Petro, Jesús, María Magdalena y los obispos colombianos
Eduardo de la Serna
En un largo discurso, el presidente
Gustavo Petro hizo referencia a Jesús y a su relación con las mujeres,
especialmente mencionó que él “hizo el amor… a lo mejor con María
Magdalena”. E, inmediatamente, los obispos colombianos hicieron oír su voz
escandalizada. Y, entonces, se me ocurren algunas cosas a vuelapluma…
Es curioso que inmediatamente los
obispos, en nombre de la libertad de culto, el pedido de que se respete la fe y
la invitación a “llegar a la única figura de nuestro Señor Jesucristo” consideren
que se ha ofendido el nombre de Jesús, y se insiste en que este es “santo y su
persona reviste no solo la importancia del personaje histórico, sino que
reclama el respeto y la adoración con la que se trata al Dios Verdadero”.
Curiosamente, decenas de presidentes colombianos, que juraron por los “Santos Evangelios”
y maltrataron a los pobres de la patria, alentaron paramilitarismo, ejecuciones
ilegales, desapariciones y otras violaciones de derechos humanos, pareciera que
no atentan contra Jesucristo Dios Verdadero y no merecieron tan claras y
precisas palabras episcopales. Pareciera que el sexo (¡una vez más!) es algo
que mancha a la persona humana de una manera espantosa y atenta contra la
divinidad de Jesucristo, cosa que las torturas, los crímenes y asesinatos “no
tanto” … La obsesión perversa con los temas sexuales como casi el único pecado,
el cuerpo visto como algo malo (o al menos mucho menos bueno que “el alma”)
hace ya décadas que parecía olvidado en el sentir eclesial. Y sería bueno que
al olvido regrese.
Sería preferible, pienso, que si
los (o algunos) obispos quieren manifestar su oposición al gobierno Petro debieran
presentar elementos políticos, sociales, humanos y no formular un planteo
insustancial. Nadie, en los ambientes teológicos, hoy en día, piensa o sostiene
que “para poder llegar a la única figura” de Jesús se recomiende el Catecismo
de la Iglesia Católica. Reitero, ¡nadie! Y, acoto, lo de “única figura” resulta
extraño; hay consenso, por ejemplo, en que los cuatro Evangelios presentan,
cada uno de ellos, diferentes figuras de Jesucristo.
Creo que hay un tema importante:
si algo ocurrió, me guste o no me guste, pues ¡ocurrió! Pero, evidentemente,
para saber si realmente ocurrió, el argumento no puede ser (reitero, ¡no
puede!) que ese algo me guste o me disguste. La fe judeocristiana es histórica,
nace en la historia, se nutre de la historia, se vive en la historia. Pero, por
supuesto, luego de ello, esa historia es interpretada desde la fe. Por ejemplo,
el hecho histórico de la muerte violenta de Jesús es incuestionable, y lo
afirman tanto creyentes como no creyentes, pero, luego, los creyentes afirmarán
que esa muerte tiene un sentido: la tradición primera afirma que “murió por
nuestros pecados”; es decir, el hecho histórico (“murió”) es interpretado de modo
creyente (“por…”, en favor de “nuestros pecados”). Tan histórica es nuestra fe,
que dos personas concretas son incluidas en el Credo, ilustrando los dos
momentos históricos del nacimiento y la muerte de Jesús (la Virgen María y
Poncio Pilato). Afirmar, en este caso, que algo “ocurrió” (Petro) o que “no
ocurrió” (episcopado colombiano) no puede sostenerse por el gusto o el disgusto
frente al hecho, especialmente si se trata de afirmar que sí ocurrió o que no
ocurrió algo para lo que no tenemos absolutamente ninguna fuente que nos
permita ni afirmarlo ni negarlo. ¡Ninguna!
Afirmar que un hombre como Jesús “sin
amor no podía existir” y que “murió rodeado de las mujeres que lo amaban. Y
eran muchas” dudo que pueda ser cuestionado salvo por mentes obtusas (como las
que sostuvieron por siglos en la iglesia que “entre santa y santo pared de
calicanto”). Evidentemente esto es un hecho que puede y debe afirmarse, pero,
agreguemos, leyendo los Evangelios, que es muy probable que Jesús no formara
una pareja (es posible que, agresivamente, por ello lo llamaran “eunuco”), pero
no parece que podamos avanzar más allá históricamente puesto que nuestras
fuentes no aportan más elementos.
Fuera de esto, reconozco que no
sé por qué Gustavo Petro entra en este terreno innecesario. Hablar de la
humanidad, la cercanía de Jesús con las personas (varones y mujeres) a las que
amaba es terreno fértil. Y cómodo de transitar con elementos históricos fáciles
de encontrar. Entrar en un terreno hipotético, del cual no hay absolutamente
ningún elemento más que los deseos y fantasías de cada quien, es entrar en
terreno resbaladizo y que puede lastimar a muchas personas. Su discurso fue
machirulo, patriarcal e imagino a muchas feministas, colombianas en primer
lugar, incómodas por esto. Innecesariamente incómodadas.
Una nota breve sobre María
Magdalena… lo que nos dicen con claridad los evangelios de María Magdalena es
que fue modelo de discípula, y que fue apóstola de los apóstoles. En una
sociedad patriarcal, la actitud claramente contra cultural de Jesús de tener
discípulas, ciertamente fue disruptiva. Lamentablemente, el patriarcado rápidamente
recuperó terreno en la Iglesia y, entonces, María Magdalena fue “deformada” en
algunos ambientes tardíos en novia de Jesús o en prostituta arrepentida. Nada
de eso plantean los evangelios, y encontrar en una mujer una “apóstola” de
excelencia, debería ser más que suficiente para mostrar que las relaciones de
Jesús con las mujeres, ciertamente, incomodaron a muchos y, lamentablemente,
parece, siguen haciéndolo.
Imagen tomada de www.gettyimages.es/detail/foto/light-the-starry-sky-imagen-libre-de-derechos/1965074929?adppopup=true
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