Una mujer anónima unge a Jesús
En los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y
Juan) encontramos una escena semejante, pero que en los dos últimos es muy
diferente a la presentada por los dos primeros. Nos detendremos en esta, pero
muy rápidamente veamos algo de aquellos. En Lucas, en una comida, una mujer
“pecadora en la ciudad” se hace presente entre los comensales y llorando
“riega” los pies de Jesús, los seca con los cabellos y besaba y ungía sus pies
con “perfume”. Jesús interpreta esto como un acto de pedido de perdón y de amor
(Lc 7,36-50). En Juan, en cambio, cerca de la Pascua Jesús va a casa de los
hermanos Lázaro, Marta y María y María unge los pies de Jesús. Ante la queja de Judas, Jesús le dice que ella “debía guardarlo”
preparando este tiempo (12,1-7). Como se ve, hay elementos en común, pero otros que son diferentes. Probablemente los Evangelistas conocen un hecho y cada uno lo
adapta a su catequesis. Pues bien, en Marcos, y lo acompaña Mateo, encontramos
una escena semejante, pero que también tiene sus características propias.
Para empezar, Marcos nos ubica diciendo que faltan “dos días
para la Pascua” y “los sumos sacerdotes y los escribas” habían decidido
eliminar a Jesús (14,1). En ese contexto, casi como un paréntesis, nos
encontramos a Jesús en Betania (en casa de una persona con lepra llamado Simón)
y hace su entrada una mujer. Como ocurre en el texto de Juan, se trata de Betania aunque, allí, la
mujer es María. Como ocurre en el de Lucas hay un sujeto llamado
Simón y la mujer no tiene nombre. Sin más datos Marcos narra lo que hace la
mujer señalando varios elementos: la mujer trae un “frasco de alabastro” (que
se usaba para guardar perfumes), con “nardo”, que se trataba de un aroma tenido
por exquisito (ver Cant 1,12; 4,13.14) y, acota que es “de mucho precio” (14,3).
Incluso Marcos señala que quebró el frasco: ya no necesita volverse a usar. La
mujer, que hasta aquí sólo se encuentra “en sombras” desaparecerá
definitivamente del relato, aunque se hablará acerca de ella: algunos decían que era
un despilfarro (14,4), que se podría haber usado ese dinero para los pobres
(14,5), pero Jesús da otra interpretación diferente al hecho (14,6-8) y pide que no la
“molesten”, no le “pongan cargas” ya que “obró una buena obra”.
¿Cuál sería la “buena obra” en la interpretación de
Jesús? Es importante reiterarlo: la suerte de Jesús está echada y han decidido
matarlo. Y sabemos que esto ocurrirá en breve (incluso la decisión de “no hacerlo
durante la pascua” por no alborotar al pueblo (14,1) se anticipa – y ocurre
durante la pascua – “gracias” a la acción entregadora de Judas (14,10-11). El
Evangelio nos prepara para ser testigos del drama de la muerte en cruz, y esta
mujer anónima “se anticipa” (14,8) a la sepultura.
En Israel era frecuente “embalsamar” a los
cadáveres; no al estilo egipcio, sino que se llenaban de “bálsamo” (perfume) las
vendas con las que se envolvía el cadáver el cual sería velado durante siete días
(para evitar, obviamente, los olores de la descomposición). Pero como Jesús es
asesinado en la Pascua, es sepultado rápidamente y no fue "embalsamado". Las mujeres van a “ungirlo”
al pasar la fiesta y encuentran la tumba vacía (16,1-8), es decir, el cuerpo
muerto de Jesús no fue “ungido”, pero, nos dice Marcos, sí lo fue anticipadamente. Una mujer anónima,
aunque fue malinterpretada en su momento, hizo la obra buena que corresponde
con los difuntos: preparar el cuerpo para la sepultura.
Una nota breve: esto ocurre en Betania. Ante el
planteo de que se podía haber usado el dinero del perfume para beneficio de los
pobres, Jesús les dice “pobres tendrán siempre con ustedes y podrán “obrar
bien” con ellos cuando quieran” (14,7). Betania puede querer decir “casa de los
pobres”; obviamente siempre habrá pobres allí y hacer obras buenas con ellos es
algo que los discípulos de Jesús deben “obrar” siempre.
Sin embargo, hay algo incómodo en el final del
relato. Después que Jesús interpreta lo hecho por la mujer anónima como una
“obra buena”, señala que “donde quiera que sea anunciado el Evangelio, en el mundo
entero” se hablará de lo que esta mujer ha hecho (14,9).
Y dejamos de lado que, en ocasiones, a esta mujer (mezclándola con el texto de Lucas) se
la ha visto como una ex prostituta, o cosas semejantes, pero lo cierto es que,
si bien Jesús hace un público elogio de la mujer, e reconoce que el mundo
entero sabrá lo que ella ha hecho, sin embargo, el nombre de esta enorme mujer
permanece en el anonimato. Curiosamente, y es frecuente en el caso de tantas y
tantas mujeres de la historia, su nombre permanece oculto, aunque todos
celebremos y hablemos de lo que ha hecho “en memoria suya”.
Imagen tomada de https://verdadenamor.wordpress.com/2013/05/07/maria-unge-a-jesus/
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