sábado, 8 de abril de 2023

Una mirada a las parábolas

Una mirada a las parábolas

Eduardo de la Serna



Como sabemos, Jesús con mucha frecuencia usaba parábolas para ilustrar a sus oyentes con lo que estaba predicando. Como este modo de hablar era frecuente en su ambiente, es posible que los evangelistas hayan añadido algunas propias también con la misma finalidad: predicar.

Pero, en realidad, no nos interesa acá tanto saber si una parábola la dijo Jesús o es una creación de la antigua comunidad, sino tratar de ver qué quieren decir. Porque es evidente que las parábolas suelen presentar un “cuento”, pero uno que es probable (no es como las fábulas donde los animales hablan, por ejemplo). Cuando cuenta algo que ocurre con un pescador, una siembra, una fiesta, lo que la parábola narra es algo que todos los oyentes comprenden perfectamente. Pero, en un momento (frecuentemente al final) destaca un elemento que es el que quiere predicar. Otras veces lo encontramos al comienzo (“el reino de Dios se parece a…”). Como buen narrador que es, Jesús, mira la realidad y la comenta desde la vida cotidiana (generalmente desde la vida de un campesino, como él lo era), y, la “adorna” con diferentes elementos para hacer atractivo el “cuento”. Veamos un par de ejemplos conocidos para entendernos: frente a la realidad de los rechazados y tenidos por pecadores por los “religiosos”, cuenta que hay quienes se niegan a aceptar a aquel que viene y también hay quienes corren a abrazarlo. Jesús ha predicado en voz alta a quien quisiera escucharlo, y como una semilla sembrada, según donde caiga dará o no fruto.

Por eso, las parábolas son de la misma “familia” de los refranes (= proverbios) solo que narrados de un modo amplio. Por supuesto, como es obvio, las hay mejor contadas o las hay más simples, pero siempre – como en el refrán – se invita a reflexionar algo que ocurre y la parábola lo ilustra.

No es justo pensar que cada cosa de la parábola tiene un sentido; no se pretende apuntar, por ejemplo, a la espiritualidad, sino a actuar de una cierta manera (se suele decir que las parábolas no se dirigen a la inteligencia sino a la voluntad).

Veamos: en el refrán “más vale pájaro en mano que cien volando” es evidente que no importa si se trata de un jilguero, un gorrión o una golondrina, y si se tiene “en mano”, o en jaula o en la olla, y tampoco importa si se trata de 100 o de 98 o 124, la idea se entiende: muchas veces, por pretender algo más no valoramos lo poco que tenemos, por ejemplo. Y esto, además, podría ponerse en forma de cuento y narrar todo el intento de alguien de atrapar pájaros para la venta clandestina (¡lamentable!, señalémoslo) y que después de una tarde entera sólo logró atrapar uno. Finalmente, el sujeto señala que “al menos tengo uno”. La idea sería semejante (y en este caso sirve para señalar, de paso, que no son pocas las veces que en las parábolas en los Evangelios no se propone alguien bueno como sujeto del relato; porque no es eso lo que cuenta sino el desenlace).

Por supuesto que, siendo que nuestro ambiente y mentalidad es muy diferente a la de los tiempos bíblicos, es bueno, por ejemplo, saber cómo se sembraba, cómo era un banquete, como era un matrimonio, o la pesca… Por supuesto que cuando el Evangelio lo narra, todos lo entendían bien y todos sabían cómo era, con lo que la ilustración era sencilla. Por ejemplo, un sembrador tiraba la semilla en tierra y luego pasaba el arado, con lo que la tierra cubría la semilla; pero eso lograba que muchas cayeran entre espinos, o piedras, como se ve en la parábola. Hoy, que ni siquiera arado se utiliza ya que se envenena la tierra (y los que la rodean) con agrotóxicos, ciertamente y con semillas transgénicas, difícilmente sea fácil de entender sin volver los ojos a aquellos tiempos.

Jesús era campesino, su auditorio también, y los Evangelios y las primeras comunidades tienen un marco campesino en buena parte (aunque en ocasiones ya se vislumbra un ambiente urbano). Ciertamente es importante, para entender los ejemplos (= parábolas) hacer el esfuerzo de comprender cómo de vivía, se hacían las cosas en aquellos tiempos y regiones, así sacaremos más provecho a los “cuentos” y entenderemos mejor aquello de “¡ve tú, y haz lo mismo!” (Lc 10,37).

 

Imagen tomada de https://labandadiario.com/escuchen-el-sembrador-salio-a-sembrar/

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