Video con comentario al Evangelio del domingo 21º C
o también en
Eduardo
A veces hacemos cosas extrañas las personas… Para enseñar la
“civilización” a un grupo de indígenas que se resistían, se los desplazó
forzadamente más de 1300 kilómetros y se los “redujo”.
Y después, cuando se extinguieron, se declaró esta, zona
liberada y se constituyó la ciudad que llevó su nombre (eso sí, cambiándole la
letra inicial, porque parece que para los civilizados la “K”, de Kilmes, era y
es una letra que debería suprimirse).
Y toda la región costera fue aprovechada con frecuencia para
el contrabando, porque – ya lo sabemos – los poderosos se resistían y resisten
a pagar impuestos.
Pero, sabemos también que, en
esta tierra, hubo otros que resistieron las invasiones y la civilización que
los bisabuelos de Margaret Thatcher quisieron imponernos.
Y se fue gestando Quilmes. Y se
sigue gestando Quilmes. Con raíces indígenas (no “originarias”, porque eran
originarias de Tucumán), y sangre española, con horizontes campesinos y
velocidades urbanas. Se asentaron empresas y se asentaron expulsados de la
ciudad que se niega a mirar el país. Se pudo planear un proyecto y se desbordó
lo planeado. Y Quilmes se fue transformando, así, en un partido notablemente
desigual.
Desigualdad que sigue y seguirá
creciendo mientras desde el poder se castigue a los vecinos y vecinas por no
elegir lo que ellos desean. La libertad tiene su precio.
Y no está de más decir una
palabra sobre la libertad, que parece que está de moda. En el ambiente
judeo-cristiano, la libertad es ir en pos de un proyecto; proyecto liberador
(porque no hay libertad sin liberación), proyecto de pueblo, proyecto de justicia.
Para la Biblia judeocristiana, no hay libertad sin justicia social, mal que le
pese a los fundamentalistas e individualistas. Y, sí es cierto que detrás de la
justicia social hay un robo: ¡un robo cuando no hay justicia!
Con ironía, la libertad
originaria en Quilmes, se gestó con la opresión de hermanos y hermanas
indígenas, y luego, cuando se celebró su extinción. Con ironía, hoy gritan
libertad cuando viene un embajador a decirnos qué debemos hacer, con quien
comerciar y a quien votar. Con ironía hay libertad si reconocemos una deuda
usuraria que simulan postergarla si elegimos bien, es decir, como “ellos”
deciden que decidamos. Con ironía, parece que hay libertad si se encarcelan
injustamente presas políticas por un fake poder judicial, por el solo
delito de conducir proyectos de justicia, o no aceptar lo de “cárcel o bala”.
Pero muchos seguimos creyendo que
otro Quilmes es posible. Hay un Quilmes que mira al norte, pero es posible un
Quilmes con la mirada al oeste. Hay un Quilmes que celebra a Julio Argentino
Roca, pero es posible un Quilmes que aplauda a Ceferino Namuncurá. Hay un
Quilmes que se desentiende de Gaza, y un Quilmes que grita ¡genocidio! Hay un
Quilmes que cree que la tierra es plana y que niega la historia, y hay un
Quilmes que mira a nuestros vecinos como hermanos, abriéndoles las puertas y
que, además, sabe que fueron 30.000.
No hay uniformidad, por cierto. Y
es bueno que no la haya. Pero es sensato preguntarnos ¿qué Quilmes queremos?
Podemos pretender un Quilmes con la libertad de la injusticia y el
individualismo, o un Quilmes que se atreva a mirar a los ojos a otros, otras y
otres reconociéndoles como hermanos. Podemos pretender un Quilmes que se
desentienda de los pobres, los jubilados, las personas con discapacidad o la
salud y la educación pública, o un Quilmes menos desigual porque todas, todos y
todes están en camino a acceder a sus derechos. Podemos pretender un Quilmes
cruel, donde no se odia lo suficiente, o un Quilmes donde creemos que el amor
vence al odio. Y no vale
todo lo mismo, no hablamos de Quilmes iguales.
Caminar juntos no es fácil.
Algunos son veloces, otros muy rezagados, y otros andan en la mitad. Pero la
clave no está en eso, sino en la dirección. Es curioso que algunos repitan “hay
que dar tiempo” cuando estamos convencidos que este camino conduce al desastre,
y cuánto más tiempo pase, este más pronto llegará. Es importante el camino;
camino que algunos anduvieron y nos mostraron rumbos. En este camino hubo
mártires y hubo testigos, hubo un “nunca más” que es palabra casi sagrada, hubo
banderas de Derechos Humanos con la figura señera de Jorge Novak y curas,
pastores y pastoras caminando juntos. Hubo arte, deporte y cultura. Hubo
gestores de la muerte y artesanos de la vida.
Uno de los quizás más importantes
personajes de mitad del s. XX, un teólogo enorme, pastor protestante y
asesinado en las cárceles de Hitler decía:
Para este mundo el éxito es la medida
y la justificación de todas las cosas; pues bien, la figura del juzgado y
crucificado sigue siendo extraña y en el mejor de los casos digna de compasión
para el mundo. El mundo quiere y debe ser vencido por el éxito. No son las
ideas o los sentimientos, sino las acciones las que deciden. Sólo el éxito
justifica la injusticia realizada. La culpa cicatriza en el éxito. Es insensato
censurar al exitoso [erfolgreich]
sus vicios. Con esto nos quedamos en el pasado y mientras tanto el exitoso
avanza de hecho en hecho, alcanza el futuro y convierte el pasado en
irrevocable. El exitoso crea un estado de cosas que ya no puede volver atrás,
lo que él destruye ya no puede repararse, lo que él edifica tiene el derecho de
subsistir por sí al menos en la siguiente generación. Ninguna acusación puede
reparar la culpa que cometió el exitoso. La acusación pierde vigor con el
transcurso del tiempo, el éxito permanece y determina la historia. Los jueces
de la historia desempeñan un triste papel junto a sus figuras. La historia
avanza por encima de ellos. Ningún poder de la tierra osará atribuirse con
tanta libertad y autonomía el principio de que el fin justifica los medios como
lo hace la historia. (D. Bonhoeffer; Ética)
Tenemos un Quilmes siempre por delante. Sabemos que un
castillo de naipes tarda horas y hasta días en hacerse, pero basta un soplo
para derrumbarlo. Y hay expertos y expertas en demolición. Hay expertos en
desviar la atención de lo importante o en hacer creer sistemáticamente en sus
mentiras. Pero hay otro Quilmes posible, y no es cosa de éxito, sino de
justicia. Y mirando a los pobres, los comedores, los movimientos sociales, la
comunidad organizada, las comunidades de base, la fe de un pueblo hay un
horizonte que marca caminos, hay utopías que señalan rumbos, hay otras, otros y
otres con los que andar, y cantando y bailando con ellos y ellas otra libertad
es posible. Y sabemos cuál es el Quilmes que Dios bendice, y cuál del que se
desentiende… Y esta libertad sí ¡vale la pena! Y muchos, en Quilmes ¡allá
vamos!
[*] palabras pronunciadas el 14 de agosto de 2025 en la Municipalidad de Quilmes con motivo del 359º aniversario del municipio.
Una madre militante
Eduardo de la Serna
En nuestras biblias encontramos uno de los últimos libros en ser escritos en el ambiente judío, el Segundo libro de los Macabeos. Este presenta una situación dramática que debe vivir el pueblo judío a causa de la persecución a la que los somete el imperio griego, y en ella, encontramos una madre y sus siete hijos.
Veamos muy
rápidamente: los sucesores de Alejandro Magno guerreaban entre sí para
conquistar los territorios que Alejandro había capturado. Unos, llamados Ptolomeos, tenían su sede en Alejandría, en Egipto y acababan de perder la posesión de la tierra de Israel en manos de los
Seléucidas (descendientes del general Seleuco), con sede, en ese entonces, en
Antioquía (Siria). El rey Antíoco, quería imponer por la fuerza la cultura
griega, y encontraba una importante resistencia entre muchos judíos. Para él era
incomprensible que hubiera libros sagrados, días sagrados, alimentos sagrados;
y entonces, obligaba, bajo pena de muerte, a comer comida prohibida, como el
cerdo, a tener actividades el día de descanso, como el sábado, y prohibía las
reuniones (la sinagoga, se lo llamará más tarde) y la lectura de la Biblia.
Muchos ejemplares fueron quemados en público (1 Mac 1,56). En este contexto,
algunos judíos abandonaron la fe para salvar su vida, pero otros mantuvieron su
fidelidad a las costumbres ancestrales, aunque eso les costara la vida.
En este contexto, el libro nos narra la historia de una madre y sus siete hijos [entre paréntesis, el 2do libro de los Macabeos no se encuentra en la Biblia hebrea, pero sí en el Antiguo Testamento en Griego, y así pasó a las biblias católicas y a las ecuménicas, pero no en las Biblias protestantes; es decir, es uno de los libros que ellos no reconocen como Palabra de Dios]. El rey quiere obligar uno a uno a los siete hijos de esta madre, a comer comida prohibida y, ante la negativa, los va asesinando con “refinada” crueldad y torturas. El relato narra uno a uno los suplicios y lo que cada uno de los hijos dice al rey como respuesta.
La madre, silenciosa, está presente. Cuando se aproximaba la muerte del último (7,20) el relato empieza a mostrar a la mujer a la que llama “admirable”, “digna de glorioso recuerdo”, “con valor porque tenía la esperanza puesta en el Señor”. Y ahora nos dice que “animaba a cada uno de ellos” y que lo hace en lengua semita (claramente una actitud de resistencia ante la lengua griega que les era impuesta), “llena de generosos sentimientos”. Para reforzar esta imagen dirá (son palabras que, claramente, en nuestro tiempo, por motivos evidentes no se usarían): “unió con ardor varonil sus reflexiones de mujer” (7,21). Ciertamente lo que quiere señalar es que, si se esperaba una actitud débil, esta madre tuvo una actitud firme y valiente, a la que llama “varonil” (actitud a la cual miles de mujeres nos tienen habituados, reconozcámoslo). Y entonces, les dirige a sus hijos una reflexión, claramente religiosa: las vidas de ustedes son un regalo de Dios (vv.22-23).
Al llegar a su final, el relato, pone toda su fuerza en los tres personajes: [1] el rey intentando que el hijo menor, y último, abandone su actitud, sea por violencia, o sea por soborno (v.24). Intentando, incluso, convencer a la madre (v.25); [2] el hijo, que en un largo discurso (vv. 30-38) le dice al rey que no piensa obedecerlo porque obedece solamente la ley de Dios, [3] y la madre, que simula concederle al rey lo que le pide y vuelve a dirigirse al hijo en lengua semita: “ten compasión de mi… te ruego que mires al cielo… no temas a este verdugo” (vv.27-29). El rey extremará la crueldad en el asesinato de este hijo, aunque el texto dice: “también este tuvo un limpio tránsito, con entera confianza en el Señor” (v.40). Y, a modo conclusivo el texto finaliza, sin mayores aclaraciones: “por último, después de los hijos, murió la madre” (v.41).
El momento terrible de la
persecución (a la que también, con otra perspectiva teológica, hace referencia el libro
de Daniel) llevó a muchos judíos a profundizar su fe. Dios no puede permanecer
indiferente ante esta crueldad y esta fidelidad. Por eso, van a concluir, Dios,
al final, resucitará a sus amigos. La resurrección futura es lo que da ánimo a
cada uno de los hijos para resistir la tortura, y – finalmente – la que da
ánimo a la madre para alentar a cada hijo, con fortaleza de mujer, a mantener
la fidelidad. Así le dice al último: “mostrándote digno de tus hermanos, acepta
la muerte, para que vuelva yo a encontrarte con tus hermanos en la
misericordia” (v.29).
Habitualmente los poderosos suelen
con sobornos y lisonjas o con violencia y represión pretender que se haga su
voluntad. Dios tiene otro proyecto para la humanidad (que Jesús llamó “reino de
Dios”). Mujeres como esta madre nos enseñan por dónde pasan los caminos de la
vida.
Imagen tomada de https://www.religiondigital.org/el_blog_de_x-_pikaza/Madre-macabea-mayor-teologa-Auschwitz_7_1502019789.html
El reino lleva a padecer persecución y martirio
Ev Tom 10 | Lc 12,49 |
Jesús ha dicho: «He arrojado un fuego sobre el mundo (kósmos), y he aquí que lo guardo hasta que se consuma». | «He venido a arrojar un fuego sobre la tierra (gê) y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!» |
Mt 10,34-36 | Lc 12,51-53 |
34 «No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. | 51 «¿Creen que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, se lo aseguro, sino división. |
35 Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; | 52 Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; 53 estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra». |
36 y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. |
“irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lc 1,17);el horizonte, en este caso, parece el opuesto.
“En esos días lucharán padres contra hijos en un mismo lugar, y los hermanos, unos contra otros caerán muertos, hasta correr cual río su sangre” (Henoc [etíope] 100,1)
“Lucharán unos contra otros, el joven contra el viejo, el viejo contra el joven, el humilde contra el poderoso, el vasallo contra el señor, a causa de la ley y la alianza, pues habrán olvidado los mandamientos, la alianza…” (Jubileos 23,19)
“… Los jóvenes dejan lívidos a los ancianos; los ancianos deberán servir a los menores. El hijo deshonrará al padre, la hija se alzará contra la madre, la nuera contra la suegra, los enemigos serán los propios familiares…” (Misna, Sota 9,15)
Había una vez…
Eduardo de la Serna
Había cosas que todos sabíamos,
todos aceptábamos, todos valorábamos. Se llama “consenso”.
Y, es cierto que muchas de esas
cosas podemos, y quizás ¡debemos!, mirar de otra manera, pero sin consensos
mínimos la convivencia es imposible. No hay encuentro posible, solo choques.
Es cierto que nuestra cultura ha cargado con
elementos que hoy reconocemos negativamente, y es sensato “aprender a hablar de
nuevo”, pero eso no significa que hay que empezar de cero. Especialmente, porque
si así fuera, los “docentes” son bastante indecentes.
Pero resulta que, un gobierno, en nombre de
una supuesta “batalla cultural”, que expresamente reniega de la democracia, que
manipula los tres poderes de la república a su antojo, que no condena un
intento de asesinato vicepresidencial, que no se avergüenza de golpear
jubilados, ofender un chico con autismo, reprimir personas con discapacidad, despreciar
la salud y la educación pública, desocupar a mansalva y burlarse de las
víctimas del genocidio dictatorial, ese gobierno no es repudiado unánimemente
por la sociedad... ¡No se trata de que algo ha cambiado! ¡No! Se trata de que los
termes pulverizan los cimientos de una sociedad que, con dificultades, con
tropiezos, y hasta con elementos negativos, casi a los tumbos, iba hundiendo raíces
sobre las que se elevaba una Nación, sobre los que se edificaba la convivencia.
Individualismo ¡al palo!
Hay cosas que deben seguir siendo lo que son.
¡Deben!
Sencillamente creo que, aunque es bueno y
razonable cuestionar cosas, cambiar otras, precisar algunas, relativizar también,
hay cosas que si no las consensuamos (de todos los ambientes posibles, de todas
las ideologías, de todos los pensamientos, aunque – como vemos – la unidad sea
imposible) es bastante difícil pensar un mañana que nos incluya. Y, en lo personal,
sueño con un mañana para todas, todos, todes. Creo que a eso, Jesús lo llamó “reino
de Dios”.
Imagen tomada de https://www.ucm.es/quidestliber/tabula-cerata
Balaán, algo parecido a un profeta
Eduardo de la Serna
En la
Biblia encontramos un personaje bastante extraño, llamado Balaán, o Balaam.
Para entender bien la extrañeza hay que aclarar, de antemano, que en la Biblia
hay diferentes autores, de diferentes tiempos y con diferentes proyectos e
ideas. En el caso de Balaán, concretamente, veremos que hay opiniones y
conclusiones bastante diferentes. Anotar todo lo que se dice de él sería muy largo,
pero veamos, al menos esquemáticamente el planteo.
Es
bueno recordar, además, que todos los reyes, tanto judíos como no judíos,
solían tener a su servicio adivinos – videntes – profetas a los que recurrían, ya
sea para conocer la voluntad de los dioses (o de Dios), o también para pedir
una intervención benéfica o maléfica de Dios, o los dioses, sobre algo o
alguien. Cuando Balak, rey de Moab, ve que el grupo, encabezado por Moisés, que
ha salido de Egipto (Núm 22-24) y se dirige a la tierra de la promesa, pasará
por su territorio, recurre a un adivino (Jos 13,22) – vidente (24,4.16) –
profeta (22,38; ver Dt 18,18), Balaán, para que “maldiga” a Israel y así este no
pueda atravesar la tierra, o que sea derrotado en la batalla (Núm 22,1-4).
Envía dos tandas de mensajeros a buscarlo, pero él les afirma a los delegados
del rey que, como profeta, solo dirá lo que Dios le diga (22,35), y también,
como vidente, que sólo hablará de lo que vea (23,3). Acá hay un primer
problema: evidentemente Balaán es extranjero, y por lo tanto no cree en el Dios
de Israel, y su idea se refiere a lo que sus dioses le hablen-muestren; pero
los autores bíblicos, que no aceptan otros dioses más que Yahvé, se refieren,
aunque Balaán no lo sepa, al único Dios de los judíos.
Pero, lo
cierto es que cuando Balaán ve a Israel “no puede” maldecirlo (porque Dios no
lo escucha [Dt 23,6], porque sólo le sale pronunciar las palabras que Dios le
dijo [Núm 22,35], o por otras razones [22,13]) y finalmente “bendice” a Israel
(en realidad, es Dios el que bendice, por cierto), y lo hace movido por el
“espíritu de Dios” (24,2), como ocurre con los profetas bíblicos. Hasta acá los
textos parecen presentar una mirada positiva de un profeta – adivino – vidente que
es pagano, es decir, no es judío.
Pero el texto avanza mostrando que el pueblo de Israel “pecó” [como es frecuente en este tipo de textos, el pecado es responsabilidad de las mujeres (25,1-3)] y entonces, los textos posteriores interpretaron que lo de Balaán había sido en realidad una trampa para después hacer caer al pueblo de Israel. Es por eso que va a ser matado (Dt 23,4-5; Jos 13,22; Neh 13,2). Y, además, en los escritos judíos tardíos, es visto como un perverso enemigo de Israel, por ejemplo, como uno que profetiza por dinero (ver Núm 22,7.17.37).
En el Nuevo Testamento solo se lo menciona tres veces, y en todas ellas, con una mirada negativa (2 Pedro; Judas y Apocalipsis). El tema principal (y esto tiene que ver con las novedades que se van viviendo en el pueblo judío, por ejemplo, en las cuales los extranjeros, especialmente griegos y romanos, son enemigos de los judíos) es que – en un tiempo más avanzado del pensamiento bíblico – no es razonable que haya un extranjero que sea profeta y hable de parte de Dios. El amor al dinero (“la raíz de todos los males”, 1 Tim 6,10) hace que muchos se aparten de los caminos de Dios, “por ganar dinero se han desviado como Balaán” (Jud 11), “siguieron el camino de Balaán de Bosor, que ganó dinero haciendo el mal” (2 Pe 2:15) o también se cuestiona a la comunidad de Pérgamo que “toleras allí a los que profesan la doctrina de Balaán, que indujo a Balac a poner un tropiezo a los israelitas empujándolos a comer víctimas idolátricas y a cometer inmoralidades sexuales” (Ap 2:14).
Los
distintos tiempos proyectan diferentes miradas sobre los varios momentos o las
personas, pero aprender a escuchar lo que Dios dice en nuestro “aquí y ahora” y
seguir sus proyectos, los pronuncie quien los pronuncie, los muestre quien los
muestre, es a lo que nos invita el texto y la figura extraña de Balaán.
Imagen tomada de https://www.lupaprotestante.com/capricho-divino-o-funcion-narrativa-el-caso-de-balaam/