jueves, 30 de julio de 2026

El demonio o los demonios

El demonio o los demonios

Eduardo de la Serna



En el mundo griego, la palabra “demonio” no significaba lo mismo que significa hoy para nosotros; se trataba, en realidad, de una especie de fuerza externa y no material, y esta podía ser benéfica o maléfica para las personas. Por ejemplo, el historiador judío Flavio Josefo (siglo I), hablando de un personaje llamado Juan Hircano dice que “tenía tres cosas principalmente él solo, porque era príncipe de los judíos, pontífice, y además de esto profeta, con quien la divinidad hablaba de tal manera, que nunca ignoraba algo de lo que había de acontecer” (Guerra de los Judíos I:69). Y donde, en castellano dice “la divinidad”, en griego dice “demonio”; en este caso, como se ve, por “demonio” se entiende nada menos que a Dios.

En la Biblia, en cambio, la cosa tiene otros matices. En el antiguo testamento en griego (la palabra “demonio” es una palabra griega), por ejemplo, allí donde el hebreo decía que los “dioses de los otros pueblos” son “la nada misma”, en griego dice “son demonios” (Salmo 95,5); lo mismo ocurre en otras ocasiones como en Isaías 65,11. Pero en el libro de Tobías – que no se encuentra en la Biblia hebrea sino en la griega – se presenta a un demonio llamado Asmodeo como una fuerza espiritual que mata a todos los maridos de Sarra antes de la noche de bodas porque estaba enamorado de ella (Tobías 6,15), pero que finalmente será derrotado y atado por el ángel Rafael (Tob 8,3). Si llegamos al Nuevo Testamento, los demonios siempre son personajes negativos que obran el mal en las personas enfermándolas o perjudicándolas; a veces son llamados “espíritus impuros” (pero esta imagen se encuentra casi exclusivamente en los Evangelios) y su característica es que son “expulsados”.

Es interesante notar que, en la Biblia – especialmente en el Nuevo Testamento – los demonios son presentados como una especie de soldados enemigos y que, por lo tanto, tienen un jefe (lo que en griego se dice arjôn / arjê) que tiene diferentes nombres: Belcebú, Belial, “el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero” (Apocalipsis 12,9), muchos nombres para el mismo “general”. Es decir, el diablo es el jefe del ejército de los demonios. Pero estos, en este mundo simbólico, se enfrentan con otro ejército espiritual, los ángeles que también tienen un jefe (arjê, un arj-ángel) que es Miguel, del que ya hemos hablado. En este lenguaje simbólico, típico de esta época, se dice que se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos (Ap 12,7-8; ver Jud 9), “En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. ... En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todos los que se encuentren inscritos en el Libro” (Daniel 12,1).

Como puede verse, en tiempos de mucha violencia provocada por el imperio, sea griego (tiempo de Daniel) o Romano (tiempo del Apocalipsis). los autores bíblicos imaginan un conflicto entre fuerzas espirituales teniendo claro que las fuerzas del mal no pueden vencer a los amigos de Dios. Dos ejércitos con sus generales (el arjé príncipe de los demonios, el diablo y el arjé, príncipe de los ángeles, Miguel) combaten. Cualquier lector de la Biblia, entonces, entendía que en la historia se mueven fuerzas benéficas y fuerzas maléficas para los seres humanos, y que los miembros del pueblo de Dios están siempre invitados a tomar partido por Dios y su causa, que es su reino. Las fuerzas del mal pueden parecer poderosas (porque los imperios lo son y el mal en ocasiones parece imponerse) pero los demonios son finalmente expulsados, aunque sean como una Legión romana (Marcos 5,9), porque Dios toma partido en la historia, y no es indiferente al mal y el sufrimiento de sus amigos. En la historia, el mal, como la muerte, no tienen la última palabra.


Imagen tomada de https://historiaeweb.com/2017/01/28/el-ejercito-hoplita/

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