lunes, 16 de febrero de 2026

A metros de la justicia. Metros no recorridos.

A metros de la justicia. Metros no recorridos.

 Eduardo de la Serna



A mediados de 1976 desapareció una conocida. Con una amiga en común – todavía no sabíamos la “dinámica” de las desapariciones y pensamos que a lo mejor sería liberada pronto – fuimos a la escuela donde daba catequesis diciendo que ella había debido viajar urgente al Paraguay por cuestiones familiares, y la reemplazaríamos como suplentes. Fue solo unas semanas, hasta que las monjas se dieron cuenta que “en algo andaría” y eligieron otra catequista.

En esas semanas de clases nos enteramos del “accidente” de Enrique Angelelli, y ambos, mi amiga y yo, sostuvimos en clase sin duda ninguna: “¡lo mataron!” No éramos peritos forenses, no consultamos expediente ninguno, no teníamos pruebas ni nada por el estilo, y tampoco nos movía conspiranoia alguna. Era simplemente “saber”, “ver”, “entender”, “comprender” … Así son, así actúan. Así habían chupado a nuestra amiga, que mucho tiempo después fue blanqueada como PEN, por lo que se salvó. Todos los medios y sus lectores decían que Angelelli había sufrido un “accidente”, nosotros sosteníamos “crimen”.

Pocos en los ambientes eclesiales decían “asesinato”, y eran mal mirados, si hasta Primatesta le dijo a don Jaime De Nevares “usted dice asesinato, con lo que nos está acusando de cómplices” [cito de memoria; el texto en La Verdad los hará libres]. Fue famosa la foto de cuatro obispos con ornamentos rojos (= martirio) celebrando a Angelelli: Jaime De Nevares, Miguel Esteban Hesayne, Jorge Novak y Marcelo Mendiharat (obispo de Salto, Uruguay en el exilio en Argentina); foto que se encontraba en el comedor del seminario de Quilmes, a la que bromeando los seminaristas llamaban “Los Chalchaleros”.

Claro que todo esto vino acompañado por el invierno eclesial que en Argentina “pegó fuerte”. Los obispos, incluso mucho tiempo después de terminada la dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica repetían “accidente” (si hasta algún obispo sostenía que eso ¡lo confirmó el FBI!); “todos sabíamos que Angelelli manejaba mal”, dijo más de un purpurado. Pero hubo algunas disidencias más, y el poder judicial, que en algunas ocasiones demuestra ser “justicia”, que dijo “homicidio esperado por la víctima” y hasta algún nuevo obispo que se decidió a investigar más, y el apoyo del papa Francisco terminaron no solamente reconociendo el martirio sino, además, celebrando su beatificación. Claro que esto no significa que estos beatos sean “santos de la devoción” episcopal. Ciertamente que no. Es que reconocerlos como mártires y beatos significa escuchar, significa que Dios algo está diciendo, significa que hay otra Iglesia, otro camino. Incómodo camino. Molesta Iglesia. Entonces, ¡volvamos al silencio!

Algunos seguimos diciendo crimen, asesinato, martirio… otros dirán “mi amado predecesor” o cosas por el estilo. Y se sacan una foto con Victoria Villarruel, defensora tenaz de la Dictadura cívico militar con bendición eclesiástica, a metros de la tumba de Angelelli.


Foto tomada de https://www.facebook.com/diocesisquilmes/photos/a-mons-angelelli-no-sólo-le-quitaron-la-vida-sino-que-le-robaron-la-muerte-afirm/1029551500468486/

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