jueves, 25 de junio de 2026

Rebeca, la matriarca

Rebeca, la matriarca

Eduardo de la Serna


 

Cuando hemos mencionado a los llamados “Patriarcas” de Israel, es decir, Abraham, Isaac y Jacob hemos mostrado que es poco lo que se dice de Isaac. Casi como si fuera una suerte de mero nexo entre Abraham y Jacob. Incluso, lo hemos destacado, en ocasiones cosas que se afirman de uno de estos dos, a su vez se repiten en Isaac. Pero no ocurre lo mismo con sus mujeres. Hemos visto el rol que Sara (y Agar) juegan en vida de Abraham, y de Lía y Raquel en el caso de Jacob, pero muy distinta es la presentación que del personaje de Rebeca, la mujer de Isaac nos brinda el libro del Génesis.

Cuando Abraham debe organizar el matrimonio de Isaac (recordar que esto no era una decisión personal sino acuerdo entre padres) no quiere que la mujer sea elegida entre las del lugar (Gen 24,3), algo semejante a lo que ocurrirá con el matrimonio de Jacob (28,1-2), y, entonces, envía a un siervo de toda confianza en búsqueda de una esposa.

La escena del encuentro del siervo de Abraham con Rebeca en el pozo de agua y todo lo que la rodea es sumamente colorida (24,10-61) y llama la atención la personalidad de Rebeca. Lejos de la actitud pasiva que se esperaría de las mujeres, ella toma la iniciativa de dar de beber al criado, a los camellos, en ir a su casa para hospedarlo, dar forraje a los dromedarios y, finalmente, tomar la decisión – contraria a la de su familia – de ir inmediatamente al encuentro de Isaac quien, en cuanto la conoce (a pesar de usar velo, 24,65) sin mediar comentario, el texto afirma que “la metió en la tienda y la tomó por esposa” (24,67).

Como ocurre con otros grandes personajes que tendrán un rol importante en la historia de salvación (Sara, madre de Isaac, Raquel, madre de José y Benjamín, la madre innominada de Sansón, Ana, la madre de Samuel e Isabel, madre de Juan, el Bautista), se señala que ella era estéril (25,21), para después destacar la centralidad de aquel que será engendrado, en este caso, Jacob (aunque se trate de mellizos, con Esaú, lo que desatará un conflicto que servirá, narrativamente para la escena que viene a continuación).

En el caso de ambos hijos – que serán a su vez dos pueblos: Israel y Edom – Rebeca tiene predilección por Jacob, mientras que Isaac prefiere a Esaú. Cuando llega el momento de la bendición que marcará el destino del heredero, nuevamente entra en acción Rebeca y, aprovechando la ceguera de Isaac y la ausencia de Esaú, que había ido de caza, disfraza a Jacob quien recibe la bendición, la cual será inamovible. Obviamente, la consecuente ira de Esaú pone en riesgo la vida de Jacob, y, nuevamente Rebeca interviene enviándolo a casa de su hermano Labán a contraer matrimonio (y alejarlo del peligro).

Como sabemos, el período de Jacob en casa de Labán se prolonga, por lo que al regresar ya no se habla de Rebeca, con lo que se supone que ha muerto (no se hace referencia a su deceso). De hecho, es sepultada en la misma tumba que Abraham, Sara, Isaac, Jacob y Lía (49,31).

En el Nuevo Testamento, Rebeca solo es mencionada por Pablo en su carta a los Romanos. Allí el Apóstol quiere destacar la importancia de la promesa de Dios. Los dos hijos de Abraham y los dos hijos de Isaac le servirán a Pablo para destacar que la centralidad no está necesariamente en la descendencia sino en la promesa como la que recibió Rebeca (Rom 9,10-12).

Como en el caso del siervo de Abraham, como en el caso de la iniciativa de Rebeca que coincide con la voluntad de Dios, como en lo que Pablo mismo reconoce, se trata de saber reconocer los signos de los tiempos, por dónde “sopla” Dios su voluntad en la historia y dejar que él despliegue sobre todos su misericordia.


Imagen tomada de https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/las-mujeres-de-la-biblia-rebeca/

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