Comentario al Evangelio del domingo 6º A
o también en
Eduardo
Febrero de 1976, Pepe, Pancho y el MEDH
Eduardo de la Serna
La dictadura cívico-militar con
bendición eclesiástica irrumpió en nuestra sociedad el 24 de marzo de 1976,
pero muchos anticipos la fueron preparando: un amago de golpe del brigadier
Capellini (18 de diciembre de 1975), el modelo económico neoliberal (Rodrigazo,
2 de junio de 1975), un decreto para “aniquilar el accionar de elementos
subversivos que actúan en la provincia de Tucumán” (5 de febrero 1975), ampliado luego por Italo
Luder, en ejercicio de la presidencia, el 6 de octubre (decretos 2770, 2771 y
2772), ejecución de las medidas que "sean necesarias a efectos de
aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del
país" (2772), un ultimátum de “90 días” dado al gobierno por el entonces
general Jorge Rafael Videla (24 de diciembre 1975) y, por supuesto, el accionar
impune de la Triple A y otros grupos violentos paraoficiales.
En este contexto sangriento son
asesinados en febrero de 1976 dos miembros del clero, José Pepe Tedeschi y
Francisco Pancho Soares.
Pepe había sido salesiano, y fue
secuestrado por unos sicarios de la villa Itatí, en Bernal subiéndolo a un
Torino blanco (la leyenda posterior lo transformó en un Ford Falcon). Hay
elementos no totalmente claros de los últimos momentos de Pepe: el obispo Plaza
(sin autoridad jurisdiccional) le escribe diciendo que debe volver a la
parroquia y ejercer allí su ministerio; cuando Pape es “chupado” y Juanita, su
mujer, embarazada de 9 meses buscaba desesperada alguna respuesta, el obispo de
Avellaneda, Antonio Quarraccino le responde “quién sabe lo que habrá hecho”. Según
Pio Laghi Quarraccino “se interesó en forma inmediata hasta que fue encontrado
su cuerpo…” (16 de febrero 1976; cf. La Verdad los hará libres t. II,242 n.80).
Su cuerpo fue encontrado en La Plata algunos días después, torturado y
asesinado. Los salesianos quisieron velarlo en la parroquia cosa que la familia
aceptó si no iba el obispo Quarraccino. Sin embargo, hay informaciones que Pepe
había dejado la congregación y pasado al clero diocesano (es decir, de
Avellaneda). Destaquemos que, con divisiones, había salesianos que se
desentendieron de Pepe, mientras otros pretendían reclamos o protestas. La
situación violenta, por un lado, y haber dejado la congregación por otro,
motivaban estos debates.
Se dice que su cuerpo se
encuentra en el cementerio de la Inspectoría Salesiana de La Plata en la calle
44. Creo que – si no hay mal que por bien no venga – al menos los salesianos
preservaron los restos mortales de Pepe; no es difícil imaginar un destino de
fosa común si el obispo de Avellaneda hubiera quedado a cargo del cuerpo.
Pancho, después de pertenecer a
los Agustinos Asuncionistas y un breve paso por la Trapa (Francia) se incorpora
a la diócesis de San Isidro. En una casilla en Carupá, Tigre la madrugada del
13 de febrero escucha “padre Pancho”. Vivía con su hermano Arnaldo y ambos se
asoman siendo los dos ametrallados. Pancho muere al instante, mientras que Arnaldo
fallece tiempo después. Antonio María Aguirre, el obispo diocesano le informa
al nuncio Pio Laghi que Pancho “no era ciertamente un padre tercermundista” (26
de febrero de 1976). La frase que repitió el luego obispo de San Isidro Alcides
Jorge Pedro Casaretto fue “murió Pancho” (no llegó a tanto como para decir “se”
murió), nunca “lo murieron”. Pancho fue asesinado. Lo cierto es que, ante la
desidia, su destino sí fue una fosa común.
Días después, la Conferencia
Episcopal Argentina produce un breve comunicado “sobre el asesinato de un
sacerdote” firmado por mons. Adolfo Tortolo, presidente de la Conferencia
Episcopal. Allí no dice el nombre de “este sacerdote” (el texto es – como lamentablemente
era de esperar – ambiguo), y como si indicara que por “condescendencia divina”
somos “ungidos del Señor” por lo que esto constituye un “sacrilegio” pareciera
más grave asesinar curas que asesinar “gente”. Muy lejos estaba mons. Oscar
Romero que (ante el asesinato de Rafael Palacios) decía que “esto es comunión
de amor. Sería triste que en una patria donde se está asesinando tan
horrorosamente, no contáramos entre las víctimas también a los sacerdotes”.
Curioso que en el texto de mons. Tortolo no haya reclamo de clarificación,
denuncia, exigencias de investigación y, ¡horror!, se mencione el asesinato de “un
sacerdote” … pareciera que Pepe, con su situación irregular no mereció ningún reconocimiento
ni tampoco un tibio comunicado.
Estos dos asesinatos motivaron
que, en el mismo mes de febrero, el día 27, en la Iglesia de la Santa Cruz, reunidos
numerosos laicos, religiosos, presbíteros y pastores se diera origen al Movimiento
Ecuménico por los Derechos Humanos. Poco tiempo después, ordenado obispo Jorge
Novak, junto con otros referentes, como el obispo metodista Federico Pagura
fueron copresidentes. Su primera celebración pública se realizó en la catedral
de Quilmes el 22 de diciembre de 1976.
Así lo cuenta Jorge Novak:
«Unos meses
antes de ser ordenado obispo, como presidente de la junta de religiosos en la
Argentina, había empezado a tomar contacto con el MEDH, que se estaba
organizando. Luego me incorporé de lleno y participé de su fundación. La
explicación de todo esto es muy sencilla: apenas abrí la puerta de la curia entraron,
al principio a cuentagotas, pero después muchísimos familiares de
desaparecidos. Gente que con sólo saber que un obispo los recibía y los
escuchaba quería, más que denunciar, buscar un consuelo, un apoyo. Era muy
impresionante: horas y horas de escuchar gente. Salía uno y entraba otro.
Siempre la misma historia. Eso me marcó profundamente como pastor; escuchar
todas esas confidencias y tratar de brindar consuelo me imprimió un carácter,
una señal. En ese sentido, debo decir que la vida misma hizo de mí un obispo de
la solidaridad y el respeto de la persona humana. Aún quienes hubieran tenido
ideas equivocadas, todos eran dignos de ser respetados» (Jorge Novak).
Señalemos simplemente, a modo
conclusivo, que muchas veces Novak propuso que toda la Conferencia Episcopal Argentina
se incorporara al MEDH. En todos los casos, la respuesta fue el silencio. El
mismo silencio con el que recibió las muertes de Pepe, de Pancho y de otros
30.000 detenidos desaparecidos.
Lo sagrado en la sociedad civil
Eduardo de la Serna
En una sociedad religiosa, algo sagrado es algo que está separado, dedicado a la divinidad. No se puede mancillar (profanar), y en algunas culturas religiosas, hacerlo es causa de muerte, sencillamente. El tema permite importantes reflexiones que no es el caso realizar acá.
Pero en las sociedades civiles, análogamente, hay cosas que adquieren una categoría comparable a lo sagrado. Un ejemplo fácilmente comprensible, es la bandera. Un trozo de tela ha adquirido un valor simbólico que la trasciende, hasta el punto que, también, puede ser motivo de pena de muerte, con juramentos, y hasta mártires que arriesgan su vida en su defensa. Otro ejemplo, menos simbólico, pero con profundas raíces es la “sacralidad” de las reliquias, ruinas, objetos que se pretenden preservar de un modo casi intocable: cerámicas antiguas, pinturas rupestres, resabios de antiguas civilizaciones…
La profanación, particularmente cuando es algo consciente, programado, es grave para la historia de una civilización, una cultura, una “Patria y Matria”. Lamentablemente hemos sido testigos de más de un intento en nuestra historia de atentados contra algo tan sagrado como la presencia de un pueblo en su cultura. La negación o silenciamiento de personajes, el reemplazo de sus figuras por “animalitos” no son cosas inocentes. Es un intento de “desacralizar” algo que la cultura ha elevado a categorías sublimes.
Valga esto, tan fácil de comprender para quien tiene la mente abierta y el corazón caliente, para mirar con escándalo el juego caprichoso del presidente de la nación con el sable de San Martín (irónicamente le diría que si hiciera eso con las tablas de la ley de Moisés sería sencillamente apedreado). La manipulación de nuestra historia (que desconoce, hasta el punto que lo llamó “Juan José de San Martín”), que deforma a Juan Bautista Alberdi, que niega las raíces indígenas de nuestra sangre, y hace suya una bandera con estrellas y rayas y no una con un sol en el medio. Que manipule profanando nuestra historia y sus signos casi sagrados no hace sino revelar lo que le importa la patria / matria y sus habitantes: ¡nada! Que Dios y la patria se lo demanden (¡cuanto antes!)
Ima<gen tomada de https://www.minutouno.com/sociedad/la-justicia-rechaza-frenar-el-traslado-del-sable-corvo-san-martin-pero-ordena-informes-y-medidas-control-n6242949
Samuel, un personaje fundamental
Mirando los textos bíblicos tal como los encontramos
(sin dudas la historia fue bastante más compleja, como siempre suele suceder)
cuando está terminando el período conocido como de “los Jueces” se empieza a
preparar un nuevo momento, el de los reyes. La situación política lo volvía
urgente: los filisteos, un pueblo al que los judíos ven como invasor, y muy
entrenado militarmente (y que tiene el uso del hierro, algo desconocido por los
israelitas), empieza a dominar todo el territorio donde los jueces estaban.
Sabiendo la importancia de la unidad para enfrentar un adversario tan poderoso,
eligen como estrategia tener un rey, el cual finalmente será Saúl, del que ya
hemos hablado. Es en este contexto que encontramos a Samuel, el que aparece tanto
como el último de los jueces y a su vez el que prepara, con su enorme
autoridad, la llegada del futuro rey; pero, además, tiene acciones sacerdotales
y, también, de profeta.
Tan importante fue Samuel que incluso hay dos libros
en la Biblia que llevan su nombre, pero aquí nos interesa lo que podemos decir
bíblicamente del personaje.
Ya su nacimiento es visto como una intervención
decisiva de Dios en una madre estéril (1 Sam 1,5.19-20). Su infancia y juventud
se ubican en un contexto y ambiente sacerdotal. Tan importante se considera
Samuel en la historia de Israel que, si bien antiguamente se afirmaba su
nacimiento en la tribu de Efraím (1 Sam 1,1) con el tiempo, cuando el
sacerdocio empieza a ser visto de un modo más importante, se lo presenta como
de la descendencia de Leví, es decir, de la clase sacerdotal (1 Cro 6,27-28).
También se lo presenta como un “vidente”, es decir,
alguien que sabe ver con “los ojos de Dios” los diferentes aspectos de la
realidad (ver 1 Sam 9,9). Como tal, Samuel sabe ver a quién es que Dios ha
elegido para conducir a su pueblo (9,17; 15,1), y, más adelante, a quien Dios
ha retirado sus favores a causa de su desvarío (15,26). En este sentido, Samuel
prepara la llegada de Saúl, y luego – por diferentes motivos – su posterior
rechazo de Dios y su reemplazo por David (16,13), y más tarde, cuando éste es
perseguido por Saúl, lo protege en la región de Ramá (19,18-22) donde ambos son
custodiados de la ira del rey por intervención del espíritu de Dios (19,19-24).
También actúa como juez, y regaña al pueblo cuando este pide “un rey como los demás pueblos” (1 Sam 8,20) siendo que Israel no es “como los demás” sino que tiene a Dios por rey (8,7), pero a lo que finalmente accede – por intervención de Dios – aunque indicando claramente los riesgos que esto implica, porque el rey, como los de los demás pueblos, será autoritario y dominador sobre sus hermanos.
También tiene un rol militar (7,12-15) enfrentando y
controlando a los filisteos, aunque sin participar en la batalla; de hecho, el
relato finaliza con la sorprendente imagen: “Samuel juzgó a Israel todos los
días de su vida”.
Finalmente, de Samuel se afirma su rol de profeta,
3,20: “acreditado como profeta de Yahvé”; incluso más tardíamente todavía se sigue
afirmando este rol (2 Cro 35,18; Sir 46,13), el que estaba ligado a lo de ser
vidente, pero también en cuanto intercesor: “Moisés y Aarón entre sus sacerdotes,
Samuel entre los que invocaban su Nombre: invocaban al Señor y él les
respondía” (Sal 99,6); ser intercesor era algo que era frecuente también entre
los profetas (ver Jer 27,18).
Señalemos – a modo de conclusión – que se trata de uno de los personajes principales de la historia de Israel. Tanto que Jeremías afirma claramente:
Por tu Nombre, no nos rechaces, no desprestigies tu trono glorioso,
recuerda tu alianza con nosotros, no la rompas. ¿Hay acaso entre los ídolos
paganos uno que haga llover? ¿Sueltan solos los cielos sus aguaceros? Tú,
Señor, eres nuestro Dios, en ti esperamos, porque eres tú quien hace todo eso.
El Señor me respondió: –Aunque estuvieran delante Moisés y Samuel, no me conmovería por ese pueblo. Despáchalos, que salgan de mi presencia. (Jer. 14,21-15,1)
Imagen tomada de https://estudiobiblia.blogspot.com/2010/10/i-samuel-introduccion.html
¡Muere la libertad! ¡qué carajo ni ocho cuartos!
Eduardo de la
Serna
No es difícil de
entender que en la publicidad se pretende exaltar las bondades del producto que
pretende venderse; es decir, ¡que se compre!
Es sabido que
decenas de veces, el producto que ofrecen resulta verdaderamente un fiasco. Que
lo compren (o, peor / mejor aún, que lo sigan comprando) es un éxito del
publicista, no necesariamente del producto.
Pues bien, ya
sabemos – desde hace décadas – que un candidato es un producto que un buen
publicista quiere vender al electorado. Muchas cosas se tienen en cuenta, y un
buen slogan es una de ellas. “¡viva la libertad, carajo!” resultó – y, horrorosamente,
resulta todavía – un slogan exitoso. Basta con pensar un poco para ver que la
libertad es de unos pocos para sometimiento (y ¡hasta esclavitud!) de unos
muchos.
En nombre de la
supuesta “libertad de transitar” se inventó un ridículo y perverso protocolo y,
entonces, la libertad de protestar, de reclamar, de manifestar desacuerdos
quedó totalmente restringida, cuando no anulada. Si hasta se decía que lo que
no se podía era cortar la calle cuando los que sí lo hacían eran las fuerzas de
inseguridad, e incluso reprimieron y reprimen a los que no están en la calle. Hoy,
por ejemplo, se reprimió y detuvieron jubilados y también a quienes quisieron
manifestar su solidaridad con sus justos reclamos. ¿Y la libertad? ¿Seguirán vociferando
su “¡viva la libertad!” sin que nadie le pregunte ¿dónde está?
Lamentablemente,
en nombre de otra libertad, la de prensa, se montan verdaderas operaciones que tapan,
silencian e invisibilizan la realidad. La realidad de que la libertad es la de
los poderosos contra los débiles, la libertad del zorro en el gallinero, o la
de la ley de la selva. Esa libertad, ¡vive! Mientras tanto, mueren día a día
las esperanzas, las alegrías y los mañanas de las víctimas de la libertad de
pocos. ¡Carajo!
Una vida en función de “los demás” es una vida donde Dios se hace presente
“¿Por qué ayunamos, si tú no lo ves? / ¿Para qué nos mortificamos si tú no lo sabes?” (v.3).
“Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es”. (1Cor 1,27-28)
Mateo 5,13 | Marcos 9,50 | Lucas 14,34 |
Ustedes son la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa (lit. se “vuelve necia”), ¿con qué se la salará? Ya no sirve (lit. “no tiene fuerza”) para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. | Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida (lit. “des-salada”), ¿con qué la sazonarán? Tengan sal en ustedes y tengan paz unos con otros». | «Buena es la sal; mas si también la sal se desvirtúa (lit. se “vuelve necia”), ¿con qué se la sazonará? |
Mateo 5,15 | Marcos 4,21 | Lucas 8,16 | Lucas 11,33 |
Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. | Les decía también: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? | «Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. | «Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor. |
el video comentando el Evangelio en
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/02/comentario-al-evangelio-del-5to-domingo.html