Una en favor de Hakuna
Eduardo de la Serna
Hace ya tiempo escribí muy
críticamente sobre el grupo y los temas musicales de Hakuna. Escribí
sobre lo que pude ver (y va más allá de mis gustos musicales, por aquello de “sobre
gustos…”). Evidentemente, si del grupo musical hablamos, ha de ser bueno:
se hicieron presentes en el Jubileo de los jóvenes en Roma, y en la Puerta del
Sol, en Madrid. Un grupo de carilindos, con la sonrisa pegada en la cara, suele
ser atractivo; ¡más en tiempos oscuros! Más cuando hay muchos “problemas”.
Como es sabido, el grupo es la
expresión musical de un movimiento con el mismo nombre (cosa que ocurrió en
otras ocasiones, como fue el caso del grupo Viva la Gente en los 70). El nombre
remite, es fácil de ver, al simpático “Hakuna Matata” cantado en la
película el Rey León (que remite a palabras africanas, en suajili, diciendo “¡no
hay problemas!”, sic). Todo remite a inocencia y alegría. Y, por cierto, no es difícil
entender que lo que el grupo expresa musicalmente es lo que el movimiento
sostiene.
Por tanto, si las letras son
espiritualistas, individualistas e intimistas, no es difícil imaginar que tal
es la ideología del movimiento. Y, precisamente, por lo de tiempos oscuros, no
es difícil entender el por qué de gran parte de su suceso. Que el fundador
provenga del Opus Dei (un Opus Dei con lifting lo han
llamado) explica, ciertamente, la ideología.
Pero quiero deslizar otra mirada…
Esta favorable, o, más precisamente, digna de aprender. Hace tiempo sostenemos
que ese dualismo de que haya “cosas cristianas” es equivocado, que “no es por
ahí…” porque “¡hay una sola historia!”, partido demócrata “cristiano”, grupo de
empresarios “cristianos”, música “cristiana”, etc… Yo creo que lo que es bueno
hacer no es que personas aptas para eso, escriban canciones que se canten en
todas las misas, por ejemplo… creo que lo que debiéramos hacer es – los que
están capacitados para eso, por cierto – canciones que transmitan valores y que
todos canten (no solamente los “cristianos”). Por eso he dicho, en ocasiones,
que aportan más Peteco Carabajal o León Gieco, por ejemplo, que los que han
escrito maravillosas canciones “cristianas”. Y eso, me parece, muestra Hakuna…
Un aparente grupo musical de excelencia que logra que todos (o muchos, para ser
precisos) quieran escucharlos y cantar sus canciones… Creo que ese es el
desafío de los artistas, ¡transmitir!
En lo personal quisiera que
pintores, músicos, escritores compusieran obras maravillosas que transmitan
valores propios del Evangelio y que todos quieran repetirlas, leerlas,
cantarlas… No las de Hakuna, por cierto, pero si que haya quienes
movilicen en pro de la justicia social, la paz “desarmada y desarmante”, la
verdad militante, la solidaridad compartida. Es decir, ¡sí como Hakuna!,
¡no lo de Hakuna!
Para uso litúrgico , el cancionero de Grupo Pueblo de Dios , con Osvaldo Catena como fundador, creó un corpus bastante interesante pero para uso litúrgico, claro, no para fogón.
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