A metros de la justicia. Metros no recorridos.
A
mediados de 1976 desapareció una conocida. Con una amiga en común – todavía no
sabíamos la “dinámica” de las desapariciones y pensamos que a lo mejor sería
liberada pronto – fuimos a la escuela donde daba catequesis diciendo que ella
había debido viajar urgente al Paraguay por cuestiones familiares, y la reemplazaríamos
como suplentes. Fue solo unas semanas, hasta que las monjas se dieron cuenta
que “en algo andaría” y eligieron otra catequista.
En
esas semanas de clases nos enteramos del “accidente” de Enrique Angelelli, y
ambos, mi amiga y yo, sostuvimos en clase sin duda ninguna: “¡lo mataron!” No éramos
peritos forenses, no consultamos expediente ninguno, no teníamos pruebas ni
nada por el estilo, y tampoco nos movía conspiranoia alguna. Era simplemente “saber”,
“ver”, “entender”, “comprender” … Así son, así actúan. Así habían chupado a
nuestra amiga, que mucho tiempo después fue blanqueada como PEN, por lo que se
salvó. Todos los medios y sus lectores decían que Angelelli había sufrido un “accidente”,
nosotros sosteníamos “crimen”.
Pocos
en los ambientes eclesiales decían “asesinato”, y eran mal mirados, si hasta
Primatesta le dijo a don Jaime De Nevares “usted dice asesinato, con lo que nos
está acusando de cómplices” [cito de memoria; el texto en La Verdad los hará
libres]. Fue famosa la foto de cuatro obispos con ornamentos rojos (= martirio)
celebrando a Angelelli: Jaime De Nevares, Miguel Esteban Hesayne, Jorge Novak y
Marcelo Mendiharat (obispo de Salto, Uruguay en el exilio en Argentina); foto
que se encontraba en el comedor del seminario de Quilmes, a la que bromeando
los seminaristas llamaban “Los Chalchaleros”.
Claro
que todo esto vino acompañado por el invierno eclesial que en Argentina “pegó
fuerte”. Los obispos, incluso mucho tiempo después de terminada la dictadura
cívico-militar con bendición eclesiástica repetían “accidente” (si hasta algún
obispo sostenía que eso ¡lo confirmó el FBI!); “todos sabíamos que Angelelli
manejaba mal”, dijo más de un purpurado. Pero hubo algunas disidencias más, y
el poder judicial, que en algunas ocasiones demuestra ser “justicia”, que dijo “homicidio
esperado por la víctima” y hasta algún nuevo obispo que se decidió a investigar
más, y el apoyo del papa Francisco terminaron no solamente reconociendo el martirio
sino, además, celebrando su beatificación. Claro que esto no significa que estos
beatos sean “santos de la devoción” episcopal. Ciertamente que no. Es que
reconocerlos como mártires y beatos significa escuchar, significa que Dios algo
está diciendo, significa que hay otra Iglesia, otro camino. Incómodo camino.
Molesta Iglesia. Entonces, ¡volvamos al silencio!
Algunos seguimos diciendo crimen, asesinato, martirio… otros dirán “mi amado predecesor” o cosas por el estilo. Y se sacan una foto con Victoria Villarruel, defensora tenaz de la Dictadura cívico militar con bendición eclesiástica, a metros de la tumba de Angelelli.
Foto tomada de https://www.facebook.com/diocesisquilmes/photos/a-mons-angelelli-no-sólo-le-quitaron-la-vida-sino-que-le-robaron-la-muerte-afirm/1029551500468486/

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