blanco. Sabemos bien que Scioli de ninguna manera hubiera hecho un gobierno “nacional y popular”, pero también sabemos que no hubiera hecho muchísimas de las perversas cosas que ha hecho este gobierno. Claramente no eran ni son lo mismo.

Hoy, mi querida Colombia, se enfrenta a una situación semejante: Iván Duque y Gustavo Petro deben ser elegidos en pocas semanas más en la segunda vuelta electoral. Y, curiosamente, el fantasma del “voto en blanco” revolotea las posibilidades, especialmente por lo dicho por algunos de los candidatos perdidosos. Es evidente que ninguno de estos dos es igual a los derrotados, ya que si así fuera estarían en la misma lista. A veces, en estos casos, se trata de “más o menos”, o de “potable”, o hasta de “menos malo”. Y de política se trata. “Que fulano no es todo lo que yo sueño” es evidente. Siempre es así. En todos los casos es así. Hasta en la santidad es así, o en la Iglesia.

Colombia está en un momento bisagra de su historia. Se ha firmado un acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC y se avanza en uno similar con el ELN. Acuerdos que tienen decenas de dificultades, trampas, retrasos, engaños, límites, avances. Cuando le preguntamos a un guía turístico en el parque Arqueológico de San Agustín si los acuerdos habían beneficiado o no al turismo en la zona, respondió “¡como del día a la noche!” La paz parece la base fundamental sobre la que construir y vivir la nueva Patria, esa patria de hermanos y hermanas que soñamos. Es verdad que unos y otros tienen recuerdos desde el dolor por lo pasado, y no parece sensato pedirle a una víctima, sea de las minas anti-personas de las FARC o de los “falsos positivos” de Soacha, que no “sienta”, que no le duela. Pero sin duda todo acuerdo supone renuncias; de negociaciones se trata. Pero Colombia está en la disyuntiva de apostar por la paz, una paz difícil, ardua, pero duradera, constructiva, que nos permita caminar y mirar a los ojos de los otros y las otras sin miedo, o volver al odio, la venganza y la destrucción mutua. Esa es precisamente la disyuntiva que yo veo hoy para Colombia: un candidato que ha conocido el conflicto, que ha dialogado, y ha apostado por la paz sin ninguna duda (Petro) y otro que es cercano al mundo financiero (habitualmente “padre” de la violencia, del hambre y la injusticia) y cercano al paramilitarismo uribista, al odio y la venganza. Escuchar los discursos de ambos me preocupa, me angustia el sólo pensar que la mediocridad o la vanagloria inviten al voto en blanco en tiempos en que Colombia no puede darse el lujo de retroceder al pasado reciente. Es posible que Fajardo, Mockus, y otros inviten al voto en blanco. Quizás su ego sea demasiado grande, y “fuera de mí, el caos”; pero es de esperar que los votantes de todos estos, o de los que no votaron, o los que dudan, hagan una apuesta firme y clara por la paz. Colombia, y los que la amamos lo merecen.


Foto tomada de http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/cristo-mutilado-de-bojaya-dio-esperanzas-de-paz-al-pueblo-colombiano-154128