jueves, 1 de enero de 2026

La mujer de un levita

La mujer de un levita

Eduardo de la Serna



En la Biblia, no todos los textos que podemos leer son lo que se dice “edificantes”. Hay textos difíciles, e incluso, algunos que son de terror. Veamos aquí uno de ellos, quizás el más duro.

En el libro de los Jueces, en el cap. 19 se nos informa de la concubina de cierto levita. Ya el hecho de que se la presente como tal indica que no tiene la categoría (ni los derechos) de una esposa; no está en el nivel de una esclava, pero no es demasiado más que eso.

Es interesante notar que en este texto no se da el nombre de ninguno de los personajes: todos son anónimos, aunque algunos tengan acción y otra, solo tenga pasión.

Después de un tiempo en pareja la concubina regresa a la casa paterna, y el levita, decide ir a buscarla (“para hablarle al corazón”, v.3). El padre de la muchacha recibe hospitalariamente a su “yerno” y le insiste con frecuencia que permanezca, coma, duerma con ellos, hasta que, pasados varios días, recién el sexto, el levita toma a su criado y los asnos que había llevado y lleva consigo a su concubina (v.10). Es interesante que, aunque viajen los tres (levita, concubina y criado) en general los verbos están en singular: partió, llegó… Pasan de largo la localidad de Jebús donde el levita se niega a quedarse por ser “ciudad de extranjeros” (v.12) y se detiene en Guibeá (ciudad que parecería amable por ser de Israel). Pero nadie de la localidad les ofrece alojamiento. Más tarde, un anciano, extranjero, aloja a los peregrinos haciendo gala de la hospitalidad que es normativa en el mundo antiguo (vv.20-21). Mientras dentro de la casa “alegran el corazón”, fuera, los habitantes de la ciudad (“gente malvada”, v.22) le piden al anciano que haga salir al levita a quien quieren violar. El anciano les ofrece a los ciudadanos a su hija virgen, pero “no cometan semejante infamia con ese hombre” (v.24; toda esta escena es muy semejante a Gen 19,4-8); pero, como los de la ciudad insistían, el levita saca afuera a su propia concubina (y él quedó a salvo). Ella fue abusada por todos durante toda la noche. Al amanecer ella cae en la puerta de la casa donde permanece tirada hasta que es de día. El levita sale de la casa “para continuar su camino” (¿y ella?) y la ve en el piso con las manos en el umbral (v.27). Le dice que se levante para seguir, pero ella no responde (¿estaba muerta? ¿agonizaba?) por lo que la sube en un asno para llegar a su casa. Allí toma “el cuchillo” y la descuartiza en 12 partes para enviarlos a todo el territorio de Israel con la consigna ¿se ha visto alguna vez algo semejante (en Israel)? A lo que la respuesta, obviamente, es negativa. En 20,4-6, ante la pregunta de “los israelitas” el levita da una versión que lo exculpa totalmente. El texto continúa con un conflicto bélico entre los israelitas y los de Benjamín que se niegan a condenar a los de Guibeá. Después de una serie de momentos inversos, finalmente Benjamín es derrotado (cap. 20). En el cap. 21 se plantea el problema de repoblar la tribu (porque debe haber 12 tribus en Israel) y nuevamente se plantea el rol de las mujeres (a las que no se las consulta ni pueden decidir en contrario).

Como se ve, el texto es terrorífico. El contexto es el de la hospitalidad, primero la del suegro, luego la del anciano y la “no-hospitalidad” de los habitantes de la ciudad; pero la hospitalidad que importa es con el varón, la concubina no le importa a nadie, ni al anciano, ni a los habitantes de Guibeá ni a su propio concubino que es quien la entrega para ser violada y así salvar su honor.

La mujer no importa: no habla, no se la consulta (no se le “habla al corazón”), ella había decidido regresar a la casa paterna, pero simplemente se la va a buscar para que regrese; la palabra la tienen los varones, la pasión la concubina; y cuando todo ocurre ni siquiera puede tener una digna sepultura, es expuesta ante todos, su cuerpo nuevamente es mancillado. Los que deciden, los que opinan, los que importan son los varones.

En la Biblia no son pocas las veces que se muestran escenas “fuertes”; se muestra sin excusas el pecado de Abraham, de Moisés, de David, etc. En este caso, seguramente el más duro, un momento atroz. Las mujeres, muchas veces son las víctimas de esto (víctimas de la miseria de Abraham, de David…). La sociedad patriarcal (machista) no dio a las mujeres el lugar que deben ocupar, el espacio que se les debe reconocer, los derechos que les pertenecen. Con el tiempo, en el Antiguo Testamento, empezarán más tardíamente a mostrarse mujeres protagonistas, “verdaderas israelitas” (Ester, Rut, Judit, etc.). Más adelante, todavía, Jesús y su movimiento, supo reconocer en las mujeres verdaderas discípulas y verdaderas hermanas. Esto no quita que muchas veces estos pasos adelante sufrieran retrocesos, crueldades y feminicidios, pero para Jesús, los y las discípulos son de verdad “mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3,35).


Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/La_concubina_del_Levita