miércoles, 6 de marzo de 2024

Exorcizar al presidente

Exorcizar al presidente

Eduardo de la Serna



Me permitiré una pequeña analogía, y, aclaro, analogía es “relación de semejanza entre cosas distintas”. Tengo claro lo “distinto”, pero hay algo en lo que me parece que se puede encontrar “una” semejanza (no más, para evitar malos entendidos) y la señalo.

Hace muchos años conocí a León Ferrari. En realidad, fueron dos ocasiones, una fue en una presentación de un libro de Horacio Verbitsky en la Feria del Libro, y otra – a esta me referiré – a partir de su muestra que fue atacada por sedicentes cristianos al aullido de “¡viva Cristo rey!” y la destrucción de algunas obras. Me solidaricé con él, aunque no había ido a la muestra, cosa que después hice. Y acá mi punto… no me gustó nada (cosa que le dije) salvo algunas obras (¡el Cristo crucificado en el avión de guerra me pareció excelente!) y me llamó la atención, como una suerte de recurrencia, lo que me pareció que había un terrible miedo al infierno. Seguramente transmitido por su padre (que entiendo era un buen pintor de iglesias) no había sino una y otra obra donde salía el tema al que enfrentaba con ironía y rebeldía (¿adolescente?). Incluso, decía, el papa debía anular el infierno por decreto. Intenté varias veces explicarle que ni el infierno era lo que le habían transmitido ni era – en caso de existir – algo que dependiera del papa de turno. Fracasé en mi intento, por que hablábamos de dos realidades diferentes. Desde mi punto de vista, él temía a algo que, así como lo planteaba, sencillamente creo que no existe, por lo que no nos entendíamos en este tema.

Y, acá mi analogía, además de la referencia al León, también recuerdo en mi infancia y adolescencia el clima en el que el “comunismo” (no importaba ni la tensión entre las teorías y las praxis, ni las diferentes concreciones en diferentes lugares, ni los diferentes autores) era como el mismísimo “diablo” y vivir en un país comunista era lo más parecido al infierno que alguien pudiera imaginar. Así se decía en los ambientes que solía frecuentar. Pero hubo una guerra, a la que llamaron “fría”, y el comunismo, como tal, casi desapareció (no me atrevo a decir que fracasó el sistema, precisamente porque no se permitió que libremente pudiera desarrollarse, sino que se hizo en el clima de una “guerra”, lo que hace que sea diferente). Lo cierto es que, hoy, en la práctica, el “comunismo” es casi una especie en vías de extinción. Entonces, cuando escucho al presidente de la Nación hablar del comunismo, la izquierda, los zurdos, recuerdo al infierno de León Ferrari. No sé si el miedo a ese “cuco” se lo transmitió su papá entre golpe y golpe, su círculo de amigos (si los tuviera), si un ex zurdo lastimó a su hermana o qué, pero escucharlo hablar de algo que no existe (como su escuela austríaca, deberíamos acotar) invitaría a sugerirle un exorcismo de esos demonios perversos que lo atormentan. A lo mejor, si se sometiera a ese ritual, y tuviera éxito, quizás el país volvería a la necesaria senda de la paz, del encuentro y de la justicia. ¡No sería poco!


Imagen tomada de https://www.cultura.gob.ar/cien-anos-de-leon-ferrari-9425/

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