El Papa no es la Iglesia
No quiero que un papa visite nuestro país
Eduardo de la Serna
Desde hace ya bastante tiempo, la Iglesia se ha vuelto bastante “papolátrica”, y lo que el papa hace o dice pareciera que lo hace y dice la Iglesia, o debiera. Quienes creemos que la Iglesia es una comunidad nos encontramos bastante disconformes con esta idea.
Escuchamos decir que Francisco fue el “papa de la primavera”, pero la
primavera de la Iglesia estaba muy lejos de ser una realidad, por mas esfuerzos
que el pontífice hiciera. Creo que todos somos testigos contemporáneos de una inmensa
cantidad de obispos invernales, por ejemplo; o curas, o movimientos, o laicos.
Creer que porque el Papa fuera primaveral (y, además, ¿lo fue realmente?) toda
la Iglesia lo era, resulta por lo menos ingenuo, si no, además, teológicamente
extraño y ajeno a la realidad.
Es evidente que, en la Iglesia, pueblo de Dios, cada obispo es responsable
de la animación y acompañamiento de sus comunidades. En un país existen,
además, las conferencias episcopales, que no son una lista de “mandamases” sino
una comunidad, a su vez. Es decir, aquello que podría decirse, hacerse en una
comunidad eclesial, es responsabilidad, compromiso de los obispos del lugar, no
del papa. Y sabemos y somos testigos de enormes “baches”, o limitaciones de
diócesis, o países inclusive, pero en esos caso son – sin duda – los pastores los
responsables de esa tarea; no es demasiado responsable “buscarla afuera”. Es evidente
que la figura de un papa es importante, pero esperar que la visita de un papa solucione
dichos problemas resulta, por lo menos discutible. Debieran ser los pastores
del lugar (con el conocimiento y la encarnación del caso, por otra parte, algo
de lo que un papa carece, evidentemente, los responsables de ello). Esperar que
el Papa visite una región para que revitalice la pastoral, representa evidentemente
una expresión cierta de la mediocridad, de la inacción o de la falta de
compromiso pastoral a la espera de que el “márquetin”, o el personalismo solucione
lo que no sabemos, no podemos o no queremos solucionar. Esperar que el papa
visite nuestro país para que anime o fortalezca nuestra pastoral me parece, por
lo menos, infantil (lamentablemente, el infantilismo constituye el pan de cada
día en muchísimos ambientes eclesiales).
Pero hay, además, otro elemento. Lamentablemente (y creo que el personalismo
y la eclesiología preconciliar de Juan Pablo II y Benito XVI lo alentaron) la
imagen del Papa como “jefe de la Iglesia” fue quedando institucionalizada. Y,
estoy convencido de ello, los viajes del Papa (de los papas) reflejaron y
reflejan una imagen fácil de entender para la imaginería popular del “jefe de
la Iglesia” que viene a visitar a sus subordinados. Así, el obispo del lugar
visitado por el pontífice, aparece a los ojos de los espectadores como una
suerte de “auxiliar” del Papa, que es quien manda. El papa “viene a poner orden”,
o viene a “animar” … cuando dicha responsabilidad toca a los pastores del
lugar. Ciertamente diferente es la cosa cuando el papa participa de un
encuentro internacional, como una visita a las Naciones Unidas u organismos
internacionales, o a congresos o encuentros internacionales. Pero no es ese el
caso de las visitas pastorales. Nadie espera que a una diócesis venga de visita
pastoral el obispo de otra región; ¿por qué se celebraría la visita del “obispo
de Roma”?
Valga esto, y mucho más que de esto se infiere para expresar que no quiero
que el Papa (ni este, ni el anterior ni el próximo) visite nuestro país (ni
país alguno); creo que una sana eclesiología invitaría a otros compromisos y
responsabilidades pastorales. Se escucha decir: “pero a la gente le gusta”,
algo absolutamente insustancial (e infantil); no es eso lo importante Ni lo sensato,
sino si “a la gente le hace bien (o no)” y, como digo, creo que es
absolutamente perjudicial para la eclesiología, para la pastoral y para la
madurez de las comunidades. Y, si, además, hacemos memoria de otras visitas
papales, donde el pontífice celebraba con dictadores y genocidas en el altar, o
sin una palabra clara sobre la pobreza y sus causas, las visitas papales
terminan bendiciendo el statu quo y siendo más perjudiciales que beneficiosas
para la fe del pueblo de Dios y para la pastoral que las iglesias locales deben
animarse a desplegar conforme al Evangelio del Reino.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Cualquiera puede comentar y no será eliminado, aunque no este de acuerdo con lo dicho, siempre que sea respetuoso (caso contrario, será borrado). Pero habitualmente no responderé los comentarios, ni unos ni otros, para no transformar este blog en un foro. De todos modos, podrán expresar su opinión.