viernes, 23 de octubre de 2026

Una reflexión partiendo de “Venite ad me” (22 de octubre 2026)

Una reflexión partiendo de “Venite ad me” (22 de octubre 2026)

Eduardo de la Serna

 




El Dicasterio para la Doctrina de la Fe (antes “Congregación”, antes “Sagrada Congregación”, antes “Santo Oficio” y antes “Santa Inquisición”) acaba de publicar un documento: “Venite ad me” (Vengan a mí), presentado como “Consideraciones” y no una “Nota doctrinal (#8). No es demasiado largo, y antes de destacar una reflexión que me suscitó, quiero señalar algunas cosas.

 

“Vengan a mí”

La traducción española (no me he detenido en otras, solo la comparé con la italiana suponiendo que es la original) parece hecha “a las apuradas” o con traducción automática sin revisar. Hay “palabras pegadas”, y – por ejemplo – los numerales 25 y 35 empiezan de modo abrupto (no así en el italiano); en #56 donde el italiano dice “Vengono qui alla mente” la traducción dice “Me vienen…” (sic; obviamente no hay un sujeto expreso que aluda al “me”).

Es llamativa una cierta “ruptura” con la Evangelii Nuntiandi: mientras en esta queda claro desde el principio la centralidad del Reino de Dios (#8) en el anuncio evangelizador, aquí el término sólo se encuentra una vez y al hablar de las parábolas de Jesús; si en E.N. el primer paso de la evangelización es el testimonio (#6), aquí es lo “tercero” (#95). Ciertamente puede ser diferente a aquella, o pensarse que “hoy” es conveniente o razonable otro criterio, pero – al menos, creo – podrían señalarse las razones de las diferencias, y – personalmente – sigo creyendo que aquello es preferible.

Por momentos parece “sobrevolar” una cierta obsecuencia al papa Francisco: se destaca la importancia que él dio a la preparación de la homilía (#114) pero no se destaca que, antes que él, lo mismo hizo el papa Benito XVI (Verbum Domini 59). Y dice que Francisco fue el que señaló que no estamos ante una época de cambios sino ante un cambio de época (#43) pero ya el mismo papa dijo en 2013 al episcopado brasileño que esa idea surgió en Aparecida (D.A. 44). Y, si no recuerdo mal, quien lo dijo en aquella asamblea fue el obispo colombiano Luis Castro.

Hay otros aspectos llamativos que solo señalo: habla de "en estos grupos bíblicos" (#88) pero nunca habló previamente de tales grupos. Menciona los valores "helenístico-semíticos, en los que se formuló originalmente el texto bíblico" (#104) sin que sea evidente cuáles serían los valores "helenísticos" en el texto bíblico (los semíticos son evidente, por cierto). En #32 hace una defensa del bautismo de los niños, debate habitual en ciertos países del Norte, pero innecesario en otros, como en América Latina, por cierto. Hay algunas palabras técnicas en latín sin traducción, lo que no favorece la lectura de “no iniciados” (cf. #138). En #144 dice que “María llevó a Jesús a Isabel”, lo que resulta por lo menos extraño o confuso. Y no parece feliz la construcción del # 118:

(o)tro ejemplo lo constituye el impulso hacia una reforma católica de gran alcance, suscitado por la profunda ruptura eclesial introducida por la Reforma protestante, en la que destacaron figuras como santa Teresa de Ávila y san Ignacio de Loyola. Esta renovación coincidió con la expansión misionera de la Iglesia hacia tierras recién descubiertas y abiertas al anuncio del Evangelio, lo que contribuyó a darle un nuevo impulso,

No feliz tanto en lo referente a la Reforma como el planteo del supuesto “descubrimiento”.

Finalmente, pareciera que el #116, con su referencia a la importancia de las mujeres en la Iglesia, la pastoral y “ámbitos en los que se toman las decisiones importantes para la vida de la comunidad” no toma partido y queda “en el aire” a la espera que “Roma hable” …

Un elemento importante es la insistencia en el kerygma, pero… lo presenta como los fundamentos de la fe (#4), el patrimonio de la fe cristiana (#138), el primer anuncio (#75), y señala que hay características diferentes según el lugar (#83). Pero lo presenta como algo que se debe anunciar. Sin embargo, kerygma viene del verbo kêrussô que significa “anunciar”. No es sensato que se diga “anunciar el anuncio”. ¿De qué anuncio se trata específicamente? El anuncio de Jesús es la llegada inminente del Reino de Dios, por ejemplo. 

En el capítulo final se presentan una serie de “testimonios” que pretenden “ejemplificar” lo presentado en el texto. En lo personal debo confesar que los testimonios no solo “no me movieron ni un pelo” sino que algunos hasta pueden ser “negativos” si se “escarba” un poco (algo diré más adelante)… Lo que sí, y lamentablemente esperado e imaginado, no llama la atención que no haya ninguna referencia ni a testimonios ni a aportes desde Argentina. Conociendo al episcopado, no esperaba que aporten… De hecho, en todo el documento, la única referencia argentina es la mención (que no se entiende demasiado “a qué viene”, salvo que sea porque “Tucho” Fernández es argentino) a “mama Antula” (#143).

 

Una reflexión teológica

Lo primero que me surge a modo de pregunta es si se espera o no que el Papa sea teólogo...

De hecho, mirando los últimos papas, hemos de decir que “teólogo” (realmente “teólogo”) solo Ratzinger lo ha sido. Pio XII y Juan XXIII obtuvieron un doctorado en el Instituto San Apolinar – luego Lateranense (donde también lo obtuvo el conocido cardenal Ottaviani); Juan Pablo I y Juan Pablo II no “descollaron” en el ambiente teológico (sus tesis doctorales sobre Rosmini y Juan de la Cruz sólo trascendieron a partir de su pontificado). Quizás en la misma línea sugerida por el cardenal Samoré para la elección de los obispos, tanto Pio XII, como Pablo VI y León XIV tenían su doctorado en derecho canónico. Y Francisco no tenía doctorado alguno. Y vuelvo a la pregunta, ¿se espera que el papa sea teólogo? En lo personal creo que el único papa realmente teólogo, Benito XVI, fue un “papa fallido”, lo que me invita a pensar que ser teólogo no es una conditio sine qua non para que lo sea.

Precisamente, para eso existe – en la curia vaticana – el Dicasterio para la Doctrina de la Fe… Claro que…

El eminente teólogo moralista alemán Bernhard Häring (perito en el Concilio Vaticano II, uno de los artífices de la Gaudium et Spes, ¡nada menos!) fue convocado más de una vez a “someterse” al tribunal de la Santa Inquisición, aunque entonces se la llamara “Sagrada Congregación” … Así lo narran:

En una carta de fecha 5 de febrero de 1976, enviada al prefecto del ex Santo Oficio, el cardenal Franjo Seper, en la que el teólogo responde minuciosamente a todas las acusaciones de herejía en el campo de la moral, que según ellos estaba difundiendo en libros y conferencias a través del mundo, concluye: "Eminencia, ahí van mis respuestas. Espero que sean claras. Y espero que usted pueda comprender también mis sentimientos. Durante la II Guerra Mundial tuve que comparecer cuatro veces ante un tribunal militar. Dos de ellas era cuestión de vida o muerte. Pero en aquel momento me sentía honrado, porque la acusación procedía de los enemigos de Dios. Y, además, las acusaciones eran exactas, porque yo nunca me sometí a aquel régimen. Pero ahora, de forma tremendamente humillante, me veo acusado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Las acusaciones son falsas y, por si fuera poco, provienen de un órgano de gobierno de la Iglesia, a la que he servido toda mi vida con todas mis energías y honradez, y espero poder seguir haciéndolo en el futuro, mientras me quede vida". Y añade una frase heladora: "Pero, sin embargo, aunque mi fe sigue sin vacilar, preferiría encontrarme otra vez ante un tribunal de Hitler". (Juan Arias, El País 16 abril 1989 “Prefiero los tribunales de Hitler”)

No hace falta mencionar la enorme cantidad de teólogos que fueron censurados, interrogados, ¡y maltratados!, especialmente en tiempos de “san” Juan Pablo II, particularmente por uno de sus brazos derechos, Joseph Ratzinger.

Sin duda hay que destacar el cambio abrupto en ese sentido provocado por Francisco, y también el cambio que significó para el pensamiento teológico la actitud del Dicasterio de la Doctrina de la Fe, aunque, lamentablemente, y la experiencia y la historia invitan a ser cautos, nada impide que en tiempos futuros “todo vuelva al a normalidad”. De hecho, no llama la atención que haya grupos tradicionalistas (esos que pretenden erigirse como la verdadera y única iglesia; esos que proliferaron durante los pontificados de Juan Pablo II y Benito XVI, hemos de reconocerlo) y reclaman “más doctrina” (lo que no es la Venite ad me, ¡afirman!). “Doctrina” se remonta etimológicamente a “doctor”; el tema está en de qué “doctorado” hablamos... pero sobre esto volveremos.

El problema radica cuando (por poseer una paupérrima teología) los obispos (papa incluido) se creen poseedores del Espíritu Santo y, por lo tanto, no necesitan ni recurren a ayuda externa. Ya lo señalaba el nuncio Pio Laghi al evaluar su paso por la Argentina refiriéndose a los obispos argentinos:

“[…] un defecto que se nota en las reuniones de la asamblea general y en el trabajo de las comisiones en general es que no se hace recurso de forma sistemática a la colaboración y asistencia de «peritos». Los obispos parecen celosos de sus competencias; algunas veces se pierden en largas discusiones sobre argumentos de menor relevancia y no encuentran luego el tiempo para examinar «collegialiter» los problemas de fondo” (Informe de Nuncio Apostólico Pío Laghi al Secretario de Estado, Agostino Casaroli, Buenos Aires, 2 de enero de 1981, Prot. 4/81, «Relación final sobre la actividad de la Nunciatura Apostólica»).

Ciertamente, los obispos no tuvieron más remedio que recurrir a peritos cuando fue el escándalo de la Biblia Latinoamericana (fogoneado desde la revista Gente por “Chiche” Gelblum, como se sabe; y que tanto dolor y persecución provocó), pero, aunque estos [y la comisión fue presidida por Miguel Barriola, ¡nada menos!] dijeron que en la traducción no había objeciones, no faltaron aquellos que, de todos modos, la prohibieron en sus diócesis y alguno hasta propuso que los que la tuvieran la destruyeran…

Pero no parece que nada haya cambiado; la Curia Romana tiene Dicasterios, pero no así la Conferencia Episcopal Argentina – si tiene grupos de consulta, diálogo, debate y reflexión, pues ¡no trascienden!, – y, ¡por supuesto!, mucho menos lo tiene cada obispo particular en su diócesis. Los obispos “parecen celosos de sus competencias” …

Esto recuerda fácilmente la actitud ante la traducción “definitiva” de la Vulgata luego del Concilio de Trento en la que el Papa Sixto V se adjudicó conocimientos “guiado por el Espíritu Santo” provocando cambios y falsificaciones “según su criterio” del texto bíblico en pleno conflicto de la Reforma. Esto provoca el consejo de Roberto Bellarmino a su sucesor Gregorio XIV de que la única solución era mentir diciendo que Sixto V (que murió súbitamente) quiso enmendar el error cuando lo descubrió y no llegó a hacerlo (Sixto había amenazado con la Inquisición a quien discutiera su traducción a la que consideraba “definitiva” e “inmodificable”).

¡Doctores eran los de antes! (aunque no hay que olvidar que Bellarmino [1542 - 1621], santo y doctor de la Iglesia, en sus Controversias, defiende la necesidad de matar herejes y la obligación del Estado de quemar sus libros y quitar la libertad de creer) …

Espiritualidad

En lo personal – y con los límites del caso – creo que más que cuestión de “teología” (y doctorado) es cuestión de “espiritualidad” (evitando toda recaída – tan habitual en nuestros días – en el neo-platonismo, por cierto). Entiendo lo indispensable de una “mística de ojos abiertos”, atenta, también, a otras místicas no necesariamente “de casa” (¿se pueden ignorar, y solo a modo de ejemplo, a Etty Hillesum y Simone Weil, en nuestros días, aunque no confiesen explícitamente la “fe católica”?). Ciertamente es imprescindible un buen discernimiento. En tiempos de individualismo y “sentimentalismo” (o, peor / mejor, desbordes afectivos) se debe evitar la “recepción” de algo “porque me gusta”. Y ese es mi alerta con los testimonios finales de las Consideraciones de Venite ad me… Lamentablemente tenemos mucha experiencia de mucha movilización y proliferación de grupos espiritualistas, intimistas, individualistas y nada encarnados, nada comprometidos en la transformación de la realidad de la que se “evaden” eucarísticamente, o en el “Santo Rosario” … Parece sensato reconocer la enorme capacidad de movilización que tienen muchos de estos grupos que llenan plazas, estadios, o Jornadas Mundiales de la Juventud…

No está de más preguntarnos, ante estas “espiritualidades” (con tufillo neo-platónico, insisto) si no hay una búsqueda de seguridades, algo habitual en los ambientes tradicionalistas que dan la firme garantía de la inmutabilidad porque “siempre se hizo así”; y cuando hablo de “búsqueda de seguridades” me parece que entramos en el terreno de la idolatría, ¡sencillamente! Cuando hablo de la urgencia de “espiritualidad” en pastores (curas, obispos, papas…) me refiero a la ya obvia urgencia de tener un oído en el pueblo y el otro oído en el Evangelio. Biblia y realidad – realidad y Biblia.

Un ejemplo

Es evidente que los modos de celebrar la liturgia hoy no son los mismos que en el pre-Concilio. La solemnidad, el fasto, la distancia de ayer ha dado lugar a otra cercanía, sencillez… Y no se puede ignorar que hay quienes añoran aquellos “bellos” tiempos. Solemnes.

En la Venite ad me se recuerda un interesante testimonio de Romano Guardini (#93). Ciertamente, si Guardini hubiera participado de una celebración de la Semana Santa en nuestros barrios del Conurbano bonaerense no habría tenido la misma sensación. Me recuerda – también – el maravilloso testimonio de Simone Weil:

Cuando leo el catecismo del concilio de Trento, me da la impresión de que no tengo nada en común con la religión que en él se expone. Cuando leo el Nuevo Testamento, los místicos, la liturgia, cuando veo celebrar la misa, siento con alguna forma de certeza que esa fe es la mía o, más exactamente, que sería la mía sin la distancia que entre ella y yo pone mi imperfección. (Simone Weil, Carta a un religioso, 1942).

Y, partiendo de esto quiero finalizar con una referencia bíblica:

Todo judío del siglo I recordaba, celebraba, añoraba las celebraciones en el Templo de Jerusalén (destruido por los romanos en el año 70). Incienso, vestiduras fastuosas, rituales interminables, más incienso, sacrificios y sangre, más fasto, ritmos y cantos, fuego, más incienso, multitudes de sacerdotes y – especialmente en el día-de-todos-los-días, ¡el Sumo Sacerdote!, y su entrada más que solemne en el Sancta Sanctorum…  Es de imaginar que los cristianos que provinieran del ambiente judío vieran de un modo muy contrastante ambas celebraciones: el Yom Kippur por un lado, y la mesa sencilla de pan y vino compartidos por el otro; las procesiones, el templo y las postraciones por un lado, y recostados a la mesa común por el otro; las jerarquías (¡y el género!) bien señaladas, celebradas y canonizadas por un lado, y el discipulado de iguales por el otro… Y no es de extrañar que muchos añoraran las solemnidades, el “antes era mejor”, lo solemne es más “religioso”, aquello es “como Dios quiere” … y en ese contexto, un autor escribe (o, más bien, predica, y luego se trascribe) la carta a los Hebreos. El autor “espiritualiza” (algo que debe entenderse claramente, para no hacerle decir a Hebreos lo que no dice) y presenta un nuevo Templo, un nuevo Sacerdocio, un nuevo Sacrificio, un nuevo culto… Nuevo y de una vez para siempre… Ciertamente, es posible que no haya conformado a muchos. ¡Nostálgicos siempre hay! Pero buscó dar una respuesta a una nueva propuesta, el cristianismo, en la que no había nada de todo eso. No está de más, en nuestro tiempo, siempre recordando que se trata de una lectura espiritual, alegórica, releer Hebreos para que el “Vengan a mi” no signifique una “vuelta atrás” (nada de esto se puede concluir de las Consideraciones, por cierto, pero “nunca falta alguien que sobra”, al decir de Miguelito, el amigo de Mafalda).

Finalmente, creo que se trata de profundizar, pensar, debatir, investigar, leer, estudiar… y, además, empezando por la Biblia, es decir, ¡nada de lo que tantos están habituados a hacer en este “cambio de época”.

 

Imagen creada con IA

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Cualquiera puede comentar y no será eliminado, aunque no este de acuerdo con lo dicho, siempre que sea respetuoso (caso contrario, será borrado). Pero habitualmente no responderé los comentarios, ni unos ni otros, para no transformar este blog en un foro. De todos modos, podrán expresar su opinión.