Rebeca, la matriarca
Cuando hemos
mencionado a los llamados “Patriarcas” de Israel, es decir, Abraham, Isaac y
Jacob hemos mostrado que es poco lo que se dice de Isaac. Casi como si fuera
una suerte de mero nexo entre Abraham y Jacob. Incluso, lo hemos destacado, en
ocasiones cosas que se afirman de uno de estos dos, a su vez se repiten en
Isaac. Pero no ocurre lo mismo con sus mujeres. Hemos visto el rol que Sara (y
Agar) juegan en vida de Abraham, y de Lía y Raquel en el caso de Jacob, pero
muy distinta es la presentación que del personaje de Rebeca, la mujer de Isaac
nos brinda el libro del Génesis.
Cuando Abraham
debe organizar el matrimonio de Isaac (recordar que esto no era una decisión
personal sino acuerdo entre padres) no quiere que la mujer sea elegida entre
las del lugar (Gen 24,3), algo semejante a lo que ocurrirá con el matrimonio de
Jacob (28,1-2), y, entonces, envía a un siervo de toda confianza en búsqueda de
una esposa.
La escena del
encuentro del siervo de Abraham con Rebeca en el pozo de agua y todo lo que la
rodea es sumamente colorida (24,10-61) y llama la atención la personalidad de
Rebeca. Lejos de la actitud pasiva que se esperaría de las mujeres, ella toma
la iniciativa de dar de beber al criado, a los camellos, en ir a su casa para
hospedarlo, dar forraje a los dromedarios y, finalmente, tomar la decisión –
contraria a la de su familia – de ir inmediatamente al encuentro de Isaac quien,
en cuanto la conoce (a pesar de usar velo, 24,65) sin mediar comentario, el
texto afirma que “la metió en la tienda y la tomó por esposa” (24,67).
Como ocurre
con otros grandes personajes que tendrán un rol importante en la historia de
salvación (Sara, madre de Isaac, Raquel, madre de José y Benjamín, la madre
innominada de Sansón, Ana, la madre de Samuel e Isabel, madre de Juan, el
Bautista), se señala que ella era estéril (25,21), para después destacar la
centralidad de aquel que será engendrado, en este caso, Jacob (aunque se trate
de mellizos, con Esaú, lo que desatará un conflicto que servirá, narrativamente
para la escena que viene a continuación).
En el caso de
ambos hijos – que serán a su vez dos pueblos: Israel y Edom – Rebeca tiene
predilección por Jacob, mientras que Isaac prefiere a Esaú. Cuando llega el
momento de la bendición que marcará el destino del heredero, nuevamente entra
en acción Rebeca y, aprovechando la ceguera de Isaac y la ausencia de Esaú, que
había ido de caza, disfraza a Jacob quien recibe la bendición, la cual será
inamovible. Obviamente, la consecuente ira de Esaú pone en riesgo la vida de
Jacob, y, nuevamente Rebeca interviene enviándolo a casa de su hermano Labán a
contraer matrimonio (y alejarlo del peligro).
Como sabemos,
el período de Jacob en casa de Labán se prolonga, por lo que al regresar ya no
se habla de Rebeca, con lo que se supone que ha muerto (no se hace referencia a
su deceso). De hecho, es sepultada en la misma tumba que Abraham, Sara, Isaac,
Jacob y Lía (49,31).
En el Nuevo
Testamento, Rebeca solo es mencionada por Pablo en su carta a los Romanos. Allí
el Apóstol quiere destacar la importancia de la promesa de Dios. Los dos hijos
de Abraham y los dos hijos de Isaac le servirán a Pablo para destacar que la
centralidad no está necesariamente en la descendencia sino en la promesa como
la que recibió Rebeca (Rom 9,10-12).
Como en el
caso del siervo de Abraham, como en el caso de la iniciativa de Rebeca que
coincide con la voluntad de Dios, como en lo que Pablo mismo reconoce, se trata
de saber reconocer los signos de los tiempos, por dónde “sopla” Dios su
voluntad en la historia y dejar que él despliegue sobre todos su misericordia.
Imagen tomada de https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/las-mujeres-de-la-biblia-rebeca/
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