viernes, 31 de julio de 2026

La importancia del “honor”

La importancia del “honor”

Eduardo de la Serna



En el antiguo mundo mediterráneo el honor era tenido como el valor supremo. El honor era el “valor” con que se veía socialmente a una persona o un colectivo, habitualmente relacionado con su oficio, por ejemplo. Las razones por las que se valoraba positiva o negativamente a un grupo eran fundamentales según la cultura y las costumbres. En el mundo antiguo, precisamente, era relativamente fácil perder el honor mientras no era sencillo acrecentarlo. Veamos ejemplos sencillos:

  •          Si una mujer era violada, era “deshonrada”, y la familia debía rápidamente “vengar el honor” para evitar perderlo. Si no lo hacía, todo el colectivo familiar veía perdido el honor de antaño… Y perdido para siempre.
  •          Si un esclavo era liberado (“liberto”) veía acrecentado su honor, y, nuevamente, para siempre.
  •          Algunos oficios eran deshonrosos por más honestidad con la que se los ejerciera. Un camellero, por ejemplo (o los pastores rentados) fácilmente podían defraudar a quienes los contrataban argumentando, por ejemplo, un robo o una pérdida en realidad inexistente. Como no podía controlarse dicha situación, el sólo hecho de ejercer el oficio era tenido por deshonroso.
  •          Del mismo modo, un sacerdote estaba en una escala muy elevada del honor, por más deshonestidad que tuviera. El cargo lo hacía venerable.

Por tanto, el “valor” que se daba a los colectivos venía dado por la percepción social, más allá de la situación personal. Precisamente por eso, las personas evitaban relacionarse con quienes tuvieran un honor menor al propio ya que, de ese modo, serían percibidos como “inferiores”. Insistimos en la idea del “valor” ya que, en griego, el término valor y el término honor se expresan con la misma palabra, timē. Por cierto, en el mundo antiguo, el honor intentaba mostrarse del modo más ostentoso posible para que fuera visible, ya con vestiduras, con banquetes o lujos. No es necesario destacar que el término en este sentido, por eso mismo, está casi ausente en los Evangelios: Jesús mismo dio testimonio de que al profeta no es honrado [timēn] en su propia patria” (Juan 4,44).

Quizás no sea casualidad, entonces, que en nuestra cultura el término en ocasiones se utilice directamente en latín, como cuando se dice que alguien trabaja “ad honorem”, es decir por el simple honor (valor) que provoca trabajar en dicho lugar, o que alguien recibe un doctorado “honoris causa”, es decir, que una institución académica otorga el título de doctor a alguien, no por un trabajo académico, sino por el honor (valor) que dicha persona valiosa le da a la institución por ser “condecorado”.

Ahora bien… como hemos visto, el honor se da en una relación entre pares, entre grupos que ostentan un mismo “valor” social o cultural. El “honor” que da a una persona trabajar en un establecimiento, es paga suficiente (ad honorem), el “honor” que una institución tiene al reconocer entre sus “graduados” a una determinada persona “valiosa” (honoris causa); en este caso, el valor es doble, la institución se siente honrada, y el homenajeado es reconocido en su valor. Por eso, entre paréntesis, al recibir dicha distinción, el homenajeado suele pronunciar un discurso académico a modo de “enseñanza” (doctorado).

Valga toda esta introducción para señalar el bajísimo valor con que se autopercibe la Universidad San Martín de Porres, de Lima, Perú, al otorgar un doctorado “honoris causa” a Javier Milei. Basta notar los momentos en los que fue aplaudido, por ejemplo, para destacar que tanto la academia como los académicos revelan el nivel de honor con que se “autoevalúan”. A modo de simple ejemplo, alguien que puede afirmar que el rey Salomón era un estoico no merece la más mínima consideración académica a menos que dicha aplicación deba reconocerse de una “mínima universidad”. Quizás así se autoperciben, en cuyo caso es comprensible, por cierto; pero – debemos señalarlo – no resulta demasiado honorable ser homenajeado por tan mínima universidad.

El mundo antiguo, que valoraba el honor según la “percepción”, como hemos dicho, era expresión de lo que hemos llamado “¡dime con quién andas y te diré quién eres!” Precisamente de esto se trata.


Imagen tomada de https://www.instagram.com/p/DbW2QamlnY-/

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