jueves, 10 de septiembre de 2020

Lo bueno y lo malo


Lo bueno, lo malo… lo peor


Eduardo de la Serna



Suele ser una especie de “pecado” de curas, y de los que los (nos) siguen, medir todas, o casi todas las cosas como “buenas” o “malas”. En ocasiones eso es sensato, en ocasiones conveniente, en ocasiones parcial y en otras asfixiante… Además, queda siempre pendiente cuál es el criterio o la medida para afirmar que algo es bueno o malo. Por ejemplo, si el criterio es “el Evangelio” (lo cual sería sensato en el caso de los curas) no se puede ignorar que ese tal no es el criterio para todos: indígenas, agnósticos, judíos, musulmanes, ateos y demás no tendrán en cuenta el Evangelio; a lo sumo (y por la tolerancia es de esperar que sí), lo respetarán, pero no tienen por qué seguirlo. Algunos han pensado una suerte de “moral universal” tomando en cuenta las normas ecuménicas de todas las religiones y grupos humanos, por ejemplo, en relación a la vida, la propiedad, la verdad… Y seguramente sea sensato ahondar en esa dirección si lo que se busca es un universal de convivencia.

Pero también hay que anotar en el debe que en muchas ocasiones ese criterio de base (el que fuere) es mirado por algunos de un modo fundamentalista, lo cual hace imposible todo diálogo o encuentro. Y hay fundamentalismos en todos, absolutamente todos, los espacios de dizque pensamiento, a pesar que si algo caracteriza los fundamentalismos es la ausencia de razón en nombre de la misma.

Teniendo esto en cuenta, creo que es sensato pensar en orden a evaluar, en orden a decidir, en orden a actuar o en orden a cuestionar o criticar.

La prensa: es de esperar que en el periodismo haya diferentes miradas y, por tanto, diferentes criterios a la hora de evaluar. Es de desear que pueda actuar en total libertad para investigar e informar. Es conveniente para la convivencia, aunque no siempre sea placentero para los afectados, que la prensa pueda denunciar, explicitar cosas que evalúa injustas, corruptas, falsas. Ayuda a formar opinión a los destinatarios, o a cuestionar o limitar la propia. Pero puede ocurrir, ¡ocurre!, que la investigación no sea tal, la información no sea veraz, o que se disimulen o tapen lo que no beneficia a empresas, amigos o aportantes. Pero en este caso no se entra en la libertad de prensa sino en la libertad de empresa, al decir de muchos. La prensa dejó de serlo (aunque publique) y se ha transformado en un ámbito de presión o de poder. Ella misma se ha negado en su ser y sentido: no es la verdad, o una mirada sobre la misma, lo que cuenta.

La oposición: es de esperar que en todo sistema social de convivencia haya quienes se oponen a algo, a mucho o a casi todo. Y es sano que así sea. Especialmente porque pueden aportar otra mirada, pueden denunciar lo errado o corrupto, pueden ayudar a mejorar proyectos o hasta impedir algunos que entienden perjudiciales para el conjunto de la sociedad. Para ello cuenta con los instrumentos que la misma sociedad le provee: desde la búsqueda de consensos opositores, el debate expuesto que puede permitir alguna corrección, o hasta la ausencia a fin de evitar un debate por no cumplimentarse el mínimo necesario (quorum). Hay momentos o ámbitos en los cuales el consenso entre oficialismo y oposición son necesarios y fundamentales (por ejemplo, decisiones que requieren 2/3 de las voluntades) que pueden permitir diálogos y acuerdos. Pero puede ocurrir, ¡ocurre!, que la oposición sea sistemática, y la búsqueda de obstaculizar sea absoluta y total. Paralizar los espacios de diálogo y encuentro no es “oponerse”, ¡no los hay! Cuando no hay voluntad de parlamentar, esa tal oposición pretende actuar como oficialismo y, por tanto, ha negado su ser y sentido.

El oficialismo: en un espacio de consulta y decisiones, un grupo suele ser elegido mayoritariamente para la conducción. Es justo, entonces, entender que la dirección que pretende imprimir responde a lo decidido por la mayoría. Es lo oficial; y es sensato que quienes no fueron elegidos (la oposición) reconozca que – al menos por un tiempo – esa tal es la dirección que la mayoría propone y no debería obstaculizarla. Sí procurar mejorarla, evitar corrupciones y demás. Pero el oficialismo es el elegido para imprimir y marcar un rumbo. Pero puede ocurrir, ¡y ocurre!, que el oficialismo sea elegido por indicar que se dirigirá en una dirección que después no transita, con lo cual los consultados se ven defraudados y engañados. O puede ocurrir, ¡y ocurre!, que el oficialismo procura transformarse en la única voz (dictado) sin escuchar, sin aceptar contrapropuestas, correcciones, limitaciones o críticas. Cuando tampoco aquí hay diálogo, por la mentira o por el autoritarismo, se ha perdido el sentido y el ser.

Y podríamos seguir. Los ámbitos son incontables: Podemos ver con claridad la distancia entre el ser, el deber ser y el no-ser lo que se debiera en muchos espacios: los sindicatos, que debieran ser espacios de defensa de los trabajadores y no de negociación a sus espaldas; los empresarios, que debieran ser gestores de empresas que producen y dan trabajo y pagan sus impuestos, y no órganos de poder y fuga de capitales en beneficio propio y no de la empresa; las fuerzas de seguridad, que deberían proteger a la población de un modo transparente y con la ley “en la mano” y no ser espacios de presión y negociados; la Iglesia, que debiera ser una comunidad que quiere vivir el amor mutuo, empezando por los pobres, y mostrarse por ello, y no una institución de poder que exige o impide, por ejemplo leyes o propuestas.

Lo bueno y lo malo, o hasta lo peor pareciera que podemos descubrirlo de la mano del sentido y el ser de cada quien y su fidelidad a ello o su negativa o perversión. Al menos para conseguir todos, todas, todes una “buena” o “mala” convivencia.


foto tomada de https://www.pikist.com/free-photo-ibens/es

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Una nota sobre la derecha

 Una nota sobre la derecha

Eduardo de la Serna



[logo del partido "PRO" señalando, lógicamente, a la derecha]


En general hay consenso en afirmar que las categorías “izquierda” y “derecha” no son ni exactas ni precisas. Su origen, parece provenir del parlamento británico, algo ciertamente no universal. Por otro lado, también es evidente que son categorías “de relación”: a la derecha o izquierda ¿de qué? ¿de quién? Por otro lado, todavía, suele ocurrir que (quizás para no parecer “extremistas” o para parecer “equilibrados”), muchos reniegan de esa categoría. Sin embargo, nadie sensato negaría que Álvaro Uribe y sus lacayos son de derecha, por más que el partido se llame de “Centro democrático” (igual que el fundado por Álvaro Alsogaray en la Argentina en los 70, UCEDE). Pero es evidente que estas categorías, al menos en muchas ocasiones, sin pretender precisiones o exactitudes, son utilizables y comprensibles.


Es fácil afirmar que Bolsonaro es de (extrema) derecha, por ejemplo. En cambio, afirmar, por ejemplo, que Alberto Fernández es de izquierda revela más bien la posición de quien lo dice, antes que el hecho en sí.


Dicho esto, es sabido que la derecha no tiene una buena relación con la democracia. Y me detengo especialmente en el caso argentino, pero sabiendo que es fácil de trasvasarlo a otros países de la región latinoamericana.


Por democracia, ciertamente, no entendemos solamente el acceso al poder por medio de los votos. La democracia es un sistema de gobierno y un modo de vida. Podrá haber diferentes tipos de democracias, pero hay algo en común. En la democracia debiera haber siempre una división de poderes para que cada uno sirva de control a los restantes. La “suma del poder público” atenta, ciertamente, contra la democracia. Los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial (notar que nada se dice de la Prensa como un “Cuarto poder”) son esenciales para el funcionamiento de la misma. 


Por única vez en nuestra historia, la derecha accedió al poder ejecutivo por los votos con Mauricio Macri. Sin duda – para quien esto escribe – el peor presidente de nuestra historia democrática. Pero no tanto por su persona, sino por su comprensión de la vida y de la sociedad. Concepción que tiene toda su alianza de gobierno (“donde hay una necesidad hay un negocio”). Pero para ejercer el poder, compró voluntades en el Congreso, en algunos casos con simples “sandwichitos”, en otras con viajes, o cargos, o… o recurrió a decretos para derogar leyes constitucionales, o imponer medidas. Y compró (o consiguió) la entusiasta adhesión de gran parte del poder Judicial, la cual, cuando no tenía, podía mover a su arbitrio sin que nadie – del mismo poder – protestara so riesgo de ser expulsado. Y todo esto, por cierto, con la bendición cuasi papal de la prensa hegemónica dedicada a denostar, condenar (la Prensa… y detrás de ella el poder Judicial [sic] y una gran mayoría de seguidores acríticos del “se robaron todo”, “la yegua”, un “PBI”, etc…). Así se endeudó el país como nunca antes, y en una deuda innecesaria (no se hicieron caminos, hospitales [¿para qué hospitales?], puentes, no hubo mejora de infraestructura… sólo endeudamiento. Y en las imposiciones del FMI se llegó a ver a los ancianos como un problema (problema que el COVID-19 manejado por Cambiemos intenta solucionar).


Pero fue tal el desastre del macrismo y sus vasallos que en las primeras elecciones a presidente fue derrotado en primera vuelta electoral y por una notable diferencia, a pesar de la prensa, el FMI, y el ejército de redes sociales en campaña. Pero, precisamente porque la democracia no es lo suyo, ni lo quiere ser, los restantes tres poderes (legislativo, judicial y mediático) sólo bombardean y socavan al poder elegido por el pueblo, además del apoyo o complicidad de los poderes ejecutivos que conservan: la siempre lamentable ciudad “autómata” de Buenos Aires, y provincias y ciudades “superiores”. Buscar que no pueda sesionar el Congreso (aunque cuando exactamente lo mismo se decida “en su casa”, CABA o Mendoza, por caso, allí no se presenten objeciones), que no pueda reformarse el poder judicial que siempre se dijo – y ellos mismos reconocían, lamiendo las botas del embajador yanqui Edward Prado – que era necesario hacer. No aceptan que se cumpla la Constitución para los destinos de los jueces, o que el Estado obtenga acciones de las empresas en las que puso dinero para que no cierren, o que los más ricos hagan un aporte a la sociedad… Y mueven hilos de marionetas de todo tipo para conseguir sus objetivos: empresariales, grupos policiales, y hasta terraplanistas, todo sea para poner palos en la rueda de la democracia, la cual es, a lo sumo, un “mal necesario”. Tocará a la sociedad, sean del partido que fueran una profunda tarea docente, para aprender la convivencia, la coexistencia, el respeto al diferente y su pensamiento. Sabiendo que los fundamentalismos, como el de Mercado, serán siempre obstáculo para ser simplemente humanos. De eso depende que podamos ser “nación”.


martes, 8 de septiembre de 2020

Video con comentario al Evangelio (domingo 24 "A")

 Video con comentario al Evangelio (domingo 24 "A")





también puede verse en

https://youtu.be/xYoWpPKFMV4

               

Eduardo

Comentario domingo 24A

“Perdónanos como perdonamos”

DOMINGO VIGESIMOCUARTO – “A”

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del Eclesiástico     27, 30-28, 7

Resumen: el sabio debe mirar su propio obrar a la luz de su muerte y su vida en fidelidad a los mandamientos a fin de esperar de Dios una misma actitud hacia los suyos.

Luego de una serie de referencias a la amistad, la lengua, la fidelidad, el autor del Sirácida hace referencia a la venganza como consecuencia habitual del rencor.

Pero como es habitual en Israel, la retribución de Dios será “pareja” (tal cual, “talion”). Dios se vengará del vengativo, perdona al que perdona.

La lengua, el habla, es –una vez más– tema importante. Y la referencia a Dios y los mandamientos muestra un escrito sapiencial más teológico que los primitivos (como Proverbios). Pensar la vida y la muerte a la luz de lo que esperamos que Dios haga en nuestra existencia es reflejo de lo que deberíamos obrar y manifestación de sabiduría. El Dios “rico en misericordia” obrará conforme a nuestras actitudes con los demás.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     14, 7-9

Resumen: la vida y la muerte de los cristianos no es algo “personal” sino que Cristo, como Señor, las llena de sentido.

Pablo estaba hablando de la relación con el “Señor” en lo cotidiano, “comer / no-comer” y sintetiza todo esto con “vivir-morir”. Vivir “para sí” o “morir para sí” es un tema clásico en el mundo griego y el mundo judío. Suponen un motivo “fuera de sí” para vivir. 
  • “Cómo es vergonzoso vivir para sí mismo, así como es torpe morir para sí mismo” (Cleomenes, rey de Esparta, citado por Plutarco, vida Cleomenes 31,5). 
  • “Alejandro Magno consultó a los ancianos: ‘¿qué debe hacer el hombre para vivir?’, mátese a sí mismo, le respondieron.’ ¿Y qué debe hacer el hombre para morir?’, le respondieron ‘viva para sí mismo’…” (Talmud de Babilonia, Tamid 66a).


Vida y muerte, en Pablo, con frecuencia aluden a la muerte y resurrección de Cristo, pero no parece el caso en esta unidad.

La vida y muerte “para el Señor” da otro “sentido”, uno de pertenencia. Es frecuente en el A.T., especialmente Levítico (1,9.10.13.14; 2,1,2,8…) y Salmos (2,11; 12,16; 15,2…). Lo que –hasta aquí el texto no aclara es si por “Señor” hemos de entender a Dios (como en los textos aludidos; cf. Rom 11,3,34; 12,19) o a Cristo (Rom 10,9; 13,14).

El párrafo final expresamente hace referencia a la muerte y vida (= resurrección) de Cristo (los aoristos remiten a un momento concreto cada uno) para “enseñorearse” de muertos y vivos. Ahora expresamente queda claro que Pablo por “Señor” en esta unidad alude a Cristo. “Cristo es Señor” constituye una de las principales confesiones de fe para el Apóstol (cf. 1 Cor 12,3; Fil 2,11). Todos los cristianos le pertenecen y esto da sentido a sus vidas y a sus muertes.


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     18, 21-35

Resumen: Partiendo de una pregunta de Pedro sobre el perdón, Jesús pone en contraste el perdón inmenso de Dios a los seres humanos para reclamar de estos la misma actitud hacia sus hermanos en la comunidad.

El capítulo 18 de Mateo está marcado por la relación interna de los miembros de la comunidad. Así encontramos la recurrencia de términos como “pequeños” (vv.4.6.10.14), “hermanos” (vv.15.21.35) en el contexto de la “comunidad” (ekklêsía, v.17). Lo que ocurre en la comunidad y el modo de obrar en su seno es el tema del capítulo.

Pero no es posible descuidar que en todo el bloque, tanto en su parte narrativa (caps.14-17, desde 13,53) como en la parte discursiva (cap. 18) se resalta la figura de Pedro como portavoz de la “ekklêsía” y como sostén de la misma (16,18; ver 16,19 y 18,18).

En la primera referencia a un “hermano” (18,15) Jesús hace referencia a su “pecado” (hamartêsê), lo cual supone un obrar concreto y malicioso que apartaría al autor de la comunidad. El miembro de la misma debe buscar con ahínco recuperarlo como “hermano”, e incluso si de todos modos eligiera quedar fuera se debería intentar su reingreso (“un gentil o publicano”, v.17). Es en este contexto que Pedro pregunta “cuántas veces” debe perdonar los pecados (posákis hamartêsei) de “mi hermano” (con lo que expresamente hace referencia al miembro creyente de la comunidad).

La importancia de Pedro y la elaboración de la unidad hace pensar que Mateo ha ampliado un texto del Evangelio Q: 
“Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás”. (Lc 17,3-4). 
La referencia al “siete” (ver Pr 24,16) indica “siempre”. La ampliación viene dada por la superación de estas “siete veces” (heptákis) a un “setenta veces siete” (hebdomêkontákis heptá). Los lectores asiduos de la Biblia –como lo era la comunidad de Mateo- reconocerían en este “setenta veces siete” una referencia a Lamec (Gén 4,24), la única vez que el término hebdomêkontákis heptá vuelve a encontrarse en ella.

Lamec dijo a sus mujeres: – Ada y Sila, escúchenme; mujeres de Lamec, pongan atención a mis palabras: maté a un hombre por herirme, a un joven por golpearme. En efecto: dos veces siete será vengado Caín, pero Lamec setenta y siete (Gen 4:23-24; el “setenta y siete” hebreo se trasforma en setenta “veces” siete con el sufijo “--kis”, veces en la traducción griega)

La violencia comenzada con Caín llega a su máxima expresión con su descendiente Lamec (la referencia a Caín muestra que la unidad comenzada en Gen 4,1 concluye aquí). La violencia crece exponencialmente.

Mateo quiere mostrar que con el perdón ha de crecer exponencialmente la fraternidad en el seno de la comunidad y quebrar así la espiral de la violencia.

Pero para ejemplificar esto, recurre a una parábola del reino. Este se “asemeja” a un rey en su modo de obrar. Se trata de “ajustar cuentas” (synaírô, término exclusivo de Mateo, ver 25,19). Pero no es esto lo que se asemeja al reino. En realidad sólo se menciona a un deudor del rey que adeuda una suma exorbitante “diez mil talentos”. El primer desenlace refuerza el dramatismo; para cobrarla, ordena la venta del siervo y de su familia a fin de cobrar (algo). Éste se postra a los pies, y allí pide “paciencia que te pagaré todo”. Como se trata de un rey que se asemejaría al “reino de los cielos (= Dios)” se “compadece”, se conmueven sus entrañas (splagjnízomai), lo liberó y le condonó la deuda.

Ya libre, se encuentra con un “con-siervo” (un siervo como él) que le debía “cien denarios”. Éste ahora le reclama la deuda acogotándolo y ahogándolo. También él se postra a los pies y pide “paciencia” para “pagar” pero éste lo hace encarcelar hasta que pagara todo.

Hasta aquí el contraste entre ambas actitudes. Pero el relato continúa: otros “con-siervos” se pusieron “tristes en exceso” y fueron a contar esto al “señor” quien regaña al siervo: ¡malvado! Había perdonado “toda” la deuda “porque lo suplicaste” (parakaléô), ¿no “debías” con tu con-siervo tener compasión (eleéô) como yo la tuve? Entonces, lleno de cólera, lo entregó a los verdugos hasta que pagara “toda” la deuda anterior.

El v.35 es la conclusión de Jesús a toda la parábola aludiendo (típico de Mateo) a “mi Padre del cielo” si no perdonan al hermano (con lo que el texto termina como había comenzado).

Pero para una mejor comprensión es importante notar algunos detalles de la parábola:

El “talento” es una unidad de peso, unos 35 kgs. El “denario” (unos 3,5 gramos) constituye un jornal. Para que sea fácil de visualizar el contraste notemos esto, imaginando un jornal (lo que una familia necesita para vivir un día) de $ 1000. La deuda del segundo equivale –con esta imagen– a 100.000 (cien denarios), pero el otro –siempre siguiendo el mismo valor– debe $ 10.000.000.000.

Es evidente que la deuda del segundo era pagable con alguna dificultad, pero la deuda del primero era imposible de saldar.

Es interesante que ambos deudores recurren a la misma “estrategia”: caer a los pies y pedir paciencia lo cual refuerza la maldad de quien no perdona.

La conclusión de Jesús nos remite al texto del “Padrenuestro”:

“y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. «Que si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres, tampoco el Padre de ustedes perdonará sus ofensas". (Mt 6,12-15)

Podríamos decir, en cierto modo, que Mateo pone en forma de parábola esta parte de la oración de Jesús.

Una última nota sobre las “deudas”. Las deudas económicas sin duda eran importantes –y graves– en tiempos de Jesús. Los campesinos perdían sus tierras en manos de acreedores inescrupulosos y debían venderse a sí mismos como jornaleros o hasta como esclavos para tener garantizado el sustento. Es sabido que cuando surge el movimiento zelote (año 66) para conseguir el apoyo de los campesinos, estos incendian el edificio fiscal donde estaban registradas las deudas (F. Josefo, Guerra de los judíos 17). Con mucha frecuencia Jesús hace referencia a las “deudas”, y habitualmente estas son económicas (ver Lc 7,41; 16,5). Es evidente que en este texto se refiere a “deudas con Dios”, al “pecado”, y al perdón mutuo de las “ofensas”, pero la imagen de la deuda económica –particularmente en el contexto histórico de Jesús– no puede dejarse de lado. El ambiente de fraternidad/sororidad que debe caracterizar a la ekklêsía debería incluir el perdón de todo tipo de deudas, no solamente “ofensas”. En este sentido, algunos lamentamos la desaparición de las “deudas” en la traducción del Padrenuestro.

Sin embargo, queda un elemento que parece chocante, y aporta un nuevo elemento para la comprensión del texto: si se ha de perdonar "setenta veces siete", y este rey fuera imagen de Dios, como pareciera en un primer momento, hay que decir que este rey no lo hace. Además, surge una pregunta: ¿quién podría adeudar tanto dinero como 10.000 talentos. La imagen de la deuda con un rey es fácilmente comprensible en su tiempo, y también el contexto: los jefes de las ciudades deben pagar periódicamente al rey lo recaudado de los impuestos de toda la ciudad. Como son señores de la vida y de la muerte, pueden decidir, encarcelar, o hasta perdonar para que todos puedan ver su magnanimidad. La característica de este rey, además es su cólera y que al que no ha perdonado, lo manda torturar, nada más poco parecido a Dios. Pero aquí parece estar la clave; si un rey con estas características de crueldad, es capaz de perdonar una deuda inmensa, cuánto más hará Dios, y - por ello - cuánto más deberíamos hacer los "hermanos". El perdón (incluyendo lo económico, claramente) debe ser una característica de los seguidores de Jesús.



Dibujo tomado de laoveja100 - WordPress.com

sábado, 5 de septiembre de 2020

Una nota sobre la toma de tierras

 Una nota sobre la toma de tierras


Eduardo de la Serna




Personalmente creo que es sensato y justo tratar de evaluar las cosas con un criterio. Suele ser habitual que algo nos “parece bien” cuando lo hacemos nosotros (o nuestros amigos) mientras que es “malo” si lo hacen otros. Y “peor” si somos perjudicados. Y eso revela un extraño sentido de la “justicia”.


Entiendo que la justicia va de la mano del “derecho”, y acá tenemos un primer problema. ¿Derecho a qué, o de quién? Una idea sería que uno tiene “derecho” a lo que ha conseguido con su esfuerzo. Es el punto de partido de la “meritocracia”. Aunque, como se extiende en el tiempo, además, uno puede preguntarse qué “mérito / derecho” tiene un hijo o un nieto de uno que “se esforzó” o trabajó. Tuvimos un presidente que es buen ejemplo de eso. Pero hay otra idea que piensa que “donde hay una necesidad, hay un derecho”. Podría decirse que esto alienta la pereza o vagancia, pero el ejemplo presidencial desarticula el argumento. Podría decirse que el primero es más individualista mientras el segundo es más colectivo. Creo que es cierto.


En este sentido, y en coherencia con la Biblia y los Santos Padres de la Iglesia, se encuentra con otro problema: “la propiedad privada” (e, ironicemos, los privados de propiedad). También aquí hay diferentes opiniones: para unos es una suerte de “derecho sagrado” mientras para otros un “derecho de convivencia”, pero supeditado, por ejemplo, a la necesidad. Tanto los Padres, como el mismo Magisterio de la Iglesia han señalado de modo clara su postura en este segundo sentido.


Yendo en concreto a la toma de tierras, me hago algunas preguntas previas:


  • los que provocan desmontes para quedarse con la tierra, deforestan, o envenenan los pozos de los campesinos, ¿son usurpadores?
  • los que incendian medio país para apropiarse de tierras, o beneficiarse, aunque otros se perjudiquen ¿son usurpadores?
  • y yendo más atrás, los que avanzaron en campañas del desierto y despojaron a los legítimos ocupantes, todos con apellidos bien conocidos, y dobles, frecuentemente, ¿son usurpadores?


Por ejemplo:


  • los indígenas mapuche, despojados y masacrados por violentos, y que ahora pretenden una porción de “sus” tierras, ¿ocupan o recuperan?
  • los pobres, que deben dejar la casa paterna con sus nuevas familias y encuentran terrenos no aptos, pero al menos posibles, ¿roban?


Es absolutamente cierto que es de esperar que haya buenas políticas sociales, habitacionales que eviten la cantidad de personas que lucran con la necesidad: narcotraficantes, punteros políticos, avivados, fuerzas de seguridad, empresarios inescrupulosos, etc. Y es absolutamente cierto que en los años pasados no hubo ni una sola política social que beneficiara a los pobres. Es de esperar que ahora las haya, y también es de esperar que quienes condenan o aplauden, tengan el criterio lo suficientemente justo de condenar o aplaudir a los que hacen cosas semejantes “pero” son de los “nuestros” o de los “otros”. Y, sobre todo, es de esperar que con urgencia haya caminos de justicia, porque hay mucha necesidad, por lo tanto, hay muchos derechos conculcados. Y si no avanzan en este sentido las “políticas públicas” lo harán desde el poder, la fuerza o la inescrupulosidad los habitantes en las sombras.

 

Foto tomada de https://provincianoticias.com.ar/nota/3049/cruce-virtual-entre-legisladora-y-alcalde-por-las-tomas-de-tierras/

martes, 1 de septiembre de 2020

Video comentario del evangelio (domingo 23 A)

 Comentario del Evangelio domingo 23 (video)




también puede verse en

Eduardo

Comentario domingo 23A

Jesús está vivo y presente en medio de su comunidad de hermanos

DOMINGO VIGESIMOTERCERO - "A"

Eduardo de la Serna




Lectura de Ezequiel     33, 7-9

Resumen: La casi seguridad de que no será escuchado por los destinatarios puede llevar al profeta a la tentación de no hablar. Dios quiere que el pueblo sepa que Dios no ha callado y por eso exige al profeta que no deje de advertir porque en ese caso será responsable de la no conversión de su pueblo.


Ezequiel corre un serio riesgo en su ministerio profético. Ya desde su misma vocación sabe que probablemente no será escuchado (2,5.7; 3,11); que muchos irán a oírlo como quien escucha un cantante (33,32), pero no se sienten por ello exigidos a un cambio de conducta (3,7) ya que su predicación es dura: “lamentaciones, gemidos y ayes” (2,10). Por tanto, ¿tiene sentido predicar allí donde sabemos que no seremos escuchados? El texto litúrgico de hoy viene a dar respuesta a esta tentación del profeta.

El texto es una repetición idéntica del que encontramos en el contexto de la vocación de Ezequiel (3,17-19).

Dios habla a su pueblo por medio del profeta (2,4), y esa es la responsabilidad de Ezequiel. Notar, de paso, que el texto no dice qué es lo que el profeta dirá. En este caso no es eso lo importante, sino que el pueblo sepa que “hubo un profeta” (2,5). Es decir, no podrán decir que Dios se desentendió de ellos. Dios habló, ellos no escucharon. Pero, precisamente por esto, el profeta “debe” hablar, ya que si no lo hiciera parecería que Dios no lo hizo. 

Es en este contexto que ha de entenderse la imagen del vigía: “cuando oigas una palabra de mi boca” (33,7 // 3,17). Lo más probable es que el “malvado” no lo escuche (en el ejemplo no se hace referencia al cambio de conducta del “malvado”, algo que pareciera no haber ocurrido) pero si la persistencia en la maldad se debe a su “mala conducta”, él mismo es el responsable, pero si no lo hiciera porque el profeta calló, también éste es responsable por no haberlo advertido. En cambio, si el profeta – centinela se dirige al “malvado” invitándolo de parte de Dios a un cambio de conducta, queda liberado de responsabilidad ante la falta de conversión ya que habló conforme a su encargo.

Hay – entonces – una relación entre el profeta y el pueblo. Aquel es responsable. No es responsable de la respuesta, pero sí de advertir o no. “Advertir” es término frecuente en Ezequiel. El verbo tiene que ver con la “interpretación” que hace el profeta (cf. Ex 18,20; 2 Re 6,10; 2 Cr 19,10), con lo que no se transforma en un mero “vocero” sino en un intérprete de la voluntad de Dios en la historia conflictiva de su pueblo. 

Saber discernir la voluntad de Dios y expresarla en voz clara al pueblo es tarea del profeta, aunque sepa con seguridad que no será escuchado, y que - por lo tanto - "el malvado" no cambiará su conducta.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     13, 8-10

Resumen: en un contexto práctico, Pablo sintetiza toda la carta – en la que confrontó con la ley – que todo se hace pleno en el amor al prójimo en el que toda la ley alcanza su plenitud.


Pablo – lo hemos dicho días anteriores – presenta una serie de invitaciones a vivir de una manera coherente con lo que es la predicación del Evangelio. Salvando algunos puntos, lo hace tomando elementos que ha desarrollado en otras cartas (ya que no parece conocer demasiado la realidad de la comunidad de Roma que es una Iglesia que él no ha fundado). 

El imperativo (“deber”) se dirige al “amor mutuo” (ver 1 Tes 3,12; 4,9; Ga 5,13) con lo que – evidentemente – se dirige a una comunidad (no a una persona). La unidad empieza (v.8) y termina (v.10) con la referencia al cumplimiento (plêroô / plêrôma) de la “ley” (nomos, Gal 5,14; Rom 8,4). En el centro se ejemplifica con la presentación de algunos preceptos de esa ley (no adulterar, matar, robar o codiciar) con los que se alude a todos (y los demás). Este “amor” al que se invita – siguiendo la tradición que remite a Jesús (cf. Mc 12,28-31) sin embargo no refiere aquí al amor “a Dios” sino “al prójimo” (v.9). El prójimo (plêsíon) en la Biblia hebrea se refiere al miembro de la comunidad de Israel (cf. Lev 19). Pablo utiliza muy pocas veces el término (x4, de los que x3 se encuentran en este contexto [Rom 13,9.10; Ga 5,14], la restante [15,2] se encuentra en el contexto de la “edificación” mutua). Siendo que en la Biblia hebrea “prójimo” es sinónimo de “hermano”, es conveniente ver en qué sentido utiliza Pablo este término que sí es frecuente en sus escritos (x118). El “hermano” es “aquel por quien Cristo murió” (Rom 14,13-15). Y ya había señalado (5,6) que “murió por los impíos”, los “pecadores” (5,8), “por nuestros pecados” (1 Cor 15,3), “por todos” (2 Cor 5,14). Este prójimo, entonces, se refiere a la humanidad entera y no a un grupo en particular.

No es este el momento de preguntar por qué Pablo – ¡el fariseo! – parece omitir el amor a Dios, el cual ciertamente no ignora (aunque prefiere hablar del amor “de Dios”, cf. 5,5; 8,39). Para Pablo la respuesta a Dios se manifiesta visiblemente en el amor al prójimo en el que se plenifica toda la ley. De todos modos notemos: Pablo es más “cristo-lógico” que “teo-lógico”; a Dios, como buen judío, se lo descubre y ama en la historia (humana y de salvación); y si bien el “amor a Dios” no es un destacado tema paulino (pero cf. 1 Cor 8,3; Ga 4,9) – insistimos, como buen judío - sí lo es el “conocer a Dios” (conocer no es algo racional, sino “existencial” y se asemeja con frecuencia a “amor”; cf. Rom 1,21; 10,2; 1 Cor 1,21; 2 Cor 10,5; Gal 4,8…).



+ Evangelio según san Mateo     18, 15-20

Resumen: dos elementos señala Mateo de la vida de la comunidad, uno relacionado al hermano que peca y la actitud que se ha de tomar con él, para lo que se ha de buscar “ganarlo como hermano”, y otro el del pequeño grupo de se reúne “en mi nombre” con la presencia de Jesús en medio de ellos.


El capítulo 18 de Mateo es muy importante: presenta lo que podríamos llamar la “praxis eclesiástica”. Invita a tener en cuenta cómo actuar en el seno de la comunidad eclesial. Una serie de textos lo destacan: tener la actitud de los niños, no escandalizar, buscar la “oveja perdida”, etc… Los términos clave en este sentido son “pequeños” (o “pequeño que cree en mí”): vv.6.10.14 y “hermano” (= miembro de la comunidad creyente): vv. 15.21.35 es decir, se refiere al modo de obrar (especialmente por parte de quienes tienen una responsabilidad) con los miembros de la comunidad. 

En el texto litúrgico nos encontramos con dos breves textos que aluden a este comportamiento: 

  1. La actitud frente al “hermano” que “peca” (¿contra ti?, así lo dicen muchos manuscritos importantes, pero parece influido por Lc 17,4) [vv.15-18]. 
  2. La oración de la comunidad [vv.19-20]

1.- La actitud frente al pecador parece contradecir la actitud del pastor que debe buscar la oveja perdida (vv. 12-14). Quizás Mateo quiera señalar que ambas actitudes han de tenerse. De todos modos la contradicción no es plena ya que la oveja y el hermano han de buscarse. 

El tema es característico de la Biblia: como lo que cuenta es el “hermano”, no se lo ha de humillar, por lo que primero se ha de hacer una corrección personal (cf. Lev 19,17). En caso de persistir, los testigos (se cita Dt 19,15) garantizarán la veracidad del “pecado”. Finalmente, la “iglesia” deberá ser garante del hecho [notar que aquí y en 16,16 encontramos el término “iglesia” por única vez en los evangelios, el contexto es semejante]. Si “hasta” a la iglesia desoye será tenido como “gentil o publicano”.

Notemos, sin embargo, algunos elementos importantes:

Mateo no presenta un “manual metodológico de disciplina”, sino los criterios a seguir dentro de la comunidad. El acento está puesto en “ganar al hermano” (v.15). El pecado pone en riesgo la fraternidad, la rompe. “Ganar” al hermano es posibilitarle que se restaure la relación que constituye al grupo de Jesús (el pedido de perdón continúa en la unidad siguiente y se reitera que se ha de perdonar siempre, vv.21-35). Con el pecado, el miembro de la Iglesia estaba a punto de abandonarla, y al “ganarlo” se lo ha reinsertado en ella.

Reconocer al “pecador” como “gentil o publicano” sin dudas implica saber que ese tal se encuentra “fuera” de la comunidad, pero es alguien a quien se debe buscar que “entre” (no son miembros de la comunidad, cf. 5,46.47; pero cf. 9,10; 10,3; 11,19; 21,31; 24,14; 25,32; 28,19). 

Con ciertas diferencias, en Qumrán se encuentran textos que – de todos modos – tienen semejanza con esto (aunque no incluyen la “reprensión” en privado):

“Toda infracción que un hombre comete contra la Ley y su prójimo la ve y él está solo: si es un asunto capital el testigo lo denunciará en presencia del trasgresor al vigilante con reprensión, y el vigilante lo escribirá de su propia mano hasta que él lo cometa de nuevo en presencia de uno solo [= sin testigos] y éste lo denuncie al vigilante; si él recae por tercera vez y es sorprendido en presencia de uno solo, su juicio está completo; pero si son dos los que testifican sobre un asunto el culpable será separado del alimento puro, con tal que los testigos sean fidedignos y que cada uno lo denuncie al Vigilante el mismo día que lo presencia” (Documento de Damasco 9,17-23)
“Un hombre reprenderá a su prójimo con verdad, humildad y amor misericordioso para con el hombre. Que no hable a su hermano con ira o murmurando. O con insubordinación, o con la envidia provocada por el mal espíritu; que no le odie de su corazón; pero que en el día mismo le reprenda y no incurra en culpa por su causa. Y, además, que nadie introduzca contra su prójimo una acusación ante los Numerosos que no vaya con reprensión ante testigos” (Regla de la Comunidad 5,24-6,1).

Es importante notar la conclusión (que es paralela a lo que se había dicho a Pedro, al “atar y desatar”, dicha en este caso de la “iglesia”). La decisión tomada por la Iglesia con respecto al “hermano que peca” es una decisión que Dios (= el cielo) confirma.

Sin embargo, y a diferencia de Qumrán, es la comunidad (y no "los jefes") y es el cuidado atento y afectivo del hermano lo que debe guiar constantemente a todos.

2.- El texto pasa aparentemente a la oración, al pedido común aunque se trate de un grupo “pequeño” [es importante recordar que la comunidad de Mateo parece un “pequeño” grupo entre los judíos de Antioquía, con lo que – una vez más – Mateo quiere reforzar el ánimo de los suyos]. 

El tema central, también frecuente en Mateo, es que Jesús una vez resucitado, no se ha alejado de su comunidad: es “Dios con nosotros” (1,23) sigue entre los suyos “hasta el fin del mundo” (28,20), y debe ser visto entre los discípulos (10,40), y entre los pobres (25,40)… En la oración del pequeño grupo también se hace presente el resucitado.

También este tema se encuentra en los escritos judíos:

 “Rabí Ananías decía… si dos están juntos, y la palabra de la Toráh está entre ellos, la shekiná (= la presencia de Dios) está en medio de ellos” (Misná, Abot 3,2)

 

Sin embargo, el contexto y cierta semejanza gramatical nos invita a leer el texto en continuidad con lo anterior: se repite "en verdad les digo" (vv.18 y 19), nuevamente se alude a los "dos" (vv.16,19) y nuevamente se refiere a "la tierra" y "el cielo" (vv.18.19). Así Jesús confirma a la comunidad, por pequeña que sea, que él está en medio de ella y lo que ella decida (atar o desatar) queda refrendado por el mismo Jesús que está presente. La oración, entonces, sería la actitud de confianza de la presencia de Jesús en las decisiones disciplinarias de la comunidad.



Dibujo tomado de locoracion.blogspot.com