Estéfanas, un colaborador
Eduardo de la
Serna
Una
comunidad antigua que nos es bastante conocida es la de Corinto. Pablo les
escribe varias cartas y, sabemos, es una que fue fundada por el mismo Apóstol.
Él se dirige hacia el sur de Grecia y viniendo de Macedonia pasa por Atenas
para llegar a Corinto, una importante ciudad portuaria (en realidad tiene dos
puertos) en la provincia de Acaya. Sabemos que, allí, desplegó su predicación
como lo hacía habitualmente, es decir, iría a la sinagoga, pero a su vez
predicaba mientras trabajaba en la confección de carpas. Dedicado, como
siempre, a la predicación, si bien daba muchísima importancia al bautismo, no
solía ser él mismo quien lo administrara. Sabemos, además, que Pablo tuvo
algunos conflictos con algunos de la comunidad, y que viajó allí varias veces,
en algunos casos, permaneciendo bastante tiempo.
Y
sabemos que uno de los primeros en incorporarse al movimiento de Jesús en esa
ciudad, fue Estéfanas (1 Cor 16,15; algunas Biblias ponen Esteban, pero esto es
impreciso ya que hay otro cristiano con ese nombre y se presta a confusión). Su
conversión, y la de toda su familia, los puso al servicio dedicado de la
comunidad naciente, e, incluso, contra su costumbre, ellos sí fueron bautizados
por Pablo (1 Cor 1,16).
Una
vez que Pablo se alejó de la ciudad surgieron (como ocurre también en muchas
otras comunidades) temas que hacían necesaria la consulta con el Apóstol, y,
los corintios, entonces, le escriben una carta (ver 1 Cor 7,1) a Pablo que estaba
en Éfeso (ver 1 Cor 16,8) con una serie de consultas. Como en aquel tiempo no
existia el correo, este escrito es llevado, precisamente, por Estéfanas, en
compañía de otros dos miembros de la comunidad: Fortunato y Acaico (1 Cor
16,17). Pablo, que responde a los interrogantes que le han formulado (y esa
será la parte central de la que conocemos como Primera carta a los Corintios)
aprovecha para insistirles a los corintios que estén “sometidos” a
esta familia y también a aquellos que, como ellos, “colaboran y trabajan” por
el Evangelio (1 Cor 16,16). Los corintios son bastante superficiales y suelen
encontrar siempre motivos de divisiones y conflictos – como se ve en toda la
carta en diferentes ocasiones – y Pablo pretende señalar aquí un criterio:
“someterse a los evangelizadores”.
Es simpático
el hecho de que, como puede verse en 1 Cor 1,14 Pablo quiere destacar que
fueron apenas un puñado de corintios los que él bautizó (porque lo que importa
es el nombre de Cristo, por cierto, y no el de Pablo). Pablo está dictando la
carta a un escriba y dice que no “bauticé a ninguno de ustedes fuera de Crispo
y Gayo”. Estéfanas está con él, a su lado, y lo corrige, por lo que Pablo debe
rectificarse: “¡Ah, sí! también bauticé a la casa (la familia) de Estéfanas” (1
Cor 1,16).
Seguramente
Estéfanas con sus compañeros, luego llevó la respuesta de Pablo a la comunidad,
la que, como dijimos, constituye nuestra actual Primera carta a los Corintios.
Obviamente, esta carta fue bien recibida (a pesar de los grupos críticos de
Pablo que hay en la comunidad) y, con el tiempo, fue parte del cuerpo de
epístolas de Pablo que, ya desde muy antiguo, empezaron a ser tenidas como
“escrituras”, es decir, como inspiradas por Dios para las comunidades (ver 2
Pedro 3,15). Las crisis, las dificultades, o incluso los conflictos internos,
no impidieron que Pablo y su grupo, entre los que sobresale Estéfanas en
Corinto, colaboraran y trabajaran por el Evangelio y por el bien de la
comunidad y, así, la Palabra de Dios fuera creciendo y dando fruto.
Imagen tomada de https://biteproject.com/como-se-escribieron-las-cartas-del-nuevo-testamento/
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Cualquiera puede comentar y no será eliminado, aunque no este de acuerdo con lo dicho, siempre que sea respetuoso (caso contrario, será borrado). Pero habitualmente no responderé los comentarios, ni unos ni otros, para no transformar este blog en un foro. De todos modos, podrán expresar su opinión.