viernes, 19 de enero de 2024

El problema de nuestro autoritarismo

El problema de nuestro autoritarismo

Eduardo de la Serna



Cuando empezaba a surgir en los medios el intolerante que hoy conduce los destinos de la Argentina hacia el abismo, solía criticar a los gritos a quienes le hablaban de “neoliberalismo”. Él elegía “liberalismo” a secas. Sus gritos, en este caso, lograron que casi nadie hable ya de su “neo-liberalismo”, aunque en el caso del energúmeno conserva cierta razonabilidad. Nada “neo” viene de sus usinas.

Y, dentro de lo que defendía a los gritos es que de ninguna manera se puede cuestionar el (neo) liberalismo, porque “viene de libertad” (Macri decía que “gauchada viene de gaucho” …; parece que estos especímenes han comprado un elemental diccionario etimológico y se solazan en demostrarlo). Claro que recordarles que “comunismo” viene de “común” y “fascismo” de “fascio (= unidad), como también lo es “falange”, los desconcertaría, por lo que omitiré este exceso de academicismo.

No deja de ser cierto que las grandes palabras conservan una nota de ambigüedad que requieren ser interpretadas, motivo por el cual el engendro repite una, y otra, y otra vez la definición (sic) de un “prócer” al que sólo él calificaría de tal; no sea cosa de que alguien confundiera o confundiese la libertad como algo que es “común”, o propio de un colectivo. Vade retro!

Sería torpe identificar fascismo solamente con Mussolini, nazismo solamente con Hitler o comunismo solamente con Stalin. No deja de ser interesante que los dos primeros fueron elegidos en sus cargos por el voto popular. El Nationalsozialismus (= nazismo) es visto, en cierto modo, como un tipo de fascismo. Su característica es la exaltación de algunos valores para mantener ciertas cohesiones, que implican opresión de minorías, oponiéndose a toda noción de igualdad, para lo cual “los otros” son vistos como enemigos. El abuso del poder es algo característico, sin ninguna expectativa de justicia, hacia las víctimas de la intolerancia.

Un elemento muy importante en el sostenimiento del poder hegemónico en el autoritarismo es la centralidad de la propaganda. Es sabido el rol principal de Joseph Goebbels en el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, o el Ministerio de Propaganda italiano… Esto servía, no solamente para resaltar y sostener la centralidad de la personalidad del conductor, sino también para la creación del sujeto principal y preponderante de la unidad (= fascio) nacional: “el enemigo”. Este provoca, además, una mayor cohesión interna, motivada por el miedo, el odio, el desprecio.

Señalando todo esto, cabe una pregunta inicial. ¿puede decirse que la propuesta de Milei es fascista? Quizás la respuesta sea sí, solamente si se añadiera un “de pacotilla” en el adjetivo. Y no se entienda esto como un cierto reconocimiento de los restantes fascismos, ¡que no lo es!, sino una todavía mayor degradación del “nuestro”. El rechazo a todo lo colectivo, por ejemplo, degrada aún mas el autoritarismo, solo sostenido por el “Capital” y por el “ministerio de propaganda” todopoderoso que es un periodismo que del nombre solo tienen que “periódicamente” bombardean cerebros y conciencias. Aprovechando el emblemático miedo de la “clase media” de mirar un centímetro para abajo (y para peor, mirando desde el hombro de la oligarquía, con lo que el miedo se transforma en fobia).

Solamente desde esa “altura” (micro altura) puede, por ejemplo, pensarse que Milei es inteligente, que es un tipo preparado, que sabe mucho. Basta verlo sentado en la punta de la silla, pidiendo urgentemente irse (¡mamá [= Karina], me quiero ir!), siempre aferrado a una carpetita o algo en la mano para sentir seguridad, presto a los gritos e insultos, y repitiendo sloganes que parece no comprender, y datos incomprobables o falsos, lo que está “empíricamente comprobado”. El reciente discurso en Davos, en el que pudo ilustrar a un auditorio de ignorantes sobre el “PBI del año cero”, algo que solo Conan desde ultratumba ha podido aportarle, no fue si no una catarata de sandeces, tonterías, falsedades y búsqueda de enemigos inexistentes. Pero el problema principal, creo, es que tanto Hitler como Franco, Mussolini como Stalin han dejado sombras nefastas en la historia y ya no están. Este engendro, todavía, gobierna un país. El (por ahora) nuestro.


Foto tomada de https://stock.adobe.com/ar/images/fascio-di-legna/65107312

jueves, 18 de enero de 2024

Rut, la extrajera

Rut, la extrajera

 Eduardo de la Serna




En la Biblia encontramos un libro dedicado –no es el único- a una mujer, en este caso una extranjera de la zona de Moab: Rut. Esta mujer no es nunca más nombrada en toda la Biblia salvo al mencionarse la genealogía de Jesús, en el Evangelio de Mateo (1,5). Sin embargo, el llamado libro de Rut merece una lectura atenta que lo llena de sentido. Ubiquemos, para empezar, el libro: no se trata de una biografía sino de una parábola; y por lo tanto, el autor intenta “decir” algo a los destinatarios de un tiempo preciso. Desde la vuelta del cautiverio en Babilonia, un importante –y elitista- grupo judío, tiene una actitud sumamente crítica y despectiva hacia los “extranjeros”, es decir, los no judíos. Israel es el pueblo de la alianza, el que se mantiene fiel a la voluntad de Dios, el que obedece Su ley, el que es “amigo” de Dios. Por ejemplo, las normas legales obligan a que todo el que esté casado con no judía debe romper su matrimonio, ya que eso es contrario a la ley de Dios (ver Mal 2,10-12; Dt 7,3-4; 1 Re 11,1-2). Esta es la época en la que comienzan a aparecer las largas genealogías que tienen por finalidad mostrar la “pura sangre judía” de las personas. La parábola intentará, entonces, mirar desde otra perspectiva: desde una mujer, y, para más, extranjera.

En toda la parábola, Rut (que significa “la amiga”) aparece como una mujer religiosa ejemplar, modelo, fiel. Veamos brevemente el marco narrativo: un matrimonio y sus dos hijos deben emigrar “al extranjero”, a Moab, a causa del “hambre en aquel país” (algo que recuerda a Jacob que envía a sus hijos por comida a Egipto, o a Abraham, Gen 12,10; 26,1; 42,5; 47,4.13; 2 Re 4,38) [cap.1]. Los hijos contraen matrimonio con mujeres del lugar, y con el tiempo mueren todos los varones: Elimélec, el padre, y sus hijos Majlón y Kilyón (que significan “mi Dios es rey”, “agotamiento” y “debilidad” respectivamente). La mujer, Noemí (que significa “mi dulzura”) decide volver a su patria y les dice a las viudas que permanezcan en su casa y eventualmente vuelvan a contraer matrimonio. Luego de insistir, una de ellas, Orpá (que significa “la que da la espalda”), vuelve atrás, pero Rut se niega a hacerlo con una fórmula sumamente precisa: “respondió: «No insistas en que te abandone y me separe de ti, porque donde tú vayas, yo iré, donde habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios»”. (Rut 1:16) Esta fórmula final es precisamente la fórmula de la alianza de Dios con Israel (Ex 6,7; Jer 7,23; 11,4; 30,22; Ez 36,28; Os 1,9; 2,25). Así Rut va a tierra de su suegra, ¡a Belén! (1,2.22). Ya asentada en la tierra, Rut decide salir a recoger lo que cae en la cosecha que, por legislación bíblica, no se debe recoger, sino que queda para los pobres (Lev 19,9-10; 23,22; Dt 24,19-21). Pero, por suerte, fue a dar con los campos de Booz, pariente del muerto Elimélek, marido de Noemí [cRut, la extrajera

 Eduardo de la Serna




En la Biblia encontramos un libro dedicado –no es el único- a una mujer, en este caso una extranjera de la zona de Moab: Rut. Esta mujer no es nunca más nombrada en toda la Biblia salvo al mencionarse la genealogía de Jesús, en el Evangelio de Mateo (1,5). Sin embargo, el llamado libro de Rut merece una lectura atenta que lo llena de sentido. Ubiquemos para empezar el libro: no se trata de una biografía sino de una parábola; y por lo tanto, el autor intenta “decir” algo a los destinatarios de un tiempo preciso. Desde la vuelta del cautiverio en Babilonia, un importante –y elitista- grupo judío, tiene una actitud sumamente crítica y despectiva hacia los “extranjeros”, es decir, los no judíos. Israel es el pueblo de la alianza, el que se mantiene fiel a la voluntad de Dios, el que obedece Su ley, el que es “amigo” de Dios. Por ejemplo, las normas legales obligan a que todo el que esté casado con no judía debe romper su matrimonio, ya que eso es contrario a la ley de Dios (Mal 2,10-12; Dt 7,3-4; 1 Re 11,1-2). Esta es la época en la que comienzan a aparecer las largas genealogías que tienen por finalidad mostrar la “pura sangre judía” de las personas. La parábola intentará, entonces, mirar desde otra perspectiva: desde una mujer y para más, extranjera.

En toda la parábola, Rut (que significa “la amiga”) aparece como una mujer religiosa ejemplar, modelo, fiel. Veamos brevemente el marco narrativo: un matrimonio y sus dos hijos deben emigrar “al extranjero”, a Moab, a causa del “hambre en aquel país” (algo que recuerda a Jacob que envía a sus hijos por comida a Egipto, o a Abraham, Gen 12,10; 26,1; 42,5; 47,4.13; 2 Re 4,38) [cap.1]. Los hijos contraen matrimonio con mujeres del lugar, y con el tiempo mueren todos los varones: Elimélec, el padre, y sus hijos Majlón y Kilyón (que significan “mi Dios es rey”, “agotamiento” y “debilidad” respectivamente). La mujer, Noemí (que significa “mi dulzura”) decide volver a su patria y les dice a las viudas que permanezcan en su casa y eventualmente vuelvan a contraer matrimonio. Luego de insistir, una de ellas, Orpá (que significa “la que da la espalda”), vuelve atrás, pero Rut se niega a hacerlo con una fórmula sumamente precisa: “respondió: «No insistas en que te abandone y me separe de ti, porque donde tú vayas, yo iré, donde habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios»”. (Rut 1:16) Esta fórmula final es precisamente la fórmula de la alianza de Dios con Israel (Ex 6,7; Jer 7,23; 11,4; 30,22; Ez 36,28; Os 1,9; 2,25). Así Rut va a tierra de su suegra, ¡a Belén! (1,2.22). Ya asentada en la tierra, Rut decide salir a recoger lo que cae en la cosecha que –por legislación bíblica, no se debe recoger, sino que queda para los pobres- (Lev 19,9-10; 23,22; Dt 24,19-21). Pero, por suerte, fue a dar con los campos de Booz, pariente del muerto Elimélek, marido de Noemí [cap.2]. Enterado de quién se trata, Booz aumenta la ayuda, no sólo permitiéndole recoger sino también dejando caer espigas.

Cuando Noemí se entera en campos de quién ha recogido Rut da gracias a Dios porque Booz tiene “derecho de rescate”. Aquí se aluden a dos normas bíblicas: la ley de levirato que mandaba al pariente más cercano del marido dar descendencia a una viuda sin hijos a fin de que el patrimonio del muerto no cambiara de manos (Lev 25,23-25; 47,49), y también a la ley de rescate (de tierra, en este caso) por la que el pariente más cercano debe pagar las deudas del pobre, esclavo, enajenado (Dt 25,5-10). En este caso, Booz tendría derecho-obligación a pagar la deuda del campo que Noemí ha perdido al endeudarse, y a su vez dar un hijo a Rut para que tierra y descendencia volvieran a la familia de Elimélek, el marido muerto de Noemí. El siguiente paso que da Rut, siempre siguiendo las indicaciones de Noemí es acostarse con Booz y pedirle que la “rescate” [cap.3]. Queda sin embargo un problema: hay otro pariente más cercano y –por tanto- con más derecho a rescatar. Ante un grupo de ancianos Booz pregunta a ese pariente si va a rescatar el campo [cap.4]. Obviamente el sujeto se encuentra interesado en ampliar su patrimonio y dice que lo hará. Booz le añade que esto significa también desposar a Rut, para “perpetuar el nombre” (4,5) con lo que el pariente se da cuenta que no ganaría heredad, sino que perdería patrimonio (ya que la tierra le pertenecería al esposo de Rut) por lo que renuncia a su derecho. Así Booz adquiere todo lo que pertenecía a Elimélek “para perpetuar el nombre del difunto en su heredad” y “que no sea borrado entre sus hermanos” (4,10). Así Booz engendra con Rut “para Noemí” un hijo varón, Obed (que significa “el siervo”, de Dios) y así se “perpetúa (el) nombre” de Noemí en Israel. Y aquí la conclusión fundamental: este hijo es –genealogía mediante- nada menos que abuelo de David, el gran rey (4,17-22).

Una mujer extranjera –de la que los legisladores pretendían exigir la separación- resulta ser, nada menos, que la bisabuela de David, el rey por excelencia. ¿Qué hubiera sido de Israel si la ley se hubiera cumplido en ese caso?, es lo que plantea el autor de la parábola. Nada menos que toda la historia y esperanza judía se hubiera visto afectada. Así, mientras muchos pretendían que Israel fuera un pueblo exclusivo y excluyente, separado de todos los demás pueblos, otro grupo pone como modelo una mujer extranjera, como modelo de fidelidad a la ley de Dios, como “amiga” de la alianza, y como propuesta alternativa al modelo hegemónico de la elite. En Rut se vislumbra otro camino en Israel, y ella será –nada menos-, al decir de Mateo, parte de la genealogía de Jesús de Nazaret. Otro camino es posible, y tiene rostro de extranjera y de mujer.

 

Imagen de Rut tomada DE https://www.jw.org/es/biblioteca/libros/ejemplos-de-fe/rut-y-noem%C3%AD/ap.2]

martes, 16 de enero de 2024

Comentario a las lecturas del domingo 3º "B"

Dios quiere reinar en nuestra historia si le damos cabida

DOMINGO TERCERO DURANTE EL AÑO - "B"


Eduardo de la Serna



Lectura de la profecía de Jonás     3, 1-5. 10

Resumen: La “novela” de Jonás muestra cómo los más impensados pueden convertirse si se les predica la palabra de Dios, mientras otros rechazan la voluntad de Dios guiándose por la propia.


Sin dudas la conversión de toda la ciudad es el motivo de la elección del texto teniendo en cuenta el término en el Evangelio del día.

El libro de Jonás es una suerte de novela, o parábola donde prima la ironía. A diferencia de todos los profetas, que predicaron insistentemente a su pueblo y no lograron la conversión, Jonás se dirige a Nínive (¡nada menos que a Nínive, la ciudad más cruel y terrible de los tiempos bíblicos!) y basta que empiece a predicar – se necesitaban tres días para recorrerla pero bastó el primer día de predicación – y todos hicieron ayuno, penitencia (¡hasta los animales!) como signo de conversión. Jonás, en este caso, es “el malo” de la historia. No quiere la conversión, sino el castigo y se enojará con Dios porque Él decide “arrepentirse” del castigo prometido. 

En el contexto histórico, el libro pretende mostrar una imagen amable de los extranjeros frente a aquellos que los desprecian, o rechazan. La ironía radica precisamente en eso: mientras muchos repudian a los extranjeros tratándolos de “perros”, el libro de Jonás muestra a los extranjeros más despreciados convirtiéndose y mostrando nada menos que a un “profeta” como adversario de la voluntad de Dios.


Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     7, 29-31

Resumen: La tensión entre el tiempo presente y el tiempo nuevo inaugurado por la resurrección de Jesús invita a los destinatarios de la carta a vivir sin fugarse del mundo presente, pero relativizando las cosas teniendo en el mundo nuevo toda la atención.


En la primera carta a los corintios, Pablo responde a una serie de preguntas que los corintios le han formulado por escrito (ver 7,1). Usando siempre la misma fórmula (“con respecto a…”, 7,1.25; 8,1; 12,1; 16,1.12) responde los planteos formulados. En la unidad litúrgica, Pablo alude a temas matrimoniales: seguir en la pareja, casarse… El criterio con el que se va a guiar es que es razonable que cada uno siga “en el estado que tenía cuando fue llamado” (7,17.24). Pero esto, provocado por la inminencia de la venida de Jesús (vv.26.29.31), puesto que Jesús está “al caer” (ver 15,51) no tiene sentido otra cosa que dedicarse a pleno a las “cosas del Señor”, todas las energías deben estar puestas en el anuncio del Evangelio. Esta tensión afecta todo, lo económico, la alegría o tristeza y también el matrimonio. El esquema es claro y la referencia al “tiempo” marca el comienzo y el final de la unidad: 

  • hermanos, queda poco tiempo (v.29)
  • por tanto… los que… (x5: tienen mujer, lloran, alegres, compran, disfrutan) como si no
  • Porque la apariencia (sjêma) de este mundo pasa (v.31)

Sin embargo, el texto no ha de entenderse aislado ya que, caso contrario, estaría contradiciendo precisamente todo lo que acaba de decir en el texto. No ha de entenderse que pretende vivir “en su propio mundo” escapando indiferentes (ataraxia) de la realidad como es el caso de los estoicos; ni como una fuga del mundo pretendiendo entrar en el mundo divino, como pretenden sectores apocalípticos; Pablo los invita a tener en cuenta la realidad, pero teniendo una mirada superadora: vivir en tensión a un mundo nuevo. 

El uso de “este mundo” es característico de la literatura apocalíptica, el sentido es negativo. El mundo actual está habitado por la muerte y el mal en contraste con el mundo nuevo, eterno y de vida. Los corintios, notablemente superficiales, parecen convocados por Pablo a hacerse cargo de la realidad aunque deba ser relativizada (“como si no…”). Ni el matrimonio ni el no matrimonio son un absoluto, Cristo lo es. Las demás cosas se poseen o no y no hay frustración por lo contrario.

El contexto, sin duda no es la tensión apocalíptica que es la que da la fuerza al texto paulino. 
En este caso encontramos el “como si (no)”. Sin embargo, en este caso poseer es perfectamente inútil: “los extranjeros comerán los frutos… heredarán… destruirán…” En Pablo el acento no es la destrucción total sino el nuevo mundo del creyente comenzado con la resurrección de Cristo y que instaurará en la historia.

Hay otros textos que nos permiten vislumbrar más de cerca el horizonte paulino: El “como sí” de Pablo tiene toda su fuerza en ambas “puntas”, en el hecho que se vive y ha de vivir, y la relativización que le viene dada por la tensión con el tiempo que se aproxima.



Evangelio según san Marcos     1, 14-20

Resumen: Después de los textos introductorios el Evangelio comienza a mostrar a Jesús. Y lo presenta en su primera predicación esencial y el llamado a dos pares de hermanos para que lo sigan a reunir (= pescar) a la gente para predicar el Reino.


Después de tres escenas introductorias, el Evangelio de Marcos comienza su “tema”. Ya se ha presentado a Juan, el Bautista, Jesús ha sido bautizado y tentado en el desierto. Ahora comienza, de un modo sumario primero la predicación de Jesús. Nos encontramos ahora con dos partes bien marcadas (que se repetirán esquemáticamente otras veces en toda esta primera parte del Evangelio (1,14-8,30): se presenta el ministerio de Jesús (vv.14-15) y se hace referencia al grupo de discípulos (vv.16-20).

1.- El arresto de Juan motiva el movimiento de Jesús hacia Galilea. Es posible, pero no viene al caso, que Jesús formara parte de los discípulos de Juan y ante el arresto de su maestro decidiera volver a su tierra. De todos modos, lo que importa en el texto es que en Galilea Jesús “proclamaba” (kêryssôn) el “Evangelio de Dios” (v.14). El v.15 destaca cuál es el contenido de esta proclamación, lo que constituye las primeras palabras de Jesús en todo el Evangelio. Los términos son demasiados importantes, todos, como para pasarlos rápidamente, aunque no sea el caso extendernos aquí; veamos: «El tiempo [kairòs] se ha cumplido [peplêrôtai] y el Reino de Dios [basileía tou theou] está cerca [êggiken]; conviértanse [metanoeite] y crean [pistéuete] en la Buena Nueva [euaggeliô]» 

El griego tiene especialmente dos términos para decir “tiempo”. Uno, jronos, se refiere al tiempo que transcurre, que es medible (“cronómetro”), el otro es el tiempo señalado, esperado, anunciado, el kairòs. Se refiere, en este caso al tiempo que Dios ha establecido para intervenir (reinar) en medio de los suyos.

Lo que se dice es que este tiempo establecido se ha “completado”, “llenado”, ha alcanzado su “plenitud”. 

Precisamente por eso, algo se ha “acercado”. El término puede ser temporal, como en este caso, o espacial. Judas “se acerca” (14,42), la pasión es inminente. En este caso lo que “está cerca” es el Reino de Dios.

Para recibir este reino es preciso la “conversión”. El término necesita ser aclarado ya que es bastante diferente a la comprensión habitual en nuestro tiempo. La “metá-noia” está conformada por dos términos: la “noia” (“paranoia”) es la mente, la actitud mental. La “metá” es lo que viene después. Se trata, entonces de cambiar la mentalidad, asumir una nueva actitud, emprender una nueva dirección.

Creer no se trata de algo meramente “racional”, sino de hacer propio algo (viene unido a la nueva mentalidad), afirmarse en, hacerse fuerte- Creer es poner las raíces, es edificar la vida sobre algo. En este caso, en la “buena noticia”, el “evangelio”.

El “evangelio” es un término sumamente conflictivo. Para el imperio romano (y es bueno recordar que Marcos está escrito en este contexto, y –además – muy probablemente a una comunidad en Roma) la “buena noticia”, el “evangelio” es el nacimiento (o la ascensión al trono) del nuevo Emperador, o también los triunfos militares del ejército romano. Es este caso, el texto hace una clara referencia contra-cultural: el reino, el evangelio, el hijo de Dios han de “creerse” en otro lado muy diferente al que Roma “proclama”. Ya en 1,1 Marcos nos destacó que la Buena Noticia es reconocer a Jesús como “Mesías e Hijo de Dios”. De eso se trata lo que ha de ser creído por los destinatarios. 

Pero la clave de todo radica en el “Reino de Dios”. El término es sumamente importante. Es casi el monotema de Jesús. El término “reino” ciertamente tiene su origen en el mundo político. Con frecuencia se prefiere “reinado” para destacar que lo que se resalta es la acción de reinar. En algunas situaciones, en determinados momentos “Dios está reinando”. Eso es lo que se aproxima. Un rey reina en el tiempo y espacio en el que se realiza su voluntad (en ese sentido “venga tu reino” y “hágase tu voluntad” son sinónimos). Pero este “reinado” es inseparable de cómo es el que reina. Puede tratarse de un déspota, un tirano, un genocida… o un padre. En ese sentido, no podemos olvidar que el Dios que Jesús afirma que empieza a reinar es “padre” (= abbá). Dios reina allí donde se realiza su voluntad de ser padre, lo que es inseparable de la fraternidad y sororidad que Jesús quiere destacar. La actitud de Jesús se acercar a todos y todas a Israel, de comer con pecadores, de bendecir niños, de valorar a las mujeres y centrarse en los pobres muestra que Dios reina allí donde los despreciados, los últimos son puestos en el centro. Un reino que – es cierto – todavía no ha llegado en plenitud, pero que en muchos momentos, gestos o actitudes está presente en nuestra historia. 

2.- El llamado de dos pares de hermanos es el comienzo del grupo que acompañará a Jesús en la predicación del evangelio. 

El esquema es el frecuente en los relatos de vocación; en este caso tenemos un doble llamado de un par de hermanos.

+  Relatos de vocación (cf. 1 Re 19,19-21; Mc 1,16-18.19-20; 2,14)


Mc 1,16-18
1 Re 19,19-21
Quien llama, pasa


v.16


v.19
Quien llama, ve
Nombre del futuro llamado
Relaciones de parentesco
Actividad habitual del futuro llamado
Dicho (imperativo) o gesto
v.17
v.19
Objeción y respuesta
---
v.20
Despojamiento
v.18
v.21
Ejecución (seguimiento)
v.18
v.21

Hay términos que se repiten en el doble llamado resaltando el esquema:

Bordeando el mar de Galilea,
Caminando un poco más adelante
vio a Simón
vio a Santiago, el de Zebedeo
y Andrés, el hermano de Simón
y a su hermano Juan
largando las redes en el mar, pues eran pescadores.
estaban también en la barca arreglando las redes;
Jesús les dijo: «Vengan conmigo, y los haré llegar a ser pescadores de hombres».
y al instante (kaì euthys) los llamó
Al instante (kaì euthys), dejando las redes, le siguieron.
Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él

Hay varios elementos que son llamativos y al menos brevemente, merecen nuestra atención.

El primero en ser “visto” y llamado es “Simón”; sin duda la primacía de Pedro en la comunidad de Jesús invita a destacarlo, en este caso, como el primer llamado (la semana pasada, en Juan, vimos otro orden).

Los cuatro llamados son (especialmente tres, excluyendo a Andrés) los que ocuparán un lugar primordial en el Evangelio y acompañarán a Jesús en la resurrección de la hija de Jairo (5,37), la transfiguración (9,2), el anuncio de la destrucción del Templo (13,3), la oración en Getsemaní (14,33)…; pero son ellos, a su vez, los que malinterpretan el mensaje de Jesús (Pedro, 8,32-33; los hijos de Zebedeo, 10,35).

El acento parece puesto en la fuerza convocante de la palabra de Jesús, la misma que acaba de anunciar y proclamar la llegada del reino de Dios; sin motivo aparente (en el Evangelio Jesús todavía no hizo milagros, no hubo predicación importante.. sólo un breve sumario), basta con ser llamados e “inmediatamente” los pescadores dejan su oficio para dedicarse a “pescar hombres” (= varones y mujeres). Es decir, reunirlos para la predicación del reino.

La invitación al seguimiento parece incluir “dejar todo” aunque poco después el texto nos traslada a casa de Simón y Andrés (1,29)…


el video con comentario al Evangelio puede verse en
https://youtu.be/e6b2LOzqw1Q
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2024/01/video-don-comentario-del-3er-domingo-b.html

lunes, 15 de enero de 2024

sábado, 13 de enero de 2024

“Ahora toca sufrir” y otras sandeces

“Ahora toca sufrir” y otras sandeces


Eduardo de la Serna



Sin ninguna duda, cada cosa, sean textos, acciones, propuestas, debe entenderse en su tiempo y contexto. No hace falta señalar la gran cantidad de cosas que eran absolutamente comprensibles o “normales” en su momento y son deplorables hoy. Las hay en todos los órdenes y situaciones.


Por tanto, cuestionar algo hoy no significa necesariamente criticar a quienes lo decían, sostenían, defendían o vivían ayer.


Veamos un ejemplo concreto. El mundo occidental desde tiempos greco-romanos se vio impregnado de una ideología acorde. Ahora bien, nuevas y diferentes corrientes, influencias, aportes, descubrimientos, ideologías, escuelas de pensamiento fueron influyendo en que los tiempos cambiaran, y – por supuesto – muchísimas cosas que se decían desde la influencia greco-romana son insostenibles hoy. Por ejemplo, lo que antes se decía del “poder” es hoy intolerable, lo que se decía de las mujeres, de los judíos… del cuerpo.


Como se sabe, aunque con diferentes matices, la concepción era que “el cuerpo es cárcel del alma”. Es decir, la persona humana, que es una unidad, era vista como un compuesto en unidades (cuerpo y alma), y estas, eran jerarquizadas: el cuerpo es inferior al alma; por eso, durante tanto tiempo – y permanece vigente hoy en tantos ambientes – la idea era que los pecados del cuerpo, como los sexuales, eran más graves que los pecados “del alma”, como la envidia. Por eso, entonces, lo importante era “domar” el cuerpo, con flagelaciones, sacrificios, disciplinas. Así, el sufrimiento era visto como algo bueno o necesario. Incluso, esto llegó a los extremos de entender la vida eterna como una contra cara de “esta vida”, por la que los que acá sufren, gozarán eternamente, mientras que nos que acá disfrutan, padecerán eternamente. 


Esto llevó, no solamente, a actitudes masoquistas y enfermizas, sino a la gestación de horribles teologías que rozan la herejía. 


Dios quería que su hijo muriera y muriera horriblemente;

Como la ofensa a Dios era infinita, solo la muerte y sufrimiento reparador de su hijo que es infinito podría remediarla;

El sufrimiento de Cristo nos salvó de nuestros pecados…


Ideas como estas, vigentes todavía hoy en algunas “espiritualidades” y catequesis, deberían llevarnos a formularnos algunas preguntas… ¿Cómo es ese Dios que quiere y necesita la muerte infame de su hijo? ¿por qué sería que el sufrimiento es salvador?


Así queda instalada la idea de que primero hay que sufrir para después gozar plenamente. Insisto… ¿Cómo sería ese Dios que quiere eso? Ese Dios sádico no se parece en nada al Dios que Jesús mostró y predicó, el Dios que es Padre y Madre, el Dios que es “amor”.


Hace muchos años, Eva Perón decía que no creía en una religión que predicara la resignación, sino que creía en una que le hiciera decir “al último descamisado ante el primer emperador, yo soy tan hijo de Dios como usted”. Es semejante a lo que repetía el obispo mártir, el beato Enrique Angelelli: “yo no puedo predicar la resignación”.


El Dios que Jesús muestra y predica, es amor; el amor es lo que lo constituye; el amor es todo y sin el amor no hay nada. La propuesta de Jesús no es la de la “meritocracia”, para la que el que ha alcanzado méritos “merece” el cielo y quien no los ha tenido “merece” el infierno. De amor hablamos, así es Dios. No se trata de que ahora toca sufrir, para después gozar… se trata de aquí y ahora encontrarse con Jesús y la comunidad, para después vivirlos en exceso y plenitud. Eso es el cielo, y empieza aquí y ahora.


Los planteos de ahora sufrir para después vivir plenamente, son muy convenientes para los que ahora disfrutan acaparando vida y bienes; se trata de cerrar los ojos a la injusticia esperando un mañana que nunca vendrá; se trata de ser cómplices silenciosos del pecado que causa muerte y no-amor a las mayorías. Se trata de que el amor y la preferencia de Dios por los pobres o bien es una mentira, o es un sarcasmo cruel.


Lo que salva, no es el sufrimiento, sino el amor, no es la cruz, sino el amor, no es el viernes santo sino el domingo, no es Pilato, sino Jesús. Y ese amor es militancia, porque siempre supone otros y otras. Lo que salva no es “dar” la vida, sino ser capaces de arriesgarla en favor de otras y otros, por amor, precisamente. Cero individualismo, y acumulación de méritos… es amor, es encuentro, solidaridad y justicia, búsqueda de que todas y todos tengan vida, y vida plena.


Estamos saturados de esquemas de dolor y sufrimiento que anuncian un futuro promisorio de vida plena y feliz…


Hay que pasar el invierno

El segundo semestre

La luz al final del túnel

Ahora toca sufrir, vienen días duros, pero…


Pero el amor está ausente, y el sufrimiento (siempre de “los otros”) se ve como un mal necesario, que no hay otro camino, al estilo del “coraje, ánimo… ¡vayan!”


Ciertamente, nada tiene esto que ver con el Evangelio ni con la propuesta de Jesús de un Dios que reina en la felicidad de los últimos, los vulnerados y las víctimas. Ciertamente el esquema de Jesús es tan, pero ¡tan! Opuesto, que por eso el querido obispo Miguel Hesayne repetía que “no se puede ser cristiano y neoliberal”; sencillamente porque no se puede. Sencillamente porque en el individualismo el amor no tiene cabida, y no puede haber cristianos sin amor, porque “en eso todos conocerán que nos mis discípulos…. En que se amen unos a otros” (Jesús).

jueves, 11 de enero de 2024

Elías, el profeta

Elías, el profeta

Eduardo de la Serna



Los lectores del Nuevo Testamento han escuchado con alguna frecuencia referirse al profeta Elías: Juan el Bautista se le parece (Mt 17,10-12; Lc 1,17; Jn 1,21.25), en el monte de la transfiguración, junto a Jesús están Moisés y Elías (Mc 9,4-5 / Mt 17,3-4/ Lc 9,30.33), los comentarios del pueblo cuando se preguntan quién es Jesús, se preguntan si no es Elías (Mc 6,15; 8,28), o mal interpretan un dicho de Jesús en la cruz pensando que está llamando a Elías (Mc 15,35-36; Mt 27,47.49). Incluso la vocación misionera de los primeros cristianos, que se dirigen a los no-judíos recibe la comparación de la vocación de Elías (Lc 4,25-26) ¿Quién es este Elías del que se habla y por qué tiene tanta importancia?

Veamos brevemente un poco de historia. El pueblo de Dios se había dividido en dos partes, norte y sur, con sus propios reyes, capitales, santuarios... y problemas. A mediados del s.IX a.C., el reino norte, llamado Israel (el sur se llama Judá) tiene su capital en Samaría, y un rey llamado Ajab que se ha casado con Jezabel, que es hija de un sacerdote extranjero. Como es razonable suponerlo, esta mujer tiene otros dioses y otro culto, y los lleva a su nuevo hogar. Este Dios, al que se lo conoce como Baal, tiene también sus sacerdotes y sus profetas; pero los sectores más religiosos de Israel se enfrentan con este nuevo culto importado y sus representantes. Por esto Jezabel asesina a los profetas de Yahvé (1 Re 18,4), aunque Elías se salva. Él es el gran abanderado de esta lucha (de hecho, su nombre en hebreo quiere decir “Yahve es mi Dios”, es decir los otros dioses -como Baal- no lo son). Aparece como un hombre solitario y errante, y sumamente celoso de la fe en el único Dios de Israel. Como Baal es presentado como Dios de lluvias y de fecundidad, con el objetivo de mostrar su inutilidad -y la inutilidad de su culto- Elías anuncia una larga sequía, con lo que muestra que sólo en Yahve hay fecundidad verdadera (1 Re 17,1-7). La sequía provoca hambre, por cierto, pero Yahvé, para salvarle la vida, envía a Elías al extranjero donde -milagro mediante- será alimentado por una viuda, e incluso resucitará más adelante al hijo único de la mujer (17,8-24). Obviamente esto mueve a la mujer extranjera -a diferencia de Jezabel- a reconocer que “Yahvé es Dios” (v.24).

Pasado el duro tiempo de la sequía (3 años), Elías anuncia la lluvia al rey (18,1), pero para eso enfrenta violentamente a los “profetas de Baal” que muestran su impotencia en el desafío (18,18-40) y el pueblo proclama: “¡Yahvè es Dios!” (V.39). Ante el triunfo -incluso sangriento (v.40)- de Elías, la reina quiere matarlo (19,1-2) y debe huir al monte Horeb (19,8). Después del encuentro con Dios en la montaña, a la vuelta encuentra a Eliseo y lo llama a su servicio (19,19-21).

Ocozías, el sucesor del rey Ajab, muerto tempranamente, decide consultar a los profetas de Baal a raíz de un accidente y nuevamente interviene Elías (2 Re 1,1-8), que estaba oculto a causa de las amenazas a su vida de parte de la reina. Finalmente, Elías cruza el río Jordán con su discípulo Eliseo y allí desaparece de su vista, pero éste hereda su espíritu (2,1-15).

Como puede verse, Elías aparece como un profeta profundamente religioso y profundamente político (aunque en aquellos tiempos no era fácil distinguir ambos campos). Enfrentado vehementemente con los adversarios de Dios quiere remarcar a todo el pueblo y sus autoridades que sólo en Dios se ha de poner la confianza. Como es habitual, los israelitas al sentirse seguros con la estabilidad política, al tener bienestar, y tranquilidad, se olvidan de Yahvé (en un contexto muy semejante de idolatría y fecundidad atribuida a Baal, ver Os 10,1-2) y miran para otro lado, para los ídolos (¿hoy no hacemos lo mismo?). Para tratar de entender la voluntad de Dios es que Elías va al Horeb, como un modo de “volver a las fuentes”, dirigirse al lugar donde el pueblo selló su alianza con Dios (Deu 5,2); y -viendo a Dios en lo que es sorprendente e infrecuente (1 Re 19,8-15)- vuelve con renovadas fuerzas (y con un discípulo) para seguir su predicación.

Precisamente porque no se habla de su muerte (1 Mac 2,58), sino de una desaparición, la tradición judía empezó a imaginar que alguna persona celosa y religiosa “como Elías” vendría más adelante (Eclo 48,1-16) para, como Elías, hacer “volver el corazón de los padres a los hijos” (Mal 3,23-24). Es por eso que, ante figuras como Juan el Bautista, o el mismo Jesús, muchos se preguntan si no están frente al que es como Elías. Como aquel, invitarán a la conversión, como aquel invitarán a volverse a Dios y como aquel, rechazarán todo lo que no es Dios.


Imagen de Elías tomada de https://iglesiadeconcepcion.cl/editorial/elias-un-profeta-muy-humano-2/

martes, 9 de enero de 2024

Comentario a las lecturas bíblicas, 2º domingo "B"

 Los llamados no pueden guardarse para sí mismos la llamada

DOMINGO SEGUNDO DURANTE EL AÑO - "B"


Eduardo de la Serna



Lectura del primer libro de Samuel     3, 3b-10. 19

Resumen: en un marco en el que se destaca que hasta ese momento la palabra de Dios no era frecuente, esta se dirige al niño Samuel. El texto simplemente menciona el hecho de un modo muy vívido. El objetivo es destacar en nacimiento del movimiento profético en Israel.



La referencia “vocacional” subyacente en el evangelio parece ser el motivo por el que este texto se encuentra en la liturgia. Hay una serie de elementos a tener en cuenta en el relato:


La vocación a la que se hace referencia es una vocación “profética”. Esto ocurre en el santuario de Siló (todavía Jerusalén no había sido tomada, cosa que hará David años más tarde). Al menos en su estructura actual, se presenta a Samuel como el primero de la lista de los profetas de Israel: “Aún no conocía Samuel a Yahveh, pues no le había sido revelada la palabra de Yahveh”. (v.7) ya que “en aquel tiempo era rara la palabra de Yahveh, y no eran corrientes las visiones” (v.1). En un sueño – un modo que, al menos en los comienzos de la profecía bíblica – sirve al profeta para reconocer la voluntad de Dios Samuel recibirá una palabra crítica del sacerdote Eli y sus hijos (vv.12-14). Curiosamente es Eli quien le dice al niño Samuel que la voz que escucha ha de provenir de Dios, y le dice lo que ha de decir: “habla, tu siervo escucha”.


El relato está compuesto de modo dramático para mostrar el nacimiento del movimiento profético aunque no se lo mencione con tal nombre. 



Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto    6, 13c-15a. 17-20

Resumen: en una unidad marcada por temas morales Pablo enfrenta la frecuencia a prostíbulos de algunos de la comunidad. Tratar a los demás y a sí mismo como Cristo mismo es el criterio fundamental.



Los capítulos 5 y 6 de 1 Corintios presentan una serie de situaciones morales que se viven en la comunidad de las que Pablo se ha informado oralmente (5,1). Mientras el problema central (6,1-11) es económico, los otros dos (5,1-13 y 6,12-20) remiten a lo sexual (pornê). Se ha señalado con frecuencia los desbordes sexuales de Corinto citando autores griegos clásicos, aunque luego de esto la ciudad fue destruida y reconstruida por Julio César siendo, entonces, una ciudad más romana que helénica en sus costumbres. Sin embargo, tampoco se ha de olvidar la frecuencia de la prostitución en los puertos (¡y Corinto tiene dos!) y la proliferación de cultos orgiásticos, que en Corinto los había. 


El tema de la unidad refiere a la recurrencia de algunos a las “prostitutas” (pornê). Se ha propuesto, y no ha de descartarse, que se tratara de prostitución sagrada, sin embargo el planteo de Pablo ante el hecho va más allá del tipo de prostitución del que se tratare.


Como en otras partes de la carta, Pablo toma un dicho corintio: “todo me es lícito”, y si bien lo acepta, inmediatamente lo limita o relativiza. En este caso, “no todo me conviene”, “no me dejaré dominar por nada” (v.12). El tema del “cuerpo” (muy importante, y seguramente central, en toda la carta) enmarca la unidad. El cuerpo está en relación con Dios, y la resurrección (que algunos niegan en Corinto, cf. 15,12) es un signo de ello. Si algunos niegan esto (la frase “lo uno y lo otro”, comida y vientre, “lo destruirá el Señor”, v.13 parece dicho de algunos en Corinto) Pablo les recuerda “¿o no saben…?” (v.16) con lo que enfrenta su planteo [la fórmula “no saben” Pablo la usa x12 de las que x10 en 1 Cor, y x7 en los caps. 5-6. El sentido apunta a resaltar algo que evidentemente saben y el apóstol quiere reforzar polémicamente]. Si el cristiano es “miembro de Cristo” (v.15) todo lo que haga en las relaciones interpersonales debe ser una actitud de servicio hacia ella y no de utilización, en búsqueda de su propio beneficio.


El texto de Gen 2,24 sobre la unión de los cuerpos de varón y mujer apunta a lo perdurable de la situación. Al encuentro y la unidad, algo que ciertamente no se da en la relación con prostitutas. Es posible que la frase “todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo” sea también un dicho de los corintios. Parece influenciado por el mismo dualismo que más tarde llevará a negar la resurrección. Es como afirmar que lo que tiene que ver con el cuerpo no toca el terreno de la moral. El cuerpo sirve a Dios o sire al mal (Rom 6,19; 12,1-2). Cuenta tanto para Dios la persona en su integridad (lo que, obviamente, incluye el cuerpo) que un mal uso del cuerpo constituye un pecado (v.18: “peca contra su cuerpo”). Nuevamente “¿o no saben…?” sirve para comparar el cuerpo con un santuario habitado por el Espíritu. En este caso el acento está puesto en que el cristiano es “·propiedad” de Dios (“han sido comprados…” v.20; cf. Ga 3,13; 4,5). La tradición patrística se formuló la pregunta de a quién se le realizó el pago, pero el tema no entra en el horizonte paulino. Pablo lo utiliza simplemente para destacar la obligación de renunciar a visitar prostíbulos.


La clave de toda la unidad viene dada por la conclusión: “Glorifiquen a Dios en su cuerpo”. “Glorificar” es la actitud, siempre positiva, de dar gloria a Dios, algo que, en este caso, el cristiano ha de hacer con su propio cuerpo.

  

Evangelio según san Juan     1, 35-42

Resumen: Juan presenta en su introducción una serie de “días”. En este caso nos encontramos a Juan que deriva discípulos hacia Jesús y ellos no permanecen indiferentes ante el encuentro. La fe de todos ellos va creciendo.

El prólogo histórico de Juan está estructurado como una semana marcada por cada día (1,19.29.35.43; 2,1). Los primeros dos días están centrados en Juan, el Bautista. El tercero (texto del día de hoy) el traspaso de Juan a Jesús de sus discípulos. El cuarto día es una comunicación de “información” en la cual los discípulos llaman a otros a su vez. Finalmente, “tres días después” ocurren las bodas en Caná. 

Repitiendo la referencia al Cordero de Dios (v.29), la unidad se relaciona con la anterior. Pero ya no es revelación (día segundo) sino reacción en cadena frente a Jesús, el verdadero Israel. Los hombres empiezan a creer gracias a Juan Bautista (1,7); Dios se los da al Mesías (3,27.29). Nuevamente nos encontramos con dos días (el día supuesto en v.39 no parece contar), y cada día parece dividido en dos. Se mencionan 4 o 5 discípulos orientados hacia Jesús por el testigo; a estos se agregan otros, incluso se habla de los Doce (6,67.70.71; 20,24), pero nunca hay una lista. El relato difiere notablemente de los Sinópticos. La vocación parece en Betania "del otro lado del Jordán" y los discípulos lo fueron primero de Juan Bautista. No hay que buscar armonizar con Sinópticos; los datos de Jn son verosímiles. Hch 1,21-22 parece presuponer que fueron antes discípulos de Juan Bautista. Pero, aunque hubiera verosimilitud histórica, hay intención teológica de presentar (en 1,35-51 y 2,1-11) un paradigma de la vocación cristiana: cada día hay una profundización del conocimiento de aquel a quien siguen; incluso frente a Jesús, el Evangelio suele presentar una corrección en la comprensión (1,49; 3,2; 4,31; 6,25; 9,2; 11,8); alcanza su climax cuando creen al ver su gloria. Ya habíamos visto una cristología en las escenas anteriores; ahora la cristología sigue creciendo. Los títulos de Cristo son una vía de acceso a la cristología; Jn reúne los principales del AT en esta unidad: rabíMesías (35-42), "aquel de quien hablaron la ley y los profetas", Hijo de Dios y Rey de Israel (43-50), Hijo de hombre (51). Sin dudas la fe de los discípulos creció gradualmente (6,66-71; 14,9); e incluso Jn mismo señala que no se llega a la fe sino después de la resurrección (2,22; 12,16; 13,7). Jn resume enteramente la condición de discípulo en todo su desarrollo; Jesús aparece como quien conoce el pasado y el futuro de sus discípulos. Los verbos de visión: ver, mirar... unifican la unidad que comienza con una visión y confesión de fe y termina del mismo modo (vv. 35.51). Mientras Juan Bautista habla en presente, sus acciones se narran en imperfecto, como inmóvil. Jesús pasa, no sabemos de dónde viene (¿"de Dios"?) ni a donde va... 

Se trata de dos discípulos: uno es Andrés (v.40); el otro ¿es el Discípulo Amado? (cfr. vv.41 y 43); algunos lo han sugerido pero nada parece indicarlo. Dado que en la lista de los Doce siempre aparecen Juan y Santiago, Andrés y Pedro, y dado que Juan se ha identificado con el Discípulo Amado, es razonable identificarlo. Otros sostienen que este es Felipe (siempre aparecen juntos en Jn, 6,5-9; 12,21-22; proceden de la misma aldea). Pero, 1,43 parece presentar a Felipe por primera vez. Lo cierto es que se trata de un discípulo anónimo. Juan Bautista tenía discípulos con sus características propias (Mc 2,18; Lc 7,29-33; 5,33; 11,1). 

Fijando la vista, la mirada (sólo aquí y v.42 en Jn), es mirar con penetración, como penetrando en el misterio del ser. De hecho, cumpliendo su misión de dar testimonio, Juan desaparece de la escena. Ya no tiene otra función; el hecho de que el "he aquí" derive del verbo "ver" muestra a Juan Bautista queriendo compartir con todos su visión.

Cordero de Dios: Puede haber una diferencia de matices con v.29 (de allí la ausencia de "quitar el pecado..."). Quizá allí su centro sea puesto en Dios que lleva a su fin la obra de la salvación y aquí está centrada en la persona de aquel que va a realizar el plan divino. 

En la tradición Q hay un envío de discípulos de Juan a Jesús (“eres tú, o hemos de esperar a otro”; Mt 11,2; Lc 7,18s). Juan Evangelista habría cambiado la escena en un planteo positivo. Si bien es posible, no es improbable que, originalmente, discípulos de Juan Bautista hayan seguido a Jesús y aquí Jn siga una tradición independiente. De hecho, en cuanto que Juan Bautista es "la voz", es Dios quien da los discípulos a Jesús ("los que me diste", 17,6; 6,37.39.65). Siguieron: Dos discípulos de Juan Bautista siguen a Jesús (cfr. 37.38.40.43). Es más que caminar en la misma dirección. En un primer momento es un seguir al pie de la letra, físico. Luego, indicará la adhesión de la fe, consecuencia lógica del testimonio de Juan Bautista, como condición del discípulo nos habla en 6,2; 8,12; 10,4.5.27. 31; 11,31; 12,26; 13,36.37; 18,15; 20,6; 21,19.20.22 (cfr. Mc 1,18p). El imperativo "sígueme" aparece en los relatos de vocación (Mc 2,14; Mt 8,22; 19,21). Este "seguir" es el primer paso para la fe, paso que los lleva a "permanecer", no sólo ese día sino en comunión constante con él. Los discípulos de Juan Bautista están a punto de convertirse en discípulos por lo que Juan Bautista puede desaparecer, ya dio testimonio. Pero es Jesús el que toma la iniciativa (15,16: yo los elegí). Siguen a Jesús hacia el "adónde va". Algo sabemos ya: al cumplimiento de las promesas. 

Qué buscan: qué quieren y qué buscan pueden suponerse por el significado del verbo. Es la primera palabra de Jesús en el Evangelio. La pregunta es la pregunta que se le hace a todo aquel que quiere seguirlo para ser discípulo: )qué buscas? (cfr. Pr 8,17; cf. Jn 12,21); quizá provenga de la catequesis de la comunidad joánica, se pregunta por el sentido; una idea clara de propósitos y motivaciones. Y la respuesta va en el mismo sentido: buscan permanecer. Seguir y buscar pasan a ser características del discípulo; encontrar y permanecer son la recompensa (cfr. 7,33-36, los judíos como anti-discípulos) permanecer es ser amigos (15,14s). El sentido puede ir en un doble sentido semejante al de "seguir". )Tiene sentido esa pregunta en el Jesús joánico que sabe todo? Su conocimiento no le viene de su capacidad de milagros sino de la comunión con el Padre (3,35; 11,42; 13,3): conoce su camino (2,4; 6,6; 8,14; 13,1; 17,1; 18,4) y el pensamiento de los hombres (2,25; 4,18; 5,42; 6,15.64; 13,11; 21,17; cfr. 1, 48; 10,14s.26s; 6,61.64.70; 13,11.18.38; 17,12). ¿Respeta a sus interlocutores? Más bien, parece que el evangelista pretende que el lector se pregunte a sí mismo si está en búsqueda y de qué. Esta misma, es también la primera palabra del resucitado (20,15); también allí se responde con una pregunta por una localización (de este mundo); allí Jesús insiste en que va a su Padre, y aquí se insiste en el verbo permanecer (14,2s.23; 15,4s) y sabemos que refiere a la inhabitación del Padre. La pregunta, entonces, lleva al discípulo a participar de su relación con el Padre (cfr. 12,26): siguiendo a Jesús, por la cruz el discípulo es conducido a la gloria, donde "yo estoy (=soy)". 

Rabbí: (lit. "mi grande") "maestro" no es literal pero refleja el uso. )Es anacronismo? No parece haberse usado a los rabinos hasta mediados del s.I (Gamaliel). Es común en Jn y parece responder a un plan deliberado (1,39.49; 3,2; 4,31; 6,25; 9,2; 11,8; cf. 3,26; 20,16 y "maestro": 1,38; 8,4; 11,28; 13,13.14; 20,16) ¿le piden una interpretación mesiánica de la Escritura? en todo caso, concluyen que es más que un intérprete, es el Mesías prometido por la Escritura (v.41); aparece casi exclusivamente en el libro de los signos. Que traducido: 1,38.41.42; 4,25; 9,7; 11,16; 19,17; 20,16.24; 21,2. Jn frecuentemente traduce las palabras hebreas o arameas. 

¿Dónde permaneces? (menein): a veces significa alojarse pero se usa aquí con doble sentido que incluye el significado teológico; cfr. seguir, buscar... (Jesús vive en la casa del Padre, 14,2). Cfr. Mt 8,18-22p. Nada es más importante que saber dónde puede encontrarse a Jesús, dónde reside. 

Vengan y mirarán: Jesús responde con el desafío de la fe: Vengan y lo verán (verán, = v.51; evidentemente cristológico). Venir es descripción de la fe (3,21; 5,40; 6,35.37.45; 7,37...) y también lo es la referencia al "ver". En 5,40; 6,40.47 se promete "vida eterna" a los que vienen, le buscan y creen, tres formas de describir la misma acción. Ver (14,9) llega a ser sinónimo de conocer. Pero esto no estará completo hasta que no vean su gloria y crean en él (2,11), anticipo de 12,26. Este ver es provisorio (lugar donde vive) y prepara un ver definitivo (permanecer). El tema está relacionado a los textos de la sabiduría: cfr. Sab 6, 12.13.16: ver, encontrar, ella se da a conocer, los aborda por los caminos...

La hora décima: ¿Jn cuenta a partir de la medianoche? Pero los relatos de la Pasión parecen comenzar a la tarde de la víspera: las de la noche a partir de las 6 de la tarde, las de la mañana, a partir de las 6 de la mañana. ¿Significa la hora de la plenitud?; "la hora perfecta de la historia del mundo" cfr. 4,6; 19,14; 14,2-4; Filón, VitMoi 1,96), )o refiere a que – siendo viernes – debieron permanecer con él el sábado? Jn no alude a la diferencia de tiempo (cambio de día) para no perder la ilación. Al permanecer con Jesús han adquirido un conocimiento más profundo de su persona y pueden anunciarlo. No se narra el diálogo (= 4,40-42 con los samaritanos), sí se narran los efectos. 

Los vv. 40-42 parecen una pieza de la catequesis comunitaria sobre Pedro. Así se ha sugerido. 

Hermano de Simón Pedro: Jn prefiere el nombre combinado; usa (a diferencia de 2 Pe 1,1 [)y Hch 15,14?]) Simón. Mc 1,16-20; Mt 10,2; Lc 6,14 concuerdan en que eran hermanos. Simón es un nombre judío, mientras que Andrés es nombre griego; pero aparece en el Talmud, por lo que no puede concluirse nada de la familia a partir de esto. 

Encuentra “el primero” puede ser lo primero, al primero o temprano. ¿Indica otro día?; parece convenir, "primero". Simplemente indica que encontrar a su hermano es lo primero que hace (cfr. 2,10, 7,51; 10,40; 12,16; 15,18; 18,13; 19,39 donde se usa como adverbio). Quien ya cree conduce hacia Jesús a quien todavía no cree. 

Encuentra puede significar encontrar (buscando: Gn 31,35; Jn 6,25; 7,34s) o encontrar (de casualidad: Gn 4,14; 18,28s; Mt 13,44-46); conserva sentido sapiencial (Pr 8,35). 

Hemos refiere a la comunidad primitiva (es importante la frecuencia del uso del plural en el Evangelio). Incluso se ha propuesto ver la primitiva predicación cristiana a la sinagoga (=v.45). 

Mesías (Mešîhâ) sólo aquí y en 4,25 en NT. Es quien cumple las esperanzas de Israel: 4,29; 7,40-42; 9,22. A diferencia de los sinópticos, es Andrés y no Pedro el que confiesa la mesianidad de Jesús. Traducido: Cristo: Por analogía con 1,38 debería traducirse por "ungido". 

Como en v.36, ahora es Jesús quien “fija la mirada”; tú... tú: (cfr. 49b) denota insistencia. Hijo de Juan: así Jn 1,43; 21,15.16.17 (de Jonás; cfr. Mt 16,17). Jonás y Juan representan el mismo nombre hebreo. 1 Cro 26,3 LXX traduce Juan por Jonás pero puede ser confusión. Te llamarás: el futuro no remite al tiempo sino al presente; a lo sumo como revelación profética. Algunos piensan que el cambio de nombre es postpascual, pero en todos los textos (Mt, Mc y Jn) aparece en boca del Jesús histórico. Es una palabra creadora. Cefas: Sólo Jn entre los Evangelios (y Pablo). El juego de palabras se ve claro en arameo, no así en griego. Son apodos (jamás nombres) que deben explicarse por algún rasgo de Pedro (¿de carácter?); o en el contexto de las acciones simbólicas de los profetas (Os 1,4.6.9; Is 7,3; 8,1-4) como el deseo de fundar algo duradero escatológicamente [lo que contrasta -¿voluntariamente?- con el carácter no precisamente firme de Pedro]; ¿se referirá originalmente a una suerte de “piedra preciosa” del grupo? El cambio de nombre (= Mt en contexto de confesión como Mesías) está relacionado a la función a desempeñar (Gn 17,5; 32,28). En Juan es evidente la importancia y centralidad del Discípulo Amado, pero no se oculta la eminencia de Pedro, portavoz de los Doce (6,67s; guía de la comunidad 21,15s [cuando garantiza su “amor”]. Se refiere a su martirio 13,36; 21,18s). De todos modos, no se hace referencia a Jesús "roca" que hace referencia a Simón "roca" del mismo modo que el pastor (10,11-16.27s) lo hace pastor (21,15s) (Orígenes). Sólo podemos decir que en la primera reunión de discípulos ya está presente la Iglesia. El cambio de función nos dice que nadie entra en contacto con Jesús sin que su vida cambie.

 

El video con comentario al Evangelio
https://youtu.be/XthvFDC1gpc
también puede verse en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2024/01/video-con-comentario-al-evangelio-del_8.html

Foto tomada de web1.bridgesforpeace.com