El peor gobierno de la historia
Eduardo de la Serna
Desde que empezó la Dictadura cívico militar
con bendición eclesiástica, sabemos que la represión a las guerrillas fue una
excusa. Ya lo decía la maravillosa Carta abierta a la Junta Militar de Rodolfo
Walsh. Para reafirmar esto, uno de los “ideólogos” (o, mejor, divulgadores; los
ideólogos eran otros y no militares) de la dictadura, el general Ramón Genaro
Díaz Bessone reconoció que “el motivo del derrocamiento del gobierno peronista
en marzo de 1976, no fue la lucha contra la subversión. Nada impedía eliminarla
bajo un gobierno constitucional. La justificación de la toma del poder por las
Fuerzas Armadas fue clausurar un ciclo histórico.” Es decir, el peronismo. Ese
fue el objetivo de la “revolución fusiladora”, al decir del contraalmirante
Arturo Rial: “Sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en
este país el hijo del barrendero muera barrendero”. Eso de “mi hijo el doctor”,
debía acabarse. “¿Qué es eso de llenar el país de universidades”, dijo el
innecesario Mauricio Macri, y la orgullosamente indefendible María Eugenia
Vidal lo repitió: “los pobres no van a la universidad”, contradiciendo
solamente a la realidad…
Señalo esto, para dejar claro que todo indica
que, para la mentalidad (o lo que funge de tal) del “Gobierno Militar” (y sus
antecedentes y sus continuadores), los desaparecidos, la represión, el
secuestro de niños y demás atrocidades violatorias de los Derechos Humanos y propias
del Terrorismo de Estado fueron “solamente”, “daños colaterales”. El tema era
instaurar un modelo económico.
Ya Martínez de Hoz señalaba que necesitaba
muchos años (15, al menos) para que el “modelo” se asentara. Ahora bien, estos
militares (marina, ejército y fuerza aérea) demostraron ser unos verdaderos
cobardes; no solamente porque eran osados para torturar, asesinar, saquear,
violar y arrojar dopados desde aviones a personas indefensas pero eran incapaces
de enfrentar ingleses en la lamentable Guerra de Malvinas (era más fácil para
ellos – era lo que sabían hacer – torturar soldados argentinos que matar
enemigos reales). Y, como cobardes que eran, ¡ni siquiera teniendo algo de poder!,
se atrevieron a hacer todo lo que sus mandantes empresarios, extranjeros o no,
les ordenaban. Implantaron un modelo, pero había un problema: los empresarios nacionales
serán empresarios, pero nacionales ¡nada! Y los militares argentinos, ¡de
argentinos nada!, y vendieron el país a los poderes extranjeros. Pero, reitero,
no se atrevieron a hacer todo lo que sus mandantes mandaban. Y acá el tema.
Obviamente, cuando el peligro acechaba los titiriteros soltaron los hilos y las
marionetas cayeron. Y fueron juzgados y condenados mientras los manejadores
movían otros hilos, ¡judiciales estos! Militares condenados, ¡miles! Civiles y
empresarios (y eclesiásticos) ¡cero! Pero como no se atrevieron demasiado, hizo
falta un Martínez de Hoz 2.0, que se llamó Domingo Felipe Cavallo, y, como
tampoco alcanzó, fueron por el 3.0 (y el 3.1). Lo que necesitaban era alguien
que no tuviera la más mínima empatía, un desquiciado que gozara del sufrimiento
ajeno (los militares sólo tenían algunos de estos del otro lado de la picana,
pero no se atrevieron a más). Hacía falta un insensible, un… un Milei.
Claro que también hacía falta una sociedad casi
tan sin empatía como él; una que fuera capaz de decir “no soy perro ni autista
y por lo tanto uso pirotecnia” a fin de año; una que tiene clarísimo que los incendios
en la Patagonia son provocados y el gobierno se desentiende totalmente de ellos,
acusando gratuitamente a los mapuche, y que todos saben que no tienen nada que
ver, y luego mostrar una foto hecha con IA de Milei saludando bomberos… todos
saben que es falsa, pero a nadie le importa… Un insensible para una sociedad
insensible era lo que faltaba. El individualismo que nació en el “algo habrán
hecho”, “por algo será”, “¿yo?, ¡argentino!” muestra y ostenta sus frutos. ¿Helos
aquí!
Ya en ocasiones dije que el gobierno de Milei
era el peor gobierno de nuestra historia democrática reciente… pero, pensándolo
mejor, creo que es sencillamente el peor gobierno. ¡Así! ¡Simplemente! ¿Peor
que la Dictadura genocida? Lamento creer que sí (“el neoliberalismo es
genocidio por goteo” decía Jorge Novak). No hay desaparecidos (aunque alguno “se
les escape”), no le importan a nadie las violaciones a los derechos humanos de
los jubilados, las personas con discapacidad y tantos otros. ¡Por algo será! Pero,
el modelo económico, que fue “la madre”, pues está engendrando hijos. No olvido
las violaciones a los Derechos Humanos de la Dictadura Genocida, pero no olvido
el negacionismo, el poder (per)judicial cómplice, y todo lo que hace la
perversión oficial para mostrarse, incluso en eso, continuadora del Genocidio.
Y, en lo económico, ¡la causa!, peor… infinitamente peor. El peor de todos, ¡no
lo dudo!
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