Betsabé,
una mujer sospechada
Sabemos la
importancia que en la Biblia ocupa el rey David; rey propuesto habitualmente
como modelo de todos los demás monarcas; un rey cuyo “corazón perteneció por entero a Dios” (1 Re
11,4), aunque, como lo hemos dicho en otras ocasiones, la Biblia no duda en mostrar sin engaños ni disimulos sus pecados. Uno de estos pecados, gravísimo, por cierto, incluyó a Betsabé, la
esposa de un importante militar (del que debemos hablar en otra ocasión), Urías, del
ejército del rey.
Mientras
su esposo estaba en la guerra, David, levantado de la siesta, caminando por la
azotea de palacio, ve en una casa vecina a Betsabé bañándose (Bar Sheba
significa “hija de la abundancia”). Se informa acerca de ella (es decir, sabe
que es mujer casada; 2 Sam 12,3) y la hace traer a palacio donde tiene
relaciones sexuales con ella. De este encuentro, ella queda embarazada. Para esconder su delito, David –
como veremos en otra ocasión – hace asesinar a Urías, mientras ella pierde al
hijo (2 Sam 12,14-18). De un nuevo encuentro sexual entre ambos, nacerá Salomón (2 Sam
12,24).
Mirando con atención el hecho, es razonable preguntarse qué posibilidades tenía Betsabé de negarse a los requerimientos sexuales del rey. El hecho se parece bastante a lo que hoy llamaríamos “abuso”, si no, directamente, a una violación. Pero el posterior nacimiento de un hijo, y la nueva vida de ella en palacio, le permiten a Betsabé una nueva existencia.
Como era frecuente en los reyes de su tiempo, David tuvo muchas mujeres y otras tantas concubinas con quienes tuvo bastantes hijos (ver 1 Crónicas 3,1-9). Y, como era frecuente en las monarquías, la sucesión del rey era un tema conflictivo, y en ocasiones muy violento.
Ciertamente Bertsabé tuvo buenas relaciones con el profeta de la corte, Natán, por lo que, cuando las fuerzas del rey iban menguando, ella interviene en favor de Salomón a fin de que David lo escogiera como su sucesor, especialmente incentivada con el hecho de que otro hijo – Adonías – se había autoproclamado rey. Aparentemente David le había prometido a ella que su hijo sería el sucesor (1 Re 1,17), y, entonces tanto Betsabé como Natán le recuerdan a David la promesa (1 Re 1,30), y le informan lo que Adonías había hecho (1 Re 1,13.18-19.24-27).
Incentivado por Betsabé, por Natán y el sacerdote Sadoc, David nombra rey a Salomón, lo ungen, lo montan en la mula del rey, y hacen un banquete festivo. Enterado de esto, Adonías tiembla de miedo por su vida y consigue que Salomón le prometa que no será asesinado (1,41-53).
Con
Salomón ya en el trono, Adonías le formula a Betsabé un pedido para que
interceda ante el rey (1 Re 2,17): le pide como esposa a Abisag, la mujer que
acompañó la ancianidad de David (ver 1 Re 1,3.15). Esto es visto como muy grave
ya que las concubinas del rey son tenidas como una propiedad importante del
monarca (ver 2 Sam 16,20-22).
Salomón escucha a su madre, a la que ha sentado en un trono a su lado, pero no
accede a su pedido por lo que, finalmente, y probablemente incentivado por
Betsabé, Adonías es asesinado (1 Re 2,25), como también ocurre con todos los
que fueron sus aliados: Abiatar, Joab, Shimei (2,13-46).
Como
puede verse, Betsabé no se diferencia de otras mujeres madres o esposas de
reyes del mundo antiguo. Lo único que podríamos calificar de novedoso es su
acceso a la corte a causa de la relación sexual con David y su posterior
embarazo, algo que – como hemos dicho – no parece fruto de una decisión
personal de ella sino de algo a lo que no podría negarse sino a costa de su propia vida.
Es
curioso, entonces, que ella figure en Mateo 1,6 en la lista de las mujeres
incorporadas en la genealogía de Jesús junto con Tamar, Rahab y Rut, aunque,
probablemente, esto se deba a que se trata de no judías (en
Mateo a Betsabé no se la menciona por su nombre ni por el de su padre, Eliam, nombre judío, “el Dios de mi hermano”,
sino que se la llama "la que fue mujer de Urías", que era hitita).
Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Betsab%C3%A9
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