jueves, 18 de agosto de 2022

El Dios de Jesús ¿es padre?

El Dios de Jesús ¿es padre?

Eduardo de la Serna



La pregunta del encabezado es, evidentemente, muy fácil de responder. Sin dudas que Jesús se relacionó con Dios como con un padre y nos enseñó a hacerlo también nosotros; la respuesta es ¡sí! Pero eso no impide notar algunos matices que enriquecen la imagen paterna de Dios.

Y al decir “imagen paterna” lo hago adrede, porque deberemos – en otro lugar – mencionar la “maternidad” de Dios. Tema que también se ha señalado y también merece ser comentado. En esta ocasión nos referiremos a la paternidad.

No sería lógico ignorar que, si Jesús habla de Dios como de un padre, lo hará teniendo en cuenta cómo se entiende la relación paterno-filial en su tiempo. Algo muy diferente a como se entiende en el nuestro. Un padre, para ser bueno, debe “someter” a sus hijos, y debe ser firme y rígido en su educación. No estaría bien visto que un padre no castigara duramente a su hijo para educarlo (y esto vale tanto para el ambiente judío como también para el ambiente greco-romano; ver 2 Sam 7,14; Pr 3,12; Sir 30,1). Está previsto que, si un hijo no obedece a sus padres, estos lo acusen en público: es libertino y borracho” y que sea apedreado (Dt 21,18-21); el mandamiento de “honrarlos” lo que pretende es que sea reconocida su “grandeza” (tanto en hebreo como en griego la raíz de ambas palabras es semejante). En principio, entonces, sería de esperar esta mentalidad de parte de Jesús al hablar de Dios como padre, pero llama la atención que, por ejemplo, si buscamos el verbo “obedecer” en los Evangelios, nunca se dice en relación a Dios; tampoco “honrarlo” (salvo en citas del Antiguo Testamente y Jn 5,23 donde dice que no “honra” al Padre quien no “honra” al Hijo). Por el contrario, Jesús es obedecido por “el viento y el mar”, por “los demonios” … Podríamos sintetizar diciendo que de Dios no se pretende que sea obedecido, sino que sea amado (aunque hay que señalar, además, que el tema no es abundante en el Nuevo Testamento). Pero demos todavía algunos pasos más.

Podemos mirar que (siempre deteniéndonos en los Evangelios), si bien Jesús destaca constantemente que Dios viene a reinar (“reino de Dios”) cuando se habla de rey o reyes puede referirse a los reyes de los pueblos (por ejemplo, el rey Herodes) o el título que se le da a Jesús en la pasión (“el rey de los judíos”), pero por su parte, Jesús sólo lo aplica a Dios en unas pocas parábolas, no en dichos o enseñanzas (un rey que celebra las bodas de su hijo, o que separa ovejas de cabritos). Es sabido que cuando Jesús habla de o a Dios siempre utiliza “padre” (la única excepción es la cita del Salmo 22 en la cruz: “Dios mío, Dios mío…”). Pero, y aquí algo notable: también solo en dos parábolas utiliza la imagen de un padre para referir a Dios (Mt 21,28; Lc 15,11) y, lo curioso, en ambas, es que este es desobedecido por uno de ellos. Y, a pesar de todo, el padre sigue manifestando su amor por el hijo; no lo expulsa de la casa. No hay castigo, no hay denuncias… hay otro modo de relación. El Dios que Jesús revela como padre no se parece a los padres de su tiempo (como tampoco el Dios al que refiere como rey se parece a los reyes de entonces). La imagen es, podemos decirlo, entonces, “contra-cultural”.

Pero, demos todavía, un paso más. Como es sabido, desde un tiempo antes de Jesús, la actitud propia de las personas religiosas era "poner" a Dios lo más lejos posible. No se lo podía ni siquiera nombrar, como hemos dicho en más de una ocasión. Poner distancia con Dios era la mejor garantía de “no tomar el santo nombre de Dios en vano”. Hemos señalado que no podemos saber cómo era la oración de Jesús, pero que ciertamente había entre él y su Padre un espacio de comunión, de encuentro y de amor. Esto lleva a Jesús a hablar de Dios como padre y de enseñarnos a relacionarnos con él de ese modo. Destaquemos que no es algo inaudito: en el Antiguo Testamente en algunas ocasiones, Dios es presentado como padre, pero – como decimos – no era lo habitual en tiempos de Jesús. Además, una cosa es hablar de Dios y decir que es (como) un “padre mío / nuestro” y otra es relacionarse con él con esa categoría de "padre". Una cosa es decir “Dios es como un padre para su pueblo” y otra dirigirnos a él llamándolo “padre nuestro”. No nos consta ningún escrito judío en el que alguien o muchos en su oración lo hagan. Además, por lo que sabemos, Jesús – que hablaba arameo; tal era su lengua materna – lo hacía con el término abbá. No hay unanimidad entre los estudiosos si se trataba de un modo infantil de dirigirse a sus papás, como se afirmó en otra ocasión, pero lo cierto es que se trata de un modo claramente familiar. No se trata de un padre distante, sino de un papá cercano. De hecho, en las primeras comunidades urbanas, en las que no se hablaba el arameo, sino el griego, de todos modos, se siguió utilizando el término “abbá”, tanto como un modo familiar de dirigirse a Él como también de identificación del grupo. Los cristianos y cristianas son un grupo que se ven a sí mismos como hermanos y hermanas y que se relacionan con Dios como un papá que les da identidad, que les regala siempre el perdón y la ternura, un papá al que estamos invitados a amar y – por eso – comprometidos entre nosotros a repetir y regalar y sembrar y distribuir ese amor como presencia de Dios y su familia.

 

Foto tomada de https://tonyandrosse.com/2013/09/09/calling-god-abba-father-llamando-a-dios-abba-padre/

martes, 16 de agosto de 2022

Comentario a las lecturas bíblicas, domingo 21º C

 Jesús nos invita a un banquete si somos hacedores de justicia

Domingo 21º durante el año – “C”


Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     66, 18-21


Resumen: a pesar de haber sido con frecuencia interpretado como un texto misionero, Isaías parece estar hablando del compromiso de Dios con el rescate de Israel. Rescatará a los que han escapado a las naciones y los hará volver a Jerusalén (los mismos opresores los llevarán cómodamente) donde serán parte de los hijos de Israel, y darán culto enfrentando al poder sacerdotal centralizado.


La liturgia nos propone hoy la última unidad de todo el libro de Isaías. Una unidad (66,18-24) con dos partes entrelazadas, una en prosa (vv.18-21) y otra en verso (vv.22-24) que presenta innumerables problemas para su traducción e interpretación.

Por ejemplo: las naciones (= pueblos o territorios  paganos) que se reunirán: ¿serán un castigo divino a Israel (es decir, lo dominarán [oráculo de castigo]; cf. Sof 3,8; Jer 1,15; Am 3,9)? ¿Serán castigadas por Israel (que se salvará [oráculo de salvación]; cf. Ez 38-39; Jl 4,1-3.8-14; Zac 12,2-9; 14,2-3.12-14)? ¿Debe entenderse de modo “misionero” (= se convertirán)? ¿Se refiere a los judíos que habitan en medio de los pueblos (la diáspora)?  Algunos términos invitan a esta última lectura: el término “reunir” (cf. Is 56,8; Sal 106,47), la “gloria” (Ex 7,5 y 14,4.8; Ezequiel), los “hermanos”. 

No se dice en qué consiste la “señal” que Yahvé pondrá, pero parece ser la bandera con la que reunirá la diáspora (11,10-12; 49,22). Los “escapados a las naciones” parece referir a judíos en la diáspora. La idea parece ser que Yahvé “manda llamar” (no literalmente “envía”; envía por alguien) ya que no “envía” sino que llama hacia Jerusalén a aquellos que se habían “escapado” (cf. Is 45,20a). En ese caso, se trata del “rescate” de Israel entre las naciones (algo habitual en todo el libro de Isaías: 2,2-4; 11,10-16; 25,6-10a; 43,5b; 45,20; 49,12.22; 60,4).

A modo de paréntesis, el texto menciona algunas de las naciones donde habían escapado para refugiarse algunos judíos (cf. Ez 27,10.12.13; Is 41,1.5; 42,4; 51,5). Se trata de diferentes regiones del Mediterráneo (parece abarcar desde España a Turquía, de Grecia a África) con lo que se quiere mostrar la capacidad de “reunir” que tiene Yahvé a su pueblo que había “escapado” a pueblos e islas remotas que “no oyeron noticias de mí, ni vieron mi gloria”. Israel –incluso los de la diáspora- tiene “memoria”. 

Los pueblos que antes los oprimían ahora –cambiando su situación, como 43,5; 60,10.14; 61,5- serán los que transporten a los judíos hacia Jerusalén. El que habla (Yahvé) se dirige a unos personajes concretos (los judíos de Jerusalén) comunicándoles que los escapados (los hermanos de ustedes) se reunirán, y serán transportados por los mismos que los oprimían. Y serán trasladados por diferentes y cómodos medios de transporte. Curiosamente, especialmente por tratarse de lugares mediterráneos, que los medios de transporte no sean marítimos (ver 60,9), lo que quizás sea indicio de que el paréntesis de regiones sea de diferente origen en el relato. 

Estos judíos de la diáspora, como una peregrinación, serán ellos mismos quienes se presenten como “ofrenda” (no que los no-judíos, transportadores, sean los que presenten la ofrenda). 

Es posible que en 20b comience a hablar el profeta (v.20a finaliza con “dice Yahvé”, lo cual puede ser indicio de fin del oráculo). En este caso, con elementos comunes con la primera parte del versículo (“traer”, “ofrenda”) destaca ahora no sólo que se dirigirán a Jerusalén, sino también que tendrán una responsabilidad cultual de presentar las ofrendas.

Una nota sobre los levitas: los descendientes de Levi ocupan un rol sacerdotal desde los orígenes de Israel. Parece que eran –todo a lo largo del territorio- los responsables de los diversos santuarios. Sin embargo, el rey Josías unificó todo el culto centralizándolo en el templo de Jerusalén con lo cual los levitas quedaron como “desocupados” (por culpa de Dios). Desde entonces, los levitas son incorporados al viejo trío “el pobre [o el migrante], el huérfano y la viuda” (Dt 24,17.19.20.21; 26,12; 27,19; Jb 24,3; Sal 146,9; Is 1,17.23; Jer 7,6; 22,3; Ez 22,7; Sir 35,14) como un cuarteto del que todo judío se debe preocupar (Dt 14,29; 26,12.13). Sin embargo, si algunos fueron incorporados en el servicio del Templo (en general como “sacerdotes de segunda categoría”; cf. Dt 18,1-8) luego fueron despreciados, como  descarriados (Ez 44,10). En el texto de Is 66 este rechazo es criticado y se convierte en un texto de resistencia ante el poder de los sacerdotes del Templo de Jerusalén.

Es posible, entonces, que entre los escapados a las naciones también haya levitas que ahora son incorporados al servicio del Templo como era el viejo deseo de Deuteronomio, luego conculcado.  Pensar que el autor está diciendo que entre los extranjeros habrá levitas (de la tribu de Leví, hijo de Israel / Jacob) resultaría extraño e imposible. La referencia a que los “hijos de Israel” traen ofrenda en “vasijas puras” en la “Casa de Yahvé” parece estar confrontando con los que rechazan a los levitas. Si la presentan es que sigue siendo “pura” (y por tanto no la vuelven impura los despreciados levitas). 

La buena noticia de que los viejos escapados podrán volver a Jerusalén y serán plenamente reintegrados al pueblo y al culto marca y resalta la conclusión de todo el libro de Isaías.


Lectura de la carta a los Hebreos     12, 5-7. 11-13

Resumen: siguiendo el ejemplo deportivo de la semana pasada, ahora destaca que –como buen Padre- Dios nos entrena con esfuerzo y sufrimiento para alcanzar los frutos de justicia y de paz en la vida común. El sufrimiento que la comunidad padece en medio de su ambiente es visto como entrenamiento de Dios que pedagógicamente nos prepara para seguir las huellas de su hijo.


El texto litúrgico es continuación del de la semana pasada. Finaliza en v.13 por la inclusión de la idea de la carrera que comenzaba en v.1. Pero si en vv.1.3 el tema central era la fe, de v.5 en adelante, el tema son las pruebas y sufrimiento que padecen los cristianos, entendidos como pedagogía de Dios; como se dijo la semana pasada, no entiende el sufrimiento como castigo por un pecado (ver 2 Mac 5,17; 7,38; 10,4). Los cristianos –como hijos- sufren pedagógicamente para su corrección (vv.7-8). Todo comenzaba con una lectura ilustrativa de Proverbios 3,11-12, y concluye con una cita de Isaías completada con una nueva referencia a Proverbios (que –además- prepara la siguiente unidad, conclusiva). 

Cristo mismo por el sufrimiento “aprendió” lo que significa obedecer (Heb 5,8), esta dimensión pedagógica tiene que ver con la filiación (tanto en 5,8 como12,7 la referencia es al padre que corrige “y azota” a sus hijos). 

Los vv.8-10 (omitidos en la liturgia) aluden a la no corrección de los hijos “bastardos” que no tiene interés en disciplinar. Si los padres disciplinan a los hijos, cuánto más deberíamos dejarnos disciplinar por Dios (vv.9-10). 

Esta disciplina es parte del entrenamiento (gegymnasmenois) que permite alcanzar frutos de paz y de justicia. Esto parece referir a las relaciones pacíficas en el seno de la comunidad y a la relación armoniosa con Dios, los hermanos y los bienes compartidos con los pobres (Am 6,12; Pr 11,30). La paz y la justicia –además- tienen connotaciones mesiánicas (cf. Is9,6-7; 32,17; Sal 72,7; 85,10;  ver Rom 14,17; Sgo 3,18; 2 Pe 3,13): Jesús, Hijo de Dios, es rey de justicia y rey de paz (7,2), y así deben vivir los hijos de Dios entrenados por su Padre en medio de un mundo que les es hostil. Esos son los frutos, el testimonio que da la comunidad mesiánica.

Esta serie de citas bíblicas y el modo en que las mismas son usadas y entrelazadas nos permiten ver el sentido que el autor de Hebreos da a las mismas

            Antiguo Testamento
            Hebreos 12
No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión, porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido. (Pr 3,11-12)
… como a hijos se les dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él. Pues a quien ama el Señor, le corrige; y azota a todos los hijos que acoge.
Fortalezcan las manos débiles, afiancen las rodillas vacilantes. (Is 35,3)
Por tanto, levanten las manos caídas y las rodillas entumecidas
Tantea bien el sendero de tus pies y sean firmes todos tus caminos. (Pr 4,26)
y enderecen para sus pies los caminos tortuosos, para que el cojo no se descoyunte, sino que más bien se cure.

El texto de Isaías le permite tomar la imagen atlética del v.1. Isaías lo decía a los judíos que debían tener fortaleza que Dios les daba para dirigirse a Jerusalén; ahora los cristianos deben poner los ojos en Jesús, sentado a la derecha de Dios (v.2). Así, entrenados por Dios, se pondrán “en estado” para ganar la carrera de la fe, que Jesús ya logró consumándola.




+ Evangelio según san Lucas     13, 22-30

Resumen: dos momentos –relacionados entre sí con una puerta (estrecha primero, cerrada después)- ponen a los seguidores de Jesús ante el compromiso por la justicia. Todos –judíos y no judíos- están comprometidos con el reino del que están invitados a participar, como un banquete, en la medida en que no solamente escuchen la palabra de Jesús sino que también la pongan en práctica.



Con una de sus frecuentes referencias al largo viaje hacia Jerusalén, que le es propia (9,51; 10,38), Lucas comienza una nueva unidad; el profeta sigue el camino hacia su éxodo. En v.31 hay unos nuevos personajes –los fariseos- que dan comienzo a la siguiente perícopa, con lo que el texto está conformado por los vv. 22-30. El v.30 –por otra parte- es un clásico texto de refrán conclusivo (Mt 19,30; 20,16; Mc 10,31).

El texto que conforma –como decimos- una unidad en Lucas, tiene paralelos en diferentes partes de Mateo. La conformación un tanto desarticulada de Lucas invita a pensar que Mateo ha respetado mejor a su fuente en esta parte; Lucas la ha elaborado e incluso añadido algunos dichos de su fuente propia.

En medio de la multitud se escucha la voz de alguien; esto ha sido común en esta unidad para destacar la palabra profética de Jesús (9,57; 10,25; 11,15.27.45; 12,13.41; 13,1).

Sin embargo, el tema que se le pregunta no es ajeno a lo anterior, y la pregunta que “uno” le formula, dice relación a lo que venía destacando acerca de la vigilancia, la venida del reino… sin embargo, la pregunta es genérica (y probablemente también sea una pregunta “de escuela”):


La literatura apocalíptica, más negativa y pesimista afirmaba:

Entonces me respondió y dijo: «El Altísimo hizo este mundo para muchos; el mundo futuro, en cambio, para pocos. Diré ante ti, Esdras, una comparación. De la misma forma que si interrogas a la tierra, ella te dirá que da mucha más tierra para que se haga la arcilla pero poco polvo del cual se extrae el oro; así es el curso del mundo presente. Son muchos los que fueron creados, pero pocos los que serán salvados»”. (4 Esd 8:1-3)

En cambio el rabinismo decía que “todo Israel participará del mundo futuro” (Tosefta Sanhedrin 10,1).

Pero Jesús –como había ocurrido con aquel que le preguntó “¿y quién es mi prójimo?” (10,29)- se niega a un planteo hipotético y elige implicar al que pregunta en un compromiso personal. 

El verbo “luchar” (agônizomai) sugiere conflicto entre los muchos y los pocos. Lucas ha modificado la “entrada” de Q (cf. Mt 7,13-14); quizás esté aludiendo a la pequeña puerta que se cierra al llegar la noche en el pequeño pueblo, con lo que sería una alusión alegórica a la  noche en sentido del “crepúsculo de los tiempos”, la toma de decisión es inminente.

En v.25, la puerta que estaba abierta, se cierra (el paralelo de Mt 25,10-12 resulta más probablemente histórico en boca de Jesús). El verbo “levantarse” (egerthê) puede entenderse de dos maneras: “ponerse de pie” (5,23.24; 6,8; 11,8), o “resucitar” (7,14.22; 9,7; 20,37; 24,6.34). si bien el marco nos invita a entenderlo en el primer sentido, el contexto escatológico quizás permita también la segunda posibilidad de lectura. 

Lucas añade al dicho de los que quedaron fuera “hemos comido y bebido”. Este tema es muy frecuente en Lucas y merece una breve nota. Jesús viene a “comer y beber con pecadores” (7,34), y es criticado frecuentemente por ello por quienes se tienen por justos (15,2; 19,7). Pero esas comidas no han de entenderse en el sentido de que “todo es igual”. Son llamados a la “conversión” (5,32); a esos mismos pecadores, se les da una y otra vez la oportunidad de un cambio de mentalidad; no es innecesario tener presente que, en contexto de comida con pecadores, Jesús repite la idea de la conversión (5,32; 15,7.10). Es a esa lucha a la que se invita a todos (también a quienes se creen justos). El Evangelio de hoy presenta –precisamente- esta última oportunidad, el momento en que la puerta del banquete se cierre. Lo mismo ha de decirse con la enseñanza de Jesús (a la que alude el primer versículo del relato de hoy, v.22). Jesús quiere enseñar a todos en su largo camino, pero eso no implica que todos hayan recibido ese mensaje (8,5-8.11-15).

Algunos rabinos usaban la fórmula “no te conozco” como fórmula de excomunión. El contexto escatológico da otro sentido diferente a 11,9-10 al golpe de la puerta, aquí ya “no se le abrirá”. 

El texto con el que continúa la frase del dueño de casa está tomada del Salmo 6. Es interesante notar ciertos matices:

Sal 6,9 (hebreo)
Sal 6,9 (griego)
Mateo 7,23
Lucas 13,27
Aléjense de mi todos los que hacen el mal
¡Retírense (apóstête) de mí, todos los hacedores (ergazómenoi) de iniquidad (anomían)
apártense (apojôreô) de mí, los hacedores (ergazómenoi) de iniquidad! (anomían)
¡Retírense (apóstête) de mí, todos los que hacen (ergátai) injusticia! (adikías)

Como se ve, Mateo es más parecido al texto griego en la segunda parte (hacedores e iniquidad) y Lucas en la primera (retírense, todos). Lo que cuenta es la realización de la justicia de la que se han alejado los que quedan fuera del banquete; para lograr esto es que les había indicado que “luchen”.

El conjunto “llanto y rechinar de dientes” se encuentra al comienzo de la oración, con lo que la resalta. La frase es común en Mateo (8,12; 13,42.50; 22,13; 24,51; 25,30; en Mc 9,18 una idea semejante alude a un endemoniado) pero sólo se encuentra aquí en Lucas, lo cual es indicio de que la ha recibido de Q. a la mesa con los patriarcas, Lucas (cf. 6,25) añade a los profetas, lo que es un tema importante en su obra y ya no alude solamente a los “comienzos” sino a la “historia” de la salvación. La peregrinación a Jerusalén es tema habitual en los profetas (Is 11,11-16; 60,1-22; cf. 49,12; Mi 4,1) y es algo que empieza a cumplirse en pentecostés (Hch 2,5-13). Para reforzar su universalismo, Lucas añade “del norte y el sur”.

Y empezará el “banquete del reino”. El verbo anaklinô se usa de acostarse (Lc 2,7), y puede indicar “reclinarse”, lo que es propio de los banquetes (12,37; Mt 8,11; 14,19). Se trata del banquete del reino que había sido frecuentemente anunciado (cf. Is 25,6-8). El alimento a la multitud lo anticipa (9,12-17), lo ilustra en parábolas (14,15-24) y vive sacramentalmente (22,14-30), continúa en las comidas con el resucitado (24,28-35.36-43; Hch 10,41). 

Con clara connotación sectaria y escatológica, la comunidad de Qumrán espera algo semejante (aunque para pocos, ciertamente):

“Ésta es la asamblea de los hombres famosos, los convocados a la reunión del consejo de la comunidad, cuando engendre Dios al mesías en ellos… entrará el mesías de Israel y se sentarán ante él los jefes… el sacerdote bendecirá la primicia del pan y el vino… y después el mesías extenderá su mano hacia el pan…” (Regla de la Comunidad, 1QSa 2,11-21).

Literalmente dice: “miren, hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos”. El dicho –como se ha señalado- es un dicho “errante” y lo encontramos en varias partes de los sinópticos. En este caso alude a la no participación en el banquete de aquellos que se suponía eran “parte”, y no alude –en este caso- a la participación de los paganos y la exclusión de los judíos, sino a la participación y/o exclusión de unos y otros, de “todos”.


Video con comentario al Evangelio en:
Dibujo tomado de www.artelista.com

domingo, 14 de agosto de 2022

Fiesta de Quilmes (14 de agosto 2022)

Fiesta de Quilmes (14 de agosto 2022) *

Eduardo de la Serna 



Hoy nos reunimos para “hacer historia”. Quilmes es historia. Historia del crimen contra los indígenas que dieron nombre al Partido, historia de la resistencia contra los ingleses invasores, historia de surgimiento de empresas por doquier y de pobreza con asentamientos urbanos por todas partes. Hacer historia es no quedarnos dormidos cuando esta pasa delante nuestro, y ponernos de pie para caminar juntos y juntas.

Hay mucho por hacer en Quilmes, en el país, en el mundo… Hay guerras (no una sola, por cierto), hay calentamiento global, hay incendios provocados por la mano humana y los bolsillos inhumanos, hay sequía, hay basurales inmensos y empobrecimiento creciente en el mundo entero por la crisis energética, la escasez de alimentos y una inflación galopante. Y eso repercute también en toda nuestra Patria, y en nuestro Municipio, porque no somos una isla, por cierto. Por eso es indispensable enfrentar la realidad, ser “honrados con lo real” y confrontar con los desafíos mirándolos a la cara y haciendo nuestras las causas de los pobres. Los desafíos hoy tienen nombre y rostros, en comedores y en cooperativas, en víctimas de la violencia y en abrazos compartidos, en mirar Quilmes del este al oeste, y también en soportar las embestidas de la nada y contemplar las sonrisas de los niños y las niñas.

Es verdad que la historia muchas veces hay quienes la disimulan y así, reducen a los aborígenes, esconden la Reconquista y hasta celebran los bombardeos en la Plaza de Mayo y niegan los 30.000. Por eso a la historia debemos “hacerla”, la historia es militancia de ayer, resistencia de hoy y esperanza de mañana. Los que creemos en Dios, mirando la historia vemos un desafío, un compromiso, una utopía para andar; los que no creen en Dios, mirando la historia, ven un desafío, un compromiso, una utopía para andar. No faltan quienes prefieren vallar la historia, ocultar la memoria o imprimir animalitos; los que eligen reprimir a otros indígenas y a quienes los acompañan, apalear jubilados y felicitar a asesinos por la espalda y disimular un submarino hundido; no faltan quienes sostienen que podemos tener la libertad de morirnos de hambre si no queremos vender nuestros órganos o incluso vender a nuestros propios hijos.  Pero tampoco faltamos quienes al mirar Quilmes traemos al presente indígenas desplazados, ingleses expulsados, desaparecidos recordados. Y los traemos al presente para que al “hacer historia” no repitamos crímenes del pasado, sino que miremos a todos aquellos y aquellas que con pasión y coraje soportaron el rechazo y el odio de unos pocos con poder, y nos muestran rumbos para que hoy seamos capaces de llevar sus nombres como bandera a la victoria.

Quilmes es un desafío. Pero no de ese emprendedurismo meritócrata que exaltan los que nunca mostraron mérito alguno, sino el desafío de mirar a la cara a un pueblo para reconocer sus fiestas y duelos, sus gozos y esperanzas, dolores y angustias. En especial los de los pobres (que no son pobres por desidia, sino porque para algún modelo sobran y solo cuentan para votarlos y son despreciados cuando no lo hacen); en especial de una justa distribución de los bienes. Es un desafío de caminar juntos y juntas con nuestras diferencias y desacuerdos, y también con encuentros y proyectos de vida, de amor y de justicia (esa que está ausente en tantas partes de nuestra patria transformándola en show mediático, o que se decide en una cancha de paddle o de fútbol entre amigos).

Creyentes y no creyentes estamos invitados e invitadas por Quilmes y en Quilmes a crear. A ser creativos para que vivir valga la pena, para que vecinos y vecinas, hermanos y hermanas puedan mirarse y hasta celebrar las diferencias porque nos une la vida y la esperanza, una tierra nuestra, de todos y todas. Una tierra donde queda mucho por hacer, y donde no faltan los palos en la rueda de los que ayer sólo mostraron un vacío de obras y de ideas. A lo mejor, así solo pretenden evitar la comparación, lo que es entendible, y para eso pretenden robarnos la esperanza… Pero otros estamos hoy aquí, mostrando, con nuestra presencia, que somos muchos los que creemos, esperamos y amamos un Quilmes distinto. Porque queremos animarnos a la osadía de enfrentar la injusticia, la desigualdad y de aceptar los desafíos de transformar un Quilmes de márquetin en un Quilmes de vida. Otro Quilmes es posible.

Quisiera hacer memoria de un grande de nuestro municipio. El obispo Jorge Novak [aplausos], uno que mostró a creyentes y no creyentes la centralidad de los pobres, el encuentro entre todos y todas, la salida a las calles y barrios y la militancia por los derechos humanos; uno que acompañó a quienes pretendían su techo y su tierra, uno que marchó contra el hambre diciendo que el neoliberalismo es ‘un genocidio por goteo’, uno que abrazó a Madres y Abuelas que buscaban a los suyos desaparecidos. Pero uno que reveló, como lo sabemos desde El Eternauta, que no hay héroes solitarios sino colectivos. Y por eso sabemos que es como quilmeños y quilmeñas, colectivamente, que debiéramos caminar militando para que el amor venza al odio, la solidaridad a la indiferencia, y para que sea verdad, ahora y siempre que “la patria es el otro”, otra, otre…


* Palabras dirigidas a los presentes con motivo de los 356 años del distrito municipal de Quilmes



viernes, 12 de agosto de 2022

¡¡¡Perdón, Colombia!!!

¡¡¡Perdón, Colombia!!!

Eduardo de la Serna



A los países que tenemos regímenes presidencialistas nos cuesta, a veces, distinguir un gobierno del Estado. Pero eso no impide que sepamos que no es lo mismo una cosa que la otra. Y, cuando se confunden, pues nos confundimos todos. Así, a un gobierno puede caerle mejor o peor el gobierno de otro país, pero a la hora de las relaciones internacionales, sería sensato reconocer que de Estados hablamos, no de gobiernos. Que al gobierno (felizmente) saliente de Colombia le caiga mejor o peor Maduro, no debería significar que sueltos de cuerpo se cierren embajadas y se reconozca como presidente a quien el pueblo venezolano ni siquiera conoce, por más Guaidó que se llame. Lo mismo ha de decirse del también gobierno macrista ya salido de la Argentina. Las relaciones entre países son entre países, y no les toca a unos pretender tener injerencia en los otros (“autodeterminación de los pueblos” se llama; algo que los yanquis desconocen, por cierto, y los cipayos autóctonos aplauden).

Todo esto para señalar que, presidencialismo mediante, un presidente representa, al menos protocolarmente, a todo un país. A un Estado, ya no a un gobierno. Países no presidencialistas como el reino de España lo entienden bien. En relaciones internacionales el rey representa a todo el Estado. Y cuando un rey manda callar a otro presidente, pues es un país el que pretende silenciar a otro. Y cuando ante un acontecimiento solemne como la entrada de la espada libertadora de Simón Bolívar a un acto también solemne, acontecimiento ante el que casi todos se pusieron de pie, en homenaje, la actitud del “querido rey” expresa la misma mentalidad colonialista de imponer silencio. Su visita a colonias no debería humillarlo tanto como para ponerse de pie ante el libertador de medio América. Sería demasiado (para su pequeñez imperial).

Pero, y aquí lo que nos toca, el presidente de la República Argentina representó a todo el país ante el pueblo de Colombia en la asunción presidencial de Gustavo Petro. Por motivos – para los que me conocen – obvios, seguí íntegro el discurso del nuevo presidente. Del ¡excelente! discurso del presidente. Y cuando lo oía me decía, ¡qué bueno que esto lo escuche Alberto! Pero… pues no… No lo escuchó, porque dormía. Bien suelto de cuerpo dormía. Lo que significa, por un lado, que se perdió un discurso que puede marcar rumbos para muchos en América Latina, pero además significa una falta de respeto solemne y soberana. Y, para completar, al igual que el insignificante rey, tampoco Alberto (y alguien más, debo decirlo) se puso de pie cuando hizo su entrada la espada de Bolívar. Tampoco eso le importó. Y así “todos los argentinos” fuimos representados por la falta de respeto de uno. ¡Perdón, Colombia! No solo no lo merecen, sino que, además, somos muchos los y las argentinas que no sólo nos hubiéramos puesto de pie, y orgullosamente de pie (como Colombia se puso de pie, ese día), sino que hubiéramos aplaudido a rabiar por el ingreso de la liberación expresada en el sable del Libertador. Perdón, entonces… Perdón.


Foto tomada de https://www.eluniverso.com/noticias/internacional/felipe-vi-recibe-criticas-por-la-espada-de-bolivar-alberto-fernandez-tampoco-se-levanto-de-su-silla-durante-el-paso-del-arma-porque-estaba-somnoliento-nota/

jueves, 11 de agosto de 2022

La pascua (cristiana)

La pascua (cristiana)

Eduardo de la Serna



Es sabido que Jesús era judío, y, como buen judío, participaba y celebraba las fiestas religiosas de Israel. San Lucas insiste que, con su familia, todos los años participaba de esas fiestas en Jerusalén. Para ubicarnos, entre Nazaret y Jerusalén hay – en línea recta – unos 103 kilómetros. Una caravana tardaba, en aquellos tiempos, unos 5 días de camino (un camello recorre poco más de 20 kilómetros por día; así se entiende más fácil la escena del niño perdido de Lc 2,41-44). Ir en caravana era, además, más seguro dada la frecuencia de asaltos en los caminos (como puede verse en Lc 10,30).

Según el Evangelio de Juan, Jesús participó de varias fiestas en Jerusalén (los restantes evangelios omiten esto). Sin embargo, en una de estas fiestas (una pascua allá por el año 30) Jesús será capturado y finalmente asesinado por instigación de unos pocos de las autoridades judías en complicidad con el poder político de Poncio Pilatos. Por supuesto, para el grupo de seguidores y seguidoras de Jesús este fue un momento dramático (los discípulos estaban “con las puertas cerradas por miedo a los judíos”, insiste Juan 20,19), pero la experiencia de la resurrección los llevó a ver todo con nuevos ojos. Así, aquella comida pascual, según los evangelios Sinópticos, que había sido anticipo del drama (el cuerpo partido y la sangre derramada, como Jesús mismo lo anticipara) pasó a ser signo de algo nuevo.

Jesús, parece, comió la pascua (que era comida de familia) con sus discípulos, porque para él el discipulado constituye una nueva familia, la familia del reinado de Dios. Y, así como cada padre de familia, en la cena, hace memoria del pasado esclavo en Egipto, pero a su vez la actualiza mirando las nuevas opresiones y las nuevas liberaciones, Jesús supo mostrar su muerte inminente en esa misma dirección. Pero, la resurrección también les marcó a los discípulos un camino.

Pablo, por ejemplo, pretende que en su comunidad no haya alguien que, como la “levadura”, corrompe toda la masa (semejante a nuestro dicho sobre una manzana podrida en un cajón), y – para expresarlo – recurre a la liturgia pascual: Cristo, nuestra pascua, fue sacrificado, debemos ser “ácimos” de “sinceridad y verdad” y esa será nuestro “festejo” (1 Corintios 5,7-8).

Debemos decir que fuera de los Evangelios, donde es razonable que se utilice el término, en los demás escritos del Nuevo Testamento la palabra “pascua” sólo se encuentra en dos ocasiones haciendo referencia a un tiempo ya pasado (Hch 12,4 y Heb 11,28) además del texto paulino arriba citado. No se entienda que las comunidades no celebraban la Eucaristía (que sí lo hacían, por lo que sabemos, como fiesta de pertenencia eclesial), pero no se encuentra “la Pascua” como celebración en las comunidades. En los primeros Padres de la Iglesia (conocidos como los “Padres Apostólicos”) el término se encuentra sólo 1 vez (en el escrito a Diogneto 12,9) en una referencia a un futuro deseado.

Pero en el siglo II los cristianos y los judíos empezaron a verse como dos grupos separados  entre sí (a veces con cierta distancia conflictiva). Por ejemplo, en un diálogo con un judío, Trifón, san Justino (cerca del año 160) contrasta la pascua judía y Cristo como pascua: “el cordero pascual era Cristo” (Diálogo 111,3). En este tiempo, muchos cristianos empezaron a celebrar la fiesta pascual, y quien fue importante en esto fue un escritor del que hasta hace poco no se sabía demasiado: Melitón, de Sardes. Sabíamos por el historiador Eusebio, de Cesarea, que Melitón había escrito sobre la fecha de la celebración (“hubo en Laodicea muchas disputas acerca de la pascua, que precisamente caía en esos días”, dice en la Historia Eclesiástica IV.26.3) pero finalmente se encontraron manuscritos con algunos textos suyos como un himno en el que canta: “yo soy su perdón /yo la pascua de la salvación/ yo el cordero degollado por ustedes / yo su salvación / yo su vida” (Melitón, Homilía sobre Pascua). 

Sin embargo, no hubo acuerdo entre las diferentes comunidades acerca de cuándo celebrar la pascua cristiana: muchos pretendieron celebrarla (obvio que con sentido cristiano) en la misma fecha de la pascua judía, como proponían las comunidades de Jerusalén y Asía Menor (donde vivía Melitón), mientras otros pretendieron que coincidiera con los días (solares) de jueves – viernes -  domingo inmediatamente posteriores a la pascua judía, como las comunidades egipcias y romanas, entre otras, algo que finalmente fue asumido (no sin conflictos, y hasta con excomuniones).

Como se ve, algo que en nuestro tiempo asumimos pacífica y normalmente, no fue (como tantas otras cosas) asumido ni desde los inicios, ni unánimemente. Conocer cómo hemos llegado a nuestra pascua y nuestro modo de celebrarla puede ayudarnos a entender mejor la hondura de lo que queremos celebrar. Y celebrarlo.

 

Imagen tomada de https://suyapamedios.hn/diferencias-entre-la-pascua-judia-y-la-cristiana/

martes, 9 de agosto de 2022

Comentario a las lecturas bíblicas, domingo 20º C

 El reino lleva a padecer persecución y martirio

DOMINGO VIGÉSIMO - "C"


Eduardo de la Serna





Lectura del libro del profeta Jeremías     38, 3-6. 8-10


Resumen: La predicación de Jeremías –con profundo sentido político ante la inminente invasión de Babilonia a Israel- provoca el descontento y la enemistad de muchos que deciden hacerlo morir. Un extranjero será quién consiga que sea liberado con lo que el profeta encarna en su propia persona la predicación: de los extranjeros –Babilonia- viene la fidelidad a la voluntad de Dios y por tanto la vida.

Entre dos textos que muestran al profeta Jeremías con el rey Sedecías (37,17-21; 38,14-28a), que en cierto modo trata de defenderlo, encontramos la escena en la que el profeta es puesto en un aljibe (38,1-13). Los dos encuentros con el rey finalizan con la misma fórmula: el profeta permanece en “el patio de la guardia” (37,21; 38,28). El texto tiene dos partes paralelas que comienzan con el verbo “escuchar” (38,1.7) y finalizan con una referencia a las “sogas” con las que el profeta es bajado y subido del aljibe en el “patio de la guardia” (vv.6.13). En el medio encontramos a las autoridades judías que lo acusan ante el rey (v.1.4-5) y un extranjero que lo defiende (vv.7-9). La decisión es hacerlo morir (v.4). Lo llamativo es el clima de carencia: el pueblo “no tiene” ánimo (v.4), el rey “no tiene” poder (v.5), la cisterna “no tiene” agua (v.6), la ciudad “no tiene” pan (v.9). En realidad, la relación con “los extranjeros” (cf. v.17) será un tema central en toda la profecía de Jeremías, la misma por la que deciden arrojarlo a un aljibe hasta que muera.

Es interesante que en Jer 2,13 se compare a Israel con un aljibe rajado que no retiene el agua (que es Dios mismo, “manantial de aguas vivas”). En este caso –irónicamente- Jeremías será arrojado a un aljibe sin agua (v.6). 

En realidad, el texto presenta una suerte de síntesis de las consecuencias que la predicación profética trae sobre la persona de Jeremías. Puesto que Israel no retiene la vida que Dios le trae, no escucha su palabra, no sigue sus caminos, Dios se retirará de su historia, lo dejará abandonado a su suerte. Y esa “suerte” está marcada por el avance militar de Babilonia (25,1-13a). La inminente destrucción de Jerusalén es consecuencia querida por Dios por el abandono de su alianza. Por otra parte, muchos profetas anuncian públicamente que Dios no abandonará a su pueblo y lo librará de las manos de los que lo asedian (cap. 28). Este es otro conflicto frecuente de Jeremías, con los falsos profetas, aquellos que anuncian “paz”, cuando lo que Dios hará será lo contrario (4,9-10; 6,14; 8,11.15; 14,13.19; 23,15-17; 28,8; 30,5). Obviamente, esto hace que Jeremías sea acusado de pasarse al bando enemigo, y por eso toda su vida y ministerio queda marcado por esta estigmatización (15,10-11; 20,7-18). El clima social y político es terrible. Los egipcios los rodean, luego se retiran y Babilonia regresa, Jeremías es acusado de “debilitar los brazos armados” (v.4) con su predicación (y sin duda ¡así era!). Evidentemente decir que “quien se entregue a los caldeos (= babilonios) vivirá y saldrá ganando” (v.2) no se parece a un aliento en la resistencia. Es por eso que la gente de la corte (v.1) al oír lo que dijo ante todo el pueblo le dicen al rey que lo haga morir (v.4). En ese ambiente, el rey se reconoce “impotente” ante ellos (v.5). Quizás para dejarlo morir sin provocar un derramamiento de sangre (ver Gen 37,20-22) lo arrojan al aljibe de uno de los hijos del rey, que era –a su vez- abuelo de uno de los conspiradores (v.1). Irónicamente, un etíopeeunuco del rey pareciera tener más poder (¡un eunuco!) y logra que Jeremías sea rescatado. 

Simbólicamente, Jeremías “vivió y salió ganando” gracias a un extranjero, mostrando así una estrecha relación entre su propia persona y su predicación. Del aljibe seco salió vivo gracias a un extranjero; los judíos –creyendo que hacen lo que Dios quiere sin que él mande su palabra a esos falsos profetas- dejan perder “el agua viva” que es Dios mismo, y creyendo apostar por la vida, terminan caminando hacia la muerte.



Lectura de la carta de los Hebreos     12, 1-4


Resumen: los testigos ejemplares de la lectura del domingo pasado alcanzan en Cristo su plenitud y es para nosotros el ejemplo de la “carrera” que debemos correr, de la “lucha” que debemos enfrentar con perseverancia y fe.

La segunda lectura del domingo pasado presentó un ejemplo, el de Abraham, de los “testigos de la fe”. 12,1 retoma ese conjunto (“tan grande nube de testigos”) y se dirige ahora a los destinatarios del texto –entre los que se incluye: “nosotros”-. La larga unidad anterior concluía –y vimos que aludía, sin mencionarlo, a Cristo- que no alcanzaron el objeto de las promesas (que era el gran tema de la unidad) que –con nosotros- se alcanzaría como “consumación” (11,40). Vimos, también, que el tema central era “la fe”, que inclusive se repetía rítmicamente todo a lo largo del capítulo (“por la fe”). Pues bien, a modo de síntesis, ahora señala que Jesús es ese “consumador” de la “fe” (v.2) que era –entonces- secundaria en comparación al presente. Teniendo esto en cuenta, se invita a “nosotros” a perseverar en la fe en medio de las dificultades frente a Jesús, el único modelo del que los anteriores eran “parábolas”.

En 10,32-34 el autor hace memoria de las dificultades pasadas que tuvo la comunidad; ahora hace referencia al presente (12,4.7) sin que todavía estos padecimientos sean muy intensos. No es la única vez que en el NT se hace un paralelismo entre los sufrimientos y los “juegos gimnásticos”, en este caso se lo compara a una “carrera” (ver 1 Cor 9,24-27; Fil 3,12-14). Pareciera que esta “nube de testigos” está en torno “nuestro” como espectadores de la “carrera” donde se espera que “nosotros” nos despojemos de todo lo que nos impide correr de modo perseverante. Los ojos deben estar en la “meta”, la “consumación” de esa “fe” que es Jesús mismo que ya llegó a la meta –pasando por la muerte- y recibió la corona (2,9) sentado a la derecha del trono de Dios (v.2).

El sustantivo “consumación” remite al verbo “perfeccionar” que es muy frecuente en Hebreos (2,10; 5,9; 7,19.28; 9,9; 10,1.14; 11,40; 12,23) y refiere a la “consagración sacerdotal” de Jesús (el verbo es usado sacerdotalmente en el libro de los Números, cf.3,3 y Levítico, cf. 4,5; 8,33; 16,32; 21,10). Jesús fue proclamado por Dios Sumo Sacerdote eterno (5,10; 6,20) y entró en el Santo de los Santos, en el cielo (9,12; 10,19), así llegó hasta Dios (10,20), así conduce –como precursor, 6,20- a los creyentes (5,9-10; 2,10) hacia Dios (4,16; 7,19.25; 10,22; 12,22-23), hacia la “perfección” (10,14; 12,23). Jesús es “creíble” (pistós, 2,17; 3,2) y conduce por el camino de la cruz (cf. 2,10; 3,14; 5,7-9; 7,25; 13,12). Así, los destinatarios, en medio de las dificultades presentes, son invitados a perseverar en la fe como lo hizo Jesús, Hijo del Padre.

“Por el gozo” (v.2): La opinión de los estudiosos no es uniforme; algunos entienden que el griego anti significa «en vez de» [Biblia de Jerusalén], y no «por» [Biblia de nuestro Pueblo]. Pero la exhortación a que los destinatarios de Hebreos perseveren/emos a la vista del final de la carrera / lucha hace pensar que el autor entiende el ejemplo de Jesús del mismo modo.

A partir de lo dicho, el autor empieza (y el texto litúrgico se interrumpe en el primer versículo, v.4) a mostrar el sentido pedagógico de la vida de sufrimiento –pasa de la fe (vv.1-3) a las pruebas (vv.4-13- que los destinatarios padecen; es decir, a diferencia de ciertas corrientes del AT que ven el sufrimiento como castigo por los pecados (ver Jn 9,1-3), aquí –ver Heb 5,9- se mira el costado pedagógico (recordar el “aguante”, la “perseverancia” del v.1). El sentido lo expresará a continuación- citando el libro de los Proverbios (3,11-12) viendo la situación presente como “corrección”. El texto finaliza en vv.12-13 con una nueva referencia a la vida como camino.

Es interesante que en vv.1 y 4 el autor presenta al pecado como personificado (semejante a lo que había hecho Pablo, por ejemplo; cf. Rom 5,12.13.20-21). Primero, visto como “lastre”, en esta carrera, del que hay que despojarse; luego como un contendiente en la lucha. En el pasado hubo incluso encarcelamiento y confiscación de bienes, ahora la cosa está más relajada, pero eso puede –precisamente- relajar la tensión (el “aguante”) y así poner en riesgo la fe. Nuevamente el ejemplo deportivo, en este caso de lucha (antagônizomenoi) se da contra la “persona” del pecado, de todos modos, todavía no se ha llegado al caso del martirio (“sangre”); la ventaja con la que cuentan los cristianos es el ejemplo del “mártir” Jesús, el testigo por excelencia (v.2). La situación presente que viven los destinatarios de la carta a los Hebreos (posiblemente los miembros de la comunidad de Roma pasados los tiempos de Nerón) es ilustrada, de este modo, con ejemplos deportivos y como aliento –siguiendo el ejemplo de Jesús- a tener aguante en la fe, como los testigos lo hicieron.


+ Evangelio de según san Lucas     12, 49-53

Resumen: Dos pequeñas unidades marcan el conflicto que trae el reino. Conflicto sobre los demás (y sobre Jesús) y conflicto en relación a los demás. Pero ese conflicto es parte integral del mensaje de Jesús, porque ante su anuncio de buenas Noticias, no podemos permanecer indiferentes o neutrales.


La parábola conclusiva del Evangelio de la semana pasada da paso a una nueva unidad. Unidad dirigida a los discípulos y que finaliza en v.53 ya que en v.54 “decía también a la multitud”, da comienzo a un nuevo aspecto. Y comienza con un cierto contraste con 9,54-55 donde Santiago y Juan proponen que baje “fuego del cielo” y Jesús los reprende por ello. Esto recuerda a Elías (1 Re 18,36-40; 2 Re 1,10.12.14) que –como se ha dicho- es una comparación con Jesús frecuente de Lucas (cf. 4,25-26). El contexto, entonces, puede aludir a los tiempos escatológicos (de los que Elías es precursor; cf. Mal 3,23). El Evangelio de Tomás tiene un dicho con una diferencia interesante:

Ev Tom 10
Lc 12,49
Jesús ha dicho: «He arrojado un fuego sobre el mundo (kósmos), y he aquí que lo guardo hasta que se consuma».
«He venido a arrojar un fuego sobre la tierra () y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!»

Es interesante el uso de “tierra” en Lucas (vv.49 y 51); puede entenderse en sentido de “la tierra” (por ejemplo “tierra prometida”) o “toda la tierra”, en el sentido de “mundo” (como lo interpreta el Evangelio de Tomás que –para muchos estudiosos- ha conocido, al menos en una etapa de su redacción, al Evangelio de Lucas; en este caso parece señalar que se ha cumplido lo allí anunciado). Lo que destaca Jesús es que “ha venido”, algo que denota “envío” y también contexto escatológico: el que “ha de venir” suele decirse del Mesías (5,32; 7,34; 9,56; 12,49; 19,10; ver Mt 5,17; 10,35; 18,1; Mc 10,45).

Lo anunciado por el Bautista sobre el árbol que no dé frutos, ahora se concreta (3,16); el fuego es instrumento del juicio de Dios (17,29) pero también signo del Espíritu de Dios (3,16; Hch 2,3). Es interesante que fuego, en el AT tiene una imagen de destrucción (que –por ejemplo- puede ser purificador, porque destruye lo negativo): Lv 13,52; Num 31,23. A veces allí se manifiesta Dios en una zarza (Ex 3,2-3) o en una columna que guía a su pueblo (13,21-22), pero generalmente evoca el juicio (Jl 2,3; Am 1,4.7; Mal 3,2). En el judaísmo tardío y algunos textos del NT designa un castigo eterno –con influencia persa- Mt 13,42; Ap 8,8; 9,17-18; 20,9 y Henoc, Qumrán…). Los rabinos distinguen diferentes tipos de fuego (el normal, la fiebre, el altar…). Los griegos, en cambio, lo miran de un modo más benéfico: Prometeo lo roba a los dioses para darlo a los humanos, y es uno de los elementos que nos conforma (con el agua, el aire y la tierra) desde Heráclito. Sin duda Jesús ha de haber usado el dicho en un marco semítico. Su misión anuncia que Dios destruirá a los adversarios del reino. El cristianismo originario seguramente debe haberse desconcertado ante este dicho que tanto Marcos como Mateo omiten aunque no ignoran los juicios escatológicos. Lucas, en cambio, si bien conoce la dimensión de juicio (17,31-35; 18,7; 21,25-28) también lo ve en su dimensión positiva del Evangelio y el Espíritu Santo. Términos del tipo de “cómo desearía” (v.49) y “desde ahora” (v.52) parece que nos invitan a entenderlo positivamente.  

Del “fuego” se pasa ahora al “agua”. Jesús debe ser “sumergido” (baptisthênai) con una “inmersión” (baptisma) que lo tiene impaciente, angustiado (synéjô; cf. 9,41) a la espera. En Mc 10,38 el bautismo alude a la Pasión, junto con la imagen de la “copa” (que Lucas usará en la pasión, 22,42; Rom 6,4; Col 2,12 relacionan el bautismo con la muerte); la referencia al fuego también puede aludir a la expectativa del Espíritu. La ansiedad expectante es que esto se “cumpla” (telô), término claramente escatológico. Las semejanzas con el relato del Bautista (Elías, fuego) pueden haber atraído el término “bautismo” a esta unidad.

La segunda parte, es tomada del documento Q y presenta algunas diferencias con Mateo (con reminiscencias a Mi 7,6 en Lucas que es expresamente citado en Mateo):

Mt 10,34-36
Lc 12,51-53
34 «No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.
51 «¿Creen que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, se lo aseguro, sino división.



35 Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra;
52 Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres;
 53 estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».
 36 y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.

Mientras en Mateo lo preocupante es la rebelión de los menores contra los mayores (como en Miqueas), en Lucas el conflicto es total, “todos contra todos”. La división es algo propio de la predicación del profeta (2,35), aunque esto resulta contrastante con el anuncio de que traerá la paz (1,79; 2,14.29); pero se trata de la paz que alcanzarán quienes hagan suya la predicación del profeta (7,50; 8,48; 10,5-6) que ha recorrido “la tierra” y ha sido aceptado pero también rechazado. Lucas ya había señalado la división al referir a Satanás enfrentado –supuestamente- contra sí mismo (11,17-18). El Evangelio de Tomás (16) habla de divisiones, fuego, espada y guerra. Curiosamente, como Elías (Mal 3,24), Juan el Bautista 
irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lc 1,17); 
el horizonte, en este caso, parece el opuesto. 

Se trata de la división que se provoca en el auditorio de Jesús, “que la luz que hay en ti no sea oscuridad” (11,35), “miren cómo oyen” (8,18), todos deben discernir ante él y sus palabras y hechos y reconocer o rechazar; y a su vez podemos ver la conciencia que Jesús tiene del origen divino de sus palabras. La adhesión a su proyecto que Jesús provoca no puede dejarnos indiferentes, es necesario “elegir” (9,60; 18,28), y esto no es ajeno a los conflictos como desde los orígenes cristianos a nuestros días es evidente ante la predicación del reino. Curiosamente la predicación de la luz confronta con las tinieblas, la predicación del amor confronta con el odio. 

La división en el seno de la familia es algo propio de los “últimos tiempos” para el judaísmo:

“En esos días lucharán padres contra hijos en un mismo lugar, y los hermanos, unos contra otros caerán muertos, hasta correr cual río su sangre” (Henoc [etíope] 100,1)
“Lucharán unos contra otros, el joven contra el viejo, el viejo contra el joven, el humilde contra el poderoso, el vasallo contra el señor, a causa de la ley y la alianza, pues habrán olvidado los mandamientos, la alianza…” (Jubileos 23,19)
“… Los jóvenes dejan lívidos a los ancianos; los ancianos deberán servir a los menores. El hijo deshonrará al padre, la hija se alzará contra la madre, la nuera contra la suegra, los enemigos serán los propios familiares…” (Misna, Sota 9,15)


Esto es coherente con aquello que Jeremías “padeció”, mientras los “falsos profetas” anunciaban la “paz”, la realidad del profeta iba en otra dirección (primera lectura). Y esta “división” se dará en el seno más profundo, en la misma familia. Esto es particularmente importante en el mundo antiguo en el que padres e hijos trabajaban juntos, o vivían en la misma casa ampliada. Ciertamente el mundo antiguo se mostraría todavía más escandalizado de estas previsiones de Jesús “desde ahora”. Obviamente no se trata de que Jesús quiera la división, pero el mensaje del reino no permite neutralidad. Frente a la buena noticia, frente a los destinatarios del Evangelios, la neutralidad no cabe, y ante esto, la división es inminente, “desde ahora”.


El video con comentario al Evangelio puede verse en"
https://blogeduopp1.blogspot.com/2022/08/video-con-comentario-al-evangelio-del_8.html
o también  en:
https://youtu.be/vJ2YKna9LhI


Foto tomada de http://blogs.21rs.es/corazones/2010/10/25/jesus-habla-del-fuego-y-de-la-paz/