El fracaso de Cicerón… y de la historia
Eduardo de la Serna
Muchas veces señalé – luego de mirar
o escuchar cosas que dicen o hacen personas (en especial curas) de los que fui
profesor – que he fracasado. “- ¡No puede decir eso (o hacerlo) alguien que
escuchó y, aparentemente, aprendió otra cosa! …” Pero lo dicen y/o hacen. Sin
embargo, debo destacarlo, esa sensación de fracaso la he escuchado también de
varias otras personas que han sido o son docentes. ¿Entonces?
Es conocida la sentencia citada
por Cicerón de que “la historia, (es) testigo de los tiempos, luz de la verdad,
vida de la memoria, maestra de la vida, heraldo del pasado” (Sobre el orador,
II, 36). Y, si miramos cuánto los humanos hemos o no aprendido de la historia,
parece bastante evidente que esta ha fracasado mucho más que nosotros.
·
Enseñar hace referencia a dejar una seña,
una marca
·
Aprender, es prender algo, aferrarlo
Y parece muy sensato, mirando la realidad
que nos rodea, reconocer que ni la historia nos ha enseñado, ni hemos aprendido
nada o casi nada. No hemos aprendido de las guerras, de las dictaduras, de los
modelos económicos de injusticia y empobrecimiento… Estudio significa “celo”, “dedicación”,
“aplicación” y hasta “ardor”. Nada parece más lejano a nuestra actitud habitual
frente a la historia…
Y, para ahondar más, es
interesante que en los ambientes teológicos se estudia bastante la “Historia de
la Iglesia” … Se supone que, si el Espíritu Santo es quien acompaña, ilumina e
inspira a la Iglesia, ver la historia de la Iglesia significaría aprender,
escuchar lo que el Espíritu dijo y dice a la Iglesia, reconocer dónde nos hemos
dejado guiar por Él y dónde no… Pero la misma historia de la Iglesia (y la Iglesia
del presente) nos muestra la incontable cantidad de veces que no sabemos o no
estamos dispuestos a aprender… Y, en este caso, no es solamente de la “maestra
de vida”, la historia, sino del mismísimo Espíritu Santo.
Evidentemente, el problema no es
la historia, ni el Espíritu, y – ojalá – tampoco los que somos docentes. El
problema es que muchas veces (¡demasiadas!) los “alumnos”, “personas criadas
por otro… alimentadas” prefieren recibir “golosinas” sin nutrientes, escuchar “lo
que les gusta”, lo que da efímero placer a la garganta (gola) y no lo que
enseña caminos, frecuentemente arduos…
¿Significa esto que no debemos continuar
en la tarea “docente” (el que enseña, conduce) puesto que la recepción es casi
nula? ¡Ciertamente no!
El Evangelio narra una parábola
en la que la siembra, en ocasiones, cae en tierra fértil, pero en otras en
tierra pedregosa, o es comida por las aves o ahogada por abrojos… ¿Significa eso que no hay que sembrar?
Seguiremos sembrando, ciertamente... la historia continuará su magisterio mudo,
el Espíritu Santo continuará soplando donde quiere; al fin y al cabo, Jesús fue
crucificado y junto a la cruz sólo había un pequeño grupo de mujeres. Dios hace
las cosas y solemos ser nosotros los que habitualmente no lo comprendemos, o
vamos por otros caminos… ¿Significa que no hemos de caminar? Sería insensato
hacerlo porque no llegaríamos a ninguna parte. La cosa, en todo caso, es
dejarnos orientar por la historia, por el Espíritu Santo y eventualmente saber
escuchar a las y los docentes que antes los han escuchado. Y, entre tanto,
seguiremos fracasando, la historia y nosotros.
Imagen toimada de https://www.nuevarevista.net/ciceron-superstar/
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