Video con comentario al Evangelio del domingo 30º C
o también en
Eduardo
“Cuanto hicieron a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mateo 25,40)
Reflexión dirigida a
aquellos con quienes compartimos la misma fe y el amor militante a las víctimas
de la pobreza y la injusticia, con motivo de las próximas elecciones
legislativas del 26 de octubre.
En todo gobierno democrático se
supone que debiera haber división de poderes. El poder legislativo, como
sabemos, es el que procura las mejores leyes, en los diferentes órdenes y
espacios. Como es evidente, siempre hay nuevos temas, o leyes que han quedado
desactualizadas, o que se manifiestan ineficaces o las hay insuficientes que
requieren nuevas. Sabemos que puede haber leyes que sean injustas, o incluso
inconstitucionales, y es por eso que pretendemos el mejor y más justo Poder Legislativo
posible.
Como representantes del pueblo
(diputados) o de las provincias (senadores) los legisladores tienen la
responsabilidad de proponer leyes, o incluso poner límites a los abusos de
otros poderes, como es el caso de frenar tantos proyectos de leyes que atentan
contra los y las pobres. Las actitudes de injusticia manifiesta del Poder
Ejecutivo y sus legisladores contra las personas con discapacidad, contra los jubilados,
la educación pública, las universidades, la salud pública, como los casos de
los hospitales Garrahan, Posadas o el Clínicas, o la vergonzosa resignación de
soberanía en lo económico, lo territorial y de los recursos en manos de la
potencia hegemónica, nos ponen en estado de alerta frente a la urgencia por
elegir candidatos de aquellas fuerzas políticas que se hayan opuesto a la
injusticia social, al saqueo y el colonialismo.
Recientemente, el Papa León XIV
hizo público su primer documento centrado claramente en el amor que se ha de
tener por los pobres (se la conoce por su nombre en latín, Dilexi Te).
De ella extraemos estos pasajes con los que pretendemos invitar a pensar a la
hora de emitir nuestro voto:
Los pobres no están por casualidad o
por un ciego y amargo destino. Menos aún la pobreza, para la mayor parte de
ellos, es una elección. Y, sin embargo, todavía hay algunos que se atreven a
afirmarlo, mostrando ceguera y crueldad. (…) No podemos decir que la mayor
parte de los pobres lo son porque no hayan obtenido “méritos”, según esa falsa
visión de la meritocracia en la que parecería que sólo tienen méritos aquellos
que han tenido éxito en la vida. (# 14)
…es preciso seguir denunciando la
“dictadura de una economía que mata” y reconocer que «mientras las ganancias de
unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más
lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de
ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la
especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los
Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía
invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus
leyes y sus reglas». Aunque no faltan diferentes teorías que intentan
justificar el estado actual de las cosas, o explicar que la racionalidad
económica nos exige que esperemos a que las fuerzas invisibles del mercado
resuelvan todo, la dignidad de cada persona humana debe ser respetada ahora, no
mañana, y la situación de miseria de muchas personas a quienes esta dignidad se
niega debe ser una llamada constante para nuestra conciencia. (# 92)
Se vuelve normal ignorar a los pobres
y vivir como si no existieran. Se presenta como elección racional organizar la
economía pidiendo sacrificios al pueblo, para alcanzar ciertos objetivos que
interesan a los poderosos; mientras que a los pobres sólo les quedan promesas
de “gotas” que caerán, hasta que una nueva crisis global los lleve de regreso a
la situación anterior. Es una auténtica alienación aquella que lleva sólo a
encontrar excusas teóricas y no a tratar de resolver hoy los problemas
concretos de los que sufren. (# 93)
Agradecidos por esta carta del
papa León queremos seguir escuchando a Jesús que nos dice – y con frecuencia
León lo repite en el texto – que Jesús se identifica con las víctimas y por eso
dice “Cuanto hicieron a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo
hicieron” (Mateo 25,40)
Creemos que la Patria se
encuentra en un momento dramático, en el que la democracia de muy baja
intensidad que ostenta el Poder Ejecutivo – con la complicidad del Poder
Judicial en el cual no se avergüenza de intervenir impunemente – requiere
límites o voces que se levanten claras y contundentes en favor de los pobres y
de las víctimas que este mismo gobierno engendra día a día (aunque los “dibujos”
oficiales quieran hacer creer lo contrario). Los problemas políticos se
solucionan con mejores políticas, no con espectáculos musicales o con abrazos
clientelares; no esperamos que, desde afuera, ni los EEUU ni el FMI, nos
indiquen ni a quien votar ni las mejores políticas económicas, ciertamente,
mejores “para ellos”. Reiteramos que una política que no tenga en cuenta la
dignidad de las personas empobrecidas sólo merece rechazo. Y esperamos que eso
se manifieste en las urnas.
17 de
octubre 2025 (fiesta de san Ignacio de Antioquía)
Curas en opción por las
y los pobres
Cleofás, un discípulo, y su mujer, María
En los relatos de la pasión de Lucas y de Juan
encontramos el nombre de un conocido de la comunidad al que llaman “Cleofás”,
que es una abreviatura de “Cleopatros”, un nombre claramente griego (todos
conocemos el femenino Cleopatra).
Se nos dice – en Juan 19,25 – que al pie de la cruz
hay un pequeño grupo de tres mujeres. Una de ellas es la madre de Jesús, otra
es María Magdalena y la tercera es “María de Cleofás”. Con el “de” puede
significarse hija de o esposa de Cleofás. Hay que recordar que, en aquellos
tiempos, la mujer era tenida por propiedad de algún varón, sea su padre o sea su esposo.
Pero, especialmente por tratarse de una mujer adulta que no vivía en casa
paterna, todo indica que se nos indica que Cleofás es su esposo.
En el Evangelio de san Lucas, en 24,18 Jesús se deja ver por dos discípulos que vuelven a su casa de Emaús. Uno de ellos es Cleofás. Del otro u otra no se dice ni su nombre ni su género. Es sensato pensar que se trata del matrimonio que regresa a su casa luego de la fiesta de la Pascua, y – como discípulos que eran – implicados en el drama de lo que había ocurrido. De hecho, ambos invitan al peregrino – que es Jesús, aunque ellos lo desconocen – a quedarse en la casa, cenar y pasar la noche. Evidentemente, entonces, el otro peregrino de Emaús es probablemente María, la mujer de Cleofás.
Así podemos notar que se trata de un matrimonio que,
aunque no nos sea muy conocido a nosotros, sí lo es para el cristianismo primitivo.
Estar junto a la cruz (Juan), con las dificultades
que eso significa, implica una actitud de discipulado muy importante. Por eso
está junto a la Madre de Jesús y de María Magdalena, ¡nada menos! Se trata de
un estar que no es meramente pasivo, sino una firme decisión de hacerlo. Las
tres mujeres eligen, asumiendo los riesgos que eso implica, estar al lado del
crucificado. Los otros evangelios indican que todos lo han abandonado y dejado
solo. En la cruz hay algunos “a lo lejos” (Mc 15,40; Mt 27,55; Lc 23,49); Juan,
en cambio, muestra la excepción de estas mujeres ejemplares.
Por otro lado (Lucas), el matrimonio vuelve
entristecido a su casa después de todas las cosas que ocurrieron con Jesús de
las que ellos fueron testigos, conversando y debatiendo acerca de todo esto
(24,15). Sobre esto le “informan” al peregrino desconocido que pregunta qué ha
ocurrido (24,19-24), pero que luego les explicará el sentido de todo lo esto partiendo por Moisés y también por "todos" los profetas (24,27). Con esto les
arde el corazón (24,32), pero, finalmente, cuando Jesús “parte el pan” se les
abren los ojos y “lo reconocen” (24,31). Y, como no pueden guardarlo para ellos, vuelven rápidamente a Jerusalén a informarlo a los demás (24,33).
Cleofás y María son, entonces, ejemplo de un
matrimonio que ha acompañado a Jesús en los momentos cruciales de la cruz y de
la muerte; que se ha descorazonado por esto, lo que parece el fin de la
esperanza que habían puesto en el profeta Jesús, pero que, abiertos al diálogo,
por haber elegido “estar junto a la cruz”, y por dejar que “arda su corazón”
cuando se les explica la Biblia y los acontecimientos, terminen reconociendo al
resucitado en la eucaristía, el pan partido que hace presente a Jesús entre los
suyos. Pero, además, teniendo claro que no pueden guardarse esa buena noticia
para ellos mismos, sino que, olvidando los riesgos de la noche en los caminos,
vuelven a comunicar a sus hermanos esa buena noticia (= Evangelio) de que la vida ha vencido a
la muerte. La cruz y el camino son los lugares donde María y Cleofás están
junto a Jesús, y desde donde eligen anunciar la vida poniéndose en camino para
invitar a que otros y otras crean que “es verdad, ha resucitado”.
Como ya se ha dicho abundantemente y se ha comentado, el Papa León XIV ha
publicado su primera exhortación apostólica, Dilexi Te, dedicada al amor a los
pobres. La frase, “te
he amado” (egō ēgápēsá se; Apocalipsis 3,9) la dirige el Papa a los pobres. El
texto bíblico dice otra cosa: se dirige a la comunidad de Filadelfia en
momentos críticos, algunos son perseguidos, pero tienen una puerta siempre
abierta ante Dios. No habla de los pobres. Lamentablemente, desde hace muchos
años, el uso de la Biblia en los documentos vaticanos no suele seguir las
indicaciones que el mismo Vaticano ha señalado.
Pero mirando la Exhortación, y habiendo ya
señalado en otra ocasión sus muchos aspectos positivos, quiero detenerme en
otros puntos.
«la
organización de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar
con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos
derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones
y la realidad gritan otro mensaje» (#12),
·
pero pareciera que la Iglesia no forma parte de
esas “sociedades” ya que “la misma dignidad e idénticos derechos” no ocurren en
su seno.
Valgan estos ejemplos, que
podrían ampliarse, para señalar límites de una buena Exhortación Apostólica.
Limites señalados, no por afán de crítica, sino para que el amor a los pobres
sea siempre una utopía, como lo es el reinado de Dios, hacia el que tender cada
vez con mayor dedicación, compromiso y militancia.
Imagen tomada de https://www.religiondigital.org/vaticano/dilexi-te-pobres-Leon-XIV-Francisco-Iglesia-legado-injusticia-mujer-pobreza-desigualdad-esclavitud-cristianos-limosna_0_2823617618.html
Dios hará justicia a sus amigos
Es interesante
notar las palabras clave de esta unidad: “aprender” (emathes,
[de donde viene mathētēs,
"aprendiz", discípulo] v.14 x2), “creer” (pistoō, v.14),
conocer (v.14.15, oida),
“sagradas letras” (hiera
grammata, v.15), que “puede” (v.15, dynámena),
sabiduría (sofízō, v.15), “salvación” (v.15, sōtería),
“fe” (v.15, pistis),
“escritura” (v.16, grafē), “inspirada por Dios” (v.16, theopneustos),
“útil” (v.16, ōfélimos), “corregir” (v.16, epanōrtosin),
“educar” (v.16, paideía),
“justicia” (v.16, dikaiosynē), “perfecto” (v.17, ártios),
“hombre de Dios” (v.17, theou
ánthrōpos),
“obra buena” (v.17, érgon agatòn), “perfecto” (v.17, exartizō),
“testimonio” (4,1, diamartyromai),
“proclama” (4,2, kēryssō), “palabra” (lógos,
4,2), “insiste” (epístēthi,
4,2), “examina” (4,2, élegxon), “amenaza” (4,2, epitimáō),
“exhorta” (4,2, parakaléōē), paciencia” (4,2, makrothymía),
“instrucción” (4,2, didajē). Como puede verse, la unidad está
cargada de sentidos en orden a la fe y la enseñanza. Todo esto está sostenido
por 4,1: “delante de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a los
vivos y muertos, y la manifestación de su reino”.
o también en
Eduardo
Lectura de la Dilexi Te desde Gustavo Gutiérrez
Eduardo de la Serna
Con la centralidad de los pobres
que lo caracterizaba, Gustavo Gutiérrez repetía dos frases que hoy, en la
Exhortación apostólica del papa León XIV adquieren nueva actualidad.
1.- Desde su experiencia pastoral
en el Rimac, Gutiérrez insistía que al repetirle a los pobres que “Dios los ama”,
ellos son buenos y no nos cuestionan, pero creo que dirían ¿cómo dice usted que
Dios nos ama con todas las carencias que tenemos? Si Dios nos ama, ¿por qué no
se nota? Y, entonces, repetía, «¿Cómo decirle al pobre que Dios lo ama?»
2.- Leyendo los textos bíblicos,
Gutiérrez tenía claro que el cuidado del pobre es indispensable. Y, siguiendo Éxodo
22,25-26 habla de la prenda o garantía: “
Si tomas en
prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás al ponerse el sol, porque con
él se abriga; es el vestido de su cuerpo. ¿Sobre qué va a dormir, si no?
Clamará a mí, y yo le oiré, porque soy compasivo.
Y, entonces, partiendo de esto se
preguntaba, «¿dónde
dormirán los pobres?»
Creo que ambos elementos subyacen a la totalidad de la exhortación.
Toda ella está formulada como una afirmación en la que, tomando la voz del
Señor en el Apocalipsis comienza y termina diciéndole: “¡te he amado!” (3,19; #
1.121).
Por otra parte, la centralidad del cuidado de los pobres
se repite muchas veces a lo largo del texto. Así lo dice casi concluyendo:
He decidido recordar esta bimilenaria
historia de atención eclesial a los pobres y con los pobres para mostrar que
ésta forma parte esencial del camino ininterrumpido de la Iglesia. El cuidado
de los pobres forma parte de la gran Tradición de la Iglesia, como un faro de
luz que, desde el Evangelio, ha iluminado los corazones y los pasos de los
cristianos de todos los tiempos. Por tanto, debemos sentir la urgencia de
invitar a todos a sumergirse en este río de luz y de vida que proviene del
reconocimiento de Cristo en el rostro de los necesitados y de los que sufren.
El amor a los pobres es un elemento esencial de la historia de Dios con
nosotros y, desde el corazón de la Iglesia, prorrumpe como una llamada continua
en los corazones de los creyentes, tanto en las comunidades como en cada uno de
los fieles. La Iglesia, en cuanto Cuerpo de Cristo, siente como su propia
“carne” la vida de los pobres, que son parte privilegiada del pueblo que va en
camino. Por esta razón, el amor a los que son pobres —en cualquier modo en que
se manifieste dicha pobreza— es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al
corazón de Dios. De hecho, cada renovación eclesial ha tenido siempre como
prioridad la atención preferencial por los pobres, que se diferencia, tanto en
las motivaciones como en el estilo, de las actividades de cualquier otra
organización humanitaria (# 103).
Y
así dice claramente:
en un mundo
donde los pobres son cada vez más numerosos, paradójicamente, también vemos
crecer algunas élites de ricos, que viven en una burbuja muy confortable y
lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común (# 11).
Citando la subversiva carta de
Santiago (2,14-17; 5,3-5) afirma de modo contundente: “¡Qué fuerza tienen estas
palabras, aunque prefiramos hacernos los sordos!” (# 30)
Con sencillez afirma que
Los pobres no
están por casualidad o por un ciego y amargo destino. Menos aún la pobreza,
para la mayor parte de ellos, es una elección. Y, sin embargo, todavía hay
algunos que se atreven a afirmarlo, mostrando ceguera y crueldad (# 14).
Porque – lo acababa de indicar:
Muchas veces me pregunto por qué, aun
cuando las Sagradas Escrituras son tan precisas a propósito de los pobres,
muchos continúan pensando que pueden excluir a los pobres de sus atenciones. (#
23)
El
ejemplo y el testimonio de Óscar Romero merece destacarse:
En el período
postconciliar, en casi todos los países de América Latina se sintió fuertemente
la identificación de la Iglesia con los pobres y la participación activa en su
rescate. Fue el corazón mismo de la Iglesia el que se conmovió ante tanta gente
pobre que sufría desempleo, subempleo, salarios inicuos y estaba obligada a
vivir en condiciones miserables. El martirio de san Óscar Romero, arzobispo de
San Salvador, fue al mismo tiempo un testimonio y una exhortación viva para la
Iglesia. Él sintió como propio el drama de la gran mayoría de sus fieles y los
hizo el centro de su opción pastoral (# 89).
Una
Iglesia pobre, para los pobres y de los pobres. ¡De eso se trata! Y, como lo
indica el mismo Papa:
Se comprende
bien, entonces, por qué se puede hablar también teológicamente de una opción
preferencial de Dios por los pobres, una expresión nacida en el contexto del
continente latinoamericano y en particular en la Asamblea de Puebla, pero que
ha sido bien integrada en el magisterio de la Iglesia sucesivo (# 16).
Creo – mirando el texto papal –
que de cierto modo Gustavo Gutiérrez ¡puede descansar en paz!