Los sodomitas
Eduardo de la Serna
En el lenguaje popular, al hablar
del habitante de la ciudad de Sodoma, “sodomita”, suele referirse a las
relaciones homosexuales. Inclusive así se entiende en algunos textos bíblicos
tardíos.
Y lo mismo
Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, que como ellos fornicaron y se fueron
tras una carne diferente, padeciendo la pena de un fuego eterno, sirven de
ejemplo (Judas 7).
En escritos antiguos, no bíblicos,
el tema también es comentado y profundizado en ese sentido, pero notemos un
texto del profeta Ezequiel que parece darnos otra clave diferente de
interpretación:
Tu hermana
mayor es Samaria, que habita a tu izquierda con sus hijas. Tu hermana menor es
Sodoma, que habita a tu derecha con sus hijas. No has sido parca en imitar su
conducta y en cometer sus abominaciones; te has mostrado más corrompida que
ellas en toda tu conducta. Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que tu
hermana Sodoma y sus hijas no obraron como han obrado ustedes, tú y tus hijas.
Este fue el crimen de tu hermana Sodoma: orgullo, voracidad, indolencia de la
dulce vida tuvieron ella y sus hijas; no socorrieron al pobre y al indigente,
se enorgullecieron y cometieron abominaciones ante mí: por eso las hice
desaparecer, como tú viste (Ez 16,46-50).
Como puede observarse, para
Ezequiel, la abominación está en que no socorrieron al necesitado, en este
caso, al migrante.
Veamos brevemente el texto del
libro del Génesis donde encontramos el tema: unos visitantes, que nosotros
sabemos que son enviados de Dios, cosa que el resto ignora, son recibidos hospitalariamente
en casa de Lot en Sodoma (Gen 19,1-2). La actitud de Lot con los visitantes se
asemeja a la de su pariente Abraham con los mismos personajes en la unidad
anterior (Gen 18,1-8). Esta actitud contrasta evidentemente con la de los
habitantes de la ciudad que se desentienden de los visitantes y quieren abusar
sexualmente de ellos (Gen 19,4-5; es por esto que la referencia a la
homosexualidad es la habitual). Pero el tema no es específicamente sexual, sino
que radica en la actitud que asume la ciudad frente a los visitantes.
Lot sale en defensa de sus
huéspedes y (contra toda actitud contemporánea) ofrece a los habitantes de la
ciudad a sus dos hijas vírgenes, pero ellos lo rechazan:
–Apártate
de ahí; este individuo ha venido como inmigrante y ahora se mete a juez
(Gen 19,9).
Esto va a motivar que los
visitantes (que, repetimos, son enviados de Dios, cosa que no saben los que se
encuentran en el relato) anuncien la inminente destrucción definitiva de la
ciudad (Gen 19,12-13).
Es interesante destacar que presentar
la imagen de una ciudad pecadora y destruida es una pintura permanente en la
Biblia hebrea: cuando se escriben los libros bíblicos Sodoma ya no existe más y
su destrucción es emblemática y simbólica, tanto como es emblemático su pecado.
Pero, y acá el tema principal: muchas veces hemos señalado en estas páginas, en
el mundo antiguo, y particularmente en el ambiente del desierto, la
hospitalidad es algo absolutamente sagrado como lo manifiestan clarísimamente las
actitudes de Abraham y de Lot que hemos señalado. Los sodomitas son,
precisamente, todo lo contrario, un pueblo pecador que se desentiende de sus
hermanos migrantes. Y de sus necesidades. ¡Ese es su pecado!
Imagen tomada de https://elcuadernodigital.com/2018/12/07/sodoma-y-la-pseudociencia/
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