viernes, 17 de octubre de 2025

Mensaje de Curas OPP ante las próximas elecciones

 “Cuanto hicieron a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mateo 25,40)



Reflexión dirigida a aquellos con quienes compartimos la misma fe y el amor militante a las víctimas de la pobreza y la injusticia, con motivo de las próximas elecciones legislativas del 26 de octubre.

En todo gobierno democrático se supone que debiera haber división de poderes. El poder legislativo, como sabemos, es el que procura las mejores leyes, en los diferentes órdenes y espacios. Como es evidente, siempre hay nuevos temas, o leyes que han quedado desactualizadas, o que se manifiestan ineficaces o las hay insuficientes que requieren nuevas. Sabemos que puede haber leyes que sean injustas, o incluso inconstitucionales, y es por eso que pretendemos el mejor y más justo Poder Legislativo posible.

Como representantes del pueblo (diputados) o de las provincias (senadores) los legisladores tienen la responsabilidad de proponer leyes, o incluso poner límites a los abusos de otros poderes, como es el caso de frenar tantos proyectos de leyes que atentan contra los y las pobres. Las actitudes de injusticia manifiesta del Poder Ejecutivo y sus legisladores contra las personas con discapacidad, contra los jubilados, la educación pública, las universidades, la salud pública, como los casos de los hospitales Garrahan, Posadas o el Clínicas, o la vergonzosa resignación de soberanía en lo económico, lo territorial y de los recursos en manos de la potencia hegemónica, nos ponen en estado de alerta frente a la urgencia por elegir candidatos de aquellas fuerzas políticas que se hayan opuesto a la injusticia social, al saqueo y el colonialismo.

Recientemente, el Papa León XIV hizo público su primer documento centrado claramente en el amor que se ha de tener por los pobres (se la conoce por su nombre en latín, Dilexi Te). De ella extraemos estos pasajes con los que pretendemos invitar a pensar a la hora de emitir nuestro voto:

Los pobres no están por casualidad o por un ciego y amargo destino. Menos aún la pobreza, para la mayor parte de ellos, es una elección. Y, sin embargo, todavía hay algunos que se atreven a afirmarlo, mostrando ceguera y crueldad. (…) No podemos decir que la mayor parte de los pobres lo son porque no hayan obtenido “méritos”, según esa falsa visión de la meritocracia en la que parecería que sólo tienen méritos aquellos que han tenido éxito en la vida. (# 14)

…es preciso seguir denunciando la “dictadura de una economía que mata” y reconocer que «mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas». Aunque no faltan diferentes teorías que intentan justificar el estado actual de las cosas, o explicar que la racionalidad económica nos exige que esperemos a que las fuerzas invisibles del mercado resuelvan todo, la dignidad de cada persona humana debe ser respetada ahora, no mañana, y la situación de miseria de muchas personas a quienes esta dignidad se niega debe ser una llamada constante para nuestra conciencia. (# 92)

Se vuelve normal ignorar a los pobres y vivir como si no existieran. Se presenta como elección racional organizar la economía pidiendo sacrificios al pueblo, para alcanzar ciertos objetivos que interesan a los poderosos; mientras que a los pobres sólo les quedan promesas de “gotas” que caerán, hasta que una nueva crisis global los lleve de regreso a la situación anterior. Es una auténtica alienación aquella que lleva sólo a encontrar excusas teóricas y no a tratar de resolver hoy los problemas concretos de los que sufren. (# 93)

Agradecidos por esta carta del papa León queremos seguir escuchando a Jesús que nos dice – y con frecuencia León lo repite en el texto – que Jesús se identifica con las víctimas y por eso dice “Cuanto hicieron a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mateo 25,40)

Creemos que la Patria se encuentra en un momento dramático, en el que la democracia de muy baja intensidad que ostenta el Poder Ejecutivo – con la complicidad del Poder Judicial en el cual no se avergüenza de intervenir impunemente – requiere límites o voces que se levanten claras y contundentes en favor de los pobres y de las víctimas que este mismo gobierno engendra día a día (aunque los “dibujos” oficiales quieran hacer creer lo contrario). Los problemas políticos se solucionan con mejores políticas, no con espectáculos musicales o con abrazos clientelares; no esperamos que, desde afuera, ni los EEUU ni el FMI, nos indiquen ni a quien votar ni las mejores políticas económicas, ciertamente, mejores “para ellos”. Reiteramos que una política que no tenga en cuenta la dignidad de las personas empobrecidas sólo merece rechazo. Y esperamos que eso se manifieste en las urnas.

 

17 de octubre 2025 (fiesta de san Ignacio de Antioquía)

Curas en opción por las y los pobres

jueves, 16 de octubre de 2025

Cleofás, un discípulo, y su mujer, María

Cleofás, un discípulo, y su mujer, María

Eduardo de la Serna



En los relatos de la pasión de Lucas y de Juan encontramos el nombre de un conocido de la comunidad al que llaman “Cleofás”, que es una abreviatura de “Cleopatros”, un nombre claramente griego (todos conocemos el femenino Cleopatra).

Se nos dice – en Juan 19,25 – que al pie de la cruz hay un pequeño grupo de tres mujeres. Una de ellas es la madre de Jesús, otra es María Magdalena y la tercera es “María de Cleofás”. Con el “de” puede significarse hija de o esposa de Cleofás. Hay que recordar que, en aquellos tiempos, la mujer era tenida por propiedad de algún varón, sea su padre o sea su esposo. Pero, especialmente por tratarse de una mujer adulta que no vivía en casa paterna, todo indica que se nos indica que Cleofás es su esposo.

En el Evangelio de san Lucas, en 24,18 Jesús se deja ver por dos discípulos que vuelven a su casa de Emaús. Uno de ellos es Cleofás. Del otro u otra no se dice ni su nombre ni su género. Es sensato pensar que se trata del matrimonio que regresa a su casa luego de la fiesta de la Pascua, y – como discípulos que eran – implicados en el drama de lo que había ocurrido. De hecho, ambos invitan al peregrino – que es Jesús, aunque ellos lo desconocen – a quedarse en la casa, cenar y pasar la noche. Evidentemente, entonces, el otro peregrino de Emaús es probablemente María, la mujer de Cleofás.

Así podemos notar que se trata de un matrimonio que, aunque no nos sea muy conocido a nosotros, sí lo es para el cristianismo primitivo.

Estar junto a la cruz (Juan), con las dificultades que eso significa, implica una actitud de discipulado muy importante. Por eso está junto a la Madre de Jesús y de María Magdalena, ¡nada menos! Se trata de un estar que no es meramente pasivo, sino una firme decisión de hacerlo. Las tres mujeres eligen, asumiendo los riesgos que eso implica, estar al lado del crucificado. Los otros evangelios indican que todos lo han abandonado y dejado solo. En la cruz hay algunos “a lo lejos” (Mc 15,40; Mt 27,55; Lc 23,49); Juan, en cambio, muestra la excepción de estas mujeres ejemplares.

Por otro lado (Lucas), el matrimonio vuelve entristecido a su casa después de todas las cosas que ocurrieron con Jesús de las que ellos fueron testigos, conversando y debatiendo acerca de todo esto (24,15). Sobre esto le “informan” al peregrino desconocido que pregunta qué ha ocurrido (24,19-24), pero que luego les explicará el sentido de todo lo esto partiendo por Moisés y también por "todos" los profetas (24,27). Con esto les arde el corazón (24,32), pero, finalmente, cuando Jesús “parte el pan” se les abren los ojos y “lo reconocen” (24,31). Y, como no pueden guardarlo para ellos, vuelven rápidamente a Jerusalén a informarlo a los demás (24,33).

Cleofás y María son, entonces, ejemplo de un matrimonio que ha acompañado a Jesús en los momentos cruciales de la cruz y de la muerte; que se ha descorazonado por esto, lo que parece el fin de la esperanza que habían puesto en el profeta Jesús, pero que, abiertos al diálogo, por haber elegido “estar junto a la cruz”, y por dejar que “arda su corazón” cuando se les explica la Biblia y los acontecimientos, terminen reconociendo al resucitado en la eucaristía, el pan partido que hace presente a Jesús entre los suyos. Pero, además, teniendo claro que no pueden guardarse esa buena noticia para ellos mismos, sino que, olvidando los riesgos de la noche en los caminos, vuelven a comunicar a sus hermanos esa buena noticia (= Evangelio) de que la vida ha vencido a la muerte. La cruz y el camino son los lugares donde María y Cleofás están junto a Jesús, y desde donde eligen anunciar la vida poniéndose en camino para invitar a que otros y otras crean que “es verdad, ha resucitado”.

 

Imagen tomada de https://sinfronteras.media/2024/04/01/los-peregrinos-de-emaus/

martes, 14 de octubre de 2025

Límites de Dilexi Te

Límites de Dilexi Te

Eduardo de la Serna



Como ya se ha dicho abundantemente y se ha comentado, el Papa León XIV ha publicado su primera exhortación apostólica, Dilexi Te, dedicada al amor a los pobres. La frase, “te he amado” (egō ēgápēsá se; Apocalipsis 3,9) la dirige el Papa a los pobres. El texto bíblico dice otra cosa: se dirige a la comunidad de Filadelfia en momentos críticos, algunos son perseguidos, pero tienen una puerta siempre abierta ante Dios. No habla de los pobres. Lamentablemente, desde hace muchos años, el uso de la Biblia en los documentos vaticanos no suele seguir las indicaciones que el mismo Vaticano ha señalado.

Pero mirando la Exhortación, y habiendo ya señalado en otra ocasión sus muchos aspectos positivos, quiero detenerme en otros puntos.

  •          Para comenzar, pareciera que el amor a los pobres es exclusivamente “de la Iglesia”, y dentro de la Iglesia, exclusivamente de los sectores “jerárquicos”. El laicado está absolutamente ausente.
  •          Destaca la importancia que la Iglesia ha dado, por ejemplo, a la salud de los pobres, la educación de los pobres, pero no hay ninguna referencia al a educación pública o la salud pública.
  •          El mundo indígena y el mundo afro también están ausentes (y, el primero, es particularmente llamativo dada la autoproclamada actividad pastoral del Papa en Perú; #89).
  •          Citando al Papa Francisco, hace suya la sentencia:

«la organización de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje» (#12),

·         pero pareciera que la Iglesia no forma parte de esas “sociedades” ya que “la misma dignidad e idénticos derechos” no ocurren en su seno.

  •          La importancia de la Política en la búsqueda de una mayor justicia para los pobres (y las pobres) no se destaca con la claridad y contundencia con que lo hacía el Papa Francisco.
  •          El Papa no ignora (y lo señala) que la pobreza, la vida (y muerte) de los y las pobres es algo causado. Son efectos de una causa; sin embargo, puede extrañarse una mirada más precisa de esas causas. Por ejemplo, las consecuencias de las guerras no se destacan, y palabras como “deuda” están ausentes en el texto. Si bien – citando a Francisco – menciona el “imperio del dinero”, el imperialismo está ausente, y la palabra “colonia” no se encuentra jamás…

Valgan estos ejemplos, que podrían ampliarse, para señalar límites de una buena Exhortación Apostólica. Limites señalados, no por afán de crítica, sino para que el amor a los pobres sea siempre una utopía, como lo es el reinado de Dios, hacia el que tender cada vez con mayor dedicación, compromiso y militancia.


Imagen tomada de https://www.religiondigital.org/vaticano/dilexi-te-pobres-Leon-XIV-Francisco-Iglesia-legado-injusticia-mujer-pobreza-desigualdad-esclavitud-cristianos-limosna_0_2823617618.html

 

Domingo 29C

Dios hará justicia a sus amigos


DOMINGO VIGESIMONOVENO - "C


Eduardo de la Serna




Lectura del libro del Exodo     17, 8-13


Resumen: En el contexto en el que se muestra que Dios acompaña a su pueblo en el desierto alimentándole y dándole bebida, también se muestra que lo protege de sus enemigos. Pero Dios cuenta con sus amigos para ello. Moisés y su cayado serán la mediación que Dios elige para manifestar su cuidado de Israel. Sin ellos, pareciera que se desentiende de su pueblo.

Los amalecitas constituyen una tribu amenazadora que se ubica geográficamente en el sur (Gen 14,7; Num 13,29; 14,25; 24,20; Dt 25,17-19; 1 Sam 15,7; 2 Sam 15,2-3), aunque no necesariamente en un lugar fijo ya que parecen ser nómades. La fatiga de Moisés prepara lo que dirá en 18,18 lo que –a su vez- antecede la debilidad para seguir ejerciendo la autoridad. Así son presentados Jur y Josué como sus ayudantes, además de Aarón. Jur (24,14) –de quien se habla poco- será el abuelo de un artesano de la tribu de Judá (31,1-2; 35,30; 38,22) y Josué será su colaborador más cercano y finalmente su sucesor. Aparece aquí por primera vez; en 24,13 será presentado como “ayudante” (cf. 33,11; Num 11,28; Dt 1,38), será enviado como explorador a la tierra (Num 13,16 donde se afirma que su nombre era Hosea y Moisés le cambió el nombre [“Yahvé salva”]), Moisés debe imponerle las manos porque en él está el espíritu (
Num 27,18; Dt 34,9) y sucesor de Moisés (Dt 3,28; 31,3.7.23). 

El cayado / bastón de Moisés (Ex 4,2) era simplemente su cayado para el camino, pero Dios empieza a manifestar en él su poder (4,4-5): con él ha de hacer signos varios (4,17-20), con él realiza Moisés muchos de los 10 signos (= plagas; 7,15.19; 8,1.12; 9,23; 10,13) y con él se abre el mar para que pase su pueblo (14,16), con él  Dios da agua a su pueblo en el desierto (17,5).

El tema de la acción divina y la cooperación humana queda resaltado. En realidad, el relato comienza con la entrada en escena de los amalecitas (v.8) y finaliza con la construcción de un altar y un dicho sobre el conflicto “de generación en generación” de Amalec e Israel (v.16) y esto debe quedar escrito en la bandera (el altar se llamará “Yahvé es mi bandera”). Toda esta última parte está omitida en el texto litúrgico, sin dudas para resaltar la semejanza con el Evangelio del día. Sin embargo la conclusión con la edificación del altar es coherente con la imagen sacerdotal que se muestra de Moisés.

Se ha destacado –probablemente con razón - que el texto parece fuera de lugar, ya que Moisés aparece como viejo y debilitado, lo que no es coherente con lo que presenta el contexto y eso es de esperar para más adelante; del mismo modo que el contexto geográfico. Amalec no parece enemigo de las tribus del sur de Israel (Judá, por ejemplo), pero tiene sentido teológico ya que el relato muestra a un Dios que cuida a su pueblo alimentándolo (Ex 16), dándole bebida (Ex 17,1-7), y también protegiéndolo de sus enemigos (17,8-16). Como Abraham (Gen 12,7; 13,18) y como Jacob (28,16-22) construye un altar. No es un altar mandado por Dios (como se esperaría en la tradición sacerdotal) sino de homenaje del patriarca y por decisión propia.

El texto parecería casi mágico ya que son las manos en alto y el cayado las que hacen que Israel venza en la batalla; como si no importara tanto la oración en sí misma, cuanto la postura corporal. Evidentemente, alzar la mano es la actitud de la oración (Gen 14,22; Sal 44,21; 134,2; también la del juramento, Ez 20,28; Dn 12,7). En Ex 14,16 habíamos visto que las manos alzadas de Moisés y el cayado obran un prodigio, en este caso la separación de las aguas del mar; en Num 20,11 hacen brotar agua de la roca. Sin dudas el texto intenta resaltar ambos elementos: tanto la actitud del mediador, Moisés, que Dios pareciera “necesitar”, cuanto el obrar de Dios sin el cual el pueblo no puede subsistir.



Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo     3, 14-4, 2

Resumen: Pablo deja a Timoteo como su sucesor. Debe continuar su obra de predicador en la comunidad, ahora predicando una doctrina y una enseñanza ya corporizada a una comunidad que tiene problemas con falsos maestros.


Como se ha dicho en comentarios anteriores, las cartas llamadas Pastorales (con sus diferencias entre ellas, debe aclararse) constituyen un peldaño en la organización y estructuración de las comunidades cristianas. Ha pasado ya mucho tiempo, los ministerios empiezan a solidificarse (Tito y 1 Timoteo), lo mismo que la doctrina. Ya es más claro quiénes somos y quienes no son de los nuestros, ya hay una “doctrina” y –por lo tanto- consciencia de qué teología no es “ortodoxa”. 

La unidad literaria de 2 Tim empieza en 3,1 señalando lo que ocurrirá “en los últimos tiempos” y su característica  será la dificultad, especialmente por parte de quienes “se introducirán” en las comunidades. Su vida y su enseñanza es algo de lo que Timoteo debe estar alerta. De allí que el autor insista en “tú, en cambio” (3,10.14; 4,5; cf. 1 Tim 6,11; Ti 2,1). Lo que se dice en todos estos casos es –precisamente- en contraste con los “falsos”: “huye de esas cosas” (1 Tim 6,11), “enseña lo que es conforme a la sana doctrina” (Ti 2,1); “tú, me has seguido” en enseñanzas y actitudes (2 Tim 3.10), “pórtate” coherentemente. Aquí, alude a la perseverancia y la doctrina. Como se ve, en todos los casos se refiere al contraste con los “falsos maestros” que son un acontecimiento que la tercera generación cristiana vivió con preocupación. En este caso, el primer “tú, en cambio” hace referencia al pasado de Timoteo, mientras que el segundo hace referencia a su futuro.

Es interesante notar las palabras clave de esta unidad: “aprender” (emathes, [de donde viene mathētēs, "aprendiz", discípulo] v.14 x2), “creer” (pistoō, v.14), conocer (v.14.15, oida), “sagradas letras” (hiera grammata, v.15), que “puede” (v.15, dynámena), sabiduría (sofízō, v.15), “salvación” (v.15, sōtería), “fe” (v.15, pistis), “escritura” (v.16, grafē), “inspirada por Dios” (v.16, theopneustos), “útil” (v.16, ōfélimos), “corregir” (v.16, epanōrtosin), “educar” (v.16, paideía), “justicia” (v.16, dikaiosynē), “perfecto” (v.17, ártios), “hombre de Dios” (v.17, theou ánthrōpos), “obra buena” (v.17, érgon agatòn), “perfecto” (v.17, exartizō), “testimonio” (4,1, diamartyromai), “proclama” (4,2, kēryssō), “palabra” (lógos, 4,2), “insiste” (epístēthi, 4,2), “examina” (4,2, élegxon), “amenaza” (4,2, epitimáō), “exhorta” (4,2, parakaléōē), paciencia” (4,2, makrothymía), “instrucción” (4,2, didajē). Como puede verse, la unidad está cargada de sentidos en orden a la fe y la enseñanza. Todo esto está sostenido por 4,1: “delante de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a los vivos y muertos, y la manifestación de su reino”.


Los elementos principales aquí son la enseñanza y las Escrituras. La enseñanza del apóstol –como se ha dicho- ya tiene un cierto “cuerpo” y es vista como una “doctrina”, o un “depósito”; las “sagradas escrituras” (así las llama Flavio Josefo al hablar del libro de Daniel, hierois grammasin) se refiere a la Biblia judía, aunque releída cristianamente. Recién tardíamente se empezó a hablar de “escrituras” para referir a escritos “cristianos”; y sólo una vez en el NT: cf. 2 Pe 3,16 (“grafàs). Pero toda esta lista de elementos, tienen como objetivo que el “hombre de Dios” esté capacitado y preparado perfectamente para hacer perfectamente el bien, esto refiere a la responsabilidad del dirigente de la comunidad. Moisés es el “hombre de Dios” (Dt 33,1; Jos 14,6; 1 Cr 23,14; 2 Cr 30,16; Esd 3,2; Sal 90,1 (también los profetas, como Elías (1 Re 17,24), Eliseo (2 Re 4,9); es posible que el uso aquí y en 1 Tim 6,11 atribuya a Timoteo lo que se afirma de Moisés como parece ocurrir en otras ocasiones (lo señalamos sobre la imposición de manos (cf. Dt 34,9).

Por eso Pablo “encomienda vivamente” (diamartyromai; cf. 1 Tim 5,21; 2 Tim 2,14) a Timoteo que siga su ejemplo como su sucesor. De allí los verbos en imperativo. Son verbos relacionados con la palabra, ya que Timoteo –como Pablo- debe hacerse cargo de la comunidad por medio de su enseñanza y predicación.


+ Evangelio según san Lucas     18, 1-8

Resumen: En un nuevo “de menor a mayor”, Lucas muestra en una parábola que un juez corrupto es capaz de hacer justicia ante la insistencia de una viuda. ¡Cuánto más! hará Dios por los suyos, su pueblo. 


El texto comienza señalando que “les decía” (18,1). El último sujeto del encuentro con Jesús fueron “los discípulos” (17,22; ver v.37), por tanto es a ellos a quienes se dirige la parábola, que es exclusiva de Lucas. Parábola que señala expresamente su intencionalidad (como lo hará la siguiente, v.9): para que ellos rezaran siempre y no aflojaran. Ya sabemos la importancia que Lucas da a la oración en su evangelio, mostrando con frecuencia a Jesús en oración en los momentos importantes de su ministerio y también los discípulos (3,21; 5,16; 6,12.28; 9,18.28; 11,1-2; 22,41.46; 23,36.46; Hch 1,14; 2,42; 3,1; 6,4.6; 10,4.9.30-31; 12,5.12; 16,13.16.25; 20,36; 21,5; 22,17; 28,8). La parábola no es una de las características de dos personajes, ya que en ese caso se contrastarían las dos actitudes, y aquí se pretende mostrar la importancia de la insistencia, por tanto, la actitud de la viuda. La parábola señala que se “debe” (deî) rezar; este deber está relacionado al deseo de Dios

El caso está puesto en un nuevo qal wahomer (“de menor a mayor”) que recuerda la parábola del “administrador deshonesto” que comentamos semanas atrás (16,1-13). Podríamos resumirla de este modo: si un deshonesto hace estas cosas, cuánto más hará Dios; del mismo modo, Jesús invita expresamente a hacer esa comparación en esta ocasión (16,8; 18,6). 

El término clave de la parábola es “justicia” (o “adversario”, v.3; “injusticia”, v.6) ya que se trata de un juez, y de lo que la viuda espera, pero algo que también se incorpora a la conclusión: se destaca que Dios “hará justicia” (18,6.7), no que dará lo que se le pide. Como también es habitual en las parábolas de Lucas, un personaje cambia de actitud después de “entrar en sí mismo”. El monólogo ocupa un lugar en su narrativa (16,3; ver 12,17; 15,17). Este juez es presentado como inescrupuloso y no religioso (“sin temor de Dios”); y la falta de “respeto” por las personas se entiende como sin vergüenza (ver Ex 10,16; cf. 1 Cor 4,4; 2 Tes 3,14; Ti 2,8; Mt 21,37; Mc 12,6); es decir, se desentiende de los dos mandamientos principales de la Ley (cf. 10,27).

El juez se dice a sí mismo algo insólito: “no temo a Dios ni respeto a los hombres”, pero el acento está puesto en el contraste dado que finalmente “hará justicia”, aunque no sea por “respeto a la viuda”, o por “temor de Dios”. No hay imagen alguna de arrepentimiento. Lo que cuenta es que la viuda (personaje símbolo del desamparo en la literatura bíblica; cf. Ex 22,2; Dt 10,18; 14,29; 16,11.14; 24,19-21; 26,12-13; Sal 68,6; 93,6; 146,9; Is 1,17.23; Jer 22,3; Lam 1,1) recibirá aquello que ha pedido: “hazme justicia” (v.3), “le haré justicia” (v.5). Los detalles se eliminan (nombre de la ciudad, causa del conflicto que mueve a la viuda…) a fin de que su insistencia quede en primer lugar. Lo cierto es que en Israel cualquier juez temeroso de Dios se ocuparía fervientemente por la justicia de los desamparados como es el caso de una viuda: “No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda” (Dt 24:17); “¡Maldito quien cometa injusticia con el emigrante, el huérfano o la viuda!, y todo el pueblo responderá: ¡Amén!” (Dt 27:19). 

En los sinópticos, un “juez” se encuentra en el documento Q (Mt 5,25 / Lc 12,58 y Mt 12,27 / Lc 11,19) y en la fuente propia de Lucas (12,14; 18,2.6; cf. Hch 10,42; 13,13,20; 18,15; 24,10 referido habitualmente a los magistrados locales). Nunca en Marcos, o Juan, ni en Pablo (una vez en 2 Tim y Heb y 4x en Santiago). Las “viudas”, se destacan en Mc 12 (vv.40.42.43) y son importantes en Lucas (9x: 2,37; 4,25.26; 7,12; 18,3.5; 20,47; 21,2.3; y Hch 6,1; 9,39.41; nunca en Mateo y Juan, solo 1x en Pablo, Santiago y Apocalipsis, 6x en 1 Tim). 

El verbo “molestar” (paréjō) se vuelve a encontrar en la parábola del amigo nocturno (11,7) que tiene una intencionalidad semejante (una vez más Lucas destaca un varón y una mujer en textos paralelos; cf. 2,33.36; 4,25.27; 13,18.20; 15,4.8). La segunda parte “que no venga a agredirme” (hypōpiazein) puede entenderse incluso violentamente (cf. 1 Cor 9,27; golpear en el ojo y dejarlo negro). Sin duda que si eso ocurriera, la reputación del juez quedaría seriamente dañada y vería amenazado su cargo. El riesgo probable de perder su honor no es ajeno a su cambio de actitud.

A pesar que el personaje es la viuda, Jesús llama la atención en el obrar del juez (aquí el kal wahomer). De hecho, no dice cómo debemos comportarnos nosotros ante Dios en la oración, sino cómo se comporta él en nuestra oración. 

La conclusión –que es el fruto de la oración insistente- es que Dios ¿“hará justicia” a sus “elegidos”? (es una pregunta que supone un “¡sí!” por respuesta) ya que “claman” (Dios no permanece jamás indiferente ante el grito del dolor; Ex 8,12; 15,25; Núm 12,13), que en este caso es continuo (“día y noche”; cf. 2,37; Hch 9,24; 20,31; 26,7). ¿Los hará esperar? ¡No! (pregunta que supone un “¡no!” por respuesta). El verbo “makrothymeō puede entenderse de diferentes modos (cf. Mt 18,26-29; 1 Tes 5,14; Sgo 5,7-8; Rom 2,4; 9,22;  Ef 4,2; 1 Tim 1,16; 1 Pe 3,20; 2 Pe 3,9.15); en este caso el acento parece estár en la demora, la paciencia. La primera parte del v.8 invita a contrastarlo con éste en el sentido de la doble pregunta que presentamos. 

Les “hará justicia” pronto (tájei; única vez en los Evangelios; 3x en Hch; también puede ser “de pronto” en el sentido de “imprevistamente”). El retardo del juez (a la espera narrativa de la insistencia de la viuda) ilustra a su vez el retardo de la “justicia” (= salvación) de Dios. 

La conclusión –o el dicho final- es sorpresivo y no parece tener relación con la parábola: “Cuando venga el hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”.

Ambos aspectos, la venida y la fe son temas que se encuentran en las perícopas anteriores (17,22-37); es posible que estuviera unido a ellas cuando Lucas incorpora aquí la parábola. De este modo, ésta ya no es solamente una parábola sobre la oración, sino una invitación a no desfallecer (v.1) en esto (2 Tes 3,13; Ef 3,13; Ga 6,9; 2 Cor 4,1.16), aunque Jesús demore en venir (la tardanza en la Venida de Jesús parece un tema que Lucas tiene en cuenta). La fe es presentada como aquello que Jesús espera encontrar en sus “elegidos” [palabra poco frecuente, cf. Is 42,1; cf. Lc 9,35 (var.); 23,35]; cf. 6,13; Hch 1,2.24; 6,5; 15,7.22.25 donde el verbo “elegir” hace referencia al servicio de algunos en la comunidad. Es interesante que Israel, el pueblo “elegido” (cf. 1 Sam 2,9) es comparado con una “viuda” (Is 54,4). El término parece tener uso eclesiológico.



Foto personal tomada en Chiapas, México.

jueves, 9 de octubre de 2025

Lectura de la Dilexi Te desde Gustavo Gutiérrez

Lectura de la Dilexi Te desde Gustavo Gutiérrez

Eduardo de la Serna



Con la centralidad de los pobres que lo caracterizaba, Gustavo Gutiérrez repetía dos frases que hoy, en la Exhortación apostólica del papa León XIV adquieren nueva actualidad.

1.- Desde su experiencia pastoral en el Rimac, Gutiérrez insistía que al repetirle a los pobres que “Dios los ama”, ellos son buenos y no nos cuestionan, pero creo que dirían ¿cómo dice usted que Dios nos ama con todas las carencias que tenemos? Si Dios nos ama, ¿por qué no se nota? Y, entonces, repetía, «¿Cómo decirle al pobre que Dios lo ama?»

2.- Leyendo los textos bíblicos, Gutiérrez tenía claro que el cuidado del pobre es indispensable. Y, siguiendo Éxodo 22,25-26 habla de la prenda o garantía: “

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás al ponerse el sol, porque con él se abriga; es el vestido de su cuerpo. ¿Sobre qué va a dormir, si no? Clamará a mí, y yo le oiré, porque soy compasivo.

Y, entonces, partiendo de esto se preguntaba, «¿dónde dormirán los pobres?»

Creo que ambos elementos subyacen a la totalidad de la exhortación. Toda ella está formulada como una afirmación en la que, tomando la voz del Señor en el Apocalipsis comienza y termina diciéndole: “¡te he amado!” (3,19; # 1.121).

Por otra parte, la centralidad del cuidado de los pobres se repite muchas veces a lo largo del texto. Así lo dice casi concluyendo:

He decidido recordar esta bimilenaria historia de atención eclesial a los pobres y con los pobres para mostrar que ésta forma parte esencial del camino ininterrumpido de la Iglesia. El cuidado de los pobres forma parte de la gran Tradición de la Iglesia, como un faro de luz que, desde el Evangelio, ha iluminado los corazones y los pasos de los cristianos de todos los tiempos. Por tanto, debemos sentir la urgencia de invitar a todos a sumergirse en este río de luz y de vida que proviene del reconocimiento de Cristo en el rostro de los necesitados y de los que sufren. El amor a los pobres es un elemento esencial de la historia de Dios con nosotros y, desde el corazón de la Iglesia, prorrumpe como una llamada continua en los corazones de los creyentes, tanto en las comunidades como en cada uno de los fieles. La Iglesia, en cuanto Cuerpo de Cristo, siente como su propia “carne” la vida de los pobres, que son parte privilegiada del pueblo que va en camino. Por esta razón, el amor a los que son pobres —en cualquier modo en que se manifieste dicha pobreza— es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios. De hecho, cada renovación eclesial ha tenido siempre como prioridad la atención preferencial por los pobres, que se diferencia, tanto en las motivaciones como en el estilo, de las actividades de cualquier otra organización humanitaria (# 103).

Y así dice claramente:

en un mundo donde los pobres son cada vez más numerosos, paradójicamente, también vemos crecer algunas élites de ricos, que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común (# 11).

Citando la subversiva carta de Santiago (2,14-17; 5,3-5) afirma de modo contundente: “¡Qué fuerza tienen estas palabras, aunque prefiramos hacernos los sordos!” (# 30)

Con sencillez afirma que

Los pobres no están por casualidad o por un ciego y amargo destino. Menos aún la pobreza, para la mayor parte de ellos, es una elección. Y, sin embargo, todavía hay algunos que se atreven a afirmarlo, mostrando ceguera y crueldad (# 14).

Porque – lo acababa de indicar:

Muchas veces me pregunto por qué, aun cuando las Sagradas Escrituras son tan precisas a propósito de los pobres, muchos continúan pensando que pueden excluir a los pobres de sus atenciones. (# 23)

El ejemplo y el testimonio de Óscar Romero merece destacarse:

En el período postconciliar, en casi todos los países de América Latina se sintió fuertemente la identificación de la Iglesia con los pobres y la participación activa en su rescate. Fue el corazón mismo de la Iglesia el que se conmovió ante tanta gente pobre que sufría desempleo, subempleo, salarios inicuos y estaba obligada a vivir en condiciones miserables. El martirio de san Óscar Romero, arzobispo de San Salvador, fue al mismo tiempo un testimonio y una exhortación viva para la Iglesia. Él sintió como propio el drama de la gran mayoría de sus fieles y los hizo el centro de su opción pastoral (# 89).

Una Iglesia pobre, para los pobres y de los pobres. ¡De eso se trata! Y, como lo indica el mismo Papa:

Se comprende bien, entonces, por qué se puede hablar también teológicamente de una opción preferencial de Dios por los pobres, una expresión nacida en el contexto del continente latinoamericano y en particular en la Asamblea de Puebla, pero que ha sido bien integrada en el magisterio de la Iglesia sucesivo (# 16).

Creo – mirando el texto papal – que de cierto modo Gustavo Gutiérrez ¡puede descansar en paz!

 

PS. Cualquier lector de las obras de Gustavo Gutiérrez conoce, desde la programática Teología de la Liberación. Perspectivas (cap. 13 nota 3; 1971) la importancia del discurso del cardenal Lercaro citado en # 84.


Foto personal 2019